Del otro lado, Alice, se acercó a Heine y le dio una palmada en el hombro, tratando de infundirle algo de ánimo.
—Vamos, Heine. Ya que ahora eres parte de Kisaragi, te encontraremos un trabajo que puedas hacer. Y por cierto… —Alice sonrió con algo de picardía—, puedes relajarte. Rokugo no va a hacerte nada. En Kisaragi, la violación está prohibida para todos los miembros.
Heine exhaló un suspiro de alivio, aunque su rostro todavía reflejaba una mezcla de resignación y humillación.
—Gracias… supongo —murmuró, apenas capaz de aceptar su situación actual.
Alice le asignó a Heine su primer trabajo en la base: limpiar los conductos de ventilación. Heine, visiblemente frustrada, tomó las herramientas y se preparó para empezar.
—Esto es humillante. ¡Yo era una general en el ejército demoníaco! —se quejó.
Alice, con su tono neutral, respondió:
—Y ahora eres una trabajadora de Kisaragi. Adáptate. Si haces un buen trabajo, tal vez te asignemos algo más digno.
Heine apretó los dientes, pero no dijo nada más, resignada a su nueva realidad.
Esa noche, mientras Viper dormía en su nueva habitación y Grimm estaba ocupada rezándole a Zenarith (posiblemente pidiendo maldecir a Heine), Rokugo se quedó mirando el cielo estrellado desde la base. Sin embargo, a Viper, algo no le dejaba dormir .
Un rato después, Viper encontró a Rokugo en uno de los salones del cuartel. Él estaba sentado en una silla, completamente absorto en su Gameboy, una pequeña consola de videojuegos que había traído consigo desde la sede de Kisaragi. A Viper le llamó la atención ese dispositivo, algo desconocido para ella, y se acercó para observar más de cerca.
—¿Es esa .. ateboy? —preguntó, con genuina curiosidad.
Rokugo levantó la vista de su juego y esbozó una sonrisa.
—¿Esto? Es un Gameboy. Una pequeña consola de juegos portátil. Es algo bastante común en mi mundo. —Volvió su atención al juego, disfrutando de su tiempo libre, mientras Viper se sentaba a su lado.
La ex reina demonio se quedó en silencio un momento, observando la pequeña pantalla iluminada. Era algo tan simple y, al mismo tiempo, tan fascinante. Tras unos segundos, decidió hablar sobre algo que había tenido en mente.
—Mi padre nunca me contó cómo era la vida antes de que estos… animales gigantes aparecieran. Él decía que las guerras habían cambiado al mundo de una manera irreversible. Que lo que quedaba ya no era lo que alguna vez fue.
Rokugo escuchaba con atención, sin apartar la vista de su juego, aunque sus oídos captaban cada palabra.
—¿Animales gigantes? —preguntó Rokugo, sin disimular su interés. La mención le recordaba a las antiguas historias que había escuchado sobre este mundo, y lo que había comenzado a descubrir en sus investigaciones.
—Sí. —Viper asintió, y su voz adquirió un tono pensativo—. Bestias enormes que solo pueden morir si son atacadas en un punto específico de la nuca. Mi padre mencionaba que eran experimentos fallidos, creados en una época donde los conflictos entre los reinos eran más feroces. Dicen que intentaron convertir animales normales en seres gigantes, con la esperanza de obtener un arma definitiva para ganar las guerras. Pero… se salió de control.
Rokugo sonrió, intrigado por la historia.
—Interesante. Parece que este mundo tiene más secretos de los que aparenta.
Viper asintió, aunque en su rostro había una mezcla de tristeza y nostalgia.
—Lo que los titanes son … solo los restos de un experimento fallido, un intento desesperado por ganar una guerra que nadie recuerda.
Viper y Rokugo seguían conversando en el cuartel, y Viper estaba a punto de revelar una información vital, algo que había escuchado de su padre, sobre un legendario demonio que una vez otorgó a una joven llamada Fritz el "Poder de los Titanes", permitiéndole transformarse en una criatura gigante para proteger su pueblo. Pero justo en ese momento, un estruendo sacudió la tierra, y una vibración amenazante recorrió el cuartel, interrumpiendo la conversación.
—¿Qué demonios fue eso? —preguntó Rokugo, con el ceño fruncido mientras miraba hacia el exterior.
Alice, quien había estado monitoreando las actividades de Kisaragi en la región, entró corriendo al cuarto con una expresión de alarma.
—¡Rokugo, tenemos problemas! ¡Es el "Rey de Arena"! Esa cosa ha salido a la superficie, y parece que está furioso . Además, con la muerte del Rey del Bosque y el Rey de Barro, ¡ya no tiene competencia para reclamar su dominio!
Rokugo soltó un suspiro, visiblemente exasperado.
El grupo salió del cuartel y pudo ver, a la distancia, una enorme nube de polvo acercándose rápidamente. Cuando la nube se disipó, apareció la imponente figura de un topo gigante, con colmillos largos y garras afiladas que podían atravesar cualquier roca. Era el "Rey de Arena", el titan colosal que habia salido desde la tierra a buscar personas de las que alimentarse.
Los agentes de Kisaragi en primer instinto dispararon indiscriminadamente, pero cualquier herido en el topo se regeneraba
-A Su, nuca -Grito Rokugo- Es un titan, dañen su nuca.
Alice, evaluando la situación, no perdió tiempo.
—¡Esta es una amenaza clase S! —exclamó, sacando su comunicador para desplegar al destructor
—¡No se puede! —exclamó Alice—. ¡El destructor requiere de energía eléctrica o de combustible de avión y las reservas están agotadas, casa combatiente debe pagar de sus puntos malos por los combustibles de los que vehículos que use!
Rokugo, en un intento desesperado de frenar el avance del Rey de Arena, se lanzó hacia el monstruo con un explosivo de alto poder de Kisaragi, una última jugada arriesgada. Sin embargo, el ataque resultó insuficiente, al pasar por el Rey de Arena este emano vapor hirviendo a presion, quemando parcialmente su cara y explotando su explosivo, hiriéndolo gravemente
El hombre tigre ya se había enfrentado al rey de Arena en misiones anteriores, el hombre tigre como mutante no es visto como presa por el rey de arena, conocía que el rey de arena es ciego, tapar la nariz del rey de arena o confundirlo con su olor funcionaria. Trataría de repetir su anterior hazaña lanzando un auto militar a la nariz, El auto exploto dejando un olor de explosión en la cara del topo.
Rokugo cayó al suelo, herido de muerte, tosiendo sangre mientras el grupo corría hacia él. Alice, Viper y Heine se acercaron rápidamente, y la desesperación se apoderó de ellas al ver el estado de Rokugo.
—¡Maldición, no puede terminar así! —gritó Alice, intentando aplicar primeros auxilios de emergencia, pero las heridas eran demasiado graves para ser tratadas con sus conocimientos básicos. Ni los nano robots en el organismo de Rokugo podrian curarlo
Viper, sintiendo una lealtad recién descubierta hacia este extraño grupo, se arrodilló junto a Rokugo, sosteniendo sus manos.
la "Bendición de la Señora del Tiempo", un misterioso poder que podría devolver a una persona a su estado anterior,.
—Este es un poder que me fue otorgado como reina —susurró Viper, decidida—. No sé si funcionará en un humano… pero no puedo permitir que alguien como tú muera de esta forma.
Viper, se arrodilló junto a Rokugo, sosteniendo sus manos. Sacó un pequeño amuleto, un colgante que había guardado desde su niñez, el cual, según le habían dicho, contenía la "Bendición de la Señora del Tiempo", un misterioso poder que podría devolver a una persona a su estado anterior, aunque a un gran costo.
Rokugo abrió los ojos lentamente, confundido por la repentina ausencia de dolor. Vio a Viper inclinada sobre él, con la cara bañada en sudor y un brillo dorado alrededor de su cuerpo que lentamente se desvanecía.
—¿Qué… qué hiciste? —preguntó Rokugo con la voz ronca.
—Te devolví unos minutos al pasado, justo antes de que tus heridas fueran mortales —respondió Viper, su tono sereno pero cansado, el uso del amuleto le había costado mucha energía, y apenas podía mantenerse de pie.
Alice, quien había estado observando, entrecerró los ojos con una mezcla de curiosidad y escepticismo.
—Interesante. Parecería magia, pero en Kisaragi ya hemos desarrollado tecnología similar con nanorobots. Esto no es un milagro, es solo ciencia disfrazada de superstición.
El Hombre Tigre, emocionado como un niño, se adelantó con entusiasmo.
—¡Nyaa! Si puedes devolver a alguien unos minutos, ¿podrías convertirme en un niño otra vez? ¡Quiero volver a ser pequeño y adorable!
Viper le lanzó una mirada agotada.
—Mi maná solo permite retroceder unos pocos minutos, no años. Lo que pides está fuera de mis posibilidades.
Alice, cubierta de polvo de los escombros, miró al horizonte donde el Rey de Arena había desaparecido.
—Perfecto. Otro campamento destruido. Deberíamos considerar construir nuestras instalaciones en el cielo —comentó con sarcasmo.
Viper, observando la escena, suspiró.
—Este mundo es un desastre.
- Es la primera vez que veo que el rey de la arena sea capaz de generar vapor hirviendo.
El Informe de Rokugo a Kisaragi
Informe de Rokugo a Kisaragi:
"Las acciones de Lilith en su última visita, que resultaron en la muerte de los Reyes del Bosque y del Barro, han causado un desequilibrio ecológico en este mundo. Con la desaparición de estos depredadores, el Rey de Arena, el titan mas grande, emergió de su hábitat subterráneo para reclamar territorio sin competencia, la criatura atacó el cuartel y estuvo a punto de causar bajas importantes. Mi vida fue salvada gracias a una intervención de una nueva aliada, Viper, quien utilizó una tecnica conocido como la 'Bendición de la Señora del Tiempo'. — Agente 6, Rokugo."
Después de enviar el informe, Rokugo miró a Viper, quien estaba sentada a un lado, visiblemente exhausta. Ella le devolvió una leve sonrisa, una señal de respeto entre dos seres que antes eran enemigos pero que, ahora, compartían una extraña y mutua comprensión.
La tensión en el ambiente comenzó a disiparse mientras el grupo descansaba, conscientes de la magnitud de lo que acababan de enfrentar y de las implicaciones de sus acciones en un mundo que parecía estar en constante desequilibrio. Ahora sabían que cada intervención, cada paso que daban, podía tener consecuencias inesperadas y peligrosas.
Alice suspiró y se volvió hacia el grupo con una expresión algo resignada.
El grupo asintió en silencio, mientras el sol se ocultaba en el horizonte, dejando una sensación de incertidumbre en el aire. Sabían que el equilibrio de ese mundo había sido perturbado, y que enfrentarse a esas fuerzas era apenas el comienzo de lo que les aguardaba en un lugar lleno de secretos y peligros impredecibles.
—Por lo que veo, este lugar es un caos constante. Todo gracias a la falta de sutileza de Lilith —añadió Rokugo en voz alta, atrayendo la atención de Alice.
Alice, quien monitoreaba el radar en su computadora portátil, señaló al grupo:
—El Rey de Arena no ha retrocedido por completo. Se está moviendo bajo tierra, posiblemente preparándose para otro ataque. Debemos enfrentarlo nuevamente antes de que destruya completamente nuestras instalaciones. La amenaza es mayor de lo que pensamos, parece ser que los humanos de Kisaragi lo han atraido pero perfectamente podria sentirse atraido por Grace o cualquiera de las otras ciudades-estado. El papel del rey del bosque parece haberlo enfrentado mas de una vez.
Hasta que vuelva a aparecer el Rey de Arena, el equipo de Kisaragi se reunió en una improvisada sala de reuniones dentro de su base. Viper, siempre eficiente y organizado, estaba presentando varias propuestas para el diseño y funcionamiento de la futura ciudad que planeaban construir en el desierto. Alice supervisaba cada detalle con su habitual precisión robótica, asegurándose de que todas las ideas fueran viables.
Grimm, sentada en su silla de ruedas mientras escuchaba las propuestas de Viper, rápidamente comenzó a mostrar su descontento. Cuando Viper mencionó la idea de ofrecer educación gratuita para niños y otros programas sociales, Grimm no pudo contenerse.
—¡¿Educación gratuita para niños?! —gritó Grimm, cruzándose de brazos—. ¿Y qué han hecho esos mocosos por mí? ¡Ni siquiera me han traído flores ni nada! Además, ¿por qué mi dinero tiene que mantener a otros?
