Alice: —Si ejecutaran a dos y dejaran vivo a uno, debería ser yo. Puedo fingir mi muerte sin problemas y, si me destruyen, Lilith me puede reconstruir.
Rokugo (bromeando): —¿Y qué hay de mí?
Alice (sin inmutarse): —Tú morirías definitivamente.
Grimm (indignada): —¡Un momento! ¡¿Y qué hay de mí?!
Alice: —Tú puedes revivir si te llevan al templo de Zenarith.
Grimm (gritando): —¡¿Y si no lo hacen?! ¡¿Y si terminan enterrándome en un lugar alejado?! ¡Son unos traicioneros cobardes!
Mientras tanto, los agentes de Kisaragi ejecutaban el plan de rescate. Aunque no estaban emocionados por ello, era su deber.
Los agentes de Kisaragi llegan a la ciudad de Axel, listos para ejecutar la operación de rescate.
Los agentes de Kisaragi, liderados por el Hombre Tigre, caminaban por las calles de Axel con total confianza. Aunque trataban de no llamar la atención, sus armaduras y atuendos característicos hicieron que los guardias de la ciudad los detectaran de inmediato.
Guardia de Axel (sacando su espada): —¡Alto ahí! ¡Ustedes son espías del mismo grupo que capturamos hace poco!
Hombre Tigre (mirando a los demás agentes con una ceja levantada): —Ya nos descubrieron. ¿Lo hacemos a la manera rápida?
Agente de Kisaragi (encogiéndose de hombros): —Siempre lo hacemos a la manera rápida.
Los agentes se lanzaron contra los guardias con movimientos eficientes, golpeándolos y reduciéndolos en cuestión de segundos. No los mataron, pero los dejaron inconscientes con movimientos bien calculados.
Hombre Tigre (agarrando a uno de los guardias aún consciente y alzándolo por el cuello): —Dinos dónde están llevando a Rokugo, Grimm y Alice, y te prometo que no te haré probar cómo se siente volar por los cielos sin alas.
Guardia de Axel (temblando y con la cara pálida): —¡E-están siendo transportados a la capital! ¡Los llevan en una caravana reforzada con escolta de caballeros!
Hombre Tigre (soltándolo de golpe): —Bien, buen chico.
Mientras tanto, otro grupo de agentes había logrado llegar a la prisión de Axel sin ser detectados. Con un golpe bien coordinado, derribaron la entrada y comenzaron a saquear las celdas.
Agente de Kisaragi (mientras revisaba una celda vacía): —Así que ya no están aquí… bueno, al menos podemos recuperar sus cosas.
Los agentes reunieron todo lo que Rokugo, Alice y Grimm habían dejado en la prisión, incluyendo sus brazaletes-miniteletransportadores.
Agente de Kisaragi (levantando el brazalete de Rokugo): —Seguro lo va a querer de vuelta.
Cuando lograron interceptar la caravana de prisioneros, lograron rescatar a Alice, Rokugo y Grimm sin demasiados problemas, aunque durante el caos, Grimm perdió el conocimiento.
Tiempo después, Grimm despertó con una sensación helada en la cara. Al abrir los ojos, vio a Rokugo sosteniendo un cubo de agua vacío.
Grimm (aturdida): —¿Huh…?
Rokugo (burlón): —Bienvenida de vuelta, dormilona.
Grimm (confundida): —¿Estoy… en una mazmorra?
Al recordar su situación anterior, un escalofrío recorrió su espalda. Durante un instante pensó que debía haber muerto y que Zenarith la había traído de vuelta… pero no. Estaba viva, sin la intervención de su diosa.
Grimm (nerviosa, mirando a su alrededor): —¿Nos escapamos?
Alice (cruzada de brazos): —Los agentes nos sacaron. Pero fuiste la única que se desmayó.
Grimm: —¡Eso no es justo! ¿Por qué no reviví en un templo de Zenarith?
Rokugo (sarcástico): —Tal vez porque sigues viva, genio.
Grimm (suspirando con preocupación): —No, es que… si Aqua realmente es la diosa que dice ser, y ella eliminó el culto de Regina, entonces significa que Regina desapareció. Y si eso pasó…
Grimm se quedó en silencio un momento antes de confesar lo que realmente la inquietaba.
Grimm: —Si llego a morir, no tengo la seguridad de que realmente pueda revivir.
Por primera vez, Grimm mostraba una expresión genuina de miedo. Rokugo la miró por un instante y luego simplemente suspiró.
Rokugo (riendo levemente): —Entonces no te mueras, ¿no?
Alice observó a Grimm con curiosidad, analizando su reacción.
Alice: —Interesante. Al final, las personas que más creen en sus dioses son las primeras en temer la posibilidad de que no sean reales.
Grimm (apretando los puños): —¡Zenarith es real!
Alice simplemente se encogió de hombros, sin molestarse en discutir.
Rokugo (suspirando): —Bueno, suficiente charla deprimente. Nos sacaron, estamos vivos, y aún tenemos una misión que completar.
Hombre Tigre (entregándole su brazalete a Rokugo): —No querrás perder esto.
Rokugo (ajustándolo en su muñeca y suspirando): —Definitivamente no. No quiero otra maldita experiencia de ser prisionero.
