En el castillo
En la privacidad de su habitación compartida, Rokugo y Alice se sentaron en torno al brazalete de Kisaragi. Rokugo suspiró mientras ajustaba el dispositivo para enviar un informe.
—Bueno, Alice, es hora de informarles a esas idiotas que tenemos por jefas que seguimos vivos —dijo Rokugo, recostándose en la cama con una sonrisa irónica.
Alice, siempre eficiente, ya había preparado un resumen de los eventos recientes.
—El informe está listo. Incluirá nuestra llegada exitosa, el estado actual del País de Grace, y nuestras observaciones iniciales. También menciono que hemos asegurado posiciones en el ejército de este reino.
Rokugo asintió mientras Alice enviaba el informe.
—Perfecto. Y añade que me hicieron capitán. Les encantará saber que he subido de rango en menos de dos días. —Soltó una carcajada antes de levantarse—
Maldita sea, Aqui tienen Letrina en vez de inodoros.
Ahora, a dormir. Mañana será interesante.
Alice no comentó nada más y se dedicó a revisar más datos antes de apagar el sistema.
El día siguiente:
En el campo de entrenamiento de la milicia, esperaba Snow y varios oficiales del ejército. Rokugo llegó con Alice, luciendo su actitud usual de despreocupación. La princesa les dirigió una mirada severa.
— Rokugo, como capitán, tendrás a tu disposición a cualquier soldado del ejército para formar tu escuadrón. Es tu responsabilidad elegir a los mejores para la tarea.
Rokugo cruzó los brazos, observando el grupo de soldados disponibles. Su rostro adoptó una expresión sarcástica.
—¿Cualquiera, eh? Bueno, veamos qué tenemos aquí. Por cierto, Alice se queda conmigo.
Snow, tratando de recuperar su posición y mostrar competencia, dio un paso al frente.
—Haré todo lo posible para contribuir al éxito de este escuadrón. Pero que te quede claro, No confio en ti. Ademas ¿Por que Alice es parte de este escuadron? ¿No deberias enviar a esa niña a la escuela o algo asi?
Tilis asintió, aunque claramente mantenía una mirada cautelosa hacia Snow.
Rokugo se rió para sus adentros.
— Alice no necesita ir a la escuela, Snow. Es inteligente y creeme, sera de mucha ayuda en el escuadrón.
Los reclutas se acomodaban en fila.
Mientras inspeccionaban al resto del ejército, al ver a los soldados disponibles, Rokugo y Alice se dieron cuenta de que la mayoría de ellos eran hombres mayores y mujeres jóvenes sin experiencia en combate.
—¿Qué clase de ejército es este? Es como si mezclaran una casa de retiro con un colegio de señoritas.
Alice, mientras tanto, revisaba los registros en tiempo récord gracias a su sistema avanzado.
—El ejército del País de Grace sufrió grandes pérdidas en generaciones pasadas debido a la guerra contra los demonios y la presencia de esos seres que llaman titanes no ayuda. La mayoría de los hombres jóvenes murieron, dejando esta extraña demografía.
—El soldado con mayor número de misiones exitosas y reconocimientos es Alexandrite Galvenier. —Alice señaló a un anciano de cabello claro y largo que lucía una camiseta sin mangas y llevaba un bastón—.
- Si, Alexandrite, Esto sera una victoria rapida- Dijo Snow
—Según los registros, este hombre es Alexandrite Galvenier, conocido como el 'Dios de la Guerra'. Fue legendario por sus contribuciones en batallas clave. Sin embargo, ahora parece... senil.
Alexandrite se acercó a Alice con una sonrisa bondadosa y la confundió con su nieta, acariciándole la cabeza y comentando lo adorable que se veía. Aunque Alice intentó explicarle que no eran familiares, él solo se rió y continuó tratando de darle dulces que llevaba en su bolsillo.
—¡Oh, pequeña! ¿Eres mi nieta? —dijo con entusiasmo mientras revolvía el cabello de Alice, tratándola como a una niña.
Alice, imperturbable, respondió con calma.
—No, señor. No soy su nieta.
Alexandrite simplemente se rió y le mostró un dulce que aparentemente había robado de algún lugar.
—Toma esto. Los dulces son buenos para crecer fuerte y sana.
Rokugo observó la escena con incredulidad y luego se giró hacia Snow.
—¿Esto es en serio? ¿Él es uno de los mejores que tienen?
Snow frunció el ceño, claramente avergonzada.
—Alexandrite es una leyenda en su tiempo.
Rokugo negó con la cabeza. -Creo que puedo prescindir de él —dijo Rokugo en voz baja, torciendo la boca con desdén.
—Pero también tiene algunos atributos... peculiares, como la habilidad de comer monstruos venenosos sin sufrir efectos secundarios —agregó Snow, intentando disimular una sonrisa divertida.
—Pasemos al siguiente. No tengo tiempo para cuidar a un ladrón senil, por muy legendario que haya sido.
Mientras seguían revisando a los candidatos, Rokugo no pudo evitar pensar que formar un escuadrón competente en este reino sería más complicado de lo que había anticipado.
—Insisto en que Alexandrite debe estar en el escuadrón. Su experiencia en combate no tiene comparación, y su conocimiento táctico podría ser invaluable, —dijo Snow, cruzándose de brazos.
Alice, siempre racional, intervino antes de que Rokugo pudiera burlarse.
—Rokugo es el capitán. Si él dice que no, es no. Además, Alexandrite ya no está en condiciones de cumplir con las exigencias de combate actuales. Su comportamiento senil podría ser un riesgo para el equipo.
Rokugo levantó las manos con una sonrisa.
—Escuchaste a mi asistente... Lo siento, Asistente Snow, pero mi escuadrón necesita soldados que estén aquí mentalmente, no solo físicamente.
Snow bufó, frustrada, pero no insistió más.
Alice continuó revisando los registros y finalmente se detuvo en un archivo que llamó su atención y señaló a dos soldados más, revisando los registros de manera diligente.
—Agente 6, he encontrado a dos miembros del ejército que podrían resultar útiles. Aunque tienen la mitad de misiones exitosas que Alexandrite, ocupan la segunda y tercera posición en el registro militar.
La primera era Rose, una ¿quimera de combate? -Leyendo su curriculum- , pero con características peculiares: Al revisar sus antecedentes, Alice explicó que Rose había sido encontrada en un laboratorio abandonado, y aunque su apariencia era poco común, poseía una fuerza considerable.
-Rose, Ven Aqui- Dijo Snow molesta.
Rose llegó para la entrevista. Era una joven de aspecto peculiar: cabello gris, con mechones azul y verde, un cuerno torcido sobresalía de su cabeza, una cola escamosa se movía detrás de ella, y un ala desproporcionada parecía inútil para volar, Su ropa se limitaba a ropa desgastada y sobresalían una vendas que parecía que emulaban ser su ropa interior. Su apariencia era tan extraña como intrigante.
—¡Saludos, mortales! —dijo Rose dramáticamente, levantando una mano al aire mientras asumía una pose teatral—. Soy Rose, la encarnación del poder supremo. ¡Mis habilidades son incomparables, y mi destino es llevar la gloria a este mundo!
Rokugo y Alice intercambiaron una mirada mientras Snow suspiraba, claramente molesta.
—¿Qué demonios está haciendo? —murmuró Rokugo, arqueando una ceja.
—Ustedes los humanos solo viven para destruir —dijo Rose con una voz teatral, manteniendo una expresión seria mientras señalaba a un punto imaginario en la distancia—. Mis habilidades han sido forjadas en la ira y el odio que los hombres han sembrado... Hay, no puedo seguir haciendo esto, Hago ese teatrito porque era la voluntad de mi abuelo.
Rokugo levantó una ceja, conteniendo una carcajada.
—Una auténtica diva. —Miró a Alice, esperando una explicación.
—Lo siento... —dijo en voz baja, jugueteando con sus manos—. Mi abuelo, mi creador, me pidió antes de morir que siempre actuara de forma grandiosa. Era su último deseo, y... no quiero decepcionarlo.
Alice observó a Rose con curiosidad.
—¿Te refieres al científico que te creó?
Rose asintió.
—Sí. Me crió como si fuera su nieta, pero siempre decía que los humanos eran alimañas traicioneras. Aunque... no me desagradan.
Rokugo sonrió ligeramente, inclinándose hacia Alice.
—Bueno, esto se está poniendo interesante. Además, parece que podemos manejarla fácilmente.
En ese momento, Rose olfateó el aire y se giró hacia Rokugo.
—¿Qué tienes en el bolsillo? Huele... delicioso.
Rokugo sacó una barra energética que había guardado para después.
—¿Esto? Es solo una barra energética.
Rose lo miró con ojos brillantes.
—¿Puedo tenerla? Por favor... —dijo, casi suplicando.
Rokugo y Alice intercambiaron miradas nuevamente. Rokugo le lanzó la barra, y Rose la atrapó con entusiasmo, devorándola de inmediato.
—Es fácil manipularla con comida, —comentó Alice en voz baja.
—Entonces, Rose es... ¿una "bestia hambrienta", me dices? —Rokugo ladeó la cabeza, notando la mirada de Rose que parecía instintiva y alerta.
—Correcto.
Tras un rato conviviendo con Rose, Alice afirma que Rose solo come monstruos, aunque no dudaría en comer carne humana si fuera necesario. Es muy manipulable, especialmente si le ofrecen chocolate, un alimento que aparentemente no existe aquí.
Rokugo se frotó la barbilla, intrigado. —Una quimera emocional y hambrienta... interesante. Supongo que podremos usar eso a nuestro favor.
Tras un intercambio de palabras, Rose aceptó unirse al equipo de Rokugo. A pesar de sus peculiaridades y comentarios mordaces, Rokugo notó que Rose era una chica amigable y desinteresada en realidad, alguien que no temía decir lo que pensaba, incluso si tenía una mala impresión de alguien. Mientras ella terminaba de firmar su inclusión al escuadrón, Rokugo la observaba.
—Esta chiquilla será interesante de tener cerca... —comentó para sí mismo, recordando la facilidad con la que ella aceptó el chocolate que Alice había sacado de su equipo.
Cuando la entrevista terminó, Rose fue oficialmente reclutada en el escuadrón. Sin embargo, Snow se mantuvo al margen durante todo el proceso, observando a Rose con una expresión seria.
Mientras el grupo se alejaba, Rokugo notó que Snow parecía molesta.
—¿Qué pasa, Snow? ¿Te cae mal nuestra nueva integrante?
Snow negó con la cabeza rápidamente, pero su tono fue menos convincente.
—Solo me preocupa que una quimera como ella no sea confiable en el campo de batalla. Eso es todo.
Rokugo se encogió de hombros.
—Bueno, ya veremos. Mientras siga actuando grandiosa y coma sus barritas, creo que no habrá problemas.
Alice lo miró con desaprobación, pero no dijo nada. Snow, por su parte, guardó su aparente desagrado en silencio, preparándose para lo que parecía ser un escuadrón caótico e impredecible.
Alice, encontró otro nombre que llamó su atención.
—Sugiero que consideremos a Grimm Grimore —dijo Alice mientras mostraba el perfil en su dispositivo—. Es una ... Hechicera?... Aunque sus registros no especifican habilidades de combate destacadas.
Rokugo levantó una ceja, interesado.
—¿Hechicera? Suena intrigante. Está bien, tráela.
Snow cruzó los brazos, visiblemente incómoda.
—GRIMM, ven aqui.
A simple vista, parecía una joven descalza, de unos 18 o 19 años, con cabello rojo liso y ojos amarillos somnolientos, aunque un tanto letárgica. Su vestimenta era Una tunica morada, contradecíendo cualquier espectativa de su vida militar. Ella estaba sentada en una silla de ruedas de madera, con una expresión calmada pero claramente excéntrica.
