El Tercer Planeta era un mundo de contrastes. Por un lado, un paisaje tecnológicamente avanzado dominaba las ciudades principales. Por otro, vastas regiones habían sido reducidas a terrenos baldíos y hostiles debido a siglos de conflicto y explotación. Pero nada representaba más el poder y la decadencia de este mundo que la Sociedad Secreta Kisaragi.
Bajo el mando de tres ejecutivas carismáticas, la organización había expandido su control sobre el planeta, conquistando economías, destruyendo resistencias, y estableciendo un reinado de tiranía.
La sala principal de la Corporación Kisaragi era tan imponente como cualquier otro centro de operaciones de una organización que aspiraba a conquistar todo lo que estuviera a su alcance. Las paredes metálicas, frías y pulidas, reflejaban la luz de las pantallas que mostraban un sinfín de estadísticas y mapas tridimensionales de planetas lejanos, el planeta en cuestión no tenía nombre, ni siquiera una ficha detallada. Simplemente aparecía como "Planeta Desconocido 407".
En el centro de la sala se encontraban las tres ejecutivas más importantes de la corporación Kisaragi. Astaroth, La Reina el hielo, observaba con un rostro impasible la pantalla del planeta desolado que estaban por investigar. Belial la gran flama, siempre efusiva y con una expresión sádica en su sonrisa, parecía emocionada ante la perspectiva de otro mundo que podría ser moldeado a voluntad de Kisaragi. Y por último, Black Lilith, Lilith era la mente científica de Kisaragi, un genio lleno de contradicciones. Con su laboratorio repleto de inventos imposibles y una actitud teatral, Lilith era tanto la mayor amenaza como la mayor esperanza de la organización.
El último debate en la cúpula de Kisaragi giraba en torno a un hecho ineludible: el Tercer Planeta estaba al borde de la extinción. En menos de una década, los recursos naturales se agotarían y la atmósfera sería incapaz de sostener vida. Las ejecutivas se reunieron en la sala de mando, un espacio oscuro iluminado por pantallas holográficas.
—No podemos ignorar más este problema —dijo Belial, golpeando la mesa con el puño—. Si no actuamos ya, Kisaragi perderá su base principal.
Astaroth suspiró, cruzando los brazos.
—Entiendo la urgencia, pero debemos asegurarnos de que nuestra gente esté preparada. No podemos lanzarnos a conquistar otros mundos sin un plan claro.
Lilith, con una sonrisa confiada, se levantó de su asiento y activó una pantalla con un gesto dramático.
—Por suerte, yo ya he resuelto el principal problema. No necesitamos gastar recursos en crear naves espaciales y sistemas de hibernación. ¡He creado una máquina teletransportadora que nos llevará a cualquier mundo habitable! Y no solo eso, también he diseñado una versión miniatura de la maquina teletransportador para que los combatientes puedan cambias sus puntos malos con solo escribir lo que necesitan, mi máquina lo trae desde nuestra bodega, descontando puntos de maldad. ¿No es genial?
Lilith continuó mostrando un mapa tridimensional que señalaba varios planetas cercanos al Tercer Planeta.
—Estos son los planetas candidatos más prometedores para nuestra nueva base de operaciones según las fotos de nuestros satélites enviados. El primero de ellos es el Planeta 407. Atmósfera respirable, recursos abundantes. Es perfecto para empezar nuestra conquista universal.
Belial, Astaroth y Lilith intercambiaron miradas cómplices. Con la confianza que las caracterizaba, decidieron convertir la elección del primer explorador en un juego de dados.
—Hagámoslo divertido —dijo Lilith, con una sonrisa maliciosa—. Una apuesta rápida. Si sale un 5, yo iré. Si sale un 1 o un 2, ira Astaroth. Si sale un 3 o un 4, será Belial. Y si es un 6... —hizo una pausa dramática—, enviamos al agente 6, Rokugo.
—¿Por qué a Rokugo? —preguntó Astaroth, visiblemente incómoda.
—Porque para esta mision solo se puede confiar a alguien con experiencia y lealtad, porque es uno de los agentes en los que mas confiamos, y porque no importa lo imposible que suceda, ese agente nunca muere—respondió Lilith con un encogimiento de hombros.
Belial acepto, ya impaciente, lanzó el dado. Todos los ojos siguieron la proyección mientras el número se formaba. Finalmente, el dado mostró un brillante "6".
—¡Maldita sea! —Belial golpeó la mesa, mientras Astaroth soltaba un suspiro derrotado. Lilith se rió a carcajadas.
—Parece que nuestro querido Agente 6 tendrá el honor de ser el primero en explorar el Planeta 407 —anunció Lilith, burlona. Aunque... Talvez sea mejor que no vaya solo.
Horas más tarde, el Localizador de Rokugo emitió un pitido. Interrumpiendo su siesta, el agente respondió con desgano.
—¿Qué quieren ahora?
El agente 6 entra en la presidencial de la Sede de Kisaragi.
—Bien, Agente 6, Rokugo... —dijo Astaroth, rompiendo el silencio y dirigiéndose al hombre que había estado esperando instrucciones—.
El Agente 6, conocido también como Rokugo, era la viva antítesis de lo que cualquiera esperó de un agente exitoso. Desvergonzado, boca sucia y pervertido, Rokugo era conocido por su capacidad para convertir cualquier misión en una carnicería, era también excepcionalmente eficaz en su trabajo, utilizando su falta de escrúpulos para cumplir con las misiones más imposibles.
Astaroth miró a Rokugo con una mezcla de admiración y nerviosismo, tratando de mantener la compostura. Había algo en él, en esa actitud despreocupada y falta de ambición, que de alguna manera la descolocaba y fascinaba a la vez. Pero ella, como una de las líderes supremas de Kisaragi, debía permanecer profesional.
—Rokugo ... Six... quiero decir, ¡Agente 6! —comenzó Astaroth, con un ligero sonrojo que intentaba disimular ajustándose sus gafas de cristal frío—. Has hecho un trabajo excelente, realmente excepcional. No es sencillo conquistar un planeta entero, y... bueno, Kisaragi está muy... muy agradecida por tu dedicación. ¡Lo hiciste muy bien! —terminó, bajando la mirada, sin querer cruzar los ojos con él demasiado tiempo.
Belial soltó una carcajada áspera, interrumpiendo la breve pausa de Astaroth.
—¡Bah! ¡Si se la pasa quejándose como un mocoso! Y ni siquiera cumple las órdenes sin hacer un escándalo, ¿verdad? —Belial lo miró con una sonrisa torcida—. Pero, he de admitir que hiciste el trabajo como era necesario, Six. Aunque sea porque sigues el manual del Combatiente a raja tabla. Y te advierto: ¡no te pongas cómodo! —se cruzó de brazos, en tono burlón, dando una palmada que resonó en la sala.
Rokugo, sonriendo, trató de parecer halagado. —Bueno, bueno, lo admito. Soy el agente más leal de Kisaragi. Ademas del combatiente con mas misiones exitosas —miró a Astaroth y le guiñó un ojo, haciéndola sonrojar levemente—. Y el futuro ejecutivo de Kisaragi, ¿no es así, Astaroth?
Astaroth se removió, avergonzada. —Y-yo... eso... bueno, los futuros de la organización aún no están del todo... definidos. La lealtad... bueno, la lealtad es importante —dijo, luchando por no dejar entrever su nerviosismo, sin notar la mirada sarcástica que Belial le lanzó—. Pero sí, tu compromiso y... lealtad... han sido notables. Y— —se aclaró la garganta—, sí, también tienes el récord de héroes eliminados... y la mayor cantidad de... uh... bocadillos requisados, si eso cuenta para ti.