Grimm recibió su brazalete y lo ajustó en su muñeca, mirando a Rokugo con una expresión que combinaba enojo y alivio.
Grimm: —No me gusta que me rescaten. Pero prefiero eso a morir
Rokugo (sarcástico): —Sí, claro. Porque esa siempre ha sido una estrategia confiable.
Alice, revisando su propio brazalete, hizo un análisis de la situación.
Alice: —La misión de infiltración y contacto con la gobernación de Axel fracasó. Ahora estamos oficialmente en conflicto con las autoridades locales.
Rokugo (frotándose la frente): —Genial. Lo que significa que ahora vamos a tener que pensar en una estrategia de largo plazo.
Hombre Tigre (cruzando los brazos): —¿Y cuál es el plan?
Rokugo miró a Alice, luego a Grimm y al resto de los agentes. Sus labios se curvaron en una sonrisa mientras su mente empezaba a maquinar su próximo movimiento.
Rokugo: —Vamos a jugar el juego a nuestra manera. Si no podemos ganarnos a la ciudad por medios diplomáticos… la conquistaremos desde las sombras.
Grimm aún parecía preocupada, pero trató de mantenerse firme. Aunque, en el fondo, el miedo de no poder revivir seguía creciendo en su mente.
Rokugo (frustrado): —Si queremos hacer caer la ciudad, tenemos que neutralizar a su campeón… pero ¿cómo se supone que vamos a detener a ese viejo loco?
Alice (analizando la situación): —Bueno, en el peor de los casos, podría tener acceso a los nueve poderes titán.
Rokugo (recordando algo importante): —Espera… ni siquiera sé cuáles son esos poderes. Nunca le presté atención a Fritz cuando los mencionó.
Alice (asintiendo): —Y el líder de Hiiragi tampoco nos lo explicó con detalles.
Grimm (con orgullo): —Yo sé algo al respecto.
Rokugo y Alice la miraron con sorpresa.
Grimm (cruzándose de brazos): —Cuando era parte de la Guardia Real, tuve acceso a la biblioteca del reino. Ahí había información sobre los titanes de hace siglos.
Rokugo (interesado): —Bien, cuéntanos.
Grimm (frunciendo el ceño): —Pero no entiendo qué tiene que ver eso con este mundo.
Rokugo (explicando): —Alice tiene una hipótesis. Dice que Eren Jueaguer es el mismo que hizo el Retumbar en la Tierra y que murió hace más de 1200 años.
Grimm (riéndose): —Eso es absurdo. Cuando alguien muere, su alma se queda en el cielo por toda la eternidad o reencarna como un bebé sin memoria en el mismo mundo, pero nunca en otro. Además, Eren debería haber ido al infierno.
Rokugo (encogiéndose de hombros): —Eso es lo que nos dijeron en el planeta 407, pero este mundo parece romper muchas reglas.
Antes de que pudieran seguir debatiendo, el Hombre Tigre interrumpió.
Hombre Tigre: —Los agentes que enviamos a recolectar información han regresado. Dicen que la seguridad de Axel está al máximo. Nadie entra ni sale sin ser revisado.
Rokugo (suspirando): —Tsk, eso nos complica las cosas.
Alice (pensativa): —Podemos solucionar eso. Recuerda que en el planeta 407, el agente 10 usó una capa de invisibilidad con escudo óptico cuando se infiltró en la habitación de la princesa Tilis.
Rokugo (asintiendo): —Buena idea. Vamos a canjear una.
Grimm (sospechosa): —¿Y qué harás con una capa de invisibilidad?
Rokugo (sonriendo maliciosamente): —No te preocupes, solo trabajo de reconocimiento… y tal vez algunos puntos malos en el camino.
Alice rodó los ojos, mientras Grimm suspiraba con resignación. Rokugo ya tenía su siguiente plan en marcha, y la ciudad de Axel no tenía idea de lo que estaba por venir.
en Axel, Eren, Darkness y Aqua se encuentran en una reunión de estrategia.
Aqua (cruzándose de brazos con una expresión seria, poco habitual en ella): —Los de Kisaragi no son una amenaza normal. Pueden "invocar" proyectiles como cañones portátiles, vehículos, y hasta copias del Destructor, esa araña gigante que enfrentamos hace veinte años.
Darkness (con una expresión severa): —Eso es preocupante. El Destructor fue lo suficientemente fuerte como para requerir el esfuerzo de toda la ciudad. ¿Dices que pueden hacer más de esas cosas?
Aqua (asintiendo): —Sí, pero hay algo raro en la forma en la que invocan su equipo. Necesitan acumular puntos de… digamos, "maldad".
Eren (frunciendo el ceño): —Eso explica por qué ese tipo, Rokugo, era un degenerado total. Seguramente busca acumular esos puntos.
Aqua (continuando con su explicación): —También tienen mutantes, agentes con mayor fuerza y resistencia, y lo más peligroso: algunos de ellos pueden gigantificarse.
Darkness (sorprendida): —¿Gigantificarse? ¿Como los titanes?
Aqua (negando con la cabeza): —No exactamente. Según lo que vi cuando observé el planeta su gigantificación les acorta la vida.