Rokugo la miró un momento, desconcertado por la incongruencia de su imagen y su historial de misiones exitosas. Sin embargo, se guardó para sí mismo la pregunta que realmente le rondaba la cabeza: ¿Cómo una mujer en silla de ruedas puede haber completado tantas misiones?
¿Es esto un error? ¿Cómo va a servirnos alguien en silla de ruedas? ¿Perdió la movilidad en la guerra?
Antes de que Alice pudiera responder, Grimm se acercó, mostrando una sonrisa encantadora que contrastaba con su aire somnoliento.
—Disculpe, señor capitán, ¿puedo hacerle una pregunta? —dijo Grimm con un tono meloso.
—Adelante, —respondió Rokugo, todavía escéptico.
Grimm se inclinó ligeramente hacia él, con los ojos brillando de interés.
—¿Es usted soltero?
La pregunta tomó a Rokugo por sorpresa, pero en lugar de incomodarse, Penso en el comentario de Astaroth sobre si debia seducir nativas, sonrió con diversión.
—¿Por qué? ¿Estás interesada?
Grimm suspiró dramáticamente, llevándose una mano al pecho.
—Oh, Yo soy soltera, Extrañamente nadie sale conmigo, a pesar de ser un buen partido.
Snow, que observaba la escena con el ceño fruncido, intervino con molestia.
—¿De verdad vas a reclutar a la sacerdotisa de Zenarith también? Esto se esta viendo muy mal.
Grimm se giró hacia Snow, con una expresión molesta.
Rokugo, se inclinó hacia Grimm y, con un tono sarcástico, le preguntó:
—¿Asi que eres hechicera? ¿Y qué puedes hacer en el campo de batalla? Porque siendo honesto, si no puedes moverte, no veo cómo podrías ayudar.
Grimm rió suavemente, colocando una mano sobre la rueda de su silla.
—Ah, mi querido capitán, técnicamente no soy hechicera, Mi poder proviene de Lord Zenarith. Puedo hacer milagros en su nombre.
Alice miraria con decepcion a Grimm.
—Bueno, hay un pequeño inconveniente. Cuatro de cada cinco maldiciones tienen éxito en el objetivo. Pero una de cada cinco se revierte en mí misma. Para activar cada maldición necesito
Rokugo paso a una expresion de decepcion
—¿Así que eres una sacerdotisa con un margen de error del 20%? Déjame adivinar, ¿Una maldicion debilito tus piernas y te impide caminar?
Grimm su tono aún más avergonzado.
—No. Esta es una maldicion que hace que no pueda usar zapatos. Si intento ponérmelos, exploto . Prefiero usar esta silla de ruedas porque no me gusta caminar en la arena.
Snow se llevaba una mano al rostro, claramente perdiendo la paciencia.
—Comenzo —murmuró Snow.
—¿Quién dijiste que es Zenarith? —preguntó Rokugo.
Grimm se enderezó en la silla, adoptando una postura ceremoniosa, como si estuviera preparándose para una gran declaración. Sus ojos brillaron con una intensidad que parecía desproporcionada para el tema que se trataba.
—¡Zenarith, Señor de la No Muerte, el Desastre y la Noche! ¡Una deidad tan sublime, que sus seguidores son elegidos solo por la más pura devoción! —Grimm cerró los ojos y suspiró, como si estuviera disfrutando de una fantasía épica.
Rokugo frunció el ceño ante semejante presentación. El nombre no sonaba precisamente a algo benevolente.
—¿Una especie de deidad malvada? —preguntó, curioso pero un tanto escéptico, con la esperanza de obtener una respuesta más sensata.
La reacción de Grimm fue inmediata y explosiva. Se levantó de su silla de ruedas con un movimiento sorprendentemente ágil y levantó las manos, como si estuviera a punto de hacer un solemne juramento.
—¡¿Malvada?! ¡¿Cómo te atreves a llamarla así?! —Su rostro mostró una frustración desbordante, casi como si sus propias palabras la estuvieran quemando. Luego se calmó, pasando una mano por su cabello como si tratara de recomponerse—. ¡Lord Zenarith es perfecto! ¡ De una elegancia sobrehumana! ¡Su poder es divino y...!
Rokugo se quedó en silencio un momento, sorprendido por la intensidad de su fervor religioso. Alice, que estaba junto a él, no pudo evitar soltar un comentario más lógico, casi en tono de robot.
—Los dioses no existen. Es una construcción cultural para explicar lo inexplicable.
Grimm la miró con desdén y, casi como si no hubiera oído lo que Alice dijo, retomó su discurso.
—¡Zenarith sí es real! ¡Señor de la...! —pero notó que su audiencia no estaba tan fascinada como ella esperaba y, viendo la falta de interés, se obligó a calmarse, rascándose la cabeza con una sonrisa algo avergonzada.
Grimm la miró con ojos entrecerrados, claramente irritada.
—¿Cómo se atreve? Blasfemar contra Zenarith tiene consecuencias graves. Podría maldecirla ahora mismo.
Rokugo intervino, levantando una mano para calmar la situación.
—Tranquilas, chicas. No necesitamos peleas internas antes de empezar. Grimm, bienvenida al equipo. Y no te preocupes, Alice está en su etapa de "la magia es una tontería".
Snow miró al grupo con una mezcla de frustración y resignación.
—No sé cómo voy a sobrevivir con este escuadrón. Esto será un desastre.
Rokugo, con su característica sonrisa confiada, se encogió de hombros.
Rokugo aprovechó para cambiar de tema y evitar más discusiones sobre deidades.
—Bien, bien... —dijo, mientras se acomodaba en su asiento—. Cuéntanos algo más sobre ti, Grimm. ¿Qué te llevó a unirte a la iglesia de Zenarith?
Grimm resopló, y al escuchar la pregunta, la miró a él y a Alice con una mirada un tanto triste, pero rápidamente la reemplazó con una actitud más ligera, como si fuera a hacer un acto de confesión.
—Soy hija de unos humildes comerciantes. Nunca tuve un novio. Siempre estuve en un hogar sencillo, sin grandes lujos. Pero entonces conocí la promesa de la eterna juventud y la venganza.
—¿Venganza? ¿De quién?
Grimm suspiró dramáticamente, llevándose una mano al pecho.
—De todos los hombres que nunca me han querido. ¡Y también de todas esas parejas felices que se pasean por los parques! Golpearlas es uno de mis pasatiempos favoritos.
Rokugo no pudo evitar soltar una carcajada.
—¡Eso es lo más ridículo que he escuchado!
¡Sí, la venganza! Nadie me quería, nadie me miraba... hasta que encontré a Zenarith, quien me ofreció la oportunidad de vengarme de todo lo que me había sido negado. Fue entonces cuando me uní a su iglesia. ¡Ahora soy una sacerdotisa poderosa, como no lo ha sido nunca una mujer! —dijo esto último con un tono más de satisfacción que de tristeza.
Rokugo frunció el ceño, medio interesado, medio desconcertado por la revelación. Entonces, mientras Grimm continuaba hablando sobre su vida y sus creencias, algo más llamó la atención de Rokugo.
—¿Sabes, Grimm? —dijo Rokugo, inclinándose hacia ella—. Para una sacerdotisa, tienes una actitud bastante atrevida.
Grimm se acercó a Rokugo, sus ojos brillando con un toque seductor.
—Capitán, sobre la blasfemia que tiro hace rato,... quizá podría reconsiderarlo si lo pido amablemente. —Su voz bajó de tono, casi como un susurro, mientras inclinaba ligeramente la cabeza hacia él.- ¿Quieres ver lo que hay debajo de mi falda? Disculpate y talvez te bautice en nombre de...
Rokugo, viendo la oportunidad de ganar puntos malos, respondió sin perder tiempo. Miró directamente debajo de la falda de Grimm, con total descaro.
Al ver lo que Rokugo estaba haciendo, Grimm se puso roja como un tomate y dejó escapar un grito de sorpresa, tapandose la falda, aun sentada en su silla de ruedas.
—¡¿Q-qué estás haciendo, pervertido?!
—¿Una tanga ,eh? Bueno, No eres una mujer puritana.
—¡No se suponía que vieras de verdad! —gritó, claramente en pánico—. ¡Ahora tienes que hacerte responsable! ¡Hazme tu esposa!
Rokugo, sin inmutarse, levantó las manos con una sonrisa.
—No exagere, señora tanga mutante.
Grimm, todavía roja de la vergüenza, entró en modo defensivo.
—¡No me llames asi! ¡Soy una sacerdotisa de Zenarith, y merezco respeto! Ademas, en Piyoko Club decia que usar tanga ayudaria a conseguir marido, ¡Casate conmigo como compensacion, compra un collar y llévame al altar! —exclamó, claramente afectada por la audacia de Rokugo.
Rokugo rió. —¿estas Bromeando, verdad?.
Grimm, aún tratando de recuperar la compostura, carraspeó antes de mirarlo con una expresión un poco más seria. -¿Como puedes tratarse asi? Eres un degenerado-
Rokugo continuó riéndose. —¡Oh, claro! Pero esta bien, desquítate, te daré la oportunidad de hacerlo. —Le lanzó una mirada pícara—. ¿Puedes probar tus poderes? ¿Tal vez con una maldición que me haga sentir algo de dolor?
Grimm frunció el ceño, decidida a darle una lección. —¿Ah, sí? Pues bien. Puedo hacer que sientas el dolor de golpearte el dedo chiquito del pie en una esquina. ¡Capitan! —dijo, mientras hacía un gesto solemne en su dirección.
"Oh, señor Zenarith, maldice a este pervertido, haz que sienta el dolor de golpearse el dedo chiquito del pie"
Pero justo después de lanzar la maldición, Grimm se estremeció, y de repente... —¡Ay! —exclamó mientras se agarraba el pie y se retorcía en su silla—. ¡Maldición, la maldición rebotó en mí!
Rokugo la miró con incredulidad y luego comenzó a reír de nuevo. —Vaya, qué impresionante.
Grimm soltó un bufido, avergonzada pero incapaz de refutar la situación.
Snow, que había estado observando toda la escena con una mezcla de frustración y exasperación, finalmente explotó.
—¡Esto es ridículo! La sacerdotisa problemática, una quimera, una niña y un capitán pervertido. ¡Esto no puede funcionar!
Rokugo se giró hacia ella, cruzándose de brazos.
—Relájate, Ex-comandante. Si estás tan preocupada, tal vez deberías concentrarte en ser una asistente útil en lugar de quejarte.
Snow apretó los dientes y dio un paso al frente.
—Trabajare con ustedes, espero que sea poco tiempo. Este escuadrón puede ser un desastre, pero conmigo al mando, todo estará bajo control.
Rokugo soltó una carcajada.
—¡Al mando! No sé si te lo dijeron, pero yo soy el capitán. Tú eres solo mi asistente, Snow. Si tienes algún problema con eso, podemos resolverlo aquí mismo, Señora degradada- .
Snow lo fulminó con la mirada, claramente considerando su respuesta. Rokugo, viendo la oportunidad de provocarla, se inclinó hacia ella con una sonrisa traviesa.
Al oir el comentario, Grimm y Rose tambien se burlaban de Snow de haber sido degradada.
—¡Eres un maldito imbécil, Rokugo!
Rokugo alzó las manos, todavía sonriendo.
—Tranquila, tranquila.
Alice observaba la escena con su típica calma, pero finalmente intervino.
—Ambos están actuando de forma poco profesional. Sugiero que se enfoquen en las tareas asignadas en lugar de comportarse como niños.
Snow estaba furiosa. No podía creer que había sido degradada a simple asistente de ese idiota pervertido llamado Rokugo. Con los ojos ardiendo de rabia, decidió enfrentarse a él frente a Rose y Grimm, quienes observaban la escena con curiosidad.
