Rokugo en SNK Cap 13 Version 2025

Darkness, tras cerrar la celda de Grimm. Darkness suspira y se dirige de vuelta a la sala de interrogación, donde Aqua la espera con impaciencia. Darkness no puede ocultar su frustración. Se acerca con determinación a Aqua, cruzada de brazos y con una expresión severa.

Aqua: —¿Y bien? ¿Qué averiguaste?

Darkness: —Nada que no hubieras estropeado antes. Pero tengo otra pregunta para ti.

Aqua: —¿Qué?

Darkness: "Aqua, necesito que uses tu conocimiento de manera más eficiente. Dime, esa niña que acompaña a los agentes, la que se parece a la princesa Iris pero con pelo mas planteado... ¿Quién es realmente?"

Aqua: (encogiéndose de hombros con una sonrisa despectiva) "¿Alice? Esa 'princesa' no es más que un androide."

Darkness: (confundida) "¿Un qué?"

Aqua se cruza de brazos, con aire de superioridad.

Aqua: —¡Un robot!

Las miradas de confusión persisten.

Otro guardia: —¿Un... "robot"?

Aqua: (suspirando con impaciencia) "Un androide, un robot, Darkness. Es como... un golem o una muñeca reanimada. Obedece órdenes de quien la creó, pero no funciona con magia, sino con electricidad y circuitos."

Darkness: (frunciendo el ceño, tratando de entender) " Entonces... ¿no es una persona viva?"

Aqua: "¡Sí, sí! Un ser mecánico con una apariencia humana, construido con materiales avanzados para realizar tareas específicas, Es una máquina, un montón de piezas, como si una armadura andante tuviera una mente, pero sin magia."

Darkness frunce el ceño, confundida.

Darkness: —No estoy entendiendo nada.

Aqua suspira y se lleva las manos a la cabeza.

Aqua: —A ver, a ver... Imaginen que es como una muñeca mágica, pero en lugar de funcionar con hechizos, funciona con electricidad.

Los guardias siguen sin entender. Darkness arquea una ceja.

Darkness: —¿Y qué es la electricidad?

Aqua se queda en silencio por un momento.

Por primera vez en mucho tiempo, Aqua se da cuenta de que está tratando de explicar conceptos de otro mundo a personas que no tienen el menor conocimiento de tecnología avanzada.

Aqua: —...Bueno, eso va a ser difícil de explicar.

Darkness suspira de nuevo.

Darkness: —Genial. Otra conversación sin sentido.

Alice entra a la sala con una expresión neutra, sus ojos analizando fríamente el entorno. Darkness cruza los brazos, preparándose para lo que esperaba ser una conversación más racional que con los otros dos prisioneros. Darkness toma asiento frente a la niña androide, mientras Aqua observa con los brazos cruzados. Aqua, sin embargo, ya estaba con los puños apretados, esperando la oportunidad para intervenir.

Darkness: —Empecemos. ¿Quién eres y por qué estás aquí? ¿Cuál es el objetivo de tu misión en este reino?"

La sala de interrogatorio estaba iluminada por antorchas mágicas que parpadeaban con un ritmo casi nervioso. Alice entró con pasos suaves, los ojos bajos, las manos entrelazadas frente a su pecho. Su postura era la de una niña asustada, vulnerable... perfectamente calculada.

Darkness la observó con escepticismo, pero Aqua se inclinó hacia adelante, con una sonrisa burlona.

—Ah, la "niña robot" —dijo Aqua, cruzando los brazos—. ¿Vas a llorar también?

Alice no respondió de inmediato. En cambio, levantó la vista con ojos brillantes... y soltó una voz temblorosa, dulce, casi infantil.

—Por favor... no me hagan daño. Solo soy una niña que... que fue rescatada por un buen hombre.

Darkness frunció el ceño.

—¿Rokugo? ¿Él... te rescató?

—Sí —asintió Alice, con una sonrisa triste—. Él me encontró en las ruinas de un reino que ya no existe. Estaba sola, herida... y él me dio una familia. Pero... —su voz se quebró—... en uno de nuestros viajes, se golpeó la cabeza muy fuerte. Desde entonces... dice cosas raras. Habla de otros mundos, de una organización llamada Kisaragi... pero yo sé que solo son delirios.

Aqua resopló.

—Claro, claro. Y por supuesto, todo lo que hace es por accidente.

Alice asintió con fervor.

—¡Exacto! Él no es malo... solo está confundido. Trabajamos como mercenarios, hacemos lo que podemos para sobrevivir. A veces escoltamos caravanas, a veces limpiamos mazmorras... lo que sea por un poco de comida y un techo.

Hizo una pausa, y luego añadió con voz más baja:

—Y luego... apareció ella.

—¿Grimm? —preguntó Darkness.

—Sí... —dijo Alice, con una mueca de desagrado apenas disimulada—. Una sacerdotisa... obsesionada. Se enamoró de él en cuanto lo vio, y desde entonces no lo deja en paz. Dice que están prometidos, que se casarán... pero Rokugo solo la tolera porque... bueno, porque tiene miedo de sus maldiciones.

Aqua soltó una carcajada.

—¡Ja! ¡Esa bruja descalza sí que es una loca!

Alice asintió, como si compartiera el sentimiento.

—Por eso queríamos hablar con la gobernadora. No para invadir, no para conquistar... solo para ofrecer nuestros servicios. Tenemos métodos... nunca antes vistos. Podemos proteger Axel, comerciar tecnología, traer progreso... a cambio de un poco de tierra... y agua.

Su voz era tan convincente, tan inocente, que incluso Darkness dudó por un instante.

Pero Aqua no.

—¡JA! —exclamó, poniéndose de pie—. ¡Esa es la misma historia que usaron en Toris! ¡Y en Grace! ¡Y en al menos siete reinos más que ya no existen como naciones independientes!

Alice parpadeó, como si no entendiera.

—No sé de qué habla...

—¡Claro que no! —dijo Aqua, señalándola con el dedo—. ¡Pero yo vi lo que hicieron en el mundo que llaman " Planeta 407"!

¡Convertisteis un reino soberano en una colonia de Kisaragi en menos de un año! ¡Primero ofrecen "ayuda", luego "protección", y al final... desaparecen las fronteras!

Alice bajó la mirada, como si estuviera a punto de llorar.

—Solo queremos un hogar...

—¡No me vengas con esa cara de corderito! —gritó Aqua—. ¡Eres una máquina! ¡No tienes alma! ¡No sientes nada!

Fue entonces cuando Alice levantó la vista... y su expresión cambió.

Los ojos dulces desaparecieron. La voz temblorosa se esfumó. Lo que quedó fue frío, lógico... letal.

—Interesante —dijo, con tono neutro—. Usted afirma ser una diosa. Pero según mis escáneres, su cuerpo emite bioseñales compatibles con una humana de nivel medio. No hay rastros de algo que pueda llamar divinidad. Solo un sistema neurológico alterado por exposición prolongada a cristales de maná.

Darkness se puso de pie, alarmada.

—¿Qué estás diciendo?

Alice la ignoró.

Aqua: (frunciendo el ceño) "¿¡Cómo que la magia no existe!? ¡Yo soy una deidad del agua! ¡Mis poderes son de origen divino!"

Alice: (inclinando la cabeza, en modo analítico) "Lo que describes puede explicarse en términos de energía. La 'magia' es solo una forma de energía manipulada."

Se giró hacia Aqua, y con una sonrisa mínima, casi imperceptible, pronunció las palabras que sabía que la harían explotar:

Ni la magia ni las diosas existen. Solo son variables no comprendidas por sociedades primitivas. Usted, Aqua... es una insolente con complejo de superioridad.

El silencio que siguió fue absoluto.

Aqua palideció. Sus manos temblaron. Sus ojos se llenaron de una furia que iba más allá del orgullo herido... era existencial.

—¿Cómo... te atreves...? —susurró.

—Es un hecho —respondió Alice—. Si fuera una diosa real, podría demostrarlo sin depender de creyentes, templos o rituales. Pero usted... necesita que la adoren para sentirse poderosa. Eso no es divinidad. Es necarcisismo.

Aqua: (enrojeciendo de ira) "¡Eres una insolente! ¡Esa lógica absurda va a arruinar tu sistema! ¡¿Cómo te atreves a negar mi existencia?!"

Darkness: (sujetando a Aqua antes de que se abalance sobre Alice) "¡Aqua, tranquila! No vamos a lograr nada si la destruyes aquí mismo..."

Aqua: (se revuelve, frustrada) "¡Déjame al menos darle una lección a esta cosa, Darkness! ¡Estoy harta de escuchar su 'ciencia' absurda y sin corazón!"

Alice: (sin inmutarse) "¿Golpearme cambiaría en algo mi programación? Según mis cálculos, la violencia es una reacción ineficaz."

Aqua: (forcejeando con Darkness) "¡Te voy a desprogramar con mi puño divino!"

Darkness intentó intervenir, pero Aqua ya estaba fuera de control.

¡Y que alguien le arranque esa lengua de metal! - Exigió Aqua

—¡GUARDIAS! —gritó—. ¡Enciérrenla! ¡No la dejen hablar con nadie! - Grito Darkbess, pero refiriendose a Aqua

Darkness: (suspirando y levantando a Aqua con dificultad) "Alice, tu juicio continuará... después ."

