El Festival de los Muertos era una tradición antigua, un evento en el que los muertos regresaban cada año, siguiendo una regla ancestral. Grimm, siendo una experta en exorcismos, había sido designada una vez más para llevar a cabo la ceremonia y asegurar que los muertos no causaran estragos en la ciudad.
Distintos agentes de Kisaragi fueron poco a poco llegando a la ciudad de Grace como mercenarios a travez de la maquina teletransportadora.
El recibimiento
Rokugo entró al campamento con su típico andar despreocupado, llevando a Russel encadenado detrás de él como si fuera una mascota problemática. Al acercarse, vio a su equipo en diferentes estados de ánimo.
Snow estaba sentada bajo la sombra de un árbol, leyendo un libro con expresión seria. Levantó la mirada al notar la llegada de Rokugo y torció el gesto. No dijo nada, pero el desdén era evidente.
Rose, por otro lado, corrió hacia él con una sonrisa radiante.
—¡Capitán! Me alegra ver que estás vivo. —Se detuvo a un par de pasos, mirando a Russel con indiferencia—. Aunque no sé por qué trajiste a ese tipo.
Grimm estaba cerca, frotándose la frente como si tratara de recordar algo. Al ver a Rokugo, se cruzó de brazos y frunció el ceño.
—¡Tú! Solo recuerdo que me golpeé la cabeza y después, nada. ¿Qué demonios pasó?
Rokugo sonrió con suficiencia.
—Ah, Grimm, siempre eres el alivio cómico del grupo.
Grimm bufó, furiosa.
—¡Deja de decir eso! Desde que me uní a este grupo, solo me han pasado cosas malas. ¡Nada bueno, nada!
Rokugo fingió pensar por un momento y luego añadió con tono burlón:
—Bueno, si te molesta tanto, puedo pedir que te transfieran a otro escuadrón. Estoy seguro de que alguien querrá a una sacerdotisa sin zapatos que se maldice a sí misma el 20% del tiempo.
Grimm, histérica, gritó:
—¡No! No puedes deshacerte de mí así. ¡No después de que tuvimos una cita y me viste en ropa interior!
El comentario hizo que Snow levantara la mirada de su libro, sorprendida.
—¿Qué clase de citas están teniendo ustedes dos? —preguntó con tono frío.
Rokugo levantó las manos, tratando de defenderse.
—Estás sacando las cosas de contexto, Grimm. Nada de eso pasó como tú lo estás pintando.
Grimm lo miró con desconfianza, pero antes de que pudiera responder, Rokugo recordó algo importante.
—Hablando de contextos... —dijo, girándose hacia Grimm—. Todavía estoy pendiente de comprobar lo de tu maldición. ¿Qué tal si probamos ahora?
Grimm lo miró con horror, entendiendo exactamente a dónde quería llegar.
—¡No! ¡De ninguna manera! —gritó, retrocediendo rápidamente—. Acabo de recordar algo importante. ¡El festival de los no muertos está cerca y soy la encargada! ¡Tengo que irme ahora mismo! —Salió corriendo antes de que Rokugo pudiera insistir.
Grimm, como encargada del festival de los no muertos, estaba al borde del colapso. Necesitaba contener a los espíritus malignos en muñecos adorables antes de que comenzaran los rituales, pero no tenía los materiales necesarios.
—¡Rose! —gritó Grimm mientras terminaba de dibujar círculos mágicos en el suelo—. Ve por Rokugo y dile que compre unos peluches adorables. Necesitamos algo donde contener a los espíritus antes de que causen un desastre.
Rose, siempre despreocupada, asintió y salió corriendo. Sin embargo, al llegar a donde estaba Rokugo, lo encontró junto al Hombre Tigre, ambos riendo a carcajadas mientras obligaban a Russel a limpiar con un uniforme de sirvienta. El chico, completamente humillado, intentaba ignorar las burlas de sus "captores".
—¡Nyaa, limpia mejor o te haré decir 'amo Rokugo'! —dijo el Hombre Tigre, mientras Rokugo se doblaba de risa.
Rose, sorprendida por la escena, se quedó sin palabras. Al final, olvidó mencionar los detalles importantes sobre los peluches y solo le dijo a Rokugo que Grimm lo necesitaba urgentemente.
Cuando Rokugo llegó al lugar, Grimm ya estaba peleando con unas estatuas de barro improvisadas. Los espíritus malignos que intentaba contener se resistían, provocando pequeñas explosiones de energía que esparcían barro por todas partes.
—¡¿Qué demonios estás haciendo?! —gritó Rokugo, cubriéndose el rostro cuando un chorro de barro casi lo alcanza.
—¡Tú! ¡Llegas tarde! —chilló Grimm, señalándolo acusadoramente—. ¡Tenías que traer peluches adorables!
Rokugo arqueó una ceja, confundido.
—Peluches... ¿qué? Nadie me dijo nada de eso. Traje esto. —Sostuvo un "Destripador", un horrible juguete de la mascota de Kisaragi, que más que adorable, parecía sacado de una película de terror.
Grimm lo miró con incredulidad y luego explotó.
—¡Eso está horrendo! ¿Cómo se supone que los espíritus van a descansar en algo tan espantoso?
Intentando calmar la situación, Rokugo avanzó hacia ella, pero uno de los muñecos de barro explotó justo en ese momento, cubriéndolo por completo.
—¡Ya basta! —gritó Rokugo, enfurecido. En un arrebato, Tomo la falda de Grimm y la envolvió sobre ella como si fuera un capullo.
—¡¿Qué haces?! —chilló Grimm, histérica.
—¡Si vas a causar problemas, al menos hazlo sin ensuciarme! —respondió Rokugo.
Rose llegó justo en ese momento, mirando la escena con asombro.
—Ah, esto es un desastre. —Suspiró—. Para tu información, Capitán, este festival es importante porque las almas de los fallecidos visitan a sus parientes poseyendo muñecos. Por eso deben ser adorables.
Rokugo se quedó mirándola, incrédulo.
—¿Y ahora me lo dices? Genial. Ya es demasiado tarde para arreglar esto.
De vuelta en la base, Rokugo entró cubierto de barro, visiblemente agotado. Al llegar, vio a Snow trabajando con diligencia en unos proyectiles hechos a mano. Alice, a su lado, estaba supervisando.
—¿Qué está haciendo? —preguntó Rokugo, señalando a Snow.
Alice respondió sin apartar la vista del trabajo.
—Snow cayó en quiebra después de la reducción de sueldo. Así que la contraté para que trabaje para mí. La estoy capacitando.
Snow miró de reojo a Rokugo, lanzándole una mirada de odio puro.
—No digas nada, Rokugo, o juro que esto no terminará bien para ti.
Rokugo alzó las manos en señal de rendición, pero no pudo evitar sonreír.
—¿Sabes, Snow? Creo que finalmente estás encontrando tu lugar en el mundo.
Snow apretó los puños, pero Alice la detuvo antes de que lanzara algo.
El equipo, a pesar del caos, sabía que las cosas apenas comenzaban. ¿Qué podría salir mal en un simple festival de los no muertos? Bueno, con Rokugo y compañía, la lista era interminable.
Rokugo se acercó a Rose mientras ella afilaba una pequeña daga con sus garras, distraída. Decidió abordar un tema que le había estado rondando la cabeza desde que capturaron a Russel.
—Oye, Rose. —Rokugo se sentó a su lado con una sonrisa perezosa—. ¿Por qué no le preguntas a Russel sobre tu pasado? Es obvio que él sabe algo. ¿No tienes curiosidad?
Rose se detuvo un momento, mirando la hoja de su daga. Luego, suspiró.
—Claro que quiero saberlo. Pero… ¿y si no me gusta lo que descubro? —admitió con una honestidad poco habitual en ella—. Russel odia a los humanos, y no quiero que, al saber mi pasado, termine odiándolos yo también.
Rokugo la miró sorprendido. No esperaba tanta profundidad en su respuesta.
—Además —continuó Rose, encogiéndose de hombros—, después de ver cómo se deja tratar como sirvienta en Kisaragi, no puedo tomarlo en serio.
Rokugo se rió.
—Eso tiene sentido. Aunque, sinceramente, Russel nunca ha sido el tipo de persona que inspira respeto.
Unos minutos después, Grimm apareció corriendo hacia Rokugo, con su expresión desesperada habitual.
—¡Rokugo! Necesito tu ayuda para el festival. ¡Por favor, haré lo que sea! —gritó, aferrándose a su brazo.
Rokugo levantó una ceja, sospechoso.
—¿Lo que sea, eh? Bueno, recuerda que ambos somos adultos. Si intentas pagarme con un mugre beso como Snow, no voy a perdonarte.
Grimm se sonrojó violentamente, retrocediendo.
—¡¿Qué estás insinuando?! —chilló, claramente nerviosa.
Rokugo sonrió con suficiencia.
Grimm empezó a tartamudear, sin saber cómo responder. Finalmente, cambió el tema rápidamente.
—¡Basta de tonterías! Necesito tu ayuda para recolectar una flor especial que solo crece bajo la luna llena. Sirve para atraer a los espíritus. ¡Es urgente!
Rokugo se levantó, encogiéndose de hombros.
—Está bien, vamos. Pero después de esto, llévame a un lugar de mujeres… y a Rose, algo de comida. —Señaló a Rose, que ya parecía emocionada ante la idea.
El ataque de los zombis
La expedición nocturna comenzó con Rokugo, Grimm y Rose adentrándose en el bosque bajo la luz de la luna. Rokugo comentó cómo, gracias a las modificaciones de Kisaragi, podía ver parcialmente en la oscuridad. Grimm, por su parte, insistió en que su visión nocturna era gracias a Zenarith.
—No me importa si es gracias a Zenarith o a que comes zanahorias —dijo Rokugo con tono aburrido—. Solo guía el camino.
Mientras discutían, un hedor nauseabundo llenó el aire. Antes de que pudieran reaccionar, un grupo de zombis apareció tambaleándose entre los árboles. Rokugo buscó un arma, pero no tenía nada útil a mano.
Rose, en cambio, cayó de rodillas, sujetándose la cabeza.
—El olor… me está matando… —murmuró con debilidad.
Grimm intentó controlar a los zombis con su magia, pero no le hicieron caso. Desesperada, tomó una decisión drástica.
—¡No tengo otra opción! —gritó, levantando las manos—. Voy a retirar la bendición de Zenarith en esta área.
Un brillo oscuro envolvió el lugar, y los zombis, junto con Grimm, cayeron al suelo como cuerpos inertes. Rokugo y Rose se quedaron mirándola en silencio.
—Bien… —dijo Rokugo finalmente, levantando a Grimm como un saco de patatas—. Llévemela al templo. Otra vez.
Rose asintió con resignación mientras seguían a Rokugo.
Al llegar al templo de Zenarith, Rokugo dejó el cuerpo de Grimm frente al altar.
—No sé cuántas veces más tendremos que hacer esto —dijo, masajeándose las sienes.
Rose lo miró con curiosidad.
—¿No te molesta que siempre esté muriendo?
Rokugo sonrió.
—… empiezo a preguntarme si Zenarith tiene un límite de reviviciones.
Alice apareció en la entrada, cruzándose de brazos.
—Si lo tiene, es mejor que lo descubramos antes de que se le acaben a Grimm.
Rokugo y Rose esperaron pacientemente junto al altar del templo de Zenarith, pero Grimm no daba señales de regresar. La frustración comenzó a acumularse en Rokugo.
—¿Por qué tarda tanto esta vez? —preguntó, golpeando el suelo con impaciencia.
Rose miró a Rokugo con preocupación.
—¿Y si Zenarith ya no quiere revivirla? ¿Qué hacemos si Grimm no vuelve?
Rokugo se cruzó de brazos, pensativo.
—Tal vez Zenarith se ofendió porque Grimm se removió su propia bendición. —Suspiró, mirando su bolsa de pertenencias—. Bueno, tengo una idea.
Cuando Grimm despertó, no se encontraba en la ciudad. Estaba en el Templo de Zenarith, un lugar sagrado para aquellos que seguían la deidad
Sin embargo, algo no estaba bien. Al abrir los ojos, una sensación de vacío la invadió.
—¿Qué... sucedió? —dijo Grimm, mirando las paredes de piedra del templo. Estaba sola.
En ese momento, Zenarith, la deidad
abló en su mente, su voz profunda y majestuosa.
—¿Qué has hecho, hija mía? —la voz retumbó en su cabeza. Tu exorcismo ha alterado el balance.