Viper, siempre calmado, respondió sin inmutarse.
—El presupuesto no es un problema, Grimm. Y según nuestras proyecciones, una vez que el Rey de Arena sea derrotado permanentemente, habrá un aumento significativo en la natalidad. Esto significa que necesitaremos una población educada y saludable para sostener el crecimiento de la ciudad.
Grimm bufó, claramente insatisfecha.
—Pues que trabajen ellos mismos para conseguir su educación. Yo no pedí ser parte de esto.
Rokugo, quien había estado distraído jugando en su Game Boy, decidió interrumpir la discusión. Levantó la vista de su juego y miró a Viper con curiosidad.
—Oigan, antes de que sigan discutiendo sobre niños y presupuestos... Viper, ¿sabes cómo resolver este acertijo de mi videojuego? Estoy atascado.
Viper arqueó una ceja, visiblemente sorprendido por la interrupción.
—¿Un acertijo de videojuego? ¿Por qué no le preguntas a Alice? Ella podría hackearlo y desbloquear todo el juego en segundos.
Rokugo negó con la cabeza, sonriendo.
—Exactamente por eso no le pregunto. Alice arruina toda la diversión al desbloquear todo de inmediato. Prefiero resolverlo yo mismo, aunque tarde más tiempo.
Intrigado, Viper se acercó para ver la pantalla de la Game Boy. Observó el acertijo durante unos segundos antes de comenzar a analizarlo en voz alta.
—Hmm... parece que necesitas mover esta pieza aquí, luego girarla 90 grados y... sí, eso debería funcionar.
Grimm, viendo la pantalla, frunció el ceño.
—¿Por qué simplemente no usas la fuerza bruta para resolverlo? En la vida real, ese tipo de problemas se solucionarían destruyendo el obstáculo, no perdiendo el tiempo pensando.
Rokugo rodó los ojos, claramente divertido por el comentario.
—Grimm, los videojuegos no están diseñados para simular la realidad. Se supone que sean divertidos, no lógicos. Si todo fuera como en la vida real, nadie jugaría.
Grimm lo fulminó con la mirada.
—¿Y qué tiene de divertido resolver acertijos absurdos?
Rokugo sonrió burlonamente mientras intentaba aplicar la solución que Viper le había dado. Para su sorpresa, funcionó.
—¡Ja! Funcionó. Gracias, Viper. Eres mejor que Alice cuando no quieres que te arruinen el juego.
Alice, quien había estado revisando los planos de la ciudad, levantó la vista brevemente.
—Si quisieras aprender algo útil en lugar de jugar, podría enseñarte a optimizar tus puntos malos.
Rokugo ignoró el comentario y volvió a concentrarse en su juego, dejando que Viper y Grimm continuaran discutiendo sobre los detalles de la ciudad. Aunque Grimm seguía protestando por los programas sociales, era evidente que nadie tomaría sus quejas demasiado en serio. Después de todo, estaban allí para construir un futuro mejor, incluso si Grimm no lo entendía completamente.
De pronto la tierra volvio a temblar y el rey de arena salio.
El equipo se preparó para cazar al Rey de Arena una vez más. Esta vez, Grimm decidió unirse, diciendo con un tono dramático:
—Rokugo, no puedo permitir que mueras otra vez. Después de todo, solo nos quedan nueve años para casarnos.
Rokugo levantó una ceja, cansado, pero aceptó su participación.
Grimm estaba especialmente emocionada; hacía tiempo que no tenía la oportunidad de probar sus maldiciones en un objetivo tan grande y peligroso. Al Rey de Arena le atraeria la actividad humana,
Rokugo activó el modo SIN LIMITES, Esta vez con su arpon explosivo, pero al intentar dañar la nuca del topo, falló por poco. El tiempo de su habilidad se agotó y quedó inmóvil por el enfriamiento, justo cuando el topo se giró para atacar.
Grimm alzó su mano rápidamente y lanzó una maldición paralizante al topo.
—¡Rokugo! Ahora tenemos ocho años para casarnos —gritó con una sonrisa triunfal.
—¡Lo que sea! Solo mantén a esa cosa paralizada —respondió Rokugo, recuperando lentamente su movilidad.
El Rey de Arena se liberó de la maldición poco después, y Grimm, ansiosa por ayudar, gritó:
—¡Lo haré de nuevo, pero esta vez serán solo siete años!
Rokugo suspiró, resignado.
—¡Haz lo que tengas que hacer!
—¡Ja, ja, ja! ¡Finalmente, una criatura digna de mi "Maldición Asesina"! —exclamó Grimm, con una sonrisa de triunfo mientras levantaba las manos hacia el cielo.
Con una precisión impresionante, lanzó la maldición directamente al Rey de Arena. Sin embargo, en un giro inesperado, el hechizo rebotó y volvió hacia ella.
—¡Espera, no, no, NOOOOO! —gritó Grimm, dándose cuenta demasiado tarde del fallo en su maldición.
Un segundo después, Grimm cayó al suelo, completamente inmóvil. Había sido víctima de su propia maldición, y una vez más, murió en el acto.
Alice suspiró y murmuró con resignación.
—Lo mismo de siempre con Grimm… Alguien haga el favor de levantar su cadáver después de que terminemos esto.
Los agentes de Kisaragi tomarian a Rokugo en lo que su enfriamiento termina quejandose del peso de su armadura. Rokugo solo miraria a Grimm
—A este paso, Zenarith va a dejar de revivirla por puro fastidio.
-- ¿Donde esta Hombre tigre ?
-- Rose saltaria hacia la nariz del topo y la quemaria, dañando por el momento su sentido olfativo, y haciendolo volver al suelo
-Topo de mierda, denuevo destruiste la base
Pero no era lo unico, el Muro provicional tambien se fracturo, requeria reparaciones, antes de que otros titanes noten su presencia.
Mientras almuerzan, el equipo tiene un momento de respiro tras la constante tensión de las últimas misiones.
—¿Cuánto más va a tardar Grimm en revivir? —preguntó Rokugo, mientras empujaba su bandeja con desinterés.
—Según el sacerdote del templo de Zenarith, puede tardar un poco más de lo usual. Supuestamente, está "negociando" con su diosa —respondió Rose, masticando una ración de carne que parecía demasiado cruda incluso para los estándares humanos.
Rokugo suspiró.
—Genial. Aunque Grimm siempre está de mal humor, al menos hace que las cosas sean más interesantes. Aunque ahora que lo pienso… nunca la veo comer aquí. Siempre se las arregla para desaparecer durante las comidas.
Rose se encogió de hombros.
—Eso es porque Grimm creció en una familia rica. Ella prefiere restaurantes elegantes. Este comedor debe parecerle el infierno.
Rokugo soltó una carcajada.
—Pense que era de familia humile, Entonces este lugar es realmente su castigo eterno.
—Rokugo, ¿estás libre esta noche? Quería otra… noche de diversión contigo. —Las palabras de Viper dejaron a todos los presentes boquiabiertos. La forma en que lo dijo daba a entender algo mucho más íntimo.
Los agentes de Kisaragi intercambiaron miradas, algunos incluso sonrieron maliciosamente. Alice, sin levantar la vista de su tablet, comentó:
—Rokugo y sus "habilidades diplomáticas". Fascinante.
Rose se cruzó de brazos, tratando de disimular una mueca de disgusto.
—Hombres... siempre metiéndose en problemas con demonias atractivas.
Rokugo y Viper se estaban refiriendo a jugar videojuegos, Rokugo, sin embargo, no hizo nada para corregir el malentendido y simplemente sonrió de forma arrogante.
—Claro, Viper. Estaré libre. Asegúrate de traer tu mejor estrategia… .
El ambiente del cuartel fue interumpido, una demonio del sueño que había servido a Viper en el pasado, irrumpió en la habitación, visiblemente agotada y nerviosa.
—¡Mi reina! —exclamó, dirigiéndose a Viper con una reverencia profunda—. Lamento interrumpir, pero tengo malas noticias. El reino de Toris al que fuimos no nos aceptó como refugiados… dicen que no pueden ofrecer seguridad a los demonios.
Viper frunció el ceño. Había estado esperanzada en que su gente podría encontrar un hogar seguro, lejos de los conflictos. Pero al ver la negativa de otros reinos y el rechazo constante, tomó una decisión inesperada. Miró a Rokugo, con una expresión decidida en el rostro.
—Rokugo… —empezó Viper, con voz firme—. He llegado a apreciar la cultura de Kisaragi y su modo de vida… Quiero solicitar que acepten a mi gente. Permíteles unirse a Kisaragi como soldados y agentes. Prometo que serán leales.
Rokugo la observó con una mezcla de sorpresa e interés, pero asintió.
—Bueno, tenemos espacio para más "recursos" en Kisaragi. Además, un grupo de demonios en el equipo podría ser útil. Considero esto aprobado.
La aprobación de Rokugo no fue bien recibida por todos.
—¡Espera un segundo! ¡No puedes simplemente traerlos y darles un lugar en tu organización como si nada hubiera pasado. —protestó Snow, con los brazos cruzados y la cara enrojecida de indignación.
Rokugo la miró, levantando una ceja.
—Snow, ¿quién crees que toma las decisiones aquí? Eso lo decide el consejo de Kisaragi, y ya he enviado la solicitud. Ellos ya han dado su aprobación inicial.
Snow apretó los dientes, frustrada, sin poder hacer nada al respecto.
La princesa Tilis, que también había estado observando, se acercó a Snow y murmuró con expresión sombría.
—No puedo creer que hayamos permitido esto… al dejar que "Kisaragi nos ayudara contra nuestros enemigos", en realidad les hemos dado poder sobre nosotros. Poco a poco, Kisaragi está conquistándonos sutilmente, y hemos sido demasiado ciegos para verlo hasta ahora…
Reflexiones de Snow
Snow, aún enojada, se alejó del grupo y se quedó pensativa. Sus pensamientos giraban en torno a cómo, en un intento de enfrentar a sus enemigos, habían abierto las puertas a una organización que no solo quería ayudarlos, sino que también tenía sus propios intereses en este mundo. La expansión de Kisaragi parecía imparable, y ahora estaban comenzando a depender de ellos más de lo que se había propuesto originalmente.
—Es como si… Kisaragi hubiera estado planeando esto desde el principio. Nos están invadiendo sin siquiera usar fuerza bruta… —murmuró para sí misma, sintiendo un peso en su corazón mientras observaba a sus compañeros celebrar junto a los recién llegados demonios que antes eran enemigos.
La fiesta continuaba, pero Snow y Tilis intercambiaron miradas de preocupación. Sabían que, aunque habían ganado una batalla contra el Rey de Arena, la guerra por el control de su mundo apenas estaba comenzando.
En la sala de reuniones, Alice estaba explicando las cláusulas del acuerdo entre el Reino de Grace, los demonios y Kisaragi.
—Primera cláusula: el Reino de Grace poseerá el territorio demoníaco como compensación por los daños de la guerra. Ningún demonio será esclavizado ni abusado, y se permitirá su libre tránsito por el territorio de Grace.
La princesa Tilis asintió lentamente.
—Eso suena razonable, pero lo monitorearemos de cerca.
—Segunda cláusula: los demonios deberán encargar del Rey de Arena. Solo así demostrarán su utilidad y lealtad.
Viper, quien estaba sentada con una expresión tranquila, intervino.
—Entendido. Ya planeamos eliminarlo, aunque será más difícil sin nuestras defensas originales.
—Tercera cláusula —continuó Alice—: los demonios podrán ser trasladados a la sede de Kisaragi, conocida como "La Ciudad Escondida", si así lo desean. Allí, serán recibidos como miembros de Kisaragi y podrán integrarse a la organización como agentes o soldados, bajo la supervisión de nuestro consejo.
Viper asintió lentamente. Había tenido tiempo para reflexionar sobre esta cláusula y, aunque significaba que su gente estaría bajo el control de Kisaragi, también les daba una oportunidad para vivir en paz.
—Lo entiendo. Mi gente no tiene otro lugar a donde ir, así que acepto los términos en su nombre, —dijo Viper con resignación.
Finalmente, Alice leyó la última cláusula, una exigencia que hizo que Viper tensara ligeramente los labios.
—Y la última cláusula —dijo Alice, ignorando el intercambio—: Viper, como lo solicitó, será ejecutada públicamente como símbolo de cierre de esta guerra.
