En la ciudad de Axel, en una tranquila mañana...
Aqua sorbía su té con desgano mientras miraba de reojo a Eren, quien, con una expresión melancólica, acariciaba suavemente la foto de sus hijos. La imagen, ligeramente desgastada por el tiempo, mostraba a cuatro jóvenes de diferentes edades, cada uno con rasgos que denotaban su linaje y su peculiar mezcla de herencias.
De derecha a izquierda, se podían ver en la imagen: Zell, el hijo que tuvo con Aqua, de cabello azul y ojos que combinaban el tono de su madre con la seriedad de su padre; Mika, la hija que tuvo con Historia, heredando la nobleza de su madre pero con una mirada determinada similar a la de su padre; Zek, el hijo nacido de Ymir cuando Historia lo invitó a "compartir el deber de la familia", con un aire despreocupado pero una presencia imponente; y finalmente, Luna, la menor y segunda hija que tuvo con Aqua, de sonrisa traviesa y una energía interminable.
Aqua dejó su taza de té con un suspiro y cruzó los brazos.
—Sabes, Eren, podrías al menos pretender que me estás escuchando cuando te hablo.
Eren apenas movió los ojos hacia ella.
—Lo estoy haciendo —respondió con su voz áspera, que denotaba los años vividos—. Dijiste que Historia me secuestró con un mal deseo en el Más Allá, nos volvimos aventureros, encontramos a Megumin y Darkness, y terminamos luchando contra el Rey Demonio. Luego me reencontré con ustedes y, por cosas de la vida, terminamos con una borrachera en la que quedaste embarazada, nos casamos porque si no una maldición nos caería encima y, después de eso, nuestros hijos crecieron y se fueron a hacer su vida.
Aqua hizo un puchero y se cruzó de brazos.
—¡Lo dices como si fuera algo aburrido!
Eren dejó la foto sobre la mesa con cuidado.
—¿No lo es? —murmuró con un aire pensativo—. Todo pasó hace tanto tiempo...
Aqua infló los mofletes con molestia.
—¡Que cruel eres, Eren! ¿Sabes cuántas diosas darían lo que fuera por un esposo como tú?
—Eso es mentira y lo sabes.
Aqua chasqueó la lengua y se dejó caer sobre la mesa con dramatismo.
—Ugh, y pensar que tengo que pasar un mes contigo cada año por ese estúpido contrato.
Eren sonrió con ironía.
—No es como si tú también lo disfrutaras mucho.
Aqua levantó la cabeza y lo miró con un brillo juguetón en los ojos.
—Bueno, al menos me divierto más que tú. Sigues actuando como si fueras un viejo atrapado en un matrimonio sin salida.
Eren suspiró, cerrando los ojos por un momento. En cierto sentido, Aqua tenía razón. No solo sus hijos se habían ido a hacer su propia vida, sino que, irónicamente, sus mejores amigos de su vida pasada, Armin y Mikasa reencarnados en ese mundo, habían muerto antes que él.
La nostalgia golpeó su pecho como un martillo invisible.
—Viejo, ¿eh? —musitó con una sonrisa amarga.
Aqua ladeó la cabeza.
—Bueno, no lo digo en mal plan, pero... no puedes negar que ya no eres el mismo. Antes eras más apasionado, más decidido. Ahora pareces... resignado.
Eren miró el vapor que salía de su taza de té y murmuró en voz baja:
—Tal vez porque ya he visto demasiado.
Un silencio incómodo se instaló en la habitación. Aqua, por más tonta que pudiera ser a veces, sabía leer el ambiente cuando la situación lo requería.
Entonces, para romper la tensión, se estiró en su asiento y sonrió con diversión.
—¡Bueno, ya basta de ponernos sentimentales! ¡Hoy es un día importante!
Eren arqueó una ceja.
—¿Ah, sí? ¿Y qué tiene de especial?
Aqua golpeó la mesa con entusiasmo.
—¡Es el festival anual de la ciudad! ¡Y adivina qué! ¡Nos invitaron a dar un discurso como los héroes que derrotaron al Rey Demonio hace décadas!
Eren soltó un suspiro cansado.
—Dime que estás bromeando…
Aqua se cruzó de brazos con una expresión de orgullo.
—¡Por supuesto que no! ¡Vamos a ser el centro de atención!
Eren miró por la ventana, observando el cielo despejado y las calles llenas de gente preparándose para el festival.
—No sé si estoy de humor para esto…
Aqua le lanzó una mirada afilada.
—Oh, no, no, no. No me vengas con esa actitud de "viejo deprimido". ¡Nos veremos bien frente a toda la ciudad y recordaremos nuestra gran hazaña! ¡Así que más te vale sonreír y fingir que eres feliz, Eren Jaeger!
Eren cerró los ojos y dejó escapar un largo suspiro antes de responder con resignación:
—Sí, sí… lo que digas, esposa.
Aqua sonrió victoriosa.
—¡Así me gusta! ¡Ahora vamos, tenemos que vestirnos para la ocasión!
Eren se puso de pie con pesadez y miró una vez más la foto de sus hijos antes de salir de la habitación junto a Aqua.
El festival los esperaba. Y con él, el recuerdo de todo lo que habían vivido en aquel mundo absurdo, lleno de magia, locura y desventuras.
Pero en el fondo, Eren sabía que algo dentro de él aún no encontraba la paz.
Axel, la mañana del festival
Eren, mientras terminaba su té con gesto ausente, se giró hacia Aqua con una expresión algo cansada.
—Oye, ¿Historia y Ymir vendrán al festival? —preguntó sin muchas expectativas—. No las he visto en décadas desde que se mudaron con la Guardia Real de la princesa Iris.
Aqua se encogió de hombros.
—No lo sé, pero si vienen, seguro Historia aprovechará para sermonearte sobre algo y Ymir se burlará de ti por envejecer.
Eren dejó escapar un suspiro mientras miraba su reflejo en la taza.
—Supongo que eso significaría que todo sigue igual…
Corporación Kisaragi – Sala de juntas de las Ejecutivas
Mientras tanto, en un rincón del universo, en una sala iluminada con un resplandor artificial, las ejecutivas de Kisaragi estaban reunidas con un propósito muy específico: torturar emocionalmente a Rokugo.
Lilith, Astaroth, Belial y Viper se encontraban en sus asientos, con Rokugo parado frente a ellas con los brazos cruzados.
—Así que, ¿me llamaron por fin para darme mi aumento? —preguntó Rokugo con una sonrisa confiada.
Astaroth dejó escapar una risita burlona.
—¿Aumento? Oh, sí, claro, te llamamos para darte un bono…
Rokugo sintió alivio por un momento.
—…pero se lo dimos a Viper —terminó Astaroth con malicia.
Rokugo sintió que la traición le atravesaba el pecho como una lanza.
—¡¿Cómo que a Viper?!
Viper, con su típica calma, se encogió de hombros.
—Me ascendieron a Cuarta Ejecutiva. Es oficial.
Rokugo sintió que su alma dejaba su cuerpo.
—¡¿Otra vez me quitan lo que me merezco?! ¡Después de todo lo que hice en el planeta 407! ¡Pelear una guerra, conquistar una nación, evitar la destrucción total y ahora Viper se queda con mi puesto!
Lilith, sin inmutarse, miró sus uñas mientras hablaba.
—Bueno, Viper mostró habilidades de liderazgo y administración excepcionales, además de mantener el orden entre los nuevos reclutas. En contraste, tú…
—…eres un desastre —remató Astaroth con una sonrisa de burla—. Además, recordemos que engañaste a tu "novia" con la lisiada.
Rokugo chasqueó la lengua.
—¡Oigan, oigan! Lo de Grimm fue parte de mi estrategia de supervivencia. ¡Puntos malos fáciles!
Astaroth lo miró con desprecio.
—Te vamos a mandar a conquistar otro planeta.
Rokugo sintió que su espíritu moría por segunda vez en menos de diez minutos.
—No, esperen… ¡No otra vez!
Lilith apoyó los codos sobre la mesa y entrelazó los dedos.
—Teniendo en cuenta el excelente trabajo que hiciste en el planeta 407, hemos decidido enviarte a un mundo aún más complicado.
—¡Estuve en una maldita guerra! ¡Me dieron un mes de descanso y me mandaron a un planeta desconocido! ¡Y ahora hacen lo mismo otra vez!
Astaroth se inclinó hacia él con una sonrisa cruel.
—Ay, Rokugo… eso es lo que pasa cuando eres demasiado eficiente.
Rokugo se llevó una mano al rostro y masculló entre dientes.
—Bien, bien… Al menos déjenme empacar mis cosas y despedirme de mis amigos esta vez…
Viper sonrió amablemente.
—Concedido.
Rokugo alzó la mirada, sorprendido.
—¿En serio?
Viper asintió.
—Claro, porque si no, vas a hacer un berrinche como la última vez.
—¡Oye, eso es…!
—Cien por ciento cierto —interrumpió Belial con diversión.
Antes de que Rokugo pudiera protestar más, Lilith golpeó la mesa para llamar su atención.
—Y por supuesto, como la última vez, tendrás a una asistente.
Las puertas de la sala se abrieron y una figura familiar apareció.
—Te presentamos a Alice 2 —anunció Lilith con una sonrisa.
Rokugo parpadeó varias veces antes de ver a la niña androide de pie frente a él.
Alice 2 tenía el mismo diseño, la misma voz y los mismos recuerdos de Alice, pero había una diferencia: no tenía la misma actitud que la Alice original.
Sin pensarlo dos veces, Rokugo intentó abrazarla con un gesto de nostalgia.
—¡Alice! ¡Estás de vuelta!
Alice 2 retrocedió con expresión neutral.
—Aunque tengo los recuerdos de la Alice anterior, no espero ese tipo de afecto.
Rokugo sintió como si le hubieran arrancado el corazón y lo hubieran pisoteado.
—Es como si Alice hubiera perdido la memoria…
Lilith miró a Rokugo con una sonrisa satisfecha.
—Eso es porque, en cierto modo, la ha perdido. Tendrás que entrenar su IA nuevamente para que recupere su personalidad.
Rokugo suspiró con resignación y miró a Alice 2 con una mezcla de tristeza y determinación.
—Supongo que no tengo opción…
Astaroth le dio una palmada en la espalda con burla.
—Eso es el espíritu. Ahora, ve a empacar. Tienes un nuevo mundo que conquistar.
Rokugo salió de la sala arrastrando los pies, sintiendo que la vida le daba otra patada en el estómago.
Otra vez lo enviaban a la guerra.
Otra vez lo mandaban a un mundo desconocido.
Y esta vez, tenía que volver a crear un lazo con Alice… desde cero.
Pero antes de todo eso, tenía una última misión antes de partir:
Sede de Kisaragi – Última Noche de Rokugo en el Planeta 407
Rokugo caminaba por los pasillos de la sede de la Corporación Kisaragi con paso firme, su rostro serio pero un tanto cansado. No era la primera vez que tenía que despedirse de un planeta y probablemente no sería la última.
Sabía que debía comunicar su misión, pero antes de hacerlo, necesitaba algo de compañía… y unas cervezas.
Bar de Kisaragi – Reunión con los viejos amigos
El Hombre Tigre, el Agente 10 y Rose estaban sentados en una mesa con varias botellas esparcidas. Rokugo se dejó caer en una silla y tomó una de las cervezas sin decir nada.
—Vaya, ¿qué te pasa? —preguntó el Hombre Tigre, mirándolo con una ceja levantada.
Rokugo tomó un gran sorbo antes de responder.
—Voy a otro planeta.
Un silencio momentáneo se apoderó de la mesa. Rose, con su instinto afilado, presintió la urgencia de la misión y aunque le deseó suerte, no pudo evitar preguntar:
—Si no vuelves… ¿puedo quedarme con tu dinero?
El Hombre Tigre y el Agente 10 levantaron la mirada de inmediato.
—Sí, sí, buen punto. ¿Puedo quedarme con tu colección de armas? —preguntó el Hombre Tigre.
—Y yo quiero tu manta de invisibilidad —agregó el Agente 10 con total descaro.
Rokugo los miró con incredulidad.
—¡Oigan, ni siquiera me han deseado suerte y ya están viendo qué pueden saquear de mis cosas!
Rose sonrió divertida.
—¡Bueno, la suerte no te sirve de nada si no vuelves!
Rokugo suspiró y tomó otro trago.
—Malditos bastardos, los extrañaré…
Enfermería – Despidiéndose de Heine y Russel
Rokugo entró sin previo aviso en la enfermería, donde Heine y Russel estaban descansando después de sus entrenamientos.
—Oye, ustedes dos —dijo Rokugo con tono burlón—. Finalmente serán felices.
Ambos lo miraron confundidos.
—¿Feliz de qué? —preguntó Russel.
—Porque finalmente yo voy a desaparecer de sus vidas —dijo Rokugo con dramatismo—. Me mandan a otro planeta, así que ya no tendrán que soportarme.
Heine y Russel se miraron entre sí antes de encogerse de hombros.
—No va a ser lo mismo sin que nos molestes cada día —comentó Heine con un toque de sarcasmo.
—No, no, no, no me salgan con esas. No arruinen mi gran despedida con sentimentalismos —dijo Rokugo, retrocediendo lentamente antes de cerrar la puerta detrás de él.
Habitación de Grimm – Un último recuerdo
Cuando Rokugo llegó a la habitación de Grimm, se quedó en la puerta por un momento. Miró la pequeña y algo caótica habitación donde Grimm pasaba sus días, aún resentida por todo lo que le había hecho.
Ella estaba sentada en su silla de ruedas, observando la habitación en silencio. Sus pies descalzos tocaban el suelo de madera, y su rostro, aunque severo, reflejaba un atisbo de cansancio.
Cuando Rokugo se acercó para hablar, Grimm levantó la mirada y su expresión se endureció inmediatamente.
Sin levantar la vista del todo, movió su silla de ruedas hacia un lado, apartándose de él.
—Deberías agradecer que no te maté o que no te dejé inválido —murmuró Grimm con frialdad.
Rokugo se quedó en silencio por un momento, sonriendo de manera sardónica.
—Sabía que dirías algo así.
La respuesta de Grimm no le sorprendía, pero aun así le dolía un poco.