Alice: — ¿Me preguntaran sobre Kisaragi? Nada relevante para ustedes. Pero si desean conocer nuestras capacidades, puedo decirles que nuestra corporación ha logrado ingeniería genética avanzada, lo que nos ha permitido otorgar habilidades sobrehumanas a nuestros agentes. Hasta ahora, no hemos intentado la hidroquinesis, pero si quisiéramos, podríamos desarrollarla.

Aqua, con el rostro rojo de furia, se cruza de brazos y mira con desprecio a Alice.

Aqua: —¡Bah! ¡No pueden crear algo que ya existe!

Alice: —Podemos replicarlo con ciencia, lo cual es más confiable que una creencia religiosa.

Aqua, incapaz de tolerar más insultos, levanta el puño para golpear a Alice, pero antes de que pueda hacerlo, Alice la detiene con una advertencia mortal.

Alice: —Si me dañan, mi reactor nuclear entrará en un estado crítico y liberará radiación en un radio de varios kilómetros.

Darkness: (intentando mantener la calma) "Alice, si quieres evitar problemas, ¿por qué no simplemente cooperas? Dinos cuál es tu misión exacta en este reino."

Alice: (mirando a Darkness sin emoción alguna) "Podría hacerlo, pero, si me lo propongo, también puedo activar voluntariamente mi reactor nuclear. Recalco que La explosión destruiría al menos tres países alrededor."

Darkness: (se ríe, creyendo que es una broma) "No tienes que exagerar, pequeña. Nadie podría tener ese tipo de poder tan fácilmente."

Aqua: (mirando a Darkness con seriedad) "No, Darkness... ¡es verdad! Esa cosa funciona con un reactor nuclear. Si ella dice que puede detonar una bomba, puede hacerlo. ¡Tenemos que liberarla antes de que haga algo!"

Darkness frunce el ceño, confundida.

Darkness: —¿Reactor... nuclear?

Aqua, en cambio, se pone pálida de inmediato y baja lentamente el puño.

Aqua: —D-Deberíamos dejarla ir...

Darkness levanta una ceja.

Darkness: —Aqua, ¿tú sabes qué es un "reactor nuclear"?

Aqua: —¡No tengo idea! ¡Pero suena a algo que no quiero ver explotar!

Darkness observa a Alice, escéptica, pero al ver el nerviosismo de Aqua, empieza a considerar la posibilidad de que la amenaza sea real. Finalmente, decide sacar a Aqua del interrogatorio.

Darkness: (traga saliva, comprendiendo finalmente la gravedad de la situación) "E-está bien... vamos. Te llevaremos de vuelta a tu celda."

Darkness: —Devuélvanla a su celda.

Al mismo tiempo que se daba el interrogatorio de Alice, afuera en las celdas, Rokugo estaba claramente aburrido. Mirando a Grimm, se inclina con una sonrisa traviesa.

Sentado en su celda, con las manos detrás de la cabeza y una sonrisa perezosa, miraba el techo como si contara las grietas. Hasta que una idea brillante —y profundamente inapropiada— cruzó su mente.

—Oye, Grimm —dijo, con una voz baja y seductora—. Acércate.

Grimm, aún conmocionada por el humillante interrogatorio de Aqua —la bota en su cabeza, las acusaciones de herejía, la tentación de negación de Zenarith—, apenas levantó la vista. No tenía fuerzas para discutir. Así que, con movimientos lentos, rodó su silla hasta los barrotes que separaban sus celdas.

—¿Qué quieres? —murmuró, sin mirarlo.

Rokugo no respondió con palabras.

En cambio, deslizó una mano entre los barrotes y, con una precisión que solo venía de la práctica, encontró el dobladillo de la falda de Grimm. Ella jadeó, pero no se movió. No por deseo... sino por agotamiento emocional. Después de todo, ¿qué más podían hacerle?

—Shhh... —susurró Rokugo—. Solo relájate. Esto es... estrategia.

Y así comenzó.

Con movimientos lentos, calculados, Rokugo exploró lo que la tela le permitía. Grimm, al principio tensa, pronto se dejó llevar. No por pasión... sino por la necesidad de sentir algo que no fuera vergüenza. Gemidos suaves escaparon de sus labios, y su cabeza cayó hacia atrás.

Los otros prisioneros —ladrones, asesinos, un mago que intentó estafar al gremio— los miraban con una mezcla de asco, envidia y fascinación.

—¡Oye, pervertidos! —gritó uno—. ¡Hay niños aquí!

—No hay niños —respondió Rokugo, sin quitar la vista de Grimm—. Solo criminales con mala suerte.

Grimm, en un destello de decencia, abrió los ojos y susurró:

—R-Rokugo... nos están mirando...

—Perfecto —dijo él, con una sonrisa maliciosa—. Más testigos... más puntos malos.

Y en efecto, en su cabeza escucho un sonido:

+ PUNTOS MALOS ADQUIRIDOS
Motivo: Conducta obscena en espacio público con testigos involuntarios.

Justo en ese momento, la puerta del pasillo se abrió.

—...no entiendo cómo no se activó la campana —decía Darkness, frunciendo el ceño—. Debería haber sonado si mentía.

—¡Bah! —respondió Aqua—. Seguro es porque es una máquina. Las máquinas no sienten culpa. ¡Es como si un cuchillo mintiera!

Cuando los guardias regresan con Alice, Darkness llega justo a tiempo para ver la escena y su expresión cambia de inmediato a una mezcla de asco y horror.

Allí, entre los barrotes, Rokugo tenía a Grimm desnuda de la cintura para abajo cubierta por el lazo magico, con las manos donde nadie debería tocar en una prisión, y Grimm... gemía.

Aqua palideció.

—¡¡¡PERVERTIDOS!!! —gritó, señalándolos con el dedo tembloroso—. ¡¡¡Esto es exactamente lo que pasa con los seguidores de Zenarith!!! ¡¡¡No tienen vergüenza!!!

Darkness: —...¡¿Qué demonios están haciendo?!

Rokugo, sin ninguna vergüenza, sonríe mientras sigue con su "actividad".

Rokugo: —Nada ilegal, solo aprovechando el tiempo en la celda.

Alice, en cambio, no reacciona en absoluto.

Alice: —Esperado.

Darkness: (mirándolos con disgusto) "¿Podrían... dejar de hacer esas... cochinadas? e irse afuer.."

Se da cuenta de que decir "afuera" no tiene sentido porque son prisioneros.

Darkness: (resignada, susurrando para sí) "Esto se está volviendo cada vez más ridículo..."

Alice: (con tono neutral, mirando la escena) "¿Su reino también permite actos tan obcenos en las celdas de máxima seguridad?"

Darkness: (ignorando la pregunta, pero aún frustrada) "Esto es completamente anormal..."

Darkness se cubre el rostro con la mano y suspira profundamente.

Darkness: —Definitivamente, necesito unas vacaciones.

Darkness, con el rostro rojo de furia y vergüenza ajena, se giró hacia los guardias.

—¡Separadlos! ¡Ahora!

Los guardias, aliviados, corrieron a cumplir la orden.

Una vez separados, Rokugo se recostó en su celda con una sonrisa satisfecha, mientras Grimm se cubría con las mantas que había canjeado antes.

Aqua, aún indignada, cruzó los brazos y soltó:

—¡Los sectarios de Zenarith son los más indecentes! ¡Hacen lo que sea con tal de sentir placer! ¡Es como... como un animal que come cualquier cosa que encuentra en el suelo, sin importarle si es comestible, si está podrida, o si le dará diarrea después!

Darkness suspiró.

—Aqua... por favor.

—¡Es verdad! —insistió Aqua—. En Axis, sí que hay libertad sexual... ¡pero con respeto, con ritual, con consentimiento! ¡No como estos... estos... salvajes!

Darkness ignoró el sermón y se dirigió a los guardias.

—A partir de ahora, nada de contacto físico entre los prisioneros. Si los veo siquiera mirándose con lujuria, los encadenaré a la pared.

Darkness sale con una expresión sombría, cruzándose de brazos mientras camina por el pasillo. Sus sospechas crecían, y aunque aún no entendía completamente el alcance de Kisaragi, lo que sí sabía era que ninguno de los prisioneros había mentido, recuerda que el detector de mentiras que usaron no se activó en ningún momento durante el interrogatorio. Esta información la pone en alerta.

se acercó a la campana detectora de mentiras, que había permanecido silenciosa durante los tres interrogatorios.

—Vamos a probarla —dijo.

Se aclaró la garganta y dijo con voz clara:

—"Soy una persona honesta y nunca he mentido en mi vida".

La campana sonó inmediatamente.

—Ahora tú, Aqua.

Aqua, ofendida, cruzó los brazos.

—"Soy la diosa más hermosa y poderosa del universo".

La campana volvió a sonar.

—"¿Que?" Esta campana esta mala

Darkness asintió para calmarla, con una expresión sombría.

—Entonces... Alice no mintió... o no sintió que mentía. Si es un androide, su sistema lógico puede manipular la verdad sin activar la emoción de culpa. Eso la hace peligrosa

Sin perder tiempo, Darkness se reúne en privado con su esposo, Walter Alexei Barnes, y su hijo, Walter Jr. La sala de reuniones de la gobernación estaba iluminada con candelabros de plata y tapices decorando las paredes con el escudo de la familia Dustiness.