—Sí, lo admito, es todo un logro —dijo Rokugo con una sonrisa de suficiencia—. Aunque me cuesta un poco entender cómo celebran tanto mi éxito después de tantos años.
Belial lo interrumpió bruscamente. —No te equivoques, Six, esto no es una reunión de celebraciones. A decir verdad, eres el empleado más antiguo de Kisaragi, pero esa cabeza hueca tuya te ha mantenido en la misma posición. No puedes simplemente andar por ahí siendo un tonto leal y esperar ser ascendido por eso.
Astaroth puso una mano en el hombro de Rokugo, ignorando la mirada de Belial. —Pero de alguna forma... tu lealtad tiene cierto valor, Six —dijo en voz baja, con una pequeña sonrisa tímida—. No cualquiera es capaz de permanecer tan... tan firme.
Rokugo arqueó una ceja, mirando a ambas líderes con una mezcla de desconfianza y humor. —Aprecio el cumplido, en serio, pero dejemos la modestia. Sé que no estoy aquí por un discurso de bienvenida. Vamos al grano. Ya se que no me van a dar el aumento que solicite, ¿Cuál es la misión que quieren darme esta vez?
La voz de Astaroth respondió, visiblemente incómoda.
—Rokugo, tenemos que informarte algo importante. Cuando logremos conquistar el planeta por completo, habrá... despidos masivos en Kisaragi.
Rokugo, repentinamente alerta, frunció el ceño.
—¿Despidos? ¿También yo? ¡Esto es una traición! Astaroth, ¡cásate conmigo y mantenme!
—¡Deja de decir tonterías! —respondió Belial, irritada—. Antes de cualquier despido, tenemos un último trabajo para ti.
Belial gruñó y se cruzó de brazos. — Esta misión es un poco... especial. Normalmente, mandaríamos a un escuadrón entero, pero queremos hacer un reconocimiento previo para evaluar si este planeta vale nuestro tiempo y recursos.
Para Rokugo, la palabra "misión" siempre sonaba como un fastidio para sus oídos, Sin embargo El No era simplemente un agente de campo cualquiera; su habilidad para causar caos y desorden era bien conocida entre sus superiores, apenas terminaba una misión ya se le asignaba otra y otra misión y eso era precisamente lo que le había ganado una misión tan importante. Pero la palabra "planeta" lo había confundido.
Con tono más serio, Astaroth explicó:
—Hemos estado buscando planetas habitables para nuestra especie. Segun el análisis de Lilith, un planeta que bautizo como "Planeta 407" es habitable y parece tener vida similar a la de la Tierra: animales, plantas, incluso homínidos como nosotros.
Rokugo frunció el ceño aún más, claramente confundido.
—¿Y qué tiene eso que ver con los despidos?
El silencio incómodo que siguió dejó claro que las ejecutivas no planeaban aclarar nada aún.
- Ese va a ser tu ultimo trabajo antes de que terminemos de conquistar el mundo y se produzcan los despidos masivos.
—No entiendo, Lady Astaroth —respondió Rokugo con una media sonrisa confiada— Pero. Las naves espaciales mas poderosas no pueden enviar a un hombre mas alla de la Luna.
Astaroth respondería "Es porque no iras en una Nave espacial, Lady Lilith ha creado una maquina de Teletransportación."
Belial sonrió, mostrando un brillo malicioso en sus ojos.
—Primero, queremos que investigues el estado del planeta. Su civilización, sus recursos naturales, y las condiciones de vida de sus criaturas locales. No queremos gastar esfuerzo en un planeta si resulta ser un basurero sin valor. Y claro, el espionaje militar es crucial; queremos saber si aún hay alguna resistencia o potencial de conflicto.
A regañadientes, Rokugo fue llevado al laboratorio de Lilith, un lugar lleno de chatarra tecnológica, cables colgantes y pantallas parpadeantes.
—¿Esa es la gran máquina teletransportadora? Parece a las que salen en las peliculas
Lilith, con un aire ofendido, le lanzó una mirada fulminante.
—¡Es correcto, Rokugo! Eres idiota, pero tienes tus momentos, Es una obra maestra de la ingeniería. Esta máquina puede transportarte a cualquier planeta que elijamos.
— Pero si solo hay una aqui y me llevan allá, ¿ Como se supone que vuelva de ahi? —preguntó Rokugo, cruzando los brazos con desdén.
Lilith sonrió, claramente disfrutando de la situación.
—Es simple, Si todo sale bien, construirás una máquina teletransportadora ahí para continuar con nuestra conquista.
— ¿Y si me matan las criaturas del planeta? —replicó Rokugo, rodando los ojos.
—Bueno, no sería una gran pérdida —respondió Lilith con una sonrisa burlona.
— Pues perdónenme, pero no pienso aceptar este misión
Justo en ese momento, el teléfono de Rokugo vibró. Al revisarlo, encontró una notificación urgente que lo dejó en shock: un grupo de rebeldes terrestres, enemigos de Kisaragi a los que llaman "Super Heroes" había localizado su vivienda y, en un ataque, la habían bombardeado. Sus pertenencias estaban hechas cenizas.
Rokugo soltó un suspiro, tratando de no mostrar demasiado de su irritación, pero su rostro cambió a una mezcla de sorpresa y rabia.
—¿Qué demonios? ¡Los héroes han bombardeado mi casa! ¡MI CASA! —gritó Rokugo, mirando la pantalla incrédulo.
Astaroth trató de calmarlo, pero antes de que pudiera hablar, Rokugo alzó una mano.
—Bueno, parece que no tengo lugar a donde volver ni nada que empacar —dijo con un tono despreocupado—. Supongo que no tengo excusa para no irme ahora mismo. Además, necesitare estar un tiempo fuera de la vista de los Héroes.
Mientras los preparativos continuaban, Rokugo no perdió la oportunidad de quejarse. Estaba sentado en una silla de metal en el laboratorio de Lilith, con los brazos cruzados y una expresión de desdén.
—He estado en Kisaragi desde casi su fundación. Acepté las malditas cirugías para que me convirtieran en esta especie de súper soldado. He ido a las misiones más peligrosas, derrocado gobiernos y matado miles. ¿Y qué obtengo a cambio? Ni un ascenso. ¡Nada!, Me envían al otro lado del universo y no tengo maldita opción—espetó, golpeando la mesa frente a él.
Lilith, ocupada ajustando unos controles, alzó una ceja.
—Técnicamente, tu trabajo ya es un ascenso. ¿Cuántos agentes pueden presumir haber ido a otro mundo?
Rokugo bufó.
—Eso no cuenta. Y además, ¿qué clase de sistema tiene esta organización? Nos implantan un chip en el cerebro que registra nuestras "acciones malvadas" como puntos malos y después los usamos para canjear cosas. ¿Quién pensó que eso era una buena idea?
Lilith sonrió con orgullo.
—Yo, por supuesto. Es un sistema perfecto, mantiene a los agentes motivados.
Rokugo se limitó a rodar los ojos. En ese momento, Lilith activó un panel y una pequeña puerta lateral se abrió. Una figura menuda salió, caminando con pasos mecánicos pero sorprendentemente gráciles.
A su lado, una pequeña figura metálica observaba con una expresión neutra. Era Alice, la androide de Kisaragi, quien había sido asignada para acompañarlo en esta misión.
Mientras Astaroth terminaba de hablar, Lilith dio un paso adelante, levantando un brazo y tomando una postura dramática que inmediatamente captó la atención de todos. Con una risa exagerada, que parecía haber practicado en el espejo, exclamó:
—¡Ah, ja, ja, ja! ¡Finalmente, ha llegado el momento de presentar mi más grandiosa creación! ¡Un verdadero prodigio de la ciencia! —dijo, señalando a Alice, quien permanecía con su expresión estoica e inmutable—. Esta adorable androide no es solo un modelo avanzado de tecnología, sino una obra maestra.