La sala se sumió en un silencio pesado mientras Tilis y Alice observaban a Viper. Para sorpresa de ambas, la exreina demonio asintió sin oponer resistencia.
—Acepto, —dijo Viper con voz firme—. Mi gente necesita una resolución, y mi muerte les dará un nuevo comienzo, entonces no tengo objeción. Pero… —Viper miró a Rokugo, quien estaba en la habitación jugando con uno de sus videojuegos portátiles—. Antes de mi muerte, quiero probar uno de esos… videojuegos. Parece algo divertido.
Rokugo levantó la vista de su consola, sorprendido por la petición, pero sonrió al ver la expresión curiosa de Viper.
—Claro, si quieres probarlo, adelante —respondió, ofreciéndole el dispositivo—. Pero te advierto, ¡no es fácil para principiantes!
Viper tomó la consola con cuidado y observó la pantalla, fascinada por los gráficos y la mecánica del juego. Rokugo se sentó a su lado, enseñándole los controles y dándole consejos mientras ella intentaba superar el primer nivel. Durante un momento, parecía que ambos estaban en otro mundo, absortos en la simplicidad del juego, olvidando los problemas y el peso del acuerdo.
Más tarde, en el campamento de Kisaragi, los demonios comenzaban a llegar en masa. Para Rokugo fue una escena extraña ver a familias completas, niños y ancianos, marchando hacia su nueva vida.
—Es raro pensar en ellos como soldados, ¿no? —comentó Rose, viendo a los pequeños demonios correr mientras los adultos intentaban organizarlos.
—Lo único raro aquí es cómo sobrevivieron tanto tiempo en el desierto —respondió Rokugo.
Viper se acercó a Russel, quien estaba organizando suministros.
—Te ves adorable vestido de sirvienta, Russel. Deberías considerarlo como un estilo permanente.
Russel se ruborizó intensamente, murmurando algo incomprensible mientras intentaba ocultarse.
Mientras tanto, la demonio del sueño, quien había sido leal a Viper desde el principio, se inclinó respetuosamente hacia su exreina.
—Gracias por todo, mi reina. ¿Puedo preguntar cuál es exactamente su relación con el comandante Rokugo?
Antes de que Viper pudiera responder, Rokugo intervino con una expresión seria, pero sus palabras parecían cargadas de insinuación.
—Bueno, nuestras noches juntos están llenas de pasión, exploramos cada rincón y probamos todos los modos posibles… —hizo una pausa para dramatismo—
La demonio del sueño lo miró horrorizada, imaginando algo completamente diferente, mientras Viper se llevó una mano a la cara, tratando de no reír.
Más tarde, mientras jugaban en el cuarto de Rokugo, Viper observó las pantallas con fascinación.
—Esto es tan emocionante como frustrante. ¿Así es como los humanos se divierten?
Rokugo asintió.
—Bienvenida a nuestro mundo. Ahora, ¿dices que tienes el poder suficiente para matar al Rey de Arena? ¿Qué has estado guardando todo este tiempo?
Viper sonrió con un aire misterioso.
—Solo necesitaba la oportunidad y el momento adecuado. Pero si confías en mí, puedo demostrar que mi pueblo sigue siendo útil.
Rokugo se inclinó hacia ella, interesándose por el tono serio que había adoptado.
—Te escucho, demonia. ¿Qué necesitas?
En el campamento, los niños demonio y semi-humanos observaban con asombro el Destructor de Kisaragi. La enorme máquina parecía un coloso de otro mundo para ellos, un concepto completamente ajeno incluso para quienes conocían a los golem-titán, que no eran autómatas sino seres vivos transformados.
—¿Ese es un golem? —preguntó un niño vampiro, mirando el Destructor con ojos brillantes.
—No puede ser un golem, no se mueve como uno —respondió una sirena, chapoteando en una improvisada piscina mientras lo señalaba.
Cerca de ahí, un grupo de niños semi-humanos rodeaba a Rose, haciéndole preguntas extrañas.
—¿Es cierto que puedes escupir ácido? —preguntó un niño con orejas de zorro, acercándose peligrosamente a su cara.
—¡Deja de molestarme o lo probarás tú mismo! —gruñó Rose, mostrando sus dientes afilados y haciéndolos retroceder.
Rokugo, observando todo, se llevó una mano al mentón con curiosidad.
—Nunca me imaginé que el Reino Demoníaco estuviera lleno de tanta variedad. Vampiros, sirenas… semi-humanos. Yo solo pensé en súcubos —comentó, con una sonrisa que delataba sus pensamientos.
Alice, que estaba registrando datos, lo corrigió sin levantar la vista.
—Eso solo demuestra tu limitada perspectiva. Esta diversidad es útil para Kisaragi.
—Ah, claro. Viper debe haber pensado que el Hombre Tigre era un semi-humano. Supongo que de ahí vino su intuición de que serían bienvenidos como agentes —añadió Rokugo, mirando alrededor.
De pronto, se dio cuenta de que el Hombre Tigre no estaba en ningún lado.
—¿Dónde está ese peluche viviente? —murmuró, mirando alrededor.
Rokugo llegó a la recién construida planta termoeléctrica de Kisaragi, diseñada para generar energía mediante fuentes no convencionales. Al entrar, observó a Heine, trabajando en el generador principal. Vestía su atuendo tan minimalista, lo que rápidamente llamó su atención.
—Heine, siempre he querido preguntarte, ¿por qué estás vestida de esa forma? —preguntó Rokugo con una ceja levantada, mezclando curiosidad y burla.
Heine, claramente molesta, apagó las llamas que estaba controlando momentáneamente y se giró hacia él.
—¡No es porque me guste! —exclamó, cruzándose de brazos—. Este es el uniforme más eficiente. Aunque sea invulnerable al calor, no lo soy al fuego directo, y no puedo arriesgarme a quemarme mientras genero energía.
—Claro, claro… Lo que digas —respondió Rokugo con una sonrisa burlona, pero no insistió más.
En ese momento, el Hombre Tigre entró a la oficina de Viper, cargando una gema de un tamaño impresionante y con un brillo intenso que llenaba la sala. Sus pasos eran pesados, y su respiración, agitada.
—¡Mira lo que encontré, nya! —dijo el Hombre Tigre, dejando la gema sobre la mesa frente a Viper—. ¿Crees que esto pueda ayudar a generar más energía? ¿O tal vez podrías usarlo para devolverme a ser un niño, nya?
Viper observó la gema detenidamente, impresionada por su calidad, pero negó con la cabeza.
—Mi poder no funciona así, Hombre Tigre. Solo puedo revertir unos minutos atrás, no convertirte en un niño otra vez.
Rokugo entró en la sala y examinó al Hombre Tigre con atención.
—Oye, te ves agotado. Esta es la primera vez que te veo así desde que hablamos de esos combates con robots gigantes en la Tierra. ¿De dónde sacaste esa gema?
El Hombre Tigre, claramente incómodo, esquivó la pregunta y se dejó caer en una silla.
—Eso no importa, nya… Lo que importa es que esto podría ser útil para la planta termoeléctrica, ¿verdad, nya?
Viper asintió lentamente.
—Es cierto. Si Heine tuviera esta fuente de energia, podríamos aumentar la producción de energía considerablemente. Lo suficiente para sostener a toda nuestra base y el campamento demoníaco.
- Con eso podriamos dar energia al destructor - Recalcaría Alice.
Heine, al escuchar la conversación desde el generador, intervino.
—¡Entonces tráiganla aquí! ¡Puedo manejarlo! Pero que conste, no pienso seguir con este espectáculo por mucho más tiempo —murmuró, refiriéndose al público de agentes que Snow había organizado para monetizar su trabajo.
Rokugo dejó escapar un suspiro.
—De verdad que todo el mundo aquí tiene sus propios problemas… Bueno, al menos tenemos una fuente de energía prometedora. Ahora, alguien que me explique cómo ese peluche viviente terminó encontrando una gema tan valiosa.
El Hombre Tigre desvió la mirada, pero no dijo nada más, dejando a Rokugo con una sonrisa de sospecha. Mientras tanto, Viper daba órdenes para instalar la gema en el generador y maximizar su utilidad.
Afuera, los demonios recién integrados al campamento observaban con asombro el Destructor y la actividad constante de Kisaragi, ajenos a los secretos que aún se ocultaban en el mundo que habitaban.
una fuerte vibración sacudió el campamento.
Los agentes de Kisaragi reaccionaron de inmediato, y el enorme cuerpo del Rey de Arena emergió del suelo, causando caos. La bestia rugió, levantando una nube de polvo mientras avanzaba hacia ellos.
—¡Ahí está de nuevo! —gritó Alice—. ¡Prepárense para el combate!
Todos los agentes activaron el "Modo Sin Límites"
Las lanzas relampago rugiendo mientras se lanzaban al ataque. Pero el Rey de Arena emanaba vapor hirviendo, las lanzas explotaban al estar cerca , causando estragos en el campamento.
—¡Esto es inútil! —gritó Snow, luchando por mantenerse firme mientras el terreno temblaba—. ¡Ni siquiera con estas cosas podemos dañarlo!
Rokugo, sin embargo, mantenía la calma. El robot araña se movió desde el hangar con un estruendo, y sus patas metálicas brillaban bajo el sol del desierto. Alice lo controlaba lanzando un ataque de fuego concentrado sobre el Rey de Arena. Sin embargo, la bestia no retrocedió; en cambio, se abalanzó con velocidad sorprendente, Pero con los reflejos de Alice, logro inmovilizar al titan tomandolo de sus matar y su cabeza, dejando su nuca expuesta.
—¡Viper, dijiste que podías encargarte de esto! ¡Es tu turno de brillar!
Viper, con una mirada decidida, levantó una lanza . Sin dudar, corrió hacia el Rey de Arena, Puede ser que haya tenido una resistencia al fuego o sea muy rapida, esquivando sus vapor del titan.
—¡Por mi pueblo, y por demostrar que los demonios aún tienen valor! —gritó Viper, saltando alto en el aire. Clavó la lanza directamente en la nuca del topo, que dejó escapar un último rugido antes de desplomarse, causando un estruendo que resonó en toda la región.
El campamento quedó en silencio por un momento, antes de que los agentes comenzaran a vitorear.
—¡Lo logró! —gritó Snow, sorprendida.
—Y lo hizo sin mejoras corporales —comentó Alice, mientras registraba la hazaña en su brazalete.
Rokugo se acercó a Viper, quien estaba de pie sobre el cadáver del Rey de Arena, respirando con dificultad.
—Bien hecho, demonia. Te ganaste un descanso.
Viper, con una sonrisa cansada, respondió:
—Te dije que podía hacerlo. Solo necesitaba una oportunidad. Ahora… ¿qué sigue, comandante?
Rokugo sonrió de lado, observando el cadáver del Rey de Arena.
—Lo siguiente es descuartizar a esta cosa. Quiero saber qué hace que estos titanes sean tan malditamente resistentes. ¿Quién está conmigo?
El campamento estalló en actividad mientras todos se preparaban Sin embargo el cuerpo del titan se evaporo mucho mas rapido que los demas.
Los demonios y los agentes de Kisaragi se reunieron alrededor de una gran hoguera para celebrar la muerte del Rey de Arena. El ambiente estaba lleno de risas, música y un extraño sentido de camaradería que nunca antes se había visto entre los recién llegados del Reino Demoníaco y los agentes.
Rokugo, con una bebida en la mano, observaba cómo varios agentes coqueteaban con las mujeres demonio y semi-humanas. Entre ellas, varias intentaron acercarse al Hombre Tigre, sorprendidas de que fuera inmune al encanto natural de las súcubos.
—¡Es increíble! Ni siquiera nuestras súcubos pueden seducirlo —dijo una mujer demonio con asombro.
—Soy un profesional, nya —respondió el Hombre Tigre con un tono firme, aunque incómodo por la atención que recibía.
Al final de la velada, un agente de Kisaragi subió al escenario improvisado y anunció que la ejecución de Viper sería en una semana. La noticia fue recibida con silencio por parte de los demonios, y algunos incluso comenzaron a murmurar entre ellos, mostrando inquietud.
Después de la victoria contra el temido Rey de Arena, el equipo de Kisaragi celebró con un breve descanso. Aunque aún quedaba tiempo antes de la ejecución pública de Viper, Alice decidió aprovechar las nuevas adiciones al grupo para construir una comunidad más estable en la Ciudad Escondida, como ahora se llamaba oficialmente el antiguo campamento de Kisaragi.