Darkness: —Hay algo inquietante en estos prisioneros...Walter Estos espías... no son simples extranjeros. He descubierto que están asociados con una organización llamada Kisaragi.

Se sentó y le explicó todo: la Corporación Kisaragi, las armas desconocidas, los robots, la invasión encubierta... y la frialdad de Alice.

Alexei frunció el ceño.

—¿Y qué propones?

— Debemos comunicar esto de inmediato a los demás señores feudales y a la realeza." —dijo Darkness—.

Walter: (asintiendo con gravedad) "Si lo que dices es cierto, debemos actuar rápidamente. Avisaré a todos los contactos y reforzaré la seguridad en Axel."

Darkness: —Estoy de acuerdo. Declararemos estado de emergencia inmediatamente. No podemos permitir que Axel sea tomada por sorpresa.

En ese momento, Alexei Jr., su hijo de dieciséis años, entró al salón con una espada de madera en la mano.

—¡Madre! —exclamó, con los ojos brillantes—. ¡Escuché todo! ¡Debemos actuar ya! ¡No podemos permitir que extranjeros con máquinas nos digan qué hacer!

Darkness lo miró con una mezcla de orgullo y preocupación.

—Hijo... esto no es un juego.

—¡Lo sé! —respondió él, con determinación—. ¡Pero si no luchamos ahora, no tendremos patria que defender mañana!

Alexei padre suspiró.

—El chico tiene razón... por una vez.

Darkness asintió.

—Entonces... que comience

El pueblo de Axel comienza a notar la presencia de patrullas adicionales y un ambiente tenso.

Mientras Darkness camina por la sala de reuniones de la gobernación, recuerda la última vez que presenció un evento similar.

Darkness: —Esto me recuerda... cuando la sacerdotisa de Regina, Seresdina, tomó el control de la ciudad con su habilidad de manipular a quienes le debían un favor.

Walter (asintiendo, con gesto serio): —Esa fue una de las peores crisis en Axel. Si no hubiera sido por Eren y su grupo...

Walter Jr.: —¿Crees que estos invasores sean iguales?

Darkness: —No lo sabemos aún. Pero si Kisaragi tiene a alguien con una habilidad similar a la de Seresdina, podríamos perder Axel sin siquiera darnos cuenta.

Mientras tanto, en las celdas, Rokugo y Grimm intentaban matar el tiempo.

Grimm (mirando sus pies con desagrado): —Definitivamente, voy a tener que lavarme bien los pies después de lo que hiciste por tus puntos malos.

Rokugo (encogiéndose de hombros): —¿Te molesta? Pensé que te gustaba darme placer.

Grimm (cruzando los brazos y desviando la mirada): —Bueno... mientras sea para algo útil...

Grimm todavía no superaba el trauma de la humillación que le había hecho pasar Aqua. En su mente, las imágenes de la diosa burlándose de ella y pisoteando su cabeza volvían como un eco constante. Para distraerse de eso, cambió de tema.

Grimm: —Rokugo... "¿Entonces... entonces eso significa que oficialmente somos pareja, Rokugo? ¿Que realmente me aceptas?"

Rokugo, sin nada mejor que hacer y con una sensación de resignación, suspiró pesadamente.

Rokugo (con una sonrisa perezosa): —Sí, lo que sea.

Grimm parpadeó, sorprendida. Sus mejillas se sonrojaron y sus ojos se iluminaron con una mezcla de emoción y nerviosismo.

Grimm: —¿D-De verdad?

Rokugo: —Sí, Grimm. No tengo nada más que perder a estas alturas.

Grimm juntó sus manos con felicidad, hace poco el hechizo del Laso se había disipado, conteniendo su emoción como una colegiala enamorada.

Grimm: —¡Voy a ser la mejor esposa para ti!

Alice, que había estado escuchando la conversación en silencio, intervino con un comentario casual hablándolo en Marleyano.

Alice: —Dato curioso. Mientras estaba en interrogatorio, escuché a los guardias decir que me parezco a la princesa Iris cuando era adolescente.

Rokugo arqueó una ceja, considerando la información.

Rokugo: —Hmm... podría usar eso a nuestro favor. Si jugamos bien nuestras cartas, podríamos causar confusión o incluso aprovechar esa coincidencia para ganarnos algo de libertad.".

Sin embargo, la emoción duró poco, porque de inmediato se dio cuenta de un problema.

Grimm: —Espera... Si la princesa se parecía a ti cuando era joven... ¿Eso no significa que ahora debe tener mas años?

Alice: —Exactamente.

Grimm (suspirando, desechando la idea): —Nada de eso va a funcionar... tenemos que salir de estas celdas."

Alice: — La única esperanza es que Kisaragi haya enviado refuerzos a la mazmorra y hayan seguido nuestras instrucciones. Si leyeron las notas que dejé. Toma el tiempo desde que perdimos contacto con Kisaragi. Según nuestras órdenes, si no volvía en 48 horas, los otros agentes deben lanzar un operativo de rescate."

Rokugo no tenía muchas esperanzas en eso.

Rokugo: —¿Tú crees que los "combatientes desechables" se van a arriesgar a salvarnos?

Se dejó caer contra la pared de la celda con una mueca de frustración.

Rokugo: —Estamos jodidos.

Grimm, por su parte, seguía flotando en su nube de felicidad tras la respuesta de Rokugo.

Grimm (tomando su mano entre las suyas): —¡No importa si estamos atrapados aquí! ¡Mientras estemos juntos, todo estará bien!

Rokugo: —...Esto va a ser un infierno.

Alice: (mirando a los barrotes, calculadora) "Me parece una estrategia efectiva. Solo necesitamos esperar, y pronto tendremos nuestra salida... aunque podría ser prudente preparar un plan B, por si algo sale mal."

Grimm: (pensando en voz alta) "Es bien raro poder cambiar de idioma a voluntad?"

Rokugo: (riéndose) "Te Acostumbras, es mejor que esos cursos intensivos de idiomas, pero hay que tener cuidado, por eso me descubrieron como espia la primera vez"

En contraste con la tensión en la ciudad, en la mazmorra de Kele, los agentes de Kisaragi estaban ocupados... en cualquier cosa menos en preocuparse.

En la base de operaciones de Kisaragi, que alguna vez fue una mazmorra olvidada, los agentes de Kisaragi están ocupados matando el tiempo de la forma más despreocupada posible. Unos juegan voleibol improvisado usando una red colgada entrelos pilares de la mazmorraOtros habían encendido una parrillada con actitud de picnic con provisiones que habían traído, bebiendo y comiendo despreocupadamente. Un grupo jugaba cartas apostando puntos malos.

Hombre Panda: (suspirando mientras da un mordisco a su brocheta de carne) "Me pregunto qué pasa con Rokugo. Se ha tardado mucho en volver."

Agente Random: (con indiferencia, lanzando una carta) "Amigo, no ha pasado ni un día desde que desapareció. Relájate, seguro se está divirtiendo."

Guardia 1: "Los hemos declarado culpables de espionaje. Un prisionero de guerra podría ser útil para obtener información, pero solo uno. Así que... solo uno de ustedes sobrevivirá."

Ambos, Rokugo y Grimm, levantan la mano con rapidez para salvarse, pero Alice —siempre lógica— señala a Rokugo sin dudar, inclinando la balanza en su favor.

Grimm: (enojada) "¡Ustedes dos son unos malditos cobardes!"

Rokugo: (tratando de calmarla) "No te preocupes, Grimm. Alice puede ser reconstruida por Lilith si algo pasa, y si llegamos a escapar, te llevaré al templo de Zenarith para que te revivan. Así que tú aguanta hasta el final."

Alice: —Si ejecutaran a dos y dejaran vivo a uno, debería ser yo. Puedo fingir mi muerte sin problemas y, si me destruyen, Lilith me puede reconstruir. Suponiendo que no dañen mi reactor en el proceso.

Grimm (gritando): — ¡¿Y si terminan enterrándome en un lugar alejado?! ¡Son unos traicioneros cobardes!

Alice sigue con indiferencia, sin resistirse, considerando que, siendo un androide, fingir estar "muerta" es fácil. Grimm, sin embargo, lucha, grita y se resiste hasta el último momento.

De regreso en la base de Kisaragi, el Hombre Panda mira el reloj y se percata de que las 48 horas están cerca de cumplirse.

Hombre Panda: (aburrido, tirando la última brocheta al piso) "Bueno, ya pasaron las 48 horas. Creo que es hora de ir a buscar al comandante Rokugo."

Los otros agentes se miraron entre sí, inseguros.

Otro agente: —No sé... Rokugo nunca ha sido precisamente un jefe generoso.

Un tercer agente: —Sí, pero si los dejamos ahí y Kisaragi se entera, nos bajarán puntos.

Primer agente: —...Mierda. Está bien. Vamos por ellos.

Agente Random: (con una pereza absoluta) "Ugh... no puedo creer que tengamos que ir. Pero bueno... ya, ya. Vamos."

Los agentes de Kisaragi se estiran, recogen sus cosas con desgano y comienzan a prepararse para el rescate, sin un ápice de prisa.

Y con eso, el equipo de rescate se puso en marcha, sin saber que la ciudad de Axel ya estaba en alerta máxima.