Eren (pensativo): —Eso los hace diferentes a los titanes cambiantes. Pero si realmente pueden hacer eso, entonces serán un problema serio.
En ese momento, Walter Jr. entra a la sala con una expresión seria.
Walter Jr.: —Madre, padre ya envió el mensaje a la capital. Están al tanto de la situación y están preparando refuerzos.
Darkness (asintiendo con orgullo): —Bien hecho, Walter.
Eren (mirando a Walter Jr. con aprobación): —Eres rápido en actuar.
Aqua, con su habitual falta de tacto, hace un comentario burlón.
Aqua (riendo): —A veces parece que te llevas mejor con Walter Jr. que con tus propios hijos, Eren. No es de extrañar que todos tus hijos se hayan ido a vivir a otros países.
Eren (suspirando y masajeando su sien): —No es el momento, Aqua…
Walter Jr. (sonriendo de manera tranquila): —Sensei, no es necesario que se justifique. Mi padre es un hombre admirable, pero sé que no ha tenido la mejor relación con sus hijos.
Eren (cruzándose de brazos): —No sé si sentirme orgulloso o insultado con ese comentario…
Darkness ignora la conversación trivial y vuelve al tema importante.
Darkness (seria): —Debemos prepararnos. No podemos subestimar a Kisaragi. Si lo que dice Aqua es cierto, nos enfrentamos a un ejército con tecnología avanzada, soldados capaces de crecer a tamaños colosales y una forma de guerra completamente distinta a la nuestra.
Eren (con determinación): —Entonces debemos adelantarnos a sus movimientos. Si Rokugo y su gente están planeando algo, tenemos que descubrirlo antes de que sea demasiado tarde.
Aqua (confiada): —Déjamelo a mí. Si encuentro a ese pervertido otra vez, me aseguraré de que aprenda la lección.
Rokugo, con base en la información de Grimm, considera que Eren debe estar más o menos al nivel de amenaza que era Russel con su robot gigante.
Rokugo (cruzándose de brazos, analizando la situación): —Si Eren es tan fuerte como Russel con su robot, entonces podríamos vencerlo usando una fortaleza Destructor… pero hay un problema.
Alice (mirándolo con calma): —¿No tienes suficientes puntos malos para canjearlo?
Rokugo (asintiendo con molestia): —Exacto. Si quiero la Fortaleza Destructor, necesito transportar las piezas poco a poco para que las ensambles, y con los puntos que tengo ahora, apenas me alcanza para un par de componentes.
Grimm (sonrojándose un poco, moviendo sus pies con nerviosismo): —Comandante, si necesitas más puntos… puedes maltratarme otra vez…
Rokugo (suspirando y cruzándose de brazos): —Grimm, no es el momento para coquetear.
Grimm (inflando las mejillas): —¡No es coqueteo, es por la misión!
Alice (ignorando la escena, ajustando sus lentes): —Si necesitamos más puntos malos, la solución es simple. Podemos atacar la ciudad y sembrar el caos. Ya tenemos suficientes armas como para hacer daño sin necesidad de gastar puntos.
Los agentes de Kisaragi comenzaron a prepararse para la incursión. Las motocicletas rugían, los vehículos de asalto estaban listos, y la artillería pesada se aseguraba en los transportes.
Grimm (señalando la moto de Rokugo con una sonrisa): —¡Quiero ir de copiloto contigo, comandante!
Rokugo (subiendo a la moto): —Entonces agárrate bien, porque no voy a detenerme por nada.
Los motores rugieron mientras el escuadrón avanzaba hacia Axel. En cuanto llegaron a las murallas de la ciudad, los agentes de Kisaragi abrieron fuego. Explosiones resonaron en el aire, y el impacto de los proyectiles debilitó la estructura de las murallas.
Rokugo (mirando el daño): —¡Sigan disparando! ¡Quiero un gran agujero en esas defensas antes de que empiecen a reaccionar!
Grimm, aferrada con fuerza a Rokugo, sintió que su corazón se aceleraba cuando la moto aceleró directamente hacia una enorme roca que serviría como rampa improvisada.
Grimm (gritando): —¡Comandante, por favor dime que tienes un plan!
Rokugo (riendo): —¡Claro que sí! ¡No morir!
Con un salto perfecto, la moto atravesó el aire y aterrizó sobre la muralla de Axel. Grimm, aunque mareada, se aferró con fuerza a Rokugo mientras este rápidamente desactivaba su moto y sacaba su arma para encargarse de la artillería de la muralla.
Rokugo (disparando a los cañones de la muralla): —¡Bien! ¡Con esto eliminamos su artillería antes de que nos hagan pedazos!
Mientras tanto, los agentes de Kisaragi rodeaban estratégicamente la ciudad y colocaban minas en las rutas de acceso para evitar que las fuerzas de Axel pudieran moverse con libertad. La guerra había comenzado.
los aventureros y defensores de Axel se movilizan. Magos, paladines, ladrones y aventureros emplean sus habilidades para intentar frenar a los soldados de Kisaragi.
Desde lo alto de la muralla, Rokugo observaba cómo los aventureros de Axel intentaban repeler a las fuerzas de Kisaragi con todo lo que tenían. Magos invocaban bolas de fuego y ráfagas de viento, arqueros disparaban desde las torres, y guerreros con espadas encantadas cargaban contra los vehículos de Kisaragi con una valentía suicida.