Alice reunió a los agentes y demonios recién reclutados frente a los nuevos edificios. Con su habitual precisión robótica, anunció:
—Como parte de la integración de los nuevos miembros, cada uno recibirá un terreno donde construir sus casas dentro de la Ciudad Escondida. También he terminado la construcción de unos baños termales con diseño japonés tradicional. Invito a todos los empleados de Kisaragi a disfrutarlos esta noche.
Heine y Russel, quienes oficialmente ahora eran parte de Kisaragi, asintieron tímidamente. Grimm, por su parte, estaba emocionada pero claramente incómoda ante la idea de compartir espacios tan íntimos con otros.
Rokugo, siempre buscando oportunidades para molestar, se acercó a Heine con una sonrisa traviesa.
—Por cierto, Heine, según la tradición japonesa, en estos baños todos deben entrar desnudos. Así que prepárate para ser... inspeccionada —dijo con un tono sugerente.
Heine palideció, visiblemente aterrorizada.
—¡¿Qué?! ¡No voy a permitir que nadie me vea así! ¡Seguramente alguien intentará hacer algo!
Russel, sintiéndose protector, dio un paso adelante.
—¡Yo te protegeré, Heine! Nadie te tocará mientras yo esté cerca.
Grimm, escuchando esto desde lejos, rodó hacia Rokugo furiosa.
—¡Deja de asustarla, idiota! ¿Qué clase de persona juega con eso?
Rokugo soltó una carcajada, viendo cómo el brazalete registraba puntos malos automáticamente.
—Relájense, no es como si fuera a pasar algo. Los baños tienen secciones separadas para hombres y mujeres. Así que, Heine, puedes estar tranquila… aunque Russel tendrá que bañarse con nosotros.
Russel abrió los ojos, horrorizado.
—¡¿Qué?! ¡Eso es peor!
Rokugo sonrió maliciosamente mientras señalaba a Russel con burla.
—Tranquilo, muchacho, nadie quiere mirar tu "cosita". Pero supongo que ahora aprenderás a socializar como un verdadero miembro de Kisaragi.
En la zona de las mujeres, el ambiente era mucho más relajado. Snow y Rose ya estaban disfrutando del agua caliente, conversando animadamente sobre futuras misiones y chismes del equipo. Grimm, por otro lado, parecía tensa al principio, incómoda con la idea de estar rodeada de otras mujeres
Sin embargo, poco a poco comenzó a relajarse.
—Sabes, Grimm, deberías intentar dormir aquí. El agua caliente es perfecta para eso —comentó Snow, cerrando los ojos mientras flotaba lánguidamente.
Grimm murmuró algo inaudible, pero pronto cedió al calor reconfortante y quedó profundamente dormida.
Mientras tanto, Viper se acercó a Heine, quien seguía nerviosa incluso en la seguridad de la sección femenina.
—Permíteme lavarte la espalda, Heine. Es lo menos que puedo hacer después de todo lo que has pasado —ofreció Viper con amabilidad.
Heine retrocedió instintivamente, incómoda.
—Mi reina, por favor, no haga esto. No quiero que se humille así.
Viper negó con la cabeza, sonriendo suavemente.
—Ya no somos reina y sierva, Heine. Solo somos dos personas tratando de adaptarnos a este nuevo mundo. Déjame ayudarte, por favor.
Aunque reticente, Heine aceptó finalmente. Mientras Viper le lavaba la espalda, Heine no pudo evitar sentirse extraña por la situación.
En la sección de hombres, Rokugo disfrutaba de la vista mientras los demás intentaban ignorarlo lo mejor posible. Russel mantenía las piernas cruzadas y evitaba mirar a cualquiera directamente, claramente incómodo.
—Vamos, Russel, no actúes como si nunca hubieras estado desnudo frente a otros tipos. Esto es normal en Japón —dijo Rokugo con una risa burlona.
Russel gruñó bajo su aliento.
—Sigo sin entender por qué tenemos que hacer esto.
Rokugo levantó las manos en señal de rendición.
—Bueno, bienvenido a la cultura de Kisaragi. Aquí todo es un poco ridículo, pero al menos te diviertes.
Mientras tanto, algunos de los otros agentes comenzaron a bromear entre ellos, olvidando momentáneamente las tensiones del campo de batalla. Incluso Russel, aunque a regañadientes, empezó a relajarse un poco.
En el comedor al día siguiente, Rokugo reunió a varios agentes para discutir un tema importante.
—Escuchen, chicos, tengo una idea loca. ¿Qué les parece si organizamos un golpe de estado contra Grace para evitar la ejecución de Viper? —dijo Rokugo con una sonrisa sarcástica, pero con un tono lo suficientemente convincente como para causar un revuelo entre los presentes.
Alice, que había estado observando desde la esquina, interrumpió.
—Rokugo, esa ejecución es algo que Viper misma propuso. No olvides que esto es parte del acuerdo que ella firmó con la Princesa Tilis.
—¿Y qué? —protestó Rokugo—. A veces, las personas no saben lo que realmente quieren. ¿Qué clase de caballero sería si dejo que eso pase?
—Caballero, mis circuitos… —respondió Alice, rodando los ojos.
Antes de la "ejecución" de Viper, Grimm regresó al campamento completamente enojada.
—¡¿Cómo pudieron matarlo sin mí?! ¡Siempre hacen todo lo importante cuando estoy muerta! —gritó Grimm, visiblemente indignada.
—Bueno, para ser justos, Grimm, tú siempre mueres —respondió Rokugo con una sonrisa burlona.
—¡Eso no importa! Aun si soy una sacerdotisa de Zenarith, merecía estar ahí y luchar… No puedo creer que me hayan dejado fuera —se quejó, inflando las mejillas como una niña molesta—. ¿Sabes lo frustrante que es despertar y ver que se han perdido los mejores momentos?
Rokugo, con un tono más conciliador, intentó compensar su ausencia en la batalla.
—Está bien, ¿qué tal si hacemos una cita? Solo tú y yo. Te prometo que será algo especial.
Grimm se sonrojó ligeramente, levantando una ceja en señal de sorpresa y escepticismo.
—¿Una cita? —repitió, mirándolo con recelo—. ¿Crees que puedes comprar mi perdón con una simple cita? ¡No soy una chica fácil, Rokugo!
Rokugo mantuvo su sonrisa, encontrando su reacción encantadora y a la vez entretenida. Sacó un pequeño bento que había preparado antes y se lo mostró, moviéndolo ligeramente para tentar a Grimm.
—¿Y qué tal si incluyo este bento? Podemos comer juntos mientras disfrutamos de la vista.
Al ver el bento, los ojos de Grimm brillaron de emoción. No era una chica fácil, cierto, pero nunca podía resistirse a la comida, especialmente cuando venía acompañada de un momento especial con Rokugo. Intentando mantener su compostura, carraspeó ligeramente.
—Bueno… si es así, supongo que podríamos ir… pero solo porque me debes una por dejarme fuera de la pelea —aceptó, tratando de sonar despreocupada, aunque estaba claro que la emoción la traicionaba.
su plan seguía siendo claro: conquistar sin comprometerse realmente, solo utilizando su encanto para conseguir puntos malos facil
Rokugo sonrió, sin poder evitarlo, y la condujo hacia una colina cercana donde se podía ver todo el campamento. desde donde se podía ver al hombre tigre y Rose y Russel, aullando hacia la luna Se sentaron en el suelo, y Grimm miraba alrededor, desconcertada, mientras él abría el bento. Se sentaron en el suelo, y Grimm observaba todo a su alrededor, desconcertada por la calma de Rokugo mientras él abría el bento y comenzaba a comer.
Rokugo se presentó ante Grimm con una pequeña caja envuelta. La ofreció con una sonrisa nerviosa, aunque su actitud aún mantenía un toque de despreocupación forzada. Grimm levantó una ceja al ver el paquete, pero no pudo evitar que su mirada se suavizara cuando Rokugo abrió la caja y reveló el contenido: un bento perfectamente empaquetado, con una gran variedad de platillos, uno más apetitoso que el otro.
Los ojos de Grimm brillaron, y sus labios se curvaron en una sonrisa, algo que raramente mostraba. Pero cuando miró más de cerca, notó algo extraño. Rokugo no estaba realmente disfrutando de su comida. En lugar de eso, estaba mirando con atención los árboles cercanos, como si estuviera buscando algo. Finalmente, después de unos minutos de incomodidad, Rokugo se giró hacia ella, con una expresión más tranquila, y le habló.
La "cita" terminó siendo una misión para recolectar huevos de Mupyokopyoko y Kipyokopyoko, con Grimm utilizando su habilidad para distinguir entre ambos. Mientras Grimm trabajaba arduamente, Rokugo observaba a los mutantes y quimeras de Kisaragi aullar a la luna en la distancia.
—¿Sabes, Grimm? —dijo Rokugo mientras miraba el cielo nocturno—. Este planeta es mucho más extraño de lo que esperaba, pero tiene su encanto.
Grimm, cargando una bolsa llena de huevos, rodó los ojos.
—Si eso significa que me sigues trayendo a estas citas absurdas, no estoy tan segura de compartir tu sentimiento.
Rokugo le sonrió, como si no entendiera por qué ella estaba sorprendida.
—Claro. Dime, ¿no es romántico? Un picnic bajo la luna, acompañados por estos… eh, "singulares" seres. Esto es lo que hace que Kisaragi sea especial —dijo, mordiéndose una risa mientras le ofrecía un bocado de su bento.
Grimm suspiró, resignada, pero tomó el bocado de comida y comió, sintiéndose un poco estafada. Aun así, en el fondo, había algo en ese momento caótico que le hacía gracia. Después de todo, estar con Rokugo siempre era un enigma, una aventura impredecible que nunca terminaba de entender.
—Tsk, esto no cuenta como una cita "normal" para nada… —murmuró, sonrojándose un poco, pero finalmente cediendo—. Pero supongo que te lo dejaré pasar… esta vez.
Rokugo rió ante su expresión frustrada, y continuaron comiendo en silencio, disfrutando de la extraña "paz" que les ofrecía el entorno bizarro de Kisaragi.
En su mente, Rokugo estaba empezando a inquietarse más, pensando en Astaroth y cómo podría pensar de todo esto. De alguna manera, él había recibido permiso para involucrarse con doncellas si eso ayudaba en las conquistas de Kisaragi. Sin embargo, no podía permitir que Grimm se convirtiera en un obstáculo. ¿Cómo podría estar involucrado con alguien como ella? Al final, él no le iba a permitir hacerle daño a sus planes, pero al mismo tiempo, un extraño sentimiento de nerviosismo crecía dentro de él.
A pesar de todo, Grimm no dejó de observarlo, con una mezcla de desconcierto y cansancio. Ella había comenzado a imaginar que tal vez algo real podría surgir entre ellos, pero este momento le parecía más una burla que una oportunidad de conexión genuina.
—Rokugo, ¿qué estamos haciendo aquí? —dijo, su voz teñida de frustración
Mientras tanto, Viper, en su celda, esperaba pacientemente el día de su ejecución, con una expresión tranquila y la confianza de que el plan seguiría adelante, pase lo que pase.
La ejecución publica estaba planeada para el día siguiente, con una gran multitud convocada para presenciar la caída de la exreina demonio.
Esa noche, Rokugo se retiró a una habitación privada para redactar su informe a la sede central de Kisaragi. Escribió sobre los resultados de la batalla contra el Rey de Arena, la incorporación de los demonios al equipo de Kisaragi, y cómo lograron evitar un conflicto mayor con el Reino de Grace.
Finalmente, agregó una línea final que seguramente provocaría una reacción en Astaroth, su superior:
—"Solicito una extensión de un mes más para profundizar en estos misterios. Mi interés en el origen de este mundo es alto, y podría ser de gran beneficio para Kisaragi."
Cerró su informe y lo envió
Necesitaba una cantidad enorme de puntos malos para cumplir su mision y si salia bien, ese mismo dia tambien volveria a la tierra y no necesitaria volver a ver a los habitantes del planeta.
La Noche de Rokugo y Grimm ...
Esa noche, Rokugo estaba perdido en sus pensamientos mientras observaba el cielo estrellado desde el campamento de Kisaragi. Sabía que, si quería rescatar a Viper y enviarla a la Tierra, necesitaría muchos puntos malos, pero la tarea no era sencilla a pesar de todo lo que había ocurrido, Rokugo decidió que, por una vez, iba a intentar darle a Grimm lo que había estado pidiendo para obtener una mayor cantidad de puntos malos. No sin cierto recelo, claro, pero al menos sentía que un poco de tiempo juntos no le haría daño.
