Al día siguiente, Black Lilith se sentó frente a su carpa, suspirando profundamente mientras miraba los escombros de lo que alguna vez fue la base de Kisaragi.
—Un mes sin internet, con carpas y un brazalete bloqueado que no me deja canjear ni un solo lujo. Esto es un infierno, —murmuró.
Rokugo, con una sonrisa socarrona, se acercó con un vaso de agua.
—Considéralo mi venganza por hacerme caer casi en picada cuando me teletransportaron aquí. Al menos tú aterrizaste intacta, —dijo, con un tono burlón.
Lilith lo fulminó con la mirada.
—Rokugo, ¿te das cuenta de que técnicamente podría hacer que te envíen al escuadrón de penitencia? —respondió, tratando de mantenerse tranquila.
Alice, que estaba cerca observando, intervino con su habitual actitud cortante.
—Con respeto, Lilith, tu inconveniencia no es mi problema. Mi personalidad fue programada para ser la asistente ideal para Rokugo, no para consolar ejecutivas caprichosas.
Lilith frunció el ceño, notando la grosería en el tono de Alice.
—Me pregunto quién la programó, porque claramente no hicieron un buen trabajo. —respondió con sarcasmo.
Rokugo solo rió por lo bajo, disfrutando del caos.
Lilith procrastino los siguientes dias, jugando cartas, mirando hormigas, durmiendo.
Mientras exploraba el campamento, Lilith se topó con Russel, quien aún estaba vestido de sirvienta. Por los informes enviados por Rokugo, Lilith confundió a Russel con Rose. —Así que esta es Rose... —dijo, inclinándose para observar al "mutante" más de cerca—. Parece diferente en persona.
—¡Oh, Rose! —le saludó Lilith con una sonrisa amplia—. Así que tú eres la subordinada de Rokugo, ¿no es así? Yo Soy Black Lilith , la jefa de Rokugo.
El individuo se giró, revelando ser Russell la quimera de combate
Sin embargo, Lilith, aparentemente confundida, siguió hablando como si nada.
Rokugo, dándose cuenta del malentendido, intervino rápidamente.
—Lilith, este es Russel, un prisionero que capturamos.
-¿De que hablas Rokugo?
Russell se quedó sin palabras, mirando a Lilith con incredulidad, mientras Rokugo, que se encontraba cerca, se dio cuenta de la confusión. Para aclarar las cosas, suspiró y, con la poca paciencia que le quedaba, Le bajo los calzones a Russell en pleno campamento para que Lilith pudiera ver claramente que no era una mujer.
—¡Por el amor de… Lilith! —exclamó Rokugo mientras señalaba a Russell—. ¡Mira! ¡Este no es Rose! Es Russell. ¿Ves? Es un tipo.
Este, avergonzado, gritó:
—¡¿Qué demonios estás haciendo, imbecil?! —mientras se apartaba rápidamente.
Lilith frunció el ceño y asintió, finalmente comprendiendo.
—Oh… ya veo… —dijo con desinterés— —Vaya, vaya, no esperaba que fueras hermafrodita
Rokugo se llevó la mano a la cara, frustrad
Esa noche, Lilith se fue a dormir a regañadientes en su carpa asignada, recordando que iba a pasar un mes sin las comodidades a las que estaba acostumbrada.
Al día siguiente…
Rokugo decidió darle un recorrido a Lilith por la ciudad más cercana, Entre la Base de Kisaragi frente al bosque y la ciudad se interconecta un puente elevado a nivel de la muralla de Grace y la muralla imprisada de Kisaragi
. Al caminar por sus calles, Lilith observó con detenimiento y rápidamente comenzó a analizar el entorno. Su mente de científica notó varios detalles que no encajaban con un simple mundo medieval.
—Esto es extraño —comentó Lilith mientras miraba a su alrededor—. La infraestructura parece rudimentaria, pero… hay algo en esta ciudad que sugiere que antes de que llegáramos, hubo una civilización avanzada aquí.
—¿A qué te refieres? —preguntó Rokugo, fingiendo interés mientras se enfocaba más en lo que podría almorzar ese día.
—Para empezar, el nivel de higiene es sorprendentemente alto para un lugar de este tipo —respondió Lilith, señalando varios edificios que parecían tener sistemas de alcantarillado—. Eso no se encuentra en cualquier lugar medieval. Es como si este mundo hubiese pasado por un colapso y estuviera tratando de reconstruirse.
—Interesante. Podría reconstruir una base más avanzada en poco tiempo si consigo materiales adecuados.
Lilith, sin perder más tiempo, comenzó a trabajar en la reconstrucción de la base. Gracias a sus habilidades tecnológicas, los procesos que normalmente tomarían semanas o meses avanzaron rápidamente. En cuestión de días, los brazos robóticos y otros artefactos que Lilith había construido aceleraron la construcción.
Sin embargo, la paz no duró mucho. Justo cuando la base estaba tomando forma, fueron atacados de nuevo, esta vez por una tribu local llamada los Kachiwari y una serie de animales titan, especialmente Mokemokes y Supopochis. Era como si los Kachiwari estuvieran controlandolos.
Uno de los titanes, una planta carnívora de aspecto humanoide, lanzó un rugido aterrador y se dirigió directamente hacia Lilith. Sin mostrar el más mínimo miedo, Lilith activó sus tentaculos robóticos.
—No tienen idea de con quién se están metiendo —dijo Lilith con una sonrisa confiada mientras extendía los brazos mecánicos, cada uno de ellos cargado con un misil.
Con una precisión milimétrica, Lilith disparó los misiles y destruyó a las criaturas una por una. Cada explosión fue precisa, y los Kachiwari que estaban en el área comenzaron a retroceder con terror.
—¿Y eso es todo lo que tienen? —preguntó Lilith, mirándolos con desprecio—. No estoy ni usando el 10% de mi poder.
Rokugo, observando desde la distancia, no pudo evitar sonreír. Lilith, a pesar de sus excentricidades, sabía cómo imponer respeto.
—Bien hecho, Lilith —le dijo Rokugo mientras ella terminaba de destruir a la planta carnívora y las bestias restantes.
Los Kachiwari retrocedieron, claramente aterrorizados por el despliegue de poder que acababan de presenciar.
Lilith, aunque cansada, se dirigió hacia Rokugo con una sonrisa triunfante.
—Bueno, comandante, ¿Qué te parece mi "bienvenida"? —preguntó Lilith con una pizca de orgullo.
—Diría que es perfecta. Bienvenida oficialmente a este planeta… el cual, dicho sea de paso, necesitaba algo de limpieza —respondió Rokugo, con una mirada sarcástica
Todo parecía bajo control, hasta que un láser descendió del cielo, destruyendo nuevamente la base.
Lilith, cubierta de polvo y con un tic nervioso en el ojo, miró los escombros.
—Esto tiene que ser una broma. —murmuró, apretando los puños.
Rokugo se rió por lo bajo.
—Bienvenida al planeta 407, Lilith. Parece que aquí nada es sencillo.
Después del ataque de los Kachiwari y de la exhibición de poder de Lilith, se retiraron al campamento para cenar. Lilith intentaba comerse una ración de emergencia en su tienda, un plato de "comida" que, para sus estándares, dejaba mucho que desear.
Rokugo caminaba al lado de Grimm, quien parecía más animada de lo habitual. Lilith había decidido quedarse en su tienda, quejándose de su brazalete bloqueado y las condiciones del campamento, mientras Alice estaba ocupada intentando reparar los restos de la base. Rokugo, sin mucho más que hacer, había accedido a acompañar a Grimm por la ciudad.
—Grimm, ahora que... bueno, técnicamente estamos "comprometidos", creo que es momento de establecer algunas reglas, —dijo Rokugo, rascándose la nuca.
Grimm levantó una ceja, interesada.
—¿Reglas? ¿Qué tipo de reglas? ¿Algo romántico? ¿Una cita diaria? ¿Besos obligatorios? —preguntó con entusiasmo.
Rokugo suspiró, ignorando el brillo en los ojos de Grimm.
—Primero, seguirás refiriéndote a mí como "comandante". Nada de llamarme por nombres cariñosos. Segundo, no habrá muestras públicas de afecto. Y tercero, no vamos a tomarnos de las manos ni a hacer nada que pueda sugerir que somos algo más que colegas. Esencialmente, seremos novios... pero solo de palabra.
Grimm se detuvo y lo miró con una mezcla de confusión y decepción.
—¿Eso es todo? ¿Nada de abrazos, ni siquiera un "mi querido comandante"? ¿Qué tipo de compromiso es este? —protestó, inflando las mejillas.
Rokugo se encogió de hombros.
—El tipo de compromiso que no me da problemas. Mira, sé que me consideras un idiota, pero al menos dame crédito por intentar poner límites claros. Si puedes manejar eso, te doy una oportunidad para... ya sabes, intentar enamorarme, —dijo, cruzando los brazos.
Grimm parpadeó sorprendida y, luego, una amplia sonrisa apareció en su rostro.
—¡Lo dices en serio! Sé que piensas que estoy loca, pero, comandante, ¡te demostraré que soy digna de tu afecto! —exclamó, emocionada.
Mientras Rokugo asentía fingiendo entusiasmo, una voz interior resonó en su mente. "Puntos malos añadidos". Rokugo sonrió para sus adentros.
Perfecto. Esto podría ser más fácil de lo que pensaba.
Lilith, sentada en el interior de su tienda, intentaba disfrutar de su comida en paz mientras revisaba informes en su brazalete. La puerta se abrió, revelando a Rokugo con su usual expresión despreocupada. Durante el silencio incómodo, decidió hacer una pregunta que le rondaba la mente.
—Oye, Rokugo, ¿dónde están los otros agentes de Kisaragi? —preguntó Lilith, mordisqueando su comida con resignación.
Rokugo se tomó un momento para responder, rascándose la nuca con una mezcla de incomodidad y desdén.
—Ah… bueno, ellos decidieron hacer cualquier otra cosa. Preferían no estar cerca de ti porque… bueno, verte les revive algunos traumas —dijo Rokugo con sinceridad, intentando suavizar sus palabras.
—¿Traumas? ¿Qué traumas? —Lilith arqueó una ceja, sintiendo cómo la frustración comenzaba a burbujear en su interior.
—Ya sabes, los experimentos… aquellos experimentos que hiciste en Kisaragi para convertirnos en supersoldados —explicó Rokugo con una sonrisa nerviosa—. No todos recuerdan eso como una "experiencia enriquecedora", ¿sabes?
La expresión de Lilith se volvió sombría mientras apretaba el puño, canalizando su ira de manera productiva. En lugar de perder el tiempo en discutir, decidió desahogarse de una manera mucho más eficiente.
—¿Sabes qué? ¡Ya basta de depender de este equipo anticuado! —dijo, levantándose con determinación.
Con un estallido de creatividad y determinación, Lilith se retiró a su laboratorio improvisado y empezó a construir un satélite. En unas pocas horas, con la ayuda de sus habilidades tecnológicas y algunos recursos de la base, completó el dispositivo y lo lanzó a la órbita del planeta. Su objetivo era obtener una visión más amplia y clara de su nuevo territorio.
Unas horas después…
Lilith, Rokugo y Alice se reunieron en una colina cercana para probar su nuevo equipo. Usando los datos del satélite, localizaron una iguana gigante que vagaba cerca del campamento dentro del bosque, una criatura colosal que representaba un posible peligro para la base.
—Vamos a ver cómo se comporta nuestra última arma contra algo de este tamaño, ¿les parece? —sugirió Lilith con una sonrisa confiada mientras activaba uno de sus brazos robóticos.
La iguana gigante se acercaba lentamente, moviéndose torpemente pero con una fuerza evidente. Sin perder tiempo, Lilith disparó una ráfaga de misiles dirigidos que alcanzaron a la criatura en un abrir y cerrar de ojos. En cuestión de segundos, la iguana fue reducida a cenizas, y Lilith observó satisfecha el resultado.
Esto será demasiado fácil —comentó Lilith con una sonrisa victoriosa.
— Lo que me preocupa es que al llegar aquí cambiaron mi configuración a costo por puntos malos. ¡Eso significa que no puedo pedir armas a lo loco! —exclamó, golpeando su brazalete.
Alice, manteniendo su lógica fría, añadió:
—Si la iguana no se evapora al morir, podremos estudiarla. Eso podría darnos información útil.
Dispararon al objetivo, y la iguana cayó con un rugido estremecedor. Sin embargo, cuando se acercaron, notaron algo extraño.
—¿Esto es... metal? —dijo Rokugo, tocando el cadáver con cautela.
Alice, analizando con su escáner, confirmó:
—Es un robot, no un ser vivo. Además, parece que hay una puerta camuflada debajo de su vientre
Rokugo se agachó, observando la entrada.
—Un laboratorio tecnológico... Esto no es algo que esperaría en un mundo medieval. Pero, ¿y si es una trampa? —dijo, retrocediendo.