Rokugo (cruzado de brazos, con un gesto burlón): —¿En serio? ¿Estos son sus defensores? Pensé que serían más impresionantes.
Grimm (mirando nerviosa a los magos que conjuraban proyectiles elementales): —No subestimes la magia, comandante…
Alice (analizando con calma): —Su magia sigue siendo intermedia. Tienen técnicas, pero sus niveles de poder son bajos comparados con lo que enfrentamos en el planeta 407.
A lo lejos, el sonido de pasos pesados resonó en el suelo. Un titán con forma de felino gigante se movía junto a los aventureros, pero a diferencia de los torpes titanes del planeta 407, este tenía una agilidad impresionante. Saltaba entre edificios y usaba su fuerza para arrancar trozos de estructuras y arrojarlos contra los vehículos de Kisaragi.
Rokugo (sorprendido, señalando): —¡¿Qué demonios es eso?! ¡Alice, dime que no es otro Rey Tigre!
Alice (ajustando sus gafas, escaneando): —Negativo. Ese no es un monstruo artificial… Es un aventurero usando lo que parece una transformación titánica.
En ese momento, una explosión en la muralla hizo que Rokugo y Grimm perdieran el equilibrio. Antes de que pudieran reaccionar, una figura envuelta en un brillo carmesí descendió a gran velocidad. Con una fuerza brutal, la figura golpeó la piedra de la muralla, partiéndola en pedazos y enviando una onda de choque que sacudió toda la zona.
Rokugo apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando sintió un enorme brazo rodearlo y lanzarlo al suelo con violencia. Con un impacto brutal, rodó varias veces antes de detenerse, su armadura absorbiendo la mayor parte del daño.
Al levantar la vista, vio al hombre que lo había derribado. Su cuerpo titánico tenía el tamaño de un edificio, su musculatura era grotescamente definida y sus mandíbulas mostraban un conjunto de afilados colmillos.
Era Eren, en su forma de Titán Mandíbula.
Eren (con su voz resonando a través de su titán): —¡Bastardos de Kisaragi! ¡Ustedes no se llevarán este mundo!
Rokugo (escupiendo polvo, poniéndose de pie): —Tsk… Ya empezamos con los discursos heroicos…
Grimm (sujetándose del borde de la muralla, jadeando): —¡Comandante! ¡Ese tipo es un monstruo!
Alice (transmitiendo información a Rokugo a través del comunicador en su oído): —Rokugo, su forma titánica parece mantener la regeneración constante y tiene la capacidad de moverse a velocidades absurdas para su tamaño. A juzgar por los reportes de Fritz, este debe ser el Titán Mandíbula.
Rokugo (suspirando, sacando su arma): —Perfecto, entonces ni siquiera tengo que fingir que puedo ganarle… Sólo tengo que hacerle creer que puedo darle pelea.
Eren rugió y cargó nuevamente. Rokugo rodó a un lado, evitando ser aplastado por la garra del titán, y disparó repetidas veces a los ojos de la bestia. Aunque las balas perforaron, Eren simplemente regeneró el daño en cuestión de segundos.
Rokugo (frustrado): —¡Tienes que estar bromeando!
Eren, sin perder el tiempo, lanzó un zarpazo directo a Rokugo. Este, sabiendo que no podía recibir un golpe directo, uso su agilidad para impulsarse hacia atrás y aterrizar sobre los escombros de la muralla destruida.
Rokugo (apuntando con su arma, jadeando): —Bien… ¡Vamos a ver cuánto puedes regenerarte antes de que te quedes sin energía, viejo!
La batalla apenas comenzaba, y Rokugo ya sabía que estaba en una pelea que no podía ganar fácilmente.
Rokugo reacciona rápidamente y activa el modo SIN LÍMITES de su traje. Sorprendiendo incluso a Eren, Rokugo usa su fuerza aumentada para levantar al Titán Mandíbula y estamparlo contra la muralla.
Eren (desde el interior de su Titán, con los ojos abiertos de sorpresa): —¡¿Qué demonios…?!
El suelo tiembla con el impacto cuando la estructura de piedra colapsa parcialmente. Eren, aturdido dentro de su titán, intenta regenerarse, pero Rokugo no le da tiempo.
Desde la distancia, Alice, con precisión milimétrica, canjea un lanzagranadas con los puntos malos de Rokugo y dispara directo a la boca del Titán Mandíbula. La explosión destroza la mandíbula del titán, esparciendo fragmentos de hueso y carne regenerativa por la zona.
Alice (analizando la situación): —Eren no es invulnerable. Sus regeneraciones consumen energía. Si seguimos dañándolo, eventualmente se agotará.
Rokugo (con una sonrisa sádica, mientras activa su motosierra con su última carga de energía): —Entonces hagamos que ese momento llegue más rápido.
Sin perder tiempo, Rokugo salta sobre el brazo del titán y usa la motosierra para destrozar la mano del Titán Mandíbula, cortándola desde la muñeca. La bestia ruge de dolor, perdiendo el equilibrio y tambaleándose hacia atrás.