Se quedó mirándola, como si buscara encontrar las palabras adecuadas para despedirse, pero en el fondo sabía que cualquier cosa que dijera no cambiaría el hecho de que Grimm aún guardaba resentimiento hacia él.
Finalmente, con un suspiro, Rokugo se giró hacia la puerta.
—Supongo que eso es todo.
Grimm no respondió. Simplemente siguió mirando hacia otro lado, pero cuando Rokugo cerró la puerta tras de sí, dejó escapar un leve suspiro, aferrándose a los reposabrazos de su silla.
La despedida había sido breve, pero le había dejado un sentimiento de vacío en el pecho.
Hacia una nueva misión
Rokugo caminó hacia el hangar donde lo esperaba su transporte, con Alice 2 siguiéndolo en silencio.
Sede de Kisaragi – Preparativos para la Misión
Rokugo caminaba hacia la plataforma de teletransportación con su equipo al hombro, sintiendo las miradas de las ejecutivas sobre él. Lilith, con su característico tono burlón, cruzó los brazos mientras lo observaba.
—Dime, Rokugo, ¿vas a una misión o a un campamento? Apuesto a que llevas un montón de cosas inútiles solo para entretenerte.
Rokugo se giró con una sonrisa confiada y, sin decir nada, sacó un enorme paracaídas de su equipaje.
—No es una mochila —dijo con orgullo—. Es un paracaídas.
Lilith lo miró con sorpresa antes de fruncir el ceño.
—¿Un paracaídas?
Rokugo le recordó con una sonrisa maliciosa:
—No sé si recuerdas, pero la primera vez que me mandaron a un planeta me teletransportaron a tres mil metros del suelo. Prefiero estar preparado.
Lilith suspiró y admitió a regañadientes:
—…Buen punto.
Rokugo se inyectó algunos nanorobots de Kisaragi en el brazo, fortaleciendo su sistema inmune y mejorando su capacidad de resistencia. Luego, con un último suspiro, miró a Alice 2, quien esperaba junto a él.
—Lista para irnos, chica golem 2.0? —bromeó Rokugo.
—No me llames así —respondió Alice 2 sin emociones.
Las ejecutivas activaron la teletransportación. Con un destello de luz, Rokugo y Alice 2 desaparecieron.
Nuevo Mundo – Las Montañas Cercanas a Axel
Aparecieron en medio de unas montañas tranquilas, con una vista panorámica de un paisaje medieval. Rokugo y Alice 2 miraron a su alrededor y notaron una ciudad en la distancia.
—Según el informe del Agente 22, esa es la ciudad de Axel —comentó Alice 2—. Es una ciudad peligrosa y, al mismo tiempo, la más tranquila del planeta.
Rokugo arqueó una ceja.
—Eso no tiene sentido.
—Bienvenido al planeta donde fracasó el Agente 22 —respondió Alice con calma.
Rokugo suspiró.
—Genial.
Bajaron la montaña y entraron en la ciudad de Axel. A medida que avanzaban, los habitantes los observaban de reojo, sorprendidos por la extraña vestimenta de Rokugo, que contrastaba con sus ropas medievales.
—¿No se supone que a esta gente le da igual cómo se vista la gente? —preguntó Rokugo, recordando el informe de 22.
Alice 2 asintió.
—Eso decía el reporte. Sin embargo, deberíamos escuchar más para que el chip de traducción en tu cabeza pueda decodificar el lenguaje de este mundo.
Rokugo se quedó en una esquina del mercado, prestando atención a las conversaciones de los locales. Poco a poco, su chip en el cerebro comenzó a descifrar las palabras, hasta que pudo entenderlas con fluidez.
—Bien, ya puedo entender lo que dicen —informó Rokugo.
Alice 2 señaló un edificio con un cartel grande.
—Si queremos conseguir información y trabajo, debemos registrarnos en el Gremio de Aventureros. Es el centro de empleo de este mundo.
Rokugo la miró con una sonrisa irónica.
—¿Así que ahora somos mercenarios medievales?
—Aparentemente sí.
Rokugo suspiró y se encaminó al gremio, preparado para lo que fuera que le esperaba en este extraño mundo.
Gremio de Aventureros – Ciudad de Axel
Rokugo y Alice 2 cruzaron la entrada del gremio. La gran sala estaba llena de aventureros ruidosos, celebrando con cerveza y comida. El olor a carne asada y alcohol impregnaba el aire.
Rokugo frunció el ceño.
—Parece que hubo un festival hace poco.
Alice 2 escaneó la zona.
—Según las conversaciones que escuché, se trata del festival de los héroes que derrotaron al Rey Demonio. Fue hace poco, así que la ciudad aún está celebrando.
Rokugo rodó los ojos.
—¿Por qué siempre me pierdo las partes divertidas?
Se acercaron a la barra del gremio. Una mesera con una sonrisa cansada se les acercó.
—¿Qué van a ordenar?
Rokugo sin dudarlo:
—Una cerveza y algo de comida.
La mesera levantó una ceja.
—¿Tienen con qué pagar?
Alice 2 inmediatamente intervino con una expresión inocente.
—En realidad, somos viajeros que fueron atacados y robados en el camino. Se llevaron nuestras pertenencias y dinero. Además, Rokugo se golpeó la cabeza y perdió la cordura.
Rokugo parpadeó.
—…¿Qué?
Alice 2 continuó sin inmutarse.
—Mi pobre amigo cree que viene de otro mundo y que pertenece a una organización malvada de otro planeta. No hemos comido en días.
Rokugo la miró incrédulo.
—Alice, ¿de dónde sacaste esa historia?
Alice 2 sonrió levemente.
—De tu informe en el planeta 407. La Alice anterior usó la misma excusa cuando llegaron.
Rokugo suspiró y murmuró para sí mismo:
—Maldita sea, Alice…
La mesera los miró con sospecha, pero luego su expresión se suavizó, como si estuviera acostumbrada a situaciones similares.
—Bueno, no puedo darles comida gratis, pero hay formas de ganarse la vida en esta ciudad. Sin dinero no hay cerveza, pero pueden conseguir empleo de albañil o en trabajos manuales.
Rokugo hizo una mueca de disgusto.
—…Me rehúso.
Alice 2 lo miró con burla.
—¿Por qué?
Rokugo suspiró.
—El Agente 22 dejó un informe mencionando estos llamados "trabajos de supervivencia". Supuestamente, al llegar aquí terminó trabajando en construcción para ganar dinero.
Alice 2 levantó una ceja.
—¿Y cuál es el problema?
Rokugo miró el martillo y las herramientas en la mesa, con expresión de desagrado.
—Que yo no me sé la de chambear.
Alice 2 sonrió con diversión.
—Es irónico. La gente sin estudios suele ser estereotipada como albañil, pero tú eres el único agente de Kisaragi con la secundaria trunca.
Rokugo apretó los dientes.
—…No tienes que recordarlo.
Alice 2 continuó:
—Incluso Rose ya está en la educación de Kisaragi.
Rokugo la interrumpió.
—¡Sí, sí, ya entendí! ¡Basta!
Alice 2 lo miró con una sonrisa satisfecha.
—Así que… ¿trabajarás de albañil?
Rokugo frunció el ceño, mirando la lista de trabajos disponibles.
—…Tal vez haya otra opción.
Alice 2 sonrió de manera traviesa.
—¿Y si te registramos como aventurero?
Rokugo suspiró.
—Bueno… supongo que es mejor que ser albañil.
Ciudad de Axel – Trabajo Forzado
Rokugo, con la mirada cansada y la frustración acumulada, miró el papel con los requisitos para registrarse como aventurero.
—¿Que hay que pagar para tener la tarjeta de aventurero? ¡¿Quién demonios pone una tarifa para empezar a trabajar?!
Alice 2, completamente indiferente a su queja, revisaba con curiosidad un mapa de la ciudad.
—No es tan raro. Después de todo, necesitas una certificación oficial.
—¡En Kisaragi nunca me pidieron pagar por trabajar!
Alice 2 lo miró con burla.
—Sí, pero Kisaragi también te metió implantes, te hizo cirugías experimentales y te mandó a la guerra sin darte opción. No creo que sea la mejor comparación.
Rokugo chasqueó la lengua.
—Esto es un asalto…
Alice 2 cruzó los brazos.
—Bueno, si no tienes dinero para registrarte como aventurero…
Rokugo suspiró, resignado.
—…Voy a tener que chambear.
Alice 2 asintió satisfecha.
—Buena elección. Además, yo no podría ayudarte con la construcción.
Rokugo levantó una ceja.
—¿Por qué?
Alice 2 sonrió con una pizca de burla.
—Porque mi fuerza es equivalente a la de una niña de 12 años.
Rokugo la miró incrédulo.
—¿Cómo demonios es eso posible?
Alice 2 encogió los hombros.
— Asi era la Alice original
Rokugo gruñó, viendo a los demás trabajadores preparándose para la jornada.
—Al menos quédate a ayudar…
Alice 2 negó con la cabeza.
—No, gracias. Prefiero hacer algo más útil. Voy a recolectar información sobre la ciudad.
—¡Pero yo voy a estar aquí sufriendo!
—Sí, y yo prefiero no verte sufrir. Nos vemos.
Y con una sonrisa burlona, Alice 2 se dio la vuelta y desapareció entre la multitud.
Jornada Laboral de Rokugo
Golpes de martillo.
Carga de ladrillos.
Más golpes de martillo.
Rokugo sudaba bajo el sol mientras maldecía su situación.
—"En este mundo cualquiera podría de repente hacer cosas extraordinarias…" —murmuró, recordando las palabras del informe del Agente 22.
Esperaba ver a alguien levantar paredes en segundos con poderes mágicos o mover materiales con telequinesis… pero no pasó nada.
Todo el día fue una experiencia tediosa, sin una pizca de magia. Solo trabajo físico y más trabajo físico.
Cuando por fin terminó, miró su paga con frustración.
—…¿Esto es todo?
Apenas tenía unas cuantas monedas. Lo suficiente para comprar un poco de pan y una jarra de agua.
Con un suspiro resignado, fue al mercado, compró lo necesario y se dirigió a preguntar en las posadas de la zona.
—¿Cuánto cuesta una noche?
La respuesta fue la misma en cada lugar.
—Muy caro.
Con su sueldo, pagar una habitación era imposible.
Rokugo apretó los dientes.
—…Puedo dormir en la calle.
El dueño de una posada le dio una opción.
—Si no te molesta el olor, puedes dormir en los establos de la ciudad.
Rokugo suspiró.
—Genial. Ahora soy un caballo.
En el Establo – Noche
Con un poco de heno como cama improvisada, Rokugo miraba el techo del establo.
Los sonidos de los animales eran molestos, pero estaba demasiado cansado para quejarse.
Alice 2 apareció en la entrada, cruzando los brazos.
—Parece que lograste sobrevivir tu primer día de trabajo.
Rokugo le lanzó una mirada de odio.
—Me mandaste a la esclavitud medieval.
Alice 2 ignoró su comentario.
—Sobre mi investigación, puedo confirmar que Axel es la ciudad más tranquila del Reino Belzerg. No hay guerras ni grandes conflictos aquí.
—Fantástico. Así que estoy en el lugar más aburrido de este mundo.
Alice 2 continuó.
—Además, es verdad que la magia es súper común en este mundo. Pero para aprenderla necesitas ser aventurero.
Rokugo frunció el ceño.
—O sea… pagar por la tarjeta.
Alice 2 asintió.
—Así es. Pero aún no entiendo bien cómo funciona la magia. Mi teoría es que debe ser alguna tecnología avanzada o una mutación genética. No creo que sea algo como "hechizos místicos".
Rokugo se cubrió el rostro con una mano.
—No quiero pensar en eso ahora. Solo quiero dormir… y olvidar que mi vida apesta.
Alice 2 sonrió.
—Duerme bien, albañil.
Y sin más, Alice 2 se retiró.
Rokugo cerró los ojos, sintiendo una profunda frustración.
—Maldito sea este mundo…
Y con ese pensamiento, se dejó llevar por el sueño.
Segundo Día en Axel – Más Trabajo, Más Desgracia
Rokugo regresaba de su segunda jornada de trabajo como albañil. Su espalda dolía, sus manos estaban llenas de ampollas y su ánimo estaba por los suelos. Otra jornada sin ver una pizca de magia, sin descanso, sin comida decente.
Con una bolsa de pan duro en la mano, se dirigió al establo donde dormía, preguntándose si su vida realmente había tocado fondo o si aún podía hundirse más.
Alice 2 lo esperaba en la entrada del establo, con los brazos cruzados.
—Bienvenido de vuelta, esclavo medieval.
Rokugo gruñó.
—Dime que tienes algo bueno que contarme…
Alice 2 asintió.
—He confirmado algo interesante: la flora de este planeta tiene movilidad. Algunas incluso tienen conciencia propia.
Rokugo se detuvo en seco y la miró con el ceño fruncido.
—…Por favor dime que no es lo que estoy pensando.
Alice 2 sonrió con diversión.
—Exactamente lo que imaginas. Plantas carnívoras que fingen ser niñas y mujeres para atraer víctimas.
Rokugo se llevó una mano a la cara, sintiendo un déjà vu.
—"Dama de la tranquilidad" y "Señora de la tranquilidad"… me suenan demasiado a las Damas del Bosque de Grace.
—Exacto. Al parecer, son criaturas comunes en este mundo. Y según el informe del Agente 22, son más peligrosas de lo que aparentan.
Rokugo suspiró.
—Genial. Ahora no solo tengo que preocuparme por la esclavitud laboral, sino también por no ser devorado por plantas con fetiches raros…
Alice 2 continuó con su informe.
—También investigué sobre el gobierno de este mundo. El Rey de Belzerg es descendiente de héroes que han derrotado múltiples "Reyes Demonio".
Rokugo arqueó una ceja.
—¿Qué diablos significa eso?
—En este mundo, "Rey Demonio" no significa necesariamente "Señor de los Demonios". Es un título otorgado a cualquier gobernante que se convierta en enemigo público del reino.
Rokugo chasqueó la lengua.
—Básicamente, es como ser un dictador medieval…
Alice 2 asintió.
—Así es. Y en cuanto a Axel…
Rokugo le hizo un gesto para que continuara mientras mordía su pan duro.
—La ciudad es gobernada por la Gobernadora Lalatina Dustiness Ford y su esposo, el Feudal Walter Alexei Barnes.