Mientras reflexionaba, Grimm se acercó con su silla de ruedas, observándolo en silencio antes de lanzar una serie de preguntas cargadas de inseguridad. Rokugo la había invitado sin mucha ceremonia, pero al verla tan emocionada, sintió que tal vez había hecho bien en ceder un poco. Grimm estaba sentada frente a él, hablando y gesticulando sin parar mientras él solo escuchaba. Aunque no lo mostraba, en su interior Rokugo se sentía un poco incómodo con la situación. Tenía tantas cosas en su cabeza, tantas preocupaciones, pero allí estaba, dispuesto a pasar un momento de calma con ella.
—...Y entonces, el capitán del peloton dijo que teníamos que encontrar una forma de salir de esa isla porque la tormenta se estaba acercando, ¡y yo pensé que jamás saldríamos de ahí! —continuó Grimm, su voz llena de emoción mientras Rokugo asentía con calma.
Finalmente, después de un largo monólogo, Grimm se detuvo y lo miró con una ceja levantada.
—Rokugo, tenemos que hablar. —dijo, su tono tomando un giro más serio.
Él la miró, intrigado, pero ella continuó sin darle tiempo para responder.
—¿Por qué si somos novios no hacemos cosas de novios? —preguntó, cruzando los brazos sobre su pecho—. No nos damos de las manos, no nos decimos cosas como "amor", "cariño", "mi vida"... ¡ni siquiera nos besamos! —añadió, ahora claramente molesta—. ¡No puedes decirme que no estás interesado en eso o… algo más intenso !—dijo Grimm, mirándolo con una sonrisa expectante y un brillo en los ojos. —¿Qué soy para ti? ¿Por qué no nos decimos "mi amor, mi vida, mi cielo"? ¿Acaso te avergüenzas de que sea tu novia? —disparó Grimm, cruzando los brazos y esperando una respuesta.
Rokugo suspiró, pensando para sí mismo: "Ay, Grimm… si supieras que tú eres la otra." Pero decidió no decirlo en voz alta. En cambio, trató de reír suavemente.
Rokugo, que había estado escuchando pacientemente, sintió cómo una extraña presión se acumulaba en su pecho. La forma en que hablaba... No era solo una queja, sino una invitación, una demanda. Y esa demanda, combinada con el hecho de que llevaba meses sin ninguna relación íntima, empezó a hacerle sentir una creciente necesidad que no había anticipado. El impulso de salir corriendo o de dar una respuesta tajante se desvaneció, y en su lugar, algo más primitivo comenzó a surgir.
El tiempo parecía ralentizarse mientras él procesaba sus palabras. Grimm, por otro lado, estaba claramente ansiosa, esperando una respuesta que no llegaba. Pero antes de que pudiera añadir algo más, Rokugo hizo algo que no había planeado.
—Bueno, Grimm, tú siempre hablas de cosas de novios, pero… ¿en serio estás preparada para eso? —preguntó, con una sonrisa ligeramente burlona.
Grimm pareció ofenderse un poco, poniéndose las manos en la cintura.
—¡Claro que sí! ¡Yo soy una mujer madura y lista para hacer cosas de novios! —protestó con un leve sonrojo, aunque claramente nerviosa.
Sin darle tiempo para hablar más, bajó la cabeza, acercándose a su silla de ruedas. En un movimiento sorpresivo, se inclinó hacia Grimm y la besó, sus labios tocando los de ella en un contacto suave, casi experimental.
Grimm se quedó completamente inmóvil, desconcertada. La sorpresa la dejó sin aliento por un momento, pero luego, como si algo se desatara en su interior, cerró los ojos y correspondió al beso, sus manos temblorosas aferrándose a los costados de su silla. La tensión que había sentido hasta ese momento desapareció por completo, reemplazada por una euforia cálida y confusa.
Después de separarse, Grimm abrió los ojos y lo miró, claramente aturdida pero con una gran sonrisa en su rostro.
Cuando finalmente se separaron, Grimm , visiblemente aturdida, pero una gran sonrisa apareció en su rostro, como si todo lo que había estado esperando finalmente hubiera ocurrido.
Rokugo, sintiendo el calor que se había acumulado en su pecho, sonrió de forma torcida. Pero la verdad era que no podía evitar sentirse satisfecho consigo mismo.
—Entonces… ¿mi casa o la tuya? —preguntó, manteniendo su tono relajado, aunque sus palabras ocultaban un ligero nerviosismo.
Grimm se sonrojó profundamente, su mente comenzando a dar vueltas. Sabía que si iban a la casa de Rokugo, Alice podría interrumpir en cualquier momento. La idea de que la joven asistente de Rokugo los interrumpiera no era algo que le agradaba, especialmente con lo que acababa de ocurrir.
—Mejor... mejor vamos a mi casa —dijo finalmente, con una pequeña sonrisa traviesa—. No quiero sorpresas.
Rokugo la miró, un brillo de satisfacción en sus ojos, mientras se levantaba de la silla y la ayudaba a levantarse también. Aunque no lo admitiera, sentía un alivio extraño, como si al menos esa incertidumbre se hubiera resuelto, al menos por un momento.
Ambos caminaron hacia la salida de la cafetería, pero algo en el aire había cambiado. Las palabras no eran necesarias para saber lo que cada uno pensaba en ese momento.
Poco después, en la casa de Grimm
Rokugo la siguió hasta su humilde vivienda, un lugar pequeño y algo destartalado. Las paredes tenían un aspecto antiguo, y el ambiente estaba lleno de cierto encanto rústico, aunque algo deteriorado. No era precisamente un palacio, pero era lo que Grimm podía costear, y a Rokugo no parecía importarle demasiado.
—Bienvenido a mi humilde morada, Comandante —dijo Grimm, con un tono nervioso, llevándolo hasta su habitación, que era igual de sencilla, con una cama pequeña y sábanas algo desgastadas.
Rokugo observó el lugar con una sonrisa leve, y luego se volvió hacia ella.
—Bonito lugar, Grimm. Es… acogedor —comentó, tratando de ser diplomático.
Rokugo cruzó el umbral de la humilde casa de Grimm, observando todo a su alrededor con una mezcla de desconcierto y humor. La decoración de la casa era… peculiar, incluso para los estándares medievales. Había cortinas de encaje que parecían haber visto mejores días, un tapiz en el que figuraban gallinas, y algunas cestas tejidas apiladas en una esquina. Era como entrar a la casa de una abuelita, cosa que parecía desentonar completamente con la imagen de la temperamental sacerdotisa de Zenarith.
Además, notó que el lugar estaba acondicionado de una manera extraña. Aunque Grimm usaba silla de ruedas la mayor parte del tiempo, parecía que se las había arreglado para que la casa estuviera organizada de tal forma que caminar descalzo fuera la opción ideal, con tapetes y cojines en el suelo, suaves y acolchados. Claro, tenía sentido considerando su maldición de no usar zapatos.
Grimm, que había estado conteniendo la emoción y la nerviosa anticipación todo el camino hasta allí, finalmente se bajó de su silla de ruedas, dejándose llevar por el momento.
—Este… comandante… esto… esto es lo que siempre imaginé para mi primera vez —murmuró Grimm, claramente metida en su propia ilusión romántica, mientras arreglaba un mechón de su cabello con nerviosismo—. Hoy finalmente voy a hacerlo, y contigo… —susurró, pero luego pareció recordar algo y su rostro se ensombreció, como si la mala suerte le hubiera dado un golpe en el estómago.
Rokugo, quien ya estaba explorando el ambiente, miraba una colección de figuras de cerámica que parecían ser representaciones de ancianas rezando.
Grimm, con una expresión seria y suspicaz, se giró para mirarlo y suspiró. Se acercó a él y le dijo en voz baja, casi tímidamente:
—Rokugo… comandante Rokugo, tengo que confirmar algo antes… —dijo, y él, distraído aún con los pequeños ídolos y sin prestar mucha atención, respondió automáticamente:
—Sí, claro, lo que sea.
—¿Eres mi novio? —preguntó Grimm, con voz dulce y con una ligera esperanza en sus ojos.
—Sí —repitió él, aún distraído, examinando los estantes llenos de pequeños amuletos y colgantes.
<optuviste puntos malos>
—¿No estás aquí solo para dejarme e irte? —insistió ella, buscando algo de seguridad.
—No… claro que no. —Rokugo apenas levantó la vista, tratando de ignorar una espeluznante muñeca de trapo en el estante.
Grimm se aclaró la garganta, impaciente, e intentó sonar casual mientras lanzaba su próxima pregunta.
—¿Vamos a dormir juntos hoy?
—Sí.
—¿Vamos a hacer cosas de novios hoy? —insistió Grimm, su emoción aumentando visiblemente.
—Sí, lo que sea… —dijo Rokugo, asintiendo mientras sus ojos caían en un extraño cuadro de un gato bordado en punto de cruz. No podía entender cómo Grimm vivía en medio de tantos objetos extraños.
Grimm frunció el ceño. Había algo en las respuestas de Rokugo que no terminaba de convencerla, y, dado que él no parecía estar prestando atención, decidió ser completamente directa.
—Sabes que cuando digo "dormir" y "cosas de novios" no me refiero a literalmente dormir o a cosas de citas, ¿verdad?
Rokugo parpadeó, como si al fin captara la pregunta y lo que Grimm realmente estaba insinuando.
—Ajá… —asintió, visiblemente más alerta ahora.
Grimm se sonrojó un poco, pero aún insegura, tomó aire y finalmente soltó:
—Sé que no se supone que sea tan directa, pero en vista de que no me estás prestando atención… ¿Vamos a tener sexo aquí y ahora mismo?
La paciencia de Rokugo ya estaba en su límite, y exasperado, decidió ponerle fin a la lluvia de preguntas.
—¡Sí, Grimm! ¡Sí, vamos a hacerlo aquí y ahora mismo! —soltó, con un tono algo cansado pero decidido.
Grimm parpadeó, y en un segundo su rostro recuperó toda la emoción y el brillo.
—¡Oh, perfecto! Pero… ¡espera! No entres a mi cuarto todavía. —Se giró rápidamente y desapareció tras la puerta de la habitación, dejándolo esperando en la sala.
Dentro, Grimm comenzó a mover cosas apresuradamente. Quitó los ídolos y las velas dedicadas a Zenarith de su mesa de noche y guardó algunos amuletos bajo la cama. No había considerado que la noche fuera a terminar así, y en su entusiasmo había olvidado que la decoración espiritual podría resultar… incómoda. También escondió unas cuantas botellas de pociones de dudoso origen.
Desde la sala, Rokugo escuchaba los ruidos y golpes que venían del cuarto de Grimm y alzó una ceja, preguntándose cuánto tardaría en "poner todo en orden."
Finalmente, Grimm apareció en la puerta, sonriendo ampliamente.
—Ya está todo listo, Rokugo… puedes entrar. —Le hizo una seña con la mano, algo nerviosa, pero también visiblemente emocionada.
Rokugo le devolvió una sonrisa, resignado a lo que se avecinaba, pero algo en su interior le decía que la noche estaba por volverse mucho más surrealista de lo que había imaginado.
Grimm, intentando no sentirse intimidada, se sentó en la cama y, con evidente nerviosismo, trató de adoptar una pose coqueta que había visto en Piyoko Club, levantando un brazo sobre su cabeza y cruzando las piernas de una forma un tanto incómoda, posada torpemente sobre su cama, intentando adoptar una postura que había visto en una de esas revistas viejas. Sus movimientos eran tan rígidos y caricaturescos que Rokugo tuvo que contener una carcajada.
—Grimm, deja esas tonterías.
—¿Entonces… qué te parece si… hacemos cosas de novios? —dijo, con una voz temblorosa, mirándolo a través de sus pestañas de forma torpe.
Rokugo soltó una pequeña risa al ver el intento tan evidente de seducción. No pudo evitar sentir un poco de vergüenza ajena por las pocas habilidades sociales de Grimm, pero también algo de ternura por lo mucho que ella estaba esforzándose.
—¿Sabes, Grimm? Antes de cualquier cosa… ¿por qué no te das un baño primero? Relájate un poco, usa agua caliente —sugirió Rokugo con una sonrisa, intentando aliviar la tensión y darle un poco de tiempo para prepararse.
Grimm asintió rápidamente, aunque claramente nerviosa.
—¿Un… un baño? Sí, claro… eso suena bien —dijo, levantándose y caminando hacia el pequeño baño de su casa.