En la prision

Darkness: —Su tiempo aquí ha terminado. La ciudad ha declarado estado de emergencia y hemos decidido que su destino

Los agentes de Kisaragi ejecutaban el plan de rescate. Aunque no estaban emocionados por ello, era su deber. Llegan a la ciudad de Axel, listos para ejecutar la operación de rescate. Liderados por el Hombre Panda, caminaban por las calles de Axel con total confianza. Aunque trataban de no llamar la atención, sus armaduras y atuendos característicos hicieron que los guardias de la ciudad los detectaran de inmediato.

Guardia de Axel (sacando su espada): —¡Alto ahí! ¡Ustedes son espías del mismo grupo que capturamos hace poco!

Hombre Panda (mirando a los demás agentes con una ceja levantada): —Ya nos descubrieron. ¿Lo hacemos a la manera rápida?

Agente de Kisaragi (encogiéndose de hombros): —Siempre lo hacemos a la manera rápida.

Los agentes se lanzaron contra los guardias con movimientos eficientes, golpeándolos y reduciéndolos en cuestión de segundos. No los mataron, pero los dejaron inconscientes con movimientos bien calculados.

Hombre Panda (agarrando a uno de los guardias aún consciente y alzándolo por el cuello): —Dinos dónde están llevando a Rokugo, Grimm y Alice, y te prometo que no te haré probar cómo se siente volar por los cielos sin alas.

Guardia de Axel (temblando y con la cara pálida): —¡E-están camino a la Horca. Hombre Panda (soltándolo de golpe): —Bien, buen chico.

El frío metal de las esposas mordía las muñecas de Grimm mientras los guardias la arrastraban por los pasillos de la prisión de Axel. A su lado, Alice caminaba con la cabeza baja, los ojos apagados, como si ya hubiera aceptado su destino.

—¡No pueden hacer esto! —gritó Grimm, forcejeando con todas sus fuerzas—. ¡Soy una sacerdotisa de Zenarith! ¡Tengo derechos!

Uno de los guardias soltó una risa burlona.

—Aquí no hay ese culto, espia bruja. Solo hay ley... y la horca.

Grimm tragó saliva. Quiso lanzar una maldición, cualquiera, pero recordó las advertencias de Rokugo: en este mundo, si una maldición falla, no hay templo que te resucite. Así que se contuvo. No por cobardía... sino por estrategia.

Mientras tanto, en las sombras del tejado vecino, un grupo de agentes de Kisaragi observaba en silencio.

—Listos —dijo el Hombre Panda, con voz grave y autoritaria—. Grupo Alfa, inicien la distracción. Grupo Beta, infiltración silenciosa. Y si alguno de ustedes cuestiona mi orden... lo dejo en el planeta.

Los agentes asintieron, intimidados. A diferencia del Hombre Tigre, que era excéntrico pero amable, el Hombre Panda era duro, implacable y obsesivamente eficiente. Además, insistía en beber té verde antes de cada misión, usar un abanico de bambú para señalar objetivos, y referirse a todos como "jovenzuelo" o "discípulo", a pesar de ser japonés como el resto.

—Recuerden —añadió, ajustándose su armadura negra con detalles dorados—. No estamos aquí para matar. Estamos aquí para crear una narrativa.

Minutos después, el caos estalló.

El Grupo Alfa activó una serie de drones explosivos que sobrevolaron la plaza central de Axel. No causaron muertes... pero sí destrucción espectacular: estatuas derribadas, fuentes evaporadas, y techos de tejas antiguas convertidos en escombros humeantes. Los ciudadanos gritaban, los guardias corrían en círculos, y Aqua apareció en el cielo, furiosa... pero impotente.

—¡¿Qué clase de magia es esta?! —gritó, lanzando un hechizo que rebotó inofensivamente contra un escudo de energía—. ¡No es magia

Exactamente lo que Kisaragi quería.

Mientras la ciudad se paralizaba ante la demostración de poder, el Grupo Beta se infiltró en la prisión. Sin ruido. Sin testigos. Solo sombras y cuchillos silenciosos.

Dentro de su celda, Rokugo escuchó los primeros estallidos. Sonrió.

—Ah, por fin. Mis salvadores favoritos.

Con movimientos rápidos, usó un clavo oxidado que había escondido bajo el colchón para forzar la cerradura de sus grilletes. Luego, aprovechando el pánico generalizado, derribó al guardia que lo vigilaba con un golpe preciso en la nuca.

Al salir al pasillo, se topó de frente con el Hombre Panda y dos agentes más.

—Te tardaste —dijo Rokugo, cruzándose de brazos.

—Y tú hueles a prisión —respondió el Hombre Panda, sin siquiera sonreír—. ¿Dónde están tus cosas?

—Confiscadas. Armadura, brazaletes, todo. Y Grimm y Alice ya fueron llevadas a la horca.

El Hombre Panda asintió, imperturbable.

—Entonces actuaremos en dos fases. Primero, recuperamos el equipo. Segundo... rescatamos a las damas.

En la plaza de la ejecución, Grimm estaba de rodillas, con una soga al cuello. Alice yacía inconsciente a su lado, aparentemente muerta por asfixia.

Darkness, desde el estrado, miraba con el rostro tenso. No quería hacer esto... pero la ley era la ley.

—Que comience la...

—¡ALTO! —gritó una voz desde el cielo.

—¡ALTO! —gritó una voz desde el cielo.

Todos miraron hacia arriba.

Pero no era un Destructor, eso habria sido costoso de transportar. No había naves, ni robots, ni armas apuntando a la multitud.

En cambio, una columna de humo negro se alzaba desde el barrio comercial. Explosiones sordas retumbaban en la distancia, seguidas por el grito de civiles en pánico.

—¡Fuego en el mercado! —gritó un guardia, corriendo hacia la plaza—. ¡Alguien detonó los almacenes de pólvora mágica!

Darkness palideció.

—¿Qué...?

Justo en ese momento, una ráfaga de energía descontrolada —proveniente de los drones de distracción del Grupo Alfa— cruzó el cielo y impactó contra la torre del reloj, a apenas cincuenta metros de la plaza. La estructura se desplomó con un estruendo ensordecedor, levantando una nube de polvo que cubrió media ciudad.

—¡Evacúen a los civiles! —ordenó Darkness, con la voz tensa—.

Pero ya nadie escuchaba.

En medio del caos, Rokugo y el Hombre Panda irrumpieron en la plaza

no como invasores, sino como figuras de emergencia.

—¡Ciudadanos! —gritó Rokugo, con un megáfono improvisado—. ¡Kisaragi está aquí para ayudar! ¡Evacúen en orden! ¡No hay peligro si siguen las rutas seguras!

El Hombre Panda, mientras tanto, cortó las sogas de Grimm y Alice con un cuchillo cerámico que no emitió ni un chasquido.

—¿Estás bien? —le preguntó a Grimm, con una voz sorprendentemente suave.

Grimm asintió, temblorosa.

—Sí... pero Alice... no respira...

Grimm queda inconsciente

El Hombre Panda la examinó un instante... y luego soltó una risa seca.

—No necesita respirar. Es un androide. Solo está actuando.

Alice abrió los ojos de golpe.

—Simulación de muerte: 98.7% efectiva. Recomendación: usar esto en la campaña de desprestigio.

El hombre panda cargó a Grimm en brazos y la llevó hacia una calle lateral, mientras sostenia a Alice como si fuera una muñeca rota del hombro.

—¡Gracias por su cooperación, Axel! —gritó Rokugo antes de desaparecer entre el humo—. ¡Kisaragi siempre está lista para proteger a los inocentes... incluso de sus propios errores!

Desde el estrado, Darkness observaba todo con los ojos entrecerrados.

Sabía que aquello no era un accidente. Sabía que el "descontrol" había sido orquestado. Pero también sabía que, con la tecnología que Kisaragi acababa de exhibir, una confrontación directa sería un suicidio.

Aqua, a su lado, apretaba los puños.

—¡Son unos tramposos! ¡Eso fue una farsa!

—Lo sé —respondió Darkness, con voz baja—. Pero si los detenemos ahora, ¿qué les impedirá destruir la ciudad mañana? ¿O la próxima semana?

Hizo una pausa, mirando el humo que se disipaba en el cielo.

—Por ahora... los dejaremos creer que ganaron.

Horas después, en la base escondida

Hombre panda baja a Grimm y la coloca en una cama improvisada.

Mientras los agentes celebraban con sake en vasos de bambú (por insistencia del Hombre Panda), Alice proyectaba un holograma con un plan maestro.

—La imagen de "niña inocente ahorcada" es perfecta —dijo, con voz fría—. En el Tercer Planeta, usamos tácticas similares contra los héroes nacionales. Creamos leyendas falsas, rumores, incluso falsos santuarios. En menos de un mes, el pueblo los odiaba. Y La imagen de "rescate heroico en medio del caos" es perfecta —añadio—. Los ciudadanos recordarán que Kisaragi apareció cuando más lo necesitaban.

Rokugo asintió, sonriendo.

—Entonces hagamos lo mismo aquí.

El Hombre Panda bebió un sorbo de té.

—Y yo me encargaré de que los bardos canten la historia. A cambio... —miró a Rokugo con ojos penetrantes—... me debes un favor. Y los favores conmigo no se olvidan.

Rokugo suspiró.