Rokugo dejó de masticar.
—…¿Lalatina?
Alice 2 mostró una expresión de burla.
—Sí. Al parecer, usa otro nombre en público, pero ese es su nombre real.
Rokugo suspiró.
—Genial. Y supongo que ahora me vas a decir que la gobernadora es una masoquista o algo así.
Alice 2 se encogió de hombros.
—Eso no lo sé. Pero su historial es interesante.
Rokugo se apoyó en la pared del establo, sintiendo la fatiga en su cuerpo.
—Dime algo… ¿cómo demonios logró el Agente 22 recolectar toda esta información?
Alice 2 lo miró con curiosidad.
—¿A qué te refieres?
Rokugo hizo un gesto con su pan duro.
—Yo apenas tengo tiempo para respirar entre trabajos forzados, y tú eres la que hace toda la investigación. ¿Cómo carajos tuvo tiempo ese tipo para hacer todo esto?
Alice 2 se quedó pensativa por un momento.
—Quizás no trabajó como albañil.
Rokugo la miró con ira.
—¡¿Entonces por qué yo sí?!
Alice 2 sonrió con burla.
—Porque eres un pésimo estratega.
Rokugo cerró los ojos y suspiró.
—…Maldito sea este mundo.
Y con ese pensamiento, se dejó caer sobre su improvisada cama de heno, sintiendo que su vida no podía ser más miserable.
Mientras Alice 2 hablaba sobre la princesa Iris, Rokugo intentaba dormir en el establo, pero algo no estaba bien. Se giraba de un lado a otro en su improvisada cama de heno, sintiendo una extraña incomodidad.
Después de un rato, lo entendió: desde que había llegado a este planeta, no había molestado a ninguna chica para ganar sus famosos "puntos malos".
Rokugo abrió los ojos con una expresión de horror.
—¡Maldición! —murmuró, sentándose abruptamente.
En su mente, recordó que esos puntos malos eran esenciales para canjear cosas en Kisaragi, y hasta ahora, no había acumulado ninguno. ¡Era la primera vez en años que se comportaba como un ciudadano promedio!
—Esto no puede estar pasando… —susurró, mirando al techo del establo.
Entonces recordó la maldición de Grimm.
Cuando Grimm descubrió que ella no era la "novia oficial" de Rokugo, sino que Astaroth lo era, en un arrebato de celos, lo maldijo para eliminar su libido.
Sin libido… Rokugo no tenía motivación para su clásico comportamiento degenerado.
—¡Maldita sea, Grimm! —gritó de frustración, golpeando el heno.
Alice 2, que estaba a su lado, lo miró con una ceja levantada.
—¿Te volviste loco o qué?
Rokugo la miró furioso.
—¡Es esa maldita lisiada y su estúpida maldición! Me quitó mi libido, y ahora no tengo puntos malos.
Alice 2 suspiró, como si estuviera tratando con un niño terco.
—Eso es psicológico.
—¡No, no lo es! ¡Lo siento en mi alma! ¡Es como si una parte de mí hubiera muerto!
—Eres patético.
—¡Dame una solución, niña golem!
Alice 2 suspiró de nuevo.
—Mira, Grimm no tiene el poder para cambiar el estado fisiológico de alguien de manera permanente. Solo tienes que recordar quién eres y forzarte a actuar como siempre.
Rokugo cruzó los brazos, frunciendo el ceño.
—…¿Entonces básicamente tengo que ser un cerdo degenerado hasta que mi cuerpo recuerde cómo funcionar?
Alice 2 asintió.
—En términos simples, sí.
Rokugo se dejó caer de espaldas en el heno.
—Mierda…
Mientras tanto, en el planeta 407
Grimm estaba en su habitación, haciendo el esfuerzo mínimo en sus tareas para Kisaragi. En realidad, Rose era la que cubría por ella, así que Grimm solo fingía trabajar.
Sin embargo, después de tantos días sin ver a Rokugo, empezó a sentir algo extraño.
—Hmm… algo no está bien —murmuró, mirando el techo.
Se giró hacia Rose.
—Oye, Rose… ¿has visto a Rokugo últimamente?
Rose se encogió de hombros.
—No. ¿Por qué preguntas?
Grimm frunció el ceño.
—No sé… es solo que… se supone que debería haber regresado para molestarme.
Rose rió.
—Tal vez finalmente se cansó de ti.
Grimm le lanzó una mirada asesina.
—Eso no es gracioso.
Decidiendo investigar, Grimm se dirigió a Snow, quien estaba disfrutando una copa de vino mientras revisaba papeles.
—Snow, ¿sabes dónde está Rokugo?
Snow la miró, parpadeando.
—¿Rokugo? Ni idea.
Grimm frunció el ceño.
—¿Cómo que "ni idea"?
Snow bebió su vino y se encogió de hombros.
—Él no es mi amigo
Grimm sintió un pequeño golpe en su pecho. Rokugo… no le dijo nada a nadie.
Su expresión se ensombreció.
—La última vez que hablamos… trató de decirme algo… y yo no lo escuché…
Intentó mantener su compostura.
—…No me importa. ¡No quiero volver a ver a ese imbécil!
Pero dentro de ella, una pequeña parte se preguntaba si estaba bien.
Finalmente, después de días de duro trabajo como albañil, Rokugo había conseguido 1000 eris para comprar su tarjeta de aventurero.
Al llegar al gremio de aventureros, lo primero que hizo fue revisar el tablón de misiones.
—Veamos qué hay aquí… —murmuró, frotándose las manos.
Sin embargo, la lista de misiones lo decepcionó.
—¿¡Esto es todo!? —exclamó en voz alta.
Alice, que estaba a su lado, miró las misiones con una ceja levantada.
—Recuperar gatos extraviados, limpiar establos, recolectar hierbas medicinales… Esto no parece un gremio de aventureros, parece una lista de quehaceres de granja.
Frustrado, Rokugo se giró hacia la recepcionista del gremio, una mujer de aspecto amable pero con una mirada afilada.
—Oiga, ¿dónde están las misiones de cazar sapos gigantes?
La recepcionista parpadeó sorprendida y luego sonrió.
—Oh, hace 20 años que no ha sido necesario.
Rokugo frunció el ceño.
—¿Qué? ¿Por qué?
—Con la derrota del último Rey Demonio, los monstruos han disminuido en tamaño y en poder considerablemente.
Rokugo bufó.
—¿Otra vez con lo del "Rey Demonio"? Ya he oído eso antes.
Alice, cruzada de brazos, inclinó la cabeza con curiosidad.
—Interesante… En el planeta 407, "Rey Demonio" era solo un título político para gobernantes hostiles, pero aquí parece ser un cargo místico que implica cierto poder.
La recepcionista asintió.
—Hace 20 años, hubo al menos trece Reyes Demonio, pero poco a poco fueron eliminados. Hoy en día, solo quedan algunos aspirantes al título.
Rokugo soltó una risa burlona.
—¿Y quién los venció? ¿Un ejército? ¿Una súper alianza de magos y guerreros legendarios?
La recepcionista sonrió y señaló discretamente a un hombre que estaba sentado solo en una de las mesas del gremio.
—Ese hombre de ahí. Eren Jaeger.
Rokugo y Alice giraron la cabeza al mismo tiempo.
Allí, en una mesa apartada, había un hombre de cabello largo, barba desaliñada y una mirada vacía y melancólica.
Comía lentamente su comida, sin demostrar el más mínimo interés en lo que ocurría a su alrededor.
Su mera presencia exudaba una sensación de agotamiento y soledad.
Rokugo miró la expresión cansada de aquel hombre… y soltó una carcajada.
—¿¡Ese viejo!? —exclamó, señalándolo con descaro.
La recepcionista puso los ojos en blanco.
—No lo subestimes. Eren Jaeger fue el héroe que venció al Rey Demonio local y su grupo eliminó a sus generales.
Rokugo dejó de reír y chasqueó la lengua.
—Tsk, esto apesta. ¿Cómo se supone que consiga puntos malos si ni siquiera hay monstruos decentes para cazar?
Alice, en cambio, seguía observando a Eren con un interés genuino.
Después de unos segundos, miró hacia la pared del gremio. Había un retrato de Eren en su juventud, junto a sus antiguos compañeros de batalla.
Los ojos de Alice se entrecerraron al ver el nombre bajo la imagen.
—"Eren Jaeger"...
Rokugo notó su reacción.
—¿Qué pasa?
Alice volvió su mirada seria hacia él.
—Según la historia del planeta 407, Eren Jaeger fue el revolucionario responsable del 'Retumbar', que arrasó con naciones enteras antes de su muerte.
Rokugo se quedó en silencio por un momento.
Luego, se encogió de hombros.
—Nah, imposible. Debe ser una coincidencia de nombres.
Alice no respondió, pero su mirada seguía fija en Eren, como si estuviera tratando de descifrar un misterio enterrado en la historia misma de los mundos.
Alice, aún intrigada por Eren Jaeger, decidió preguntar más sobre él.
—Oiga, ¿qué más puede decirme sobre ese hombre? —preguntó a la recepcionista.
La recepcionista sonrió con orgullo.
—Eren no solo tiene el récord de más misiones completadas a nivel mundial, sino que ostenta títulos como "Cazador de Dragones" y "Héroe de Guerra". Es uno de los pocos aventureros capaces de usar la habilidad Titán.
Rokugo, quien ya había dejado de prestar atención, de pronto sintió un escalofrío al escuchar esa última palabra.
—Espera… ¿"Titán"?
Alice también frunció el ceño.
—¿Esa habilidad qué hace exactamente?
—Los que la poseen pueden generar un cuerpo gigante que se regenera de cualquier herida.
Alice y Rokugo intercambiaron miradas. Era el mismo término usado para las criaturas regenerativas del planeta 407.
—Eso es… extraño —murmuró Alice.
—Bah, da igual —respondió Rokugo, intentando ignorar el escalofrío en su espalda—. Tal vez en este mundo solo significa "gran tipo con músculos".
Sin darle más importancia, Rokugo sacó sus monedas y las puso sobre el mostrador.
—Bien, bien, aquí está el dinero. Regístrame como aventurero.
La recepcionista asintió y colocó una esfera mágica frente a él.
—Coloca tu mano aquí y la esfera registrará tu información.
Rokugo, con total confianza, puso su mano sobre la esfera y esperó… pero su expresión se congeló cuando la esfera reveló su nombre real en letras brillantes.
"Yusuke Shirai"
—¡¿QUÉEEE?! —exclamó Rokugo.
Alice miró la esfera y luego a Rokugo con una ceja levantada.
—Así que ese es tu nombre real.
—¡¿Por qué demonios muestra mi nombre real?! ¡Se supone que soy "Sentōin Rokugō"!
La recepcionista rió suavemente.
—La esfera detecta la verdad, joven aventurero. No puedes engañarla.
Rokugo gruñó, pero aceptó su destino.
—Bueno, al menos dame una clase épica.
—¿Qué clase deseas?
Rokugo miró la lista rápidamente y, sin pensar demasiado, señaló la primera opción.
—Esa.
—¿"Maestro de la Espada"?
—Sí, sí, lo que sea.
Alice suspiró.
—Elegiste sin pensarlo, ¿verdad?
—¡Quiero mi misión, no un discurso! —protestó Rokugo.
La recepcionista sonrió y buscó entre los registros.
—Bien, si buscas una misión desafiante, tenemos una para ti.
Rokugo sonrió con confianza.
—Dame lo más difícil que tengas.
La recepcionista sacó un pergamino y lo puso frente a él.
—Tu objetivo es cazar a un Cazanovatos.
—¿Un qué?
—Un enorme tigre blanco, extremadamente inteligente y peligroso. Se sabe que usa goblins como cebo y coloca trampas para aventureros inexpertos. Solo aquellos con verdadera habilidad han logrado cazarlo.
Alice miró a Rokugo con diversión.
—Interesante. ¿Aún sigues tan confiado?
Rokugo, sin pensarlo dos veces, arrancó el pergamino de la misión de las manos de la recepcionista.
—¡Hah! ¿Un simple gato? ¡Esto será pan comido!
Alice chasqueó la lengua.
—Ojalá tuviera un video para grabar tu humillación.
Mientras Rokugo salía del gremio con el pergamino en la mano, Alice lo siguió, aún intrigada por lo que habían descubierto.
Si el nombre de Eren Jaeger era más que una coincidencia, y si la habilidad "Titán" tenía algún tipo de conexión con el planeta 407... entonces su nueva misión en este mundo podía ser más peligrosa de lo que imaginaban.
Rokugo caminaba por las calles de Axel con una expresión de satisfacción. Había vencido al Cazanovatos y a su grupo de goblins sin demasiado esfuerzo. Para alguien que había luchado contra titanes regenerativos en el planeta 407, un tigre gigante con una estrategia básica era poco más que un paseo por el parque.
—"No entiendo cómo el Agente 22 pudo haber descrito este mundo como un infierno… Este lugar es demasiado tranquilo." —pensó Rokugo mientras observaba a su alrededor.
A pesar de haber esperado ver explosiones mágicas o aventureros luchando en las calles, la ciudad se mantenía pacífica. Incluso después de cobrar su recompensa en el gremio, nadie estaba usando magia de manera ostentosa.
Esto molestó a Rokugo.
—Oye, Alice… —dijo, cruzando los brazos—. Este mundo supuestamente tiene magia, ¿no?
—Correcto.
Rokugo chasqueó los dedos y dijo en voz alta:
—¡Explosión!
Nada pasó.
Alice lo miró con cara de "¿De verdad lo intentaste?".
—No creo en la magia, pero incluso yo sé que eso no funciona así —dijo Alice con un suspiro—. Según lo que investigué, los hechizos funcionan cuando la tarjeta de aventurero carga la habilidad y luego el usuario gasta puntos de experiencia para obtenerla. O cuando alguien que ya conoce el hechizo se lo enseña a otra persona.
—¿Así que no basta con gritarlo con fuerza?
—No, genio —Alice rodó los ojos—.
Rokugo observó de nuevo la ciudad. El informe del Agente 22 decía que hace dos décadas, la gente explotaba cosas con magia a diario, pero ahora todo era demasiado calmado.
—Alice, ¿tú que estuviste investigando más a fondo? ¿No había rastros de esas explosiones?
Alice asintió y señaló hacia las afueras de la ciudad.