Lilith lo miró con impaciencia.
—Si fuera una trampa, ya habría explotado. Deberíamos entrar.
Rokugo negó con la cabeza.
—No hoy. Poner un muro de seguridad alrededor y volvemos cuando estemos preparados.
Lilith frunció el ceño, pero no insistió. El equipo levantó una barrera temporal alrededor del sitio y se retiraron, planeando explorar el lugar más adelante.
Esa noche, mientras el grupo descansaba en el campamento, Lilith seguía revisando los datos del satélite en su brazalete.
—Este planeta es mucho más complejo de lo que parece. Antiguamente debió ser una civilización extremadamente avanzada. Todo encaja: los restos tecnológicos, los titanes, incluso las criaturas controladas por tribus. Pero algo los destruyó, —dijo en voz alta.
Rokugo, recostado cerca, la miró con curiosidad.
—¿Y crees que Kisaragi puede conquistar un lugar como este?
Lilith sonrió con suficiencia.
—Kisaragi puede con todo. Solo necesitamos tiempo... y no más malditos láseres destruyendo nuestras bases.
Rokugo se rió.
Lilith, aún molesta por las condiciones de vida en el campamento, exigió a Rokugo que hablara con la princesa Tilis para obtener más recursos. Rokugo accedió con desgana, y pronto ambos se encontraron sentados frente a la princesa, tomando té en un elegante salón.
Lilith, vestida con su uniforme de Kisaragi, se encontraba sentada junto a Rokugo en una mesa de té en el palacio, frente a la Princesa Tilis, quien parecía extrañamente calmada… al principio.
—Es un honor, Princesa Tilis. Estoy aquí para fortalecer los lazos entre su reino y nuestra… corporación —dijo Lilith con una sonrisa profesional, aunque algo forzada.
La princesa Tilis asintió y tomó un sorbo de té, aparentemente tranquila. Sin embargo, a medida que la conversación avanzaba, su expresión comenzó a cambiar, y Lilith se dio cuenta de que estaba entrando en un territorio delicado.
—Dígame, señorita Lilith, ¿cuánto sabe sobre… las "contribuciones" de su compañero Rokugo a nuestro reino? —preguntó Tilis, con un tono cada vez más tenso.
—Ah, bueno… supongo que algo, pero no mucho —respondió Lilith, lanzándole una mirada de advertencia a Rokugo, quien se hacía el desentendido.
Tilis dejó su taza de té en la mesa, su expresión de calma se desmoronó y se transformó en ira contenida.
—¡Por culpa de Rokugo, no tenemos agua porque la contraseña de la máquina generadora es una vergonzosa frase impronunciable! —exclamó, apretando los puños—. ¡Y gracias a él, nos vimos envueltos en una guerra después de que… le diera un golpe en la cabeza al príncipe de un reino vecino usando su… "miembro"!
Lilith abrió los ojos como platos, intentando contener su asombro, mientras Tilis continuaba, su tono subiendo de intensidad.
—¡Para colmo, los agentes de Kisaragi han estado colándose en mis habitaciones mientras duermo y, ¡por alguna razón inexplicable, usan mi baño personal como si fuera suyo! ¡Esto es una falta de respeto total!
Lilith, avergonzada y sintiéndose personalmente responsable de la situación, se inclinó con humildad y respeto.
—Princesa Tilis… en nombre de la Corporación Kisaragi, le ofrezco mis más sinceras disculpas —dijo Lilith, sintiendo un leve rubor en las mejillas—. Trataré de enmendar nuestros errores y le aseguro que Kisaragi hará todo lo posible para… mejorar.
Tilis suspiró, su furia aplacándose un poco.
—Muy bien. Entonces, ¿podrían ayudarnos con… tecnología? Algo que realmente pueda beneficiar a nuestro pueblo, sin más incidentes vergonzosos —dijo, mirando a Lilith con una mezcla de esperanza y desconfianza.
Lilith sonrió de manera diplomática.
—Lo consideraré, Princesa. Prometo que le daremos una respuesta pronto.
Al salir del palacio…
Ya fuera, Rokugo y Lilith estaban por marcharse cuando fueron interrumpidos por Snow, quien parecía furiosa. Al ver a Rokugo, avanzó hacia él con una expresión asesina.
—¡ROKUGO! —gritó Snow—. POR TU CULPA ESTUVE EN LA CARCEL
Antes de que pudiera hacer nada más, Lilith, con un movimiento rápido, activó uno de sus brazos robóticos y inmovilizó a Snow en el aire, levantándola ligeramente.
—Oh, querida Snow —dijo Lilith con una sonrisa seductora—. ¿Por qué tanto drama? Creo que tienes un gran potencial… uno que Kisaragi sabría apreciar.
—¡¿Qué… qué estás haciendo?! —gritó Snow, retorciéndose mientras intentaba liberarse.
Lilith se acercó, mirándola fijamente a los ojos, mientras susurraba suavemente.
—Si te unes a Kisaragi, nunca más tendrás problemas financieros. Te daríamos todas las espadas que deseas, y nunca tendrías que preocuparte por el dinero otra vez. Piénsalo bien, Snow… ¿de verdad quieres seguir sufriendo en un reino que no te da lo que mereces?
Snow, al escuchar esto, dejó de forcejear, considerándolo por un momento. La idea de obtener todas las espadas que deseara y vivir sin preocupaciones económicas era demasiado tentadora para alguien como ella.
—Yo… bueno… podría considerarlo —murmuró, su lealtad al reino de Grace empezando a tambalearse.
Rokugo observó la escena con una sonrisa maliciosa.
—Parece que Lilith tiene un don para… persuadir.
Lilith le devolvió la sonrisa, satisfecha de haber añadido una posible aliada a su causa.
—Simplemente sé cómo tocar los puntos débiles de la gente, Rokugo —dijo, mientras Snow asentía lentamente, claramente más tentada por la oferta de Kisaragi que por su lealtad al reino.
Escena: Exploración y Descubrimientos en el Mundo Ancestral
Para expandir las operaciones de Kisaragi en ese mundo, Lilith decidió construir una refinería petrolera. Había notado que este planeta contenía vastos recursos sin explotar y consideró que, mientras reconstruían la base, también podían aprovechar el tiempo extrayendo y refinando petróleo. Sin embargo, una sorpresa inesperada aguardaba en las profundidades.
Al excavar el primer pozo, en lugar de petróleo, lo que emergió fue una sustancia viscosa y gelatinosa que se retorcía y parecía tener vida propia.
—¿Qué demonios es esto? —exclamó Lilith, dando un paso atrás cuando la sustancia empezó a moverse en su dirección.
El "slime" se lanzó hacia ella, y Lilith apenas tuvo tiempo de esquivarlo. En lugar de ser un simple residuo, la criatura era claramente hostil y trataba de atacarla y a sus máquinas. Sin embargo, antes de que pudiera hacer mucho daño, el slime se deslizó de vuelta al suelo y desapareció.
—Eso… no era petróleo, ¿verdad? —comentó Rokugo, rascándose la cabeza mientras observaba el lugar donde la criatura se había hundido nuevamente.
Lilith pasó horas analizando lo sucedido y, tras revisar sus sensores, llegó a una conclusión.
—Este slime no es un residuo común. Al parecer, se alimenta del agua en este mundo.
—dedujo, fascinada y un poco frustrada por no poder explotar los recursos con tanta facilidad como esperaba.
Mientras tanto, Snow decidió aprovechar el momento para poner a Lilith al tanto de las particularidades de este mundo.
—Lilith, este lugar tiene muchas cosas que Kisaragi no espera. Más criaturas y culturas extrañas de lo que uno podría imaginar —comentó Snow mientras caminaban de vuelta al campamento.
Lilith, por otro lado, no pudo evitar notar algo.
—¿Sabes? Empiezo a ver cierta cercanía entre tú y Rokugo —dijo con una sonrisa juguetona—. ¿No me digas que le estás siendo infiel a Astaroth? ¿No es ella quien usualmente recibe esa "atención especial"?
Snow se sonrojó, parpadeando rápidamente.
—¡¿Qué?! ¡No, claro que no! ¡No se confundas! —protestó, aunque no pudo evitar mirar de reojo a Rokugo, quien observaba la conversación con su típica sonrisa burlona.
La atmósfera entre ellos era relajada, hasta que Snow decidió llevarlos a conocer algo aún más impactante.
—Bueno, basta de tonterías. Hay algo que quiero que vean… —Snow los guió hacia una zona oculta, cerca de los límites del reino.
Llegaron a una "granja" que parecía sacada de una pesadilla. En el lugar, había orcos esclavizados trabajando en los campos. Parecían desnutridos y agotados, y cuando uno de ellos alcanzaba cierta edad, los supervisores humanos lo apartaban y lo llevaban a una zona lejana, donde era sacrificado y utilizado como alimento para los otros.
Lilith y Rokugo observaron la escena con reacciones
—Este lugar tiene un pasado que no conocemos del todo. Algo me dice que esto no siempre fue así. —Lilith murmuró, observando detenidamente el trato cruel que los orcos recibían.
Más tarde, Snow les explicó sobre las criaturas gigantes que habitaban el planeta.
—Hay varios seres colosales en este mundo. Los llamamos "Reyes" porque dominan diferentes territorios y ecosistemas. Está el Rey del Desierto, que es un topo gigante. El Rey del Bosque, una lagartija colosal… —Snow comenzó a enumerar.
Lilith se iluminó al escuchar lo de la lagartija, recordando la que había derrotado previamente con su tecnología.
—Oh, ya la conocí. No fue difícil de eliminar —dijo, con una sonrisa de superioridad.
Snow la miró, sorprendida.
—¿En serio? ¿El Rey del Bosque? ¡Esa criatura ha aterrorizado a nuestros soldados durante generaciones! —exclamó.
—¿Generaciones? —Lilith levantó una ceja, dándose cuenta de que este planeta había soportado la existencia de esas criaturas durante mucho tiempo, al punto de haberse integrado en su cultura.
—Sí, y también está el Rey de los Cielos —continuó Snow—. Aunque quizás ese no te impresione tanto… es un gorrión gigante.
Lilith no pudo evitar una expresión de decepción. Ella esperaba enfrentarse a un dragón o alguna criatura mítica que le otorgara un título épico, pero… ¿un gorrión?
—Bueno, ¿y si lo cazamos de todas formas? No será un dragón, pero supongo que podría conformarme con el título de "Cazadora de Gorriones Gigantes" —dijo, rodando los ojos.
Sin embargo, el gorrión resultó ser más problemático de lo que parecía. Justo cuando se acercaron a su territorio, el enorme pájaro descendió de los cielos y, en un rápido movimiento, secuestró a Rokugo con sus garras, elevándolo hacia el cielo.
—¡ROKUGO! —gritó Lilith, sin poder contener su sorpresa.
Rokugo, atrapado y siendo elevado hacia lo alto, empezó a gritar maldiciones y a agitarse.
—¡Lilith! ¡Sácame de aquí! ¡No quiero ser la cena de un par de pajaritos mutantes!
Lilith, sin perder tiempo, usó sus brazos robóticos para disparar una serie de misiles, derribando al gorrión y rescatando a Rokugo antes de que el pájaro llegara a su nido. Finalmente, Rokugo cayó al suelo, jadeando y limpiándose el polvo.
—Y yo que pensaba que un gorrión gigante no sería tan aterrador… —murmuró Rokugo, recomponiéndose.
Mientras inspeccionaban el área después de la batalla, Lilith se encontró con un objeto brillante entre las rocas. Al recogerlo, se dio cuenta de que era una gema de un tamaño considerable, con una pureza y brillo extraordinarios.
—Espera un momento… estas gemas… —Lilith comenzó a hacer cálculos mentales, reconociendo el valor de lo que tenía en sus manos—. ¡En nuestro mundo, una sola de estas gemas podría venderse por una fortuna!
Rokugo la miró con una sonrisa ladina.
—¿Qué pasa, Lilith? ¿Acaso encontraste otro "recurso" que Kisaragi podría explotar?
Lilith observó la gema, y por un instante se quedó en silencio, pensando en cómo esta sociedad aparentemente medieval aún guardaba vestigios de una civilización más avanzada, una que quizás entendía el verdadero valor de esos recursos antes de desaparecer.
—Rokugo, este planeta tiene más de lo que imaginamos. Si aprendemos a explotar sus riquezas y sus secretos… podríamos hacer de Kisaragi la corporación más poderosa del universo —dijo, con una sonrisa ambiciosa.
Sin embargo, en el fondo, no podía evitar sentir una extraña familiaridad en este mundo. Como si, de alguna forma, los ciclos de guerra y destrucción en este lugar fueran parte de algo mucho más antiguo.
Escena: La llegada de Grimm al campamento
Mientras Lilith y Rokugo terminaban de inspeccionar la gema, una figura familiar irrumpió en el campamento. Era Grimm, quien había llegado especialmente para conocer a la famosa "Black Lilith". Grimm caminaba con una expresión soñadora y, al ver a Lilith, se acercó con emoción en los ojos.
