Con la esperanza de volvernos a encontrar de Jayswing103

Alice se encontró una vez más frente a aquella lápida de mármol gastado, bajo el cielo que se oscurecía lentamente. Según sus cálculos, había un 92 % de probabilidad de una lluvia inminente, y, no por primera vez, agradeció haber sido diseñada para ser impermeable.

Acudía a este lugar cada año, en este día exacto, sin falta. Hace tiempo habría detestado la idea de perder un día entero en silencio e inacción, pero la persona que yacía frente a ella la había cambiado de forma irreversible.

—Hola, Seis —saludó Alice—. Ha llegado esa época del año otra vez.

Solo el silencio le respondió, como siempre había sido y como siempre sería. Entonces, sacó los objetos que había traído y los dispuso con cuidado sobre el suelo, frente a la losa sepulcral.

—Te traje un par de cosas —explicó—. Un poco de esa estúpida cerveza de Kisaragi que a los combatientes les gusta tanto. También encontré un nuevo manga que creí que te gustaría. Por lo que pude analizar, es similar a Konosawa, así que seguramente lo disfrutarías. Aunque, claro, en realidad no entiendo bien qué es lo que los humanos encuentran entretenido.

Tras colocar sus ofrendas, se levantó y se sacudió el polvo del vestido. El tejido especial se limpió al instante, sin dejar rastro. Luego, fijó su mirada en el horizonte que se oscurecía y continuó hablando.

—Sabes, ahora eres bastante famoso. «El primer agente de combate en colonizar un planeta nuevo». Seguro que eso te habría encantado. Kisaragi incluso te incluyó en los libros de historia que usa para enseñar a sus colonias… aunque, como era de esperar, exageraron bastante.

Una risa involuntaria escapó de sus labios al tiempo que su banco de memoria se inundaba con recuerdos. El Agente Seis, efectivamente, había sido un agente modelo… aunque no de la manera que la mayoría imaginaba.

En los días en que Kisaragi era aún una organización abiertamente malévola, dedicada a la dominación mundial y no a la colonización, Seis había sido el miembro más bajo, más cobarde y más egoísta de toda la corporación… y al mismo tiempo, el más amable, más leal y más atento. Era un enigma andante, una contradicción viviente… y quizá por eso atraía tanto a la gente —incluida ella misma.

—Te extraño —admitió—. Aunque, según los estándares humanos, ha pasado mucho tiempo, como androide conservo recuerdos perfectos. Aún puedo recordarte como si hubiera sido ayer: tu rostro, tu voz, tus gestos. Ya puedo imaginar la clase de tonterías que dirías si estuvieras aquí ahora.

Alice alzó la mirada al cielo cuando sus sensores detectaron las primeras gotas de lluvia. Una de ellas golpeó su lente óptico y rodó por su mejilla, asemejando una lágrima.

—Sabes, Seis… sigo sin creer en ninguna de esas tonterías sobrenaturales, pero estaría dispuesta a hacer la vista gorda si eso significara volver a verte. ¿Quién sabe? Quizás la reencarnación sí es real… y reaparezcas cuando menos lo espere, como siempre solías hacer.

Alice suspiró con tristeza, resignada. Se dio la vuelta para irse, pero detuvo sus pasos un instante antes de alejarse. Giró la cabeza una última vez, como si esperara —aún después de tanto tiempo— escuchar una voz familiar.

—Hasta el próximo año, Seis.

Con eso, continuó su camino, dejando tras de sí una tumba solitaria… que aguardaría pacientemente su siguiente visita.


Primer vez

Grimm estaba sentada en el borde de su cama, sintiéndose insegura y vulnerable. Aunque había decidido dar un paso importante con Rokugo, no podía evitar sentirse cohibida. Con sus manos cubriendo su cuerpo desnudo, miró a Rokugo con una mezcla de timidez y frustración.

—¡Comandante! No me mires así, esto es vergonzoso... —dijo Grimm, claramente incómoda mientras intentaba cubrirse aún más.

Rokugo, por su parte, se cruzó de brazos y sonrió con suficiencia, disfrutando del espectáculo.
—Vamos, Grimm, si ya llegamos hasta aquí, no tiene sentido que te pongas tímida ahora. Solo déjate llevar.

Grimm frunció el ceño, aunque su expresión seguía siendo adorablemente avergonzada.
—Pero... ¡es diferente! Esto no lo esperaba.

Sin darle tiempo a protestar más, Rokugo retiró delicadamente las manos de Grimm que cubrían su cuerpo. Ella se resistió un poco, pero pronto cedió, dejándose guiar por él. Rokugo, siguiendo lo que había visto en sus videos porno  

Usó su lengua en una zona íntima de Grimm, lo que provocó una reacción inmediata.

—¡Espera, espera! ¿Qué estás haciendo? ¡Eso es raro y desagradable! —exclamó Grimm, todavía procesando lo que ocurría.

Rokugo levantó la vista, con una sonrisa confiada.
—Confía en mí, sé lo que hago. Es... investigación avanzada.

Grimm lo miró con escepticismo, pero al sentir una sensación inesperada, comenzó a relajarse poco a poco. Para su sorpresa, terminó disfrutando el momento, dejándose llevar por las caricias de Rokugo hasta alcanzar un clímax inesperado.

