Sin embargo, justo cuando las cosas parecían ir demasiado lejos, Grimm irrumpió en el lugar en su silla de ruedas, con el rostro lleno de furia.
—¡Escúchame, idiota! ¡Él es mío! —gritó Grimm, causando que el bar entero se quedara en silencio.
Rokugo, impasible, tomó un sorbo de su bebida antes de responder.
—Tardaste más de lo normal en revivir esta vez, Grimm. Pensé que te habías tomado unas vacaciones en el más allá.
Grimm lo ignoró, enfocándose en la chica que había estado coqueteando con Rokugo.
—¡Vete! —exigió Grimm mientras señalaba la puerta.
La chica, confundida y un poco intimidada, se levantó y se fue murmurando algo sobre "relaciones tóxicas".
Rokugo suspiró y se recostó en su asiento.
—Sabes, Grimm, después de pensarlo mucho, ya no tengo dudas. No tienes novio no porque seas rara, sino porque técnicamente no estás viva. Eres un cadáver reanimado.
El rostro de Grimm se tornó en una mezcla de incredulidad y enojo.
—¡Eso no es cierto! ¡Estoy viva! ¡Zenarith me dio una segunda oportunidad!
—Ajá. Claro. —Rokugo levantó una ceja y señaló su piel pálida y fría—. La piel helada, esa resistencia extraña que tienes y el hecho de que explotas cuando te pones zapatos. Todo tiene sentido ahora.
Grimm, desesperada, negó con la cabeza.
—¡Eso fue un sueño! Zenarith me regañó en mi sueño, pero no significa que sea una no-muerta. ¡Soy una persona normal y viva!
Rokugo, claramente cansado de la conversación, se levantó de su asiento.
—Lo que tú digas, Grimm. Yo ya me voy.
Grimm, en un intento desesperado por retenerlo, gritó:
—¡Te invitaré una cerveza si te quedas!
Rokugo, siempre interesado en cualquier oferta gratuita, volvió a sentarse.
—Está bien, pero no esperes que escuche tus tonterías sobre estar viva.
Mientras Grimm pedía otra ronda, Rokugo aprovechó para acercarse a otra chica del bar y deslizarle una bebida en nombre de Grimm.
—Es de la dama de allá —le dijo con una sonrisa burlona, señalando a Grimm.
Cuando Grimm se dio cuenta de lo que estaba haciendo, su rostro se llenó de dolor.
—¡Rokugo! —gritó, sujetándolo de la manga—. No le coquetees a otras chicas cuando estoy aquí. ¡Eso es cruel!
Rokugo le dio una palmada en la cabeza y sonrió.
—Relájate, Grimm. Solo estoy calentando motores para el Festival de los No Muertos.
Grimm lo fulminó con la mirada mientras prometía que algún día sería ella quien le diera una lección.
Mientras Grimm intentaba recuperar la compostura, Rokugo se recostó en su asiento y levantó su bebida.
—Entonces, Grimm, ¿cuál es el plan para el festival? Porque después de tu entrada dramática aquí, me imagino que vas a ser el centro de atención.
Grimm, aún frustrada, cruzó los brazos y desvió la mirada.
—Mi plan es simple: rendir homenaje a los muertos, asegurarme de que los espíritus encuentren paz y… no dejar que tú arruines nada, Rokugo.
—¿Yo? —Rokugo puso una expresión de falso asombro—. ¿Por qué todos asumen que soy el problema?
Alice apareció de repente, caminando con pasos firmes hacia ellos.
—Porque generalmente lo eres, Rokugo. Hablando del festival, los agentes ya están causando desorden. Según los primeros reportes, hay una cabra titán pintada como calavera asustando a los aldeanos.
Grimm golpeó la mesa con ambas manos, furiosa.
—¡¿Qué?! ¡Eso arruinará todo! ¡El Festival de los No Muertos es una tradición sagrada!
Rokugo bebió tranquilamente.
—Bueno, Grimm, tal vez puedas usar tus "poderes de no-muerta" para arreglarlo. Ya sabes, llamar a tus amigos espirituales o algo así.
Grimm estaba a punto de protestar cuando Snow entró al bar, con una expresión seria pero cansada.