—¡Escuchen bien, chicas! —dijo Snow con una voz autoritaria mientras señalaba a Rokugo—. La princesa me ha enviado para vigilar a este... imbécil. No se dejen engañar por su actitud arrogante. Es un completo inepto.
Rokugo levantó una ceja, cruzándose de brazos.
—No te autoengañes, Snow
Snow soltó una risa sarcástica.
—Tu y tu maldita contraseña, Y ni siquiera hablemos de tu armadura mala y tus modales de cavernícola. ¡No tienes ni una pizca de educación!
Las palabras golpearon un nervio sensible en Rokugo. Aunque nunca lo admitiría públicamente, abandonar la preparatoria para unirse a Kisaragi siempre había sido un punto oscuro en su vida. Su orgullo comenzó a tambalearse, pero mantuvo su expresión impasible.
—¿Educación? —replicó Snow, notando el ligero cambio en la postura de Rokugo—. Permítanme ilustrarles: yo me gradué como la mejor de mi clase en la Universidad Real de Alquimia Avanzada. Sí, alquimia. Una disciplina que requiere inteligencia, paciencia y dedicación. Cosas que claramente este idiota desconoce.
Grimm y Rose intercambiaron miradas.
—Este capitán es... extraño —murmuró Rose.
—Sí, pero parece entretenido —respondió Grimm con una pequeña sonrisa.
Snow juraba que Al final de la mision, Rokugo obedeceria sus ordenes.
Rokugo se puso en guardia
Snow sintiendo que hirio a Rokugo le diria -¿Recurres a la violencia?, Esta bien, soy una caballero entrenada, enfrentame si puedes-
Antes de que Snow pudiera responder, Rokugo extendió sus manos y tocó sus pechos. Los ojos de Snow se abrieron como platos, y Alice, desde lejos, suspiró profundamente.
-Obtuviste puntos malos-
—¡¿QUÉ DEMONIOS CREES QUE ESTÁS HACIENDO?! —gritó Snow, sacando su espada en un instante.
Rokugo retrocedió rápidamente, riendo nerviosamente.
—¡lo siento, lo siento de verdad...
Sin embargo, Snow no estaba dispuesta a escuchar excusas. Corrió hacia él con la espada en alto, decidida a cortarlo en pedazos. Rokugo, viendo que la situación se ponía peligrosa, echó a correr hacia el castillo :
—¡lo siento! lo siento!
El resto del equipo observó cómo Rokugo corría a toda velocidad con Snow persiguiéndolo.
Rose y Grimm seguían comentando lo ocurrido.
—¿Crees que sea cruel con nosotras? —preguntó Rose preocupada.
—Difícil de decir —respondió Grimm, jugueteando con su cabello rojo—. Pero sin duda es el capitán más raro que he tenido. Aunque... tiene cierto encanto peculiar.
Rokugo entra al castillo, cuando parecía que Snow estaba a punto de alcanzarlo, Rokugo se esconde detrás de la princesa Tilis, quien estaba caminando tranquilamente por uno de los pasillos.
—¡Su Alteza, proteja a su humilde servidor! —exclamó Rokugo, usando a Tilis como escudo humano.
Snow se detuvo abruptamente, respirando agitadamente y con la espada todavía en mano. Miró a Rokugo con odio absoluto antes de inclinarse ante la princesa.
—Mis disculpas, Su Alteza. Este... desgraciado merece un castigo ejemplar.
Tilis miró a ambos con una mezcla de diversión y exasperación.
—Snow, recuerda que te nombre su asistente. Por ahora, sugiero que todos regresen al entrenamiento. Necesitamos prepararnos para futuras misiones.
Snow apretó los dientes, pero guardó su espada y se retiró con dignidad herida
—Rokugo, ¿puedo saber por qué tú y Snow estaban peleando a arma blanca? —preguntó la princesa con voz severa.
Rokugo, todavía adolorido, intentó restarle importancia al asunto.
—Solo una pequeña disputa para establecer jerarquías, princesa. Todo está bajo control.
Tilis lo fulminó con la mirada.
—Eso no es aceptable, Capitán. Snow es una soldado leal, y quiero que confíes más en ella. Déjame contarte algo sobre su pasado.
Rokugo cruzó los brazos, no muy interesado, pero no interrumpió.
Tilis suspiró, comprendiendo el escepticismo de Rokugo. —Sé que puede parecer estricta, pero Snow tiene una historia difícil. Es una huerfana que tuvo que arreglárselas sola para sobrevivir y salir de la pobreza. Terminó una carrera universitaria y se unió al ejército, donde fue escalando gracias a su propio esfuerzo y determinación. Su lealtad y su compromiso con el reino son innegables.
Rokugo suspiró, sabiendo que no tenía escapatoria.
—Está bien, está bien.
Rokugo asintió, con una leve expresión de interés. —Vaya, Pense que seria hija de familia de nobles.
—Así es —respondió Tilis con una sonrisa leve—. Por eso, Creo que podria ser alguien valioso en tu escuadron.
Rokugo levantó ambas manos, en señal de rendición. —Si es una orden de la princesa, no puedo negarme, ¿verdad?
—Así es —dijo Tilis, manteniendo la misma expresión serena—. Confío en que encontrarás la forma de trabajar en equipo. Snow te puede parecer un poco rígida, pero estoy segura de que su experiencia será valiosa para tu escuadrón.
Con un suspiro resignado, Rokugo hizo una pequeña reverencia burlona. —Muy bien, princesa. Aceptaré a la "excomandante" Snow en mi escuadrón. Estoy seguro de que será... interesante.
Después de la reunión con Tilis, Rokugo fue guiado por un guardia hasta la habitación que se le asignaron dentro del castillo. Poco después, otro guardia llegó con Alice.
— Aqui estamos denuevo Agente Seis—comentó Alice, observando la habitación.
Rokugo suspiró, Bueno Alice, no me dara sueño hasta dentro de horas, asi que cuentame algo de ti.
—No tengo organos reproductores, asi que no puedo ayudarte con eso por si lo piensas. Sugiero que aprovechemos el tiempo aquí para planificar nuestras próximas acciones. Y No olvides nuestra mision.
Rokugo se dejó caer en la cama, claramente agotado.
—Planificar... claro, lo que digas. Solo despiértame si alguien viene a matarnos.
Alice, sin mostrar emoción, asintió y comenzó a organizar sus cosas. Mientras Rokugo cerraba los ojos, no pudo evitar pensar en lo peculiar que era su escuadrón.
A la mañana siguiente
Rokugo fue despertado abruptamente por Snow, quien entró a su habitación sin siquiera tocar.
—¡Despierta, Rokugo! Tenemos una misión importante hoy. No podemos perder tiempo con tu pereza.
Rokugo se incorporó lentamente, bostezando.
— ¿No Tocan la puerta Aqui o que? Toca la proxima vez o podrias algo que no te agrade.
Alice, quien ya estaba completamente organizada y revisando datos, añadió:
—Es cierto. Lo que cometiste fue una violación a la privacidad del Agente 6 .
Snow ignoró el comentario y señaló hacia la puerta.
—Vístete rápido. El estratega del rey nos espera en la sala de estrategia. Y que es eso de "Agente 6"?
En la sala de estrategia
El estratega era un hombre mayor, con una cicatriz profunda que cruzaba uno de sus ojos y un sombrero que apenas ocultaba su calva. Su mirada era tan dura como su reputación. Desde el primer momento, quedó claro que él y Rokugo no congeniarían.
—Así que tú eres el famoso "Capitán" Rokugo —dijo
con un tono lleno de desdén mientras examinaba los informes sobre la mesa—. He oído hablar de ti. Un extranjero que llegó de la nada y ahora lidera un escuadrón conformado por las rechazadas del reino y una niña. Curioso.
Rokugo sonrió con arrogancia.
—Sí, soy yo. Y créeme, tengo más experiencia de la que parece.
Six resopló, claramente molesto.
—Eso lo veremos. Ahora, escuchen bien. A unos kilómetros de la entrada del Reino, el ejército del Lord Demonio ha montado un campamento. Nuestra misión es atacarlos antes de que lancen un ataque contra nuestras murallas.
Rokugo intervino:
—¿Y los titanes? ¿No deberíamos preocuparnos por ellos si vamos fuera de las murallas?
—Los titanes solo atacan humanos. Para su grupo, La sacerdotiza malvada y La quimera glotona tienen ventajas naturales.
Después de la reunión, Snow llevó a Rokugo al establo donde se encontraban los caballos. Snow montaba un unicornio blanco impecable. Alli tambien se topaban con Grimm y Rose.
Snow sonrió con suficiencia.
—Solo los vírgenes pueden montarlos. Así que dudo que puedas.
Rokugo se rió entre dientes.
—Relájate, no planeo quitarle el puesto a tu amigo mágico.
- Afff. Toca capacitarte en como usar un equipo de maniobras 3d, es evidente que no sabes usarlo.
Luego, Snow le entregó un equipo de maniobras tridimensionales. Sin embargo, mientras le explicaba cómo usarlo, hizo todo lo posible por confundirlo.
—Este gatillo aquí activa el gas, pero debes ajustar la linea de vista manualmente con la cadera. Y este otro control ajusta Si se sierra o abre el gancho para sujetarte o salirte... practica un poco antes de salir.
Rokugo frunció el ceño.
—¿Estás segura de que sabes usar esto?
Snow fingió inocencia.
—Claro que sí. Solo sigue mis instrucciones.
Alice miraria el mecanismo del equipo de maniobras tridimensionales
-Agente 6, El Peso de tu armadura hace imposible que un dispositivo asi sea capaz de impulsarte por el aire.
Mientras tanto, Alice observaba desde lejos. Recordó algo crucial de su base de datos.
—Agente 6, según mis registros de nuestra pelea contra los caninos titán, estas criaturas solo te atacaron a ti, no a mí. Es probable que los demas tipos de titanes también ignoren mi presencia.
Snow se confundiria
—¿En serio? ¿Por qué esta Alice? No creo que una niña deba estar en el frente.
Alice, manteniendo su actitud calmada, respondió antes de que Rokugo pudiera intervenir.
- Snow, mi apariencia no define mis habilidades. Estoy más que preparada para cumplir con mi deber en esta misión. y créeme, los titanes no me atacaran.
Rokugo sonrió con diversión.
—Deja que Alice haga lo suyo, Snow. Confía en mí, ella puede manejarse.
Alice respondió con calma:
—Iré a la misión contigo. Si los titanes no me ven como una amenaza, podré cubrirte en caso de problemas.
Snow intervino nuevamente, esta vez dirigiéndose a Grimm y Rose.
—Ustedes dos no tienen que preocuparse por los titanes. Rose, eres una quimera, y Grimm... bueno, digamos que ni los titanes la quieren.
La silla de ruedas de Grimm sera movida por Rose, normalmente es por un caballo, pero Rose esta prohibido usar caballos y tampoco lo necesita y Grimm no sabe montar.
Antes de partir
Rokugo, todavía confundido por el equipo de maniobras, decidió hacer una última pregunta.
—Espera, ¿por qué los titanes solo atacan humanos? ¿Qué pasa con los demonios? ¿Por qué no los devoran también?
Snow suspiró, como si fuera obvio.
—Primero, "titán" es un término general para cualquier criatura gigante con capacidad regenerativa que solo muere si recibe un daño crítico en la nuca. Segundo, los titanes tienen una especie de... instinto. Solo atacan humanos, no otras especies.
Snow bufó.
—No te emociones. Eso no significa que seas especial. Simplemente eres un objetivo fácil.
Con eso dicho, el grupo se preparó para partir. Rokugo, a pesar de las instrucciones intencionalmente confusas de Snow, logró activar el equipo de maniobras, como Alice predijo, la armadura pesaba mucho para elevarlo, si practicaba debía ser sin la armadura.