—Sí, alrededor de Axel hay montones de cráteres rellenados. Parece que hace unos 20 años, era común hacer explosiones alrededor de la ciudad.
Rokugo se cruzó de brazos, pensativo.
—Eso significa que alguien las causó y luego, de repente, dejaron de hacerlo.
—O que la persona que las hacía dejó de existir —añadió Alice con lógica fría.
Rokugo miró hacia el gremio de aventureros, donde la gente bebía y reía sin preocupaciones.
—Algo no me cuadra. Este mundo es demasiado pacífico para el desastre que describió el Agente 22.
Alice asintió.
—Sí… Y eso significa que o el Agente 22 exageró, o hay algo que todavía no sabemos sobre este lugar.
Rokugo sintió un escalofrío recorrer su espalda. Había algo en este mundo que no encajaba del todo…
Rokugo caminaba por las calles de Axel mientras revisaba su brazalete mini-transportador, su herramienta clave para solicitar equipo y recursos de Kisaragi. Sin embargo, su rostro se torció en frustración al notar que sus puntos malos estaban peligrosamente bajos.
—Maldición… No puedo canjear nada si no gano más puntos —murmuró para sí mismo.
Desde que Grimm lo maldijo, no había podido hacer ninguna de sus acostumbradas travesuras para sumar puntos. Normalmente, con solo molestar a alguna chica o causar caos a pequeña escala ya tenía asegurado su puntaje, pero su libido había sido borrada de la existencia, quitándole cualquier motivación de hacer algo "malo" para obtener recompensas.
Alice, caminando junto a él, notó su frustración y comentó con su usual tono monótono:
—¿Por qué no simplemente consigues puntos malos como los otros agentes? Puedes robar, torturar, traicionar a aliados… cosas básicas de una organización malvada.
Rokugo puso cara de asco y negó con la cabeza.
—No es mi estilo. Prefiero acumular puntos molestando a las chicas o haciendo cosas estúpidas.
Alice suspiró.
—¿Sigues con ese problema? Grimm no puede maldecir realmente, es solo psicológico.
Rokugo apretó los dientes, su frustración volviendo con más fuerza.
—¡Maldita Grimm! —gruñó, pateando una piedra en el camino.
Mientras tanto, en el planeta 407
En la base de Kisaragi, Rose y Grimm estaban descansando en la sala de recreación cuando Rose, con total normalidad, soltó:
—Ah, por cierto, Grimm. Rokugo fue enviado a otro planeta a conquistarlo. Se me olvidó decírtelo.
Grimm dejó caer su taza de té.
—… ¿Q-qué?
—Sí, Lilith lo mandó en otra misión. Ya sabes cómo es, terminamos una guerra y nos mandan a otra —dijo Rose encogiéndose de hombros.
Grimm sintió que su corazón se detuvo. No solo Rokugo se había ido, sino que ni siquiera se despidió de ella.
—… Me abandonó —susurró, con una voz temblorosa.
—O tal vez solo olvidó decirte. Ya sabes, es Rokugo.
Grimm bajó la mirada, sus manos temblaban. Era la primera vez que sentía un vacío tan grande en su pecho.
—No… Yo… Yo lo amo.
Rose la miró con curiosidad antes de reírse burlonamente.
—¿No será que solo te resignaste a que era tu “peor es nada”?
Grimm no respondió. Simplemente cerró los ojos y abrazó su propio cuerpo, sintiendo por primera vez el verdadero peso de la ausencia de Rokugo.
De vuelta en Axel
Al día siguiente, Rokugo regresó al gremio, todavía pensando en cómo ganar puntos malos sin su método habitual. Sin embargo, su frustración desapareció cuando vio a Eren Jaeger acompañado de Aqua.
La recepcionista del gremio sonrió al ver la expresión sorprendida de Rokugo y comentó:
—Eren Jueaguer y Aqua son aventureros legendarios en esta ciudad.
Rokugo observó a Aqua, una mujer de aspecto juvenil, de cabellos celestes y ojos brillantes. Parecía una chica de dieciocho años, pero según la recepcionista, era la esposa de Eren Jaeger.
—¿Este viejo rabo verde se casó con una loli? —pensó Rokugo con burla.
La recepcionista continuó:
—Eren y Aqua fueron en su tiempo los novatos con las estadísticas más altas jamás registradas en Axel, incluso superiores a las tuyas, Rokugo-san.
Rokugo frunció el ceño.
—¿Más altas que las mías?
—Así es. Fueron un dúo invencible en su juventud. Eren-san es reconocido como el “Héroe de Guerra”, y Aqua-sama, su esposa, es una de las sacerdotisas más poderosas del mundo.
Alice miró fijamente a Eren Jaeger, recordando los archivos de Kisaragi sobre el Eren Jaeger del planeta 407, el revolucionario que desató el Retumbar y arrasó con naciones enteras antes de su muerte hace siglos.
—Rokugo, ¿te das cuenta de lo que esto significa? —preguntó Alice en voz baja.
—No puede ser el mismo, Alice. Debe ser una coincidencia de nombres.
Sin embargo, una sensación incómoda recorrió la espalda de Rokugo. Algo en este mundo no cuadraba… y ahora tenía más preguntas que respuestas.
—Oye, tú… —Aqua inclinó la cabeza con curiosidad—. ¿Por qué hueles tan raro?
Rokugo parpadeó, confundido por la pregunta.
—¿Raro? ¿Te refieres a mi uniforme?
—No, no. Tu aura… Estás maldito.
Rokugo se tensó, sin comprender a qué se refería. Antes de que pudiera reaccionar, Aqua levantó su mano y murmuró un hechizo.
—¡Purificación Divina!
Una luz azul lo envolvió por un instante. Sintió como si algo invisible fuera arrancado de su ser.
De pronto, una sensación explosiva recorrió su cuerpo.
—¿¡Qué demonios hiciste!? —gritó Rokugo.
Aqua se cruzó de brazos con una sonrisa satisfecha.
—Te liberé de una maldición. Deberías agradecerme luego.
Pero algo no estaba bien… Algo en el cuerpo de Rokugo se despertó de golpe.
Su libido regresó.
La repentina oleada de instintos lo golpeó como un tren de carga. Su mente, libre de la restricción que Grimm le había impuesto, regresó a su estado natural.
En un acto de reflejo y sin poder controlarse, miró debajo de la falda de Aqua.
¡TING!
El sonido de su brazalete marcó la ganancia de puntos malos.
—¡Ja! ¡Estoy de vuelta! —exclamó Rokugo con una mezcla de emoción y alivio.
—¡¿QUÉEEE?! —Aqua chilló y le dio un puñetazo en la nariz—. ¡PERVERTIDO!
El golpe lo hizo tambalearse, pero esa no era la verdadera amenaza.
Eren, sentado en la mesa y observando la escena con creciente furia, se levantó lentamente. Sus ojos ardían con una ira asesina.
—… No puede ser —susurró Alice en voz baja—. ¿Va a hacerlo?
Eren se mordió el dedo pulgar, la sangre goteó y de repente…
¡BOOM!
Un brazo titán emergió de la nada, cubriendo a Eren con su brillo característico. Con una velocidad aterradora, la gigantesca mano atrapó a Rokugo.
—¡¿QUÉ DEMONIOS?! —Rokugo intentó liberarse, pero la presión era brutal.
Eren lo levantó con facilidad, como si fuera un muñeco de trapo, y lo lanzó con una fuerza descomunal fuera del gremio.
El cuerpo de Rokugo atravesó la pared y se estrelló en la calle.
Antes de que pudiera ponerse de pie, el gigantesco puño de Eren lo sujetó de nuevo y lo golpeó contra el suelo.
¡BOOM!
El impacto levantó una nube de polvo, y Rokugo sintió su armadura absorbiendo la mayor parte del daño.
—Tch… Esto habría matado a cualquier otro —murmuró, sintiendo la resistencia de su uniforme de combate.
Eren lo miró con seriedad, aún sujetándolo con el brazo titán.
—No sé quién eres… pero no pienso dejar que alguien como tú ande acosando mujeres en mi ciudad.
Aqua, a lo lejos, parecía preocupada por algo más.
—Espera… —murmuró—. ¿No habré roto un sello que no debía romper?
Rokugo, aún sintiendo el golpe, sonrió con satisfacción.
—Maldita sea… se siente bien estar de vuelta.
Alice se acercó, sacudiendo la cabeza.
—Todo esto fue psicológico.
—¡Cállate, Alice!
Mientras la recepcionista del gremio intentaba calmar la situación, Eren citó a Rokugo para un encuentro fuera de Axel.
Intrigado y aún con el ego herido por la paliza, Rokugo aceptó la invitación sin dudarlo.
Mientras se preparaba, una sola cosa pasaba por su mente:
—Si este tipo puede generar brazos titán, ¿qué más podría hacer?
Rokugo llegó al punto de encuentro, encontrando a Eren y Aqua ya esperándolo. Eren lo miró con seriedad, mientras que Aqua cruzaba los brazos con una expresión de desdén. Alice permanecía al margen, observando la situación con interés analítico.
—Vaya, qué puntual —comentó Rokugo con tono burlón—. ¿Tan ansioso estás por recibir otra lección de humildad?
Eren frunció el ceño, pero no mordió el anzuelo. Aqua, por otro lado, dejó escapar un bufido molesto.
Rokugo no perdió la oportunidad de provocar un poco más.
—Ahora que lo pienso… —dijo, con un tono teatral—. Tienes un aire a esos viejos rabo verdes que se casan con chicas que podrían ser sus nietas.
Aqua infló las mejillas, indignada.
—¡Oye! ¡Yo no soy tan joven como parezco!
—Eso no ayuda a tu caso —se burló Rokugo.
Eren cerró los puños con furia, tomando una respiración profunda para calmarse.
—Ah, así que técnicamente es legal —Rokugo sonrió con sarcasmo—. Pero eso no la hace menos una loli inmortal.
¡BOOM!
Eren se mordió el dedo nuevamente, y esta vez no generó un solo brazo titán, sino dos.
Rokugo sintió un escalofrío recorrer su espalda.
—Ah, genial. Ya te pusiste en modo “matar al tipo que te dijo la verdad incómoda” —murmuró.
Antes de que pudiera reaccionar, los brazos titán de Eren se lanzaron hacia él como un rayo.
Rokugo sacó su pistola y disparó directamente a Eren. Sin embargo, Eren fue más rápido.
¡CRACK!
Los brazos de titán lo atraparon, aplastando su cuerpo con una fuerza aterradora. La armadura de Rokugo crujió, absorbiendo el impacto, pero aún así sintió el dolor recorriendo su espalda.
—¡Alice! —gritó, luchando por respirar.
Alice analizó rápidamente la situación y cambió sus puntos malos por un rifle de alta potencia.
¡PING!
Un rifle apareció en sus manos. Sin perder un segundo, Alice se lo lanzó a Rokugo.
Rokugo tomó el arma en el aire, ajustó la mira y disparó.
¡BANG!
La bala impactó en la unión entre los brazos titán y el cuerpo de Eren, cortando la conexión.
¡THUD!
Los brazos titán se desmoronaron en vapor, y Rokugo cayó de pie en el suelo.
Eren retrocedió con sorpresa.
—¿Cómo…?
Aqua, observando la escena, pareció recordar algo de repente.
—Espera un momento…
Su expresión se tornó de seriedad absoluta.
—Ustedes… ¡Son agentes de Kisaragi!
El silencio se apoderó del campo de batalla por unos segundos.
Rokugo parpadeó lentamente.
—… Oh.
Eren y Aqua lo miraron fijamente.
Alice suspiró, sabiendo que la situación acababa de volverse mil veces más complicada.
Rokugo aprovechó la confusión y, sin perder tiempo, corrió hacia Alice, la tomó del brazo y salió disparado a toda velocidad, dejando atrás a Eren y Aqua aún procesando la revelación.
—¡ROKUGO, MALDITO COBARDE, VUELVE AQUÍ! —gritó Eren, furioso.
Pero Rokugo ya estaba muy lejos.
Rokugo y Alice corren hacia los establos, sus pasos resonando contra el suelo de piedra mientras el eco de la ira de Eren aún se escuchaba en la distancia.
—¡Maldita sea, maldita sea, maldita sea! —murmuró Rokugo mientras rebuscaba entre sus pertenencias—. ¡Sabía que este planeta iba a ser un maldito problema! ¿Por qué demonios él sigue vivo aquí?
Alice, sin mostrar signos de fatiga, se cruzó de brazos y observó a Rokugo con indiferencia.
—Desde que llegamos a este mundo, las anomalías han sido muchas. No solo está el hecho de que el reporte del agente 22 parecía exagerado, sino que también hay coincidencias preocupantes. Eren Jaeger no debería existir en este mundo.
—¡Sí, sí, ya lo sé! —Rokugo finalmente encontró su equipo y revisó su brazalete—. Aún tengo algunos puntos malos, pero no puedo despilfarrarlos. Lo que me preocupa ahora es encontrar la máquina teletransportadora del agente 22.
Alice ajustó sus lentes virtuales y activó su escáner.
—Dicho sea de paso… considerando la limitación tecnológica de este planeta, rastrear dónde ocultó esa máquina será difícil. Especialmente porque el agente 22 era un espía, lo que significa que la escondió en un lugar donde nadie pudiera encontrarla fácilmente.
Rokugo se pasó una mano por el cabello, frustrado.
—Sí, pero según su último informe, lo descubrieron, y aún así no le hicieron nada. Como si les pareciera inofensivo… como si ni siquiera les importara.
Alice parpadeó, pensativa.
—Eso no es un buen augurio. Sin embargo, tengo una hipótesis de dónde podría estar la máquina.
Del otro lado de la ciudad, en la mansión de Eren y Aqua…
Eren todavía estaba furioso, su rostro tenso mientras golpeaba la mesa con su puño.
—¡Aqua, dime de una vez! ¿Desde cuándo sabías de la existencia de estos bastardos? —exigió.
Aqua se encogió de hombros, revolviendo su copa de vino con desgana.
—Desde hace como… veintitrés años, creo.
—¡¿QUÉ?! —Eren se puso de pie de golpe, derramando su bebida en la mesa.