—Rokugo, Alice, hay algo importante que debemos discutir.
Rokugo suspiró.
—¿Qué pasó ahora, Snow? ¿Otra vez rompiste algo?
Snow lo ignoró y miró a Grimm.
—Grimm, necesito que uses tus habilidades. Algo está moviendo a los zombis en el bosque, y parece que están viniendo hacia el festival. Esto podría arruinar todo.
Grimm miró a Snow, luego a Rokugo y Alice, antes de levantarse con determinación.
—Está bien. Si nadie más lo va a arreglar, yo lo haré. ¡Voy a mostrarles que soy más que un simple "alivio cómico", Rokugo!
Rokugo sonrió, claramente disfrutando de la declaración dramática de Grimm.
—Eso quiero verlo.
Con la misión improvisada del festival sobre sus hombros, el grupo se puso en marcha, listos para enfrentar lo que fuera que estuviera perturbando el equilibrio de los no-muertos. Mientras Grimm lideraba, Rokugo no pudo evitar murmurar a Alice:
—Esto será divertido… y quizás también lucrativo.
Camino al Festival de los No Muertos
El grupo avanzaba con Grimm al frente, luciendo una extraña mezcla de resolución y ansiedad. Rokugo, caminando con las manos en los bolsillos, observaba con indiferencia las estrellas sobre ellos, mientras Snow revisaba su equipo improvisado, aún resentida por los recortes salariales. Rose cargaba una bolsa llena de comida que había recogido en el camino, como si no estuviera del todo segura de cuándo tendría su próxima oportunidad de comer.
Grimm, volviendo la cabeza para hablarles, lanzó una advertencia.
—El Festival de los No Muertos no es solo una celebración, es una tradición sagrada. Si los zombis están apareciendo y causando estragos, es porque algo ha perturbado el equilibrio espiritual.
Rokugo levantó una ceja, escéptico.
—¿Y por "algo", quieres decir que tal vez tú quitándote tu bendición tiene algo que ver con esto?
Grimm se giró bruscamente hacia él, señalándolo con un dedo acusador.
—¡Eso fue un accidente y no tiene nada que ver con esto!
Alice, que caminaba a su lado revisando datos en su brazalete, comentó con tono neutral:
—Estadísticamente hablando, las posibilidades de que las acciones de Grimm hayan desestabilizado el equilibrio espiritual son del 72%.
Grimm abrió la boca para responder, pero la cerró rápidamente, optando por ignorar el comentario. En cambio, ajustó la rueda de su silla de ruedas con fuerza mientras murmuraba algo sobre "robot sabelotodo".
Snow, tratando de calmar las tensiones, interrumpió.
—Deberíamos concentrarnos en resolver esto antes de que los zombis lleguen al festival. Si esto se sale de control, me voy a asegurar de que Rokugo cargue con toda la culpa.
Rokugo rió con burla.
—Claro, porque siempre soy yo. ¿No recuerdas que fui yo quien te salvó de los Mokemokes? Un poco de gratitud no te mataría, ¿sabes?
—¡Me salvaste porque era tu trabajo como comandante! —respondió Snow, apretando los dientes.
Rose, cansada de las discusiones, decidió intervenir.
—¿Podemos dejar de pelearnos? Lo importante aquí es detener a los zombis y asegurarnos de que el festival siga adelante. Además, no quiero perderme la comida gratis que habrá allí.
Grimm, recuperando su compostura, asintió con determinación.
—Rose tiene razón. Si no hacemos algo, este festival podría convertirse en una catástrofe. ¡Así que sigan mi ejemplo y hagamos esto bien!
Rokugo fingió un aplauso.
—Bravo, Grimm. Muy inspirador. Ahora, ¿cómo piensas lidiar con un ejército de muertos vivientes?
Grimm sonrió con un toque de misterio.
—Confía en mí, Rokugo. Tengo un plan.
El grupo intercambió miradas escépticas mientras Grimm avanzaba con renovado entusiasmo. Rokugo suspiró, preparándose mentalmente para lo que sabía sería otro desastre inevitable. La noche apenas comenzaba, y el caos prometía ser monumental.