De hecho incluso la pesada armadura de Rokugo impedia que cualquier caballo pudiera transportarlo.
No, esto no me va a impedir- Dijo Rokugo - Escribiendo en su brazalete una moto de alto cilindraje para guerra.
Apareciendo ante la vista del equipo la moto
-¿Que clase de invocacion es esa? - Diria Snow.
-¿Eso es una especie de caballo mecanico?- Diria Grimm.
-¿Eso es metal? Penso Rose.
Rokugo no se molesto en explicar el brazalete de Kisaragi, solo se limito a decir que Esa moto le ayudaria a moverse.
Escenario: Campamento de Demonios en el Desierto del País de Grace
Llegaron a un punto elevado donde podían observar el campamento demoníaco a la distancia. Rokugo examinó la situación, notando la gran cantidad de demonios y la aparente organización del lugar.
—Atacar directamente sería una locura —comentó Rokugo, cruzando los brazos. - Los titanes sirven como una defenza a ese campamento, Aun si quisiera hacercar titanes y que hagan daño colateral, se van directo por los soldados.
Snow frunció el ceño.
—¿Qué sugieres entonces?
Rokugo negó con la cabeza.
—Bien, el plan es sencillo —dijo Rokugo mientras inspeccionaba el campamento enemigo desde una colina, oculto entre las rocas junto a su peculiar equipo—. Vamos a destruir sus suministros de comida para que no puedan aguantar mucho tiempo aquí. Eso debería obligarlos a salir.
—Señaló hacia un conjunto de caravanas que se veían a lo lejos—. Esas caravanas son su línea de vida. Sin ellas, no tendrán comida ni equipo para sostenerse. Si las eliminamos, colapsará.
Snow parecía molesta por la idea.
—Eso es cobarde. Es deshonroso y no nos dará reconocimiento. Los soldados deben enfrentar al enemigo directamente.
Rokugo se encogió de hombros.
—Y por eso yo soy el capitán. Vamos a hacer esto a mi manera.
Snow resopló, claramente frustrada, pero no discutió más.
Mientras el escuadrón se preparaba para moverse hacia las caravanas, Grimm, como era costumbre, comenzó a quejarse.
—El sol me hará enfermar. Si fuera por mí, destruiría este maldito astro —dijo, cubriéndose los ojos con una mano antes de recostarse contra un árbol.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó Snow, observándola con incredulidad.
Grimm cerró los ojos sin molestarse en responder.
Snow dio un paso hacia ella, visiblemente irritada.
—¡Estamos en medio de una misión! ¡No puedes simplemente dormirte!
Grimm no respondió. Para cuando Snow intentó sacudirla, Grimm ya estaba profundamente dormida.
—Esto es inaceptable, —murmuró Snow, apretando los dientes. - ¡Genial! Mi escuadrón es un desastre completo
Desde su escondite entre las rocas, Rokugo observaba atentamente la caravana de suministros siendo transportada por un grupo de orcos. Estos enormes humanoides llevaban cajas de provisiones y armas hacia el campamento demoníaco. Rokugo hizo una señal a su escuadrón y, con una sonrisa confiada, saltó directamente a la caravana.
Rokugo, ignorando completamente que Grimm seguía dormida contra un árbol, dio un salto desde su escondite hacia la caravana que avanzaba lentamente. Los orcos que la transportaban se detuvieron en seco al verlo aterrizar frente a ellos con su característica sonrisa arrogante.
—¡Hora de divertirse! —gritó, aterrizando sobre una de las carretas y atacando al primer orco que vio con su cuchillo. La criatura rugió de dolor mientras Rokugo esquivaba su respuesta torpe.
Alice, con su rifle en mano, apuntó hacia los orcos restantes y, con su voz mecánicamente tranquila, los amenazó.
—Si quieren vivir, corran. Ahora.
Los orcos, aterrorizados por el ataque combinado, soltaron las riendas de la caravana y salieron corriendo, dejando atrás las provisiones.
Rokugo se levantó, limpiándose el sudor de la frente.
—Bueno, eso fue fácil. Tal vez demasiado fácil.
Rose, quien observaba la escena desde un lado, se acercó con una expresión preocupada.
—Capitán... no sé. Esto se siente mal. Atacar suministros, robar comida... Siento que estoy haciendo algo muy malo
Rokugo, sin inmutarse, giró hacia ella y sonrió.
—Rose, bloquear los suministros del enemigo es una de las tácticas más antiguas y efectivas del Libro de Kisaragi. Es simple: sin comida, no pueden pelear.
Rose inclinó la cabeza, visiblemente intrigada.
—¿Kisaragi? ¿Libro? ¿De que esta hablando?
Rokugo rápidamente cambió el tema.
- Rose, puedes comerte todo lo que quieras de estas provisiones. Considera que es tu recompensa.
Rose sonrió ampliamente, olvidando su pregunta anterior, y comenzó a revisar las cajas con entusiasmo
Mientras tanto, Rose, se relamía los labios mirando al campamento. —¿Comida? ¡Comida! ¡Yo quiero comida! —Y comenzó a bajar hacia las proviciones
Rokugo, satisfecho, giró hacia Rose.
—Rose, come lo que quieras. Lo que sobre, quémalo.
Rose, emocionada, asintió rápidamente.
—¡Capitán, es usted asombroso! —dijo antes de abrir su boca y lanzar una pequeña llamarada al aire para cocinar a uno de los orcos que murio en su ataque.
—¡Oye, no te comas a los orcos, esas cosas hablaban! —ordenó Rokugo rápidamente al ver la chispa de hambre en los ojos de Rose—. Solo las provisiones, y date prisa.
Rose se encogió de hombros, aunque parecía decepcionada.
—Está bien, pero quería probar un orco. No importa. ¡Hora del festín!
Con una velocidad inusual, Rose comenzó a devorar las provisiones enemigas.
mientras Rokugo supervisaba el área, asegurándose de que no quedara rastro de las caravanas útiles para el campamento demoníaco.
Mientras el escuadrón revisaba las provisiones, un destello plateado apareció de repente detrás de Rokugo. Fue un ataque rápido y preciso: una espada se dirigió directamente a su cuello. Por un instante, Rokugo pensó que todo había terminado, pero su instinto le permitió esquivar justo a tiempo, aunque el filo de la espada dejó un corte superficial en su mejilla.
—¡¿Qué demonios, Snow?! —gritó Rokugo, girándose hacia ella con los ojos llenos de furia.
Snow bajó su espada rápidamente, su rostro adoptando una expresión de confusión fingida.
—¡Lo siento! Pensé que eras un enemigo en la caravana. Fue un error.
Alice, que había estado observando la escena, entrecerró los ojos.
—¿Un error? Curioso, considerando que viste exactamente como los orcos huyeron.
Snow apretó los labios, evitando el contacto visual.
—Eso no significa que intentaría atacar a Rokugo. Fue un accidente, nada más.
Alice continuó, implacable.
—También mencionaste que tu salario fue reducido tras tu degradación. Según tus propias palabras, si no puedes pagar tu espada actual, te la embargarán. Quizás la presión económica está afectando tu juicio.
Rokugo cruzó los brazos, mirando a Snow con una mezcla de incredulidad y burla.
—Entonces, ¿debo preocuparme de que mi asistente quiera cortarme la cabeza?
Snow finalmente levantó la mirada, su rostro mostrando una mezcla de enojo y vergüenza.
—¡Te dije que fue un accidente! ¡Y no necesito tus comentarios sarcásticos!
Rokugo dio un paso hacia ella, todavía con su sonrisa sarcástica.
—Escucha, Snow. Si realmente quieres recuperar tu puesto, hazlo trabajando como parte de este escuadrón, no tratando de matarme. Porque te advierto, si vuelves a intentar algo como esto... —hizo una pausa, su tono volviéndose frío—. No será solo mi cuchillo con lo que tendrás que lidiar.
Snow apretó los dientes pero asintió, claramente sabiendo que estaba en una posición vulnerable. Alice, mientras tanto, observaba todo con calma, archivando cada detalle para futuras referencias.
Rokugo se giró hacia el resto del escuadrón, tratando de recuperar su actitud despreocupada.
—¡Bien, equipo! Ahora, vámonos antes de que los titanes noten nuestra presencia.
En el campamento demoníaco, la líder Heine de la Flama, una de las selectas del Lord Demonio, observaba con impaciencia mientras sus subordinados murmuraban sobre el retraso de las caravanas de suministros. Con sus ojos rojos brillando de frustración, se montó en su grifo, un imponente ser alado, y voló hacia el lugar donde las provisiones deberían haber llegado.
Poco después, llegó al área donde el escuadrón de Rokugo estaba completando su misión. Al verla aparecer en el cielo, montando su grifo con gracia y poder, todos se detuvieron por un momento para observar.
Heine era una hermosa mujer demonio de piel oscura, con cortos cuernos que salían de su cabeza, ojos rojos ardientes, cabellos blancos , vestida de manera provocadora , con una expresión peligrosa y curvas que dejaban poco a la imaginación. Su diminuto atuendo, adornado con ribetes rojos.
Rokugo, al verla descender, sonrió para sí mismo.
—Bueno, esto se pone interesante. Esa ropa me recuerda a las ejecutivas de Kisaragi. Seguro que es de alto rango entre los demonios.
Heine aterrizó elegantemente frente a ellos, su grifo emitiendo un rugido que resonó en el área. Sin embargo, en lugar de atacar de inmediato, Heine frunció el ceño mientras observaba a Alice.
—Tú, niña —dijo, su voz cargada de autoridad y curiosidad—. Hay algo raro en ti. No hueles como los humanos. ¿Eres acaso un robot?
Alice permaneció en silencio, su expresión fría e inmutable.
—¿Qué pasa? —presionó Heine, inclinándose hacia Alice—. ¿Por qué no respondes?
Antes de que Alice pudiera decidir si responder o no, Rokugo interrumpió con su tono despreocupado.
—Oye, señora sexy del grifo, si quieres respuestas tendrás que esforzarte más. Alice no habla mucho con extraños. —Sonrió mientras ajustaba su cuchillo, preparado para cualquier ataque.
Heine lo miró con desdén.
—Y tú, insecto, ¿quién te crees que eres para interrumpirme?
Rokugo soltó una carcajada, dando un paso al frente.
—Soy Rokugo, el Capitán Rokugo.
Rokugo cajearia una camara digital con sus puntos malos y tomaria fotos
- ¿Que es eso? ¿Que estas haciendo - Preguntaria Heine?
Alice, siempre analítica, observó a Heine con cuidado antes de comentar.
—Para su propia especie, parece ser una mutante.
Heine observó a Rokugo con interés, mientras su grifo se movía inquieto bajo ella. Las proviciones habian sido quemadas por el fuego de Rose. Su sonrisa, una mezcla de arrogancia y seducción, iluminó su rostro oscuro.
—Vaya, vaya... ¿quién habría pensado que unos humanos y una criatura tan extraña como tú —dijo, señalando a Rose con un gesto— Atacaria de forma tan vil—La demonio morena entrecerró los ojos, enfocándose en Rokugo—. Tienes agallas, humano. Ante alguien con ese potencial... ¿Por qué no consideras unirte a mis filas? Podrías tener todo lo que desees... disfrutar de mujeres que esclavicemos, y sucubos dispuestas a cumplir todos tus deseos. Sería mejor que servir a un reino decadente como este.—añadió, moviéndose con elegancia seductora frente a él.
Rokugo parpadeó, tentado por un momento. Hmmm... súcubos y esclavas... suena tentador.
Antes de que pudiera seguir considerando la oferta, Snow intervino, sacando su espada y colocándose entre Rokugo y Heine.