—¡Oh, vaya! ¡La legendaria madre de Rokugo! —exclamó Grimm con admiración.
Lilith parpadeó, completamente desconcertada.
—¿¿M-Madre?? —Lilith le lanzó una mirada helada a Rokugo, quien de inmediato comenzó a sudar.
—¡Grimm! ¡Ella no es mi madre! —exclamó Rokugo, intentando corregirla antes de que las cosas se descontrolaran.
—¿No es tu madre? —Grimm inclinó la cabeza, aún confundida—. Pero… ¡Rokugo, nunca habías traído a una mujer tan importante contigo! Creí que… ella era la persona especial que tanto mencionabas…
Lilith cruzó los brazos, impaciente.
—Espera un momento… ¿A qué te refieres con "persona especial"? —preguntó con un tono amenazante.
Grimm, sin captar la creciente tensión, prosiguió.
—Bueno, ya que estamos todos aquí, quiero hacer el anuncio formal. —Grimm respiró profundamente y miró a Lilith con una sonrisa tímida—. ¡Rokugo y yo estamos comprometidos! Y quería pedir tu bendición, ya que claramente eres alguien importante para él.
Lilith abrió los ojos, sorprendida y con una expresión de absoluto disgusto.
—¿¡Comprometidos!? —exclamó, mirando a Rokugo con una furia apenas contenida—. ¡Así que, después de todo, le estabas siendo infiel a Astaroth! ¡Con razón te has estado comportando de forma tan evasiva!
—¡Espera, espera, Lilith! No es lo que parece. —Rokugo levantó las manos, desesperado—. Solo firmé un contrato con Grimm de que, si ninguno de los dos se casaba en diez años, entonces nos casaríamos. ¡Es un acuerdo a futuro, nada más!
Grimm miró a Lilith con una expresión seria y asintió solemnemente.
—Exactamente, Lilith. Sé que suena extraño, pero es un acuerdo para el futuro.
—dijo, con los ojos brillando de gratitud—. Rokugo ha sido un gran apoyo para mí.
Lilith le lanzó una mirada de advertencia a Rokugo, quien ya empezaba a sudar de nuevo.
—¿Así que… han estado "comprometidos" en secreto? Muy bien, muy bien. Esto es nuevo… —Lilith murmuró, molesta y con los ojos entrecerrados—. Más te vale que esto no llegue a oídos de Astaroth, Rokugo.
Rokugo tragó saliva, haciendo una seña desesperada a Grimm para que dejara de hablar. Pero Grimm, ignorando la situación, comenzó a acercarse a Rokugo con un aire cariñoso, intentando abrazarlo y darle pequeños "mimitos".
—Mi querido Rokugo, siempre has sido tan valiente. Me alegra que estemos juntos en este mundo extraño —dijo Grimm, tratando de rodearlo con los brazos.
Rokugo, intentando zafarse, puso resistencia al abrazo, nervioso ante la mirada de Lilith.
—¡Grimm, basta! ¡No es el momento ni el lugar para esto! —exclamó, intentando mantener su distancia.
Snow, quien había estado observando la escena con una sonrisa divertida, decidió intervenir.
—¿Sabes, Grimm? La única mujer de la que Rokugo debería depender aquí… soy yo —comentó en tono de broma, cruzando los brazos y arqueando una ceja.
Rokugo le hizo señas a Grimm desesperadamente, intentando que entendiera la situación.
—Grimm… te lo ruego… por favor, detente. Lilith no es alguien con quien quieras enojarte —murmuró entre dientes.
Grimm finalmente pareció entender la tensión, y rápidamente se acordó de algo importante que había venido a decirles.
—Oh, es cierto. ¡Casi lo olvido! —Grimm se recompuso y miró a ambos—. Vine a advertirles que… el Rey de Barro, el slime que se alimenta del agua del reino, está furioso y ha salido de su hábitat.
Lilith se detuvo un momento, recordando su intento fallido de extraer "petróleo" esa mañana.
—¿El Rey de Barro? —repitió con interés.
—Sí. Creemos que algo o alguien perturbó su fuente de alimento, y ahora está causando estragos. Podría ser algún ataque de los señores demoníacos, pero… algo me dice que puede haber sido otra cosa —dijo Grimm, mirando a Lilith con curiosidad.
Lilith esbozó una sonrisa tensa, comprendiendo la conexión.
—Ah, claro… ya entiendo. —Miró hacia el horizonte, recordando el slime que había intentado atacar su maquinaria—. Entonces, el "Rey de Barro" es responsable de esa extraña sustancia que apareció esta mañana.
Grimm, con una expresión resuelta, insistió en intentar apaciguar al Rey de Barro, creyendo que con rituales y rezos podría calmar al slime. Pero Lilith no estaba dispuesta a dejar las cosas al azar.
—No necesitamos rituales, Grimm. —Lilith sonrió, activando sus brazos robóticos—. Yo misma me encargaré de este asunto.
Momentos después, Lilith usó su armamento avanzado para solidificar al Rey de Barro, convirtiéndolo en una estatua inofensiva, incapaz de causar más destrucción.
—Listo. Problemita resuelto —dijo Lilith, satisfecha.
Sin embargo, a medida que inspeccionaba al slime petrificado, Lilith sintió una creciente frustración. A pesar de que los habitantes del mundo pensaban que vivían en un sistema medieval rudimentario, había demasiadas pistas de tecnologías avanzadas y seres biológicamente complejos. Los recursos que Lilith esperaba explotar eran ahora parte de un rompecabezas de misterios y secretos escondidos en el pasado de este mundo.
—Este lugar… —Lilith suspiró, dejando que la frustración la invadiera—. Pensé que sería un mundo primitivo, fácil de conquistar, pero parece que sus propios habitantes no se dan cuenta de lo que realmente tienen bajo sus pies. Este lugar es mucho más que una civilización medieval. Es como si tuviera escondida toda una red de… armas biológicas y tecnología avanzada.
Rokugo la observó, dándose cuenta de que Lilith se encontraba fascinada, pero al mismo tiempo inquieta. El descubrimiento de lo que realmente contenía este mundo solo hacía que su misión se volviera más complicada… y mucho más interesante.
—¿Qué piensas hacer, Lilith? —preguntó Rokugo.
—Lo que mejor sé hacer, Rokugo. Voy a desentrañar cada secreto de este lugar, sin importar cuánto tiempo me lleve. Y cuando termine, Kisaragi será la única beneficiada de todo esto —dijo Lilith, con una sonrisa ambiciosa, mientras miraba el horizonte, sabiendo que este mundo aún tenía mucho más que ofrecer y muchas más sorpresas ocultas.
Escena: La indignación de Lilith y la llegada de los eventos extraños
El campamento estaba tranquilo, pero Lilith sentía una creciente incomodidad. Se encontraba mirando a Rokugo, quien intentaba esquivar su mirada, claramente nervioso. Grimm, mientras tanto, seguía hablando alegremente, sin notar la tensión que se acumulaba en el aire.
—¡Madre! —Grimm exclamó, al acercarse a Lilith, dándole una palmada en la espalda como si de verdad la considerara una madre—. Estoy tan emocionada de conocerla. ¿Cómo está todo en la base? ¡Rokugo siempre habla de usted!
Lilith, completamente exasperada, dio un paso hacia atrás, con los brazos cruzados. El tono de su voz estaba lleno de irritación cuando finalmente explotó.
—¡Te he dicho mil veces que no soy tu madre! ¡Soy la jefa de Rokugo! ¿¿Por qué siempre sigues llamándome madre!? —Lilith gritó, mirando furiosa a Grimm, mientras el resto del campamento se quedaba en silencio ante la rabia evidente de la líder.
Grimm, como siempre, no captó la gravedad de la situación y continuó con su tono cálido.
—¡Pero, madre! ¡¡Es tan bonito tener a una madre que sea tan fuerte como tú!! —respondió Grimm, sin darse cuenta de que Lilith solo se estaba llenando más de frustración.
Rokugo, abrumado por la situación, se rascó la nuca, sin saber cómo calmar a las dos mujeres que lo rodeaban. Estaba atrapado entre el conflicto de su "compromiso" con Grimm y el tono dominante de Lilith.
—¡Grimm, por favor, basta! —rogó Rokugo, intentando mediar, pero sin saber cómo manejar la situación—. Ya te he dicho que Lilith no es mi madre. ¡Es una líder de Kisaragi!
Pero Grimm, como siempre, no parecía entender la diferencia.
—¡Ay, perdón, madre! —volvió a decir Grimm, sin inmutarse.
Lilith soltó un pesado suspiro, con la cara enrojecida por la rabia contenida, pero se contuvo y cambió de tema de inmediato, aún furiosa, pero tratando de centrar su atención en los eventos importantes que se avecinaban.
—No tienes idea de lo que realmente me molesta ahora mismo. —Lilith miró a Rokugo con dureza—. ¿Por qué me estás utilizando para exterminar esos malditos animales gigantes? ¡Esos monstruos que tanto te molestaban! ¡No me metí en esto solo para que ahora seas tú quien los mate, Rokugo! ¡¡Me molesta!!
Rokugo trató de defenderse, sin saber cómo apaciguar la furia de Lilith.
—No es eso, Lilith, es solo que necesitamos hacer esto para sobrevivir aquí, y necesitamos ayuda para lidiar con ellos. Tú tienes los recursos para eliminarlos de forma eficiente, ¿verdad? —dijo, intentando calmarla, aunque el tono de su voz temblaba ligeramente por el miedo.
Lilith levantó una mano, interrumpiéndolo.
—¡No te hagas el inocente! Sabes muy bien lo que estoy diciendo. Estás usando mi poder solo para tu beneficio y para tu pequeña guerra personal. ¡No lo haré más, Rokugo! —dijo con dureza, aunque una sombra de frustración se reflejó en su rostro.
Justo en ese momento, Grimm interrumpió con un entusiasmo absurdo.
—¡Madre, madre! Fui a investigar una supuesta mansión embrujada cerca de aquí. ¡Quería demostrar que los fantasmas existen! —comentó mientras sacaba una bolsa llena de polvo brilloso de su mochila—. Pero, resultó que… ¡era solo Alice! Ella estaba usando hologramas para hacer parecer que la mansión estaba encantada.
Lilith levantó una ceja.
—¿Hologramas? —preguntó, intrigada pero sin perder la compostura—. ¿Alice estaba jugando a ser cazafantasmas?
Grimm asintió con emoción.
—¡Sí! ¡Alice tiene un talento impresionante para crear ilusiones! Quería demostrarme que los fantasmas realmente existían, así que decidí invocar un ángel para comprobarlo. Pero lo que pasó después fue muy divertido… —Grimm sonrió, recordando la escena.
En ese preciso instante, Alice apareció, riendo por lo bajo.
—Vaya, Grimm. Siempre tan… confiada. —Alice se acercó con una sonrisa burlona—. Pero, ¿en serio pensaste que un ángel iba a ser tan fácil de invocar? ¡Mira cómo lo trataste!
Antes de que Grimm pudiera responder, Alice se acercó a la figura del ángel que estaba flotando en el aire y, con un gesto dramático, comenzó a cuestionar su naturaleza.
—¿Sabes qué? Me parece que este no es un ángel en absoluto. Parece más un tipo disfrazado, ¿no? —dijo Alice, mirando al ser celestial con escepticismo.
El ángel, claramente irritado, frunció el ceño.
—¡¿Qué dices, humana?! —gritó el ángel—. ¡Soy un ángel legítimo y lo vas a pagar por dudar de mí!
Lilith observaba con atención mientras el ángel, furioso, finalmente explotaba.
—¡Te maldigo! —gritó el ángel, apuntando a Grimm—. ¡Nunca podrás conocer a un hombre bueno, ni recibir su amor verdadero!
Grimm, sorprendida por la maldición, se quedó quieta por un momento. Lilith, con una sonrisa fría, observó el desastroso espectáculo mientras tomaba la oportunidad.
—Vaya, Grimm… ¿tan fácil de afectar? —Lilith caminó hacia ella con calma, mirando la expresión confusa en el rostro de Grimm—. Parece que te han dejado bastante vulnerable, ¿no es así? ¿Qué tal si dejas de jugar a ser heroína y te unes a nosotros?
Grimm, aún con la maldición resonando en su mente, no pudo evitar sentirse atraída por la propuesta.
—¿A unirme a ustedes? —preguntó, ligeramente aturdida, mientras trataba de procesar lo que sucedía. Pero la idea de pertenecer a algo más grande, a una organización que realmente podía ofrecerle poder y estabilidad, la tentaba.
Lilith sonrió, usando su influencia para ganar terreno.
—Sí, Grimm. Kisaragi puede ofrecerte mucho más de lo que te imaginas. No tienes que quedarte atrapada en este mundo desordenado. Si te unes a nosotros, podrías ser parte de una red poderosa que te proveerá de todo lo que deseas. Imagina… tecnología avanzada, poder sobre este mundo y el control de las fuerzas que lo dominan.