—Sí, sí… —Aqua hizo un gesto con la mano—. Mira, cuando vencimos al rey demonio y regresé a mi mundo, estaba completamente destruido. Apenas quedaban fragmentos de civilización y las criaturas titán vagaban por todas partes. Y lo peor es que había dos facciones enfrentándose por el control de todo: Kisaragi y Hiiragi.
Eren frunció el ceño.
—¿Kisaragi y Hiiragi?
Aqua asintió.
—Hiiragi había convertido el mundo en un infierno. Convirtieron a los animales en titanes y secaron el suelo con sus experimentos, volviendo todo un desierto inhabitable. ¡Pero entonces aparecieron los agentes de Kisaragi! Y gracias a mi bendición, pudieron derrotar a Hiiragi y salvar lo poco que quedaba.
Eren tomó un respiro, tratando de asimilar la información.
—¿Quieres decir que Kisaragi invadió tu mundo y los ayudaste?
Aqua chupó la pajilla de su bebida antes de responder.
—Bueno… técnicamente sí. Pero fue por el bien del planeta.
Eren se cubrió la cara con ambas manos y suspiró profundamente.
—Dios mío…
Darkness, quien había estado escuchando todo en silencio, finalmente habló.
—Aqua… ¿por qué nunca nos dijiste nada de esto antes?
Aqua rió incómodamente.
—Pues… se me olvidó.
Eren cerró los ojos con frustración.
—Déjame adivinar… ¿El agente 22 fue ese viejo albañil con el que trabajaste?
Aqua parpadeó sorprendida.
—¡Oh! ¡Sí! Era un buen tipo… bueno, un poco raro y quejumbroso, pero no parecía una amenaza.
Eren se golpeó la frente contra la mesa.
—Nos has puesto en peligro y ni siquiera lo sabías…
Aqua parpadeó de nuevo y luego tomó otro sorbo de su bebida.
—Bueno, en mi defensa, pensé que como el agente 22 se fue, Kisaragi había desistido de conquistar este mundo.
Eren la miró con una expresión de absoluta exasperación.
—… Aqua, eres increíblemente irresponsable.
Aqua se encogió de hombros y sonrió inocentemente.
—¡Lo sé!
lice y Rokugo llegan a la entrada de una mazmorra abandonada, siguiendo la hipótesis de Alice sobre la posible ubicación de la máquina teletransportadora del agente 22.
—Según mis cálculos —dijo Alice, ajustando su escáner ocular—, la máquina debe estar en un lugar de difícil acceso, pero con suficiente energía residual como para seguir operativa. Una mazmorra abandonada es el escondite perfecto.
Rokugo cruzó los brazos y miró la estructura en ruinas frente a ellos.
—Sí, bueno… eso suena muy conveniente, pero ¿cómo estás tan segura de que no ha sido saqueada en todos estos años?
Alice consultó su base de datos.
—Porque este lugar, conocido como "Calabozo de Kele", fue limpiado completamente por Aqua hace más de veinte años. Según los registros, aniquiló todos los monstruos que infestaban la mazmorra, y desde entonces nadie ha tenido motivos para entrar.
Rokugo chascó la lengua.
—Entonces, ¿estás diciendo que aquí podría estar la máquina… o simplemente estamos perdiendo el tiempo?
Alice miró fijamente a Rokugo.
—Digo que si el agente 22 realmente tenía que esconder algo, este lugar es la opción más lógica.
Rokugo suspiró y comenzó a caminar hacia la entrada de la mazmorra.
—Bien… más vale que esta maldita cosa siga aquí. No pienso estar perdiendo el tiempo en una cueva oscura.
Mientras Rokugo y Alice descendían por la entrada de la mazmorra, la escena cambia hacia Eren, Aqua y Wiz en la mansión de Wiz, donde Eren intenta explicar la amenaza que representa Kisaragi.
—Wiz, necesito que entiendas algo —dijo Eren con seriedad—. Esto no es una simple invasión del ejército del rey demonio. Es algo mucho peor.
Wiz frunció el ceño, sin comprender completamente.
—No entiendo… ¿Quiénes son estos "Kisaragi" de los que hablas?
Eren pasó una mano por su rostro, frustrado.
—Piensa en ellos como… algo parecido a mí. Gente que viene de otro mundo, pero a diferencia de los reencarnados, ellos no están aquí por accidente. Vienen a invadir.
Wiz abrió los ojos con sorpresa, pero aún no parecía comprender completamente.
—¿Invadir…? ¿Cómo lo harían?
Aqua intervino, agitando la mano con impaciencia.
—Es fácil. Son como una especie de grupo mercenario intergaláctico, que va de planeta en planeta, conquistando lo que encuentran y dejando el mundo hecho un desastre.
Wiz se llevó una mano al mentón.
—¿Y cómo sabes esto?
Aqua se encogió de hombros.
—Bueno, como diosa, yo antes podía ver lo que pasaba en otros mundos desde el más allá. Pero desde que estoy físicamente en este mundo y me toca cumplir el pacto con Eren, no puedo monitorear lo que ocurre afuera. Aún faltan días para que termine mi tiempo aquí y pueda volver a mi forma astral.
Wiz asintió lentamente, aún procesando todo.
—Si tan peligrosos son… ¿no hay alguien más en este mundo que pueda ayudarnos?
Eren cerró los ojos por un momento y exhaló un largo suspiro.
—Sí… pero no está aquí.
Wiz parecía preocupada.
—¿A qué te refieres?
Aqua puso una expresión de fastidio.
—Vanir. Desde que se hizo millonario vendiendo las patentes de las invenciones de Armin, se la pasa en la mazmorra de la capital, esperando que algún aventurero lo enfrente.
Eren golpeó la mesa con el puño.
—¡Maldito demonio vago! No podemos perder más tiempo.
Wiz se quedó pensativa.
—Si Kisaragi realmente planea hacer algo aquí, entonces debemos prepararnos.
Eren se levantó de su asiento, con la mirada decidida.
—No esperaremos a que ellos hagan el primer movimiento. Si hay una invasión en camino, nos encargaremos de ellos antes de que puedan hacer algo.
Mientras tanto, en la mazmorra abandonada, Rokugo y Alice exploraban los pasillos oscuros, iluminados solo por la linterna del casco de Alice.
—Esto es aburrido —gruñó Rokugo, pateando una roca—. Ni un solo monstruo, ni una sola trampa… ¿esto es lo mejor que tienen en este mundo?
Alice revisó su escáner.
—Eso solo significa que Aqua realmente hizo un buen trabajo exterminando todo aquí.
Sin embargo, en ese momento, el radar de Alice detectó una señal de energía.
—¡Espera! —dijo Alice—. Detecto una firma energética inusual a unos metros de aquí.
Rokugo se emocionó ligeramente.
—¡¿Finalmente algo interesante?!
Ambos avanzaron hasta llegar a una gran cámara subterránea, donde descubrieron una gran estructura metálica oculta entre escombros. Rokugo miró el objeto con incredulidad.
—¿Es esto…?
Alice se acercó y comenzó a analizar la máquina.
—Sí. Esta es la máquina teletransportadora del agente 22. Parece que aún está en funcionamiento… aunque con el mínimo de energía.
Rokugo sonrió con satisfacción.
—Bien. Eso significa que tenemos una salida si las cosas se ponen feas.
Alice se giró con una mirada seria.
—No tan rápido. Si la encontramos, también significa que alguien más podría hacerlo.
Rokugo cruzó los brazos y frunció el ceño.
—Entonces será mejor que encontremos una forma de encenderla completamente… y que no caiga en manos equivocadas.
Mientras tanto, muy por encima de la ciudad de Axel, un par de ojos ocultos en la oscuridad observaban todo con atención. Kisaragi había llegado… y la invasión estaba más cerca de lo que nadie imaginaba.
Rokugo observa las trampas en la mazmorra y se da cuenta de algo inquietante.
—Alice… estas trampas —dijo Rokugo, tocando un fino hilo de acero que cruzaba el pasillo—, no son trampas mágicas ni de mazmorra. Son trampas militares de Kisaragi.
Alice se acercó, ajustando su escáner.
—Tienes razón. Estas son trampas de guerra estándar, como las que usamos para emboscadas en misiones de infiltración. Parece que el agente 22 realmente no quería que nadie llegara hasta aquí.
Rokugo suspiró.
—Odiaría admitirlo, pero el idiota hizo un buen trabajo. Cualquier aventurero normal ya habría sido volado en pedazos.
Alice continuó explorando, hasta que finalmente encontró la máquina teletransportadora. Se acercó y abrió un panel lateral, solo para encontrar que estaba lleno de polvo y escombros.
—Rokugo… tenemos un problema —dijo Alice con seriedad.
—¿Cuál? —respondió Rokugo, acercándose.
—La máquina está en mal estado. Parece que el polvo se ha acumulado en sus circuitos, y algunas de las conexiones están corroídas. En este estado no sirve.
Rokugo apretó los dientes.
—¿Puedes repararla?
Alice asintió con confianza.
—Sí, pero necesitaré materiales específicos. Y para conseguirlos, tendrás que canjearlos con puntos malos.
Rokugo se quedó en silencio por un momento, procesando la situación. Luego, una sonrisa siniestra apareció en su rostro.
—Alice… voy por esos puntos malos.
Alice ajustó su visor y comenzó a calcular la lista de materiales.
—Bien. Iré canjeándolos conforme los consigas. Pero procura no llamar demasiado la atención.
—¿Llamar la atención? —repitió Rokugo con burla—. Soy un agente de Kisaragi. Si no hago maldades, ¿qué sentido tiene mi vida?
Sin más demora, Rokugo salió de la mazmorra con un objetivo claro: conseguir la mayor cantidad de puntos malos posibles. Se dirigió directamente a la ciudad de Axel, con su perverso ingenio trabajando en todo tipo de fechorías para ganar puntos.
Rokugo regresa a la mazmorra con una sonrisa de satisfacción en su rostro.
—Alice, fue una noche divertida —dijo Rokugo, estirándose con autosuficiencia.
Alice miró la máquina teletransportadora completamente reparada y luego a Rokugo con una expresión escéptica.
—No quiero ni saber qué hiciste para ganar tantos puntos malos en tan poco tiempo… —dijo Alice con un tono seco, mientras ajustaba los últimos parámetros de la máquina.
Rokugo se cruzó de brazos, con una sonrisa confiada.
—Solo volví a mis raíces. ¿Qué más te da? Lo importante es que la máquina está lista, ¿cierto?
Alice asintió, comprobando los sistemas.
—Sí, la máquina ya está operativa. Lo que significa que podemos establecer contacto con la sede de Kisaragi y enviar un informe.
Sede de Kisaragi – Reunión de Ejecutivas
Las ejecutivas de Kisaragi estaban en plena reunión cuando de repente recibieron un mensaje inesperado de Rokugo.
Lilith miró el mensaje con una ceja arqueada.
—¿Ya? —dijo, sorprendida—. No esperaba que la máquina estuviera lista tan pronto. Aun considerando la diferencia de tiempo 1:20, esto ha sido rápido.
Astaroth bufó, aún molesta con Rokugo.
—Es irritante lo eficiente que puede ser cuando le conviene.
Belial sonrió con interés.
—Aún no podemos enviar video, pero al menos podemos comunicarnos con texto —dijo, revisando la interfaz.
Antes de que las ejecutivas pudieran reaccionar, Alice ya había enviado un informe detallado.
—Encontramos la máquina del agente 22 y la reparamos —decía el mensaje de Alice.
Lilith parpadeó con sorpresa.
—Ah, cierto… —murmuró—. Me había olvidado por completo de esa máquina.
Astaroth frunció el ceño.
—¿Y qué piensan hacer ahora?
Alice continuó explicando.
—La máquina teletransportadora nos permite establecer un punto de referencia preciso para enviar coordenadas. Así evitamos que los agentes enviados aparezcan en medio del cielo, bajo tierra o dentro de un muro.
Las ejecutivas intercambiaron miradas.
—Eso significa que podemos enviar refuerzos… —murmuró Lilith.
—O probar si la máquina funciona correctamente antes de enviar algo valioso —añadió Belial, con una sonrisa maliciosa.
Las ejecutivas se miraron entre sí y, en cuestión de segundos, ya sabían lo que tenían que hacer.
Mazmorra de Kele – Llegada Inesperada
De vuelta en la mazmorra, la máquina comenzó a brillar con un resplandor intenso.
Alice levantó una ceja.
—Hemos recibido una teletransportación.
El resplandor se intensificó, hasta que finalmente una figura apareció en la plataforma de teletransportación.
—¡ROKUGO, MI AMOR, VEN A MIS BRAZOS! —exclamó una voz melodramática.
Grimm apareció, con los brazos abiertos y una expresión melancólica pero emocionada.
Rokugo dio un paso atrás, con los ojos abiertos de par en par.
—¿Grimm?! ¿Qué demonios haces aquí?!
Grimm corrió hacia él con lágrimas en los ojos.
—¡No puedo creerlo! ¡No me dijiste que te ibas a otro planeta! ¡Me abandonaste sin una palabra! ¡Maldito bastardo!
Rokugo se apartó rápidamente, evitando que Grimm lo atrapara.
—¡Espera, espera! ¡Intenté decírtelo, pero estabas enojada y no quisiste escucharme!
Alice observó la escena con los brazos cruzados y una expresión de fastidio.
—¿Por qué enviaron a Grimm? No veo en qué nos podría ser útil…
Rokugo también estaba confundido.
—Sí, ¿por qué demonios mandaron a la clériga lisiada?
Grimm hinchó las mejillas y se cruzó de brazos, con un aire de orgullo.
—Porque me prometiste que te casarías conmigo en diez años. ¡Han pasado diez años y quiero mi boda!
Rokugo parpadeó, totalmente desconcertado.
—…¿Qué?
Alice parpadeó también, pero luego algo encajó en su mente.
—Un momento… —dijo Alice, analizando la situación—. Grimm, ¿qué te dijeron exactamente sobre el tiempo transcurrido?
Grimm se giró, con una expresión llena de convicción.
—Me dijeron que para Rokugo ya pasaron diez años. ¡Así que ya es tiempo!
Rokugo cerró los ojos, sintiendo que le ardía el cerebro de frustración.
—…No.
Alice ajustó sus visores.
—Ah, ya veo. Te engañaron.
Grimm parpadeó, confundida.
—¿Qué…?
Alice se cruzó de brazos y explicó con calma.