Mientras se dirigía hacia allí, miró hacia atrás con un ligero sonrojo y murmuró:
—Y-Ya me has visto en ropa interior antes, así que… supongo que no importa, ¿verdad?
Rokugo solo le dio una sonrisa divertida y asintió
Rokugo (riendo): "¿Sabes qué, Grimm? Deberías relajarte... No hace falta que te esfuerces tanto."
Grimm (sonrojada y algo insegura): "Ah... sí, tienes razón."
ella obedeció
—Ah, Rokugo… ¿quieres quedarte cerca por si… pasa algo? —preguntó, con un intento poco disimulado de sonar seductora.
—Sí, claro, me quedaré aquí afuera —respondió Rokugo con tono casual, mientras se servía una cerveza que había encontrado
Rokugo: "Nunca le digo que no a una bien fría."
Rokugo se quito su armadura de combate para unirse al baño con ella , Dentro del baño, Grimm comenzó a desvestirse, dejando caer sus prendas una por una mientras trataba de no resbalar en el pequeño piso de piedras. Cuando finalmente entró en la ducha, dejó que el agua caliente corriera por su cuerpo. La sensación del agua caliente era relajante, y aunque sus pensamientos iban y venían con nerviosismo, empezó a sentirse un poco más cómoda.
De repente, la puerta del baño se abrió suavemente, y Rokugo entró, moviendo sus manos de manera despreocupada.
—¿Eh? ¿Vas a… vas a darme un masaje? —preguntó Grimm, sorprendida, mientras lo veía acercarse con una expresión tranquila, cubriéndose con las manos mientras el agua seguía cayendo.
—Sí, algo así. —respondió Rokugo mientras se arrodillaba frente a ella, tomando uno de sus pies con suavidad.
Rokugo entró con su cerveza en la mano, ignorando completamente las dudas de Grimm. Ella intentó mantenerse tranquila, pero su corazón latía a mil por hora.
—No te emociones tanto. —Rokugo se apoyó en la pared, bebiendo tranquilamente mientras observaba cómo Grimm intentaba terminar su baño lo más rápido posible, sin dejar de mirarlo con una mezcla de vergüenza y emoción.
Rokugo comenzó a masajear los pies de Grimm con habilidad y cuidado, sus manos presionando suavemente los puntos de tensión. Grimm dejó escapar un suspiro de alivio, claramente disfrutando la atención que él le estaba dando.
Grimm se sonrojó intensamente, cerrando los ojos mientras sentía sus manos sobre su piel.
—Comandante… esto es… muy agradable —murmuró, con un tono más suave de lo habitual, mientras se relajaba cada vez más.
—Me alegra que te guste —dijo Rokugo, con una sonrisa genuina—. Solo relájate y disfruta. Hoy es tu día.
Después de un rato en el que la atmósfera había cambiado a algo más íntimo y cargado, Rokugo observó a Grimm, quien ahora estaba relajada, mirándolo con una mezcla de nerviosismo y expectativa. Él también se sentía un poco nervioso, lo cual no era común en él.
En su mente, Rokugo reflexionaba consigo mismo: "¿Estará bien hacer esto? No sé si Grimm puede embarazarse considerando que es un no muerto, pero... ¿qué haría Astaroth si se enterara de esto? Aunque, pensando bien, no es la primera vez que tengo una aventura de una noche... Mientras nadie lo sepa, todo estará bien. Mañana en la noche estaré de vuelta en la tierra"
Tras terminar su baño apresuradamente, Grimm salió del baño envuelta en una toalla, pero con su cabello todavía mojado y desordenado.
Grimm se sentó nerviosa en su cama, la piel aún húmeda por el agua caliente, sintiendo una mezcla de ansiedad y anticipación. Miró hacia la puerta del baño. No sabía qué esperar exactamente de él, pero en su interior, una parte de ella estaba lista para avanzar en algo más. Sin embargo, su mente no dejaba de dar vueltas, preguntándose si realmente estaba preparada para lo que estaba a punto de suceder.
Rokugo salió del baño, aparentemente relajado, pero con una expresión algo seria. Caminó hacia ella, y Grimm no pudo evitar mirar cómo su postura y su actitud parecían inmutarse a medida que se acercaba. En ese momento, no estaba del todo segura de qué pensaba hacer, pero había algo en su mirada que la dejó intranquila, una especie de determinación silenciosa.
Grimm, aún recostada en su cama, estaba inmersa en sus propios pensamientos. Desde hace tiempo, había fantaseado con un momento como este, pero ahora que realmente estaba sucediendo, el peso de la situación la hacía sentir una mezcla de ansiedad y emoción.
—Comandante… —empezó a decir Grimm, notando por primera vez las cicatrices en su pecho que quedaban al descubierto con su camisa desabotonada—. ¿Qué son esas marcas? ¿Son de alguna batalla? ¿O peleaste con algún animal gigante como el Rey de Arena?
Rokugo bajó la mirada hacia su propio pecho, y luego volvió la vista a Grimm con una sonrisa despreocupada.
—¿Esto? Nah, nada tan glorioso como eso. —Se señaló una de las cicatrices más grandes que cruzaba de un hombro al otro—. Estas son cortes de bisturí. Lilith me las hizo cuando me hizo las cirugías de mejora corporal.
—¿Cirugías de mejora corporal? Nunca entendi, como funciona eso exactamente —preguntó Grimm, frunciendo el ceño con una mezcla de curiosidad y confusión.
Rokugo asintió, recostándose contra la cabecera de la cama.
—Básicamente, Kisaragi se asegura de que sus agentes estén en óptimas condiciones. Nos operan para mejorar nuestros reflejos, fuerza, resistencia, lo que sea que necesites para cumplir las misiones. Todo es parte del contrato. —Dijo esto último con un tono que denotaba resignación.
Grimm se inclinó un poco hacia él, mirando las cicatrices con más detalle. Su curiosidad morbosa empezó a ganar terreno.
—¿Y… tu pene? —preguntó, refiriéndose a su entrepierna con un tono vacilante y las mejillas completamente rojas—. ¿También fue parte de esas mejoras?
Rokugo, notando la dirección de la pregunta, sonrió de manera coqueta y se inclinó hacia ella.
—Claro que sí. —Le guiñó un ojo—.debía ser funcional y… destacar.
Grimm se sonrojó aún más, tratando de apartar la mirada pero sin éxito.
—¡N-no puedo creer que estés tan tranquilo diciendo esas cosas! —exclamó, llevando las manos a su rostro para cubrirse.
—Oh, vamos, Grimm. No es nada del otro mundo. —Rokugo tomó otro sorbo de su cerveza y se encogió de hombros—. Deberías agradecer que Kisaragi siempre piensa en todo.
Grimm no sabía si reír, llorar o lanzarle una almohada a la cara, así que simplemente se quedó ahí, mirando al techo, tratando de procesar todo lo que acababa de escuchar mientras su corazón latía aceleradamente. En su mente, solo pudo decir para sí misma: "Perdóname, Lady Zenarith, porque esta noche… esta noche voy a pecar."
Rokugo tomó aire, rompiendo el silencio que había entre los dos, y le dio una sonrisa algo traviesa.
—Te voy a dar una excusa de verdad para usar esa silla de ruedas, Grimm —dijo él, con una mirada cómplice.
Los dos intercambiaron una sonrisa cómplice y, con la habitación iluminada únicamente por la luz tenue de una vela, dejaron que el tiempo se desvaneciera entre ellos.
—¿Entonces…? —susurró Grimm, sintiendo el aire en su pecho—. ¿Qué vamos a hacer ahora?
Rokugo no respondió de inmediato. En lugar de eso, se agachó frente a ella, acercando su rostro lentamente al suyo. Grimm, a pesar de su nerviosismo, no pudo evitar mantenerse quieta, observando cada movimiento suyo con una mezcla de curiosidad y anticipación.
De repente, Rokugo se inclinó hacia adelante y, con un movimiento calculado pero suave, deslizó su lengua sobre su parte inferior recorriéndolo con una lentitud inquietante. Grimm se sobresaltó un poco, desconcertada por el gesto.
—¿Qué... qué estás haciendo? —preguntó con voz temblorosa, sin poder evitar una pequeña risa nerviosa.
Rokugo, con una ligera sonrisa en sus labios, se alejó un poco, pero no apartó la mirada de Grimm.
—Hacerte Reír —respondió de forma tranquila, con una sonrisa traviesa—. Un gesto, digamos, un "preámbulo".
Grimm se quedó sin palabras, completamente confundida por su respuesta. Sin embargo, antes de que pudiera procesar todo lo que acababa de pasar, Rokugo volvió a inclinarse hacia ella, esta vez para besarla directamente en los labios. La besó con más pasión que antes, su lengua entrando lentamente en su boca, y Grimm no pudo evitar intentar apartarse al principio.
—¡Espera, Rokugo! —exclamó, algo fuera de control. —No deberías usar tu lengua así… antes de besarme.
Sin embargo, la protesta de Grimm se desvaneció cuando la intensidad del beso aumentó. La razón por la que había intentado resistirse fue completamente olvidada cuando las manos de Rokugo empezaron a moverse por su espalda, y el deseo se apoderó de ella. Grimm dejó de resistirse por completo, dejándose llevar por el momento y correspondiendo al beso con igual fervor.
Rokugo se separó ligeramente, mirando a Grimm con intensidad. Ella, con los ojos entrecerrados, respiraba profundamente, su pecho subiendo y bajando de manera irregular.
—No te preocupes, Grimm —dijo él, sonriendo de forma relajada—. Es solo un beso. Un beso de lo más normal... solo que con un pequeño toque especial.
Grimm, ahora sonrojada y sin poder pensar claramente, miró a Rokugo y finalmente, tras un suspiro de rendición, se tumbó de espaldas en la cama, mirando hacia el techo, con una leve sonrisa en los labios.
—Haz conmigo lo que quieras… —dijo ella, sin más reservas, señalando con un gesto hacia él para que se acercara.
Rokugo la observó un momento, notando el cambio en su actitud. Grimm estaba completamente entregada al momento, sin más dudas ni inseguridades. Con una sonrisa ladeada, se acercó a ella, sabiendo que, por esta vez, no había vuelta atrás. La noche se convirtió en algo que ambos sabían que jamás olvidarían, sin importar lo que pudiera suceder después.
Grimm se encontraba tumbada en la cama, su respiración entrecortada mientras intentaba procesar lo que estaba ocurriendo. Rokugo la observaba desde arriba, sus ojos reflejando una mezcla de deseo y curiosidad.
Grimm, sintiéndose vulnerable, instintivamente llevó sus manos para cubrirse, como si quisiera esconderse de la mirada penetrante de Rokugo.
—No... no me mires —dijo Grimm, su voz temblorosa y llena de vergüenza.
Rokugo arqueó una ceja, deteniéndose brevemente antes de tomar sus manos con delicadeza.
—Grimm, ya llegamos muy lejos para que te pongas así ahora —dijo con calma, aunque su tono tenía un deje de impaciencia.
Grimm bajó la mirada, sus mejillas completamente rojas.
—Es que... no sé qué hacer —confesó, su voz apenas audible. Luego, tras una pausa incómoda, añadió rápidamente—: Bueno, sí sé lo que se supone que debo hacer porque lo he leído y escuchado, pero... nunca lo he hecho.
Rokugo soltó una risa baja, aunque no era burlona, sino más bien comprensiva.
—Vaya, esto sí que es nuevo. Pensé que alguien tan obsesionada con Zenarith tendría algún manual espiritual sobre el tema —comentó con una sonrisa traviesa, aunque suavizó su expresión al ver la inseguridad en los ojos de Grimm.
—No es gracioso —protestó ella, todavía evitando su mirada.
Rokugo suspiró, acercándose un poco más para hablar con seriedad.
—Mira, no tiene que ser complicado. Solo... sigue lo que sientes. No es como si fuera una misión táctica donde todo tiene que salir perfecto. Relájate, ¿de acuerdo?
Grimm asintió lentamente, aunque su cuerpo seguía rígido. Rokugo, notando su incomodidad, decidió guiarla con paciencia. Lentamente, comenzó a retirar sus manos de su cuerpo, asegurándose de que ella estuviera cómoda con cada movimiento. Aunque al principio sintió un ligero dolor, Grimm pronto empezó a relajarse, dejándose llevar por la situación.