Grimm, aún desorientada por la maldición y el caos de la situación, parecía estar dudando. Pero las palabras de Lilith comenzaron a hacer mella.
—Lo pensaré… —murmuró Grimm, casi como una confirmación para sí misma. Estaba claramente más vulnerable que nunca y, en ese momento, Lilith sabía que había ganado una pequeña batalla más para Kisaragi.
Lilith le lanzó una mirada calculadora a Rokugo, quien estaba mirando la situación sin saber qué decir. La expresión en el rostro de Rokugo mostraba que estaba preocupado por el giro que tomaba la conversación.
—De todos modos, Alice —Lilith giró hacia ella—. ¿Tienes muestras del ángel que invocaste? Me gustaría analizarlas. Si realmente era un ángel, podría ser útil para nuestra investigación.
Escena: El Collar y la Revelación
En su oficina improvisada, Rokugo se recostaba en su silla con un aire pensativo. Miraba por la ventana los paisajes desolados de la superficie del planeta, mientras procesaba lo que había sucedido con Grimm, Black Lilith y, en especial, el nuevo contrato con Grimm. Las cosas estaban tomando un giro inesperado, y no estaba seguro de si realmente podía seguir jugando con el corazón de la joven sin que las consecuencias lo alcanzaran algún día.
—"Si juego con el corazón de Grimm, ganaré puntos negativos todos los días con el mínimo esfuerzo" —pensaba Rokugo, con una sonrisa traviesa pero insegura—. "Pero... ¿será que esto no se me va de las manos? Grimm es tan impredecible…"
No pudo evitar sentirse algo nervioso, incluso tenso. Podía ser una broma, algo para hacerla caer en su trampa, pero tal vez era demasiado. Sin embargo, su mente estaba ocupada en el plan, y en el momento en que vio el collar en una tienda local, no pudo evitar pensar en Grimm.
Al día siguiente, el ambiente en el campamento parecía más relajado. A pesar de las tensiones anteriores, Rokugo estaba decidido a seguir adelante con sus planes, aunque había una nueva sensación de incomodidad flotando en el aire. Grimm, por otro lado, había estado más callada de lo habitual, probablemente procesando lo que sucedió la noche anterior. Mientras tanto, Rokugo se acercó a ella con una sonrisa tímida, sosteniendo algo pequeño en sus manos.
—Grimm... —dijo Rokugo, algo nervioso. —Te compré algo.
Grimm levantó una ceja, mirando la pequeña caja que Rokugo le ofrecía. Al abrirla, encontró un collar bonito, con una piedra brillante que parecía cambiar de color dependiendo de cómo la miraras.
—¿Un collar? —preguntó Grimm, sorprendida, pero rápidamente sonrió al ver el gesto. —¡Es muy bonito, Rokugo! ¿Por qué me lo diste?
Rokugo, visiblemente avergonzado, miró al suelo, incapaz de sostener la mirada de Grimm.
—Bueno... —dijo en voz baja—. Es solo que... cuando vi el collar, me hizo pensar en ti. Quería regalarte algo, y... no sé, pensé que te gustaría.
Grimm, con una risa suave, lo miró fijamente. Un pensamiento de repente cruzó por su mente, y sus ojos se iluminaron con un brillo travieso.
—¿Estás... enamorado de mí? —preguntó Grimm, como si no pudiera creer lo que escuchaba, su voz mezclada con incredulidad y emoción—. ¿De veritas? ¿De veritas?
Rokugo se sonrojó hasta la raíz de sus cabellos, incapaz de ocultar su nerviosismo. Por un momento, no sabía qué decir, pero al final, con una pequeña sonrisa avergonzada, suspiró.
—Sí, Grimm, creo que... sí. —dijo con suavidad, casi como si se estuviera resignando a la idea.
Grimm se quedó en silencio por un momento, observando a Rokugo mientras procesaba lo que acababa de escuchar. Algo dentro de ella comenzó a hacer click, y su mente comenzó a dar vueltas. El Comandante... está enamorado de mí... pensó. ¿Quiere a una chica como yo? No puedo creer que este día finalmente haya llegado. Es como un sueño
Un rubor involuntario apareció en sus mejillas mientras sus pensamientos comenzaban a desbordarse. —"No puedo creerlo... El Comandante... está enamorado de mí... y quiere a una chica como yo, ¿quién lo habría pensado? Pensé que este día finalmente había llegado. ¡Es como un sueño!"
Grimm, incapaz de controlar la avalancha de emociones que la invadían, comenzó a sobrepensar la situación. Las preguntas invadieron su mente, y no pudo evitar divagar.
—Pero... ¿qué diferencia habría ahora que somos novios de verdad con lo que ya hacíamos? Y si no sé cómo hacerlo... ¿y si lo arruino? ¿Qué pasará?
Rokugo, viendo la confusión y la sobrecarga emocional de Grimm, no pudo evitar sonreír para sí mismo mientras la observaba. Si bien no esperaba que fuera tan obvio, la verdad era que la situación comenzaba a divertirse más de lo que pensaba. Sin embargo, había algo dentro de él que, por un momento, se sintió incómodo con el giro de los acontecimientos.
Con un suspiro, Grimm levantó la cabeza y sonrió, aunque con una mezcla de confusión y emoción. A pesar de sus dudas, el momento había llegado, y no iba a dejarlo escapar. No aún.
Escena: La Revelación de Rose y el Misterio de las Ruinas
Al día siguiente, Rokugo llevó a Lilith a conocer a Rose, quien, para sorpresa de todos, estaba disfrazada de peluche en la casa de un viejo. El hombre, un anciano que recordaba a su abuelo, parecía ser el único que conocía la verdadera identidad de Rose.
—Este es el lugar donde Rose ha estado viviendo todo este tiempo —explicó Rokugo con una leve sonrisa. —Nunca imaginé que ocultara algo así.
Rose, de pie al lado de la chimenea, observó la llegada de Lilith con una mirada expectante. No parecía preocuparse por la presencia de la líder, pero algo en sus ojos traía una sabiduría silenciosa.
—He estado aquí... como un simple peluche. —Rose se encogió de hombros, aunque su tono era más serio de lo esperado—. El viejo me recuerda a alguien que conocí en el pasado. Su sabiduría me ha servido bien.
Lilith, al escuchar la historia, frunció el ceño, sintiendo una extraña inquietud. No era solo el hecho de que Rose se hubiera ocultado tanto tiempo, sino también la forma en que lo había hecho. Algo no cuadraba.
—Rose, ¿hay algo más que deberíamos saber? —preguntó Lilith, mirando detenidamente a la quimera.
—Te lo diré cuando sea el momento adecuado —respondió Rose con calma—. Pero ahora, hay algo más que debemos ver.
Con un gesto decidido, Rose condujo a Lilith y a Rokugo hasta las ruinas que frecuentaba. A medida que caminaban, el paisaje parecía cambiar, tornándose más oscuro y extraño. El aire estaba cargado de electricidad, y Lilith no podía dejar de sentir que algo en este lugar tenía una conexión directa con la tecnología avanzada que había descubierto antes.
Al llegar al centro de las ruinas, Rose señaló con el dedo a un área particular, donde los restos de una estructura antigua se alzaban con lo que parecía ser tecnología avanzada. Lilith comenzó a examinar los informes, fotos y archivos dispersos por el lugar, y lo que encontró solo confirmó lo que sospechaba.
—Esto... —dijo Lilith, casi para sí misma, mientras observaba con creciente horror los detalles—. Estos animales gigantes... el slime... ninguno de ellos es propio de este mundo. Son... armas biológicas. Fueron creados con ingeniería genética y experimentos raros.
Rokugo, al escuchar esto, se mostró perplejo.
—¿Armas biológicas? Pero... ¿cómo es eso posible?
Lilith lo miró con una expresión grave, pero no compartió su descubrimiento con Rose en ese momento. La quimera estaba observando un mapa en la pared, concentrada en algo más.
—Aquí... —dijo Rose, señalando con su dedo—. Este es el lugar donde el Reino de Grace me encontró hace años. Estaba en un tubo criogenizado.
Lilith miró el mapa con interés, observando la ubicación del laboratorio que Rose señalaba. Un escalofrío recorrió su espalda al pensar en la magnitud de lo que estaba sucediendo. Ese laboratorio, esos experimentos... todo parecía conectar de alguna manera con lo que ya había sospechado.
Aún así, Lilith guardó silencio, sabiendo que no era el momento para revelar todo lo que había descubierto. La verdad aún estaba oculta, pero tenía la sensación de que las piezas del rompecabezas estaban comenzando a encajar. Y cuando todo estuviera claro, nadie podría detener lo que Kisaragi tenía planeado.
Escena: El Plan de Invasión
Después de varios días de planificación y recopilación de información, el satélite de Lilith finalmente localizó el castillo del rey demonio, un lugar que se había mantenido oculto por generaciones. Con la localización precisa en sus manos, Lilith convocó una reunión con sus aliados para discutir los siguientes pasos.
Rokugo, Rose, Alice y algunos otros estaban presentes en una mesa llena de mapas, libros antiguos sobre fantasía y planes de batalla que hablaban sobre la derrota de castillos de reyes demonios, pero todo parecía demasiado típico, como algo sacado de una novela de aventuras.
—¿Realmente vamos a hacer esto? —preguntó Rokugo, su mirada fijada en los informes. —Es… es el castillo del rey demonio, y nos está mirando todo su ejército. No es cualquier invasión.
Lilith se cruzó de brazos, mirando los papeles con una calma fría.
—Hemos planeado lo suficiente. Los demonios de su ejército nos subestiman, pero yo tengo un plan mejor.
Rokugo levantó la cabeza con una ceja arqueada.
—¿Qué quieres decir?
Lilith estaba parada frente a un grupo de agentes reunidos en la sala principal de la base, con su habitual aire de autoridad y desdén. Proyectó un holograma táctico sobre el centro de la mesa, mostrando una torre imponente rodeada por fuerzas demoníacas.
—Este es el plan —dijo Lilith, señalando la estructura en el holograma—. Enviaré a los agentes de combate como señuelos para distraer a las tropas de Lord Demonio. Mientras tanto, nuestro avión volará directamente hacia su torre para neutralizarlo. Necesitamos precisión absoluta. No podemos permitirnos errores.
El hombre tigre levantó una ceja, cruzándose de brazos.
—¿Señuelos? ¿Es decir, sacrificios otra vez? Suena justo a tu estilo, Lilith, Nya.
Lilith lo fulminó con la mirada.
—No seas melodramático,
Todos saben que están aquí para cumplir órdenes sin cuestionarlas. Es más, tengo a alguien nuevo en el equipo. Rose, ven aquí.
Rose avanzó tímidamente, aunque su expresión era decidida.
—Hola... Soy nueva en esto de ser agente de Kisaragi, pero haré todo lo posible para ayudar.
El Agente 10 sonrió ampliamente al verla.
—¡Oh! Una novata. Esto será interesante.
Lilith interrumpió antes de que pudieran entablar más conversación.
—Bien, ahora necesitamos un voluntario para pilotar el avión. Alguien que pueda manejar esta misión crítica.
Sin dudarlo, el Agente 10 levantó la mano con entusiasmo.
—¡Yo puedo hacerlo! ¡Sé conducir perfectamente!
Rokugo frunció el ceño, claramente escéptico.
—Voy a usar este avión para invadir el castillo —dijo Lilith con una calma que hacía que todos se quedaran en silencio por un momento.
Rose, que hasta ese momento había estado observando en silencio, no pudo evitar soltar una exclamación de asombro.
—¿Pueden... volar? ¿De verdad? —preguntó, con los ojos completamente abiertos por la sorpresa.
Lilith asintió sin perder su compostura.
—Claro que sí.
Rokugo, aunque todavía algo perplejo, asintió con la cabeza.
—Bien. Si dices que se puede, lo haremos.
Después de una breve pausa, Lilith miró a todos.
—Y para hacer las cosas más interesantes, montaremos un centro de telecomunicaciones justo al lado de su castillo. Lo último que sabrán es qué les ha llegado.
El Agente 10 se encogió de hombros mientras se dirigía hacia el asiento del piloto.
—No te preocupes, sé lo que hago. Además, adapté los controles para que funcionen como en "Zepelín Asesino 4". Es mucho más fácil así.
Rokugo palideció.
—¿Qué? ¿Estás usando un adaptador de control de videojuego? ¿En serio?
Sin embargo, cuando llegó el momento de estacionar cerca de la torre, quedó claro que el Agente 10 no tenía idea de cómo realizar maniobras básicas. El avión comenzó a girar erráticamente en el aire.
—¡Bajemos antes de que nos mate a todos! —gritó Rokugo, abriendo la compuerta del avión.