Rokugo miró a la androide con desconfianza.
—No me gustan los niños.
Alice, con una voz fría pero cargada de sarcasmo, respondió:
—No soy una niña. Soy una inteligencia avanzada creada para optimizar tu desempeño. Aunque, considerando tu historial, creo que será un trabajo difícil.
Lilith rió ante la respuesta de Alice.
—Ves, es perfecta para ti. Está diseñada para ser completamente compatible contigo.
Lilith hizo una pausa, evidentemente esperando aplausos. Como nadie reaccionaba, decidió continuar de todas formas.
—¡Rokugo! —dijo, señalándolo dramáticamente—. Te presento a la Androide Niña Linda super especifica Alice de Kisaragi, Puedes decirle solo Alice. Ella será tu mayor apoyo en esta misión. entrene cada aspecto de su personalidad para que te aguante. ¡Es capaz de imitar a la perfección el comportamiento de una niña, simula comer, aunque no es recomendable y hasta puede activar un "modo adorable" para ganarse la confianza de cualquiera!
Rokugo la miró, arqueando una ceja y manteniendo una sonrisa de medio lado. Lilith, viendo su falta de entusiasmo, se cruzó de brazos con una expresión de frustración.
—Es una enciclopedia viviente —continuó Lilith, resoplando—. Puede almacenar y acceder a cualquier información que necesites en cuestión de segundos. Solo es la primera versión, pero en el futuro la personalidad de Alice asignada se adaptara al agente asignado. Por ahora, tu presencia, Rokugo, moldearas su carácter, como se entrene la Inteligencia artificial de Alice ... en es algo que ni siquiera puedo prever.
Alice asintió levemente, evaluando a Rokugo con sus ojos fríos y calculadores.
—Así que... —dijo Rokugo, inclinándose para ver a Alice con más detenimiento—. ¿Serás mi enciclopedia personal, eh? Muy bien, Alice, voy a ser directo contigo. No quiero ir a ese planeta... 407 y hacer un reconocimiento solo para que despues me obligen ha hacer una guerra improvisada. ¿Qué tal si le decimos a los jefes que encontramos contratiempos en el camino y tomamos unas vacaciones? .
Alice, sin cambiar su expresión, lo miró por unos segundos y luego respondió, con un tono frío y pragmático.
—Agente 6, Si ignoramos esta misión, podría interpretarse como insubordinación directa, traición a Kisaragi, algo que se castiga con la muerte —dijo, lanzándole una mirada significativa hacia Belial, quien ya lo observaba con una ceja levantada.
Rokugo tragó saliva, claramente imaginándose las concecuencias. Alice continuó:
—Además, ¿realmente querría renunciar a la oportunidad de ser el primero en explorar un planeta misterioso? Podría haber potencial para todo tipo de beneficios: riquezas, tecnología, entretenimiento... sin mencionar la emoción de una conquista que aún está en pañales. Si llegamos a descubrir algo importante, puede que incluso reciba una recompensa o un reconocimiento único. Y considerando su récord de misiones cumplidas, me atrevería a decir que podría convertirlo en una leyenda de Kisaragi.
Rokugo se cruzó de brazos, sopesando las palabras de Alice mientras trataba de ocultar su interés creciente. Finalmente, soltó un suspiro y sonrió con resignación.
—Bueno, Alice, me convenciste. —Miró a Lilith, tratando de ignorar su risa triunfal—. Bien, Astaroth, Belial, Lilith... me encargaré de que la misión en el Planeta 407 sea un éxito.
—Alice será tu asistente en el campo —dijo Astaroth, señalando a la pequeña androide— Trátala bien... o al menos, no la destruyas antes de cumplir con tus objetivos.
Alice, sin cambiar su expresión, simplemente asintió y miró a Rokugo con sus ojos luminosos. —Agente 6, trataré de asegurar que su tasa de supervivencia se mantenga al 100%. Aunque, con su comportamiento, esa probabilidad podría variar.
Rokugo soltó una carcajada. —¡Me caes bien, Alice!
Lilith continuó los preparativos. Una máquina inyectó a Rokugo con nanorobots diseñados para mejorar su sistema inmune y acelerar la curación. Mientras tanto, la máquina teletransportadora fue esterilizada y calibrada.
Finalmente, Lilith le entregó un nuevo brazalete a Rokugo.
—Este no es un brazalete común. Tiene un mini teletransportador integrado. Podrás usarlo para canjear tus puntos malos directamente desde el planeta al alcance de tu mano y obtener cualquier cosa que necesites. Ya no tendras necesidad de canjearlos presencialmente.
Rokugo examinó el brazalete con interés.
—Bueno, esto al menos es útil. Espero que no explote como esa cosa que me dijiste que revolucionaria la guerra la ultima vez.
—No lo hará... probablemente —respondió Lilith con una sonrisa traviesa.
El laboratorio estaba en silencio salvo por el zumbido de la máquina teletransportadora que vibraba con energía, lista para enviar a Rokugo al Planeta 407. Rokugo cruzó los brazos mientras miraba a las ejecutivas con su típica actitud confiada.
—Está bien, chicas, pongámoslo claro desde ahora —dijo Rokugo, apuntándolas con un dedo acusador—. Cuando conquiste ese planeta y regrese, quiero que me hagan alto ejecutivo de Kisaragi. Me lo he ganado.
Belial arqueó una ceja y dejó escapar un bufido.
—¿Qué clase de tontería estás diciendo ahora?
Rokugo no perdió el ritmo y apuntó directamente a Astaroth, su sonrisa burlona suavizándose en algo más cercano a una súplica.
—Y tú, Astaroth, cuando vuelva... prepárate para casarte conmigo. Es hora de que hagas oficial lo que ya sabemos todos.
Astaroth se sonrojó violentamente y desvió la mirada, aunque su postura rígida delataba que no estaba tan molesta como pretendía.
—Rokugo, ¿puedes dejar de decir cosas absurdas en momentos serios? —replicó, pero su voz carecía de convicción.
Lilith soltó una risita, ajustando los últimos controles de la máquina.
—Ah, el amor en medio de la conquista galáctica. ¡Qué emocionante! —comentó con teatralidad, haciendo un ademán dramático con la mano.
Rokugo dio un paso hacia la máquina y se giró hacia Astaroth antes de entrar. Esta vez, su expresión era un poco más seria.
—Astaroth, si hay algo que quieres decirme antes de que me vaya, este es el momento.
La ejecutiva suspiró, apretando los puños antes de acercarse. Sus ojos reflejaban preocupación, pero también algo de determinación.
—Escucha, Rokugo, cuando llegues a ese mundo puede que tengas que hacer cosas para ganar poder. Sus ojos reflejaron una mezcla de inquietud y preocupación. Se acercó y, en voz baja, le pidió:
—Prométeme que regresarás, Rokugo.
Rokugo sonrió y asintió con un toque de confianza despreocupada.
—Lo prometo.
- Tienes que enviar un informe semanal por medio de este brazalete. Así que estaré en contacto.
Sin previo aviso, Astaroth se acercó a él y lo besó apasionadamente, como una despedida marcada por la incertidumbre. Cuando finalmente se apartaron, Astaroth lo miró con un destello de celos y preocupación en sus ojos.
—Rokugo... Si la civilizacion alienigena nativa de ese mundo funciona como Cree litlith que funciona, probablemente te encuentres con mujeres con poder en ese planeta, y puede que tengas que seducirlas en nombre de la misión. Pero, por favor, evita hacerlo si puedes. Y, más que nada, prohibido desarrollar sentimientos por ellas.
—¿Estás diciendo que me convierta en un Casanova intergaláctico? No necesito permiso para eso.
Astaroth le dio un suave golpe en el brazo, entre exasperada y avergonzada.