Grimm se tensó. ¡No! —gritó. ¡No quería!
Zenarith siguió, ofendida.
—Al realizar el exorcismo en área, te has despojado de la bendición que te otorgué. **Te quité la vida para que pudieras existir más allá de la muerte, pero tú has decidido despojarte de eso.
Grimm, ahora visiblemente afectada, comenzó a temblar. No, esto no puede ser cierto, pensó.
Rokugo sacó unas monedas que había estado coleccionando como un pasatiempo y las colocó en la ofrenda del altar.
—Espero que esto sirva como un soborno divino —dijo con sarcasmo.
Pocos segundos después, un resplandor iluminó el altar, y Grimm apareció de nuevo, tosiendo y luciendo confundida.
—¡Rokugo! —exclamó, mirando a su alrededor—. Tuve un sueño horrible. Una mujer que decía ser Zenarith me regañó por haberme quitado mi bendición. Fue... aterrador.
Rokugo la observó, entrecerrando los ojos.
—¿Así que admites que te suicidaste al remover la bendición?
- Grimm no respondio
Rokugo la miró de forma extraña, misteriosa, y en ese momento, todo comenzó a encajar.
—¿Te sientes bien, Grimm? —preguntó, con un tono más serio del usual.
Grimm levantó la cabeza, sus ojos pálidos reflejaban una tristeza profunda.
—No estoy viva, ¿verdad? —murmuró, sin mirar a nadie en particular.
Rokugo, al escuchar sus palabras, lo entendió todo. Grimm no estaba completamente viva, sino que era un cadáver reanimado, con un alma atrapada en una existencia entre la vida y la muerte.
—Grimm... —dijo Rokugo, con una mezcla de sorprendido y compasivo. Tú nunca fuiste "normal".
Grimm se apartó de su mirada, como si se estuviera negando a aceptarlo.
—¡Eso no es cierto! —gritó. ¡Yo... yo estoy viva! ¡Vivo, respiro, siento!
Pero en el fondo, Grimm sabía que la verdad era más amarga que cualquier mentira. Su piel fría, su mirada vacía, su sensación constante de desconexión del mundo vivo, todo cobraba sentido ahora.
—No... no soy un muerto... no soy un no-muerto... —se repitió, con voz quebrada.
Rokugo observó, con una mirada fría, mientras Grimm seguía luchando contra lo que en su interior ya sabía.
Rokugo levantó una ceja, claramente no creyéndole.
—Como digas, alivio cómico.
—¡No me llames así! —gritó Grimm, histérica
Alice observó a Grimm con detenimiento mientras esta se recuperaba lentamente en el altar. Con su tono neutral y preciso, anunció:
—Agente 6, me retiro. Según la planificación, nuevos agentes de Kisaragi llegarán esta noche al punto de contacto. Debo ir a recibirlos.
Rokugo asintió sin mucho interés, aún mirando a Grimm, quien parecía más deprimida que de costumbre. Alice se alejó sin decir más, dejando a Rokugo solo con ella. El ambiente estaba cargado de una mezcla de tristeza y frustración, especialmente por parte de Grimm, quien no podía evitar sentirse como un recordatorio andante de su condición de "no-muerta".
Rokugo, siempre calculador, decidió poner a prueba una hipótesis que había estado rondando su mente. Sabía que Grimm estaba vulnerable emocionalmente, y pensó que manipular sus sentimientos podría ser una excelente manera de obtener puntos malos. Además, tenía curiosidad por ver hasta dónde podía llegar con esto.
Con una sonrisa calculadora, Rokugo se acercó a Grimm y le dijo:
—Grimm, sé que últimamente has pasado por muchas cosas difíciles. Quiero hacer algo especial para ti. ¿Qué te parece si salimos esta noche? Pero no como antes, golpeando parejas felices o causando caos. Esta vez... quiero que seamos nosotros los que formemos una pareja feliz.
Grimm lo miró sorprendida, con los ojos bien abiertos.
—¿Una... cita? ¿Tú y yo? —preguntó, insegura pero claramente intrigada.
Rokugo asintió con una expresión fingida de sinceridad.
—Exacto. Solo tú y yo. Una noche para olvidar todo lo malo y disfrutar de algo bueno. ¿Qué dices?
Grimm, después de unos segundos de vacilación, aceptó. Necesitaba distraerse de la realidad aplastante de su existencia, aunque fuera solo por unas horas.
—Está bien... Acepto. Pero no hagas nada raro, ¿entendido?
La noche era tranquila, con el cielo despejado y las estrellas brillando sobre ellos. Rokugo llevó a Grimm a varios lugares que sabía que disfrutaría: un pequeño restaurante acogedor donde pidieron comida exquisita, un parque iluminado por faroles donde caminaron (bueno, Grimm rodó) tranquilamente, y finalmente un mirador desde donde se podía ver toda la ciudad.
A cada paso, Rokugo fingía ser el hombre ideal que Grimm siempre había soñado. Escuchaba atentamente sus historias, le hacía cumplidos extravagantes y hasta fingió interés en las largas explicaciones de Grimm sobre Zenarith.
—Sabes, Grimm, creo que eres mucho más interesante de lo que pensé al principio —dijo Rokugo con una sonrisa encantadora, aunque internamente seguía calculando cuántos puntos malos estaba ganando.
Grimm, por su parte, se sintió genuinamente feliz por primera vez en mucho tiempo. No podía evitar sonrojarse ante los halagos de Rokugo, y aunque una pequeña parte de ella sospechaba que algo no encajaba, prefirió ignorarlo y disfrutar del momento.
Al final de la noche, Rokugo revisó su brazalete y se sorprendió al ver cuántos puntos malos había acumulado.
—Vaya... Parece que ser un idiota manipulador realmente paga bien —murmuró para sí mismo, impresionado.
Cuando estaban cerca del barrio donde vive Grimm, esta se detuvo abruptamente. Miró hacia su casa con una expresión de vergüenza en el rostro.
—No quiero que me acompañes adentro... no quiero que veas eso —dijo Grimm, evitando hacer contacto visual.
Rokugo, aunque normalmente habría insistido solo para molestarla, decidió respetar su petición. Después de todo, ya había obtenido suficientes puntos malos por esa noche.
—Está bien, Grimm. Te entiendo. Nos vemos mañana —respondió con una leve inclinación de cabeza.
Grimm sonrió débilmente y comenzó a moverse en su silla de ruedas hacia su casa. Miró hacia atrás y murmuró:
—Gracias, Rokugo... Por una noche, me hiciste sentir... normal.
Rokugo observó cómo desaparecía dentro de su casa y luego miró su brazalete nuevamente.
—Supongo que incluso siendo un idiota, puedo hacer algo bien —dijo con una media sonrisa antes de alejarse silbando.
Mientras regresaba a casa, se encontró con Alice, quien lo esperaba en la entrada con los brazos cruzados.
—Rokugo, la operación está lista, Los nuevos agentes han sido capacitados. A partir de mañana, podremos comenzar oficialmente la invasión del planeta empezando con el servicio de mercenarios.
Rokugo sonrió ampliamente, sintiéndose emocionado.
—Perfecto. ¡Era hora de que las cosas se pusieran interesantes!
De repente, un estruendo sacudió la tierra. Rokugo y Alice miraron hacia la dirección de su casa, que ahora estaba envuelta en llamas.
—¿Qué diablos fue eso? —gritó Rokugo.
Alice, analizando la situación rápidamente, respondió con calma:
—La causa más probable es un mal manejo de la pólvora almacenada. Snow probablemente provocó la explosión.
Rokugo se llevó las manos a la cabeza, desesperado.
—¡¿Por qué siempre me pasa esto a mí?!
Alice, con su habitual tono neutral, simplemente asintió.
—Bueno, será mejor que prepares tu informe. Esto no se ve bien para Kisaragi.
Rokugo soltó un largo suspiro mientras miraba el desastre frente a él.
—Un día más en el paraíso...
Rokugo, Alice, y Rose se reunieron frente a Snow, quien estaba sentada con los brazos cruzados y una expresión desafiante, mientras detrás de ellos la base aún humeaba por la reciente explosión.
—¡Habla, Snow! —exigió Rokugo, señalándola con dramatismo—. ¿Por qué nuestra base terminó hecha trizas?
Snow suspiró y, finalmente, confesó.
—Fui yo... Traje mi lanzallamas al almacén. —Se encogió de hombros, intentando restar importancia al asunto—. Me desahuciaron del castillo y de mi casa. No tenía dónde quedarme, así que vine aquí.
Alice levantó una ceja.
—¿Y creíste que era una buena idea guardar un lanzallamas junto a la pólvora? —preguntó con su tono monocorde, mientras Rokugo se tapaba la cara con las manos.
Snow asintió tímidamente.
—No lo pensé mucho, la verdad.
Alice suspiró profundamente.
—Eres increíblemente incompetente. —Pausó antes de añadir—. Pero todavía necesitamos personal, así que seguirás trabajando para nosotros.
Snow sonrió débilmente.
—Gracias... creo.
Tras el incidente con Grimm, la guerra seguía avanzando, y Rokugo había decidido canjear sus puntos malos adquiridos por maquinaria de construcción para erigir una nueva base para Kisaragi. Debido a que se formaria la base de Kisaragi y como habian prometido las ejecutivas que Rokugo la administraria, a partir de aqui, El rango de Rokugo es el de Comandante de Kisaragi
Al día siguiente, Rokugo reunió a su equipo para un discurso "inspirador". Snow estaba sentada leyendo un libro, Rose masticaba algo que había encontrado por ahí, y Russel, encadenado, observaba con una mezcla de aburrimiento y desprecio.
—¡Escuchen, idiotas! —dijo Rokugo, subiéndose a una pila de cajas que habían sobrevivido a la explosión—. A Partir de ahora, Soy el Comandante Rokugo de Kisaragi. El planeta Tierra está contaminado. Por eso Kisaragi ha decidido construir una base aquí en el planeta 407, y este será el centro de nuestra conquista. ¡Este es solo el comienzo!
Snow levantó la vista del libro, incrédula.
—¿Hablas en serio? ¿Conquista? —preguntó, con un tono de sarcasmo.
Rose le siguió, sin contener la risa.
—¿De verdad alguien se toma en serio tus discursos?
Russel, encadenado, solo resopló.
—Esto es patético.
Rokugo les lanzó una mirada furiosa.
—¡Es difícil ser líder de un grupo de idiotas como ustedes!
—¿Idiotas? —repitió Snow, poniéndose de pie con una mirada asesina.
Rose y Snow se lanzaron hacia Rokugo, tratando de matarlo. Alice intervino rápidamente, calmando a todos.
—Snow, si cooperas, te daré un bono. Rose, si haces tu trabajo, recibirás comida extra. —Russel no dijo nada, sabiendo que no tenía elección.
Rokugo miró sorprendido cómo Alice controlaba a su equipo con facilidad.
—¿Por qué no puedo ser así de convincente? —murmuró para sí mismo.
—¿En serio esto está pasando? —preguntó Rokugo, mirando a un enorme tigre titan que había aparecido en medio de la construcción, arrancando los cimientos de la base.
A su alrededor, Agentes de Kisaragi y las chicas estaban preparadas para atacar, pero se veía que los ataques que recibían de estos titanes animales no eran tan fáciles de detener.
—No puede ser, esto es una pesadilla... —murmuró un agente, mientras intentaba desintegrar a un lobo titan que se lanzaba contra ellos.
—¡Esto no es nada! ¡Los titanes animales están por todas partes! —gritó Snow, mientras miraba a Rose, que con su poder de exorcismo estaba luchando por mantenerse firme.
Rokugo, viendo el caos que se estaba desatando, hizo una seña a Alice, quien rápidamente canjeó puntos malos por un tractor blindado que ayudaría a limpiar el área.
—¡Esto me recuerda a algo! —dijo Alice, mientras controlaba el tractor con precisión
Rokugo frunció el ceño, sin saber si eso era una broma o una referencia importante.
— ¿Y qué tiene que ver eso con los titanes? —preguntó Rokugo, mientras usaba sus poderes para derrotar a una manada de lobos titanes que atacaban desde un costado.
Alice no dejó de trabajar mientras lo decía:
—En el informe que había enviado el agente 22, hablaba de una especie de criaturas gigantes que atacaban a los habitantes. Algo similar a los titanes... Pero, aquí parece que se presentan como animales mutados, tal vez debido a la radiación
Mientras trabajaban en reconstruir la base, una horda de Mokemokes, Supopotchis y Ranas colosales atacó sin previo aviso. Alice notó desde lejos que la tribu Kachiwari parecía controlar a las criaturas.