Uno por uno, Rokugo, Alice, Lilith y Rose saltaron en paracaídas, dejando al Agente 10 intentando aterrizar el avión sin éxito. Aunque lograron descender sanos y salvos, inmediatamente notaron que algo iba mal.
Alice fue la primera en alertar al grupo.
—Capitán, hay actividad sospechosa acercándose. Un grupo de demonios liderados por Heine viene hacia nosotros.
Rokugo apretó los puños, molesto.
—Perfecto. Justo lo que necesitábamos.
En ese momento, una transmisión entrante resonó en sus dispositivos.
—¡Nos fallaron! —gritó el hombre tigre -
El topo titán Rey de Arena apareció mientras íbamos en nuestros autos. Nos persigue y no podemos llegar a tiempo para ayudarlos.
Rokugo suspiró, resignado.
—Claro, porque nada podría salir bien hoy, ¿verdad? Bueno, parece que estamos solos en esto.
Lilith, con una mezcla de furia y determinación, dio un paso al frente.
—Entonces tendrán que improvisar. Recuerden que estamos aquí para completar la misión, no para quejarnos. Encárguense de Heine y su grupo. Yo me ocuparé de encontrar una manera de llegar a la torre.
Lilith canjearia con sus puntos malos solos algunas cuantar armas adaptadas a sus tentaculos
- Tenga cuidado Lady Lilith, esa de alla es Heine.
Lilith activaria la maquina, la cual activaba un enlace satelital entre Lilith y el Satelite Laser de Kisaragi.
Los demonios habrian llegado Sin embargo, Lilith tenía una oferta inesperada para ellos.
—¡Deténganse! —gritó, alzando la mano cuando los demonios se acercaban—. Antes de que intenten atacarnos, tengo una propuesta para ustedes.
Los demonios se detuvieron por un momento, sorprendidos por el desafío, pero la risa comenzó a llenar el aire. Sin embargo, una figura se adelantó, no riendo como los demás. Era Heine, la comandante demoníaca. Su mirada fija y desafiante se dirigió hacia Lilith.
—¿Qué tonterías hablas, humana? —dijo Heine, alzando una espada adornada con runas oscuras—. ¡Tú, un simple insecto, nos vas a dar órdenes?
Lilith la miró fijamente, sin amedrentarse. Sabía exactamente qué estaba a punto de hacer.
—Soy Black Lilith, ejecutiva de Kisaragi, Mi propuesta es simple —dijo con voz fría—. Únanse a Kisaragi, y todo esto podría terminar antes de que empiecen a luchar. Si no, verán lo que sucede.
Heine soltó una risa sarcástica.
—¡Nunca me arrodillaré ante ti, criatura! —gritó, lanzándose hacia Lilith con una velocidad aterradora.
Pero antes de que pudiera alcanzarla, Lilith levantó su brazo, y de los mecanismos ocultos en su cuerpo, salieron poderosos brazos roboticos que atraparon a Heine en el aire, elevándola hacia el cielo como una marioneta.
Rokugo, observando la escena, pensó que Lilith iba a humillar a Heine, desnudándola frente a su ejército como una señal de derrota. Sin embargo, Lilith, con una frialdad absoluta, no hizo nada de eso. En lugar de eso, simplemente la miró desde arriba.
—Se los advertí —dijo Lilith con calma.
Mientras los demonios restantes retrocedían, Lilith revisaba los datos del satélite y las lecturas de energía. Una bomba aparecio y exploto mostrando su poder arrasando el campo de batalla
—Nos rendimos —anunció Heine.
Rokugo miró a Heine, aún colgada por los brazos robóticos, y sonrió.
—Supongo que ahora querrás negociar, ¿no?
Heine lo miró con odio, pero no respondió.
Rose, que había permanecido en silencio, miraba hacia el castillo a lo lejos.
—Estoy cada vez más cerca de las respuestas, —murmuró para sí misma, apretando los puños.
Rokugo suspiró, sintiendo que las cosas solo se complicarían más a partir de ahora. "Nada de esto estaba en la descripción del trabajo," pensó con resignación.
- Heine, ¿Cual es la torre generadora de neblina mas cercana? - Vamos a destruir esa niebla
- Heine del miedo rebelaria la posicion de la torre
En ese momento, una bomba de gran tamaño, lanzada desde el satélite de Lilith, cayó sobre el terreno alrededor de la torre, destruyendo los campos de batalla y la barrera que protegía al castillo del rey demonio. Heine, completamente impotente, observó cómo la barrera se desintegraba y la torre quedaba al descubierto por primera vez en siglos.
Heine, viendo el final de todo lo que había conocido, dejó escapar un rugido de impotencia, pero no había nada que pudiera hacer para salvarse.
Rokugo observaba a Heine con una sonrisa de medio lado, claramente disfrutando del hecho de que ella estuviera visiblemente molesta.
—Heine, escucha, necesito que hagas algo por mí. Ve y pide una audiencia con el Lord Demonio. Necesito que Rose hable con él. —dijo Rokugo, sin rodeos.
Heine frunció el ceño, su frustración evidente.
—¿Una audiencia? ¿Eso es todo? ¿Destruiste nuestra torre, eliminaste a nuestras fuerzas, y todo esto solo para pedir una audiencia? —respondió, cruzando los brazos con irritación.
Rokugo encogió los hombros, fingiendo indiferencia.
—¿Y qué querías que hiciera? No soy del tipo que manda flores y una tarjeta de invitación. Además, ¿no es mejor que esto termine con una charla civilizada en lugar de más explosiones?
Heine suspiró, llevándose una mano al rostro.
—Eres el ser más insoportable que he conocido… pero hablaré con el Lord Demonio. Espero que esto valga la pena.
Rokugo sonrió ampliamente.
—Gracias, Heine. Sabía que podía contar contigo. Y no te preocupes, soy un tipo razonable. Solo necesito una charla rápida.
el Agente 10 finalmente logró aterrizar el avión... a varios kilómetros de distancia, en medio del desierto
—¡Lo logré! —gritó triunfante, ignorando completamente el desastre que había causado.
De vuelta en Kisaragi, el equipo regresó tras la devastadora victoria. Sin embargo, no todo el mundo compartía la misma insatisfacción. Grimm y Snow, al enterarse de que Rokugo había dejado fuera de la guerra final contra el rey demonio, se sintieron despechadas y excluidas.
Grimm observaba a Rokugo con los brazos cruzados y una expresión de profundo desdén.
—Así que… decidiste ir a la "guerra final" contra el Rey Demonio y ni siquiera me avisaste. ¿Acaso soy invisible para ti, comandante? —espetó Grimm.
Rokugo suspiró, claramente agotado por sus constantes quejas.
—Mira, Grimm, no te llevé porque, para empezar, tú solo duermes durante el día. Tampoco sé dónde vives realmente. Apareces y desapareces como un fantasma.
Grimm, ofendida, golpeó su silla de ruedas con las manos.
—¡Eso es una excusa barata! ¡Podría haber sido útil! ¡Zenarith podría haberme guiado!
Mientras tanto, Snow, visiblemente malherida y agotada, se desplomó en una silla cercana. Su armadura estaba destrozada, y las marcas de la batalla eran evidentes.
—¿Qué te pasó ahora, Snow? —preguntó Rokugo con una mezcla de sarcasmo y preocupación.
—El Gorrión Titán Rey del Cielo… luché contra él durante días. Pero no pude matarlo. Apenas escapé con vida. —dijo Snow con la mirada perdida.
Rokugo, visiblemente incómodo, intentó calmar la situación, pero antes de que pudiera hablar, Lilith apareció con un botín brillante de joyas, traídas en su maleta.
—He hecho lo que se me pidió —dijo Lilith con una sonrisa satisfecha—. El castillo del rey demonio ha sido expuesto. De mi parte, les ordeno ingresar al bosque y tomar territorios no reclamados. Y conviertan esta base en una ciudad, Alice sera la gobernadora de la misma.
Lilith regresó al cuartel general de Kisaragi en la Tierra, con un maletín lleno de gemas preciosas que le había dado la princesa Tilis como agradecimiento por la destrucción de la torre de Lord Demonio. Entró en la oficina de Astaroth y Belial, presumiendo descaradamente su botín.
—¡Miren lo que traje! Estas joyas son magníficas. ¡Ese planeta está lleno de riquezas! —dijo Lilith, con una sonrisa de triunfo.
Astaroth, sin embargo, no estaba impresionada.
—¿Y Rokugo? ¿Dónde está mi Rokugo? —preguntó con tono frío, cruzándose de brazos.
Lilith se encogió de hombros.
—Bueno, él está ocupado. Algo sobre conquistar el planeta. Ya sabes, esas cosas. Además, ¿no son estas gemas más interesantes? —dijo, intentando desviar la atención.
Belial observó la situación con una sonrisa maliciosa.
—Lilith, ¿segura que no estás ocultando algo? Tal vez… un pequeño secreto que Astaroth no deba saber.
Lilith se tensó y negó rápidamente.
—¡Por supuesto que no! Todo está bajo control. Rokugo está haciendo su trabajo… más o menos.
Astaroth no estaba convencida.
—Lilith, te advertí que no jugaras en ese planeta. Tu único objetivo era traer a Rokugo de vuelta. Y ahora vienes aquí con joyas, como si eso compensara tu incompetencia. —dijo Astaroth, su tono cargado de furia.
Lilith, sintiendo que las cosas se salían de control, intentó defenderse.
—¡No es mi culpa que Rokugo esté… distraído! Además, estas joyas son un gran recurso para Kisaragi. ¡No me regañes por hacer un buen trabajo! —respondió con desafío.
Astaroth, incapaz de contener su enojo, cargó contra Lilith, y pronto ambas estaban enfrascadas en una feroz batalla campal dentro de la oficina. Belial, disfrutando del espectáculo, se recostó en su silla, sin hacer nada para detenerlas.
—Esto es mejor que cualquier telenovela —comentó Belial, con una sonrisa divertida.
Lo que comenzó como una simple discusión sobre el botín de guerra pronto se convirtió en una batalla campal dentro de las oficinas de Kisaragi. Lilith, Astaroth, y Belial se enfrentaron a golpes y gritos, dejando claro que el caos dentro de la organización estaba solo comenzando.
A la mañana siguiente, mientras Rokugo revisaba algunos informes de las tierras conquistadas, su dispositivo de comunicación comenzó a sonar. En la pantalla apareció el rostro serio de Astaroth, la líder de Kisaragi, con una expresión que dejaba entrever una mezcla de irritación y algo más profundo.
—Rokugo, debemos hablar. —Astaroth comenzó sin rodeos, con el ceño fruncido y los brazos cruzados.
Rokugo sonrió con su típico descaro.
—Oh, Astaroth. Qué sorpresa. ¿Te extrañé mucho o solo estás aquí para otra de tus charlas sobre responsabilidad? —preguntó con tono burlón.
Astaroth ignoró su comentario y fue directo al grano.
—He escuchado rumores, Rokugo. Rumores de que estás… entreteniéndote demasiado en ese planeta. No puedo permitir que tu comportamiento afecte nuestra reputación. —Su tono era frío, pero había un dejo de inseguridad detrás de sus palabras.
Rokugo levantó una ceja, fingiendo sorpresa.
—¿Rumores? Astaroth, querida, ¿desde cuándo prestas atención a chismes? Pensé que eras más sensata que eso. —dijo mientras se reclinaba aún más en su silla.
—Basta de juegos, Rokugo. —Astaroth lo interrumpió—.
—¡Rokugo! —dijo Astaroth sin rodeos, apenas se estableció la conexión—. He tomado una decisión. Quiero que asignes tu misión de supervisión a cualquiera de los agentes que ya enviamos para la conquista. Es hora de que regreses a la sede.
Rokugo arqueó una ceja, sorprendido por la petición repentina y la urgencia en la voz de Astaroth.
—¿Por qué tanto apuro? —preguntó, tratando de sonar casual—. Según la constitución de Kisaragi, cualquier cambio de misión de este nivel necesita la aprobación unánime de las tres ejecutivas. No puedes simplemente pedírmelo.
Astaroth apretó los labios, claramente molesta, pero aún así levantó la barbilla.
—No te preocupes por eso. Traeré a Lilith para que dé su voto de aprobación —dijo, haciendo un ademán a alguien fuera de la pantalla.
Un momento después, la cámara se amplió y mostró a Belial arrastrando a una Lilith claramente inmovilizada, con los tentáculos roboticos atados y una expresión de resignación en el rostro. Tenía algunos rasguños y su ropa estaba algo desarreglada después de la pelea del día anterior. A pesar de su estado, Lilith sonreía de una forma astuta, como si estuviera disfrutando de la situación.
—Vamos, Lilith, vota —ordenó Astaroth, con una mezcla de impaciencia y desesperación en su tono—. Da tu aprobación para que Rokugo pueda asignar su misión y regresar a la sede de Kisaragi.
Lilith soltó una risita sarcástica, pero, después de un momento de tensión, asintió lentamente.
