—Escuchen bien: hoy vamos a relajarnos hasta que caiga la noche. Necesito a todos en su mejor forma, y eso incluye a Grimm. Si no despierta, nuestro equipo no sirve.
Rokugo se cruzó de brazos, serio. —Porque Grimm trabaja mejor de noche. Y si Grimm no despierta, entonces mi escuadrón no sirve de nada. —respondió, como si fuera la explicación más lógica.
—Oye Rose ¿No ves algo raro aquí? —dijo Rokugo, señalando la estructura imponente frente a ellos.
Roser frunció el ceño, confundida.
—¿Qué quiere decir?, Capitan, Es una torre demoníaca. Nuestro objetivo es tomarla y destruir a los enemigos dentro. ¿Cuál es tu punto?
Rokugo cruzó los brazos y sonrió con suficiencia.
—Mi punto es que esta torre parece más una trampa que una simple fortaleza. Está justo fuera de las murallas humanas. Tanta actividad humana alrededor no solo alertará a los demonios, sino que también atraerá a los titanes. Y si esos bichos gigantes llegan, tendremos que luchar en dos frentes. Eso garantizará nuestra derrota.
Rose lo miró con incredulidad.
—¿Está tratando de asustarme? Los titanes no aparecerán tan cerca de las murallas sin razón. Además, tenemos un plan claro para atacar la torre.
Alice intervino, siempre analítica.
—Agente 6 tiene un punto válido. Si los titanes detectan actividad humana masiva, intentarán acercarse. Dado que la torre está hecha de materiales resistentes pero no invulnerables, cualquier daño significativo podría derrumbarla. Si eso sucede, todos los humanos dentro morirán, y los demonios probablemente perderían su base. Sería una derrota para ambos grupos.
Snow apretó los puños, claramente frustrada.
—¡Eso es especulación! No podemos simplemente asumir que los titanes vendrán.
Rose, hablo
—Los titanes solo operan durante el día. Por eso es preferible realizar operaciones fuera de los muros ya sea muy temprano en la mañana o en la noche. Sin embargo, el ciclo de sueño humano dificulta mantener guardias efectivas durante la noche.
Rokugo sonrió, satisfecho con la información.
—Interesante. Así que... ¿qué tal una apuesta? Si para el anochecer la torre No cae debido a los titanes, tú me debes subsidiar mis gastos, Caso contrario, yo te subsidiare.
Alice inclinó la cabeza, aceptando el desafío.
—Hecho. Pero recuerda, Agente 6, las probabilidades están en mi contra.
Rokugo se giró hacia Rose y Alice.
—Perfecto. Ahora, voy a tomar una siesta rápida para estar listo para la noche. Ustedes dos cubranme hasta entonces. No quiero que nadie me moleste mientras duermo.
Rose asintió con entusiasmo.
—Claro, Capitán.
Alice, por su parte, simplemente ajustó sus sensores.
—Entendido. Te despertaré si ocurre algo crítico.
Escena: Al Anochecer
Rokugo despertó justo cuando el sol comenzaba a ponerse. Se estiró perezosamente y miró a su alrededor. Lo que vio confirmó sus sospechas.
Los titanes, atraídos por la actividad humana, habían comenzado a acercarse a la torre durante el día. Pero al caer la noche, muchos de ellos parecían cansados y quedaban inactivos, como si su energía dependiera del ciclo diurno. Sin embargo, las tropas de Grace no habían tenido tanta suerte. Después de horas de combate intenso dentro de la torre, estaban diezmadas, con soldados muertos o heridos por todas partes.
Rokugo se acercó a Alice, quien estaba registrando los eventos.
—Bueno, parece que gané la apuesta. La torre sigue en pie, pero las tropas humanas están al borde del colapso. Esto demuestra que pelear de día en terreno abierto no es la mejor idea.
Alice asintió.
—Tienes razón. Aunque los titanes no destruyeron la torre, su presencia complicó aún más la situación. Las fuerzas de Grace no están preparadas para enfrentar múltiples amenazas simultáneamente.
Rokugo la observó por un momento, luego se giró hacia Grimm, que seguía dormida en su silla, aparentemente ajena a todo. Suspiró y murmuró algo entre dientes.
—Grimm gime de una forma graciosa mientras duerme... —dijo, distraído, como si lo estuviera diciendo para sí mismo.
La noche había caído, pero el plan aún estaba en marcha. La torre Duster se alzaba imponente frente a ellos, y Rokugo observaba con calma desde una distancia, analizando la situación. Sin embargo, antes de actuar, tenía que asegurarse de que su escuadrón estuviera listo.