—¡De ninguna manera! ¡Primero Te mato Yo misma antes que ser degradada aun mas!
Rokugo arqueó una ceja, mirando a Snow con incredulidad.
—¿Qué vas a hacer, Snow?
—Capitán, ¿qué está haciendo? —preguntó Alice, con un tono severo que contrastaba con su actitud habitual—. No podemos traicionar nuestra misión por un capricho.
Rokugo se frotó la nuca, murmurando algo incomprensible, mientras Heine observaba la escena con una sonrisa burlona.
Rokugo ordenaria - Bien, Chicas, Ataquen....- Pero luego miró hacia su "escuadrón".
Snow parada cerca de él, miraba su espada con preocupación. —No voy a usar esta espada. ¡Es nueva y no quiero que se astille! Quemare fuego a las provisiones del enemigo, distraela—declaró, sión.
Alice levantó su mano robótica. —Tengo la fuerza equivalente a la de una niña de ocho años humana. Mis capacidades ofensivas son... mínimas.
Rose, sentada en el suelo, continuaba devorando los víveres del enemigo sin ningún reparo, murmurando entre bocados: —Esta comida está deliciosa...
Grimm, Este seria un buen momento para....- Rokugo vio a Grimm en su silla de ruedas—Oigan, ¿Grimm esta dormida dormida?
Heine se reía burlonamente.
Heine intento quemar vivo a Rokugo, Hasta que Alice saco su escopeta y hiere al grifo de Heine.
Un rugido atronador sacudió el aire, y una figura masiva apareció a la distancia. Gadalkand de la Tierra, otro selecto del Lord Demonio, caminaba hacia ellos con un enorme mazo en la mano. Su altura de tres metros y su musculatura imponente hacían que pareciera una fuerza imparable. Su expresión estaba cargada de desprecio y arrogancia.
—¿Qué tenemos aquí? —dijo Gadalkand, mirando a los humanos con una sonrisa cruel—. Insectos que se creen capaces de desafiar a los demonios.
Antes de que alguien pudiera reaccionar, Gadalkand levantó su mazo y lo estrelló contra Grimm, que seguía dormida. La cabeza de Grimm fue aplastada sin misericordia, su cuerpo inerte cayendo al suelo y su silla de ruedas tambien fue destruida del impacto.
El escuadrón quedó en silencio por un momento, el impacto de la muerte de Grimm resonando en todos.
Rokugo apretó los puños, su expresión cambiando de la habitual despreocupación a una determinación fría.
—Estaba a punto de aceptar unirme a ustedes, pero acaban de matar a mi soldado. Eso no se perdona.
Un escalofrío recorrió la columna de Rokugo, y una sensación de impotencia lo invadió.
-Lo unico que se sobre ella es que usa una Tanga- Se dijo Rokugo para si mismo
sin perder tiempo, Alice apuntó directamente a Gadalkand y disparó.
La bala impactó en el Mazo del demonio, que avanzo a reaccionar a tiempo. Gadalkand retrocedió, sorprendido de la velocidad.
-Rokugo tomo su motosierra de su espalda listo para pelear
-¿De Verdad es una niña humana?- Se preguntaba Heine- Gadalkand, Dejalo, ya dejo de ser divertido
Heine, tras decir esto, silbó de una manera aguda y peculiar.
Snow, al escuchar el silbido, palideció.
—¡Esos titanes! ¡Vienen hacia aquí! —exclamó, corriendo hacia el cuerpo de Grimm.
Heine sube a su grifo, mientras Gadalkand procede a volar con sus alas, mientras ambos demonios decidían retirarse.
—Esto no ha terminado, humanos —dijo Heine, mirando a Rokugo con una sonrisa desafiante antes de alzar el vuelo.
Mientras tanto, Snow cargó el cadáver de Grimm en su unicornio y gritó a Rokugo.
—¡Tenemos que irnos ahora! ¡Si esos titanes llegan, estaremos acabados!
Rokugo, girándose, vio varias figuras enormes moviéndose hacia ellos desde la distancia. Los perros titán, como los que había enfrentado antes, se acercaban rápidamente, atraídos por el silbido de Heine.
—¡Maldita sea! —gritó Rokugo, corriendo hacia Snow—. ¡Rose, deja de comer y muévete! ¡Alice, Sube y cúbrenos si puedes!
Alice se subiria a la moto, mientras con tristeza Rose quema la comida con su aliento de fuego.
Mientras los perros titán se acercaban, Rokugo dudaba entre huir o usar nuevamente su modo "sin límites". Miró a su equipo, evaluando la situación. Antes de tomar una decisión, Snow gritó hacia Rose, que seguía comiendo despreocupada.
—¡Rose! ¡Enfrentalos
Rose levantó la cabeza, tragó la última porción de carne, y con un salto impresionante, aterrizó directamente frente a los perros titán. Su cuerpo delgado y peculiar parecía insignificante comparado con las enormes criaturas, pero no dudó en atacar. Lanzó una llamarada de su boca, obligando a los titanes a retroceder momentáneamente.
Rokugo, observando atentamente la pelea, se dio cuenta de algo extraño. Los perros titán apenas parecían notarla, ignorándola como si no fuera una amenaza. Rose los desnucaba con su cola.
—Rose tiene sangre de demonio, por eso es temida y menospreciada- Se Adelantaria a responder Snow.
-Asi que asi es como cumplio tantas misiones.- Diria Alice.
Rose, saltando entre los titanes y golpeando con ferocidad, gritó hacia Rokugo.
—¡Capitán, lo estoy haciendo bien!
Rokugo sonrió, cruzándose de brazos.
—Sí, lo estás haciendo bien. De hecho, lo estás haciendo todo.
Al llegar a la muralla de Grace. El silencio que siguió fue pesado, el grupo se encontró con una escena desoladora. Los otros escuadrones que habían atacado directamente el campamento demoníaco regresaban derrotados, con bajas visibles y soldados heridos. Snow veia en eso una oportunidad de sobresalir.
Rokugo, sin embargo, no pudo evitar sentir la profunda pérdida de una compañera que, por rara que fuera, tenía un lugar en su equipo.
—Necesitamos hacer un funeral para Grimm —sugirió Rokugo, mientras miraba el cuerpo destrozado de Grimm, su rostro aplastado bajo el peso del martillo del Gadalkan.
Pero fue Snow quien interrumpió la propuesta, con una expresión fría pero pragmática.
—Eso no matará a Grimm, al menos no para siempre es acerdotiza de Zenarith —dijo, con su tono distante. Luego, viendo la confusión en los ojos de Rokugo, agregó—. Grimm puede revivir si la llevamos al templo de Zenarith y le colocamos una ofrenda que tenga valor sentimental para la persona que la entregue.
Rokugo, aunque aún incrédulo sobre el poder de Grimm, asintió.
—Vamos, entonces. Llevémosla al templo. —dijo, como si la única salida fuera seguir.
De camino al templo, Snow comentó sin mucha emoción:
— Todos esos fracasados que fueron a enfrentar a los demonios fallaron o fueron comidos por los titanes, nosotros nos llevaremos la gloria de esta batalla
-Snow- Se quejaria Rose
- pero primero a revivir a Grimm- Se autocorreguiria Snow
Snow: a Grimm la enviaron a misiones peligrosas precisamente porque sus superiores querían deshacerse de ella. Ella nunca fue vista como una verdadera guerrera, más bien una herramienta de desgaste y Con Rose es similar ¿Sabes que los demonios le tienen miedo?.
Rokugo, sorprendido por la revelación, no dijo nada. Su mente aún estaba procesando todo lo sucedido, mientras observaba cómo los demás caminaban en silencio, llevando a Grimm a su templo para restaurarla. Cuando llegaron al templo de Zenarith, Rokugo se apartó un poco, en silencio.
Se acercaban a una zona rocosa en Grace.
El templo, una cueva en medio de una roca enorme y ornamentado en las afueras de la ciudad. Al llegar, Rose sacó un calcetín de su bolsa y lo colocó sobre el altar.
—Es el último que tengo. —dijo Rose con seriedad—. Espero que funcione.
Rokugo miró la escena con incredulidad, pero Snow permaneció en silencio, mientras Alice observaba sin mostrar emoción.
—Esto no puede ser real, —murmuró Rokugo para sí mismo, aunque permitió que completaran el ritual.
—Quiero estar cuando ver cuando se restaure —dijo, refiriéndose a la resurrección de Grimm. Quería ver por sí mismo si los poderes de Grimm eran tan reales como Snow decía.
Las chicas se retiraron poco después, dejando a Rokugo para supervisar el proceso.
Horas más tarde, en la quietud de la noche, una luz oscura y vibrante envolvió el altar. Rokugo, que casi se había quedado dormido, se enderezó justo a tiempo para ver a Grimm regenerarse. La joven sacerdotisa abrió los ojos lentamente, parpadeando mientras procesaba su entorno.
—¿El templo de Zenarith? —dijo Grimm con voz somnolienta—. Oh no... me morí otra vez.
Al girar la cabeza, vio a Rokugo observándola desde una esquina. Su expresión se llenó de pánico.
—¡Capitán! ¡No me castigue! ¡Lo siento mucho! ¡Sé que morí en mi primera misión sin siquiera mostrar mis poderes, por favor, perdóneme! ¡Prometo hacerlo mejor la próxima vez! —dijo rápidamente, casi en lágrimas.
Rokugo, en lugar de reprenderla, sonrió levemente.
—Me alegra verte viva, Grimm.
Grimm parpadeó, sorprendida por su respuesta. Una pequeña sonrisa se formó en su rostro mientras respondía con voz temblorosa.
Grimm, aún procesando su regreso, miró a Rokugo con una mezcla de sorpresa y gratitud. Nunca antes alguien de su equipo se había quedado a esperar su resurrección. Ni siquiera Rose, su mejor amiga, solía quedarse. Esto era nuevo para ella, y no pudo evitar sentirse profundamente conmovida.
—Capitán... —dijo Grimm, con una voz temblorosa—. Nunca pensé que alguien se quedaría para verme regresar. Siempre despierto sola. Esto significa mucho para mí.
Rokugo se encogió de hombros, restando importancia al gesto.
—Bueno, alguien tenía que asegurarse de que realmente volvieras. No iba a confiar en esas historias de resurrección sin verlo por mí mismo.
Grimm sonrió tímidamente, pero pronto se armó de valor para hacer una propuesta.
—Capitán... ¿le gustaría salir conmigo? —preguntó, sonrojándose ligeramente.
Rokugo levantó una ceja, sorprendido por la pregunta, pero no tardó en responder con su tono despreocupado.
—¿Una cita, eh? Claro, ¿por qué no? Podría ser divertido.
- ¿Dónde esta mi silla de ruedas?
- Se destruyo- Le respondio Rokugo- Espera, tengo una idea
Rokugo usó sus puntos malos para canjear una silla de ruedas de aluminio de aspecto moderno. Ayudó a Grimm a sentarse y comenzó a empujarla por las calles de la ciudad. Sin un plan claro, ambos desviaron su objetivo a molestar a todas las parejas felices que encontraran, cada uno por sus propias razones.
Grimm estaba llena de energía, claramente disfrutando la idea.
—¡Capitán, esta silla de ruedas es genial! ¡Ya no puedo regresar a la silla vieja! —dijo mientras señalaba a una pareja que caminaba de la mano.
Rokugo asintió con una sonrisa traviesa.
—Pues la hizo la corpotacion Kizarago, Grimm, ahora eres la persona mas rapida del pais.
Uno a uno iban interrumpiendo y agrediendo parejas felices por el parque.
—¡Disfruten de la dulzura! —gritó.