Eren (gruñendo con esfuerzo, sintiendo el daño real): —Maldición… estos tipos no son como los aventureros de Axel.
Con su movilidad reducida y su regeneración exigiéndole más energía, Eren no tiene otra opción. Se dispara de la nuca de su titán, cayendo pesadamente en el suelo mientras su forma titánica colapsa y se desintegra en vapor.
Rokugo, jadeando por el esfuerzo, siente cómo su tiempo en el modo SIN LÍMITES se agota. Su traje se recalienta y su visión se nubla. Sabe que ya no puede seguir luchando solo.
Rokugo (apretando los dientes): —Necesito… refuerzos.
Antes de que caiga de rodillas, Grimm aparece frente a él, extendiendo los brazos en una postura protectora. Su expresión es seria, determinada.
Grimm (con voz firme): —Comandante… retrocede. Es mi turno.
A lo lejos, el Hombre Tigre llega corriendo, su cuerpo aún con rastros de heridas de su última misión, pero listo para pelear. Se posiciona al lado de Grimm, dejando claro que defenderán a Rokugo a toda costa.
Hombre Tigre (con un rugido feroz): —¡Si ese bastardo quiere seguir peleando, tendrá que pasar sobre mí primero!
Eren, aunque visiblemente agotado, no está dispuesto a rendirse. Mordiéndose la mano con fuerza una vez más, genera otro Titán Mandíbula, pero esta vez su transformación es más inestable, más apresurada. Su respiración es pesada, pero su determinación sigue intacta.
Eren (con los ojos encendidos de furia): —No dejaré que una invasión destruya este mundo… ¡Voy a acabar con todos ustedes!
Justo en ese momento, un grupo de agentes de Kisaragi llega, equipados con las armas que en el planeta 407 fueron diseñadas específicamente para cazar titanes. Lanzas propulsadas, cañones de gas explosivo, y ganchos de maniobra avanzados.
Agente de Kisaragi #1 (riendo mientras carga su arma): —¡Ja! ¡Esto va a ser como un fin de semana más en el planeta 407!
Agente de Kisaragi #2 (cargando un cañón): —¡Es hora de cazar a este maldito titán como si fuera un deporte!
Con las fuerzas de Kisaragi ahora listas para la caza y Eren preparándose para su última resistencia, la batalla por Axel está lejos de terminar…
la lluvia de proyectiles, explosivos especializados y las granadas de los agentes de Kisaragi, incluyendo los disparos precisos de Alice, derivan a Eren. Mientras su titán Mandíbula se desmorona lentamente, él solo piensa en cómo, en un momento así, le gustaría que estuviera Mikasa con él. Pero Mikasa ya no está… murió hace mucho en este mundo.
Antes de cerrar los ojos, Eren ve que refuerzos llegan a su posición. Wiz, Aqua, Darkness y Walter Jr aparecen para ayudarlo. Wiz reacciona de inmediato, golpeando el suelo con su bastón y conjurando una enorme pared de hielo, separando a los agentes de Kisaragi del resto de los aventureros.
Wiz (con voz firme, pero con una expresión apenada): —No me gusta lastimar humanos… pero esto es una invasión.
Sin dudarlo, Wiz comienza a lanzar hechizos de magia avanzada de hielo, conjurando lanzas heladas que atraviesan a varios agentes y obstaculizan sus movimientos. Los agentes, sorprendidos, intentan evadir los ataques con su tecnología, pero Wiz es demasiado rápida.
Mientras tanto, Darkness avanza al frente, interponiéndose entre los disparos y su gente. Los agentes subestiman a la paladín y cambian a armas tradicionales, pensando que una espada o una bala serán suficientes. Sin embargo…
Alice (desde la distancia, ajustando la mira de su rifle): —Vamos a probar algo.
Alice dispara una granada explosiva directamente al pecho de Darkness. La explosión levanta una nube de polvo… pero cuando se disipa, Darkness sigue allí, completamente ilesa.
Rokugo (murmurando con incredulidad): —… ¡¿Qué rayos…?!
Darkness sonríe con satisfacción, su armadura apenas tiene rasguños. Para Rokugo, eso es más resistencia que la de un agente de combate mejorado.
Darkness (con una sonrisa desafiante): —¿Eso es todo lo que tienen?
Mientras tanto, Walter Jr desenfunda su espada y desafía al Hombre Tigre. Su técnica es precisa, ágil y eficiente. Aunque es un humano, sus ataques son lo suficientemente veloces como para poner a la defensiva al mutante.
Hombre Tigre (bloqueando un golpe, con una sonrisa feroz): —¡Tienes agallas, niño!
Mientras la batalla se intensifica, Aqua se arrodilla junto a Eren, colocando sus manos sobre su pecho y conjurando un resplandor azul. Con su magia de sanación avanzada, logra estabilizar a Eren.
Aqua (murmurando con una sonrisa): —Si fueras veinteañero, habrías durado un poco más en la pelea, viejo terco.
Mientras Aqua sana a Eren, Grimm aprovecha la oportunidad para lanzar una maldición de parálisis sobre Darkness. La paladín se tensa y su cuerpo se congela en su posición. Sin embargo, Aqua nota la anomalía de inmediato y, sin dudarlo, elimina la maldición con un toque.