—Claro. Lo que sea... mientras no me obligues a usar un abanico.

El Hombre Panda sonrió...

—Eso... ya lo veremos, jovenzuelo.

Sin mucho tacto, Rokugo decide despertarla al estilo Kisaragi: tirándole un poco de agua en la cara.

Grimm: (sobresaltada) "¡¿Eh?! ¿Dónde...? Ah... pensaba que estaba en el templo de Zenarith otra vez. Esto... esto no es el cielo, ¿cierto?"

Rokugo: (con una sonrisa irónica) "No exactamente, aunque viendo el desastre en Axel, ya casi lo parece."

Al recordar su situación anterior, un escalofrío recorrió su espalda. Durante un instante pensó que debía haber muerto y que Zenarith la había traído de vuelta... pero no. Estaba viva, sin la intervención de su diosa.

Grimm (nerviosa, mirando a su alrededor): —¿Nos escapamos?

Alice (cruzada de brazos): —Los agentes nos sacaron. Pero fuiste la única que se desmayó.

Grimm: —¡Eso no es justo!

—Bienvenida de vuelta, Mujer Zombie.

Grimm, entre lágrimas y risas, lo abrazó con fuerza.

—¡No vuelvas a dejarme sola con esos fanáticos!

Una vez recuperada, Grimm sacude la cabeza y recuerda algo importante del interrogatorio.

Grimm: "Comandante, durante el interrogatorio, esa sacerdotisa loca mencionó algo preocupante. Ella dijo que se encargó de borrar al culto de Regina personalmente."

Rokugo: (confundido) "¿Regina? ¿Y por qué debería importarnos una diosa desconocida?"

Grimm: (con tono sombrío) "Regina es la hermana de Zenarith, mi Señora. Y si no quedan seguidores... eso significa que Regina podría haber sido destruida. Cuando una deidad pierde a todos sus fieles, desaparece."

Rokugo: (frunciendo el ceño) "¿Y eso qué significa para ti?"

Grimm: "Bueno...mientras estuve colgada, pense que Si llego a morir, no tengo la seguridad de que realmente pueda revivir.

Por primera vez, Grimm mostraba una expresión genuina de miedo. Rokugo la miró por un instante y luego simplemente suspiró.

Rokugo (riendo levemente): —Entonces no te mueras, ¿no?

Grimm: " Pero ahora pienso que si algún templo o santuario de Regina todavía sigue en pie, aunque sea en ruinas, podría aprovecharse para que Zenarith me devuelva a la vida. En teoría."

Rokugo: (sin mucha paciencia) "¿En teoría?"

Grimm: "Sí, en teoría. Pero la idea de confiar en un templo en ruinas para mi supervivencia es... un poco aterradora, para ser sincera."

Rokugo: (se encoge de hombros) "Vamos, seguro que lo averiguaremos. Después de todo, ¡ya has muerto más veces que cualquiera de nosotros!"

Grimm: (suspirando) "Sí, pero prefiero no hacerlo permanente."

Alice observó a Grimm con curiosidad, analizando su reacción.

Alice: —Interesante. Al final, las personas que más creen en sus dioses son las primeras en temer la posibilidad de que no sean reales.

Grimm (apretando los puños): —¡Zenarith es real!

Alice simplemente se encogió de hombros, sin molestarse en discutir.

Rokugo (suspirando): —Bueno, suficiente charla deprimente. Nos sacaron, estamos vivos, y aún tenemos una misión que completar.

Hombre Panda (entregándole su brazalete a Rokugo): —No querrás perder esto.

Rokugo (ajustándolo en su muñeca y suspirando): —Definitivamente no.

Grimm recibió su brazalete y lo ajustó en su muñeca, mirando a Rokugo con una expresión que combinaba enojo y alivio.

Grimm: —Lo malo de que me desmaye fue que no aprecie como me rescatabas rokugo.

Rokugo: De hecho te rescato el Hombre Panda.

Grimm: Ash.

Aqua (cruzándose de brazos con una expresión seria, poco habitual en ella): —Los de Kisaragi no son una amenaza normal. Pueden "invocar" proyectiles como cañones portátiles, vehículos, y hasta copias del Destructor, esa araña gigante que enfrentamos hace veinte años.

Darkness (con una expresión severa): —Eso es preocupante. El Destructor fue lo suficientemente fuerte como para requerir el esfuerzo de toda la ciudad. ¿Dices que pueden hacer más de esas cosas?

Aqua (asintiendo): —Sí, pero hay algo raro en la forma en la que invocan su equipo. Necesitan acumular puntos de... digamos, "maldad" Y si no han traido armas peores ha de ser porque Están ahorrando esos puntos.

Eren (frunciendo el ceño): —Eso explica por qué ese tipo, Rokugo, era un degenerado total. Seguramente busca acumular esos puntos.

Aqua (continuando con su explicación): —También tienen mutantes, agentes con mayor fuerza y resistencia, y lo más peligroso: algunos de ellos pueden gigantificarse.

Darkness (sorprendida): —¿Gigantificarse? ¿Como los usuarios de la habilidad titan?

 Aqua (negando con la cabeza): —No exactamente. Según lo que vi cuando observé el planeta su gigantificación les acorta la vida.

Eren (pensativo): —Eso los hace diferentes a los titanes cambiantes. Pero si realmente pueden hacer eso, entonces serán un problema serio.

Mientras los tres discuten el plan, el hijo de DarknessWalter Alexei Barnes Jr., entra tarde a la reunión.

Darkness: "¡Hijo! El maestro de la espada, héroe de grandes familias, y ¡llegas tarde a una reunión de defensa!"

Walter Jr.: (con calma) "Mis disculpas, madre. Estaba revisando los puntos estratégicos de defensa en la entrada oeste."

Eren y Walter Jr. comparten una mirada de complicidad

Walter Jr.: —Madre, padre ya envió el mensaje a la capital. Están al tanto de la situación y están preparando refuerzos.

Darkness (asintiendo con orgullo): —Bien hecho, Hijo

 Eren (mirando a Walter Jr. con aprobación): —Eres rápido en actuar.

Aqua, con su habitual falta de tacto, hace un comentario burlón.

Aqua (riendo): —A veces parece que te llevas mejor con Walter Jr. que con tus propios hijos, Eren. No es de extrañar que todos tus hijos se hayan ido a vivir a otros países.

Eren (suspirando y masajeando su sien): —No es el momento, Aqua...

Walter Jr. había mirado a sus padres con una mezcla de admiración y determinación.

—Los respeto más que a nadie —dijo, con voz firme—. Ustedes construyeron Axel con honor, justicia y sacrificio. Pero... —hizo una pausa—... a veces me pregunto si Eren Jaeger no es el verdadero modelo a seguir.

Darkness frunció el ceño.

—¿Eren? ¿El viejo borracho que duerme en la taberna?

—No —respondió su hijo, con una sonrisa nostálgica—. El hombre que nos enseñó a pelear, a pensar, a no rendirnos... incluso cuando el mundo se derrumba. Para mí, siempre será mi maestro.

Aqua soltó una risita.

—¡Oh, no seas modesto! ¡Él te ve como un héroe legendario! Aunque... —hizo una pausa, inclinándose hacia adelante con una sonrisa traviesa—... también cree que eres demasiado rígido y que deberías relajarte más.

Eren frunció el ceño.

—¿Eso es un cumplido o un insulto?

Walter Jr. se sonrojó.

—¡Ambos! ¡Eres perfecto... pero podrías ser mejor!

Eren suspiró, pasándose una mano por el rostro.

Eren (cruzándose de brazos): —No sé si sentirme orgulloso o insultado con ese comentario...

Darkness ignora la conversación trivial y vuelve al tema importante.

Darkness (seria): —Debemos prepararnos. No podemos subestimar a Kisaragi. Si lo que dice Aqua es cierto, nos enfrentamos a un ejército con tecnología avanzada, soldados capaces de crecer a tamaños colosales y una forma de guerra completamente distinta a la nuestra.

Eren (con determinación): —Entonces debemos adelantarnos a sus movimientos. Si Rokugo y su gente están planeando algo, tenemos que descubrirlo antes de que sea demasiado tarde

Aqua, que estaba junto a ellos, bebía de una copa de vino con una expresión despreocupada.

 Aqua asintió, pero su expresión era más seria de lo habitual.

—Mi mes de permiso está por terminar —dijo, mirando las estrellas—. Pronto debo regresar al Más Allá. No puedo intervenir más en este mundo. Es jurisdicción de Eris, no mía.

Darkness palideció.

—¿Entonces... nos dejas solos?

—No del todo —respondió Aqua, con una sonrisa misteriosa—. El mundo de Eris... sí está bajo mi influencia. El que Kisaragi llama Planeta 407... allí sí puedo actuar. Si se les ocurre algo... recen. Y yo escucharé.

Darkness la miró con una mezcla de alivio y frustración.

—Entonces... nuestra única esperanza es que alguien en ese otro mundo detenga a Kisaragi antes de que sea demasiado tarde.

Aqua asintió.  

Aqua (sonriendo con malicia): —No puedo interferir directamente en este mundo de fantasía porque está bajo la jurisdicción de Eris. Peeero... sí puedo hacer algo en el mundo del que vienen esos invasores.

Eren entrecierra los ojos, sospechando de sus palabras.