—Esto no es una coincidencia —dijo Alice mientras disparaba con precisión contra una rana colosal.
Rokugo, agotado, se quejó.
—¡¿Por qué todos quieren destruir mi base?! ¡Primero el desalojo de Snow, ahora esto!
La tribu Kachiwari se retiró al amanecer, pero antes de que pudieran relajarse, un nuevo grupo apareció: la tribu Hiiragi. Snow palideció al verlos.
—Son extremadamente agresivos —explicó, sacando su espada—. Si ven algo cerca del bosque, lo destruyen.
Los Hiiragi comenzaron a bailar de manera extraña, y, de repente, un láser cayó del cielo, destruyendo por completo la base.
—¡Esto no puede ser real! —gritó Rokugo, tirándose al suelo.
Alice analizó rápidamente la situación.
—No hay satélites visibles, mas que los espias que instalo Kisaragi, pero ese láser era claramente un arma avanzada.
Los Hiiragi se retiraron, llevándose a Russel como prisionero, Rose y Snow irrian a rescatarlo
Rokugo, susurró:
—Este lugar está maldito...
Rokugo, exhausto, miró a Alice.
—¡Arma avanzada o no, me niego a perder contra estas tribus! ¡Quiero un plan para mañana!
Alice asintió.
—Entonces será mejor que prepares más puntos malos. Esto no será barato.
En la noche, mientras el campamento de Rokugo intentaba recuperar algo de normalidad tras los eventos recientes, Rose apareció arrastrando a Snow y a Russel, quienes parecían tan derrotados como su base hace unas horas.
—Aquí están estos inútiles —dijo Rose, dejando caer a ambos frente a Rokugo con un gesto despectivo.
Rokugo observó cómo Snow se cruzaba de brazos, claramente ofendida, mientras Russel simplemente suspiraba y miraba hacia el suelo.
—¿No tienes más dignidad, Russel? —preguntó Rokugo con tono burlón.
Russel, en lugar de responder con enojo, se levantó lentamente y fue hacia la fogata para comenzar a cocinar. Rokugo levantó una ceja.
—Bueno, al menos el chico es útil en algo. —Rokugo observó cómo Russel movía con habilidad los utensilios—. Diría que te adaptaste demasiado rápido a ser nuestra sirvienta.
Russel, en un raro momento de confianza, respondió mientras removía una sopa improvisada:
—Si puedo ser útil para sobrevivir, lo haré. Además, no planeo quedarme aquí para siempre. Mi objetivo sigue siendo ayudar al ejército de Lord Demonio a eliminar al Rey de Arena. Si no fuera por tu interferencia, ya lo habríamos hecho.
Rose frunció el ceño, pero no dijo nada. Rokugo, por otro lado, se rió a carcajadas.
—¿Rey de Arena? ¿Deforestación? ¿Qué es eso? ¿Un plan ecológico de Lord Demonio?
Russel lo ignoró, sirviendo la comida con un gesto seco.
Esa misma noche, Habiendo contruido un muro provicional que quitaria la atencion de los titanes del bosque, mientras descansaban alrededor de la fogata, Alice notó un movimiento extraño en la oscuridad.
—Tenemos compañía. —Su tono era neutro, pero sus ojos brillaron con un escaneo rápido.
Arriba de los muros, figuras tambaleantes comenzaron a aparecer. Eran zombis. Snow se levantó de un salto, espada en mano.
—¿Zombis? —murmuró Rose, retrocediendo mientras se cubría la nariz del hedor.
Alice analizó a las criaturas, inclinando la cabeza.
—Podrían ser víctimas de un parásito o robots diseñados para imitar cadáveres reanimados. No hay forma de saberlo sin una muestra.
Los agentes de Kisaragi, quienes nunca habían enfrentado algo así, retrocedieron aterrados.
—Esto es como esas películas de terror... —murmuró uno, temblando.
—¡Sí! —agregó otro—. Y si hay vida después de la muerte, ¿qué pasa con nuestras almas? ¡Nosotros tenemos un pasado criminal!
Rokugo rodó los ojos.
—¡Cobardes! —gruñó, señalando a Snow—. ¡Mira a Snow, una alienigena peleando contra estas cosas sin pensarlo dos veces!
Los agentes comenzaron a susurrar entre ellos.
—Es increíble... —dijo uno—. Tanto como la ejecutiva Belial.
Snow escuchó los murmullos y, confundida, pensó que hablaban de su destreza en combate.
—Gracias... supongo. —Sonrió ligeramente mientras cortaba a otro zombi.
Alice, al ver que los zombis seguían llegando, tomó una decisión.
—No tenemos más opciones. Quemen el bosque.
Snow giró en shock hacia Alice.
—¡¿Qué?! ¡No puedes hacer eso! ¡El bosque se defenderá!
Alice no respondió, ya que varios agentes comenzaron a prender fuego a los alrededores. Snow tenía razón: las ramas cobraron vida, apagando el fuego y atacando al equipo.
De entre la vegetación apareció una figura humanoide de planta, con forma femenina pero claramente alienígena. Desde la mitad de lo que sería su cabeza, disparó un láser que destruyó el campamento en segundos.
—¡¿Qué clase de lugar es este?! —gritó Rokugo, tirándose al suelo mientras esquivaba los escombros.
Tras un día agotador enfrentándose a una invasión masiva de zombis, Rokugo decidió tomarse un descanso junto al recién llegado Agente 10. Ambos se sentaron en un claro iluminado por la luz de la luna, compartiendo historias y estrategias para ganar puntos malos.
El Agente 10, siempre educado pero con un lado oscuro peculiar, comenzó la conversación:
—Sabes, Rokugo, tengo un método infalible para ganar puntos malos. Solo necesitas estar dispuesto a ser exhibicionista. Por ejemplo, me gusta espiar a la gente sin que lo sepan. Es increíblemente fácil si sabes cómo mantenerte oculto.
Rokugo arqueó una ceja, intrigado.
—¿Espiar? Eso suena aburrido. ¿Dónde está el caos divertido?
El Agente 10 sonrió con malicia.
—Oh, créeme, no es tan aburrido como parece. Una vez tuve una obsesión sádica con mi hermana adolescente. La acosaba y atormentaba constantemente. Cada vez que me miraba con miedo en sus ojos, ganaba puntos malos sin esfuerzo.
Rokugo soltó una carcajada.
—Vaya, eso sí que es retorcido. Pero déjame contarte algo mejor. Hoy descubrí que puedes obtener puntos malos fácilmente si ilusionas románticamente a alguien con necesidad de afecto. Lo probé con una aliada mia
ayer. Solo fingí ser su príncipe azul por una noche, y ¡bam! Puntos malos garantizados.
El Agente 10 asintió, impresionado.
—Interesante... Parece que ambos tenemos nuestros métodos. Pero dime, ¿cómo lograste infiltrarte tan bien en este mundo? Me han dicho que el castillo de la princesa Tilis es prácticamente inexpugnable.
Rokugo sonrió con suficiencia.
—Ah, eso es fácil si sabes cómo hacerlo. Escucha, te daré algunos trucos que aprendí aquí. Primero, usa orina del Hombre Tigre para distraer a los perros guardianes. Luego, identifica los puntos ciegos del muro. Y finalmente, toma prestado mi equipo de maniobras tridimensionales. Te enseñaré cómo usarlo.
El Agente 10 aceptó encantado.
—Perfecto. Entonces, ¿me estás diciendo que podría entrar en el castillo sin ser detectado?
Rokugo asintió.
—Exacto. Solo asegúrate de no dejar rastro. Y si quieres maximizar los puntos malos, desnúdate antes de entrar en la habitación de la princesa. Nadie notará que estás ahí hasta que sea demasiado tarde.
El Agente 10 sonrió ampliamente.
—Brillante. Voy a intentarlo esta noche.
Esa misma noche, el Agente 10 siguió las instrucciones de Rokugo al pie de la letra. Usando la orina del Hombre Tigre, evitó a los perros guardianes sin problemas. Con el equipo de maniobras tridimensionales, escaló rápidamente el muro del castillo y se coló en la habitación de la princesa Tilis sin que nadie lo notara.
Una vez dentro, se despojó de su ropa y se escondió en un rincón oscuro. La princesa Tilis, ajena a su presencia, dormía plácidamente. Durante toda la noche, el Agente 10 permaneció allí, disfrutando de su propia audacia mientras acumulaba puntos malos sin esfuerzo.
Mientras tanto, Rokugo decidió poner en práctica su propio método. Fue al parque donde solía encontrar a Grimm molestando parejas felices. Esta vez, en lugar de unirse a ella para golpear a las parejas, decidió cambiar de táctica.
Cuando vio a Grimm, se acercó con una expresión seductora.
—Grimm, deja de arruinar momentos felices. Hoy quiero intentar algo diferente.
Grimm lo miró sorprendida.
—¿Diferente? ¿Qué tienes en mente?
Rokugo le tomó la mano con gesto galante.
—Hagamos algo especial. Solo tú y yo. Dejemos que las parejas sean felices por una vez.
Grimm se sonrojó, completamente ilusionada.
—¿De verdad? ¿No estás jugando conmigo?
Rokugo negó con la cabeza, fingiendo sinceridad.
—Claro que no. Quiero que esta noche sea memorable para ti.
Mientras Grimm se perdía en sus fantasías románticas, Rokugo revisó su brazalete y sonrió al ver cómo los puntos malos aumentaban rápidamente.
—Funciona incluso mejor de lo que esperaba —murmuró para sí mismo.
Al final de la noche, ambos agentes regresaron al punto de encuentro. El Agente 10 estaba eufórico por su éxito en el castillo, mientras Rokugo seguía complacido con su manipulación emocional de Grimm.
—Creo que hemos encontrado nuestras nuevas estrategias favoritas —dijo el Agente 10 con una sonrisa.
Rokugo asintió, ajustando su equipo de maniobras tridimensionales.
—Definitivamente. Parece que ganar puntos malos nunca había sido tan fácil.
Ambos compartieron una carcajada, sabiendo que su reputación dentro de Kisaragi solo crecía con cada acto despreciable que cometían.
Al regresar al campamento, Rokugo se encontró con Alice en medio de la reconstrucción del equipo improvisado. Ella lo miró con una mezcla de sospecha y resignación.
—Déjame adivinar —empezó Alice—, ¿estuviste ganando puntos malos de forma cuestionable otra vez?
Rokugo sonrió, orgulloso.
—Por supuesto, ¿acaso no soy el mejor en eso?
Alice lo ignoró y continuó ajustando un dispositivo.
—Hablando de cuestionable, tenemos que hablar de esa planta humanoide que destruyó nuestro campamento. Si hay más de esas cosas en el bosque, necesitaré más puntos malos para equiparnos adecuadamente.
Rokugo suspiró y sacó su brazalete para revisar su saldo.
—Bueno, espero que esta noche de puntos malos haya sido suficiente para financiar nuestra próxima misión.
Mientras tanto, Snow se acercaba con un plato de comida que había rescatado del bosque antes de que los zombis aparecieran.
—¿De qué están hablando? —preguntó Snow, masticando un trozo de carne seca.
Alice no perdió la oportunidad.
—De cómo tu excomandante es un genio en ganar puntos malos haciendo cosas absurdas.
Snow levantó una ceja y miró a Rokugo.
—No quiero saberlo, ¿verdad?
Rokugo le dio una sonrisa pícara.
—Definitivamente no. Ahora ve a dormir
Al dia siguiente, Alice, siempre con su lógica fría y calculadora, reunió a los agentes de Kisaragi en una improvisada reunión nocturna.
—La reconstrucción de la base está suspendida hasta nuevo aviso —anunció Alice, ganándose varios murmullos de descontento entre los agentes—. Necesitamos más puntos malos para financiar nuestras operaciones. Sabotear el Festival de los No Muertos será su nueva tarea.
Los agentes intercambiaron miradas de confusión. Uno levantó la mano.
—¿Sabotear un festival? ¿Cómo se supone que ganaremos puntos malos con eso?
Alice ajustó su brazalete y explicó con su usual tono monótono.
—Causar desorden, asustar a los asistentes, alterar el equilibrio de las festividades. Todo eso será registrado como acciones malvadas por el sistema.
Rokugo, al escuchar esto, levantó una ceja.
—¿De verdad vamos a destruir el festival de los muertos? ¿No sería más divertido dejar que Grimm lo haga y culparla después?