Ambos se reían a carcajadas, disfrutando de su caótica aventura. Sin embargo, el punto culminante llegó cuando Grimm vio a una mujer policía y cuando Grimm se enterro que la mujer tenia pareja, Los celos y el despecho de Grimm explotaron.
—¡Eso es demasiado! ¡Incluso la policía tiene novio! —gritó, y antes de que Rokugo pudiera detenerla, levantó su pie descalzo y pateó a la mujer policía en la cara.
Rokugo no pudo evitar reír mientras observaba el caos que Grimm había causado, el cual él mismo había provocado en parte con su idea de ganar puntos malos. Definitivamente, esta "cita" con Grimm era algo que jamás podría olvidar, aunque estuviera claramente lejos de ser una cita convencional.
—Vaya, eres toda una joya, Grimm.
Al dia siguiente, en el cuartel
En el gran salón del castillo, la princesa Tilis, su padre el rey, y los líderes militares de Grace se encontraban en una reunión para analizar la inesperada retirada del ejército del Lord Demonio. Mapas y estrategias llenaban la mesa central, pero nadie lograba entender la razón detrás del repliegue.
—No tiene sentido —dijo uno de los generales, rascándose la barbilla—. Los demonios no se retiran sin una razón clara. Sus fuerzas eran superiores a las nuestras.
La princesa Tilis asintió, con el ceño fruncido.
—Debemos descubrir qué ocurrió. Si fue una estrategia, podríamos estar cayendo en una trampa.
En ese momento, las puertas del salón se abrieron de golpe, interrumpiendo la discusión. Rokugo ingresó al lugar, claramente malanocheado, con un andar despreocupado y una sonrisa burlona en el rostro.
—Lo lamento —dijo sin interés, mientras se dejaba caer en la silla frente a ellos, cruzando los brazos—. ¿Saben? Mi unidad, compuesta por dos mujeres —señaló con dos dedos— y dos niñas fue capaz de frenar el avance del ejército del Lord Demonio. Y lo hicimos sin siquiera atacar el campamento directamente. Solo tuvimos que destruir sus provisiones.
La princesa Tilis, que estaba sentada al frente, frunció el ceño, confundida. Sus ojos se desplazaron hacia su padre, el Rey, quien parecía igualmente desconcertado por el tono de Rokugo.
El salón quedó en silencio por un momento. La princesa Tilis fue la primera en hablar, su tono ahora más suave.
—Si eso es cierto, le debemos nuestro agradecimiento, Capitán. Su estrategia fue... efectiva.
—¿Cómo fue posible? —preguntó el Rey, escéptico.
Sin embargo, el estratega principal del reino, apretó los puños mientras miraba a Rokugo con odio.
—Eso no prueba nada. Puede que hayan destruido sus provisiones, pero no fue eso lo que los hizo retirarse. Sus palabras son pura especulación.
Rokugo sonrió con suficiencia, claramente disfrutando de la irritación del estratega.
—Claro, claro. Lo que usted diga, señor estratega. Pero mientras sus complejas tácticas en el frente fallaron, este grupo de inadaptados logró un impacto real. Tal vez debería considerar volver a la escuela militar.
El rostro del estratega se enrojeció de furia.
—¡Cómo se atreve...!
-Con la aparicion del eleguido- Ya falta poco para el fin de la guerra-Se alegro el Rey
-¿El Eleguido?- pregunto Rokugo
—Según nuestras leyendas, un héroe aparecerá para salvarnos en los tiempos más oscuros. Este héroe manifestará lo que llamamos el Poder Despertado. Es una habilidad que le permite saber exactamente qué hacer en cada momento crítico, además de manifestar la fuerza de un titán en su forma humana. Se dice que aquellos que despiertan su poder obtienen la experiencia de combate de sus antepasados.
Rokugo alzó una ceja, intrigado.
—Interesante. Suena como algo que podría aplicarme —pensó para sí mismo, aunque no lo dijo en voz alta.
La princesa continuó, su voz adquiriendo un tono más solemne.
—Sin embargo, el elegido es mi hermano, el príncipe, quien actualmente se encuentra preparándose para la guerra. Estoy segura de que deseará conocerlo una vez que regrese.
Rokugo, que no tenía idea de lo que esto significaba, levantó una ceja, curioso. La princesa Tilis continuó, con una mezcla de orgullo y un toque de preocupación en su tono.
—Pero lo más impresionante es que puede acceder a la experiencia en combate de nuestros ancestros a través de algo que llaman "los Caminos". Todo esto le permite proteger a nuestro Reino de Grace.
Antes de que pudiera seguir, Rokugo levantó una mano para interrumpirlo.
—Antes de que siga, tengo un favor que pedir. Necesito que saquen a Grimm de la cárcel.
La princesa frunció el ceño, confundida.
—¿Grimm?¿Es la sacerdotiza que tomaste en tu unidad? ¿Por qué está en la cárcel?
Rokugo se encogió de hombros.
—Digamos que tuvo un pequeño incidente con una mujer policía anoche. Demasiada ira contenida. Pero, en fin, es una de mis soldados, y la necesito fuera para que pueda volver al trabajo
La princesa suspiró profundamente, claramente cansada de las excentricidades del escuadrón de Rokugo.
—Hablaré con las autoridades para resolverlo. Pero, Capitán, espero que mantenga a su unidad bajo control de ahora en adelante.
Rokugo hizo un saludo exagerado, con una sonrisa burlona.
—¡Lo que usted diga, princesa!
Rokugo, con su habitual paso indiferente, salió de la sala de la princesa Tilis para dirigirse al campo del ejército, ya bastante cansado de las formalidades y sin ganas de lidiar con más sorpresas.
En el campo del ejército, Rokugo caminaba con su típica actitud relajada, hasta que escuchó pasos apresurados detrás de él. Al girar la cabeza, vio a Rose corriendo hacia él con una expresión de terror en el rostro.
—¡Capitán, ayúdeme! ¡Alice está completamente loca! —gritó Rose, aferrándose a su brazo como si su vida dependiera de ello.
Rokugo la observó con una ceja alzada, sin comprender de inmediato lo que sucedía.
—¿Qué pasa ahora, Rose? —preguntó, sintiendo que su paciencia ya estaba al límite.
Antes de que pudiera responder, Alice apareció detrás de Rose, avanzando con calma mientras sostenía un chapulín todavía vivo con pinzas.
Rose, mirando nerviosa a su alrededor, se acercó con cautela y, de manera casi furtiva, susurró:
—Es Alice... Está tratando de... ¡hacerme comer chapulines!
—No exageres, Rose. Esto es por tu propio bien, —dijo Alice, colocando la bandeja en el suelo frente a la quimera, quien retrocedió instintivamente.
—¿Qué demonios está pasando aquí? —preguntó Rokugo, arqueando una ceja mientras miraba la escena.
—Rose, si comes estos chapulines, te volverás invencible. Absorberás las habilidades de estos monstruos. Es un cálculo lógico y simple —dijo Alice, con una voz monótona, mientras señalaba los chapulines con la misma precisión con la que manejaría un experimento de laboratorio.
Rose, visiblemente asqueada, miró los insectos con horror, su estómago haciendo una especie de nudo de solo pensarlo.
Alice, con su precisión lógica y casi clínica, respondió sin inmutarse.
—Rose es una quimera. Si consume criaturas con habilidades únicas, podría absorber sus capacidades. Si se comiera estos chapulines, podría desarrollar reflejos mejorados y una resistencia superior.
Rose arrugó la nariz, mirando la bandeja con una mezcla de asco y confusión.
—¿Y eso que? —murmuró con voz temblorosa—. ¿Y estos... cosas pueden hacer eso? ¡Es una locura! ¡Esto sabe mal y huele raro!
Rokugo, aún con el sueño a cuestas pero comenzando a entender la situación, observó el chapulin y luego a Rose, sin mucho interés en el dilema de la comida, pero sabiendo que la lógica de Alice no solía fallar.
—Bien, Alice —dijo, convencido por la idea, Tomando de los Brazos a Rose—, si crees que eso va a funcionar, no le hagas esperar tanto. ¡Que se lo coma de una vez! Yo también quiero ver qué pasa.
—¡No, no, no! —exclamó Rose, agitando las manos en señal de protesta—. Mi abuelo tenía razón. ¡La humanidad es tonta y debería ser eliminada!
Alice, sin perder la calma, dio un paso adelante, con una sonrisa casi imperceptible en su rostro.
—Bueno, si lo comes, te daré algo delicioso después...
Rose. ¿Qué opinas?
Rose, con el brillo de la esperanza en sus ojos, miró a Alice como si fuera la salvación de todos sus males. Sin pensarlo demasiado, dejó escapar un suspiro de alivio.
Rose dejó de resistirse por un momento, interesada.
—¿Algo rico? ¿Qué sería? ¿Chocolate? ¿Dulces? —preguntó con una chispa de curiosidad en los ojos.
Pero antes de que pudiera dar el primer bocado al chapulín, Alice rápidamente rompió su ilusión con una sonrisa fría., con su tono inexpresivo, respondió:
—Te daré silicona.
La expresión de Rose se transformó en incredulidad y enojo.
—¿Silicona?¿Que es eso?
— Con suerte, podría hacer que tus pechos crecieran. Tal vez incluso desarrollarías un cuerpo más balanceado. —dijo Alice, con la misma precisión clínica que había utilizado para hablar de los chapulines.
Rokugo no pudo evitar sonreír ante la idea y añadió, claramente disfrutando de la incomodidad de Rose:
—Imagina, Rose. Con grandes senos.
Rose, al escuchar eso, se sonrojó intensamente y su rostro adoptó una expresión de absoluta incomodidad. Ella se quedó quieta por un momento, mirando a Rokugo y luego a Alice, antes de gritar con frustración.
—¡Yo estoy contenta con mi cuerpo, malditos tontos! ¡No quiero silicona!
Finalmente, cuando Alice intentó empujar suavemente un chapulín hacia su boca, Rose reaccionó instintivamente. Abrió la boca, pero lanzó una llamarada directa a la bandeja, quemando el chapulin, la cual provocó que ambos se apartaran rápidamente, con Rokugo retrocediendo un par de pasos.
—¡Nunca me obligues a comer eso! ¡Nunca! —exclamó Rose, furiosa mientras se abrazaba a sí misma.
Alice, por su parte, no pareció tan afectada por el ataque. Simplemente observó a Rose con la misma calma, como si nada hubiera sucedido.
Rokugo, con una risa nerviosa, levantó las manos, intentando calmar la situación.
—Vale, vale. Ya lo entiendo. No vamos a forzar a Rose a comer chapulines... ni silicona.
Alice, imperturbable, miró a Rose y respondió con su tono mecánico. —Rose, tienes una mentalidad muy limitada.
Alice iria hacia Rokugo y en su idioma natal comentaria - Si Rose consume los nutrientes adecuados, eventualmente podría convertirse en la herramienta de combate perfecta de Kisaragi.
Rokugo y Alice se alejaron de la escena, mientras Rose seguía enfadada por el intento de obligarla a comer algo que no quería. Pero Rokugo y Alice tenían otros planes.
—Esa reacción fue impresionante, —comentó Alice mientras caminaban—. Es obvio que Rose tiene un gran potencial. Si logramos convencerla, podríamos convertirla en la mutante más poderosa de Kisaragi.
Rokugo asintió, saboreando la idea. —Sí, exactamente. Solo tenemos que... guiarla sutilmente hacia el camino correcto. —Hizo un gesto dramático, como si se tratara de una obra maestra en progreso—. Con paciencia, Rose se convertirá en nuestra soldado imparable.
Rokugo y Alice intercambiaron una mirada cómplice, sabiendo que este era solo el primer paso en su plan para convertir a Rose en la herramienta de combate perfecta de Kisaragi.
Ambos se acercaron a Rose, ahora más calmada pero todavía molesta.