—La relación de tiempo entre nuestro planeta y este es de 1:20. Eso significa que por cada día que pasamos aquí, en el planeta 407 pasan veinte días.
Grimm abrió los ojos con sorpresa.
—…¿Entonces no pasaron diez años?
Alice negó con la cabeza.
—Apenas ha pasado un mes.
Grimm se quedó congelada en su sitio, su mente procesando la realidad.
—…¡ME ENGAÑARON! —exclamó, con lágrimas de ira—. ¡ESAS BRUJAS ME ENVIARON COMO UN SIMPLE EXPERIMENTO!
Rokugo se masajeó las sienes, reprimiendo un grito de frustración.
—¡Y A MÍ NO ME DIJERON QUE EL TIEMPO ERA DIFERENTE! —gruñó.
Alice suspiró.
—Es evidente que querían probar si la máquina funcionaba antes de enviar a alguien valioso… así que te usaron, Grimm.
Grimm apretó los puños y gritó hacia el cielo.
—¡Malditas ejecutivas! ¡Les haré pagar por esto!
Rokugo miró el caos con una mueca de fastidio y suspiró.
—…Bueno, al menos la máquina funciona.
Alice asintió.
—Sí. Ahora podemos enviar un informe y esperar más instrucciones.
Grimm aún estaba gritando de rabia, pero Rokugo simplemente suspiró y se dejó caer en una roca, agotado mentalmente.
—Esto va a ser un largo día…
Grimm, aún recuperándose del engaño, se sonroja levemente y mira de reojo a Rokugo, jugando con los dedos de sus pies descalzos sobre la fría piedra de la mazmorra.
—Sabes… —dijo en un tono más suave—. Había pensado mucho en ti… y quería verte.
Rokugo alzó una ceja, desconfiado.
—¿No será que solo querías matarme por no avisarte que me iba?
Grimm infló las mejillas y miró hacia otro lado.
—Eso… era antes. ¡Pero ahora me siento… diferente! —su tono bajó, y volvió a mirarlo con un dejo de culpa—. Además… lamento lo de la maldición. Lo de quitarte el libido…
Rokugo se cruzó de brazos, exhalando con resignación.
—Me dio problemas, sí. Pero resulta que una sacerdotisa tonta me la quitó sin esfuerzo.
Grimm palideció en el acto.
—¿Qué dijiste?
—Que una sacerdotisa me quitó la maldición. No fue gran cosa.
Grimm tembló de terror, sujetando con fuerza su falda. Hasta ahora, jamás había conocido a alguien capaz de eliminar las maldiciones de Zenarith. Incluso en su mundo original, la creencia era que las maldiciones de su diosa solo podían desaparecer si ella misma las retiraba o si el afectado sufría lo suficiente.
—Eso es imposible… —murmuró, mordiéndose el labio—. ¡No puede haber una sacerdotisa tan poderosa en este mundo!
Alice suspiró con fastidio.
—Lo que te he dicho siempre. No son maldiciones, son simples supersticiones e hipnosis.
Grimm le lanzó una mirada fulminante a Alice, pero no pudo responder. Su fe en Zenarith estaba siendo desafiada de la peor manera posible.
—…Es imposible. No hay forma… —murmuró, abrazándose los brazos.
Alice ignoró el dilema de Grimm y se dirigió a Rokugo.
—Si ya terminaron su telenovela barata, sería bueno que recuerden que tenemos una invasión que planear.
Rokugo chascó la lengua, pero asintió.
—Cierto. No podemos perder tiempo.
Alice continuó exponiendo su investigación.
—Analizando los registros históricos de este planeta, no hay un solo templo de Zenarith en todo el mundo.
Grimm se giró de golpe.
—¡¿Qué?! ¡Eso no puede ser!
Alice ajustó sus visores con calma.
—Lo es. Y eso significa que si mueres aquí, no podrás revivir.
Grimm se congeló por un momento, procesando la aterradora realidad. Sin un templo de Zenarith, su habilidad de resurrección era inútil. Su rostro se puso pálido, y miró nerviosa a su alrededor.
—E-eso es… horrible —murmuró, abrazándose los hombros.
Rokugo apoyó una mano en su cabeza y la despeinó sin mucho esfuerzo.
—Bienvenida al mundo real, Grimm.
Grimm le lanzó una mirada de reproche, pero su expresión se suavizó cuando notó algo más importante. Sus pies descalzos estaban completamente helados.
Temblando, se acurrucó en el suelo.
—Oye… esta mazmorra está helada… —se quejó, frotándose los brazos.
Rokugo bufó.
—Sí, ya lo sé. Pero estoy bajo en puntos malos, así que no puedo gastarlos en mantas ahora mismo.
Grimm infló las mejillas con molestia, pero luego recordó algo.
—¡Ah! —exclamó, levantando su muñeca—. ¡Yo también tengo mi brazalete de Kisaragi!
Rokugo se le quedó mirando.
—Espera, ¿te dieron un brazalete antes de mandarte aquí?
—¡Por supuesto que sí! ¡No soy una carga inútil! —dijo con orgullo.
Grimm presionó su brazalete y canjeó algunos de sus puntos malos. En cuestión de segundos, una silla de ruedas reforzada y unas mantas gruesas aparecieron frente a ella.
Grimm se envolvió con las mantas y suspiró con satisfacción.
—Mucho mejor…
Rokugo se llevó una mano a la frente.
—No puedo creer que ahora hasta la lisiada tenga más puntos malos que yo…
Alice sonrió levemente, con tono burlón.
—Eso pasa cuando alguien se vuelve un buen chico.
Rokugo gruñó de frustración.
—¡Cállate, golem! ¡Esto no es justo!
Mientras Grimm se acomodaba felizmente en su silla de ruedas, Rokugo se preguntaba cómo recuperar su antiguo ritmo de villano, pero algo dentro de él sabía que con Grimm a su lado, la situación solo se volvería más caótica.
Grimm, ya más acomodada en su silla de ruedas, mira a su alrededor con curiosidad.
—Oye… ¿por qué estamos en una mazmorra exactamente?
Alice suspiró, cruzándose de brazos.
—Para resumirlo: hace un tiempo, el agente 22 construyó aquí su máquina teletransportadora. La dejó abandonada, pero la reparamos y es el lugar más seguro por ahora.
Grimm parpadeó, sorprendida.
—¿El agente 22? … ¡Espera! ¡Eso significa que ustedes no llegaron aquí por error! ¡Kisaragi realmente planea conquistar este mundo!
Rokugo sonrió con arrogancia.
—Esa ha sido la idea desde el principio.
Grimm se quedó en silencio por un momento, asimilando la situación. Luego miró fijamente a Alice, y algo en su expresión cambió.
—Espera… tú… ¡Tú no se supone que estabas muerta!
Alice ladeó la cabeza con calma, como si ya esperara la reacción.
—Soy una réplica de la anterior Alice. Aunque tengo acceso a su base de datos.
Grimm se quedó boquiabierta.
—Entonces… ¿no eres realmente Alice?
Alice asintió sin emoción.
—Para efectos prácticos, lo soy. Pero técnicamente, no.
Grimm frunció el ceño, confundida, pero decidió no pensar demasiado en ello. Se giró hacia Rokugo con curiosidad.
—Bueno, ¿y qué tal está el planeta 407? ¿Algo nuevo?
Rokugo se cruzó de brazos, interesado en la respuesta.
Grimm suspiró y comenzó a relatar.
—El Hombre Tigre finalmente está ejerciendo su profesión de profesor. Rose y Snow ahora tienen brazaletes de Kisaragi, pero… Rose se gasta sus puntos malos en comida y Snow en espadas.
Rokugo se golpeó la frente.
—Por supuesto que esa enana se gastaría los puntos en comida.
Grimm rió un poco y continuó.
—Viper se encargó de anexar el resto de los reinos a Kisaragi y, hasta ahora, no ha habido grandes problemas con la ciudad de Toris-Hiiragi.
Alice asintió satisfecha.
—Como era de esperarse de la nueva cuarta ejecutiva de Kisaragi.
Rokugo hizo una mueca.
—Sí, sí… aún me duele que le dieran ese puesto en lugar de a mí.
A pesar de que Grimm fue enviada como un experimento de teletransportación, ahora debían esperar a que Kisaragi organizara los refuerzos. Mientras tanto, Rokugo analizaba la mejor estrategia para empezar su infiltración en la ciudad de Axel.
—Por ahora —dijo Rokugo—, lo más inteligente sería empezar construyendo una buena relación con la ciudad de Axel. La estrategia de siempre: ganarnos a la gobernante, igual que hicimos con Grace.
Alice asintió en aprobación.
—Parece un buen plan. Al menos hasta que podamos establecer algo más firme.
Grimm se estiró, envuelta en sus mantas.
—Pues me gusta esta mazmorra, pero hay algo que necesitamos urgentemente…
Rokugo levantó una ceja.
—¿Qué?
Grimm frunció los labios.
—¡Calefacción! ¡Esto es un congelador!
Rokugo bufó.
—Podrías haber pedido una calefacción en vez de la silla de ruedas y las mantas, genio.
Grimm lo miró con indignación.
Rokugo rió entre dientes, pero luego la miró con seriedad.
—De todas formas, antes de que empieces a ponerle decoraciones a la mazmorra, vas a necesitar aprender cómo moverte aquí sin morir.
Grimm infló las mejillas.
—¡No soy tan torpe!
Alice levantó una ceja.
—Rompiste una casa entera con una maldición que tú misma activaste sin querer.
Grimm hizo un puchero.
—¡Fue un accidente!
Rokugo suspiró y se cruzó de brazos.
—Como sea. Te enseñaré cómo moverte por la mazmorra. Hay trampas activas, y la última cosa que quiero es tener que desenterrarte de un hoyo o sacarte de una jaula de pinchos.
Grimm hizo una mueca de molestia, pero aceptó con un suspiro.
—Bien… pero que sepas que voy a odiarlo.
Fue entonces que se dio cuenta de un pequeño detalle. Sus ojos bajaron a sus propios pies descalzos y frunció el ceño.
—…¡Oye! ¡¿Eso significa que tendré que andar descalza todo el tiempo por aquí?!
Rokugo se encogió de hombros.
—¿Y qué esperabas? Tu silla de ruedas no puede subir escaleras
Grimm se estremeció de frustración.
—¡Pero yo no puedo andar tanto tiempo sin mi silla de ruedas
Rokugo la miró fijamente.
—¿Y cuál es la alternativa? ¿Dejar que te atrape una trampa y mueras porque Zenarith no te puede revivir aquí?
Grimm infló las mejillas, molesta, pero se rindió.
—Ugh… ¡está bien! ¡Pero si algún día salimos de esta mazmorra, me vas a sacar cargada en tu espalda!
Rokugo se llevó una mano al rostro y exhaló con resignación.
—Bien, bien, como quieras, Mujer Zombie.
Grimm se indignó.
—¡Te dije que no me gusta ese apodo!
Alice sonrió levemente.
—Bien, entonces empecemos la lección de "Cómo no morir en una mazmorra con trampas".
Alice, antes de salir de la mazmorra, deja instrucciones detalladas en la máquina teletransportadora para los agentes de Kisaragi que pudieran llegar mientras ellos no estuvieran presentes.
—De acuerdo —dijo Alice, revisando una última vez—. Esto debería ser suficiente para que cualquier agente que llegue sepa dónde estamos y qué hacer.
Rokugo se estiró y tomó sus cosas, preparándose para salir.
—Bueno, vámonos. No planeo quedarme aquí metido más tiempo del necesario.
Grimm, envuelta en sus mantas, frunció los labios.
—¿Ya nos vamos? Pero me estaba empezando a acostumbrar a este lugar. Excepto por el frío… ¡Oye, Kisaragi debería darme calefacción de cortesía!
Rokugo ignoró la queja y desplegó la silla de ruedas de Grimm.
—Muévete, Mujer Zombie.
Grimm bufó y se acomodó en la silla de ruedas con un gesto de indignación. Alice y Rokugo salieron con ella de la mazmorra, subiendo por los túneles hasta llegar a la superficie.
Apenas salieron, Grimm hizo una mueca, cubriéndose los ojos con las manos.
—Ugh… ¡El sol está horrible! ¡Qué molesto!
Rokugo rodó los ojos y, sin decir palabra, sacó de su equipo unas gafas de soldador, colocándoselas bruscamente a Grimm.
—Ahí tienes. Problema resuelto.
Grimm se acomodó las gafas con las manos, sorprendida.
—…Huh. No está tan mal.
Con Grimm lista, comenzaron su camino hacia la gobernación de Axel, con la intención de entablar relaciones con la autoridad local. Sin embargo, al acercarse a la entrada principal, varios guardias ya los esperaban.
Rokugo notó de inmediato el ambiente tenso. Los guardias los miraban con recelo, pero lo más preocupante fue cuando uno de ellos entrecerró los ojos y señaló a Rokugo.
—¡Tú! —gritó el guardia—. Esa armadura… ¡Eres el espia
Rokugo se quedó congelado un segundo, pero rápidamente reaccionó.
—¡Maldición…!
Intentó pensar en una salida, pero los guardias ya estaban acercándose. Miró a Grimm y tomó una decisión.
—¡Grimm, corre! ¡Usa tu silla de ruedas como obstáculo!
Grimm lo miró horrorizada.
—¡¿Cómo se supone que haga eso?! ¡Estoy en silla de ruedas!
Rokugo no le dio tiempo de quejarse más y empujó la silla de Grimm con fuerza, haciendo que girara y cayera al suelo bloqueando momentáneamente el paso de los guardias. Aprovechó la distracción para luchar contra los que estaban más cerca, pero se dio cuenta de que era inútil.
Si seguía peleando, atraería más guardias y solo se desgastaría en una pelea sin sentido. Alice también vio la situación y comprendió que no tenía sentido resistirse.
—Rendirse es lo más lógico, Rokugo —dijo con calma—. **Es una oportunidad para conocer a la gobernadora Es una oportunidad para conocer a la gobernadora de primera mano.
Grimm intentó hacer algo, pero se congeló de miedo. Sabía que su magia de maldiciones podía ser peligrosa, pero sin Zenarith para revivirla, no se atrevía a correr el riesgo de que se le rebotara.
Rokugo gruñó en frustración, pero se rindió al final, dejando que los guardias lo esposaran.