Alice lo ignoró y prosiguió con las instrucciones.
El bar y la interacción con Grimm
Mientras los agentes se dispersaban para cumplir con las órdenes, Rokugo decidió relajarse un rato en un bar local.
La luz tenue del bar iluminaba las caras cansadas de los clientes. La música suave y los murmullos de fondo daban un aire de tranquilidad temporal, mientras la gente buscaba relajarse tras un día agotador.
Rokugo estaba sentado en una mesa al fondo del bar, revisando su brazalete mientras pensaba en cómo había ganado tantos puntos malos recientemente al ilusionar a Grimm. Con una sonrisa confiada, decidió probar el mismo truco con otra chica. Después de todo, si funcionaba, podría duplicar fácilmente sus puntos malos y financiar más equipo para futuras misiones.
Rokugo se encontraba en una mesa al fondo, disfrutando de una copa de vino, cuando una joven se le acercó con una sonrisa coqueta.
Una joven se acercó a su mesa, con una sonrisa coqueta dibujada en su rostro.
—¿Me dejas probar un poco de tu comida? —preguntó mientras señalaba el plato frente a Rokugo.
Este arqueó una ceja, pero rápidamente adoptó su actitud seductora.
—Claro, pero solo si te quedas a charlar un rato conmigo. ¿Qué tal si te cuento una historia interesante?
La chica asintió emocionada, acercándose más a él. Pero antes de que Rokugo pudiera empezar su plan, ella comenzó a hablar sin parar.
—Sabes, siempre he tenido esta fantasía... Imagina que alguien como tú me secuestra usando su comida. Me droga, me lleva a su casa, me obliga a hacer cosas horribles y luego me convierte en su esclava sexual para tener hijos. Sería tan romántico...
Rokugo se quedó inmóvil, completamente desconcertado.
—Espera... ¿qué demonios estás diciendo? Eso no es ni remotamente romántico. ¡Es absurdo!
La chica lo miró con ojos brillantes.
—¡Oh, por favor, sigue hablando así! Es exactamente lo que esperaba.
De pronto, algo hizo clic en la mente de Rokugo. La reconoció. Era la misma mujer a la que había intentado asustar meses atrás cuando fingió ser un acosador nocturno. Recordó que esa vez no había ganado puntos malos porque su víctima simplemente disfrutaba demasiado la situación.
—Maldición... —murmuró Rokugo, preguntándose cómo había terminado atrapado en esta situación nuevamente.
Justo cuando pensaba que las cosas no podían empeorar, una voz conocida irrumpió desde la entrada del bar.
—¡Rokugo! —gritó Grimm, rodando hacia ellos con su silla de metal. Su expresión era una mezcla de furia y posesividad—. ¿Qué crees que estás haciendo aquí con esta mujer?
—¡Escúchame, idiota! ¡Él es mío! —gritó Grimm, entrando en la habitación con su silla de ruedas, lanzando una mirada fulminante hacia la chica y luego hacia Rokugo.
La chica, sorprendida por la furia de Grimm, dejó el tenedor y se alejó rápidamente, mientras Rokugo simplemente levantaba una ceja, sin cambiar su expresión.
La chica abrió los ojos sorprendida.
—¿Tuyo? No sabía que ya tenías dueña...
Grimm la fulminó con la mirada.
—Exacto. Así que lárgate antes de que invoque a Zenarith para maldecirte. Y créeme, esta vez no fallaré.
La chica retrocedió lentamente, claramente intimidada por la intensidad de Grimm. Luego salió corriendo del bar, murmurando algo sobre buscar a otro "secuestrador".
Rokugo observó la escena con una mezcla de alivio y preocupación.
—Bueno, eso fue... incómodo.
Rokugo se encogió de hombros.
—No pedí que vinieras a salvarme. Además, ¿desde cuándo soy "tuyo"?
Grimm se sonrojó, pero trató de mantener su postura firme.
—¡No seas idiota! Solo digo que... bueno, después de nuestra cita, pensé que entenderías que estamos conectados de alguna manera. ¡No puedes ir coqueteando con cualquiera!
Rokugo frunció el ceño, dándose cuenta de que tal vez había dejado una impresión demasiado buena en Grimm durante su "cita". Si seguía así, corría el riesgo de que ella desarrollara sentimientos más serios. Decidió que era hora de cambiar de estrategia.
Con una sonrisa forzada, dijo:
—Ah, Grimm, creo que estás malinterpretando las cosas. No soy el tipo de hombre que se compromete. Soy un villano, ¿recuerdas? Los villanos no tienen relaciones serias.
Grimm lo miró incrédula.
—Vaya, Grimm, parece que te tomaste más tiempo del habitual en revivir —comentó Rokugo, como si no fuera gran cosa.
Grimm, visiblemente irritada por la mención de su muerte reciente, comenzó a negárselo a sí misma.
—Eso no fue nada. ¡Solo fue un mal sueño! —respondió, refregándose las manos con frustración. — ¡Ese sueño donde la chica que decia ser Zenarith se ofendió por nada! Me dijo algo sobre que me había quitado la bendición, pero fue todo un sueño… solo eso.
Rokugo la miró de reojo, claramente desinteresado, pero sin ganas de hablar del tema más de lo necesario.
—¡Eso no es cierto! Estoy viva. Totalmente viva. ¡Zenarith solo me está probando! —Insistió, recordando con incomodidad el regaño de la supuesta diosa en su última muerte, pero negándose a aceptarlo como real.
Rokugo, hastiado de la conversación, se levantó para irse, pero Grimm lo detuvo rápidamente.
—No quiero oírlo, Grimm —respondió, levantándose lentamente para irse.
Sin embargo, Grimm no iba a dejarlo ir tan fácilmente. De repente, sonrió de manera astuta.
—Si no te vas… te compro una cerveza —dijo con un tono persuasivo.
Rokugo, al escuchar esto, se detuvo y se volvió hacia ella, claramente menos interesado en la oferta que en la idea de alejarse.
—Ah… ¿y Snow? Parece que está otra vez en quiebra. Me han dicho que ahora se va a dedicar a vender pudines de su leche —comentó Rokugo con tono indiferente, observando el bar mientras meneaba la cabeza con desdén.
Grimm frunció el ceño, claramente molesta por el comentario, pero antes de poder responder, Rokugo, aprovechando la oportunidad, se acercó a una chica random que estaba en la barra. Con una sonrisa encantadora, le ofreció una copa.
—Te invito una bebida, en nombre de Grimm —dijo, con tono seguro y mirando de reojo a Grimm.
—dijo, con tono seguro y mirando de reojo a Grimm.
Grimm, viendo la escena, se quedó en silencio, pero el dolor se reflejó en su rostro. No le gustaba para nada lo que Rokugo hacía, pero no podía hacer mucho al respecto.
—No me gusta que me hagas esto, Rokugo —dijo, molesta y algo dolida—. ¡No coquetees con otras chicas cuando estoy aquí!
Rokugo, ya con la copa en mano y sin ningún remordimiento, solo levantó las cejas.
—¿Y qué? —preguntó, sonriendo con una mezcla de desinterés y diversión. — Es solo una copa.
Grimm, sintiendo una creciente incomodidad, se cruzó de brazos, furiosa. Rokugo simplemente dejó la situación en sus manos, como de costumbre.
El ambiente se mantenía pesado y cargado, pero la ironia de la situación no podía evitar hacer sonreír a Rokugo mientras Grimm, por su parte, intentaba evitar mostrar más su dolor. La tensión entre ellos era palpable, pero era un juego que ambos jugaban sin querer admitirlo.
El bar seguía en su tranquilo caos, con Rokugo sentado despreocupadamente en su asiento, bebiendo sin mirar a nadie. Grimm, por otro lado, estaba a su lado, nerviosa y con una expresión de incomodidad que delataba lo que intentaba ocultar. Por fin, parecía que había encontrado el valor para decir lo que llevaba días queriendo sacar.
—Rokugo, yo... —empezó, con una mano en el regazo y el otro apretando con fuerza la bandeja de comida que aún no había tocado.
Rokugo, sin quitar la vista del bar, soltó un suspiro de aburrimiento. Grimm lo notó, pero no se desanimó. Se inclinó hacia él, mirando fijamente al punto ciego de su atención.
—Yo... quiero decirte algo importante, y creo que ya no puedo seguir ignorándolo —dijo Grimm, algo torpemente, sin mirarlo directamente.
Rokugo levantó la mirada finalmente, volviendo a observar a Grimm con el mismo interés mínimo que dedicaba a cualquier conversación que no involucrara dinero, comida o sexo.
—¿En serio? ¿Otra vez con eso? —comentó con tono plano.
Grimm se sintió avergonzada, pero su determinación creció cuando finalmente miró a Rokugo directamente a los ojos. Sabía que si no lo decía ahora, tal vez nunca lo haría.
—Yo... —gritó un poco más fuerte, casi atragantándose con las palabras—, ¡yo estoy enamorada de ti!
Antes de que pudiera continuar, Rokugo, sin darse cuenta de la seriedad de la situación, se puso a describir, de manera completamente despreocupada, con la misma actitud que uno tomaría al hablar del clima, la forma en que su hombría genital se veía en su ropa ajustada.
—Ah, sí, claro, todo el mundo tiene un lado de su cuerpo que es bastante... impresionante, ¿no? —murmuró, volviendo a su copa, como si hablara de cualquier cosa menos de una declaración de amor.
Grimm se quedó paralizada, su corazón latiendo rápidamente, sintiendo una mezcla de confusión, desilusión y rabia que la hizo perder el hilo de lo que estaba diciendo. Justo en ese momento, notó que la chica random que Rokugo había invitado, la que había bebido su copa, la estaba mirando fijamente, como si estuviera observando algo más que su comida.
La joven se volvió hacia el cantinero, y éste, con una sonrisa algo misteriosa, le lanzó una frase que detonó la incomodidad de Grimm de inmediato.
Cuando la chica recibió la bebida, el cantinero añadió con una sonrisa:
—Esto es de la señorita de la silla de ruedas.
La chica random, evidentemente interesada, miró a Grimm con ojos brillantes, acercándose lentamente. Grimm, que estaba en medio de tratar de confesarle sus sentimientos a Rokugo, se detuvo de golpe al notar a la chica.
—¿Por qué me mira así...? —preguntó nerviosa.
Grimm sintió cómo su estómago se encogía. Intentó controlarse, pero la escena estaba siendo tan incómoda que empezó a temer lo peor.
Rokugo, como si no le importara nada de lo que estaba ocurriendo, sonrió satisfecho, levantando la copa en dirección a la chica random, como un pase de batalla.
—¿Grimm? No te preocupes, es solo una copa... —dijo, riendo de forma casual mientras le daba el giro a la silla de ruedas de Grimm, poniendole seguro a la silla de ruedas con un clic sonoro, para que no pudiera moverse.
Rokugo, sin remordimiento alguno, se levantó y empezó a alejarse.
Grimm, completamente incapacitada para moverse, sólo miraba con desesperación cómo la chica random se acercaba con una mirada decidida.
—No me dejes aquí, comandante... —dijo Grimm con la voz temblorosa, luchando por mantener su compostura, sabiendo lo que se venía.
Rokugo, ya caminando hacia la salida del bar, se giró un segundo para tirar una última frase sin mirar atrás.
—Nah, no te preocupes, tienes todo bajo control, ¿no? —Y con eso, se fue, dejando a Grimm atrapada en su propia silla.
—Suerte con eso, Grimm. ¡No me culpes por ser tan popular! —dijo mientras se alejaba.
Grimm, atrapada y viendo cómo la chica se le acercaba cada vez más, gritó:
—¡No me dejes aquí, comandante! ¡ROKUGOOOOO!
Al ver que su plan de enamorar mujeres por puntos malos fallo, Decidio ir a la recomendación de su colega, en la habitación privada de la princesa Tilis, Rokugo se reunió con el agente 10. Ambos estaban planeando algo completamente desacertado y estúpido.
—Entonces, 10 .. ¿qué tal si hacemos una carne asada aquí, en la habitación de la princesa? —dijo Rokugo, sonriendo de manera traviesa. —Es la forma perfecta de ganar puntos malos mientras disfrutamos de la vida, ¿no?
Parker, con una risa burlesca, aceptó con entusiasmo.
—¡Vaya, qué idea! Carne asada desnudos, claro, ¿por qué no?
—¿Estás seguro de esto? —preguntó el agente 10 mientras cargaba un asador portátil y varias bolsas de carne.