Preparativos para el Festival
Mientras Grimm guiaba al grupo hacia el lugar donde los zombis habían sido avistados por última vez, la tensión crecía. Rokugo no dejaba de lanzar comentarios sarcásticos, mientras Alice analizaba datos en tiempo real, tratando de encontrar un patrón en los avistamientos.
—Grimm, ¿cuál es exactamente tu "gran plan"? —preguntó Rokugo mientras caminaban entre los árboles oscuros del bosque cercano.
Grimm se giró en su silla de ruedas con una expresión seria.
—Voy a invocar una horda de espíritus para contener a los zombis. Usaré su energía para guiarlos de vuelta al descanso eterno.
Rokugo levantó una ceja, incrédulo.
—¿Y cómo planeas hacer eso sin que te explotes a ti misma como la última vez?
Grimm bufó, irritada.
—¡Esta vez estoy preparada! Tengo la bendición de Zenarith y sé lo que estoy haciendo.
Alice intervino, su tono robótico y frío como siempre.
—Estadísticamente, hay un 43% de posibilidades de que el intento de Grimm resulte en su autodestrucción. Sin embargo, hay un 12% de probabilidad de éxito si logramos sincronizar nuestras fuerzas.
Snow, suspirando, se cruzó de brazos.
—Si es que no terminamos envueltos en otra explosión de barro. No puedo creer que esté diciendo esto, pero estoy empezando a pensar que Rokugo tiene las mejores ideas del grupo.
—¡Gracias! —respondió Rokugo con una sonrisa arrogante.
—No es un cumplido —aclaró Snow, rodando los ojos.
El enfrentamiento con los zombis
El grupo llegó a un claro donde se habían reunido varios zombis. Sus cuerpos se movían de forma antinatural, sus ojos brillando con un tenue resplandor verde. Grimm tomó una posición central, levantando las manos y comenzando a recitar un cántico.
—Espíritus del más allá, escúchenme. Guíen a estos errantes hacia su descanso eterno —dijo Grimm con una voz solemne.
Rokugo se apoyó contra un árbol, cruzando los brazos.
—Esto va a ser divertido.
Los espíritus comenzaron a aparecer alrededor de Grimm, tomando formas translúcidas y flotando sobre los zombis. Durante un momento, parecía que el plan de Grimm funcionaría. Sin embargo, uno de los zombis rompió el círculo y cargó hacia ella.
Rose reaccionó rápidamente, saltando frente a Grimm y deteniendo al zombi con un golpe contundente.
—¡Cuidado, Grimm! —gritó Rose.
Grimm, jadeando, trató de mantener el control de los espíritus mientras Rokugo sacaba una de sus armas canjeadas.
—Alice, ¿tienes algún plan B en caso de que esto se salga de control? —preguntó Rokugo mientras disparaba a otro zombi.
—Sí. Quemar el bosque sería un 82% efectivo para erradicar la amenaza —respondió Alice sin inmutarse.
—¡No otra vez con lo de quemar el bosque! —protestó Snow, golpeando a un zombi con su espada.
Rokugo suspiró y sacudió la cabeza mientras apuntaba a otro zombi.
—Bien, Grimm. Este es tu momento de brillar. Si no lo haces bien, vamos a estar en un lío aún más grande. ¿Crees que puedes manejarlo?
Grimm, con el sudor corriendo por su frente, apretó los dientes.
—¡Puedo hacerlo! Solo necesito un poco más de tiempo.
El grupo continuó defendiéndose mientras Grimm reunía la energía espiritual necesaria para completar su ritual. Rokugo disparó a los zombis con una precisión sorprendente, mientras Alice coordinaba sus movimientos para proteger a Grimm.
Finalmente, un destello de luz envolvió el claro, y los zombis cayeron al suelo, inmóviles. Los espíritus se desvanecieron en la oscuridad, y Grimm cayó de rodillas, exhausta pero triunfante.
—Lo… lo hice —susurró Grimm, antes de desplomarse en el suelo.
Rokugo se acercó y la miró con una mezcla de exasperación y admiración.
—Bueno, al menos esta vez no explotaste. Supongo que eso cuenta como progreso.