—Voto a favor —dijo, con una voz apenas audible, aunque su expresión dejaba en claro que estaba actuando contra su voluntad—. Rokugo puede transferir su misión y regresar.
Rokugo entrecerró los ojos, observando a Lilith con atención.
—No lo creo —respondió Rokugo con firmeza—. Claramente Lilith no está hablando por su propia voluntad, y esto va en contra del espíritu de la constitución de Kisaragi. No pienso cancelar mi misión sin un verdadero consenso.
Y, sin decir nada más, cortó la videollamada abruptamente.
Al otro lado de la pantalla, Lilith sonrió con satisfacción y dejó escapar un suspiro de alivio, moviéndose apenas un poco en su lugar, como si celebrara su pequeña victoria. Belial la miró con confusión, mientras Astaroth se frotaba las sienes, claramente frustrada.
—¡Maldito Rokugo! —gruñó Astaroth, dándose cuenta de que sus intentos de hacer que regresara habían fallado—. ¿Cómo se atreve a ignorar mis órdenes?
Lilith, aún inmovilizada y claramente agotada, lanzó una mirada de burla hacia Astaroth.
—Te lo dije, querida Astaroth. —comentó Lilith con sarcasmo—. Además, creo que tus celos y tu falta de control están empezando a ser muy evidentes.
Astaroth frunció el ceño y miró hacia otro lado, intentando ocultar su expresión de frustración. Se levantó y se acercó a la ventana, desde donde se podía ver toda la ciudad bajo su dominio, extendiéndose hasta donde alcanzaba la vista. En un susurro, casi como si estuviera hablando con ella misma, murmuró:
—Por favor, Rokugo... vuelve pronto.
Mientras tanto, Lilith, en su silla amarrada, empezó a retorcerse un poco, como si intentara acomodarse.
—Por cierto... —dijo Lilith en tono de queja, interrumpiendo el momento de introspección de Astaroth—. ¿Podrían soltarme ya? No he ido al baño en todo el día, y creo que ya me he ganado un descanso después de toda esta… "pequeña discusión".
Astaroth suspiró profundamente y se alejó de la ventana, sin dignarse a responder, mientras Belial intentaba, con algo de cautela, desatar a Lilith sin recibir un golpe en el proceso.
Astaroth miró por la ventana, contemplando la ciudad iluminada por los neones de Kisaragi. Su rostro mostraba una mezcla de frustración y melancolía. En voz baja, casi como un susurro, murmuró:
—Por favor, Rokugo… vuelve pronto.
De vuelta en el planeta conquistado por Kisaragi, Snow entró apresurada en la sala de reuniones improvisada de la base, Snow colocó un viejo libro sobre la mesa, con un mapa del Reino de Grace desgastado y varias notas escritas a mano. Rokugo estaba sentado al otro lado, hojeando distraídamente.
—Así que, según tu investigación, el Rey Demonio se llama Mehlmehl y ha gobernado por 200 años antes de iniciar su invasión. ¿Todo esto porque el Reino de Grace les parece un lugar mejor para vivir que el desierto? —dijo Rokugo, con una mezcla de incredulidad y aburrimiento.
Snow asintió, cruzándose de brazos con aire de superioridad.
—Exacto. La desertificación causada por el Topo Titán Rey de Arena los obligó a buscar un lugar habitable. Es trágico, si lo piensas.
Rokugo suspiró, apoyando la cabeza en su mano.
—¿Y el hermano de la princesa Tilis? ¿Algún rastro?
Snow negó con la cabeza.
—Nada. Parece que la teletransportación aleatoria lo mandó a algún lugar completamente desconocido. Han pasado meses, Rokugo. Puede que nunca regrese.
Rokugo se inclinó hacia atrás, claramente decepcionado.
—Típico. Por cómo funciona este mundo, esperaba que el Rey Demonio fuera una chica joven y hermosa, como en los RPG. Pero en lugar de eso, tenemos a un gobernante de 200 años con problemas inmobiliarios. Qué decepción.
—Nada… —respondió Snow, bajando la cabeza, derrotada—. No hay rastro de él en ninguna de las ciudades cercanas. Y el reino está demasiado ocupado con los demonios y titanes como para buscarlo más a fondo.
Rokugo suspiró, y cuando Snow levantó la mirada, sus ojos parecían… vacilantes. Estaba cansada y desesperada. Y en un impulso, pareció dispuesta a llegar a medidas drásticas.
—Oye, Rokugo… —dijo con una voz temblorosa, mientras se desabrochaba el cuello de su camisa, revelando apenas un poco de piel—. Si… si me das algo de comida, puedo… mostrarte más.
Rokugo se quedó mirándola en silencio por un segundo, con una expresión de incredulidad.
—¿Eh? ¿Te estás ofreciendo a enseñar tus pechos solo por comida? —respondió, levantando una ceja con un toque de burla en su tono—. Muy bien, pero si voy a invitarte, entonces también debo invitar a Grimm y Rose. No voy a hacer un favoritismo aquí.
Snow, visiblemente avergonzada, apretó los dientes, pero al final accedió, sabiendo que Rokugo no iba a ceder sin incluir a los demás.
Los Huevos de MIPYOKOPYOKO
Horas después, Snow y Rokugo estaban en el bosque recolectando huevos de MIPYOKOPYOKO, Criaturas bípedas con cara de rana que explotan, cuyos huevos eran altamente explosivos y muy valiosos en el mercado negro. Ambos estaban de buen humor.
—¿Quién iba a decir que estos huevos servirían tanto para explotar cosas como para ganar dinero? —dijo Rokugo mientras cargaba un saco lleno.
Snow, con una sonrisa triunfante, respondió:
—Es por eso que soy la mejor investigadora de este equipo. Admito que es peligroso, pero cuando lleguemos al bar con estos, será una celebración épica.
De vuelta en la base, invitaron a Rose y Grimm a unirse a la celebración. La atmósfera era relajada hasta que Rose, con su tono habitual de indiferencia, soltó una bomba.
Grimm, que estaba disfrutando de su bebida, levantó la mano.
—Voy a renunciar al ejército del Reino de Grace. Desde ahora, seré completamente agente de Kisaragi como Rose. Aunque, claro, seguiré siendo sacerdotisa. Mi devoción no puede ser abandonada.
Snow, que acababa de dar un sorbo de su copa, escupió el contenido de inmediato.
—¡¿Qué?! —gritó, mirando a sus amigas con incredulidad—. ¿Están traicionando a Grace?
Rose encogió los hombros, despreocupada.
—No lo llamaría traición. Es más como una decisión lógica. Kisaragi me ofrece más oportunidades.
Grimm asintió.
—Y mi fe en Zenarith no se contradice con trabajar para Kisaragi. Puedo tener ambas cosas.
Snow estaba furiosa, sintiendo que sus amigas la estaban dejando atrás.
Alice, observando la escena, aprovechó la oportunidad para expresar sus propias "ambiciones".
—Ah, es perfecto. Cuando lleguemos a la sede principal de Kisaragi, Rose podrá ser convertida en una súper mutante aprovechando sus habilidades de quimera.
Grimm levantó la mano, esperando ansiosa.
—¿Y qué pasa conmigo? —preguntó, claramente interesada.
Alice inclinó la cabeza, como si analizara a Grimm detenidamente.
—No estoy segura. Eres básicamente una mujer-zombie-mutante. Tendría que estudiar cómo sacar provecho de eso.
—¡No me llames zombie! —protestó Grimm, golpeando la mesa.
Snow, sintiéndose ignorada, interrumpió:
—¿Y yo? ¿Por qué no me consideran? También he ayudado a Kisaragi.
Rokugo, con su característico descaro, respondió:
—Porque eres una chica normal, Snow. No tienes superpoderes ni habilidades especiales. No hay nada con potencial que mejorar.
Las palabras golpearon a Snow como un balde de agua fría. Sintió una mezcla de humillación y rabia, aunque intentó ocultarlo.
—Así que… ¿no tengo nada que ofrecerles? —murmuró, bajando la mirada.
—Por lástima, si tanto insistes, te convertiré en una "mutante" cuando comience la operación de Kisaragi. —Rokugo soltó una carcajada, tratando de quitarle peso a sus palabras.
Snow lo miró, indignada, pero antes de que pudiera replicar, Alice cambió el tema.
—Lilith puede estar lejos, pero logré acceder a las fotos del satélite rancoritador. —Alice presentaria una foto de una imagen —. Hay una isla misteriosa que cambia de posición en cada foto.
Rokugo, fascinado, se inclinó hacia adelante.
—¿Una isla que se mueve? Suena como el lugar perfecto para algo épico.
Más tarde, en el bar, Rokugo, Snow, Grimm y Rose estaban celebrando su éxito con los huevos explosivos. Snow, completamente ebria, comenzó a decir cosas que hicieron que Rokugo y Grimm se miraran con incredulidad.
—Mira, Grimm… —dijo Snow, tambaleándose y señalando a Rokugo con un dedo inestable—. ¡Tu "novio" quiere emborracharme para aprovecharse de mí! ¡Hah!
Grimm, conocedora de las artimañas de Snow y ya acostumbrada a su manera de comportarse bajo el efecto del alcohol, ni siquiera mostró un atisbo de celos. De hecho, se limitó a rodar los ojos y dar un sorbo a su bebida.
—Sí, claro, Snow. Como si alguien fuera a tomar en serio tus tonterías de borracha —respondió con sarcasmo.
Finalmente, Rokugo, harto de los desvaríos de Snow y viendo que no se quería mover del bar, la cargó sobre su hombro como si fuera un saco de papas. Snow, colgada de su hombro, empezó a lloriquear.
—Vámonos, ebria asquerosa. —dijo, mientras Snow seguía murmurando cosas incomprensibles hasta que finalmente se quedó dormida.
—Rokugo… ¡No quiero irme! ¡No me trates asi! —protestó, pataleando mientras el alcohol la llevaba a un estado cada vez más patético.
Sin embargo, poco a poco, sus protestas fueron disminuyendo hasta que se quedó completamente dormida, roncando sobre el hombro de Rokugo, quien suspiró con resignación.
A la mañana siguiente, Snow se despertó con una fuerte resaca y un rostro pálido de vergüenza. Los recuerdos de la noche anterior comenzaban a volver, y con ellos, la vergüenza por el ridículo que había hecho.
—Oh, no… —murmuró, llevándose las manos al rostro—. ¿Qué he hecho anoche…?
Mientras tanto, Rokugo y los demás la miraban desde la distancia, sonriendo con diversión, y recordando cada detalle de la noche anterior.
La Audiencia con el rey demonio
En los siguientes dias, Una noticia de la convocatoria de la princesa Tilis llegó a manos de Rokugo mientras revisaba los informes diarios en la base. No tardó mucho en entender que esto era más que una simple invitación formal. Tilis había dejado en claro que solo Rokugo y su grupo selecto serían admitidos, dejando explícitamente fuera a Snow.
—Así que la princesa quiere verme… pero prohíbe la entrada a Snow —murmuró Rokugo, leyendo la nota con un toque de satisfacción en su voz.
Snow, al escuchar esto, frunció el ceño, visiblemente molesta.
—¡¿Qué tiene esa princesita en mi contra?! —protestó, apretando los puños—. ¡Soy una caballero del Reino de Grace!
—Bueno, parece que la princesa quiere "deshacerse" de ti, ¿no crees? —comentó Rokugo, divertido ante el malestar de Snow.
Tras Salir de la audiencia
—Entendido, pero déjeme decirle que si lord demonio manda una mensajera, lo más probable es que sea una trampa. ¿Está segura de que quiere que haga esto?
Tilis asintió, firme.
—Por eso eres el único adecuado para esto. Llévate a quien consideres necesario, pero maneja la situación con cuidado.
Rokugo llegó y, antes de que pudiera replicar, le lanzó una mochila.
—Empaca, Snow. Vienes conmigo, Vamos al castillo del Rey demonio a negociar su rendicion, Una demonio del sueño nos guiara .
Snow lo miró, sorprendida.
—¿Eh? ¿De verdad?
Rokugo sonrió de manera astuta.
Rose levantó la mirada, intrigada.
—¿Y yo?
—Tú también vienes. Quizás encuentres algo en ese castillo que te dé pistas sobre tu vida antes de ser una quimera.
Rose asintió con desinterés, pero un destello de curiosidad cruzó su mirada.
Grimm, aún dormida, fue cargada por Rokugo sin pedir permiso.
—¿Y ella? —preguntó Snow, señalando a Grimm.
—Llora cada vez que la dejamos fuera de algo importante. Así que mejor la llevamos dormida para evitar drama.
Snow suspiró.
—Eres un desastre de comandante, ¿lo sabías?
El Encuentro con Viper
El castillo de la Reina Demonio Viper era imponente, con torres negras y una atmósfera densa que hacía que Snow y Rose se sintieran incómodas. Al entrar, fueron recibidos por la propia reina, una mujer de figura elegante y ojos brillantes como llamas.