Rokugo asintió con una sonrisa astuta.
—Es perfecto. Entramos a la habitación de la princesa mientras duerme, hacemos carne asada, usamos un filtro de olores y un silenciador. Nadie sabrá nada... excepto mi contador de puntos malos.
El agente 10 rió, claramente emocionado por la idea.
—Eres un genio, Rokugo. Esto va a ser épico.
Con cuidado, entraron al castillo, usando los caminos menos vigilados que Rokugo ya conocía por sus incursiones nocturnas previas. Llegaron a la habitación de la princesa, instalaron el asador, y comenzaron su festín clandestino.
Mientras la carne chisporroteaba silenciosamente gracias al filtro de sonido, Rokugo revisó su brazalete y sonrió al ver cómo los puntos malos subían rápidamente.
—¿Ves esto, 10? Así es como un profesional hace su trabajo. —Se dio una palmada en la espalda mientras mordía un trozo de carne.
El agente 10 asintió, impresionado.
—Definitivamente tengo mucho que aprender de ti.
Justo cuando estaban a punto de terminar, escucharon un ligero movimiento en la cama. La princesa murmuró algo en sueños, pero no se despertó. Rokugo y el agente 10 se miraron nerviosos, recogieron todo rápidamente y desaparecieron en la noche.
—Otro día exitoso para el agente especial Rokugo. —dijo Rokugo mientras se alejaban, dejando atrás solo el más leve aroma de carne en la habitación real.
Escena: El día siguiente en la tienda y el reclamo de Grimm
Al día siguiente, Rokugo estaba en una tienda de la ciudad con Rose, la joven quimera con la que trabajaba en Kisaragi, quien iba devorando un enorme trozo de carne que acababa de comprar. . Estaba revisando los estantes mientras ella metía cosas en su bolso con una rapidez desconcertante. En un momento, se detuvo frente a un carrito con verduras frescas y algunas especias.
Rose, con la mirada fija en el dinero que le quedaba, comentó sin mucha emoción:
—Nunca tengo suficiente dinero... todo lo gasto en comida. Ya sabes, hay que comer para sobrevivir.
Rokugo, al observar a Rose, se percató de algo curioso. Sus ropas eran viejas y desgastadas; las sandalias que llevaba estaban rotas por los costados, y notó que muchas partes de su cuerpo estaban vendadas, como si hubiera sufrido heridas y no tuviera suficiente dinero para comprar ropa nueva.
—¿Alguna vez tienes dinero para otra cosa? Porque ahora que lo pienso, todo lo que compras te lo comes.
Rose, con la boca llena, respondió sin vergüenza alguna:
—¿Para qué quiero otra cosa? La comida es lo único importante. Además, no tengo suficiente para nada más.
Rokugo comenzó a observar a Rose más detenidamente. Notó las sandalias viejas que llevaba, que parecían estar a punto de romperse. También vio cómo varias partes de su ropa estaban cubiertas por vendas y no por tela.
—Ah, con razón andas siempre medio envuelta en vendas. No es por estilo; es porque gastas todo en comida, —murmuró Rokugo con una sonrisa burlona.
Rose asintió como si fuera un cumplido.
—La comida vale más que la ropa, comandante. Las vendas cubren lo necesario.
Rokugo estaba por responder cuando apareció Grimm, rodando en su silla de ruedas con una expresión furiosa.
—¡ROKUGO! —gritó, llamando la atención de todos en el mercado.
Rokugo suspiró, sabiendo que estaba a punto de recibir un sermón.
—¿Ahora qué hice, Grimm? —preguntó con un tono cansado.
Grimm lo señaló con el dedo, molesta.
—¡Cómo pudiste abandonarme ayer! Esa chica random intentó seducirme. ¡Y lo peor es que casi me hace dudar de mí misma, idiota!—Se estremeció al recordar el momento.
Rokugo arqueó una ceja.
—¿Dudar de qué? ¿De que eres una no-muerta? Porque eso ya lo confirmamos. —Respondió con una sonrisa burlona.
Grimm apretó los puños.
—¡No soy una no-muerta! —gritó con indignación—. Y no cambies de tema. ¿Sabes lo aterrador que fue? ¡Tú deberías protegerme, no dejarme atrapada con alguien que quería algo de mí!
. Pero bueno, no se trata de ella, sino de vosotros, ¿cómo pudiste abandonar a una pobre chica como yo?
Rokugo no parecía prestarle atención, y se cruzó de brazos.
Grimm, claramente molesta, desvió la conversación rápidamente hacia otro tema.
—Bien, de todas formas, tenemos que hablar del festival. Yo hice unos peluches especiales para los espíritus. Van a usarlos como recipientes durante el festival, pero ya sabes, lo más raro es que estos muertos... me atacaron —gritó, su voz temblando—. ¡Hay algo raro con esos espíritus! Estoy segura de que alguien está controlándolos.
Sin embargo, Rokugo no parecía interesado ni un poco en lo que decía
Rokugo, ignorándola, miró hacia unos niños que jugaban en la calle. Uno de ellos lo señaló y gritó:
—¡Ahí va Ziperman otra vez!
Rokugo frunció el ceño.
—¿Ziperman? ¿Quieres ver algo gracioso? —dijo mientras caminaba hacia el niño con claras intenciones de bajarle los pantalones.
Justo en ese momento, tres muñecos del festival se acercaron a Rokugo, intentando atacarlo. Rokugo, con su usual despreocupación, comenzó a pelear con ellos usando las manos.
—¡Ah, malditos fantasmas! —gritó mientras esquivaba un ataque.
Grimm, observando la escena, quiso proteger a su comandante a toda costa. Extendió su brazo hacia él y recitó un cántico apresurado para mover la bendición de Zenarith hacia el área pequeña que rodeaba a Rokugo.
—¡Por el poder de Zenarith, protege a este idiota, exorsisa esos peluches! —gritó.
Sin embargo, la maldición que removió de los espíritus se volvió en su contra. El efecto fue inmediato. Grimm dejó caer sus brazos, su cuerpo se desplomó y murió al instante.
Rose, que había estado masticando tranquilamente su carne, miró el cadáver de Grimm.
—Oh, no. ¿Otra vez?
Rokugo miró a Grimm con una mezcla de fastidio y resignación.
—Perfecto. Ya volvió a morirse. ¿Sabes qué, Rose? Creo que esta vez no la vamos a revivir. Al menos no hasta que acabe este festival de los no-muertos. Así tendremos algo de paz.
Alice, con su usual lógica robótica, observaba los peluches animados del festival de los no-muertos. Su expresión denotaba escepticismo.
—No hay manera de que haya espíritus dentro de estos peluches. Es claramente algún tipo de tecnología avanzada o un simple truco.
Rokugo, siempre dispuesto a probar teorías a su manera, sonrió de forma siniestra.
—Entonces, capturaremos uno y lo revisaremos. Si hay algo interesante, quizás obtengamos puntos malos con esto.
Ambos se acercaron sigilosamente y atraparon un peluche que se movía erráticamente por las calles. Con cuidado, Rokugo abrió el peluche, esperando encontrar algún mecanismo extraño. Para su sorpresa, dentro estaba Heine, la demonio que tanto los había atormentado antes. Heine, encogida y cubierta de pelusa, los miró con furia.
—¡Idiotas! —gritó—. ¡No tienen idea de lo que acaban de hacer!
Alice, sin mostrar sorpresa alguna, rápidamente le quitó la piedra que era su fuente de poder.
—Así que te infiltraste usando el festival de los no-muertos. ¿Intentabas rescatar a Russel, verdad? —preguntó Alice, mientras examinaba la piedra.
Heine se retorció inútilmente.
—¡Dénmela de vuelta! ¡Necesito salvar a Russel! ¿No tienen vergüenza de lo que le están haciendo?
Snow, al ver a Heine, se acercó con un brillo codicioso en los ojos.
—¡Perfecto! ¡Vamos a entregar a esta demonio! Con la recompensa que nos darán, ¡finalmente podré salir de la bancarrota!
Rokugo ignoró el entusiasmo de Snow y se inclinó hacia Heine, esbozando una sonrisa burlona mientras aprovechaba la situación para manosearla sin ningún tipo de vergüenza. Sin embargo, al escuchar sus verdaderas intenciones, algo dentro de él se conmovió.
—¿Así que querías rescatar a ese mocoso de Russel? —preguntó con un tono más suave, aunque sin dejar de sostenerla firmemente.
Heine soltó un suspiro exasperado, aunque no podía ocultar la angustia en su rostro.
—Sí... ese niño no debería estar en esta situación. ¡Es apenas un niño! —respondió, mordiéndose el labio con frustración.
Alice, observando la escena, intervino con un tono práctico y frío.
—De acuerdo, podemos permitirle ver a Russel, pero bajo nuestras condiciones. —Y con eso, amordazaron a Heine para evitar que lanzara cualquier tipo de hechizo, llevándola a ver al niño en cuestión.
Cuando finalmente llegaron al lugar donde Russel estaba retenido, Heine contuvo la respiración al ver en qué condiciones se encontraba su pequeño aliado. Russel había sido obligado a vestir de sirvienta como parte la humillacion. El chico, al notar la presencia de Heine, se sonrojó de vergüenza.
—¡No me mires así, Heine! —dijo, intentando taparse con las manos—. ¡Es tan humillante...!
Desesperado, Russel corrió hacia Heine, quien lo miraba con una mezcla de pena y preocupación.
—¡Por favor, no me dejes aquí! —suplicó Russel, aferrándose a ella.
Alice, quien había estado observando con una sonrisa sarcástica, se inclinó hacia Heine y le coloco la piedra magica a Heine en su bolsillo. Luego, ajustó un poco las cuerdas de Heine aún más para asegurarse de que no intentara nada.
—Heine no tiene utilidad ni para puntos malos gratis en Kisaragi. Sugiero que la tiremos al bosque. —La frialdad en su voz era casi escalofriante.
Alice, con un leve destello en sus ojos robóticos, explicó rápidamente un plan alternativo:
—Podemos usar a Heine como una "cabra de Judas". Liberarla, pero con un rastreador oculto. Así podremos localizar al tal Lord Demonio y su base. Liberarla con un dispositivo rastreador en su piedra magica que nos permita localizar al tal Lord Demonio. Sería útil, ¿no crees?
Rokugo se dio cuenta que al tirar a Heine en el desierto, le apreto mas las cuerdas y se habia quedado el con la piedra magica de Heine.
Alice y Rokugo entraron en el castillo tras recibir la llamada urgente de la princesa Tilis. Al llegar, encontraron a la princesa con una expresión de profunda molestia, mientras el agente 10 de Kisaragi estaba de pie, con las manos atadas y una toalla sobre los hombros.
—¿Qué explicación me dan para esto? —exclamó Tilis señalando al agente 10—. ¡Me desperté a media noche y lo encontré haciendo sus necesidades en mi cuarto!
Rokugo, con su habitual actitud despreocupada, fingió sorpresa.
—¿Qué? ¿De verdad, agente 10? Eso es… bueno, típico de Kisaragi, supongo.
Tilis lo fulminó con la mirada.
—¡Quiero una compensación! Exijo tecnología avanzada de Kisaragi para mi reino.
Rokugo, en un intento de suavizar las cosas, lanzó una indirecta que solo empeoró la situación:
—Bueno, para ser justos, creo que muchos agentes de Kisaragi, incluido yo, nos hemos metido en su habitación a hacer trivialidades sin ropa… pero ya no lo haremos. ¿Verdad, Alice?
La princesa colapsó mentalmente mientras Alice rodaba los ojos.
—Esa no es la mejor forma de disculparse, Rokugo. Pero lo garantizo, no volverá a pasar.
Saliendo del castillo, Rokugo observó cómo los habitantes de Grace disfrutaban del festival de los no-muertos. Varios peluches animados se movían por las calles, interactuando con sus familias. Una joven abrazaba un peluche que contenía el espíritu de su abuelo, mientras ambos compartían historias.
—Esto es surrealista —comentó Rokugo, mirando a Grimm, quien había revivido recientemente.
En un rincón, Rokugo observó a una joven acompañada de un peluche en forma de oso, hablando con él con una sonrisa nostálgica.
—Dicen que este peluche contiene el espíritu de su abuelo. Parece feliz —comentó Alice mientras observaba la escena.
Rokugo asintió, aunque su mirada se desvió cuando vio una figura familiar entre la multitud.