Uno de los guardias se acercó con una mirada de superioridad.
—Serán llevados a un interrogatorio con la gobernadora.
Rokugo sonrió de lado, incluso esposado.
—Misión cumplida. De un modo u otro, terminaremos conociéndola.
En la Sala de Interrogatorios de la Gobernación de Axel…
Darkness, o mejor dicho, la gobernadora Lalatina "Darkness" Dustiness Ford, hizo su entrada con una presencia imponente. Su armadura dorada y su postura erguida daban la impresión de una verdadera noble.
Rokugo, Alice y Grimm la observaron en silencio, analizando su presencia.
Darkness los miró con severidad.
—Así que ustedes son los individuos sospechosos de ser parte de la organización Kisaragi.
Rokugo no perdió el tiempo y abrió la boca para responder, pero fue interrumpido por Grimm, quien se inclinó hacia adelante con los ojos entrecerrados al ver el colgante en el cuello de Darkness.
—…Espera un segundo. ¿Qué es esa cosa que llevas colgada?
Darkness levantó una ceja.
—¿Esto? Es el símbolo de la diosa Eris, la deidad a la que sirvo.
Grimm frunció el ceño inmediatamente.
—¡¿Qué clase de estafa es esa?! ¡Nunca he oído hablar de esa tal "Eris"! ¡Esa no es una diosa de verdad!
Darkness parpadeó, sorprendida, y luego su expresión se oscureció.
—…¿Acaso acabas de insultar a mi diosa?
Grimm cruzó los brazos con terquedad.
—¡Sí, lo hice! ¡Porque eso suena como una religión falsa!
Darkness apretó los puños, claramente furiosa.
—¡Vuelve a decir eso y te juro que—!
—¡Ya basta! —Rokugo intervino antes de que las cosas escalaran más—. ¡¿Acaso olvidaste que estamos esposados y que esta mujer es la gobernadora?!
Alice suspiró pesadamente.
—Increíble. Cinco minutos y ya insultamos a la líder de la ciudad.
Darkness exhaló para calmarse y miró fijamente a Rokugo.
—…Muy bien. Vamos a empezar este interrogatorio. Más vale que tengan buenas respuestas.
Rokugo sonrió internamente.
Aunque no fue como lo había planeado… había logrado su objetivo de conocer a la gobernadora de Axel.
Rokugo mantiene la compostura, sentado con las manos atadas mientras Darkness lo observa con severidad.
—Así que… ¿Cómo saben de la Corporación Kisaragi? —pregunta Rokugo, con un tono de aparente calma.
Darkness cruza los brazos y se inclina ligeramente hacia adelante, mirándolo con una mirada evaluadora.
—Tenemos nuestros recursos. Creíste que podías venir aquí y moverte sin ser detectado, pero subestimaste lo bien informados que estamos.
Rokugo arquea una ceja, sintiendo que la respuesta es vaga. Antes de que pudiera insistir, Grimm interrumpe la conversación, fulminando con la mirada a Darkness.
—¡Déjate de tonterías! ¡Hablemos de lo importante! ¿Cómo te atreves a venerar a una diosa falsa?! ¡Solo Zenarith, la diosa de la muerte y el desastre, es la verdadera deidad!
Darkness abre los ojos sorprendida y luego frunce el ceño, adoptando una postura autoritaria.
—¿Acaso estás insultando a la Gran Diosa Eris? —pregunta con una voz baja, pero llena de peligro.
—¡Por supuesto que sí! —exclama Grimm, cruzando los brazos—. Eris no es más que una farsa, una mentira fabricada para engañar a los ignorantes. ¡Esa deidad tuya no tiene poder real!
Los guardias, que hasta ese momento se habían mantenido al margen, intercambian miradas incómodas, sin saber si intervenir.
Darkness golpea la mesa con el puño, su rostro enrojecido de indignación.
—¡No permitiré que insultes mi fe de esa manera, hereje!
—¡Tú eres la hereje! —replica Grimm con fiereza.
Los guardias, viendo que Darkness tenía más rango, deciden apoyar su lado y reprenden a Grimm, diciéndole que guarde silencio.
Grimm mira a Rokugo con indignación, esperando que él la defienda, pero Rokugo solo le lanza una mirada de advertencia.
—Oye, Mujer Zombie, podrías calmarte un poco. Estamos aquí para negociar, no para iniciar una guerra religiosa.
Alice, manteniéndose completamente seria, decide que es el mejor momento para intervenir.
—Estamos dispuestos a negociar. No hemos venido aquí para causar conflictos innecesarios.
Darkness inhala profundamente para calmarse. Mira a los guardias y les hace una señal, indicando que tomen medidas más estrictas. Les quitan sus armas, armaduras, ofrendas e incluso los brazaletes de Kisaragi.
Uno de los guardias mira a Alice con curiosidad y luego susurra a su compañero:
—¿Qué clase de enemigo envía niños a la guerra…? —pregunta, creyendo que Alice es solo una niña.
Rokugo escucha el comentario y se ríe para sus adentros, pero no dice nada. No había necesidad de aclarar que Alice no era humana.
La noche en la celda
Más tarde, Rokugo, Grimm y Alice son encerrados en tres celdas vecinas, sin mucho más que hacer.
Grimm, acurrucada en un rincón de su celda, se estira y suspira.
—Es raro… Tengo sueño en la noche.
Alice, desde su celda, la observa con una expresión neutral.
—Debe ser por el cambio de horario tras la teletransportación —explica—. Tu reloj biológico está confundido.
Rokugo rueda los ojos, sin interés en la conversación, y se acuesta en el suelo con las manos detrás de la cabeza.
—Lo que sea… Dormiremos y mañana veremos qué pasa.
Al día siguiente: Aqua entra en escena
Por la mañana, el sonido de pasos y una voz emocionada interrumpe su descanso.
—¡Bien, bien! ¡Hora del interrogatorio! ¡Estoy emocionada!
Rokugo abre los ojos lentamente, reconociendo la voz de inmediato. Se sienta y golpea las rejas de la celda de Grimm con el pie.
—Oye, Mujer Zombie, despierta. Tenemos visita.
Grimm parpadea adormilada y mira hacia la entrada, notando la figura de Aqua caminando con un aire de superioridad.
Los guardias se ven incómodos, y uno de ellos se inclina hacia Aqua.
—Se supone que usted solo debe testificar, no interrogar.
—¿Y qué? —responde Aqua, sonriendo con emoción—. ¡El interrogatorio suena más divertido!
Rokugo se inclina un poco más en la celda, con una expresión de burla.
—Oh, sí… Tú eras la sacerdotisa tonta que me quitó la maldición.
Grimm, quien aún estaba tratando de despertarse del todo, abre los ojos por completo y voltea hacia Aqua con una mirada fulminante.
—¡¿Cómo dices?! ¡¿Fue ella quien te quitó mi maldición?! —exclama Grimm, sintiendo una furia latente en su pecho.
Aqua, sin inmutarse, se cruza de brazos y sonríe con autosuficiencia.
—Sí, fui yo. No podía dejar que alguien caminara por ahí con una maldición tan tonta. ¿Qué clase de persona enferma pone una maldición así, de todas formas?
Grimm aprieta los dientes y cierra los puños.
—¡¿Me estás llamando enferma, maldita
Aqua frunce el ceño y se pone en pose desafiante.
—¿Y tú quién eres? ¡Ah, ya veo! ¡Eres otra de esas lunáticas que adoran dioses oscuros! ¿Cómo se llamaba? Zenaroth o algo así…?
—¡Zenarith! —corrige Grimm, molesta—. ¡Y sí, yo puse esa maldición! ¡Ese hombre debía pagar por sus pecados!
Aqua hace una mueca de disgusto.
—Ugh… Este tipo de personas son las peores.
Los guardias miraban el espectáculo con expresiones tensas, pero Rokugo solo suspiró y se encogió de hombros.
—Bueno, a ver si nos dicen de una vez por qué nos arrestaron.
Grimm, aún molesta, desvía la mirada con los brazos cruzados.
—Sí… ¿Por qué nos arrestaron? No hicimos nada malo.
Rokugo se incomoda de inmediato, sintiendo una gota de sudor en su frente.
—Eh… Bueno, a ver… —murmura, desviando la mirada—. Tal vez hice algunas cosas malas en el pueblo…
Alice lo mira fijamente.
—¿Hiciste algo por puntos malos?
Rokugo finge toser y mira a otro lado.
—…Tal vez.
Los guardias, ya perdiendo la paciencia, golpean la reja.
—¡Basta de tonterías! ¡El interrogatorio comienza ahora!
Rokugo suspira profundamente.
—Genial… Ahora sí nos jodimos.
La escena se corta con Aqua sonriendo con satisfacción, Grimm molesta por la presencia de la diosa y Alice analizando las posibilidades de negociación.
Rokugo es llevado a la sala de interrogación, escoltado por los guardias. En el centro de la habitación hay una campana mística, un artefacto que, según los guardias, suena cuando alguien miente mientras la toca.
Uno de los guardias le da una mirada seria.
—Este es un instrumento sagrado, capaz de detectar falsedades. Contesta honestamente, y no tendrás problemas.
Rokugo resopla, aburrido.
—¿Y si simplemente no la toco?
El guardia frunce el ceño.
—Si te niegas a cooperar, aplicaremos métodos más persuasivos.
Rokugo siente un escalofrío. Antes de que pudiera decir algo más, Aqua entra con una expresión decidida y… le da un puñetazo en la nariz.
—¡Agh! ¡¿Qué carajos?! —exclama Rokugo, tomándose la cara.
Aqua se cruza de brazos con orgullo.
—¡Así es como se hacen los interrogatorios! ¡Golpeas al prisionero hasta que hable!
Rokugo se tambalea en su asiento, confundido y molesto.
—¡¿Qué interrogatorio es este?! ¿Me estás pegando por lo del otro día? ¿Es por lo de tu falda?
Aqua hace un puchero y asiente.
—¡Eso también! Pero principalmente porque los interrogadores golpean al prisionero. ¡Es parte del proceso!
Acto seguido, Aqua le da otro puñetazo en la mejilla.
El guardia se aclara la garganta, incómodo.
—Se supone que primero debe hacerle una pregunta antes de golpearlo.
Aqua se detiene y parpadea, confundida.
—¡Ohhh, ya entendí! Primero pregunto y luego golpeo. Fácil.
Aqua se gira hacia Rokugo con una sonrisa de autosuficiencia y coloca una mano en su cintura.
—¡Muy bien! Primera pregunta… ¿De qué color es tu calzoncillo?
Rokugo se queda en blanco.
—… ¿Qué?
Sin esperar respuesta, Aqua le da otro golpe.
—¡RESPONDE!
Rokugo, mientras se soba la mandíbula, frunce el ceño.
—¡¿Cómo diablos se supone que eso es relevante para el interrogatorio?!
Aqua se encoje de hombros.
—¡No sé! Pero preguntar algo primero es la regla, así que estoy siguiendo el procedimiento.
Rokugo se frustra al ver lo inútil de este interrogatorio y decide fastidiar a Aqua.
—Pues si insistes… Los calzones que vi eran blancos con rayas azules.
Aqua se queda completamente en shock, su cara se pone roja como un tomate.
—¡¡¡¿QUÉEEE?!!! —grita, con los ojos desorbitados.
El guardia abre los ojos con sorpresa, sin saber si detenerla o simplemente ver qué pasa.
Aqua, furiosa y avergonzada, golpea a Rokugo con todas sus fuerzas.
—¡MALDITO PERVERTIDO! ¡NO DEBISTE MIRAR! ¡DEBERÍA MALDECIRTE POR SIEMPRE!
Rokugo se tambalea con el golpe, sintiendo que su cráneo iba a partirse en dos.
—¡¿CÓMO DIABLOS SE SUPONE QUE ESTO ES UN INTERROGATORIO?!
Mientras tanto, en las celdas…
Grimm, quien no podía escuchar nada desde su celda, sentía un mal presentimiento.
—No sé qué está pasando en esa sala, pero me juego todo a que la interrogadora está completamente perdida.
Alice ni se inmuta y simplemente suspira.
—Si es como sospecho, el interrogatorio no tiene ninguna estructura lógica. Solo estamos perdiendo el tiempo.
Grimm cruza los brazos y aprieta los dientes.
—Si le están haciendo algo a Rokugo, me las van a pagar.
Alice ladea la cabeza, incrédula.
—¿No estabas enojada con él?
Grimm voltea con los ojos entrecerrados.
—Sí, ¡pero si alguien lo va a torturar, esa seré yo!
Alice simplemente sacude la cabeza.
—Lógica cuestionable, pero supongo que es tu forma de verlo.
De vuelta en la sala de interrogación, el guardia ya no podía soportar más esta tontería y decide llamar a Darkness.
Poco después, la puerta se abre con un estruendo, y Darkness entra con su presencia imponente.
—¡¿Qué demonios está pasando aquí?! —exige saber, con el ceño fruncido.
Aqua se gira con entusiasmo y le hace un gesto a Darkness.
—¡Perfecto! ¡Ahora podemos hacer el clásico juego del policía bueno y el policía malo!
Darkness parpadea.
—… ¿El qué?
Aqua asiente con una sonrisa radiante.
—¡Sí! ¡Tú puedes ser la policía buena, y yo seré la policía mala!
Darkness se cruza de brazos, dudosa.
—No estoy segura de que eso sea necesario.
Aqua de repente se detiene, como si recordara algo importante, y se da un golpe en la palma de la mano.
—¡Oh, cierto! Ya le pegué demasiado, así que eso significa que yo soy la policía mala…!
Rokugo se queja con los ojos medio cerrados, su cara hinchada.
—¡Al menos ya te diste cuenta!
Darkness se toma el puente de la nariz, suspirando profundamente.
—Aqua… no te estás tomando esto en serio, ¿verdad?
Aqua sonríe nerviosa.
—¡¿Cómo que no?! ¡Le he dado una buena paliza, mira qué hinchado está! Eso siempre funciona en los interrogatorios, ¿no?
Darkness cierra los ojos y respira hondo para calmarse.
—Voy a asumir el control de esto antes de que destruyas por completo la integridad del interrogatorio.
Aqua hace un puchero.
—¡Pero yo quería divertirme un poco más…!
Rokugo, viendo que al fin podría haber un interrogatorio real, resopla con alivio.