Rose y Snow ayudaron a levantar a Grimm, mientras Alice comenzaba a recopilar datos sobre el evento. Rokugo miró el cielo estrellado y suspiró.
—Solo espero que el festival valga la pena después de todo este lío. Aunque, conociendo a Grimm, seguro que algo más saldrá mal.
Preparativos finales para el Festival
Con los zombis finalmente neutralizados y Grimm recuperándose del esfuerzo, el grupo regresó al pueblo para completar los preparativos del Festival de los No Muertos. La atmósfera en la aldea estaba cargada de anticipación, con linternas brillando y decoraciones hechas a mano colgando por todas partes.
Grimm, aunque todavía agotada, insistía en supervisar cada detalle del festival, cojeando ligeramente mientras señalaba con su dedo a los aldeanos que no seguían sus instrucciones.
—¡Esas linternas van colgadas más alto! ¡El altar necesita más flores! ¡Y alguien saque a Rokugo de la mesa de ofrendas!
Rokugo, que estaba jugando con una de las decoraciones, levantó las manos en señal de rendición.
—Tranquila, Grimm. Solo estaba probando si las linternas eran resistentes.
Snow, que estaba ayudando a cargar cajas con suministros, rodó los ojos.
—Si Rokugo "ayuda" más, terminará saboteando el festival antes de que comience.
Alice, ajustando algunos sensores que había instalado en secreto, comentó con su tono robótico.
—Rokugo ya ha generado suficientes puntos malos en el último día como para financiar nuestras operaciones por una semana. Recomiendo que no lo molesten demasiado, ya que es sorprendentemente eficiente en causar caos.
Rose, mientras tanto, estaba sentada en una esquina, mordisqueando un pastel que había tomado del altar de ofrendas.
—¿Esto cuenta como sabotaje? —preguntó con la boca llena.
Grimm se giró hacia ella con una expresión de horror.
—¡Rose! ¡Eso es una ofrenda sagrada! ¡Devuélvelo ahora mismo!
—Ya es tarde —respondió Rose, señalando su boca.
Grimm comenzó a soltar un sermón sobre respeto y tradición, mientras Rokugo se inclinaba hacia Alice.
—¿Cuánto tiempo crees que podemos mantener esto antes de que todo explote? —murmuró Rokugo.
Alice revisó su brazalete.
—Las probabilidades de que algo salga mal antes del amanecer son del 87%. Recomiendo que estés preparado para actuar en cualquier momento.
Rokugo suspiró y se rascó la cabeza.
—Bueno, al menos será entretenido.
El inicio del Festival
Cuando finalmente cayó la noche, el Festival de los No Muertos comenzó. Los aldeanos se reunieron alrededor del altar, llevando muñecos que representaban a sus seres queridos fallecidos. Grimm, vestida con un traje ceremonial, encabezaba el evento con una dignidad inusual para ella.
Rokugo observaba desde un lado, con una sonrisa burlona en su rostro.
—¿Quién diría que Grimm puede parecer tan seria cuando quiere? —comentó.
Snow, que estaba cerca, respondió con sarcasmo.
—Más seria que tú, eso seguro.
El festival avanzaba sin problemas, pero Rokugo no podía evitar sentirse inquieto. Había algo en el aire que le resultaba extraño, como si algo estuviera a punto de suceder. Miró a Alice, quien estaba revisando sus sensores.
—¿Detectas algo raro? —preguntó Rokugo en voz baja.
Alice asintió lentamente.
—Hay una ligera fluctuación en la energía ambiental. Podría ser un efecto residual de los zombis, o algo más. Recomiendo estar alerta.
De repente, una fuerte ráfaga de viento apagó las linternas, sumiendo el área en la penumbra. Los aldeanos comenzaron a murmurar nerviosamente, mientras Grimm levantaba las manos para intentar calmarlos.
—¡No se preocupen! Esto es solo un pequeño contratiempo —dijo con una sonrisa forzada.
Rokugo, sin embargo, ya estaba sacando una de sus armas canjeadas.
—Tengo un mal presentimiento sobre esto —murmuró.
Y justo cuando lo dijo, un extraño resplandor verde apareció en el horizonte, acercándose rápidamente al pueblo. Las sombras parecían cobrar vida, y un extraño canto resonó en el aire.