Grimm había vuelto a revivir, completamente ilesa y tan enérgica como siempre, como si nada hubiera pasado. Al verla, Rokugo simplemente suspiró, y con tono resignado murmuró:
—¿Otra vez tú, Grimm? Justo cuando pensaba que podríamos disfrutar un festival tranquilo...
Grimm estaba en medio de la plaza, guiando a varios espíritus recién llegados sobre cómo comportarse. Actuaba como intérprete entre los espíritus y sus familiares, pero su tarea no era fácil. A menudo tenía que traducir confesiones incómodas o revelar verdades dolorosas.
—¡Por favor, dígale a mi viuda que siempre la amé! —dijo un espíritu con fervor.
Grimm suspiró y tradujo:
—Él dice que siempre la amó… aunque también tenía un pequeño asunto con la vecina.
La viuda en cuestión se desmayó.
Alice, observando la escena, no pudo evitar hacer un comentario sarcástico.
—Esto no es más que un elaborado montaje. Grimm no puede estar hablando con espíritus reales. Seguro hay algún truco aquí.
En el centro de la ciudad, en medio del festival de los no-muertos, un grupo de niños rodeaba al Hombre Tigre. Los pequeños, con los ojos brillando de emoción, lo confundieron con uno de los peluches contenedores de espíritus y, antes de que él pudiera reaccionar, lo abrazaron emocionados.
—¡Miren! ¡Es un peluche de tigre gigante! —exclamó uno de los niños, apretando al Hombre Tigre con fuerza.
Los pequeños lo rodeaban, riendo y acariciando su pelaje. Hombre Tigre gruñó, , mientras intentaba deshacerse de los niños que lo abrazaban por todas partes.l
—¡Nyaa! ¡Dejen de abrazarme! ¡Esto no es apropiado, nyaaa! —gritó el Hombre Tigre, incapaz de escapar de los niños.
Rokugo, al verlo en esa situación, decidió intervenir. Sin dudarlo, desenfundó sus armas y apuntó al Hombre Tigre.
Los niños lo ignoraban completamente y continuaban abrazándolo, creyendo que era un "peluche especial".
—¡Oye, pervertido! ¡En Kisaragi la pedofilia está prohibida! —gritó Rokugo
Hombre Tigre lo miró con incredulidad y gruñó, preparándose para enfrentarlo.
—El Hombre Tigre, horrorizado, intentó explicarse mientras huía de los disparos de Rokugo.
—¡No es lo que parece, nya! ¡Solo son niños, nyaaa! ¡Estos niños no me dejan en paz, malinterpretaste todo!
—Eso dicen todos, hombre peludo. —Rokugo sonrió con malicia, blandiendo sus armas—. Pero yo seré el juez aquí. ¡Prepárate!
Ambos se lanzaron a una pelea, con Rokugo esquivando los zarpazos del Hombre Tigre mientras lanzaba ataques juguetones, disfrutando del caos que causaban en medio del festival. Los niños finalmente se alejaron, confundidos por la repentina pelea entre el "peluche gigante" y el "hombre extraño".
Escena: La Cafetería del Festival
Con el primer día oficial del festival de los no-muertos en marcha, Rokugo y sus compañeras decidieron aprovechar la oportunidad y abrir una cafetería improvisada en medio del caos del festival. Snow, quien estaba en busca de ingresos rápidos, se ofreció a ser la camarera... con un atuendo bastante provocativo que dejaba poco a la imaginación.
—¿Estás segura de que quieres usar eso? —preguntó Rose, levantando una ceja mientras observaba el atuendo atrevido de Snow.
Snow, con una sonrisa confiada, le guiñó el ojo.
—¡Por supuesto! Es para atraer clientes, y cuanto más llamativo, mejor. No me encanta la idea, pero mientras paguen bien, lo soportaré. —Dijo mientras posaba, recibiendo ya varias miradas de los curiosos.
Sin embargo, la situación no duró mucho. Poco después de que la cafetería comenzara a ganar popularidad, una patrulla de policias llegó para clausurar el local por "ofensas a la decencia pública". Snow fue arrestada en el acto, mientras Rokugo escapaba rápidamente, sin molestarse en rescatarla.
—¡Rokugo! ¡Vuelve aquí y ayúdame! ¡Esto es culpa tuya! —gritó Snow mientras los guardias la arrastraban, pero Rokugo ya estaba fuera de vista, fingiendo no escuchar.Mientras paseaban por el festival, Rokugo tuvo otra idea. Convenció a Rose de disfrazarse de peluche de perro para cumplir el deseo de un anciano que había perdido a su familia.
—Esto es humillante —gruñó Rose mientras ajustaba el disfraz.
—Piensa en la comida que podrías obtener de esto. ¿Qué tan difícil puede ser? —respondió Rokugo, con una sonrisa confiada.
Sin embargo, al encontrarse con el anciano, este pensó que Rose era el espíritu de su gorila mascota, Patrasche. Rose, indignada, lanzó una mirada asesina a Rokugo.
—¡Dijiste que sería un nieto, no un gorila mascota! —protestó Rose, mientras el anciano la abrazaba emocionado.
—Detalles menores, Solo sigue actuando asi de agresiva —dijo Rokugo, encogiéndose de hombros.
El anciano, encantado, ofreció carne asada en agradecimiento. Rose, olvidando su orgullo por un momento, aceptó el rol de "Patrasche" a cambio de la comida.
Rokugo aprovechó la situación para obtener algo de dinero extra.
—Por este precio, le garantizo que Patrasche estará con usted hasta que el festival termine —dijo con una sonrisa mientras aceptaba un generoso pago del anciano.
De vuelta en la base, Rokugo relató los eventos a Alice, quien revisaba informes de Kisaragi.
—¿Y Snow? —preguntó Alice, sin apartar la vista de su pantalla.
—En la cárcel. Pero no te preocupes, estoy seguro de que encontrará la forma de salir. Probablemente está entreteniendo a los guardias con sus cuentos de desgracias.
- ¿Y Rose? - Volvio a preguntar Alice
- En la casa de un anciano, El viejo cree que Rose es su mascota poseyendo un peluche
Alice suspiró, mientras Rokugo se relajaba, contento con su día productivo.
—No sé cómo sigues vivo, Rokugo
Mientras deambulaba por el festival, Rokugo se encontró con Grimm, quien lo miró con los brazos cruzados y una expresión molesta.
—¡Rokugo! ¡No me estás ayudando en absoluto con este festival! —le reclamó Grimm con un puchero—. La última vez que me morí, ni siquiera te molestaste en llevar mi cuerpo al templo de Zenarith para restaurarme. ¡Organizar un festival de no-muertos es estresante!
Rokugo sonrió con suficiencia y le dio una palmada en la espalda.
—¿Ayudarte? Pensé que estabas haciendo un excelente trabajo organizando este festival, —respondió Rokugo con una sonrisa despreocupada.
Grimm cruzó los brazos, visiblemente molesta.
—¡No tienes idea del caos que estoy manejando! Los espíritus se están volviendo un desastre. Algunos se meten en los baños para espiar chicas, otros roban ofrendas, y uno incluso se prendió fuego. ¡Esto no es normal! —se quejó.
Rokugo se encogió de hombros.
—Bueno, parece que estás manejando todo bastante bien.
Grimm, frustrada, suspiró.
—¿Sabes qué? A veces pareces el espíritu más problemático de todos.
Mientras seguían caminando, Grimm pensó en lo mucho que parecían una pareja. Sin embargo, Rokugo rompió la ilusión rápidamente.
—Más bien parecemos un enfermero y su paciente con cancer. O quizá un guardaespaldas y su carga, —dijo Rokugo con una sonrisa burlona.
Grimm lo miró, sorprendida, con un leve rubor en las mejillas.
—N-no seas tan amable, Rokugo. Podría… podría terminar enamorándome de ti —murmuró, tratando de mantener la compostura.
Rokugo, sin perder el ritmo, sonrió con picardía.
—Entonces, para celebrar tu arduo trabajo, ¿qué tal si te compro un collar bonito? —ofreció, guiñándole un ojo.
Grimm se sonrojó aún más y rápidamente asintió.
—¡S-sí! Pero... vamos a una tienda barata. No quiero abusar de tu generosidad. —Grimm intentó no parecer emocionada, pero la felicidad en su rostro era evidente—. Pero, ¡ten cuidado, Rokugo! Un detalle más y... y no habrá vuelta atrás. ¡Me enamoraré completamente de ti!
—¿Simple? ¿Qué clase de hombre crees que soy? —respondió Rokugo con una sonrisa mientras pedía el collar más caro de la tienda.
Grimm, impresionada, intentó detenerlo.
—¡Eso es demasiado! No necesitas gastar tanto en mí, de verdad.
Entraron a una pequeña tienda en la ciudad, y Rokugo observó los collares disponibles, mientras Grimm lo miraba emocionada. Sin dudarlo, señaló el collar más caro de todos, un accesorio brillante y lujoso que destacaba en el mostrador.
¿Esta tienda no es para parejas jovenes? - se pregunto Rokugo
Grimm Ruborizada- Se que puedo ser un poco molesta, pero debo decir que eres muy considerado comandante, no discriminas a las personas que han abandonado su humanidad como Rose
Creo que ya pase el punto de no retorno. Grimm se enamoro de verdad, ay no. - Decia Rokugo arrepentido.
A la vendedora no le agradaba como Rokugo aparentemente coqueteaba con Grimm en su establecimiento.
—Quiero ese —dijo Rokugo con tono casual, mirando a la vendedora—.
Ah, es Grimm, espero le caiga una maldicion se Zenarith... quise decir bendicion. - recalco la vendedora.
- Grimm ¿Por que tanto problema por un collar?
- eh... Señor ¿Grimm no es su novia?- preguntaria la vendedora
- no es para mi novia ni nada. Solo es una subordinada. Le he causado muchos problemas
Mientras decía esto, giró para ver la reacción de Grimm… solo para encontrarse con que Grimm estaba desmayada. Habria sido demasiado decepcionante esas ultimas palabras de Rokugo.
—¿Qué demonios? ¿Le dio un golpe de calor? —preguntó Rokugo mientras intentaba despertarla.
La vendedora, divertida, comentó:
—No es muy común ver a alguien desmayarse por recibir un regalo.
Rokugo suspiró mientras acomodaba a Grimm en su silla.
—Debería haber comprado algo más barato.
Rokugo, sin escucharla, pago por el collar y, empujó la silla hacia la salida de la tienda.
—Supongo que esto cuenta como un logro más para mí, —dijo con una sonrisa irónica mientras Grimm seguía semiinconsciente.
Después de que Grimm recuperara la conciencia en la tienda, comenzó a murmurar algo entre dientes, evitando el contacto visual con Rokugo. Finalmente, le preguntó en un tono entre avergonzado y curioso:
—Rokugo... ¿sabes lo que significa regalar un collar en Grace?
—¿Eh? No, ni idea. Solo pensé que era un buen detalle para animarte, —respondió despreocupadamente.
Grimm suspiró, claramente frustrada.
—Aquí, regalar un collar es equivalente a una propuesta de matrimonio.
Rokugo quedó paralizado un momento, procesando la información.
—¡¿Qué?! —exclamó finalmente—. ¿Por qué nadie me dijo eso antes?
—¡Porque se supone que todo el mundo lo sabe! —recriminó Grimm, cruzando los brazos y mirándolo con una mezcla de enojo y tristeza.
Rokugo, intentando calmar la situación, rascó su nuca. - Pues de donde vengo el matrimonio se propone con un anillo.
—¡¿Cómo que el collar no era una propuesta de matrimonio?! —exclamó Grimm con evidente frustración mientras miraba a Rokugo—. ¡¡pensé que finalmente te habías decidido!!
Rokugo levantó las manos en señal de paz, intentando calmarla.
—Hey, hey… no te pongas así. No era mi intención confundirte. Solo quería recompensarte por todo el esfuerzo con el festival y problemas que cause. —
Grimm suspiró, aún molesta, y se cruzó de brazos.
—La última vez que alguien mostró interés en mí fue cuando tenía 10 años… con una carta que me envió un amigo de la infancia. Esto es deprimente, Rokugo… —murmuró, sintiéndose desilusionada.
Grimm vio un conjunto de parejas felices y en su silla de ruedas iría a patearlas.
Rokugo la miró pensativo por un momento y luego, con una sonrisa algo pícara, dijo:
—Está bien, hagamos un trato. En diez años, si ninguno de los dos se ha casado, me casaré contigo. —Rokugo extendió la mano para sellar la promesa—
Grimm, que estaba a punto de estallar en lágrimas, cambio, de pronto los ojos de Grimm se iluminaron, y sin dudarlo, tomó su mano con entusiasmo.. Luego, con una determinación inesperada, sacó un contrato y una pequeña daga y se cortó el dedo.