—¡No me refiero a eso! , No puedo pedirte que seas inteligente pero... no hagas nada sexual, ¿entendido? Si haces algo estúpido, me aseguraré de que te arrepientas cuando vuelvas.
El comentario hizo que Rokugo se riera de manera descarada y respondió con una sonrisa despreocupada.
—¿Sentimientos? Nunca los he tenido por nadie. Y si he estado con mujeres, han sido romances de una noche. Dudo que en ese planeta haya mujeres que puedan siquiera compararse.
Cuando se separaron, Astaroth se apartó con el rostro encendido, mientras Rokugo apenas podía recuperar su compostura.
—Bueno, eso fue... inesperado —dijo Rokugo, llevándose una mano a los labios y luego mostrando una sonrisa triunfante—. Ahora tengo aún más razones para volver.
Desde la distancia, Belial y Lilith observaban la escena con expresiones estoicas. Finalmente, Belial rompió el silencio.
—Continúen, por favor. Hemos sabido de lo suyo todo este tiempo —comentó con sarcasmo, cruzando los brazos.
Lilith asintió con entusiasmo.
—Sí, esto ya es más obvio que mis planes secretos. Pero debo admitir que es adorable.
Astaroth bufó, claramente incómoda, mientras Rokugo lanzaba una carcajada.
En una combinacion de verguenza de saber que su romance secreto habia sido sabido por sus amigas desde hace tiempo y decepcion en las palabras de Rokugo de nunca haber tenido sentimientos y haber estado con otras mujeres, Astaroth patearia a Rokugo, golpeandolo contra la cabina de la maquina teletransportadora.
—Entonces no hay nada más que decir. ¡Nos vemos cuando regrese como alto ejecutivo y esposo de Astaroth! —exclamó mientras entraba a la máquina.
Rokugo de pronto cambia su expresion, mirándo a Lilith con escepticismo, mientras que Alice, lo observaba detenidamente.
—¿Cuántos viajes exitosos has logrado con este dispositivo? —preguntó Rokugo, evaluando cada centímetro del aparato con curiosidad.
Lilith simplemente se encogió de hombros, sin perder su sonrisa críptica.
—Eso es un detalle menor. Digamos que ustedes tendrán el honor de ser pioneros —dijo, con una risa maliciosa.
Antes de que Rokugo pudiera expresar alguna objeción, desaparecieron. rumbo al planeta 407.
El zumbido de la energía aumentó, y en un destello brillante, Rokugo desapareció, dejando el laboratorio en silencio.
—Espero que ese idiota no arruine todo... otra vez —murmuró Belial, aunque había una pequeña sonrisa en su rostro.
—Oh, seguro lo hará —respondió Lilith, ajustando su monoculo con una sonrisa traviesa—. Pero por eso lo enviamos con Alice. Es nuestro caos controlado. Más o menos.
—Bueno, otra misión exitosa. Hasta ahora, la máquina tiene un 100% de éxito en teletransportar al objetivo a su destino —dijo con orgullo.
Belial levantó una ceja, cruzando los brazos.
—¿Cuántas pruebas hiciste antes de enviar a Rokugo? —preguntó con suspicacia.
Lilith fingió no escuchar la pregunta mientras miraba sus paneles de control.
—Oh, bueno, detalles sin importancia. Lo que importa es que funciona, ¿verdad? —respondió evasivamente, antes de dar un paso hacia la salida—. Ahora, a esperar los resultados. ¡Estoy segura de que todo irá perfecto!
En algún punto sobre el planeta desolado
Cuando la visión de Rokugo regresó, todo lo que pudo ver fue... cielo. Y viento. Mucho viento. El aire azotaba su rostro mientras caía en picada desde una altura de aproximadamente 30,000 metros. Al instante, supo que había un problema. Alice caía a su lado, mirando con una calma inquietante, mientras sus sensores probablemente calculaban la velocidad terminal y la probabilidad de impacto letal.
—¡Lilith y su maldita máquina de teletransporte! —gritó Rokugo, mientras sentía que el suelo se acercaba a un ritmo alarmante.
—Agente 6, nuestra altura actual y la velocidad de descenso indican una probabilidad de muerte del 100% en impacto —comentó Alice, en tono monocorde—. Sugiero un curso de acción inmediato.
—¡¿Puedes convertirte en Avion o Algo?! —gritó Rokugo mientras el viento rugía en sus oídos y su cuerpo descendía a una velocidad vertiginosa.
Alice, que caía junto a él, habló con su voz mecánica pero clara.
—Advertencia: mi reactor nuclear es altamente inestable si sufro daños severos. Si impacto contra el suelo a esta velocidad, explotaré con un radio destructivo de 20 kilómetros.
— Eres un pedazo de Basura, espera ¡¿Por qué diablos tendrías un reactor nuclear?! —chilló Rokugo, esforzándose por mantener la calma.
—Soy un androide de alta eficiencia de Kisaragi, diseñada para asistencia y espionaje —respondió Alice con calma, ignorando el caos a su alrededor—. Además, mi diseño incluye habilidades físicas equivalentes a las de una niña de 12 años, para maximizar el realismo.
—¡Eres un pedazo de basura! —Rokugo se llevó las manos al brazalete, pensando frenéticamente—. ¡¿Qué hago ahora?!
—Puedo usar el brazalete para canjear algo de la corporación por puntos malos —sugirió Alice—. Un paracaídas sería una solución lógica.
Rokugo maldijo para sí mismo, pero no tenía otra opción. Alice anoto en una nota un paracaídas e ingreso la nota en su brazalete. Una luz brillante apareció en su mano, formando un paracaídas funcional.
—¡Espero que esta cosa funcione! —gritó mientras lo desplegaba con fuerza, sintiendo el tirón que frenó drásticamente su caída.
Alice se agarró con precisión al arnés del paracaídas, asegurándose de aterrizar con Rokugo.
El fuerte tirón le hizo sentir que casi se dislocaba los hombros, pero al menos ya no caía en picada. Rokugo la agararia a Alice quejandose de que Lilith no le haya puesto armas incluidas a Alice .
Mientras flotaban suavemente hacia la tierra devastada, Rokugo echó un vistazo al panorama desolador que se extendía debajo de ellos. Por un lado pareceria un Bosque inmenso similar al amazonas de la tierra, por el otro, Lo que una vez podría haber sido un mundo próspero, ahora no era más que ruinas y tierras áridas, Sin embargo a lo lejos en su frente lo que parece ser un cuidad a decenas de kilómetros. Ambos tocaron tierra en un vasto desierto, con el sol abrasador golpeándolos desde arriba.
Rokugo se dejó caer al suelo, respirando agitadamente.
—¡Lilith! ¡Voy a jugar con tus tetas cuando vuelva por esto! —exclamó, quitándose el arnés y pateando el paracaídas a un lado.
Alice, impecable a pesar de la caída, escaneó el área.
—No hay rastro de civilización en un radio de 50 kilómetros. Sugiero que comencemos a caminar.
—¿Caminar? —repitió Rokugo, poniéndose de pie con una mueca de incredulidad—. ¡Esto es un maldito desierto! ¿No podemos armar la maquina teletransportadora aqui?
Alice negó con la cabeza.
— El sistema de la maquina teletransportadora es muy sensible, este lugar lleno de arena no es el adecuado para su construcción. Aun si tuviera sus partes, el ensamblaje es tan complejo que yo requeriría de un mes para terminar de ensamblarla y programarla.
Además el único satélite de Kisaragi colocado se limita a observar la fauna nativa.
—Bueno... esto parece peor de lo que esperaba —dijo Rokugo, observando las ruinas de una ciudad en la distancia.
Agente 6, Sugiero proceder con cautela y registrar datos sobre el entorno, recursos y cualquier presencia hostil. La prioridad es recopilar información suficiente para el eventual control de Kisaragi.