—Por favor, al menos alguien aquí use el cerebro
Rokugo cree que Aqua es aún más tonta que Adelie.
Darkness cruza los brazos con autoridad y observa a Rokugo con seriedad.
—Voy a hacer esto de manera adecuada. ¿Quién eres y con qué propósito fuiste enviado aquí?
Antes de que Rokugo pudiera responder, Aqua se adelanta emocionada, sacando la tarjeta de aventurero de Rokugo y agitándola con orgullo.
—¡Oh, oh, yo lo sé! ¡Es Yusuke Shirai! También conocido como Sentōin Rokugō, agente de combate de la corporación Kisaragi. ¡Está aquí para conquistar este planeta!
Rokugo parpadea, sorprendido.
—...Wow. Eso fue increíblemente preciso.
Darkness se gira lentamente hacia Aqua, con una vena latiendo en su frente.
—¿¡Y POR QUÉ NO DIJISTE ESO ANTES!?
Aqua se encoge de hombros como si no fuera gran cosa.
—No preguntaste.
Darkness se toma el puente de la nariz, tratando de contener su frustración.
—¡¿Y TENÍAS QUE REVELARLO FRENTE AL INTERROGADO?!
Rokugo se recuesta en su silla con una sonrisa burlona.
—Oye, yo no me quejo. Me han ahorrado un montón de problemas.
Darkness lo fulmina con la mirada antes de volverse nuevamente hacia Aqua.
—Aqua… eres completamente incompetente.
Aqua hincha las mejillas como si le hubieran dicho algo ofensivo.
—¡No es cierto! ¡Mi recurso divino me lo dijo todo!
Darkness levanta una ceja con escepticismo.
—¿"Recurso divino"?
Aqua pone una mano en su pecho con orgullo.
—¡Así es! Porque yo soy Lady Aqua, la diosa del agua.
Rokugo hace una pausa.
—…¿Qué?
Aqua asiente con confianza.
—Soy una deidad. Por eso lo sé todo sobre Kisaragi.
Rokugo se queda mirándola fijamente durante unos segundos antes de soltar un suspiro.
—Bueno, si eso es cierto, entonces ya sé cómo hacer que todo esto termine.
Darkness, visiblemente irritada, coloca una mano sobre el rostro de Aqua y la empuja hacia atrás.
—¡Cállate! ¡Se supone que él es quien debe hablar, no tú! ¡Deja de darle ideas al enemigo!
Aqua pataletea, tratando de zafarse.
—¡Pero Darkness! ¡Estoy diciendo la verdad!
Darkness suspira y mira a Rokugo con determinación.
—No sé si realmente eres parte de esta corporación Kisaragi, pero ahora que tenemos esta información, vas a contarnos todo lo que sabes.
Rokugo se reclina en su asiento con una expresión relajada.
—Si tú lo dices, señora armadura pesada.
Darkness aprieta los dientes y golpea la mesa con fuerza.
—¡No me subestimes!
Rokugo sonríe con sorna.
—Créeme, no lo hago. Pero después de ver cómo Aqua maneja los interrogatorios, ya no me preocupo mucho.
Aqua, todavía con la boca cubierta por Darkness, murmura algo ininteligible mientras se agita.
Darkness se ve claramente exasperada, pero decide concentrarse en el interrogatorio.
—Empecemos de nuevo. ¿Qué hace exactamente esta corporación Kisaragi?
Rokugo piensa en qué responder, sabiendo que cualquier cosa que diga podría ser usada en su contra. Sin embargo, al ver el desastre que Aqua ha causado, decide que quizás burlarse de ella un poco más podría ser divertido.
—Bueno, según lo que entiendo, la corporación Kisaragi es básicamente un grupo de personas que van de planeta en planeta... "conquistándolos".
Darkness frunce el ceño.
—¿Eso significa que estás aquí para hacer lo mismo con este mundo?
Rokugo se encoge de hombros.
—Digamos que sí… o digamos que no. ¿Quién sabe?
Darkness aprieta los puños, claramente frustrada con su actitud despreocupada.
Aqua logra zafarse de Darkness por un momento y grita con orgullo.
—¡Pero no te preocupes! ¡Porque yo, Lady Aqua, la diosa del agua, protegeré este mundo!
Rokugo se ríe por lo bajo.
—Claro, si eso te hace dormir tranquila por las noches.
Darkness suspira profundamente, sabiendo que este será un largo interrogatorio.
Rokugo sale del interrogatorio y ahora interrogarán a Grimm.
Rokugo sale de la sala de interrogatorios frotándose la nariz, aún resentido por los golpes de Aqua.
—Dioses… no sé quién es más tonta, si Adelie o esta tipa.
Apenas se acomoda en su celda, Grimm es escoltada por los guardias hacia la sala de interrogatorios.
Grimm mira alrededor con desconfianza, aún sin entender por qué la arrestaron.
Grimm: —Tsk… si hubiera sabido que las gobernantes de esta ciudad eran unas paganas, habría considerado con más cuidado venir aquí.
Darkness, con una expresión seria, observa a Grimm sentarse en la silla del interrogatorio. Sin embargo, Aqua se adelanta antes de que Darkness pueda empezar.
Aqua: —¡Oh, esta es fácil! ¡Esta mujer es la amante de Rokugo! Solo lo siguió porque está desesperada por casarse.
Grimm golpea la mesa, visiblemente ofendida.
—¡Eso es una calumnia! ¡¿Cómo te atreves a llamarme así, farsante?!
Darkness suspira, frotándose la sien con frustración.
Darkness: —Aqua, ¿puedes por favor dejarme hacer mi trabajo?
Aqua: —¡Pero Darkness, esta chica ni siquiera es una aventurera decente! ¡No tiene respeto por la justicia!
Grimm se cruza de brazos y la mira con desdén.
Grimm: —¿Justicia? No necesito escuchar lecciones de una sacerdotisa de un culto mediocre. La diosa Zenarith es grandiosa y venerada en más de un mundo.
Aqua se queda en silencio por un momento antes de soltar una carcajada.
Aqua: —¡Pffft! ¿Zenarith? ¡Por favor! Tu diosa es una sombra insignificante.
Grimm se inclina hacia adelante, con los ojos llenos de furia.
Grimm: —¿¡Cómo te atreves!? ¡La diosa Zenarith es respetada y temida! ¡Su influencia se extiende más allá de este mundo, mientras que la tuya ni siquiera tiene seguidores dignos!
Aqua sonríe de manera burlona y se inclina sobre la mesa, disfrutando la confrontación.
Aqua: —¡Ja! ¡Eso es lo que tú crees! Porque hace 23 años, conocí a la hermana de tu diosa, Regina. Y adivina qué… yo misma me encargué de erradicar su culto de este mundo.
Grimm se congela, procesando lo que acaba de escuchar.
Grimm: —…Estás mintiendo.
Aqua se encoge de hombros con indiferencia.
Aqua: —Créelo o no, me da igual. Pero no verás templos de Zenarith en este mundo, ¿verdad?
Grimm aprieta los puños, sintiendo que su paciencia se agota.
Grimm: —Eso solo significa que la influencia de Zenarith está en otros lugares. Es una diosa tan poderosa que no necesita templos para demostrar su grandeza.
Aqua ríe con burla.
Aqua: —¿Poderosa? ¡Por favor! ¡Te lo digo otra vez! Yo soy Lady Aqua, la diosa del agua, y por eso sé lo que digo!
Grimm se echa hacia atrás en su silla, mirándola con una expresión de puro escepticismo.
Grimm: —…¿De verdad esperas que me trague ese cuento? Hacerse pasar por una deidad es un pecado gravísimo.
Aqua se queda boquiabierta, como si no pudiera creer que alguien dudara de su divinidad.
Aqua: —¡¿QUÉEEEEE?! ¡¡Soy la diosa real!! ¡¿Cómo te atreves a dudar de mí?!
Grimm le devuelve una mirada de pura desconfianza.
Grimm: —No eres más que una farsante con delirios de grandeza.
Aqua empieza a patalear y golpear la mesa, mientras Darkness la toma por los hombros y la sacude.
Darkness: —¡¡Aqua, compórtate!! ¡Este es un interrogatorio, no una pelea de taberna!
Aqua: —¡¿Pero viste lo que dijo?! ¡¡Dijo que no soy una diosa!!
Darkness: —…Eso pasa más seguido de lo que crees.
Grimm se cruza de brazos y sonríe con autosuficiencia.
Grimm: —Vaya, qué lamentable. Ni siquiera tus propios seguidores te respetan.
Aqua se siente atacada en su orgullo divino y vuelve a intentar lanzarse sobre Grimm, pero Darkness la sostiene con todas sus fuerzas.
Darkness: —¡CÁLMATE! ¡Por Eris, este es el peor interrogatorio de la historia!
Mientras tanto, Grimm se sienta con aire de superioridad, convencida de que acaba de ganar la discusión.
el temperamento de Grimm se torna explosivo y Darkness decide intervenir.
Darkness, con el ceño fruncido, levanta la mano en señal de alto.
Darkness: —¡Basta! No vamos a permitir que esto se convierta en un debate teológico sin sentido.
Señala a uno de los guardias, quien de inmediato levanta su bastón mágico y conjura un hechizo.
Guardia: —¡Atar!
Grimm no tiene oportunidad de reaccionar antes de que una cuerda mágica se materialice alrededor de su cuerpo, amordazándola y sujetándola sin necesidad de un nudo. La cuerda se aprieta con firmeza, pero sin hacerle daño.
Grimm: —¡Mmph! ¡Mmmhgg!
Darkness suspira y se cruza de brazos.
Darkness: —Esta soga se disolverá por sí sola en unas horas. Es una medida para evitar que sigas interrumpiendo.
Aqua, con una sonrisa burlona, se acerca a Grimm y la observa de arriba abajo.
Aqua: —Haaah~ Qué patético. Mira lo indefensa que estás.
Darkness siente un escalofrío cuando ve la expresión de Aqua.
Darkness: —Aqua… no hagas nada innecesario.
Aqua ignora la advertencia y, con una mirada juguetona, inclina la cabeza con curiosidad.
Darkness: —Ahora que lo pienso… ¿por qué estás descalza?
Antes de que Grimm pueda responder, Aqua responde por ella con una voz teatral.
Aqua: —¡Oh, ya sé! ¡Porque esa incompetente de Zenarith a veces regresa las maldiciones que ella misma lanza! Ahora esta bruja no puede usar zapatos.
Grimm empieza a retorcerse en su silla, claramente furiosa, pero la cuerda impide que se mueva demasiado. Su mirada es de pura indignación.
Grimm: —¡Mmmph! ¡Mmmmhhhgg!
Aqua ríe con superioridad.
Aqua: —¿Qué pasa? ¿Te enojaste? ¡Ja! Es gracioso que sigas adorando a una diosa que ni siquiera puede controlar sus propias maldiciones.
Aqua: (encogiéndose de hombros, como si el insulto no le importara) "Claro, claro. Podría romper esa maldición tuya con una de mis bendiciones… pero, sinceramente, ¿vale la pena usar mi gracia divina en una hereje que no sigue la Orden de Axis?"
Grimm empieza a sudar frío al escuchar eso. Una parte de ella, por un instante, duda.
Por un momento, Grimm se imagina a sí misma caminando libremente por las ciudades, paseando con Rokugo por el campo, estrenando zapatos sin preocuparse por maldiciones absurdas.
Pero ese pensamiento la asusta.
Grimm sacude la cabeza y, con un movimiento brusco, empuja su silla de ruedas hacia atrás, cayendo al suelo de espaldas. Con los ojos cerrados, murmura Grimm: —¡Mmph! ¡Perdóname, Zenarith! ¡He pecado al considerar la tentación de esta farsante!
Aqua la observa con una expresión de fastidio y, de repente, una idea retorcida cruza su mente.
Aqua da un paso al frente y, con aire de superioridad, coloca su pie sobre la cabeza de Grimm.
Grimm se estremece al sentir el peso de la bota de Aqua presionando su cabello contra el suelo.
Aqua: —Ah, ahí debes estar. Justo bajo los pies de una diosa de verdad.
Los guardias observan la escena con incomodidad.
Darkness entrecierra los ojos, sintiendo que esto está yendo demasiado lejos.
Grimm: —Mmmph! ¡Mmmmmmhhgg!
Aqua sonríe y presiona un poco más su bota contra la cabeza de Grimm.
Aqua: —Admítelo, farsante. ¡Esta es la diferencia entre una diosa verdadera y una adoradora desesperada!
Las lágrimas empiezan a brotar de los ojos de Grimm, no solo por la humillación, sino por la impotencia de no poder responder.
Darkness, que hasta ahora se había mantenido al margen, decide intervenir.
Con un rápido movimiento, Darkness le da un fuerte zape a Aqua en la cabeza.
Darkness: —¡Aqua, basta! ¡La tortura psicológica no está permitida!
Aqua parpadea, sorprendida, frotándose la cabeza.
Aqua: —¿Tortura? ¡Pero Darkness, le gané justamente!
Darkness: —¡No es un concurso!
Aqua cruza los brazos y frunce el ceño.
Aqua: —Pffft, qué aburrida.
Darkness suspira, ayudando a levantar la silla de Grimm y acomodándola de nuevo. Grimm sigue con la mirada baja, tratando de recuperar la compostura.
El interrogatorio había pasado de ser una búsqueda de información a un enfrentamiento de orgullo divino.
Darkness decide tomar el control del interrogatorio, ya que Aqua lo había convertido en un desastre.
Darkness, cruzando los brazos con severidad, fija su mirada en Grimm.
Darkness: —Bien, volvamos a lo importante. ¿Quién eres y quién te envió aquí?
Grimm, aún con su orgullo herido y la cuerda sujetándola, levanta la cabeza con dignidad y responde en tono desafiante.
Grimm: —Soy una sacerdotisa de la grandiosa Zenarith, pero además, soy una agente de Kisaragi. ¡Y pronto vendrán cientos de agentes de Kisaragi a conquistar este mundo!
Darkness frunce el ceño ante la amenaza, pero antes de que pueda responder, Aqua vuelve a interrumpir.
Aqua: —¡Oh, por favor! ¡Kisaragi ya dañó su mundo y conquistó el tuyo! ¿Ahora vienen por este también? ¡Qué obsesión tienen esos tipos con la invasión!
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