—Esto no estaba en el programa —dijo Rokugo, cargando su arma.
Grimm tragó saliva y murmuró para sí misma.
—Zenarith, si estás escuchando… ahora sería un buen momento para ayudar.
El desastre inesperado
El resplandor verde que avanzaba hacia el pueblo creció en intensidad, iluminando el cielo nocturno con una luz sobrenatural. Las sombras que se alargaban y retorcían parecían danzar al ritmo del extraño canto que resonaba en el aire. Los aldeanos comenzaron a retroceder, aterrorizados, mientras Grimm intentaba mantener la calma.
—¡Manténganse firmes! ¡Esto no es más que una prueba del espíritu del festival! —exclamó Grimm, aunque su voz temblaba.
Rokugo, ya con su arma lista, se acercó a Alice.
—¿Qué demonios es eso? No me digas que son más zombis o alguna tontería mágica.
Alice escaneó la energía con su brazalete, sus ojos brillando con un tenue resplandor azul.
—No son zombis. Esto parece una manifestación de energía residual acumulada. Es probable que el ritual de Grimm haya desestabilizado el equilibrio local.
Rokugo puso los ojos en blanco.
—¿Desestabilizó el equilibrio? ¿Por qué no me sorprende? Grimm nunca hace nada sin convertirlo en un desastre.
Snow, que había estado ayudando a organizar a los aldeanos, se acercó a ellos con la espada en la mano.
—¿Tienen algún plan o solo vamos a esperar a que estas cosas nos devoren? Porque si es así, prefiero morir luchando que corriendo.
Rokugo levantó un dedo.
—Primero, nadie dijo nada sobre devorar. Segundo, sí tengo un plan: Grimm se encargará de esto. Después de todo, fue su idea organizar este festival.
Grimm, que había escuchado el comentario, lo fulminó con la mirada.
—¡No puedo hacerlo sola! ¡Necesito su ayuda! ¡Esto no es solo mi problema!
Rokugo suspiró teatralmente.
—Está bien, Grimm. Pero si vuelves a explotar, no te molestes en pedirme que te lleve al templo.
La batalla contra las sombras
El resplandor verde se intensificó, y de él comenzaron a emerger figuras humanoides hechas de pura oscuridad. Las criaturas se movían con una velocidad antinatural, avanzando hacia el pueblo con intenciones claramente hostiles.
Rose, con un pastel aún en la mano, levantó la voz.
—¿Esto también es parte del festival, Grimm? Porque no me gusta nada.
—¡Claro que no es parte del festival! —gritó Grimm, tratando de invocar un círculo protector a su alrededor—. ¡Son espíritus malignos atraídos por la energía del ritual!
Rokugo disparó a una de las figuras, que explotó en una nube de sombras.
—¿Y cómo se supone que los detenemos? —preguntó, mientras Snow utilizaba su equipo 3D para cortar a otra de las criaturas.
Grimm respondió mientras intentaba mantener su concentración en el círculo protector.
—¡Necesitamos un vínculo físico para contenerlos! ¡Los muñecos del altar pueden servir, pero tienen que ser preparados con un sello!
Alice levantó una ceja.
—Eso habría sido útil saberlo antes de que comenzaran a moverse.
—¡No tuve tiempo de explicarlo! —gritó Grimm, mientras sus manos temblaban.
Rokugo suspiró.
—Bien, Rose, consigue esos muñecos. Alice, prepárate para hacer que esos sellos funcionen con tecnología. Snow, sigue cortando cosas. Yo me encargaré de mantenerlos lejos de Grimm.
El grupo se dispersó rápidamente para ejecutar el plan improvisado, mientras Grimm luchaba por mantener a raya la energía maligna.
Rokugo, disparando a las figuras que se acercaban, murmuró para sí mismo.
—Sabía que algo saldría mal. Siempre sale algo mal.
Grimm, aunque agotada, encontró fuerzas para responder.
—¡Si sobrevivimos a esto, te prometo que Zenarith me recompensará y finalmente podré demostrar que no soy solo un cadáver reanimado!
Rokugo, sin mirar atrás, sonrió.
—Claro, Grimm. Sigue soñando.
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