—¡Entonces lo sellamos con sangre! —dijo, extendiendo su mano hacia Rokugo.
Rokugo, sintiendo que no tenía otra opción, hizo lo mismo.
—Bien, pero no te ilusiones demasiado. Ya tengo a alguien a quien amo, —dijo, refiriéndose a Astaroth.
Grimm, con una sonrisa desafiante, respondió:
— ¿Estabas tratando de seducirme teniendo alguien a quien amas? , No importa, Seguro que te rechaza. Nadie cuerdo aceptaría estar contigo.
- Podria decir que por cosas asi que nadie esta contigo tampoco. Firmar con tu propia sangre es raro.
Horas más tarde, sin embargo, Grimm estaba furiosa, enumerando todas las cosas que estaban saliendo mal.
—El peluche que se incendió era Heine cuando intentó rescatar a Russel. Las sombras en el castillo eran los agentes entrando a la habitación de la princesa por puntos malos. El negocio ilegal era por lo que arrestaron a Snow. ¡Y las ofrendas de carne que desaparecian eran Rose disfrazada fingiendo ser un espiritu! —gritó, claramente al borde de un colapso.
—¡¿Me estás diciendo que tú eres el culpable de todo el desastre en el festival?! —gritó, fulminando a Rokugo con la mirada.
Rokugo la miraba con una sonrisa descarada, sin ningún remordimiento.
—Se encogió de hombros—. Además, técnicamente yo no hice nada ilegal… solo convencí a Snow de usar ese atuendo y a Rose de disfrazarse de falso peluche espíritu, Alice se ha leido toda la constitución para saberlo. —Se rió—. No es mi culpa que la hayan arrestado.
Grimm bufó, lanzándole una mirada de reproche.
—¡No puedo creerlo! ¡Esto es tu culpa! ¡El festival está lleno de caos por tus ideas ridículas! Si hubiera sabido esto, te hubiera pedido algo mas caro que este collar.
Mientras Grimm continuaba su retahíla de reproches, de repente un peluche contenedor gigante emergió, atacándolos. Rokugo y Grimm apenas tuvieron tiempo de reaccionar cuando el enorme peluche les lanzó una ráfaga de energía espectral.
—¡Espera! —Grimm retrocedió, preparándose para lanzar otra de sus maldiciones—. ¡Voy a remover la bendición de Zenarith en el área para debilitar a ese peluche!
Pero Rokugo rápidamente la detuvo, sujetándola del brazo.
—¡No! —dijo con firmeza—. Deja de "suicidarte" por tonterías. Ya no nos quedan más objetos de valor personal para ofrecer en el templo. Si te mueres otra vez, te vas a quedar ahí… y no pienso gastar más dinero en revivirte.
Grimm apretó los labios, molesta, pero finalmente asintió, bajando la mano.
En ese instante, el suelo comenzó a temblar y zombis emergieron de la tierra, levantándose alrededor de ellos. Grimm se quedó pálida al ver la cantidad de muertos vivientes que comenzaban a surgir.
—Esto… esto no puede ser. —Grimm observó, horrorizada—. ¡Alguien está manipulando a los espíritus y reviviendo a los muertos en masa!
Rokugo sacó sus armas, preparándose para el combate.
—Parece que tenemos un nuevo enemigo, ¿eh? —dijo, sin perder su sonrisa.
Grimm respiró hondo, dándose cuenta de que debía recurrir a su última táctica, aunque eso significara arriesgarse a un castigo por parte de Zenarith.
—No me queda de otra… —Grimm levantó las manos y, con voz solemne, comenzó a recitar un encantamiento—. En el nombre de Zenarith, otorgo el perdón divino a estas almas perdidas… que encuentren la paz y vayan a una mejor vida, en vez de sufrir en el infierno.
Con su bendición de perdón divino, los zombis empezaron a brillar, y poco a poco sus cuerpos comenzaron a desintegrarse, liberando sus almas en paz. El campo de batalla quedó despejado, pero Grimm cayó de rodillas, exhausta y jadeante.
Rokugo se acercó a ella, poniéndole una mano en el hombro.
—No estuvo mal, Grimm.
—Estuve pensando... ese peluche del mazo gigante, el que lideraba a los espíritus, me resulta familiar. Creo que era Gadalkand de la Tierra, —dijo, frunciendo el ceño.
Rokugo levantó una ceja.
—¿El tipo que maté con mi motosierra? Vaya, hasta en forma de peluche es molesto.
Grimm asintió.
—Tiene sentido. Aprovechó el festival para regresar y controlar los espíritus. Es un nivel de resentimiento bastante extremo, incluso para un demonio.
Mientras tanto, Grimm parecía más ensimismada que de costumbre. Tras un silencio, añadió con un tono melancólico:
—Esto me recuerda a mi amigo de la infancia. Él dijo que se casaría conmigo, pero luego eligió a otra, una mujer más curvilínea. ¿Sabes lo que se siente ser siempre la segunda opción?
Rokugo, cansado de la actitud de Grimm, suspiró.
—Deja de tratarme como si yo fuera ese tipo. Nuestro contrato de matrimonio es solo condicional, y con suerte, ni siquiera tendremos que cumplirlo.
Grimm abrió la boca para replicar, pero en ese momento, su atención fue capturada por varios peluches violentos que causaban estragos en el festival. Decidida a terminar con el caos, extendió las manos y proclamó una vez más:
—¡En nombre de Zenarith, otorgo el perdón divino a todos los espíritus de este lugar!
Un destello cegador iluminó todo el país. Los espíritus abandonaron sus recipientes, incluidas las figuras más problemáticas como Gadalkand. Sin embargo, Grimm, cayó al suelo sin vida.
Grimm fue llevada al templo de Zenarith y los distintos habitantes dejaron ofrendas para revivir a Grimm, pero Grimm no revivia.
Rokugo se quedó en silencio, observando el cuerpo inerte de Grimm. Suspirando, resignado, se agachó para levantarla con la intención de llevarla al cuerpo de Zenaritu.
—Creo que Zenarith está furiosa con ella, —murmuró Rokugo
Rokugo se quedó en silencio, observando el cuerpo inerte de Grimm. Suspirando, resignado, se agachó para levantarla con la intención de enterrarla.
—Bueno, Grimm, parece que esta vez no te revivirán en el templo —dijo, mirando el cielo con un suspiro. Luego comenzó a caminar hacia el lugar donde pensaba darle un descanso digno… aunque algo informal.
Resignado, llevó el cuerpo de Grimm al campo para enterrarla, dispuesto a darle un descanso final. Sin embargo, al levantar su cuerpo, el collar que le había regalado cayó al suelo. Un haz de luz descendió del cielo, comenzó a brillar, siendo absorbido por una luz intensa y envolvió a Grimm, reviviéndola una vez más.
De repente, Grimm abrió los ojos, tosiendo y respirando profundamente. Había regresado a la vida, una vez más.
—¿Eh? ¿Estoy…? —murmuró, confundida. Grimm se sentó, todavía desorientada, y miró alrededor, viendo el rostro resignado de Rokugo.Rokugo cruzó los brazos y la miró fijamente.
—Déjame adivinar, otra charla con Zenarith.
Grimm evitó su mirada y murmuró:
— fue solo un sueño. No creo que Zenarith esté tan molesta conmigo.
Rokugo la observaba con una mezcla de cansancio y diversión.
Grimm, todavía algo inestable después de su reciente resurrección, caminaba al lado de Rokugo, mirando al suelo. Su desánimo era evidente, y Rokugo, aunque generalmente desinteresado, decidió intentar animarla de alguna manera.
—Oye, Grimm —dijo Rokugo con un tono casual—, ¿quieres que hagamos algo para despejar tu mente? No sé, ¿otra cita?
Grimm se detuvo y lo miró, sorprendida.
—¿De verdad? ¿Lo dices en serio? —preguntó con una mezcla de esperanza y desconfianza.
Rokugo se encogió de hombros.
—Claro, ¿por qué no? Aunque si vamos, prometo no dejarte atrapada con otra chica en el bar esta vez.
Grimm suspiró, y aunque parecía tentada, finalmente negó con la cabeza.
—No, gracias. Creo que he tenido suficiente por un tiempo. Además… —su voz bajó de tono—… no quiero volver a sentir que no significo nada.
Rokugo rió nerviosamente, intentando aliviar la tensión.
—Vamos, no te pongas dramática. Eres importante, al menos para Zenarith… o eso creo.
Grimm lo fulminó con la mirada, pero en su expresión también había un rastro de ternura.
Mientras caminaban, Grimm comenzó a revisar sus pertenencias y se detuvo en seco, tocándose el cuello.
- no esta, no esta...
- Calmate, siguen asi, solo que las de Snow son mas grandes
-No me referia a eso, Mi collar! —gritó alarmada—. ¡El collar que me diste desapareció! ¡Y el contrato que firmamos también!
Rokugo se detuvo y la miró con indiferencia.
—Probablemente Zenarith lo tomó como ofrenda para revivirte.
Grimm se quedó paralizada, procesando lo que había escuchado. Finalmente, apretó los puños y gritó:
—¡Esto es ridículo! ¡No me mori esta vez! —Su voz se rompió en una mezcla de frustración y tristeza.
- Y Como ya no hay collar, entonces tampoco matrimonio
- ¿Como te atrevez? Quieres ser maldecido? Aun conservo el contrato de prueba - Dijo Grimm mientras buscaba el contrato para ver que ya no estaba
Grimm abrió la boca con horror al comprender la situación.
—¡¿El collar… y el contrato… fueron tomados como ofrenda para revivirme?! —exclamó, totalmente incrédula. Su rostro pasó de la sorpresa a la indignación en cuestión de segundos.
—Exacto. —Rokugo se encogió de hombros, sonriendo irónicamente—. Así que sí, técnicamente te has revivido tú misma a costa de tus… esperanzas románticas.
Grimm se sonrojó, sintiéndose ridícula.
—¡Pero no puede ser! —dijo, negando con la cabeza—. ¡Yo no morí! Solo estuve… inconsciente. ¡Sí, eso es! Fue solo un sueño, nada más.
Rokugo levantó una ceja, mirándola con una expresión divertida.
—¿"Un sueño"? Grimm, fuiste revivida por el poder de Zenarith y perdiste el collar como ofrenda. No puedes seguir negándolo.
Grimm cruzó los brazos y le dio la espalda a Rokugo, todavía empeñada en negarlo.
—Yo… solo estaba inconsciente, y tuve un sueño extraño… donde Zenarith me regañaba. —Apretó los dientes—. Sí, fue solo eso… seguro.
Rokugo, sintiéndose un poco culpable por su tono despreocupado, se rascó la nuca.
—Está bien, está bien. Podemos hacer otro contrato si eso te calma. Diez años, si seguimos solteros, nos casamos. ¿Trato?
Grimm lo miró fijamente, evaluando sus palabras. Finalmente, asintió, aunque seguía frustrada.
—¿Y esta vez haremos cosas de pareja mientras esperamos esos diez años? —preguntó con un brillo de desafío en sus ojos.
Rokugo sonrió de medio lado, sin saber si era una broma o una trampa.
—Supongo que sí, si eso te hace feliz. Pero no te emociones demasiado, no pienso regalarte otro collar.
De repente, una notificación en su brazalete interrumpió el momento.
—Genial, —dijo Rokugo al ver el mensaje—, al menos conseguí unos puntos malos con esto. Supongo que valió la pena.
—Bueno, al menos el festival fue un éxito, ¿no? —dijo, dándole una palmada en el hombro—. Aunque hayas hecho el ridículo por remover tú misma la bendición de Zenarith en el proceso.
Grimm bufó, todavía molesta, pero finalmente dejó escapar una leve sonrisa, rendida ante la situación.
—Supongo que… algo de eso puede ser cierto —admitió, a regañadientes—. Pero no me lo recuerdes, ¿quieres?
Rokugo sonrió de lado, listo para molestarse un poco más.
—Tranquila, Grimm. Seguro que lo recordaré en diez años… si todavía sigues viva para entonces
Después del desastre del festival y las resurrecciones accidentales, Rokugo decidió poner al tanto a Grimm sobre el estado de los demás:
—Así que, para que te hagas una idea, Snow va a quedarse en la cárcel por un buen rato —le explicó con una sonrisa burlona—. Y Rose… bueno, decidió quedarse en casa de un anciano en el pueblo. Parece que el abuelo le recuerda al suyo, y no tuvo problemas en "convertirse" en un peluche para hacerle compañía, Asi que renuncio al ejercito.