Grimm termino de despertarse, frotándose los ojos, sin entender mucho de lo que había ocurrido mientras dormía. Con Grimm finalmente despierta, Rokugo puso en marcha su plan. Usando sus puntos malos, canjeó una pistola de presión que le permitió colocar una serie de peldaños improvisados en el exterior de la torre. Mientras observaban desde su posición, podían ver cómo los soldados del reino luchaban por avanzar dentro de la torre.
—Hoy debemos tomar la torre desde afuera. —dijo Rokugo, mientras observaba cómo los soldados de Grace seguían estancados en el quinto piso, luchando sin avances claros.
—¿Por qué no vamos a luchar piso por piso? —preguntó Snow, su tono de voz lleno de incertidumbre, como si estuviera dudando de la validez del "atajo" que Rokugo sugería.
Rokugo no la miró, centrado en la observación de la torre.
—Porque es más eficiente así. Los demonios de los pisos superiores están relajados. No sospechan que les vamos a atacar por fuera. No perdamos tiempo peleando como tontos. —respondió con frialdad.
—Mira eso, —comentó Rokugo señalando hacia una ventana en el quinto piso—. Ni siquiera han logrado subir hasta ahí. Pero los demonios de los pisos superiores están tan relajados que ni siquiera sospechan de nosotros.
Rose, por su parte, no tenía ninguna objeción.
—¡Esto es divertido! —dijo mientras escalaba ágilmente, dejando atrás a los demás.
Rokugo sonrió, satisfecho.
—Sabía que Rose no tendría problemas. Y mira a Grimm, parece más vigorosa en la noche. Como lo predije.
Para subir la torre, fue necesario que Rokugo y Snow se quitaran sus pesadas armaduras.
Grimm, que escalaba lentamente detrás de todos, levantó la voz.
—¿Por qué Voy hasta el final? El viento esta levantando mi falda, pensaría que un pervertido como tu habría aprovechado para ver debajo de ella.
Alice, que subía con calma, respondió con su habitual tono neutral.
—De verdad eres mas vigorosa en las noches, Señorita Mutante-tanga tanga"
Grimm se detuvo en seco, ofendida.
—¡¿Qué dijiste? NO ME LLAMES ASI
Mientras tanto, Snow, que había pasado todo el día luchando sin éxito por intentar llegar a la torre, finalmente comenzó a sentir los efectos de su cansancio. Sus brazos estaban agotados, y la frustración de no haber conseguido avances en la torre la dejó totalmente extenuada.
Rokugo, que la observaba en silencio, notó cómo Snow estaba perdiendo fuerzas. Cuando vio que ella comenzaba a tambalearse, rápidamente la sujetó antes de que cayera.
—¡Cuidado, Snow! —dijo Rokugo mientras la aseguraba con firmeza—. Una caída desde aquí te mataría. Y, para colmo, habrías arrastrado a los demás contigo.
Grimm, observando esta situación, alzó una ceja, algo confundida, pero también molesta.
—¡Rokugo! ¡Suéltame! —exclamó Snow, con el rostro encendido por la vergüenza.
Rokugo, sin embargo, aprovechó la oportunidad y la sujetó con más firmeza.
—Una caída de esta altura podría matarnos, Snow. Si caemos, todos caemos
Snow, aunque avergonzada, no dijo nada más. Se aferró a Rokugo mientras él ascendía, sintiendo la incomodidad de estar tan cerca de él, pero sin tener otra opción. En su mente, un pensamiento se repetía: todo por la misión.
Snow, tratando de recuperar el aliento, se aferró a Rokugo para no caer. Pero al notar la sonrisa en el rostro de Rokugo, su instinto le dijo que algo no estaba bien.
—¿Por qué estás sonriendo de esa forma? —preguntó, con el ceño fruncido.
Rokugo, aún subiendo, respondió con una sonrisa traviesa.
—Bueno, no puedo evitar notar lo cómodos que son tus… abrazos.
Snow, entendiendo lo que quería decir, sacó su daga con furia.
—¡Te voy a matar, pervertido!
Rokugo, sin perder la calma, giró la cabeza lo suficiente para mirarla.
—Adelante, pero piensa esto: si me apuñalas, yo me caigo. Si yo me caigo, tú también. Y si los dos caemos, arrastramos a todos los demás. ¿Es eso lo que quieres?
Snow apretó los dientes, frustrada, y guardó su daga.
—Eres despreciable, Rokugo.
Rokugo sonrió, satisfecho.
—Lo sé. Ahora agárrate bien, que no pienso caer por ti.
Finalmente, llegaron a la cima de la torre. El desafío estaba por comenzar, pero ya sabían lo que les esperaba. Solo quedaba una cosa por hacer: tomarla.
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