Rokugo soltó una sonrisa torcida, todavía con la adrenalina corriendo en su cuerpo. —¿Cautela? Nunca ha sido mi estilo. Vamos a hacer las cosas a mi manera...
Rokugo gruñó
—Está bien, está bien. ¡Pero más te vale que encuentres algo pronto!
Dejando atrás el paracaídas, los dos comenzaron a caminar bajo el implacable sol. Mientras avanzaban por el desierto, Alice se detuvo y le explicó
—Agente 6. Aunque el idioma de los habitantes de este planeta es desconocido, el chip se adaptará y traducirá automáticamente en su cabeza como en cualquier otra mision. Sin embargo, el proceso tomará un tiempo, ya que al ser un lenguaje completamente nuevo se necesitará tiempo para analizar las estructuras lingüísticas. Hasta entonces, no entenderás nada que digan los nativos..
Rokugo frunció el ceño, un poco irritado. — Que los chips sean capaz de implantar un idioma en el cerebro da miedo —gruñó Rokugo, mirando hacia el horizonte.
Alice ignoró su queja y continuó con el siguiente paso. —Además, para asegurar que no haya pandemias, no solo se esterilizo la cabina de la maquina teletransportadora, Se elimino todas las bacterias de tu cuerpo, El compuesto de anticuerpos biónicos que se te inyecto cumplirán su función a partir de ahora. Esto tambien debería hacerlo inmune a la mayoría de enfermedades locales, asumiendo que este planeta tiene patógenos similares a los nuestros.
—¿Ya no tengo anticuerpos?¿Tengo Sida? A este paso sere un Androide como tu.
Alice lo miró inexpresiva. — Un Androide es un autómata de figura humana. El termino que buscas es Cybor, una criatura compuesta de elementos orgánicos y dispositivos cibernéticos generalmente con la intención de mejorar las capacidades de la parte orgánica mediante el uso de tecnología.
Rokugo soltó una risa seca. —No respondiste mi pregunta.
Mientras Rokugo y Alice avanzaban por el paisaje desolado, el calor del desierto parecía intensificarse, secando sus gargantas y nublando el horizonte. A su alrededor, las dunas de arena se mezclaban con fragmentos de estructuras antiguas, gigantescos bloques de piedra dispersos y erosionados, que parecían contar la historia de una civilización que había caído hace mucho tiempo.
Rokugo se detuvo, observando una de esas enormes piezas de piedra cubierta de grietas, la cual parecía haber sido parte de una estructura colosal.
—Vaya... ¿qué crees que fue esto? —preguntó Rokugo, frunciendo el ceño mientras tocaba la piedra con la punta de sus dedos.
Alice, sin perder su semblante neutro, escaneó los alrededores y respondió en su tono característicamente monótono:
—Es probable que estos fragmentos sean restos de un muro o una fortificación de tamaño considerable. La erosión sugiere que fueron abandonados hace siglos, posiblemente más.
Rokugo dio un paso atrás, con una sonrisa incrédula.
—¿Un muro? Estos bloques son enormes.
Alice lo miró con la misma calma de siempre, aunque había algo en sus ojos, un destello de pragmatismo.
—Considerando la escala de estos muros y la evidente fortificación, es probable que esta civilización haya enfrentado una amenaza de tamaño y poder excepcionales. Sin embargo, es imposible determinarlo sin registros adicionales.
Alice se detuvo y analizó uno de los escombros. Su ojo mecánico emitió un destello mientras escaneaba.
—El material no coincide con nada en mi base de datos. Parece algún tipo de endurecimiento orgánico, pero no puedo determinar su origen o composición.
—¿En serio? —Rokugo golpeó uno de los fragmentos con la bota, solo para sentir su rigidez
Justo en ese momento, Rokugo notó un destello metálico en la arena. Al acercarse, encontró algo sorprendente: una placa de metal corroída por el tiempo, en la que apenas se distinguía la Silueta de una mujer y unas pocas palabras grabadas en una lengua desconocida, aunque algunas letras aún eran legibles.
—¿Qué tenemos aquí? —murmuró Rokugo, rascando la superficie de la placa—. Alice, ¿puedes traducir esto?
Alice, rápida y eficiente, escaneó el texto y procesó los datos con una calma calculadora.
—No tengo como obtener datos lingüísticos hasta analizar el doblaje local.
Rokugo dejó escapar un silbido de decepción.
—Murallas enormes con caras de mujeres, parece que hay cosas que no cambian.
Alice inclinó la cabeza levemente, como si evaluara los datos en sus sistemas.
—La existencia de estructuras tan masivas y la decadencia evidente del entorno sugieren que, en algún momento, este planeta tuvo recursos y tecnología para levantar defensas imponentes.
Mientras continuaban su caminata, Alice mantenía sus sensores atentos, buscando cualquier rastro de vida o actividad en las cercanías.
—La misión requiere que recopilemos información. Todo indicio histórico, cada estructura, cada documento antiguo... podría ser clave para la eventual conquista de Kisaragi para saber a que podríamos enfrentarnos.
Antes de que pudieran investigar más, un gruñido bajo y amenazante resonó a sus espaldas. Rokugo giró rápidamente y vio a varios caninos enormes emergiendo de las dunas cercanas. Sus cuerpos eran imponentes
El silencio del desierto se rompió de repente por unos gruñidos profundos y amenazantes. Rokugo se giró bruscamente, y su mirada se encontró con un grupo de criaturas enormes, parecidas a perros, con piel áspera, faltante en algunas partes. Los caninos mostraban colmillos afilados y garras endurecidas que parecían hechas del mismo material que las antiguas murallas.
—¿Qué demonios es esto? —murmuró Rokugo, mientras una sonrisa confiada aparecía en su rostro.
Alice observó a las criaturas con serenidad mientras Rokugo canjeaba algunos de sus puntos malos. Un destello de luz indicó la aparición de un Rifle , el cual apuntó de inmediato hacia las bestias que avanzaban con gruñidos amenazantes. Con movimientos precisos, jaló el gatillo una y otra vez, derribando a cada una de las criaturas con tiros letales. Los caninos cayeron uno tras otro, sus cuerpos inertes esparcidos por la arena mientras el eco de los disparos se desvanecía y el humo se disipaba en el aire caliente.
—No lo pongas tan facil, madre naturaleza—dijo Rokugo con una sonrisa desafiante.
Alice lo interrumpió, sin cambiar su expresión impasible.
—Agente 6, me temo que tu análisis es prematuro. Observa.
Rokugo se volvió hacia las bestias y se quedó helado al ver que de sus heridas emanaba un extraño vapor, y sus cuerpos comenzaron a regenerarse. los gruñidos retomaron, aún más fuertes que antes.
—¿Regeneración? —Rokugo gruñó—. ¡No puede ser!
Los Perros mutantes intentaban comerse a Rokugo, Rokugo con su agilidad los esquivaba, sin notar que los caninos ignoraban por completo a Alice.
Alice, sin inmutarse, utilizó los puntos malos acumulados de Rokugo para canjear un rifle de alta potencia. El arma apareció en sus manos con un destello, pero al disparar, el retroceso la lanzó hacia atrás.
—Este rifle da un culetazo muy fuerte —dijo Alice mientras se levantaba, aparentemente ilesa.
A pesar de la potencia del rifle, las criaturas seguían regenerándose, y Rokugo gruñó en frustración.
—¡Esto no está funcionando! —exclamó. —LIBERA LO LIMITES!
La Computadora del traje preguntaría a Rokugo a travez de su chip si estaba seguro de liberar los limites.