Grimm levantó una ceja, mirando a Rokugo con curiosidad.
—¿Así que Snow está pagando los platos rotos mientras tú te escabulliste? —comentó, sarcástica. Luego miró hacia el horizonte y sus ojos se iluminaron al ver una serie de máquinas de Kisaragi que se acercaban lentamente hacia el lugar—. ¿Y esas máquinas? ¿Ya han empezado a traer equipamiento?
Rokugo asintió, empujaba la silla de ruedas de Grimm hacia el campamento de Kisaragi mientras observaba cómo la base comenzaba a tomar forma. Su mente trabajaba rápidamente, ideando un nuevo plan para obtener puntos malos fácilmente.
—Así que, Grimm… —comenzó Rokugo con un tono más dulce de lo habitual, lo que hizo que Grimm frunciera el ceño, desconfiada.
—¿Qué pasa? —respondió ella, mirándolo de reojo.
—Bueno, estaba pensando que podríamos hacer cosas de novios, ya sabes… —Rokugo evitó mirarla directamente, sabiendo que debía sonar convincente.
Grimm parpadeó, sorprendida. Por un momento, el rubor cubrió sus mejillas.
—¿Cosas de novios? —preguntó, intentando contener una sonrisa nerviosa. —¿De verdad lo dices?
—Sí, claro. Pero solo si tú estás de acuerdo, ¿eh? No quiero forzarte. —Rokugo intentó sonar casual, mientras mentalmente celebraba al ver cómo su brazalete comenzaba a registrar puntos malos.
Al llegar al campamento, Grimm se quedó boquiabierta al ver las enormes máquinas de Kisaragi instaladas, preparándose para la invasión del planeta.
—¿Qué es todo esto? —preguntó, observando los robots y maquinaria avanzada que trabajaban sin descanso.
—Esto, querida Grimm, es el inicio de la conquista de este planeta. —Rokugo señaló con orgullo, cruzando los brazos. —Finalmente, he dado la orden. Kisaragi tomará el control.
Grimm giró la cabeza hacia él con una mezcla de incredulidad y decepción.
—¿Estás diciendo que todo este tiempo has estado planeando esto? —preguntó, su voz temblorosa
—Exacto. Estamos estableciendo una base operativa aquí. Y no solo eso… —Rokugo hizo una pausa dramática, mirándola a los ojos con una expresión de seriedad—. He
Grimm lo miró sorprendida, sin palabras al principio, pero luego soltó una carcajada.
— Bueno, siendo honesta, tu siempre me has impresionado, comandante
Rokugo sonrió con esa expresión traviesa que tenía cuando planeaba algo grande.
—Así es, Grimm. Esta será la base de la Corporación Kisaragi.
Mientras Rokugo seguía hablando, el Destructor de Kisaragi, una máquina robótica gigante, avanzaba lentamente hacia el bosque cercano.
Grimm rodó los ojos, pero no pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa, contagiada por el entusiasmo del comandante.
—Eso es… enorme, —murmuró Grimm, impresionada y horrorizada al mismo tiempo.
—Es una de las mejores creaciones de Kisaragi, —comentó Rokugo con orgullo.
De repente, una explosión sacudió el terreno. El "Destructor" se tambaleó y, tras un momento, quedó envuelto en humo y chispas. y una explosion salio del bosque destruyendo la base.
Grimm dio un salto hacia atrás por el impacto, mientras observaba el humo que salía del lugar de la explosión.
—¿Qué demonios fue eso? —preguntó, mirando a Rokugo alarmada.
Rokugo se encogió de hombros, pero en su expresión se reflejaba la sospecha de que había algo más en juego en ese mundo.
— Creo que el bosque se defendio del destructor.
En la base principal de Kisaragi, Belial se paseaba con su característica mirada imponente. A lo lejos, los agentes F17 y F18 realizaban tareas menores, ambos en silencio, como si una sombra invisible pesara sobre ellos.
—F18, escuché que F17 mencionó algo sobre su vida pasada, —dijo Belial en tono severo, cruzando los brazos mientras se dirigía hacia ellos.
F18, con una expresión de disgusto, levantó la vista de sus tareas.
—Sí, tuvo el descaro de hacerlo, —respondió, señalando a su compañero.
F17, que estaba organizando un equipo de armas, apenas levantó la mirada.
—Fue solo un comentario, nada más. No cambiará nada.
Belial frunció el ceño.
—Se les ordenó olvidar su pasado. Su lealtad es a Kisaragi, y solo a Kisaragi.
F17 asintió con rigidez.
—Lo entiendo. No volveré a mencionarlo.
Sin embargo, más tarde, cuando F17 se encontró solo, su mente vagó. Pensó en el festival de los no muertos que había ocurrido en las fechas cercanas de su tiempo pasado. Imaginó cómo estarían sus antiguos compañeros: Heine, Gadalkand y Russel. Pero ese pensamiento lo sacudió, recordándole su nueva identidad y propósito.
—No importa, —murmuró para sí mismo, tratando de disipar esos recuerdos.
Mientras tanto, en las oficinas de la Corporación Kisaragi, la ejecutiva Black Lilith se encontraba compartiendo detalles sobre el planeta en el que estaba destinado Rokugo con la ejecutiva Astaroth, con la intención de ponerla un poco celosa.
—¿Sabías, Astaroth? —dijo Black Lilith con una sonrisa traviesa—. En ese mundo prácticamente no hay hombres jóvenes. La mayoría murieron o están atrapados en guerras interminables. ¿Te imaginas? Rokugo debe estar rodeado de puras mujeres desesperadas por algo de... atención.
Astaroth frunció el ceño, claramente molesta por la insinuación de Lilith.
Astaroth estaba revisando un informe detallado sobre el progreso de Rokugo en el planeta 407. Lilith, apoyada en la mesa, observaba con una sonrisa burlona.
—Parece que Rokugo está disfrutando mucho su tiempo ahí, ¿no? —comentó, mientras Astaroth intentaba ignorarla.
—Claro que no. Está cumpliendo su misión como cualquier agente debería, —respondió Astaroth con un tono defensivo.
Lilith soltó una carcajada.
—¿Estás segura? Porque esto parece más un informe de aventuras románticas con nativas que de una operación seria.
Belial se unió a la conversación, acercándose con calma.
—Quizá deberíamos enviar a F17 y F18 al planeta 407. Les vendría bien algo de acción real para demostrar su valía.
Astaroth levantó la mirada rápidamente.
—¿Para qué enviarlos? Apenas llevan unos meses como agentes. Además, Rokugo está manejando la situación perfectamente, —respondió, casi con un tono de súplica.
Lilith sonrió con picardía.
—Oh, ¿o será que tienes miedo de que Rokugo se haya casado con una nativa y ya no vuelva?
El rostro de Astaroth se tiñó de un leve rubor, pero rápidamente se recompuso.
—Eso es ridículo. Rokugo es… un agente de Kisaragi. No haría algo tan imprudente.
Belial y Lilith intercambiaron miradas cómplices antes de soltar una carcajada.
—Cuando la base este terminada, creo que yo debería ir, —propuso Astaroth con seguridad—. Rokugo puede ser irresponsable, pero necesita una mano firme para mantener todo bajo control.
Belial alzó una ceja, mirando el informe con curiosidad.
—¿Tú? ¿Y dejarme a mí cuidando este planeta? ¿Estás segura? —preguntó con un tono sarcástico, mientras leía las líneas más recientes del informe—. Además, según Alice, Rokugo se comprometió con una nativa. ¿Qué opinas de eso?
Astaroth, incómoda pero intentando mantenerse seria, replicó:
—Le dije que podría necesitar seducir a gente influyente para cumplir su misión. Si realmente hizo algo así, solo estaba siguiendo el plan.
Lilith, con una risa maliciosa, añadió:
—Oh, por favor. Esa tal "Grimm" no parece alguien importante, al menos no en este mundo. ¿Recuerdas cuando Rokugo casi nos traiciona por una superheroína que le invitó a salir? Nada nuevo con él.
Justo en ese momento, el sistema de videollamadas sonó, indicando que Rokugo estaba intentando contactar la sede de Kisaragi. Astaroth rápidamente se acomodó el cabello y se puso una ropa algo provocativa antes de aceptar la llamada.
La pantalla se encendió, mostrando a Rokugo del otro lado, luciendo su sonrisa burlona de siempre.
—¿Qué tal, comandante? —Astaroth le saludó con una sonrisa, intentando atraer su atención—. ¿Cómo va todo en ese mundo?
Rokugo asintió, sin darle mucha importancia a los coqueteos de Astaroth.
—La base ya está terminada —anunció—. Según el protocolo, ahora necesitamos a una ejecutiva de alto rango para que supervise la nueva administración.
Antes de que alguien pudiera decir algo, Astaroth dio un paso al frente con entusiasmo.
—¡Perfecto! Yo me ofrezco. Estaré encantada de ir y ayudar a mi querido comandante Rokugo.
Pero Rokugo, astuto como siempre, tenía otro plan en mente. Con su habilidad para manipular la situación, comenzó a hablar con calma.
—Bueno, realmente necesitaremos a alguien con conocimientos científicos avanzados para manejar las operaciones técnicas. Creo que Black Lilith sería perfecta. Este mundo es algo… extraño, y sería mejor si tuviéramos una científica capaz de entender lo que está sucediendo.
Astaroth puso cara de sorpresa y frustración, mientras Black Lilith intentaba disimular una sonrisa victoriosa.
—Oh, comandante, es un honor que piense en mí —dijo Lilith, con un tono de falsa modestia.
Con la decisión tomada, Rokugo terminó la videollamada y regresó a su cita con Grimm, quien lo miraba con una sonrisa traviesa mientras le ofrecía una cucharada de su comida.
—Anda, abre la boquita, comandante, que te doy de comer yo —dijo con tono juguetón.
Rokugo, emocionado y sin dudar, abrió la boca con una expresión de expectativa. Sin embargo, justo antes de que pudiera probar la comida, Grimm retiró la cuchara, se metio la porción a la boca y se echó a reír.
—¡Era una bromita, comandante! —exclamó divertida.
Rokugo, furioso, le estampó la comida en la cara mientras ella soltaba un grito.
—¡Así aprendes a no hacerme esas bromas! —dijo él, molesto.
Grimm, ahora con la cara llena de comida, comenzó a llorar de forma dramática.
—¡Comandante! Perdón, fue una bromita.
Rokugo cruzó los brazos y la miró con cansancio.
—No quiero cosas materiales, comandante. Solo quiero afecto, —murmuró Grimm, bajando la mirada.
Rokugo no supo qué responder, así que simplemente siguió comiendo en silencio.
Unas horas después…
Finalmente, la máquina teletransportadora trajo a Black Lilith al mundo donde estaba Rokugo. Sin embargo, su entusiasmo inicial se desvaneció cuando miró alrededor y vio el estado de la base de Kisaragi.
La base, que supuestamente estaba terminada, se encontraba destruida, con escombros y partes derruidas. Rokugo había "olvidado" mencionar que la explosión reciente también había cortado el acceso a internet en la base.
Lilith soltó un grito de desesperación, sus ojos llenos de lágrimas al darse cuenta de la realidad de su situación.
—¿¡Pero qué es esto!? —exclamó, mirando la destrucción a su alrededor—. ¿¡Voy a tener que dormir en carpas!? ¿¡Y SIN INTERNET!? ¿¡Por un mes completo!?
—¿Qué es esto? —preguntó Lilith con incredulidad, mirando los escombros de la base destruida.
Alice se acercó con calma, explicando:
—La base se destruyo cuando intentamos destruir el bosque. No reportamos antes porque la conexión a internet se perdió en el ataques. Los agentes se encuentran durmiendo en carpas y hiendo al baño en letrinas.
Lilith, visiblemente molesta, comenzó a llorar.
—¿Cómo se supone que administre una base inexistente? ¡Y sin internet! Esto es un desastre, ¡un mes durmiendo en carpas! —exclamó, sentándose en el suelo con frustración.
Rokugo, observando la escena, sonrió.
—Bienvenida al planeta 407, Lilith. Disfruta tu estadía. —rió mientras se alejaba.
Lilith lo miró con ira, jurando que lo haría pagar por arruinar su llegada. - ¿Esto es por lo de la teletransportacion al inicio de la mision?
-
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