El grupo finalmente llegó al castillo de la nueva reina demonio, Viper, hija del difunto rey demonio Mehlmehl, cuyo trono quedó vacío después del ataque satelital de Lilith. La fortaleza era imponente, rodeada de torres altas y vestigios de una cultura antigua y sombría. Al verlo, Rose sintió un extraño sentido de familiaridad, como si aquellos muros le contaran historias de eras pasadas y vidas que nunca había vivido… casi como si hubiera eco de gigantes en las piedras mismas.
En el salón principal, Viper, una figura imponente con una mirada gélida y presencia magnética, los esperaba. A diferencia de su padre, ella parecía tranquila
—Bienvenidos, agentes de Kisaragi. —Viper sonrió mientras sus ojos recorrían al grupo—.
—Gracias por recibirnos. ¿Eres tú quien envió a la mensajera para negociar?
Viper asintió.
—Sí, pero antes de comenzar, ¿cómo está Russel? —preguntó con un tono de preocupación genuina.
Rose dio un paso adelante y respondió.
—Russel está bien… aunque está siendo obligado a crear agua y limpiar mientras usa un traje de sirvienta —dijo, encogiéndose de hombros—. No es el trato más amable para un prisionero de guerra, pero… podría ser peor.
Viper suspiró con desdén.
—No puedo negar que eso suena humillante. Russel siempre ha sido un niño problemático, pero no merecía eso. —Luego, cambió de tema—. Antes de proceder, quiero mostrarles algo.
Los condujo por el castillo hasta una celda donde, para sorpresa de todos, estaba Heine, la demonio de la Flamia. La expresión de Heine era de total desdicha, sus ojos reflejaban la mezcla de traición y humillación que sentía.
—¿Heine? —preguntó Snow, incrédula.
Heine estaba encadenada, con una expresión de derrota.
—Fui acusada de traicionar a los demonios. —Su voz era amarga—. Por mi culpa, Lilith destruyo la torre y lanzó ese ataque desde el cielo, El anterior Rey demonio estaba alli. La Reina me considera responsable de la muerte de nuestro anterior rey.
Rokugo y Snow no pudieron evitar burlarse.
—Vaya, Heine. ¿Y tú eras la orgullosa guardiana de la torre? —se mofó Rokugo.
—¿Cómo se siente ser traicionada por tu propia gente? —añadió Snow con un tono venenoso.
Heine, con el rostro rojo de ira y humillación, les lanzó una mirada de odio.
—¡Idiotas! ¡No saben lo que es vivir aquí! —gritó
Viper las interrumpió, seria.
—Heine está aquí porque la traición se castiga con la muerte. Sin embargo, por su largo servicio al reino, he decidido retenerla en prisión… al menos por el momento
Rokugo, viendo una oportunidad, levantó la mano.
—¿Qué tal si me la entregas como esclava? La podemos usar en Kisaragi… como esclava —propuso, con un tono frío y sin atisbo de compasión.
Heine abrió los ojos como platos, entrando en pánico.
—¡¿Qué?! ¡No puedes hacer eso! ¡Soy una general, no una esclava! —gritó, intentando zafarse de sus cadenas.
Viper, después de pensarlo un momento, asintió.
Viper se quedó en silencio por un momento, pero finalmente asintió.
—Supongo que es mejor que la muerte. Muy bien, puedes llevártela… pero espero que le encuentres algún uso en tu organización —respondió Viper, manteniendo su compostura.
Heine, al escuchar esto, comenzó a entrar en pánico.
—¡No… no puede ser! ¡No quiero ir contigo! —exclamó con desesperación.
Snow, siempre dispuesta a agitar la situación, se acercó con una sonrisa malévola y le susurró en tono burlón.
—Oh, Heine… tienes suerte de que Rokugo quiera "conservarte". —Luego añadió, con una sonrisa diabólica—. ¿Sabes? Él tiene unas cuantas ideas interesantes para sus "esclavas". Quizás quiera ponerte a limpiar en traje de sirvienta, como a Russel… o algo mucho peor.
El rostro de Heine palideció, y sus ojos se llenaron de terror mientras Rokugo sonreía satisfecho. La demonio comenzó a imaginar todo tipo de escenarios oscuros y perversos.
—¡N-No! ¡Déjenme en paz! ¡No puedo creer que mi vida dependa de un degenerado como tú! —gimió, mientras su voz se quebraba en el proceso.
Rokugo simplemente encogió los hombros, divertido.
—Ya veremos qué hago contigo, Heine. ¿Quién sabe? Quizás descubras que no soy tan "degenerado" como dices. —Y luego, con un tono más bajo y burlón—. O tal vez sí
Heine gritó de indignación, pero no pudo hacer nada mientras los guardias la arrastraban hacia Rokugo. Snow, disfrutando de su sufrimiento, se acercó y susurró:
—Rokugo es un degenerado. ¿Sabes lo que hace con las chicas que están bajo su mando? Prepárate para lo peor.
Heine, ahora completamente aterrorizada, miró a Rokugo con lágrimas en los ojos.
—¡No, por favor! ¡Haré lo que sea! ¡No me hagas eso!
Rokugo suspiró, disfrutando un poco demasiado de la situación.
—Bienvenida al equipo, Heine.
La reina demonio Viper había convocado a Rokugo y a su grupo en privado en uno de los salones más antiguos del castillo. La sala, con paredes cubiertas de símbolos y grabados que evocaban épocas antiguas y poderes ya perdidos, irradiaba una solemne melancolía. Era como si las piedras mismas susurraran historias de guerras, titanes y catástrofes que habían devastado el mundo en eras pasadas. Viper, con una expresión de resignación, se dirigió a ellos con voz firme.
—El último ataque con el satélite —comenzó, mirando a Rokugo directamente a los ojos— destruyó las defensas de nuestro reino demoníaco. Oficialmente… ya no tenemos nada. Ni poder, ni ejército, ni territorio. —Hizo una pausa, y en sus ojos se veía la sombra de la derrota—. No tengo más opción que rendirme ante el Reino de Grace y ante su organización, Kisaragi.
Viper se giró hacia Rokugo y su grupo, con una expresión solemne y resignada. Heine, a su lado, no podía contener las lágrimas.
—Oficialmente, me rindo. No solo ante el Reino de Grace, sino también ante tu organización, Kisaragi —dijo Viper con voz firme, aunque su mirada delataba su pesar.
Rokugo cruzó los brazos, observándola con curiosidad.
—Vaya, eso suena bastante noble viniendo de un demonio. ¿Y ahora qué piensas hacer?
Los ojos de Rokugo se iluminaron con una chispa de interés, aunque mantenía una expresión de indiferencia. Al escuchar la declaración de Viper, Heine, quien estaba junto a ella, rompió en llanto de pura impotencia, incapaz de aceptar la derrota total de su gente.
Viper continuó, mirando al suelo mientras apretaba los puños.
—Como símbolo de mi rendición… quiero que me ejecuten en público. Que mi pueblo vea el precio de nuestra derrota. Es lo mínimo que puedo hacer para redimir las acciones del anterior Lord Demonio. Mi pueblo merece una oportunidad de vivir en paz.
Heine soltó un grito de angustia.
—¡No! ¡Por favor, mi reina! ¡No puedes hacer esto! ¡No es su culpa! —Heine se aferró al vestido de Viper, rogándole con desesperación.
Viper acarició la cabeza de Heine con ternura.
—Lo siento, Heine, pero mi tiempo ha llegado. Tú, en cambio, tienes una oportunidad de seguir adelante. Haz algo bueno con lo que te quede.
Heine sollozó sin poder responder, mientras Snow observaba la escena con una mezcla de incomodidad y compasión.
Subieron a la torre, donde Viper, con la dignidad que le quedaba, dio un último anuncio a su pueblo. Su voz resonó con fuerza sobre la devastada ciudadela demoníaca.
—¡Ciudadanos de mi reino! —proclamó Viper con voz firme—. Yo, Viper, vuestra reina, declaro oficialmente nuestra rendición. Si desean sobrevivir, huyan al reino de Toris, que alguna vez fue nuestro aliado. No hay más futuro aquí, pero tal vez allí encuentren esperanza, es momento de aceptar nuestra realidad. Nos hemos quedado sin defensas, y ya no hay lugar para nuestra resistencia. Yo aceptaré la responsabilidad de nuestras acciones y ofrezco mi vida a cambio de la paz.
El pueblo escuchó en silencio, algunos llorando, otros huyendo apresuradamente mientras las palabras de Viper resonaban en todo el reino. Rokugo, mientras tanto, observaba desde abajo, tomando notas en su brazalete para su próximo reporte.
Las palabras de Viper flotaron en el aire como un adiós trágico, y la desesperación se extendió entre los habitantes que escuchaban desde las sombras de sus hogares.
Rokugo, junto a su grupo, la observaba con una mezcla de curiosidad y satisfacción. La misión parecía haber sido un éxito rotundo, y ahora tenían a la líder del enemigo rindiéndose ante ellos. Cuando Viper terminó su discurso, ella y Heine se unieron al grupo camino al carro que los llevaría de vuelta al Reino de Grace.
Cuando terminaron, Rokugo y su equipo se prepararon para regresar al Reino de Grace. Sin embargo, al llegar al carro, se encontraron con Grimm desesperada, golpeando la ventana desde adentro.
—¡Sáquenme de aquí! ¡Idiotas! ¡Me dejaron encerrada! —gritaba Grimm, su rostro una mezcla de rabia y frustración.
Rokugo se llevó una mano a la nuca, riendo nervioso.
—Oh, cierto... puse el seguro para niños cuando llegamos, Grimm seguía dormida. Se me olvidó desbloquearlo.
Snow suspiró, mientras Rose intentaba no reírse. Finalmente, Rokugo abrió la puerta y dejó salir a Grimm, quien salió tambaleándose y lo fulminó con la mirada.
—¡Si vuelves a hacerme esto, juro que te maldeciré de verdad esta vez! —gruñó Grimm.
—Oh, cálmate, no fue para tanto. Además, mira el lado positivo, no te pasó nada, —respondió Rokugo con desinterés.
Viper y Heine subieron al carro, ocupando los asientos traseros junto a Grimm, quien seguía murmurando amenazas contra Rokugo.
De vuelta en el Reino de Grace, Viper fue escoltada hasta la plaza principal, donde la gente de Grace se reunió, expectante. Con la cabeza en alto y sin un ápice de temor, Viper hizo una declaración pública.
—Yo, Viper, hija del Rey Demonio, ofrezco mi vida como pago por los errores de mi reino. Mi única petición es que mi pueblo tenga la oportunidad de vivir en paz. Por favor, acepten mi cabeza como símbolo de nuestra rendición.
La multitud murmuró, dividida entre el alivio y el asombro. Heine, desde un costado, lloraba en silencio mientras Snow y Rose observaban sin intervenir.
Esa noche, Rokugo se encerró en su habitación para redactar su reporte para la sede de Kisaragi. Mientras escribía, Alice lo interrumpió con una videollamada de Astaroth.
—¿Qué planeas hacer ahora, Rokugo? —preguntó Astaroth, tratando de sonar casual, aunque la tensión en su voz era evidente.
Rokugo sonrió, sabiendo exactamente cómo irritarla.
—Decidí quedarme otro mes, Astaroth. Este mundo es increíblemente raro, y quiero investigar más sobre su origen. Tal vez incluso encuentre algo que pueda servirle a Kisaragi.
Astaroth frunció el ceño, y su tono se volvió más severo.
—¿Otro mes? Rokugo, ¿qué es lo que realmente estás haciendo allí?
Rokugo fingió pensar por un momento antes de responder.
—Oh, ya sabes, cosas de agente. Sabotajes, alianzas, resurrecciones extrañas... lo de siempre.
Antes de que Astaroth pudiera responder, Rokugo terminó la llamada con una sonrisa burlona.
En la sede de Kisaragi, Astaroth miró por la ventana con un suspiro, mientras Lilith, aún recuperándose de sus ataduras, murmuraba desde el fondo:
—Te lo dije. Ese hombre nunca regresa cuando debe.
Astaroth, ignorando a Lilith, susurró para sí misma.
—Por favor, vuelve pronto, Rokugo...
En la base de Kisaragi, Alice entregó una pila de documentos a Viper y señaló el escritorio.
—Tu ejecución fue definida, pero hasta entonces, no te aburras, Tu tarea será simple. Ordenar y clasificar estos papeles. Bienvenida al emocionante mundo de la burocracia de Kisaragi, —dijo Alice, con su tono característicamente neutral.
Viper miró los papeles con resignación, mientras Heine, que estaba a su lado, cruzó los brazos y bufó.
—¿Y qué se supone que debo hacer yo? —preguntó Heine con desdén.
Snow no perdió la oportunidad de seguir molestando a Heine, quien observaba todo con una mezcla de ira y terror.