Aqua (mirando a Grimm con frialdad): —No dejaré que una farsante como tú interfiera.
Los agentes de Kisaragi comienzan a retirarse al ver lo poderosa que es Wiz. Para ellos, la hechicera representa una amenaza imprevista. Alice evalúa la situación y toma la decisión estratégica.
Alice (activando su comunicador): —¡Todos, retirada! No tiene sentido gastar más recursos en este asalto.
Rokugo toma su moto y le indica a Grimm que suba. Mientras se alejan, Rokugo canjea sus puntos malos por un par de criaturas artificiales del planeta 407: Sopopochhi y Mokemokes, los titanes artificiales. Espera que estos sirvan como distracción para ganar tiempo en la retirada.
Desde la distancia, Aqua observa con sospecha las extrañas criaturas y levanta su bastón. Su energía divina brilla intensamente.
Aqua (con una sonrisa confiada): —¡Exorcismo sagrado!
Un destello de luz inunda el campo de batalla y, de repente, Grimm deja escapar un grito ahogado. Su cuerpo se debilita instantáneamente y cae de la moto, muriendo en el acto.
Hombre Tigre (frenando en seco, alarmado): —¡Grimm!
Sin perder tiempo, el Hombre Tigre la recoge sobre su hombro y corre a la retaguardia.
Aqua (cruzándose de brazos, satisfecha): —Hmph, pensé que aguantaría más.
Los agentes de Kisaragi huyen por ahora, llevando el cuerpo de Grimm con ellos, mientras Aqua y los demás los observan desaparecer en la distancia. La guerra aún no ha terminado…
después de la feroz batalla contra los sopopochhi y Mokemokes, Eren observa con una sensación de inquietud cómo los agentes de Kisaragi lograron que el suero titán funcionara en animales. Le parece tétrico. Recuerda las palabras de Armin en su reencuentro, cuando le advirtió que los supervivientes harían experimentos impensables con los restos de la tecnología titán.
Eren (con el ceño fruncido, murmurando para sí mismo): —Así que al final… no aprendimos nada.
Mientras tanto, en la mazmorra donde Kisaragi estableció su base, Rokugo está de brazos cruzados, observando el cuerpo sin vida de Grimm con una expresión de frustración. No sabía qué hacer con ella. Entonces, recuerda el comentario de Grimm sobre la posibilidad de que pudiera revivir en un templo de Regina, la hermana de Zenarith.
Rokugo (chascando los dedos): —¡Claro! Dijo algo sobre Regina… si Zenarith la trae de vuelta, su hermana podría hacerlo también, ¿no?
Alice revisa su base de datos y confirma que en Axel no existen templos de Regina. Pero si la lógica del planeta 407 se aplicaba aquí, los templos de las deidades caídas aún deberían existir, aunque estuvieran en ruinas.
Alice (ajustando sus lentes, impasible): —No hay templos activos de Regina en Axel. Sin embargo, hay posibilidad de que uno en ruinas siga en pie en los alrededores.
Sin perder tiempo, Rokugo ordena a dos agentes de Kisaragi que se dispersen y busquen algún templo abandonado en la región. Mientras tanto, manda su reporte a la sede central de Kisaragi, solicitando refuerzos y pidiendo específicamente que le envíen al Agente 10 o a alguien con el mismo nivel de especialización en infiltración.
Pasaron dos días hasta que los agentes encontraron un templo en medio del bosque, cubierto de enredaderas y moho. No quedaba nada de su gloria pasada, pero el altar principal todavía se mantenía intacto. Rokugo y Alice llevan el cuerpo de Grimm hasta allí, enfrentándose en el camino a las criaturas del bosque. Rokugo nota que, en comparación con las Chicas Planta guardianas del bosque de Grace en el planeta 407, estos monstruos eran más fáciles de manejar.
Rokugo (suspirando, limpiándose el sudor de la frente): —Esto es casi un paseo por el parque comparado con aquella vez en Grace.
Finalmente, Rokugo deposita el cuerpo de Grimm en el altar y entonces se detiene…
Rokugo: —Un momento…
Se da cuenta de que olvidó traer una ofrenda para la resurrección.
Rokugo (golpeándose la frente): —¡Maldición! ¡Debí traer algo!
Alice suspira con resignación. Como si ya hubiera previsto la incompetencia de Rokugo, abre su mochila y saca algunos objetos.
Alice: —Sabía que olvidarías esto, así que traje algunos objetos personales tuyos. Escoge el que más valor tenga para ti.
Rokugo revisa las opciones: su vieja placa de identificación de Kisaragi, un cuchillo militar que le regaló el Hombre Tigre, y un pequeño colgante con un fragmento de su antiguo traje de combate, uno de los primeros que usó en sus misiones.
Mira el cuerpo de Grimm, luego observa los objetos en sus manos. Suspira.
Rokugo (con una leve sonrisa de resignación): —Tsk… ni siquiera sé por qué hago esto por ti.
Finalmente, deja el colgante en el altar, sintiendo que es el objeto más significativo. Luego, da un paso atrás.
Alice (observando con interés): —Veamos si esta supuesta deidad tiene suficiente poder para hacer algo.