Rokugo exigiría que se de prisa
El traje de Rokugo emitió una serie de chasquidos mecánicos y se iluminó. Sus músculos se tensaron, y en un segundo, todo su cuerpo sintió una oleada de poder y velocidad incrementada. En un instante, ya había canjeado sus puntos por una "Espada de murciélago vibratoria anti-vehículos blindados tipo R", el arma apareció en su mano, emitiendo un zumbido ominoso mientras su hoja vibraba con intensidad.
—¡Muy bien, ustedes lo pidieron! —exclamó Rokugo, abalanzándose hacia las criaturas con movimientos mucho más rápidos y fuertes que antes. Con un grito de guerra, Rokugo se lanzó contra los caninos, cortándolos indiscriminadamente. La espada vibratoria atravesaba sus cuerpos con facilidad, a pesar de su capacidad regenerativa.
Una tras otra, las criaturas sucumbían bajo los golpes de la espada, mientras Rokugo destrozando los huesos y aniquilando cualquier rastro de regeneración. Cada bestia se disolvía en vapor con un último gruñido, hasta que la última de ellas desapareció.
Rokugo respiró hondo, mirando los restos de las criaturas convertidos en humo, y se dejó caer en la arena, jadeando mientras el MODO SIN LÍMITES se desactivaba y empezaba el enfriamiento de 3 minutos. Alice observó en silencio antes de hacer una de sus observaciones.
Alice, observando la escena, procesó los datos de la pelea.
—Análisis preliminar: parece que su punto débil es la nuca. Es posible que un corte profundo o un daño critico en esa área pueda eliminar a estas criaturas de manera más eficiente.
Rokugo la miró, sudoroso, inmovil y sin aliento, pero con una expresión de satisfacción.
—Gracias por el consejo... justo a tiempo como siempre —dijo con ironía—. Ahora, dame unos minutos. Este traje necesita un enfriamiento.
Alice simplemente asintió y comenzó a escanear la zona en busca de nuevos peligros.
—Lilith mintio, esos perros no se parecen a los de la tierra... Espera ¿Porque hay perros en otro planeta?—comentó Rokugo para sí mismo—. ¿El universo tiene un solo diseñador con muy poca creatividad? o que?.
Alice registró el comentario, pero no dijo nada. En su lugar, espero que el enfriamiento del traje de Rokugo terminara. Un grupo de figuras apareció en la distancia. Mujeres vestidas con armaduras brillantes se acercaban rápidamente, llegan puesto un arnés de cuerpo que abarca la mayor parte del torso y las extremidades inferiores, montando animales parecidos a caballos pero con características extrañas, como patas más largas y colas bifurcadas.... ¿unicornios?
—Espera... ¿qué? —Rokugo apenas podía contener su emoción— Que suculentas mujeres.
Las caballeros detuvieron su avance cuando los vieron, y al frente del grupo, una joven con una expresión seria y determinada levantó la mano, señalando para que se detuvieran. Era una mujer de cabello blanco y largo hasta sus tobillos y mirada desafiante, con una armadura adornada con símbolos de alguna orden militar.
La líder del grupo desmontó con elegancia y se acercó a Rokugo, diciendo algo en un idioma que no entendía. Su tono era firme, y hasta hostil.
Rokugo no podia levantar la mano, el enfriamiento no habia terminado.
Alice giró su cabeza hacia Rokugo y habló en voz baja. —El chip de traducción aún no ha completado el procesamiento del idioma local, pero ya debería estar cercano a decodificar el habla básica.
La joven al frente, la que parecía ser la líder, les dirigió una mirada escrutadora saco su espada y la apunto a Rokugo, sus gestos y la forma en la que observaba sus ropas sugerían que estaba intrigada o, posiblemente, desconfiaba de ellos.
—Chip traductor, haz tu maldito trabajo. No tengo idea de qué me está diciendo esta mujer —murmuró para sí mismo mientras esperaba que el dispositivo procesara el idioma.
Alice, a su lado, permaneció inmóvil, observando atentamente a las caballeros mientras calculaba posibles amenazas.
La comandante pareció perder la paciencia y levantó su espada, apuntándola hacia el cuello de Rokugo. Alice dio un paso al frente. , el chip de Rokugo finalmente completó su trabajo. Las palabras de la comandante comenzaron a cobrar sentido en su mente.
—Y no traen nada que paresca un arma ¡Hablen ahora, antes de que los ejecute por sospechosos! —dijo con firmeza, manteniendo su espada lista.
Alice, mantuvo la calma. Con voz suave, comenzó a explicarles a los caballeros en el idioma que conocían, tratando de evitar problemas innecesarios.
Antes de que Rokugo pudiera abrir la boca, Alice intervino, su tono ahora sorprendentemente convincente.
—Por favor, no nos haga daño. Somos viajeros de una tierra lejana. Fuimos atacados en el desierto y hemos perdido todo. Mi compañero... —hizo un gesto hacia Rokugo— se golpeó la cabeza durante el ataque. No está en su mejor estado.
La comandante bajó ligeramente la espada, mirándolos con una mezcla de escepticismo y curiosidad.
—¿Viajeros? -La comandante se quedaría a ver aun los esqueletos evaporándose alrededor-¿Y cómo lograron derrotar a los perros titán? Esas bestias han matado a más soldados de los que puedo contar.
Alice inclinó la cabeza, simulando humildad.
—Fue pura suerte, comandante. Apenas logramos sobrevivir.
Rokugo, sorprendido por la rápida habilidad de Alice para inventar una historia, asintió solemnemente para reforzar la mentira. Pero no dejaba de molestarle, que Alice afirmara que Rokugo se habria golpeado la cabeza.
Alice volveria a hablar en Japones para explicarle a Rokugo que si dice que se golpeo la cabeza sera mas facil hacer preguntas de cosas que para los nativos sean obvias.
—Mi nombre es Snow, comandante de la guardia real del Reino de Grace. ¿Quiénes son ustedes y qué hacen en estas tierras? Nunca he visto vestimentas tan... inusuales.
Alice, sin dudar, mantuvo la narrativa. —Soy Alice, y soy la guardaespaldas de Rokugo. Somos viajeros, como mencioné, en busca de trabajo y refugio tras ser atacados.
Snow pareció pensativa, Volvió a ver los restos de los Perros Titan todavía Evaporándose y tras un momento de deliberación, asintió. —Si son tan hábiles como para haber matado... 6 titanes, quizás podamos ofrecerles algo. Mi patria, Grace, el País de la Arena, necesita manos fuertes. No es común ver a alguien abatir a las bestias del desierto con tanta facilidad. Su... "arma" —dijo, señalando la motosierra de Rokugo, evaporando la sangre titan — es desconocida para nosotros, pero parece ser eficaz. Les ofreceré un empleo si demuestran ser útiles.
Con solo escuchar como el enfriamiento del traje habia terminado Rokugo solo sonrió, sin molestarse en explicar nada. El grupo comenzó a caminar hacia la ciudad, Las caballero cabalgando los unicornios con Alice y Rokugo en medio de la escolta.
Conforme se acercaban, Rokugo observó el panorama con detenimiento. La ciudad estaba rodeada de altas murallas de piedra, nada que ver con las ruinas de endurecimiento desconocido de kilómetros atrás, estas murallas parecían hechas por maquinaria similar a la que hay en la tierra. Snow se presento ante los guardias de la muralla, quienes vigilaban desde una torre de 150 metros. Al abrirse la puera, Rokugo noto como la ciudad tenía un aire medieval, con edificios hechos de materiales rudimentarios.
Rokugo y Alice fueron guiados por las calles de la ciudad. La arquitectura era arcaica, y la ciudad misma parecía desgastada por el tiempo y la guerra. A medida que avanzaban, Rokugo observó que muchos edificios estaban parcialmente destruidos y las calles apenas contenían alguna señal de vida o vegetación. La ciudad estaba llena de ruinas,y allá, había restos de tecnología avanzada, lo que parecía ser un cañón gigante .