Sin embargo, en su mente, una batalla interna se desataba. Su yo consciente, que siempre había seguido las estrictas enseñanzas de Zenarith, estaba en conflicto con su cuerpo, que parecía estar respondiendo a algo que había anhelado inconscientemente durante mucho tiempo. Era como si su cuerpo hubiera estado esperando ese tipo de cariño toda su vida, pero su mente se negaba a aceptarlo.
"¿Qué estoy haciendo? Esto no está bien... pero... ¿por qué se siente tan diferente?" pensó Grimm, confundida por las emociones contradictorias que la invadían.
El debate interno terminó abruptamente cuando Rokugo finalizó. Grimm, quien había estado demasiado preocupada por lo que "debía hacer", no logró disfrutar completamente el momento. Ahora, tumbada en la cama, se sentía perdida, sin saber cómo reaccionar.
El ambiente en la habitación era tranquilo y relajado. Rokugo estaba recostado a un lado de Grimm, observándola mientras ambos respiraban con calma. Él tenía una expresión satisfecha, mientras que ella parecía estar procesando lo que acababa de ocurrir.
Después de un momento de silencio, Grimm lo miró con una expresión neutral y le preguntó, en un tono casi decepcionado:
—¿Eso fue todo?
Rokugo, claramente sorprendido y algo herido en su orgullo, soltó una risa sarcástica.
—Vaya… eres muy fría, Grimm. ¿Así le agradeces a tu novio? —dijo él, tratando de mantener el humor en la situación, aunque con una pizca de resignación.
Grimm se sonrojó ligeramente, dándose cuenta de que su comentario tal vez había sido un poco insensible. Sin embargo, en su mente, había idealizado el momento de una manera tan fantástica que la realidad no coincidía con sus expectativas.
—No, no… es solo que pensé que… no sé, tal vez algo más… espectacular… —respondió, tratando de encontrar las palabras adecuadas mientras evitaba su mirada.
Rokugo soltó una risa suave y puso una mano sobre su hombro, dándole una sonrisa de comprensión.
Rokugo miró a Grimm, quien todavía mostraba una mezcla de insatisfacción y decepción en su rostro. Con una sonrisa confiada, le hizo un gesto para acercarse.
—Todavía me queda energía para otro round, ¿sabes? —dijo Rokugo con un brillo en los ojos, insinuando algo más.
Grimm lo miró con una mezcla de sorpresa y nerviosismo, dudando un poco sobre lo que él estaba sugiriendo.
—¿Qué… qué planeas hacer ahora? —preguntó ella, sintiendo una pequeña punzada de incertidumbre en su estómago.
Rokugo le dedicó una sonrisa traviesa y le hizo un gesto
—Confía en mí, solo… solo relájate. Tengo algo especial en mente, agachate —murmuró él, acercándose a ella. Grimm, aunque con un leve rubor en sus mejillas y algo de temor, asintió y lentamente se dio la vuelta, siguiendo sus indicaciones.
Con cuidado, Rokugo se inclinó hacia adelante, cerca de sus orejas, y susurró suavemente:
—Tranquila, Grimm. Solo déjate llevar. Esta vez, voy a hacer que sea memorable —dijo en un tono tan suave y cariñoso que hizo que el corazón de Grimm se acelerara aún más.
Mientras Rokugo continuaba susurrándole cosas dulces y reconfortantes, su nerviosismo comenzó a desvanecerse poco a poco, y, a pesar de lo que al principio sintió como vergüenza, Grimm no pudo evitar disfrutar de la atención y la dedicación que él le estaba dando.
—Grimm, vamos a intentar otra cosa —dijo Rokugo con calma, aunque con un tono ligeramente juguetón—. Solo sigue mis instrucciones.
Grimm lo miró con escepticismo, claramente incómoda pero dispuesta a cooperar.
—¿Qué quieres que haga ahora? —preguntó, tratando de sonar casual, aunque sus mejillas estaban completamente rojas.
Rokugo le explicó lo que tenía en mente, detallando cómo usar sus senos para cumplir su fantasía. Grimm frunció el ceño, visiblemente desconcertada.
—Eso no suena natural… ¿Por qué alguien haría algo así?
Rokugo sonrió con suficiencia, encogiéndose de hombros.
—Es algo común en mi mundo. Aunque, para ser honesto, hay otras cosas que también se hacen, pero prefiero no mencionarlas por tu propia salud mental.
Grimm bufó, todavía incómoda, pero decidió seguir adelante. "Si esto hace feliz a Rokugo," pensó, "entonces tal vez sea lo correcto." Con un suspiro resignado, comenzó a hacer lo que él le había pedido.
A medida que avanzaba, Grimm observó cómo Rokugo parecía disfrutarlo. A pesar de su incomodidad inicial, algo dentro de ella cambió. Empezó a sentirse orgullosa, como si estuviera cumpliendo con su papel como "novia". Si Rokugo estaba contento, entonces ella también debería estarlo.
—Supongo que soy buena en esto… —murmuró Grimm, sorprendida al darse cuenta de que, para su vergüenza, estaba empezando a disfrutarlo también.
Rokugo soltó una risita baja, notando el cambio en su actitud.
—Vaya, Grimm, nunca pensé que te tomarías tan en serio esto
de ser una buena novia.
Grimm lo fulminó con la mirada, aunque no pudo ocultar un ligero rubor en sus mejillas.
—No te burles de mí… Solo estoy haciendo lo que pediste.
Finalmente, Rokugo terminó, dejándose caer sobre la cama con un suspiro de satisfacción. Grimm, por otro lado, se sintió repentinamente agotada. No estaba acostumbrada a moverse tanto, y todo el esfuerzo físico comenzaba a pasarle factura.
Rokugo se recostó nuevamente junto a Grimm, respirando profundamente mientras una sonrisa satisfecha se dibujaba en su rostro. Se giró hacia ella y le susurró:
—Eso fue… bastante increíble. ¿No crees? —dijo él, con un tono de voz suave pero lleno de entusiasmo.
Grimm, con las mejillas completamente rojas y la cara manchada, evitaba mirarlo directamente, aún abrumada por lo que acababa de suceder. Sentía una mezcla de vergüenza y sorpresa, especialmente porque, contra todo pronóstico, realmente había disfrutado de lo que acababan de hacer.
—Y-yo… No vuelvas a pedirme algo tan raro, ¿de acuerdo? Esto fue demasiado —exclamo Grimm en voz baja, apenas audiblemente, mientras sus manos intentaban ocultar su rostro. Se sentía avergonzada de que algo tan inusual hubiera sido tan placentero para ella.
Rokugo soltó una pequeña risa y, divertido, le dio un suave golpecito en la cabeza.
— No era tan terrible, ¿verdad? —le dijo con satisfacción.
Grimm, aún sonrojada, soltó un suspiro y miró hacia el techo, tratando de calmar su corazón acelerado.
—Supongo… que tienes razón —murmuró, aún procesando todo lo que había pasado esa noche.
Rokugo la rodeó con un brazo y la atrajo hacia él, aunque el momento fue íntimo, él no lo hizo con genuino afecto. Para él, Grimm no era más que una distracción temporal. No era amor verdadero, ni siquiera un cariño profundo; era simplemente una "aventura".
Rokugo encendió un cigarrillo y exhaló el humo con satisfacción, mientras Grimm miraba al techo en silencio. La adrenalina del momento se había desvanecido, y un extraño vacío comenzó a llenarla.
De repente, Grimm empezó a sollozar. Rokugo giró la cabeza, arqueando una ceja al verla.
—¿Qué te pasa ahora? —preguntó, aún sosteniendo el cigarrillo entre los dedos.
Grimm trató de secarse las lágrimas, pero estas no dejaban de brotar.
—Zenarith…va a castigarme por esto… Soy su sacerdotisa, y… y dejé que me sedujeras. Me dejé llevar por la emoción de tener un novio y… y me gustó cumplir tus fantasías.
Rokugo dejó escapar una pequeña risa, negando con la cabeza.
—Vamos, Grimm, estás exagerando.
No creo que a Zenarith le importe mucho lo que hagas.
Grimm escondió el rostro entre las manos, avergonzada y abrumada.
—No entiendes… yo soy su sacerdotisa, debería estar por encima de estas cosas. Pero aquí estoy, llorando como una tonta, porque… porque me dejé llevar por todas estas fantasías. No solo eso, ¡me gustaron! ¡Disfruté hacerlo!
Rokugo, al verla tan perturbada, se acercó y le puso una mano en el hombro.
—Oye, tranquila. No tienes por qué atormentarte. No hiciste nada malo. Además, no todos los días puedes cumplir tus fantasías, ¿no? No es nada del otro mundo.
Grimm se secó las lágrimas, mirando a Rokugo con ojos llenos de determinación.
—Rokugo… quiero que lo recuerdes, porque es importante para mí: nos casaremos en nueve años. Así que no pienses que esto es solo pasajero, ¿de acuerdo?
Rokugo le sonrió de forma tranquilizadora, asintiendo.
—Claro, Grimm. En nueve años, entonces —respondió, fingiendo aceptarlo para calmarla.
Finalmente, Grimm dejó de llorar, cerrando los ojos mientras el cansancio la vencía y se quedaba profundamente dormida. Rokugo soltó una pequeña risa, apagando su cigarrillo y recostándose a su lado, mientras el silencio de la noche cubría la habitación.
Grimm abrió los ojos lentamente, mirando el techo de su habitación con una mezcla de resignación y claridad. Había estado rumiando en silencio, sus pensamientos oscilando entre la culpa y la aceptación.
—Supongo que, cuando llegue mi última muerte… tendré que hacer cuentas con Zenarith —dijo en voz baja, más para sí misma que para Rokugo.
Él, aún despierto, la miró con curiosidad, apoyando la cabeza en una mano mientras jugueteaba con la colilla de su cigarrillo.
—Hasta entonces… quiero disfrutar esto, Rokugo. Quiero vivir esta experiencia. Mi primer novio… mi primer amor —continuó Grimm, girándose hacia él con una mirada vulnerable.
Rokugo la observó un momento antes de responder.
—Si eso es lo que quieres, entonces hazlo, Grimm. No dejes que un dios resentido te arruine la diversión. Aunque debo decir, eso de "primer amor" suena un poco cursi viniendo de ti.
Grimm le lanzó una mirada fulminante, pero no pudo evitar sonreír levemente. Luego, con un leve titubeo, continuó.
—Rokugo… hay algo que quiero decirte. Algo importante. No puedo tener hijos.
Lo soltó de golpe, esperando algún tipo de reacción negativa. Quizás decepción, tal vez una mueca incómoda. Pero Rokugo, en lugar de molestarse, dejó escapar una risa genuina, lo que la tomó completamente desprevenida.
—¿Por qué te ríes? —preguntó Grimm, confundida.
—Lo sabía. Tenía la sospecha de que no podías embarazarte. Y, para ser honesto, me alegra. No quiero tener hijos —admitió Rokugo con una naturalidad desconcertante.
—¿Eh? —Grimm parpadeó, incrédula.
—Los niños me irritan. Son ruidosos, exigentes y... bueno, hay uno en particular que de vez en cuando aparece llamándome "Ziperman". Es insoportable. Y además, yo fui huérfano. Ni de broma pienso criar niños, y si alguna vez tuviera uno, lo más probable es que lo abandonara.
Grimm lo miró boquiabierta, sin saber si sentirse horrorizada o reírse.
—¡Eso es cruel, Rokugo! —exclamó, aunque su tono no era del todo serio.
—¿Cruel? —repitió él, encogiéndose de hombros—. Tal vez, pero al menos soy honesto. Además, no pareces muy entusiasmada con los niños tampoco.
Grimm suspiró, resignada.
—Tienes razón… No los soporto. Siempre me han llamado "solterona" o se burlan de mí por usar silla de ruedas. Son tan crueles a veces. De hecho, no sé cómo es que Rose soporta estar conmigo, considerando lo infantil que puede ser ella misma.
Ambos quedaron en silencio por un momento, el ambiente comenzando a sentirse incómodamente serio. Rokugo decidió intervenir, levantando una ceja y dando una señal obvia.
—Bueno, creo que ya es suficiente charla profunda por una noche. ¿Por qué no dices algo como "quiero dormir" y acabamos con esto?
Grimm captó la indirecta y sonrió levemente.
—Está bien… Quiero dormir —dijo, acomodándose en su lado de la cama.
Rokugo apagó la colilla de su cigarrillo y se recostó también.
—Buena idea. Duerme, sacerdotisa de Zenarith. Mañana habrá más pecados para cometer.