Unos segundos pasan en completo silencio. El aire en el templo parece volverse más denso. La tenue luz del sol que se filtraba a través de las ruinas se desvanece lentamente…
Y entonces, una luz púrpura brilla sobre el altar.
Grimm abre los ojos de golpe, inhalando con fuerza, como si despertara de una pesadilla.
Grimm (jadeando, con los ojos abiertos de par en par): —¡Haaaaahhh!
Se incorpora rápidamente, mirando a su alrededor con confusión. Al ver a Rokugo, su primera reacción es lanzarse sobre él, abrazándolo con fuerza.
Grimm (temblando, con la voz entrecortada): —¡Comandante! ¡Sabía que vendrías por mí!
Rokugo, incómodo con el abrazo repentino, intenta apartarla, pero Grimm se aferra a él.
Rokugo: —¡Oye, suéltame!
Grimm (con lágrimas en los ojos, pero con una sonrisa): —¡Zenarith no me abandonó!
Alice (arqueando una ceja): —Hmph… interesante.
Mientras Grimm sigue aferrada a Rokugo, este suspira con cansancio.
Rokugo (murmurando): —Espero que esto haya valido la pena…
Grimm no lo suelta. Alice observa la escena con expresión neutral, pero internamente, toma nota de lo sucedido. Después de todo, la resurrección era un fenómeno que, hasta el momento, solo había sido una superstición para Kisaragi… pero ahora tenían pruebas reales de que algo más estaba en juego en este mundo.
La invasión a Axel aún no había terminado, pero por ahora, Rokugo había logrado recuperar a Grimm… con todo lo que eso implicaba.
tras la resurrección de Grimm, Alice cruza los brazos y mira a Rokugo con una expresión de incredulidad.
Alice (arqueando una ceja): —Rokugo… ¿puedo hacerte una pregunta lógica?
Rokugo (suspirando, aún lidiando con Grimm aferrada a él): —Si es sobre qué tan increíble soy, ya lo sé.
Alice (ignorando el comentario): —¿Por qué simplemente no usaste la máquina teletransportadora para enviar a Grimm y a un agente de confianza al planeta 407 y que la revivieran en un templo de Zenarith?
El silencio inunda el templo. Rokugo se queda congelado, sus ojos se agrandan y su mente procesa lentamente la sugerencia de Alice. Entonces…
Rokugo (gritando, llevándose las manos a la cabeza): —¡¡¡¡MALDICIÓN, ESO HUBIERA SIDO LO MÁS LÓGICO!!!!
El eco de su grito resuena en las paredes de la ruina. Alice lo mira con su expresión habitual de "sabía que era un idiota". Grimm, por otro lado, sonríe con dulzura.
Grimm (con ojos brillantes): —Comandante… ¿eso significa que realmente querías quedarte conmigo todo este tiempo?
Rokugo siente un escalofrío.
Rokugo (volviendo a su tono sarcástico): —No, significa que perdimos días valiosos porque soy un imbécil y nadie me detuvo.
Grimm lo ignora por completo, abrazándolo con más fuerza.
Grimm (románticamente emocionada): —¡Lo sabía! ¡Fue por amor! ¡Podías haberme desechado fácilmente, pero no lo hiciste!
Alice (suspirando, frotándose la frente): —O porque no pensó en la solución lógica.
Rokugo (suspirando pesadamente): —Solo cállense.
Mientras tanto, en Axel, el ambiente era tenso después de la batalla. Había heridos en el gremio de aventureros, los refuerzos de la capital llegaban y la ciudad todavía estaba en estado de alerta. Entre los refuerzos destacaban dos figuras: Historia Reiss y Ymir
Historia, vestida con un atuendo real y una capa blanca, bajó del carruaje con prisa, mirando la ciudad y los daños de la batalla.
Historia (preocupada): —¿Cómo está la situación? ¿Eren está bien?
A su lado, Ymir con los brazos detrás de la cabeza, observaba con una sonrisa burlona.
Ymir (riendo): —Eren, viejo amigo, ¿te han dado una paliza? Dime que no te estás volviendo un vejestorio.
Eren, con el cuerpo aún vendado después de su enfrentamiento con los agentes de Kisaragi, miró a ambas con una expresión cansada.
Eren (suspirando): —Estoy bien… aunque admito que subestimé a estos invasores.
Historia se acerca y coloca una mano en su hombro, con una mirada seria.
Historia: —Lo importante es que sigues con vida.
Aqua, que estaba junto a ellos, bebía de una copa de vino con una expresión despreocupada.
Aqua (suspirando): —Bueno, yo ya hice lo mío. Mi tiempo en este mundo se acabó. Es hora de volver al más allá.
Historia (confundida): —¿Te vas justo cuando la guerra está empezando?
Aqua (encogiéndose de hombros): —Técnicamente, esto ya no es mi problema. Pero, considerando que me agradas, puedo darles un pequeño favor antes de irme.
Eren, Historia y Ymir la miran con expectativa.
Aqua (sonriendo con malicia): —No puedo interferir directamente en este mundo de fantasía porque está bajo la jurisdicción de Eris. Peeero… sí puedo hacer algo en el mundo del que vienen esos invasores.
Eren entrecierra los ojos, sospechando de sus palabras.
Eren: —¿Qué planeas?