Después, Rokugo se acercó para besarla apasionadamente. Grimm, todavía pensando en lo que acababa de pasar, hizo una mueca.
—¡Puaj! Tu lengua sabe raro ahora... ¡No puedo creer que me beses después de eso!

A pesar de su queja, Grimm correspondió al beso con torpeza, incapaz de resistirse al calor del momento. Sin embargo, cuando todo terminó, Grimm se quedó insatisfecha. Había pasado toda su vida imaginando este tipo de escenas románticas basadas en las revistas que había leído, y la realidad no cumplió con sus expectativas.

—Esto... no fue como pensé que sería —murmuró Grimm, cruzándose de brazos con gesto molesto.

Rokugo arqueó una ceja, visiblemente divertido.
—¿Ah, sí? ¿Y cómo esperabas que fuera?

Grimm lo fulminó con la mirada, aunque no pudo evitar sonrojarse.
—¡No importa! Pero tú... tú eres demasiado...

Rokugo soltó una carcajada, sin tomarse en serio su comentario.
—Vaya, gracias por el cumplido. Por cierto, también noté que sigues demasiado tensa. Deberías aprender a relajarte más.

El ambiente estaba cargado de pasión, y Grimm, aunque avergonzada, no podía evitar sentirse orgullosa. Por primera vez en mucho tiempo, se sentía deseada y especial. El calor del momento los envolvía, y ambos estaban a punto de alcanzar el clímax.

De repente, Grimm decidió romper el silencio con una petición inesperada.
—Espera... —susurró, jadeando ligeramente mientras intentaba recuperar el aliento—. Quiero que contemos nuestras fantasías para más placer. Así será más emocionante.

Rokugo arqueó una ceja, sorprendido por la sugerencia pero dispuesto a seguirle el juego.
—Está bien, tú empiezas —respondió con una media sonrisa burlona.

Grimm se sonrojó intensamente, pero comenzó a hablar con timidez, dejándose llevar por sus pensamientos más profundos.
—Bueno... me imagino que eres un caballero romántico que me lleva a lugares lujosos. Me compras ropa elegante, me tratas como una princesa... y siempre estamos juntos, sin preocupaciones ni misiones peligrosas. Solo... felices.

Rokugo soltó una risita baja, visiblemente divertido por la imagen tan idealizada que Grimm tenía de él. Sin embargo, decidió seguirle la corriente.
—Interesante... Ahora es mi turno. Mi fantasía sería tener un harem.

Grimm abrió los ojos de golpe, deteniendo de inmediato cualquier gemido que pudiera haber escapado de sus labios. Lo miró con una mezcla de incredulidad y celos.
—¿Un... harem? ¿Qué clase de fantasía es esa? ¡Eres un infiel!

Rokugo levantó las manos en señal de defensa, tratando de calmarla.
—¡Espera, espera! No es literal. Solo era parte de la fantasía.

Pero antes de que Grimm pudiera responder, Rokugo continuó hablando sin pensar demasiado en las consecuencias.
—Aunque ahora que lo pienso... también me gustaría hacerlo con Viper... mientras tú observas.

La atmósfera cambió drásticamente. El calor del momento desapareció por completo, reemplazado por un silencio incómodo. Grimm se quedó quieta, imaginando la escena que Rokugo había descrito. Su rostro pasó de la confusión al enfado, y finalmente a una rabia contenida.

Se volteó hacia él, fulminándolo con la mirada.
—Si alguna vez intentas algo así, te lanzaré una maldición que te dejará impotente para siempre.

Rokugo tragó saliva, dándose cuenta de que había metido la pata. Intentó restarle importancia al comentario.
—Vamos, Grimm, fue solo una broma. No tienes que tomártelo tan en serio.

Pero Grimm no estaba dispuesta a dejarlo pasar tan fácilmente.
—No es gracioso, comandante. Viper es demasiado ingenua y fácil de convencer. Capaz hasta pelearía desnuda si la batalla lo requiriera, ahora que tiene ese poder de crecer a voluntad. Y estoy segura de que bastaría con que le digas "para fortalecer las relaciones entre Kisaragi y demonios" para que acepte cualquier cosa.

Rokugo se sintió atrapado y, para su vergüenza, admitió en voz baja:
—Bueno... sí, Viper es bastante fácil de convencer con eso de "fortalecer la amistad".

Grimm lo miró con decepción, sacudiendo la cabeza.
—No puedo creer que seas tan... predecible. Aunque, ahora que lo pienso, no puedo enojarme tanto con Viper. Es cierto que es ingenua, pero después de todo lo que ha pasado, no puedo culparla por querer ayudar.

Rokugo se sintió aún más culpable al ver la expresión de Grimm. Sabía que había arruinado el momento, pero también entendía que ella tenía razón.
—Lo siento, Grimm. No quise ofenderte. Fue solo una tontería mía. No voy a hacer nada de eso, lo prometo.

Grimm suspiró, todavía molesta pero incapaz de mantener su enojo por mucho tiempo.
—Más te vale que lo cumplas, comandante. Porque si me entero de que haces algo con Viper... no respondo por lo que pueda pasar.

Rokugo asintió rápidamente, sabiendo que era mejor no discutir más. Aunque el ambiente ya no era el mismo, ambos decidieron continuar, aunque con un poco menos de entusiasmo. El incidente les dejó claro que algunas cosas simplemente no debían mencionarse, especialmente durante momentos íntimos.