Grimm rodó los ojos, pero no pudo evitar reír suavemente. Cerró los ojos, permitiendo que el sueño la envolviera mientras Rokugo permanecía en silencio, mirando el techo con una ligera sonrisa de satisfacción.
Cuando Grimm finalmente se quedó dormida, Rokugo se levantó de la cama y la miró en silencio. Acariciando su cabello, susurró para sí mismo:
Rokugo: "Lo siento, Grimm, pero mi verdadero amor es Astaroth."
Luego, se dio la vuelta, se vistió y salió del cuarto sin hacer ruido. En ese instante, Grimm, aún medio dormida, murmuró algo en sueños:
Grimm (medio dormida): "Sí... me casaré en nueve años..."
Rokugo dejó escapar una risa irónica, ignorando lo que Grimm había dicho en sueños, y salió rumbo a la base de Kisaragi y de ahi a Grace.
Viper estaba sentada en el suelo frío de su celda, con las rodillas contra el pecho y la mirada perdida en el vacío. Había pasado horas repitiéndose a sí misma que su decisión era la correcta. "Es lo mejor para mi pueblo," pensaba una y otra vez. "Si muero, ellos tendrán una oportunidad de vivir en paz. Es el precio que debo pagar por las masacres de mi padre."
Pero a pesar de sus intentos de autoconvencerse, las lágrimas comenzaron a brotar lentamente de sus ojos. No podía evitar sentirse abrumada por la injusticia de todo. ¿Por qué tenía que ser ella quien cargara con este peso? ¿Por qué siempre había sido vista como inferior, incluso entre su propio pueblo? En esos últimos días, había sentido algo que nunca antes había experimentado: la sensación de pertenecer. Los videojuegos con Rokugo, las bromas absurdas y los momentos compartidos con el equipo de Kisaragi... Todo eso la había hecho sentir viva.
De pronto, escuchó una voz familiar dentro de su mente.
—Viper… soy yo, Rokugo. Puedo comunicarme contigo por telepatía —dijo la voz, en un tono serio y profundo.
Viper se sobresaltó al principio, pero rápidamente recuperó su compostura. Aunque aún lloraba, trató de mantener un tono firme mientras respondía en silencio.
—¿Rokugo? ¿Eres tú? No sabía que tenías ese tipo de poder… —respondió, incrédula pero con un atisbo de esperanza.
La voz continuó
La voz de Rokugo sonaba tranquila, casi reconfortante.
—Sé que has estado lidiando con muchas cosas últimamente. Pero quiero que sepas algo: todos en Kisaragi te valoramos. Eres útil, eres parte del equipo. Estos días junto a nosotros... sé que disfrutaste ese tiempo más de lo que admitirías.
Viper cerró los ojos, dejando que las palabras de Rokugo calaran profundamente.
—Es cierto... estos últimos días fueron... especiales. Por primera vez, sentí que finalmente había encontrado un lugar al que pertenecer. Pero ahora... —su voz se quebró—. Ahora ya no importa. Mi pueblo necesita esto. Si logro redimirlos con mi sacrificio, entonces habrá valido la pena.
Rokugo hizo una pausa dramática antes de continuar.
—No tienes que hacer esto, Viper. Puedo sacarte de aquí. Te llevaré de vuelta a la Ciudad Escondite y de Ahi a la sede principal de Kisaragi.
—Viper… dime la verdad, ¿qué piensas realmente de todo esto? Esta es tu última oportunidad de ser completamente sincera. Nadie más nos escucha.
La exreina se tomó un momento para reflexionar. Bajó la mirada, dejando salir una confesión sincera, algo que había guardado en lo más profundo de su corazón.
—La verdad es que… todo esto, estos días que pasé con ustedes… han sido los mejores momentos de mi vida. Me siento… libre, por primera vez —admitió, con un ligero temblor en su voz—. Es como si finalmente hubiera encontrado un lugar al que pertenezco.
Justo en el instante en que sus palabras se volvían más sentimentales, Rokugo desactivó el modo invisible de su traje, apareciendo de golpe frente a ella con una sonrisa burlona.
Nadie tiene por qué saberlo.
Viper negó con la cabeza, aunque sabía que él no podía verla.
—No... para cuando llegues desde la Ciudad Escondite hasta Grace, ya será demasiado tarde. Además, romper esto sería traicionar el trato. Yo... yo solo lamento no haber podido verte una última vez.
Mientras hablaba, su voz se volvió más sentimental, cargada de emociones contenidas durante mucho tiempo. Fue entonces cuando, de repente, Rokugo desactivó el modo invisible de su traje y apareció frente a ella con una sonrisa burlona en el rostro.
—¿Una última vez? —preguntó Rokugo, cruzándose de brazos—. Aquí estoy, idiota. Y no, no hay telepatía. Solo estaba escondido todo este tiempo.
Viper lo miró boquiabierta, mezclando sorpresa e indignación.
—¡Eres un maldito bastardo! ¡Me hiciste creer que estabas usando telepatía!
Rokugo se encogió de hombros, sin perder su sonrisa arrogante.
—Bueno, funcionó, ¿no? Logré hacerte hablar. Ahora dime, ¿qué decides?
Sin darle tiempo a responder, Rokugo sacó un cuchillo de su cinturón y cortó los barrotes de la celda con facilidad. El ruido metálico resonó en el pasillo, pero parecía que nadie más estaba cerca.
Viper, aún sentada en el suelo, lo miró con los ojos llenos de lágrimas.
—No... no puedes hacer esto. Si me sacas, romperás el trato. Mi pueblo...
Rokugo la interrumpió bruscamente.
—Olvídate del trato por un segundo. Dime la verdad: ¿qué quieres tú ? No tu pueblo, no tu padre, ni nadie más. Solo tú.
Las palabras de Rokugo golpearon a Viper como un rayo. Durante años, siempre había puesto a los demás por delante de sí misma. Pero esta vez, no pudo contenerse más. Las lágrimas fluyeron libremente mientras su cuerpo temblaba incontrolablemente.
—¡No quiero morir, Rokugo! ¡No quiero morir sola ! Quiero seguir viviendo... quiero seguir sintiéndome útil... quiero seguir jugando esos estúpidos videojuegos contigo...
Rokugo asintió, satisfecho con su respuesta. Sin decir nada más, extendió una mano hacia ella. Viper dudó por un momento, pero finalmente la tomó, dejándose ayudar a ponerse de pie. Aunque seguía cargando el peso de su decisión anterior, sabía que no podía retroceder ahora. Con el corazón dividido entre el alivio y la culpa, salió de la celda siguiendo a Rokugo.
Mientras avanzaban, algunos agentes de Kisaragi crearon una distracción, enfrentándose a los soldados del Reino para facilitar su escape. Los ruidos de combate resonaban en los pasillos, y los gritos de los guardias se mezclaban con el eco de las espadas chocando.
Justo cuando alcanzaron el patio exterior, la princesa Tilis apareció, acompañada de Snow, y levantó una mano en señal de alto.
—¡Rokugo, detente! No puedes hacer esto. La muerte de Viper es esencial para el tratado de paz. ¡No arruines todo el esfuerzo que hemos hecho! —le imploró la princesa, su voz firme y autoritaria.
Rokugo suspiró, levantando una ceja.
—Lo siento, princesa, pero tengo otros planes —dijo con una sonrisa desafiante, y rápidamente puso la capucha de invisibilidad sobre Viper—. Voy a distraerlos. Tú solo sigue el plan.
Viper, aún algo avergonzada, asintió en silencio y desapareció bajo la capucha.
Sin embargo, justo en ese momento, Grimm apareció en escena, mirando a su alrededor con una expresión de angustia.
—¡Espera, espera! ¡¿A dónde crees que vas, Rokugo?! —gritó Grimm, visiblemente molesta.
Rokugo levantó las manos en señal de calma.
—¿Qué pasa, Grimm? Pensé que estabas de nuestro lado.
Grimm lo miró con lágrimas en los ojos, temblando de rabia y celos.
—¡Yo… yo no sabía que planeabas huir con Viper! ¡¿Qué clase de comandante se fuga con otra mujer y abandona a su fiel Grimm?! —exclamó, claramente imaginando un futuro donde Rokugo y Viper se enamoraban y la dejaban atrás.
Rokugo no pudo evitar suspirar, dándose cuenta de que las cosas se estaban complicando más de lo necesario.
—Grimm, no es lo que parece… —intentó explicarse, pero antes de que pudiera continuar, Viper, aún bajo la capucha, fue descubierta por Alice, Snow y la princesa Tilis.
Alice sonrió maliciosamente mientras bajaba la capucha, revelando a Viper.
—Vaya, vaya… parece que alguien intentaba huir. ¿Crees que puedes engañarnos tan fácilmente, Viper? —dijo Alice con un tono juguetón.
Snow, por su parte, sacó su espada y miró a Rokugo con ojos acusadores.
—Esto es una traición, Rokugo. ¿De verdad planeabas romper el trato? —preguntó Snow, decepcionada.
Viper miró a Rokugo, con una mezcla de tristeza y determinación en sus ojos. Antes de que pudieran detenerla, corrió hacia una torre cercana y, frente a toda la multitud, sacó lo que parecía ser una pequeña bomba.
—¡Por el bien de mi pueblo y para que esta guerra termine de una vez…! —gritó, activando la "bomba" y dejando que una cegadora luz envolviera todo a su alrededor.
Rokugo apenas tuvo tiempo de gritar su nombre antes de ser cegado por la explosión de luz.
mientras el humo se disipaba, el cuerpo de Viper había desaparecido. Todos en el lugar asumieron su "muerte."
Heine, que observaba desde lejos, rompió en llanto, sus gritos de dolor resonando por todo el campo. Su amada reina había dado su vida por ellos. El trato se cerró, y los demonios fueron transportados a la sede principal de Kisaragi, donde comenzarían una nueva vida como agentes de la organización.
Después de la ejecución pública de Viper, el ambiente en el campamento de Kisaragi era sombrío. Rokugo se encontraba sentado solo en una esquina, mirando al suelo con expresión ausente. Grimm llegó rodando hacia él, furiosa y con los ojos llenos de lágrimas.
—¡Tú! —gritó Grimm, señalándolo acusadoramente—.
Grimm apretó los puños, dejando escapar un sollozo mezclado con rabia.
—¡Ayer mismo estuvimos juntos! ¡Y ahora te veo aquí como si nada! ¿Qué hay entre tú y esa mujer, Rokugo?
Rokugo se puso de pie rápidamente, sorprendido por la acusación.
—¿De qué estás hablando?
No hay nada entre nosotros. Solo quería salvarla... pero ya no hay nada que pueda hacer.
Grimm lo miró con desconfianza, aunque algo en su tono la hizo dudar. Finalmente, suspiró y murmuró:
—Más vale que sea verdad lo que dices... porque si me entero de que huiste con otra después de lo que pasamos, nunca te lo perdonaré.
Rokugo asintió, fingiendo estar convencido de su propia mentira. Aunque en realidad, su tristeza era genuina; no por haber "huído" con Viper, sino porque sabía que ella había renunciado a todo para proteger a su pueblo.
Tiempo después, en la sede de Kisaragi
En los días siguientes, el equipo de Kisaragi parecía envuelto en un pesado silencio. Snow y Rose caminaban cabizbajas, mientras que el Hombre Tigre se negaba a hablar con nadie. Incluso Grimm, quien usualmente causaba caos con sus maldiciones fallidas, se mantuvo callada, limitándose a observar cómo Rokugo intentaba distraerse jugando en su Game Boy.
Una noche, durante una reunión improvisada en el comedor, Snow explotó contra Alice.
—¡Esto es tu culpa! —gritó, golpeando la mesa—. Si no hubieras insistido tanto en cumplir con el trato, podríamos haber encontrado otra manera. ¡Podríamos haber salvado a Viper!
Alice, imperturbable como siempre, respondió con frialdad:
—La ejecución fue parte del acuerdo que ella misma propuso. No debemos cuestionar decisiones estratégicas ni emocionales. Esto es lo mejor para todos.
El Hombre Tigre gruñó desde su rincón.
—Nyaa... Alice tiene razón, pero eso no significa que sea justo. Viper confiaba en nosotros, y nosotros no hicimos nada para ayudarla.
Rokugo cerró los ojos, sintiendo cómo la culpa lo carcomía. Sabía que Alice tenía razón desde un punto de vista lógico, pero eso no aliviaba el dolor que sentía al perder a alguien con quien había compartido tantos momentos.
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