Aqua (riendo con picardía): —Bueno… podría, digamos, devolverles la sequía o algo así. No sé, usen su imaginación.
Historia (frunciendo el ceño): —¿Qué tan grave sería eso?
Aqua (con una sonrisa inocente): —Oh, no mucho… Solo haría su vida un poco más miserable.
Ymir (riendo divertida): —Me agrada cómo piensas.
Eren (suspirando, dándose un masaje en la sien): —Haremos lo que podamos aquí. Pero si Kisaragi es tan peligroso como dices… más nos vale prepararnos.
Mientras Aqua se prepara para partir, las piezas del conflicto continúan moviéndose. Rokugo, sin saberlo, acaba de ganar un enemigo divino en su mundo de origen… y el verdadero enfrentamiento apenas estaba comenzando.
en la mazmorra asignada como el cuarto de Rokugo, él y Grimm se encontraban desnudos en la cama, tras lo que claramente había sido una noche de desahogo y compensación por todo el estrés que Grimm le había causado a Rokugo.
Rokugo, sin embargo, no podía dormir. Mientras Grimm descansaba tranquilamente a su lado, acurrucada con una expresión de satisfacción, él miraba el techo con una expresión de irritación. Sus pensamientos estaban en la guerra contra Axel. Aunque había logrado causar estragos en la ciudad y Eren no era tan invencible como temía, las fuerzas de Belzerg eran persistentes. Y ahora, además, tenían a Historia y Ymir de su lado.
Entonces, de repente, la puerta se abrió sin previo aviso.
El Hombre Tigre entró con una expresión seria.
Hombre Tigre (con voz baja pero firme): —Rokugo, tenemos problemas. El ejército de Axel… bueno, más bien, el ejército del Reino de Belzerg ha encontrado nuestra ubicación y están armados afuera de la mazmorra.
Rokugo soltó un gruñido de frustración y se cubrió la cara con la mano.
Rokugo (exasperado): —¿Pero qué demonios…? ¡¿Ni siquiera me dejan tener un maldito segundo de paz?!
Sin perder tiempo, apartó las sábanas y saltó de la cama para ponerse su armadura.
Grimm, que apenas se estaba despertando por el ruido, se estiró con pereza, pero cuando vio al Hombre Tigre parado en la habitación, se puso roja como un tomate y se cubrió con las sábanas.
Grimm (gritando, completamente avergonzada): —¡¿QUÉ DEMONIOS HACES AQUÍ?! ¡PRIVACIDAD, MALDITA SEA!
El Hombre Tigre parpadeó, sin entender cuál era el problema.
Hombre Tigre (encogiéndose de hombros): —No es mi culpa, no pusieron seguro en la puerta.
Grimm se giró hacia Rokugo con una expresión de indignación.
Grimm (furiosa): —¡¿Por qué no pusiste seguro en la puerta?!
Rokugo (suspirando mientras se ajustaba la armadura): —Porque no hay tiempo para eso. Además, esto es una maldita mazmorra tuneada, ¡no tiene cerraduras!
Grimm se cruzó de brazos y murmuró algo sobre que "en su próxima base deberían pensar en privacidad". Pero al notar la urgencia del asunto, dejó de quejarse y se puso la ropa lo más rápido que pudo.
Minutos después, en la sala central de la mazmorra, Rokugo y los agentes de Kisaragi analizaban la situación.
El ingeniero de Kisaragi les explicó que, aunque la mazmorra había sido rediseñada para convertirse en una fortaleza casi impenetrable, todavía no estaba completamente terminada y, lo peor de todo, no habían hecho pruebas de resistencia.
Ingeniero de Kisaragi: —Se supone que esta fortaleza resistiría ataques mágicos y físicos de alto nivel, pero… bueno, todavía no hemos terminado
ni probado el sistema de autodefensa.
Rokugo se frotó las sienes con frustración.
Rokugo: —Entonces básicamente estamos en un castillo de arena con una capa de pintura bonita… Genial.
El Hombre Tigre se cruzó de brazos.
Hombre Tigre: —No todo es tan malo. Con la cantidad de trampas que pusimos, podemos hacer que Axel pierda a muchos soldados antes de que lleguen a nosotros.
Alice (ajustando su visera): —Eso suena bien, pero no podemos depender solo de las trampas. Tenemos que considerar la posibilidad de que tengan aventureros con habilidades de detección o resistencia a trampas.
Rokugo suspiró, sabiendo que tenía razón. Se giró hacia Grimm, que ya se había recuperado de la vergüenza anterior.
Rokugo: —Grimm, ¿puedes maldecirlos desde aquí? Algo como hacer que tropiecen o que sus espadas se les resbalen de las manos.
Grimm (cruzándose de brazos, aún con resentimiento): —Lo haría… pero tienen que ser concientes de la maldicion para que tenga efecto.
Alice suspiró con cansancio.
Alice: —Ya basta con su telenovela. Si no hacemos algo ahora, el enemigo nos rodeará y estaremos jodidos.
Rokugo resopló y miró hacia la entrada de la mazmorra en los monitores que habían instalado. Efectivamente, las tropas de Belzerg estaban organizando un asedio.
Rokugo (crujiendo los nudillos): —Está bien, entonces pelearemos.
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