Eren: —¿Qué planeas?

Aqua (riendo con picardía): —Bueno... podría, digamos, devolverles la sequía o algo así. No sé, usen su imaginación.

Darkness (frunciendo el ceño): —¿Qué tan grave sería eso?

Aqua (con una sonrisa inocente): —Oh, no mucho... Solo haría su vida un poco más miserable.

Walter Jr (riendo divertida): —Me agrada cómo piensas.

Eren (suspirando, dándose un masaje en la sien): —Haremos lo que podamos aquí. Pero si Kisaragi es tan peligroso como dices... más nos vale prepararnos.

Mientras Aqua se prepara para partir, las piezas del conflicto continúan moviéndose.

Mientras tanto, en la base-mazmorra de Kisaragi

Dos figuras entraron por el túnel principal, cubiertas de polvo estelar y con expresiones de agotamiento y fastidio.

—¿Otro mundo? —gruñó el Agente F19, un demonio de piel pálida, ojos dorados y dos alas negras plegadas en la espalda—

—¿Otro mundo? —gruñó el Agente F19, un demonio de piel pálida, ojos dorados y dos alas negras plegadas en la espalda—. ¿En serio? ¿Cuántas veces tengo que ser teletransportado como si fuera un paquete?

A su lado, el Agente F18, alto, musculoso y con una cicatriz que le cruzaba el rostro, apretó los puños.

—No es la primera vez que Belial nos usa como limpiadores de mundos fallidos —dijo con voz grave—. Pero al menos aquí no huele a ceniza.

Rokugo los observó desde la sombra, con los brazos cruzados.

—Vaya... Belial nos envía a su "equipo estrella". Qué honor.

Alice apareció a su lado, escaneando a los recién llegados con su brazalete.

Agente F18: Superfuerza, velocidad sobrehumana, instinto táctico innato. Nunca ha fallado una misión.
Agente F19: Ex-demonio reclutado tras la caída de Lord Demonio. Capaz de vuelo sostenido, magia arcana y resistencia a energía térmica.
—Carta de recomendación de Belial: "Son lo mejor que he tenido a mi cargo. No los decepcionen."

Rokugo arqueó una ceja.

—F19... tu cara no me es familiar. ¿Estuviste en Grace?

—No —respondió F19, con sequedad—. 

—Entonces... bienvenidos al infierno.

Horas después, en la sala de estrategia

Alice convocó una junta de planificación. Grimm, sin embargo, no asistió. Segúro se había quedado dormida rezando a Zenarith... y luego simplemente no despertó.

—Perfecto —dijo Rokugo, sin sorpresa—. Al menos no arruinará el plan con una maldición accidental.

Alice proyectó un holograma del Reino de Belzerg, con su capital resaltada en rojo.

—Nuestro objetivo es establecer presencia diplomática en la capital —explicó—. Crearemos un problema controlado: una amenaza externa, un desastre falso, lo que sea necesario. Luego, ofreceremos protección. Ganaremos confianza. Y una vez dentro... empezaremos campañas de desprestigio contra cualquier autoridad que se niegue a colaborar.

El Hombre Panda, sentado en silencio hasta ese momento, asintió.

—Yo me quedaré aquí —dijo, con voz grave—. Convertiré esta mazmorra en una base de inteligencia. Reuniré información sobre los peleadores locales, las autoridades de Grace, y cualquier posible aliado o enemigo.

Rokugo sonrió.

—Entonces... tú, Alice, yo, F18, F19 y los agentes de confianza iremos a la capital. Haremos un espectáculo digno de un dios.

F18 frunció el ceño.

—¿Espectáculo? ¿No deberíamos atacar directamente?

—No —respondió Alice—. Aquí, la percepción es más poderosa que la fuerza. Queremos que nos vean como salvadores, no como invasores.

F19 cruzó los brazos, con una sonrisa irónica.

—Entonces... fingiremos ser héroes. Qué patético.

—No —dijo Rokugo, con una sonrisa siniestra—. Seremos héroes. Solo que... con contrato de exclusividad.

Al día siguiente, el sol apenas asomaba en el horizonte cuando RokugoAliceF18 y F19 salieron de la base escondida en sus motos blindadas de Kisaragi. El viento frío del desierto azotaba sus rostros, pero Rokugo sonreía.

—Será bueno estar lejos de Grimm un tiempo —dijo, ajustándose las gafas—. Ya me tiene harto con sus celos, sus maldiciones fallidas y su obsesión con nuestro "contrato de boda".

Alice, desde la moto de al lado, respondió sin mirarlo:

—Tu nivel de tolerancia emocional ha disminuido un 43% desde que Grimm llego a este mundo. 

Curioso.

F18, un ex príncipe con cicatrices en el rostro y una mirada perpetuamente sombría, gruñó:

—Calla, Rokugo. No todos tenemos el lujo de haber encontrado amor en tiempos de guerra.

F19, más joven y con alas mecánicas integradas en su espalda, solo sonrió.

—Relájense. Hoy vamos a causar un poco de caos... con estilo.

Horas después, llegaron a las afueras de la capital del Reino Belzerg: una ciudad amurallada, con torres de vigilancia y estandartes ondeando al viento. Pero antes de que pudieran acercarse, un grupo de guardias los detuvo.

—¡Alto! —gritó el capitán, con la espada desenvainada—. Por advertencia de la gobernacion de Axel y orden de la princesa  y el Consejo Real, queda prohibido el paso a cualquier persona con armadura fosforescente, brazaletes extraños o comportamiento sospechoso. ¡Ustedes cumplen los tres!

Rokugo levantó las manos, fingiendo inocencia.

—¡Vaya! Solo somos mercenarios buscando trabajo. ¿Acaso ya no se valora la iniciativa privada?

—¡No me importa! —respondió el guardia—. ¡Lárguense antes de que los arrestemos!

Los agentes se retiraron, pero no sin antes intercambiar una mirada cómplice.

—Bien —dijo Rokugo, una vez fuera de vista—. Si no es por las buenas... será por las malas.

Alice activó su brazalete.

—Canjeando 300 puntos malos... por Sapos Mipyokopyoko 

De un destello, aparecieron seis pequeñas criaturas verdes, con ojos brillantes y venas pulsantes. F19 las examinó con curiosidad.

—¿Estos son los que explotan?

—Sí —respondió Alice—. Inyectados con suero de Titán Colosal del Planeta 407. Al crecer a 2 metros, su metabolismo se vuelve inestable. Explotan en 17 segundos.

F19 sonrió.

—Perfecto. Y como puedo teletransportarme, puedo dejarlos en puntos estratégicos: plazas, mercados, torres... lugares visibles, pero con rutas de escape para civiles.

Alice frunció el ceño.

—¿Teletransportarte? ¿Cómo?

F19 se encogió de hombros.

—Es un don que heredé... o más bien, un accidente. Un día, en mi mundo, usé un artefacto prohibido... y terminé en el patio de Belial. Desde entonces, puedo saltar... pero solo si veo claramente el lugar.

F18, que hasta ese momento había estado en silencio, lo agarró del cuello.

—¡Cállate! —gritó, con los ojos llenos de terror—. ¡No hables de eso! ¡Nunca!

F19 bajó la mirada, avergonzado.

—...Lo siento.

Rokugo los ignoró.

—Hazlo. Pero asegúrate de que el caos sea espectacular... no letal.

Minutos después, en el corazón de la capital, las explosiones comenzaron.

¡BOOM!
Una rana gigante estalló en la plaza del mercado, lanzando escombros pero sin herir a nadie.
¡BOOM!
Otra explotó en la torre del reloj, derribándola con precisión quirúrgica.
¡BOOM!
Una tercera detonó frente al cuartel, forzando a los soldados a evacuar.

Desde una colina cercana, Rokugo y los demás observaban con satisfacción.

—Ahora sí —dijo Rokugo—. Que vean lo que Kisaragi puede hacer... sin siquiera querer destruirlos.

Pero entonces, algo inesperado ocurrió.

Los soldados, que al principio se preparaban para contraatacar, recibieron órdenes de retirada.

Y en su lugar, dos figuras aparecieron.

Dos mujeres.

Ambas con cabello corto, una con una rubia mirada serena con rasgos de la realiza y la otra con una sonrisa traviesa y pelo castaño con piel bronceada. Ambas vestían armaduras ligeras... y equipos de maniobras tridimensionales.  

Rokugo se quedó helado.

—¿Qué...?

Alice escaneó a las recién llegadas.

—Equipos 3D... idénticos a los usados en el Planeta 407. Movimientos tácticos coinciden con el estilo de combate de Snow. Probabilidad de que sean entrenadas por ella: 0.0008%.

Pero lo que realmente desconcertó a Rokugo fue algo más.

—Ellas... saben cómo matar titanes —murmuró—.

Alice

- Rokugo, aqui tambien existen tenedores, ropa y otros inventos, no es raro que haya una tegnologia convergente

En el corazón de la capital de Belzerg, el humo aún se elevaba desde los cráteres dejados por las ranas titán. Pero ya no quedaba ninguna en pie.

Historia y Ymir, con sus equipos de maniobras tridimensionales humeantes y las espadas manchadas de sangre verde, se detuvieron frente a los restos retorcidos de las criaturas. Ambas respiraban con dificultad, no por el esfuerzo... sino por el terror.