—Oye, Rose, —dijo Rokugo con una sonrisa amigable—. Queremos que sepas que eres bienvenida en Kisaragi. Podrías encajar perfectamente con nuestro grupo.
Rose los miró con confusión.
—¿Kisaragi? ¿No soy ya parte de su unidad? No entiendo.
Rokugo y Alice intercambiaron una mirada cómplice y dieron un paso más cerca. La cercanía repentina hizo que Rose retrocediera, sintiéndose cada vez más incómoda.
—¿Qué están haciendo? —preguntó Rose, con los ojos entrecerrados.
—Nada malo, solo queremos que sepas lo especial que eres, —dijo Rokugo, inclinándose hacia ella.
Rose los observó detenidamente, sintiendo que algo no cuadraba. Su instinto le decía que, aunque estuvieran en su equipo, Rokugo y Alice no siempre tenían las mejores intenciones.
—¡Aléjense de mí! —gritó finalmente, alejándose mientras lanzaba una pequeña llamarada en su dirección.
-Seras educada segun los principios de Kisaragi, sere como una madre para ti
- ¿Una madre? pero si eres menor que yo.
Rokugo y Alice se detuvieron, intercambiando una mirada de diversión mientras Rose se alejaba apresuradamente.
—Poco a poco, Alice. Poco a poco, —murmuró Rokugo con una sonrisa traviesa.
Alice asintió.
—Tiene potencial. Solo necesita ser moldeada.
Rose no solo estaba allí porque lo necesitaba, sino porque tenía un objetivo aún mayor, relacionado con "El Abuelo", el hombre que la había creado, Estaba condicionada a que si trabajaba para el ejército de Grace, podría acceder a la investigación de este misterioso hombre,.
Rokugo, con su usual actitud relajada, dio un paso hacia Rose mientras Alice la observaba con una expresión calculadora.
Snow llegó al campamento furiosa, con pasos firmes y una mirada asesina.
—¡Rokugo! —gritó al llegar, pero al no encontrar a Grimm, se centró en el capitán—. ¿Sabes que una oficial de policía los denunció a ti y a Grimm por alteración del orden público y por agrecion a la misma? ¡Tú y Grimm son un desastre! ¡No puedo creer que me asignaran a este escuadrón!
Rokugo, relajado como siempre, levantó una ceja.
—¿Qué hice ahora? —preguntó, fingiendo inocencia.
Snow apretó los puños.
—La mujer policía a la que Grimm pateó en la cara presentó una denuncia oficial. ¡Y tú estabas con ella, Encima huiste de la escena y abandonaste a Grimm a su suerte!
Rokugo se encogió de hombros.
—Bueno, técnicamente, yo no la pateé. Pero vamos, Snow, Grimm está en la cárcel ahora, pero ya hable con Tilis, hoy mismo la sacan, Todo bajo control.
Snow se llevó una mano a la frente, frustrada.
—¿Cómo voy a recuperar mi título de comandante de la Guardia Real con un escuadrón como este?
Mas tarde : Cuarto de Rokugo
Esa misma tarde, después de una misión que había salido más o menos bien, Rokugo y Alice regresaron a su habitación asignada en el cuartel. La habitación les sorprendió de inmediato. A pesar de estar en un mundo medieval, el lugar parecía más bien una estancia moderna, con tecnología que Rokugo nunca había visto en su mundo. La cama era extraña, la luz artificial era más brillante que cualquier vela, y el baño era una tina que se llenaba con bombeo. El servicio higenico letrinas.
Esa noche, Rokugo se sentó a redactar su informe semanal para Kisaragi. Activó su brazalete y comenzó a grabar.
—Informe semanal, Capitán Rokugo. Mi escuadrón sigue siendo un grupo de inadaptados, pero hay potencial aquí.
Hizo una pausa antes de continuar.
—-Empece a reunir informacion, Mi asistente, chica de pelos grandes y personalidad desagradable, Snow, es habilidosa con la espada y tiene una fuerza sorprendente. Honestamente, si no fuera tan rígida y obsesionada con su honor, podría encajar bien en Kisaragi. Es la cúspide de lo que un soldado humano puede ser en este mundo, Me preocuparia si todos los habitantes fueran asi de peligrosos.
Rokugo sonrió mientras pensaba en Rose.
—En cuanto a Rose, esa pequeña quimera tiene el potencial para ser la mutante más poderosa de este planeta. Ya la he reclutado como aprendiz Jr. de Kisaragi. Solo necesitamos trabajar en su actitud, pero estoy seguro de que la moldearemos.
Hizo una pausa para añadir un comentario adicional.
—Por lo que he visto, si este escuadrón fuera el estándar de las fuerzas de este mundo, invadir este planeta sería casi imposible. Pero parece que Snow y Rose son excepciones. El resto de los soldados humanos aquí no están ni cerca de su nivel.
—Después de ver lo enérgica que fue Grimm ayer, tengo curiosidad de ver de qué es realmente capaz. Se las arregla para mantener un empate en misiones exitosas con Rose, lo cual ya es impresionante considerando que pasa la mitad del tiempo dormida.
Rokugo se inclinó hacia la cámara con una sonrisa traviesa.
—Ah, y hablando de demonios, me encontré y enfrenten a una morena muy sensual, era mutante y tenia senos enormes, llamada Heine de la Flama. —Anexó una foto que había tomado de Heine desprevenida durante su primer enfrentamiento—.Tiene piroquinesis como Belial.
De vuelta en la base de Kisaragi
Astaroth revisaba el informe de Rokugo. Al llegar a la parte donde mencionaba a Snow y Rose, asintió con aprobación. Pero al llegar a los comentarios sobre Heine y ver la foto anexada, su expresión cambió inmediatamente.
—¿"Morena sensual"? —murmuró, leyendo las palabras de Rokugo con un tono ácido. Cerró el informe de golpe y se recostó en su silla, cruzando los brazos.
Belial, que pasaba por ahí, notó el gesto y sonrió con picardía.
—¿Celosa, Astaroth? —preguntó con tono burlón.
—¡No estoy celosa! —respondió Astaroth rápidamente, aunque su tono no era convincente—. Es solo que... ¡Es un informe oficial! ¡No debería incluir esas tonterías!
Belial se rió y se alejó, mientras Astaroth seguía mirando la pantalla, claramente molesta.
—Ese idiota... —murmuró para sí misma, pensando en cómo lidiar con Rokugo la próxima vez que lo viera.
En su habitación asignada en el castillo, Rokugo se dejó caer sobre la cama con un suspiro exagerado. Alice, como siempre, estaba sentada en una esquina revisando datos en su dispositivo integrado, indiferente a su melodrama.
—Esto es absurdo, Alice. Subí de rango en tiempo récord, tengo un escuadrón lleno de mujeres, pero ni una sola se ha enamorado de mí. Ni siquiera he tenido uno de esos momentos cliché de fanservice de los animes isekais. Como que Snow entre mientras me baño, o que Grimm entre sonanbula a mi habitacion, o ver a la princesa mientras se cambia o algo con Heine o hasta Rose con su apetito... ¿Qué clase de mundo es este? —protestó, cruzando los brazos con frustración.
Alice, sin levantar la vista, respondió con su tono clínico.
—Tal vez eso se deba a que su comportamiento es, en general, poco atractivo. Además, Me pidieron que te diga que dejes de estorbar en los pasillos a propósito, esperando que alguien se tropezara con usted.
Rokugo la miró con incredulidad.
—¿Y qué se supone que haga? ¡No es justo! En todos esos mundos fantásticos, los héroes siempre tienen chicas cayéndose encima, encuentros accidentales, y esas situaciones clásicas donde les ven la ropa interior o las espían mientras se cambian. Aquí no pasa nada.
Alice, en un intento de animarlo, dejó su dispositivo y se giró hacia él.
—Si eso es lo que le preocupa, puedo ayudar. Puede manosearme y fingiré que me afecta. Incluso puedo gemir, si eso satisface su necesidad de fanservice.
Rokugo se llevó una mano a la frente, suspirando profundamente.
—No es lo mismo. Tocar silicona de un robot no tiene el mismo encanto. —Se dejó caer de nuevo en la cama, mirando el techo con desesperación—. Este mundo está completamente roto.
Alice volvió a su tarea, pero no pudo evitar lanzar un comentario.
—Tal vez debería enfocarse en ser más productivo en lugar de preocuparse por clichés inexistentes.
Después de unos minutos de silencio incómodo, Rokugo se levantó de la cama y caminó hacia una vieja radio que estaba en la habitación. Era un modelo analógico de mediados del siglo XX, con una gran antena en la parte superior.
—¿Y qué hay de esto? ¡Ni siquiera tienen televisión decente! —dijo mientras giraba el dial—. Solo hay ruido estático o transmisiones aburridas sobre la historia del reino. ¿Cómo se supone que alguien sobreviva aquí sin algo interesante que ver?
Alice, sin perder su tono lógico, respondió.
—Esa radio es una reliquia, probablemente restaurada solo para mantener cierta apariencia de modernidad en el castillo. No tiene conexión que pueda proporcionarle entretenimiento.
Rokugo dejó caer los hombros, derrotado.
—Este mundo es un castigo. Y no puedo volver hasta que armemos la maquina teletransportadora
Alice, sin levantar la vista de su dispositivo, respondió de manera neutral.
—Puede que tenga razón. Pero por ahora, debe aceptar su realidad. Además, tengo curiosidad: ¿de verdad esperaba que el fanservice lo siguiera hasta este mundo?
Rokugo se cruzó de brazos, mirando por la ventana con aire dramático.
—No esperaba nada, Alice... pero estoy decepcionado.
En el campo de entrenamiento
Grimm, Snow y Rose se reunieron en privado para discutir algo que las había estado preocupando: el comportamiento de Rokugo.
—Dime la verdad, Grimm, ¿tú también lo notaste? —preguntó Snow en voz baja, con los ojos entrecerrados—. Ese Rokugo... no sé, pero tiene una mirada extraña hacia Alice. Se supone que Alice es su guardaespaldas, pero, Estoy segura de que ese capitán está obsesionado con Alice, —dijo cruzándose de brazos—. ¿No vieron cómo siempre la tiene cerca? Es raro.
Grimm asintió con desconfianza. —Sí, y no es solo Alice. Siempre lo veo haciendo comentarios inapropiados a las mujeres que pasan cerca. Incluso cuando lo conocí metió su cabeza bajo mi falda y casi casi me huele abajo.
Rose, que escuchaba atentamente, pareció confundida. —No recuerdo que haya ido tan lejos.
Grimm suspiró, tratando de explicarle sin complicar las cosas. —Es... una especie de manía que tiene. Es raro. Tal vez sea un pervertido que se siente atraído por las chicas jóvenes como Alice.
Snow asintió, frunciendo el ceño.
—También he escuchado múltiples reportes de acoso sexual por parte de Rokugo hacia mujeres en la ciudad. Si eso es cierto, no me sorprendería que Alice sea su próximo objetivo.
Rose, que hasta ese momento había estado callada, intervino con una expresión confundida.
—No sé... no parece que el capitan sienta algo por Alice. Además, ella nunca parece incómoda cuando está cerca de él.
Grimm apoyó su barbilla en la mano, pensativa.
—Tal vez Alice no lo nota porque... bueno, ya saben, es demasiado joven para darse cuenta de algo como eso. Pero eso no significa que él no tenga intenciones.
Snow suspiró y añadió:
—Segun lo que nos dijo Alice, Rokugo supuestamente salvó a Alice en un país lejano. Desde entonces, ella ha sido su guardaespaldas. No entiendo como eso tenga alguna logica.
Rose, levantó una mano teatralmente.
—¿Y si se ven entre ellos como hermanos?
Rose miró a ambas con incredulidad.
—Siento que están exagerando.