Rokugo frunció el ceño, analizándolo.
—Eso no es de este tiempo. ¿Qué pasó aquí? Este mundo tuvo que haber sufrido un retroceso enorme después de alguna guerra —pensó para sí mismo, sin compartir sus observaciones.
Mientras caminaban, Rokugo se intrigo por las armas que llevaba Snow en su cintura: espadas largas y delgadas que parecían estar diseñadas para un uso especial.
—Oye, Snow —preguntó Rokugo, fingiendo curiosidad inocente—. ¿Qué son esas espadas que llevas?
Snow miró brevemente las espadas antes de responder.
—Comandante Snow, aunque te tome mas tiempo, Estas espadas son parte del equipo de maniobras tridimensionales. Es la herramienta principal de un soldado para luchar contra los titanes y este equipo es para movilizarse. No me digas que nunca has visto uno.
—titanes... Vaya nombre mas original para esas cosas de afuera—murmuró Rokugo, archivando la información mientras caminaban hacia lo que parecía ser el castillo de la ciudad.
—¿Esos es un... tanque? —murmuró Rokugo sobre el enorme vehículo acorazado abandonado y cubierto de arena, con carriles en vez de ruedas—.
- ¿Tu sabes lo que es eso? - Snow miró el tanque por un momento antes de responder.
—Es un vestigio de la era anterior. Nadie sabe exactamente cómo funcionaba, pero nuestros ancestros lo usaron en las guerras contra los titanes. Nadie sabe como funcionaban esas máquinas asi que no se pueden reparar ni usar.
Alice en Japones - Parece que nadie conserva conocimientos de electrónica o mecánica.
El grupo llegó al castillo, una imponente estructura de piedra que se erigía en el centro de Grace. Las puertas principales se abrieron con un chirrido metálico, y Snow condujo a Rokugo y Alice a través de pasillos decorados con tapices y emblemas que narraban la historia de la ciudad.
En el salón principal, una joven de porte elegante los esperaba. Su cabello dorado brillaba bajo la luz que se filtraba por las ventanas altas, y su presencia emanaba autoridad. Snow se inclinó ligeramente ante ella, vestida con ropas finas y con un aire de autoridad innegable. Era una mujer joven, con una mirada serena pero calculadora. Snow hizo una reverencia
—Princesa Christ Ceres Tilis Reiss, le presento a estos viajeros. Los encontré en el desierto, sobrevivientes de un ataque de los perros titán. Mostraron una capacidad impresionante para enfrentarlos, por lo que consideré oportuno traerlos ante usted.
—Bienvenidos, extranjeros —saludó la princesa, con un tono amable—. Mi país, como pueden ver, está en una situación desesperada. Hace años, La invasión de los demonios nos ha mantenido en una guerra. Ahora, cualquier ayuda es bienvenida, y si están dispuestos a trabajar para nosotros, les prometo un hogar y un propósito.
- ¿Demonios?
Rokugo intercambió una mirada con Alice. Aunque la oferta de la princesa era interesante, él sabía que fingir lealtad temporalmente no era un problema... al menos no hasta que encontrara una oportunidad de obtener informacion y, quién sabe, tal vez algo de diversión en el proceso.
—Gracias por recibirnos, Su Alteza. Somos viajeros de una tierra lejana y hemos perdido todo en nuestro viaje. Mi compañero no está en su mejor estado debido a un golpe en la cabeza, pero estamos dispuestos a ayudar si podemos ser de utilidad.
La princesa asintió, aparentemente convencida por las palabras de Alice.
—Es admirable que hayan sobrevivido a los perros titán. Incluso mis soldados más experimentados tienen dificultades para enfrentarlos, Se necesita unos 6 soldados para uno solo titan.
- Soy Sentouin Rokugo. Sera un gusto trabajar para usted alteza.- Dijo Rokugo con un tono coqueto
- Soy Linda niña androide super especializada Alice de Kisaragi
Rokugo volveria a hablar en Japones -¿Que es ese nombre tan largo y especifico?
-Asi se llama mi modelo, tu ¿Como que Sentouin Rokugo (Pronunciacion de Combatiente 6 en Japones )? ¿Te olvidaste tu nombre real?
¿Que idioma es esa? - Preguntaria la princesa
-Hablen en Marleyano, dejen de hacer esos sonidos raros- Diria Snow.
-Solo nuestra idioma natal, Mi compañero me salvo antes de nuestro viaje de unos asalta chicos, Esta en un viaje de autodescubrimiento y yo soy su guardaespaldas. Le es mas cómodo hablar en su idioma natal.
La princesa sonrió levemente antes de dirigirse a Snow.
—Snow, por favor, encárgate de que nuestros invitados reciban un lugar para quedarse y sean equipados con lo que necesiten. Les hare una entrevista como formalidad. Si están dispuestos, podrían ser de gran ayuda en nuestra lucha contra los demonios.
Snow asintió y les hizo un gesto para que la siguieran. Mientras caminaban por los pasillos del castillo hacia la salida, Rokugo observó nuevamente los restos tecnológicos incrustados en el paisaje.
Snow los condujo a través del castillo hasta una habitación pequeña pero sorprendentemente equipada. Aunque el exterior del castillo y los pasillos tenían un aire medieval, el interior de la habitación parecía sacado de una era mucho más contemporánea. Había lámparas, un ventilador, y un radio antiguo descansaba en una esquina.
—Compartirán esta habitación. El presupuesto del castillo no cuenta con habitaciones suficiente para dar individuales a los invitados, —dijo Snow, cruzándose de brazos con una expresión neutra.
Rokugo observó la habitación, confundido.
—¿En que época se supone que estamos? —murmuró, mirando a Alice.
Alice, por su parte, mantenía su expresión impasible.
—Es aceptable. Gracias por su hospitalidad, Snow.
La comandante asintió antes de señalar la puerta.
—Tienen una hora para prepararse. La princesa les espera para una entrevista formal. Si ella los acepta, podrán servir como mercenarios al servicio de Grace.
Una vez que Snow se retiró, Rokugo y Alice intercambiaron miradas.
—¿Ahora si respondes mi pregunta? —preguntó Rokugo, bajando la voz.
—Sí. La tecnología aquí parece dividida entre eras. El castillo tiene electricidad y equipos limitados de mediados del siglo XX, pero el pueblo afuera está en un estado completamente medieval.
Rokugo asintió, frotándose la barbilla mientras procesaba la información.
Una hora despues, En el salón principal del castillo, la princesa Tilis los recibió nuevamente, esta vez acompañada por varios consejeros. Snow permanecía de pie junto a ellos, observando a Rokugo y Alice atentamente.
—Por favor, siéntense —dijo la princesa, señalando dos sillas frente a ella.
Rokugo y Alice se sentaron, manteniendo una actitud aparentemente relajada pero alerta. La princesa empezó con preguntas básicas sobre su origen y habilidades.
Alice, siendo la más diplomática, respondió con vaguedad pero suficiente credibilidad.
—Venimos de Japon, una tierra lejana devastada por conflictos. Mi compañero es un guerrero experimentado, aunque su formación académica es limitada.
Rokugo levantó la mano.
—Sí, no terminé la secundaria. Pero tengo experiencia en guerra y sobrevivir situaciones imposibles.
La princesa levantó una ceja, claramente intrigada por sus palabras.
—Interesante. Entonces, ¿aceptarían trabajar como mercenarios al servicio de Grace? Necesitamos toda la ayuda posible contra los demonios y los titanes.
—Por supuesto —respondió Alice con una sonrisa medida, mientras Rokugo simplemente asentía.
Tilis pareció satisfecha, y tras algunas preguntas más, concluyó la entrevista.