—Esto... —murmuró Historia, con la voz temblorosa—... es imposible.

—No son titanes humanos —dijo Ymir, apretando los puños—. Pero tienen la misma regeneración... la misma furia ciega... incluso el mismo olor a carne y vapor 

Historia miró los ojos vacíos de una rana aún palpitante.

—Alguien aquí... ha replicado el Poder del Titán. Pero en animales. ¿Quién podría hacer algo así? ¿Y por qué?

Ymir negó con la cabeza, con una expresión sombría.

—No lo sé... pero si esto se expande... este mundo será peor que Eldia.

Justo entonces, una figura descendió del cielo.

Era F19, sin su armadura de Kisaragi, vestido con una túnica negra rasgada y una máscara de hierro forjada para parecer un cráneo demoníaco. Sus alas mecánicas, ahora recubiertas de humo y ceniza, se desplegaron con dramatismo.

 Sus alas mecánicas, ahora recubiertas de humo y ceniza, se desplegaron con dramatismo

—¡CIUDADANOS DE BELZERG! —gritó, con una voz distorsionada por un modulador—. ¡YO SOY FAUSTO, EL NUEVO REY DEMONIO! ¡EL HEREDERO DE LA DESTRUCCIÓN! ¡TEMEDME!

Historia y Ymir intercambiaron una mirada.

—¿Otro Rey Demonio? —dijo Ymir, con una sonrisa burlona—. ¿En serio?

—No... algo no cuadra —respondió Historia, escaneándolo con sus ojos entrenados—. Ese traje... es tecnología. No magia.

Pero antes de que pudieran actuar, F19 los atacó.

Con una velocidad que ni siquiera los Ackerman habrían esperado, F19 esquivó sus cuchillas, rompió uno de los cables del equipo 3D de Historia y lanzó a Ymir contra una torre de piedra. El impacto hizo temblar el suelo... pero ninguno de los dos murio

Desde una colina cercana, Rokugo observaba con una sonrisa satisfecha.

—Perfecto. El falso Rey Demonio está causando el caos perfecto. Ahora, cuando lleguemos como "salvadores", nos contratarán como protectores... y luego, como gobernantes.

Alice, a su lado, ajustaba su terminal.

—F19 ha destruido 14 edificios, pero ha evitado zonas con civiles. Incluso derribó una puerta de cuartel para evitar que más soldados salieran. Está actuando... con ética.

—Claro —dijo Rokugo—. Porque si mata a alguien, Astaroth me arranca la piel. Pero si solo simula destrucción... es arte.

F18, con los brazos cruzados y el ceño fruncido, gruñó:

—Esto es ridículo. Yo debería estar luchando contra él... no fingiendo.

—Exacto —dijo Rokugo—. Así que hazlo real. Pero no lo mates. Solo... haz que parezca que lo vencimos.

F18 asintió... pero con una chispa de resentimiento en los ojos.

Minutos después, Rokugo, Alice y F18 irrumpieron en la plaza central.

—¡Detente, falso ! —gritó Rokugo, con su motosierra encendida—. ¡Tu reinado termina aquí!

F19 se giró, y por un instante, su postura se quebró. Pero recuperó el personaje.

—¡JA! ¿Quiénes son ustedes para desafiarme?

F18 no respondió. Solo atacó.

Y esta vez... no fingió.

Con una furia contenida durante años de esclavitud en Kisaragi, F18 golpeó a F19 con una fuerza brutal. Le rompió una costilla. Le arrancó un trozo del ala. Le lanzó contra el suelo con tanta violencia que el pavimento se agrietó.

F19 jadeó, sangrando.

—¡F18... basta! —gritó, con su voz real asomando entre la máscara—. ¡Esto no es parte del plan!

Pero F18 no escuchó. Siguió golpeando, como si descargara toda su rabia en el cuerpo de su compañero.

Rokugo frunció el ceño.

—Maldita sea... esto se está saliendo de control.

Finalmente, F19, incapaz de soportar más, desapareció en un destello de luz.

Teletransportación.

Silencio.

Y entonces, ella apareció.

Desde el palacio real, con paso firme y mirada de acero, la Princesa Iris avanzó hacia la plaza. A sus 40 años, su cabello dorado aún brillaba bajo el sol, y su porte era tan imponente que hasta los soldados heridos se pusieron de rodillas.

Rokugo la miró...  calcula su edad, notando que, a pesar de sus años, aún conserva una belleza digna de una noble. Si no fuera por su misión, podría pensar que es pariente de Darkness, y si Alice fuera humana, hasta podría imaginarla como su abuela.

Desde su escondite, Alice observa a la princesa y decide presentarse.

La princesa, alzando la voz, exige una presentación formal de quienes han osado invadir su tierra.

—Ustedes... —dijo, con una voz que cortaba como una espada—. Llegaron con ropas extrañas, armas que no pertenecen a este mundo... y trajeron monstruos a mi ciudad. Atacaron a mis soldados. Destruyeron mis calles.

Señaló los escombros.

—Axel nos advirtió sobre ustedes. Dijeron que eran invasores 

Miró a Rokugo directamente.

—¿Quiénes son? ¿Y qué quieren aquí?

Rokugo abrió la boca para responder... pero Alice se adelantó.

Con un movimiento suave, bajó la mirada, juntó las manos frente a su pecho y adoptó una expresión de inocencia absoluta.

—Por favor... no nos juzgue por lo que ve —dijo, con una voz temblorosa—. Somos solo viajeros... perseguidos por fuerzas que no entendemos. Queríamos ayudar... pero todo salió mal.

Rokugo casi sonrió.

Ahí va otra mentira perfecta.

Pero Iris no parecía convencida.

—¿Ayudar? —repitió, con escepticismo—. ¿Destruyendo mi ciudad?

Alice levantó los ojos, con lágrimas falsas brillando en ellos.

—El verdadero enemigo... todavía está afuera.

Y en lo alto del cielo, una nube oscura comenzó a formarse.

Como si el mundo supiera que la verdadera guerra apenas comenzaba.

La Princesa Iris se mantuvo firme, con la espalda recta y los ojos brillando con una mezcla de autoridad y tristeza.

—Váyanse —dijo con voz clara—. No quiero más caos en mi ciudad. No después de lo que acaba de pasar.

Pero antes de que Rokugo pudiera responder, Alice dio un paso al frente, con las manos entrelazadas y una expresión de inocencia tan perfecta que incluso Grimm habría jurado que era real.

—Por favor, Su Alteza... permítanos explicarnos.

Iris frunció el ceño, pero asintió.

—Habla. Pero elige bien tus palabras.

Alice bajó la mirada, como si estuviera avergonzada.

—Somos viajeros... de un reino muy lejano. Tan lejano que ni siquiera está en sus mapas. Nuestro hogar fue destruido por una guerra civil... y fuimos exiliados. Desde entonces, solo buscamos un lugar donde vivir... y trabajar.

Historia, que hasta ese momento había estado en silencio, cruzó los brazos.

—¿Un reino "muy lejano"? ¿Más allá del Mar de las Nieblas? ¿O más allá del planeta?

Alice titubeó... por primera vez.

—Más allá... de las estrellas.

Ymir soltó una risa seca.

 —Ah, claro. 

 vienes de otro mundo.

El silencio se volvió denso.

Alice respiró hondo... y mintió de nuevo.

—No... no es otro mundo. Es solo... un reino aislado. Con tecnología avanzada. Nos criaron con máquinas, no con fuego. Por eso... parecemos extraños.

Iris la miró fijamente. Luego, sus ojos se suavizaron.

—Eres... igual a como yo era de joven. Mis ojos, mi rostro... incluso esa forma de hablar. Es como mirar un espejo del pasado.

Alice bajó la cabeza.

—Lo siento... no fue mi intención causar problemas.

—No lo hiciste tú —dijo Iris, con voz más suave—. Fue ese... "Rey Demonio"

—En Axel intentaron Ahorcarme, puede preguntar sobre eso.

... intentaron ahorcarte. A una niña.

Alice aprovechó el momento.

—Entonces... ¿nos permitirá quedarnos? Solo para reparar lo que se rompió. No pedimos tierras, ni títulos... solo permiso para trabajar. En el gremio, en la construcción, donde sea útil.

Iris suspiró.

—Está bien. Pero estaré vigilándolos. Si resulta que ustedes traen monstruos, falsos reyes o caos... los expulsaré sin piedad.

Alice hizo una reverencia perfecta.

—Gracias, Su Alteza. No se arrepentirá.

Tras terminar lo acordado

Rokugo, Alice y F18 regresaban caminando a la mazmorra-base 

, con el polvo de la capital aún en sus botas. F19 los esperaba en la entrada, con los brazos cruzados y una expresión de fastidio.

—¿Y bien? ¿Nos dejan vivir o nos fusilan al amanecer?

—Peor —dijo Rokugo—. Nos dieron permiso para trabajar. Lo que significa que tendremos que fingir ser ciudadanos modelo.

F19 bufó.

—Genial.

Pero antes de que pudieran entrar, una voz chillona los detuvo.

—¡Rokugo! ¡Me dejaste sola otra vez!

Grimm apareció en su silla de ruedas, con los ojos llenos de furia... y alivio.

—¡Iba a maldecirte hasta que te convirtieras en un sapo! —gritó, pero su expresión cambió al ver a F18 y F19.