Antes de que pudieran continuar la conversación, un guardia de la Guardia Real apareció y se dirigió a Snow.
—Comandante Snow, la princesa Tilis solicita la presencia de usted y del Capitán Rokugo en la sala de reuniones.
Snow asintió y se dirigió hacia la habitación de Rokugo, todavía reflexionando sobre lo que había discutido con Grimm y Rose.
Mientras se acercaba a la habitación, Snow escuchó voces provenientes del interior. Reconoció la de Rokugo, quien parecía estar desahogando su frustración.
—¡No lo entiendo, Alice! Tengo un escuadrón lleno de mujeres y ni una sola se ha enamorado de mí. Ni siquiera he tenido un momento cliché de fanservice, como tropezar con alguien o ver accidentalmente algo que no debería.
Snow se detuvo en seco, su rostro poniéndose rojo de vergüenza al darse cuenta de lo que estaba escuchando.
—Capitán, por favor. ¿Realmente esperaba que esos momentos de "fanservice" se dieran en la realidad? —respondió Alice con su tono neutral.
—¡Por supuesto que sí! Esto es un isekai, ¿no? ¡Es un mundo de fantasía! ¿Dónde están las casualidades románticas, los encuentros torpes y las confesiones inesperadas? —continuó Rokugo, claramente frustrado.
Rokugo la miró con una mezcla de frustración y resignación.
—No puedo creer que esté hablando de esto contigo. Pero... —su tono se suavizó un poco, y su mirada se desvió hacia Alice—.
Snow, sin poder soportar escuchar más, tocó la puerta con fuerza , intentando no mostrar lo avergonzada que estaba.
— ¿POR QUE ESTAS HABLANDO DE CHICAS SENSUALES?¡Rokugo! La princesa Tilis solicita tu presencia en la sala de reuniones.
Rokugo giró la cabeza, levantando una ceja.
—¿Ahora? Justo cuando estaba teniendo una discusión filosófica sobre las injusticias de este mundo. —Se levantó de la cama con un suspiro exagerado—. Bueno, vamos a ver qué quiere la princesa.
Snow evitó hacer contacto visual con él, aún afectada por lo que había escuchado. Mientras Rokugo pasaba junto a ella, murmuró:
Escenario: Sala de Reuniones
En la sala de reuniones del castillo, Rokugo llegó acompañado por Snow, aunque con una actitud mucho más relajada que el resto de los presentes. La princesa Tilis, su padre el rey, y los comandantes del reino estaban reunidos, junto con el estratega real, quien ya parecía molesto por la simple presencia de Rokugo.
El consejero real, que ya no ocultaba su disgusto hacia Rokugo, tomó la palabra.
La reunión comenzó rápidamente, y la voz de un comandante resonó en el lugar. —¡Atención! Nos informan que el ejército del Lord Demonio está avanzando hacia el país. El principe, nuestro elegido para salvarnos de la amenaza, ha sido malherido en el último combate contra Rista del conocimiento y Gil del poder en su enfrentamiento en la torre Dusten, Según el elegido, esa torre tiene un tesoro que nos ayudara a derrotar a Lord Demonio.
Rokugo cruzó los brazos, mostrando una sonrisa de confianza. —¿Una torre con un arma poderosa, eh?
El comandante frunció el ceño. —No dije arma, dije tesoro. Esa torre está afuera de la muralla de Grace, en el reino demoniaco, el intentar acceder con equipo 3d, ya llamaba la atención de los titanes, pero tienen ballestas en la torre y con la custodiada por los demonios, perderíamos demasiadas tropas en un ataque directo.
Rokugo- Pues podemos enviar un grupo pequeño a quemar el primer piso y que las llamas los maten a todos con el calor
Toda la junta se horrorizaria de las ideas de Rokugo. La peticion seria negada
El comandante, con una mirada severa.
—Destruir la torre no es una opción. La pérdida del tesoro dentro de ella sería irreparable. Planeamos un asalto total antes del amanecer para retomar la torre intacta con el tesoro. La luz del sol activa a los titanes, Con suerte en una operación rápida podra enfrentarse únicamente a los demonios antes de que los titanes los ayuden. —dijo uno de los comandantes, mirando a Rokugo con una seriedad palpable.
Rokugo, sin embargo, los miró sin mostrar ni un atisbo de emoción.
Al dia siguiente, Antes del amanecer En el campamento de Grace, en lineas enemigas, Rokugo reunió a su escuadrón y les dio una orden inesperada.
La Iluminación en Grace y hasta en el campamento eran con unos cristales de material desconocido para Rokugo y Alice, los cuales brillaban por si solos.
Snow lo miró incrédula.
—¿Qué estas diciendo? ¡La batalla ya ha comenzado! Nisiquiera el eleguido pudo derrotar a los demonios maestros de la torre, Rista del Conocimiento y Gil del Poder . Si recuperamos la torre ahora, podríamos ganar fama y reconocimiento. —preguntó, sin poder ocultar su desaprobación.
-¿El Elegido es fuerte, no? - Pregunto Rokugo
Snow frunció el ceño, decepcionada.
—¿y eso que ni uno de los 4 selectos podría derrotar al elegido.
Rokugo se encogió de hombros.
—Por supuesto que les tengo miedo. ¿No viste lo que le hicieron al chico prodigio? Si no me preparan una estrategia, no tengo intención de hacer el trabajo por ustedes.
Snow, claramente indignada, se dio media vuelta.
—Haga lo que quiera, Capitán. Yo no me quedaré aquí sentada.
Sin más palabras, se marchó hacia la torre, decidida a combatir por su cuenta. Snow prepara su equipo de maniobras tridimensionales, piensa entrar por adentro de la torre y combatir.
Mientras Snow intentaba abrirse paso hacia la torre por su cuenta, Rokugo reunió al resto del equipo para discutir un plan alternativo. Estaban alrededor de una pequeña fogata improvisada, iluminados por los extraños cristales que brillaban suavemente en el campamento.
—Escuchen bien —comenzó Rokugo, señalando hacia la torre que se alzaba imponente en la distancia—. No podemos recuperar esa torre ni peleando dentro ni usando el equipo de maniobras 3D desde afuera. Los demonios que la guardan son demasiado fuertes, y además, están equipados con armas diseñadas específicamente para detenernos.
Rose levantó la mano, confundida.
—Entonces, ¿cómo vamos a conseguir el tesoro? ¿Nos rendimos?
Grimm, sentada en su silla de ruedas recién reparada, añadió:
—Sí, no entiendo cómo piensas que vamos a lograrlo sin enfrentarlos directamente.
Alice, siempre analítica, interrumpió:
—Esperen. Si actuamos al amanecer, podríamos tener una ventaja táctica. Los planes del reino dicen que es mejor atacar de noche porque los titanes están inactivos, pero... ¿y si usamos a los titanes a nuestro favor?
Rokugo sonrió, como si acabara de recibir la idea perfecta.
—Exacto, Alice. Grimm, necesito que me respondas algo importante: ¿cómo funciona exactamente tu poder de maldecir en nombre de Zenarith? ¿Tienes que decirlo en voz alta?
Grimm parpadeó, sorprendida por la pregunta.
—Bueno... puedo lanzar maldiciones que afectan principalmente a humanos o criaturas que reconozcan mi existencia y entiendan que es lo que les estoy maldiciendo. Pero los titanes... nunca los he maldecido.
Rokugo asintió, pensativo.
—Entonces, aquí está mi plan, una vez que salga el sol, voy a atraer a una enorme cantidad de titanes hacia la torre, Rose me cubrirá de cerca, y Alice estará a larga distancia con un lanza granadas para asegurarse de que nada salga mal. Al diablo tener la torre intacta.
Rose levantó una ceja.
—¿Y qué pasa si los titanes te aplastan antes de llegar a la torre? No soy tan rápida como para protegerte de todos ellos.
Alice intervino, ajustando sus cálculos en su dispositivo.
—El plan tiene otra falla crítica: Agente 6, tu armadura de Kisaragi es demasiado pesada para usar el equipo de maniobras 3D. Tendrías que quitártela por completo, lo cual reduce significativamente tu defensa.
Rokugo hizo un gesto despreocupado con la mano.
—Bah, No es mi estilo ese equipo de ganchos, usare mi Moto, no necesito durabilidad; necesito velocidad. Confíen en mí, sé lo que hago. Solo esperemos que Snow regrese.
Cuando empezaba el amanecer, Snow regresó al campamento, herida y visiblemente exhausta. Su armadura estaba dañada, y tenía cortes en el rostro y los brazos. Rokugo, que estaba terminando de comer una barra energética, levantó la vista.
—¿Fallaste? —preguntó sin tono de reproche, como si ya lo supiera.
Snow lanzó una mirada fulminante hacia él, pero se limitó a asentir. Furiosa y avergonzada, lo fulminó con la mirada.
—No digas nada, Rokugo. Tienes razón. No podemos ganar con ese plan.
Rokugo sonrió mientras le daba una palmadita en el hombro.
—Eso es lo que me gusta escuchar.
Snow...
Snow escuchó la última parte del plan y estalló.
—¡Esto es una locura! ¡No podemos simplemente lanzarte como carnada para los titanes! ¡ Deberías liderar con estrategia, no con estupideces!
Rokugo le dedicó una sonrisa burlona.
—Créeme Snow, no es la primera vez que me enfrento a un montón de seres gigantes, con formas de animales, me atrevo a decir que los Zords son mas conflictivos porque los titanes no tienen inteligencia.
Snow apretó los puños, frustrada.
—¡¿Que diablos es un Zord?!
—Eso no importa, Snow. —dijo Rokugo mientras se levantaba y se estiraba—. Ahora prepárate para cargar a Grimm, esta se duerme al amanecer. Y tú, Alice, consígueme ese lanza granadas. Vamos a hacer historia.
Alice suspiró, claramente preocupada.
—Agente 6, este plan tiene un 87% de probabilidades de fracasar catastróficamente.
—¡Exacto! Eso significa que hay un 13% de probabilidades de éxito. ¡Es mejor que nada! —respondió Rokugo con una risa.
El equipo intercambió miradas incómoda.
Al amanecer
Rokugo estaba listo, sin su armadura de Kisaragi para agarrar la maxima velocidad. En ese momento, los primeros rayos del sol iluminaron el horizonte, y los titanes comenzaron a moverse hacia ellos, atraídos por la maldición.
—¡Aquí vamos! —gritó Rokugo mientras activaba el equipo de maniobras 3D y se lanzaba hacia adelante, siendo perseguido por una horda de titanes que rugían furiosos.
Rose corrió tras él, lista para intervenir, mientras Alice observaba desde una posición elevada, cargando el lanza granadas.
—Agente 6, recuerda que solo tienes un 13% de probabilidades de sobrevivir —dijo Alice a través del comunicador del chip cerebral.
—¡No me agües la fiesta ahora, Alice! —respondió Rokugo entre risas mientras zigzagueaba entre los titanes.
Rokugo, mientras corría precariamente a su cuerpo, recordó sus días en Kisaragi.
—Sabéis qué es gracioso —dijo entre jadeos mientras zigzagueaba para evitar los ataques de los titanes—, ya he escapado antes de gigantes. Solo que en aquel entonces, eran megazords pilotados por esos Rangers. ¡Qué molestos eran!
Alice, observando desde una posición elevada con su rifle de precisión y el lanza granadas canjeado gracias a los puntos malos de Rokugo, respondió con su tono neutral:
—Ya dijiste eso hace rato, Agente 6. Aquellos "megazords" eran máquinas controladas por héroes idealistas, no criaturas biológicas impulsadas por instintos primitivos.
—¡Detalles, Alice, detalles! —gritó Rokugo mientras evadía otro ataque—. Al final, son todos gigantes con problemas de ira.
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