—Bien, desde ahora, Rokugo será oficialmente un mercenario al servicio de Grace. Snow se encargará de su entrenamiento y preparación.
Después de la entrevista, Snow los condujo fuera del castillo
Rokugo se inclinó hacia Alice, hablando en japonés para evitar ser entendido por los locales.
Alice asintió, manteniendo la misma expresión neutral.
—Es probable que la electricidad y la tecnología se hayan limitado al castillo para conservar recursos.
Rokugo y Alice seguían a Snow a través de las bulliciosas calles de Grace. A pesar del entorno medieval, el pueblo estaba lleno de actividad: comerciantes gritaban sus precios, niños corrían entre las casas de piedra, y los guardias patrullaban las estrechas calles.
—¿Adónde nos llevas ahora? —preguntó Rokugo con desgano, mirando alrededor.
—Al anfiteatro —respondió Snow sin voltear—. Por las proximas horas soy responsable de ustedes. Hay algo que quiero mostrarles. Una reliquia de la era anterior que aún no hemos podido entender del todo.
Rokugo arqueó una ceja y lanzó una mirada a Alice.
—¿Una reliquia? Esto podría ponerse interesante.
Llegaron al anfiteatro, una estructura de piedra semicircular con un gran escenario en el centro. En un rincón del lugar, rodeada de cuerdas y carteles de advertencia, había una máquina antigua y desgastada que parecía fuera de lugar.
—Esa es la máquina generadora de lluvia —dijo Snow, señalándola—. Fue vital para la ciudad durante generaciones, pero se dañó hace décadas. Nadie ha podido repararla, y nadie sabe cómo funciona.
Alice dio un paso al frente, sus ojos mecánicos brillando mientras analizaba la estructura.
—Déjeme intentarlo. Tengo herramientas por si necesitara darme auto mantenimiento.
Snow dudó, pero finalmente asintió.
—Adelante. Pero si haces algo que cause más daño, me aseguraré de que ambos paguen las consecuencias.
Alice se acercó a la máquina y comenzó a analizar la estructura y a trabajar en la máquina, mientras Rokugo observaba con una mezcla de aburrimiento y curiosidad. Alice miraba, al reconectar un cable que se había salido, la máquina se encendió con un zumbido bajo.
—Funciona —dijo Alice con satisfacción, dando un paso atrás.
- Esto es genial, todos nos van a amar cuando sepan de esto, compartiremos la gloria, quedense aqui, voy por la princesa Tilis- Dijo Snow retirandose corriendo.
- ¿Compartiremos la Gloria? Si es ella no hizo nada.
- Tu tampoco - Le respondería Alice
Sin embargo, una pantalla en la máquina parpadeó con un mensaje:
"Ingrese contraseña para activar el sistema."
Rokugo se acercó, Rokugo, con una sonrisa maliciosa, se acercó al teclado de la máquina. —¿Contraseña? Bah, esto es fácil. Solo necesita un toque de creatividad. —Y, sin pensarlo demasiado, escribió "festival del pene" en el teclado.
Para su sorpresa (y diversión), la máquina comenzó a emitir una alarma estridente.
Antes de que Alice o Snow pudieran detenerlo, Rokugo presionó Enter. La máquina emitió un pitido aprobatorio.
Alice lo miró con incredulidad. Snow Acabaría de llegar
—¿Qué demonios estás haciendo, Rokugo?
Él levantó las manos con una sonrisa despreocupada.
—Cada vez que alguien active esta cosa, le dará tanta vergüenza decirlo, ganaré puntos malos cada vez que este mundo necesite agua.
Antes de que pudieran discutir más, Snow llego, revisó la pantalla y su rostro se puso pálido.
—¡¿Qué hiciste?! Esta máquina solo puede ser activada con la voz de alguien de la familia real. ¡Acabas de sabotear un recurso esencial para la ciudad! GUARDIAS, GUARDIAS.
Guardias llegaron rápidamente al lugar, alertados por el ruido de la máquina. Snow señaló a Rokugo y Alice.
—¡Arresten a estos dos por traición!
—¡¿Qué?! —protestó Rokugo mientras los guardias lo esposaban—. ¡Yo la arreglé! ¡Eso debería contar para algo!
- ¿Tu La arreglaste? - Protestaría Alice
En cuestión de segundos, guardias del palacio se presentaron en el lugar, rodeando a Rokugo con lanzas y espadas apuntándole.
—¡Por orden de la familia real, quedas arrestado por manipulación indebida de reliquias sagrada! —anunció uno de los guardias, mientras Rokugo levantaba las manos, intentando no reírse.
Rokugo y Alice fueron llevados al castillo, donde El Rey y la princesa Tilis los esperaba en el salón principal, junto con un grupo de consejeros y una muy tenso Snow. La joven miraba a Rokugo con una mezcla de incredulidad y desagrado. Snow, quien estaba a su lado, observaba con desconfianza.
—Entonces... ¿cuál fue tu razonamiento para escribir algo tan... inapropiado en una de nuestras reliquias? —preguntó el Rey, alzando una ceja.
—Snow me aseguró que se haría responsable de ustedes, y ahora descubro que han manipulado una reliquia vital de la ciudad —dijo Tilis, mirando a Rokugo con frialdad—. Explíquense.
Rokugo, con su labia característica, comenzó a hablar.
—Su Alteza, con todo respeto, no teníamos idea de que la máquina requería la voz de la familia real. Simplemente hicimos lo mejor que pudimos para repararla. Ahora, gracias a nosotros, el generador está funcional después de décadas. ¿No debería eso contar para algo?
El Rey lo miró en silencio, considerando sus palabras.
—Eso no excusa para su falta de respeto y manipulación. Pero admito que su contribución es valiosa.
Snow, al ver que la princesa comenzaba a dudar, intentó intervenir. —¡Rey, este hombre es claramente un espía o un elemento peligroso! ¡No podemos confiar en él!
Alice la miró con una sonrisa astuta. —Oh, ¿en serio, comandante Snow? Entonces, ¿Nos trajiste hasta aquí sin siquiera investigarnos? Si somos espías, ¿no sería responsabilidad tuya por permitir nuestra entrada?
La cara de Snow se puso roja de frustración, pero no podía contradecirlo sin implicarse a sí misma. La princesa Tilis, viendo el conflicto, finalmente habló.
—Muy bien, Rokugo. Te ofrezco una oportunidad para demostrar tu lealtad. Liderarás un pequeño escuadrón de soldados y ayudarás a nuestra causa. Si demuestras ser útil, tus acciones indebidas serán perdonadas.
Rokugo sonrió victorioso. —Por supuesto, Alteza. No tiene nada de qué preocuparse. Haré lo necesario para servir a su noble causa.
La princesa entrecerró los ojos, evaluando la situación.
—Snow, tu lealtad es admirable, pero has fallado en tu juicio. Desde este momento, eres destituida de la Guardia Real.
Snow apretó los puños, pero no dijo nada. Tilis se volvió hacia Rokugo.
—Tú, Rokugo, desde ahora serás el capitán de un escuadrón que formaremos para enfrentar a los demonios en la guerra. Snow será tu asistente personal. Ambos estarán bajo estricta supervisión.
Snow no tardó en expresar su descontento.
—¡¿Qué?! ¡No puedo trabajar con este idiota!
Rokugo se limitó a sonreír mientras levantaba las manos, todavía esposado.
—Vamos, Snow. Esto podría ser divertido. ¿Quién sabe? Tal vez hasta nos llevemos bien.
Snow lo fulminó con la mirada, pero no dijo nada más mientras la princesa daba por terminada la audiencia.
Mientras salían del salón, Rokugo se inclinó hacia Alice y murmuró:
—Creo que esto salió mejor de lo que esperaba.
Alice suspiró, pero no pudo evitar estar de acuerdo.
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