—Vaya, Heine… ¿quién diría que terminarías aquí, sirviendo como "mascota" de Rokugo y ahora viendo cómo tu reina se convierte en agente de Kisaragi? —le dijo Snow, burlándose descaradamente.
Heine, al escuchar esto, no pudo evitar temblar de impotencia.
Alice ajustó su brazalete y la observó con frialdad.
—Encontraremos un trabajo adecuado para ti. Tal vez algo en la limpieza. Tranquila, aquí en Kisaragi está estrictamente prohibida cualquier forma de abuso, incluyendo la violación. Rokugo puede ser un degenerado, pero incluso él sigue nuestras reglas, —respondió Alice, mirando de reojo a Rokugo, quien estaba absorto en su Gameboy.
Heine frunció el ceño y murmuró:
—Odio esto. Odio ser una esclava. Odio a Rokugo. Odio que mi país haya caído…
—¿Qué… qué me perdí? —preguntó, frotándose los ojos mientras se levantaba y estiraba. —Oye, ¿por qué diablos está Heine aquí? —preguntó Grimm con evidente frustración.
Rose, que estaba comiendo un trozo de carne, respondió con calma:
—Viper, la ex reina demonios nos entregó a Heine como esclava. Es un gesto para mostrar su rendición total. Aunque… no sé cómo eso ayudará mucho, —añadió con indiferencia.
Alice la miró con una sonrisa divertida y respondió:
—Oh, solo el fin de una guerra, la rendición del Reino Demoníaco, y… bueno, tu novio, Rokugo, ahora tiene a una ex reina demonio trabajando para Kisaragi. Ya sabes, lo de siempre.
Grimm se quedó inmóvil por un momento, procesando la información. Poco a poco, su mente comenzó a llenarse de imágenes imaginarias de Heine seduciendo a Rokugo. Sus ojos se entrecerraron y su puño tembló.
—¡Esa perra! —gritó, dirigiéndose directamente hacia Heine.
Al llegar, Grimm la señaló con un dedo acusador y gritó:
—¡Escúchame, demonio traidora! ¡Aunque tu reina se rindió, nunca olvidaremos que fuiste nuestra enemiga!
Heine levantó la vista, notando la furia en los ojos de Grimm, pero estaba demasiado exhausta para responder con la misma agresividad. Sin embargo, Grimm continuó, sin contener su frustración.
-- ¡Y que quede claro que nunca, pero NUNCA, permitiré que te conviertas en la amante de mi novio, Rokugo!
Heine abrió los ojos, sorprendida y ofendida.
—¿Qué? ¡Estás loca! ¡Yo odio a Rokugo! ¿Cómo puedes siquiera sugerir algo así? —protestó, claramente indignada.
Grimm, con una sonrisa amenazante, levantó la mano.
—¿Ah, sí? Pues tengo algo para ti. ¡Te voy a maldecir para que nunca puedas seducir a nadie!
Heine soltó un suspiro desesperado, como si ya no tuviera fuerzas para discutir, y simplemente murmuró:
—Como si mi vida no fuera lo suficientemente miserable ya…
Antes de que Grimm pudiera terminar su amenaza, Viper se puso entre ambas, levantando las manos con calma.
—Escúchame, Grimm. Yo soy Viper, la ex Reina Demonio. Y si tienes la intención de maldecir a alguien, entonces hazlo conmigo. Soy la responsable de mi reino y de mi gente, incluyendo a Heine. Si deseas descargar tu ira, hazlo sobre mí, pero no sobre ella.
Grimm parpadeó sorprendida al escuchar la voz decidida de Viper. Aunque era reacia a aceptar la propuesta de una ex enemiga, la intensidad en los ojos de Viper hizo que reconsiderara.
—Hmph… muy bien. Pero recuerda que esto no cambia nada. Siguen siendo nuestras enemigas —respondió Grimm, aunque en su voz había menos hostilidad que antes.
Mientras tanto, Rokugo estaba sentado en un rincón, jugando en su Gameboy que había traído con sus puntos malos desde la sede de Kisaragi. Viper, que había terminado temporalmente con su tarea, se acercó y se sentó a su lado, observando la pantalla con curiosidad.
—¿Qué es eso? —preguntó, inclinándose ligeramente para ver mejor.
Rokugo, sin apartar la vista del juego, respondió:
—Esto, mi querida exreina, es tecnología de entretenimiento avanzada. Un Gameboy. Es mi manera de mantenerme cuerdo en este caos.
Viper lo miró con fascinación.
—Nunca había visto algo así. Mi padre siempre nos dijo que antes de que aparecieran los titanes la tecnología avanzaba rápidamente. Pero nunca nos contó los detalles. Solo hablaba de las guerras y cómo... Mejor vuelvo a mi trabajo
Del otro lado
Alice, observando la interacción, se acercó a Heine y le dio una palmada en el hombro, tratando de infundirle algo de ánimo.
—Vamos, Heine. Ya que ahora eres parte de Kisaragi, te encontraremos un trabajo que puedas hacer. Y por cierto… —Alice sonrió con algo de picardía—, puedes relajarte. Rokugo no va a hacerte nada. En Kisaragi, la violación está prohibida para todos los miembros.
Heine exhaló un suspiro de alivio, aunque su rostro todavía reflejaba una mezcla de resignación y humillación.
—Gracias… supongo —murmuró, apenas capaz de aceptar su situación actual.
Alice le asignó a Heine su primer trabajo en la base: limpiar los conductos de ventilación. Heine, visiblemente frustrada, tomó las herramientas y se preparó para empezar.
—Esto es humillante. ¡Yo era una general en el ejército demoníaco! —se quejó.
Alice, con su tono neutral, respondió:
—Y ahora eres una trabajadora de Kisaragi. Adáptate. Si haces un buen trabajo, tal vez te asignemos algo más digno.
Heine apretó los dientes, pero no dijo nada más, resignada a su nueva realidad.
Esa noche, mientras Viper dormía en su nueva habitación y Grimm estaba ocupada rezándole a Zenarith (posiblemente pidiendo maldecir a Heine), Rokugo se quedó mirando el cielo estrellado desde la base. Sin embargo, a Viper, algo no le dejaba dormir .
Un rato después, Viper encontró a Rokugo en uno de los salones del cuartel. Él estaba sentado en una silla, completamente absorto en su Gameboy, una pequeña consola de videojuegos que había traído consigo desde la sede de Kisaragi. A Viper le llamó la atención ese dispositivo, algo desconocido para ella, y se acercó para observar más de cerca.
—¿Es esa .. ateboy? —preguntó, con genuina curiosidad.
Rokugo levantó la vista de su juego y esbozó una sonrisa.
—¿Esto? Es un Gameboy. Una pequeña consola de juegos portátil. Es algo bastante común en mi mundo. —Volvió su atención al juego, disfrutando de su tiempo libre, mientras Viper se sentaba a su lado.
La ex reina demonio se quedó en silencio un momento, observando la pequeña pantalla iluminada. Era algo tan simple y, al mismo tiempo, tan fascinante. Tras unos segundos, decidió hablar sobre algo que había tenido en mente.
—Mi padre nunca me contó cómo era la vida antes de que estos… animales gigantes aparecieran. Él decía que las guerras habían cambiado al mundo de una manera irreversible. Que lo que quedaba ya no era lo que alguna vez fue.
Rokugo escuchaba con atención, sin apartar la vista de su juego, aunque sus oídos captaban cada palabra.
—¿Animales gigantes? —preguntó Rokugo, sin disimular su interés. La mención le recordaba a las antiguas historias que había escuchado sobre este mundo, y lo que había comenzado a descubrir en sus investigaciones.
—Sí. —Viper asintió, y su voz adquirió un tono pensativo—. Bestias enormes que solo pueden morir si son atacadas en un punto específico de la nuca. Mi padre mencionaba que eran experimentos fallidos, creados en una época donde los conflictos entre los reinos eran más feroces. Dicen que intentaron convertir animales normales en seres gigantes, con la esperanza de obtener un arma definitiva para ganar las guerras. Pero… se salió de control.
Rokugo sonrió, intrigado por la historia.
—Interesante. Parece que este mundo tiene más secretos de los que aparenta.
Viper asintió, aunque en su rostro había una mezcla de tristeza y nostalgia.
—Lo que los titanes son … solo los restos de un experimento fallido, un intento desesperado por ganar una guerra que nadie recuerda.
Viper y Rokugo seguían conversando en el cuartel, y Viper estaba a punto de revelar una información vital, algo que había escuchado de su padre, sobre un legendario demonio que una vez otorgó a una joven llamada Fritz el "Poder de los Titanes", permitiéndole transformarse en una criatura gigante para proteger su pueblo. Pero justo en ese momento, un estruendo sacudió la tierra, y una vibración amenazante recorrió el cuartel, interrumpiendo la conversación.
—¿Qué demonios fue eso? —preguntó Rokugo, con el ceño fruncido mientras miraba hacia el exterior.
Alice, quien había estado monitoreando las actividades de Kisaragi en la región, entró corriendo al cuarto con una expresión de alarma.
—¡Rokugo, tenemos problemas! ¡Es el “Rey de Arena”! Esa cosa ha salido a la superficie, y parece que está furioso . Además, con la muerte del Rey del Bosque y el Rey de Barro, ¡ya no tiene competencia para reclamar su dominio!
Rokugo soltó un suspiro, visiblemente exasperado.
El grupo salió del cuartel y pudo ver, a la distancia, una enorme nube de polvo acercándose rápidamente. Cuando la nube se disipó, apareció la imponente figura de un topo gigante, con colmillos largos y garras afiladas que podían atravesar cualquier roca. Era el “Rey de Arena”, el titan colosal que reclamaba su derecho sobre el territorio desértico.
Alice, evaluando la situación, no perdió tiempo.
—¡Esta es una amenaza clase S! —exclamó, sacando su comunicador para desplegar al destructor
El robot araña descendió con un estruendo, y sus patas metálicas brillaban bajo el sol del desierto. Alice lo controlaba remotamente, lanzando un ataque de fuego concentrado sobre el Rey de Arena. Sin embargo, la bestia no retrocedió; en cambio, se abalanzó con velocidad sorprendente, logrando esquivar varios ataques y avanzando peligrosamente hacia el cuartel.
—¡No puede ser! —exclamó Alice—. ¡Esa cosa es más rápida de lo que pensaba!
Rokugo, en un intento desesperado de frenar el avance del Rey de Arena, se lanzó hacia el monstruo con un explosivo de alto poder de Kisaragi, una última jugada arriesgada. Sin embargo, el ataque resultó insuficiente, y el Rey de Arena se lanzó sobre él, hiriéndolo gravemente con sus poderosas garras antes de retroceder al sentir el dolor de las explosiones.
Rokugo cayó al suelo, herido de muerte, tosiendo sangre mientras el grupo corría hacia él. Alice, Viper y Heine se acercaron rápidamente, y la desesperación se apoderó de ellas al ver el estado de Rokugo.
—¡Maldición, no puede terminar así! —gritó Alice, intentando aplicar primeros auxilios de emergencia, pero las heridas eran demasiado graves para ser tratadas con sus conocimientos básicos.
Viper, aún herida en su orgullo pero sintiendo una lealtad recién descubierta hacia este extraño grupo, se arrodilló junto a Rokugo, sosteniendo sus manos.
la "Bendición de la Señora del Tiempo", un misterioso poder que podría devolver a una persona a su estado anterior,.
—Este es un poder que me fue otorgado como reina —susurró Viper, decidida—. No sé si funcionará en un humano… pero no puedo permitir que alguien como tú muera de esta forma.
Viper, se arrodilló junto a Rokugo, sosteniendo sus manos. Sacó un pequeño amuleto, un colgante que había guardado desde su niñez, el cual, según le habían dicho, contenía la "Bendición de la Señora del Tiempo", un misterioso poder que podría devolver a una persona a su estado anterior, aunque a un gran costo.
Rokugo abrió los ojos lentamente, confundido por la repentina ausencia de dolor. Vio a Viper inclinada sobre él, con la cara bañada en sudor y un brillo dorado alrededor de su cuerpo que lentamente se desvanecía.
—¿Qué… qué hiciste? —preguntó Rokugo con la voz ronca.
—Te devolví unos minutos al pasado, justo antes de que tus heridas fueran mortales —respondió Viper, su tono sereno pero cansado, el uso del amuleto le había costado mucha energía, y apenas podía mantenerse de pie.
Alice, quien había estado observando, entrecerró los ojos con una mezcla de curiosidad y escepticismo.
—Interesante. Parecería magia, pero en Kisaragi ya hemos desarrollado tecnología similar con nanorobots. Esto no es un milagro, es solo ciencia disfrazada de superstición.
El Hombre Tigre, emocionado como un niño, se adelantó con entusiasmo.
—¡Nyaa! Si puedes devolver a alguien unos minutos, ¿podrías convertirme en un niño otra vez? ¡Quiero volver a ser pequeño y adorable!
Viper le lanzó una mirada agotada.
Malísimo.
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