Se quedó helada.

—¿Tú...? —miró a F18 con los ojos entrecerrados—. ¿Príncipe Kuz? ¿Qué haces aquí?

F18 palideció. Retrocedió un paso.

—No... no soy quien crees. Ese nombre murió hace años.

Grimm giró hacia F19... y su rostro se endureció.

—Y tú... Faustress del Viento. El cuarto selecto de Lord Demonio. Desapareciste en la Batalla de las Tormentas... junto con... el principe

F19 apretó los puños, pero negó con la cabeza.

—Ese no soy yo. Faustress murió. Yo soy F19, agente de Kisaragi.

Grimm lo miró de arriba abajo... y se fijó en sus alas. Ya no eran de carne y hueso, ni de energía demoníaca. Eran mecánicas, con circuitos visibles y articulaciones de acero.

—Han reemplazado tus alas... tus cuernos... hasta tu voz. —Su voz tembló—. Los han convertido en cyborgs.

Rokugo, que hasta ese momento había estado en silencio, soltó una risa seca.

—Es como cuando compras un contrato y no lees la letra pequeña. Piensas que firmas por libertad... y terminas siendo propiedad de una corporación interestelar.

Grimm miró a ambos con tristeza.

—Están completamente adoctrinados. Han olvidado quiénes eran. Han olvidado cómo era vivir... sin trabajar para Kisaragi.

En ese momento, una voz femenina y juguetona sonó desde el comunicador de Rokugo.

Alice Simulando -

—Despertabas a las 4 a.m. para rezar a dioses que no respondían.
—Comías gachas de avena con gusanos.

—Y si tenías suerte, morías en batalla antes de los 30.

Grimm se quedó en silencio.

Rokugo sonrió.

—Ves, Grimm...

F18 bajó la mirada. F19 apretó los dientes. Pero ninguno los negó.




Minutos después, en la sala central de la mazmorra, Rokugo y los agentes de Kisaragi analizaban la situación.

El ingeniero de Kisaragi les explicó que, aunque la mazmorra había sido rediseñada para convertirse en una fortaleza casi impenetrable, todavía no estaba completamente terminada y, lo peor de todo, no habían hecho pruebas de resistencia.

Ingeniero de Kisaragi: —Se supone que esta fortaleza resistiría ataques mágicos y físicos de alto nivel, pero... bueno, todavía no hemos terminado

ni probado el sistema de autodefensa.

Rokugo se frotó las sienes con frustración.

En la mazmorra reconvertida en cuartel general, el Hombre Panda desplegó un mapa holográfico del Reino de Belzerg sobre la mesa central. Sus ojos, fríos y calculadores, recorrieron cada provincia, cada ciudad, cada ruta comercial.

—Tenemos agentes infiltrados en AxelBeldTorren y Lunareth —dijo con voz grave—. No van armados, no usan armaduras fosforescentes. Se registran como aventureros comunes, aceptan misiones menores... y poco a poco, ganan confianza.

Rokugo, recostado contra la pared con una taza de té verde que el Hombre Panda le había obligado a beber ("es bueno para el equilibrio interno, jovenzuelo"), sonrió con malicia.

—Perfecto. Entonces hagamos lo mismo que Hiiragi intentó en el Planeta 407: ser los héroes mientras los verdaderos gobernantes se vuelven los villanos.

Alice, desde su terminal, asintió.

—Estrategia validada. En el Planeta 407, Hiiragi usó sabotajes encubiertos, rumores y falsos ataques para erosionar la autoridad de Grace. Fracasaron... pero solo porque nosotros estábamos allí primero.

—Exacto —dijo Rokugo, poniéndose de pie—. Esta vez, nosotros somos los que escribimos la historia.

Días después, en la ciudad de Beld, un grupo de cinco "aventureros" se registró en el gremio local. Vestían ropas sencillas, portaban armas comunes y sonreían con humildad. Nadie sospechó que eran agentes de Kisaragi.

Comenzaron con lo básico:

Rescataron gatos de árboles.Escoltaron caravanas sin cobrar extra.Repararon puentes colapsados... gratis.

Pero de noche, todo cambiaba.

Con drones silenciosos y homógrafos programados, simulaban ataques del "Rey Demonio Fausto":

Incendiaban almacenes del gobierno.Dejaban mensajes amenazantes en las murallas.Saboteaban los sistemas de riego... y luego Kisaragi los arreglaba.

Los ciudadanos empezaron a murmurar:

"El Gremio no hace nada... pero esos nuevos aventureros sí."
"¿Por qué el alcalde no actúa contra Fausto?"
"Kisaragi debería gobernar... al menos ellos hacen algo."

En Grace

Cuando un grupo de agentes llegó al Gremio de Belzerg para registrarse, fueron recibidos con miradas frías y formularios interminables.

—La Princesa Iris nos permitió quedarnos... para trabajar, no para tomar el control —dijo Alice, con una sonrisa dulce que ocultaba su furia—. ¿Acaso no leyeron su decreto?

El recepcionista palideció.

—S-sí... pero... las órdenes de la Gobernadora son claras: ningún grupo sospechoso puede operar sin supervisión.

Rokugo soltó una risa seca.

—Ah, sí. "Darkness". Qué original.

Alice ya había estudiado cada ley, cada reglamento, cada cláusula del código civil del reino. Y cada vez que Darkness intentaba bloquearlos —negándoles permisos, confiscando materiales, denunciándolos por "actividades sospechosas"—, Alice presentaba una apelación legal impecable.

—Artículo 47, Sección 3: "Todo ciudadano extranjero con estatus de refugiado tiene derecho a ejercer oficios manuales sin restricción".
—Cláusula 12-B: "La protección de civiles en zonas de conflicto no requiere autorización previa".

Darkness se estaba volviendo loca.

Pero no todo salía según lo planeado.

El Hombre Panda revisó los informes con el ceño fruncido.

—Los reinos vecinos no se pelean. Comercian, intercambian recursos, incluso celebran festivales conjuntos. No hay tensiones... ni siquiera rumores de traición.

Rokugo se frotó la barbilla.

—Entonces... crearemos la tensión.

Ordenó a sus agentes que:

Falsificaran cartas de Beld acusando a Lunareth de espionaje.Robaran suministros de Torren y los dejaran en la frontera de Axel.Difundieran rumores de que la Princesa Iris planeaba anexar ciudades menores.

Pero falló.

Los reinos, en lugar de pelearse, se unieron. Formaron una alianza defensiva... y pusieron a Kisaragi en la mira.

Mientras tanto, en el corazón de la capital, Kisaragi abrió su "Embajada Provisional".

No tenía permiso oficial.
No estaba aprobada por la corona.
Pero sí tenía un letrero brillante, una bandera negra con el logo de Kisaragi... y una recepción abierta las 24 horas.

—Ofrecemos:

Seguridad privada.Reparaciones urbanas.Asesoría en defensa contra "amenazas sobrenaturales".Y café gratis los martes.

Los aventureros locales odiaron la competencia.

—¡Antes teníamos trabajo! —gritó uno en la plaza—. ¡Ahora Kisaragi lo hace todo en media hora y cobra menos

—Exacto —murmuró Rokugo, desde la ventana de la embajada—. Quédense sin trabajo... y luego pidan que los contratemos.

Pero Darkness no se rendía.

Usó su influencia para:

Prohibir la venta de materiales a Kisaragi.Denunciarlos por "uso no autorizado de tecnología sospechosa".Incluso intentó expropiar su edificio.

Pero Alice ya tenía la respuesta.

—Según el Tratado de Refugiados Interplanetarios, firmado en secreto por la Princesa Iris tras el "incidente de la horca", Kisaragi tiene derecho a propiedad inalienable mientras no cometa actos de guerra.

Darkness rompió una taza de porcelana.

—¡Son invasores disfrazados de benefactores!

—Y usted es una gobernadora que no puede probarlo —respondió Alice, con una sonrisa glacial.

Esa noche, en la embajada, Rokugo bebió sake con el Hombre Panda.

—Estamos ganando... pero lentamente —dijo Rokugo—. Darkness es más astuta de lo que pensaba.

El Hombre Panda asintió, sirviéndose otra taza.

—Pero tú tienes algo que ella no: paciencia para ser un caos.

Rokugo rió.

—Y puntos malos para quemar.

En lo alto del edificio, un dron silencioso grababa la ciudad.
Mientras tanto, en las sombras, un nuevo mensaje se escribía en las paredes:

"Fausto vuelve. ¿Están listos?"

Y nadie sabía que Fausto no existía...
solo era el fantasma que Kisaragi usaba para destruir reinos desde dentro.

La embajada de Kisaragi ya no era solo un edificio. Era un símbolo.

Con sus paredes de acero pulido, sus cristales que brillaban sin fuego y su bandera negra ondeando sobre la plaza central, la ciudad de Belzerg había aceptado —a regañadientes— que Kisaragi no se iría. Pero la paz era frágil... y Rokugo odiaba la paz.

—Darkness nos ha estado saboteando desde el primer día —dijo Rokugo, mientras revisaba los informes legales que Alice había desmontado uno por uno—. Ha bloqueado permisos, ha denunciado "actividades sospechosas", e incluso intentó que nos expulsaran por "vender café sin licencia".

El Hombre Panda, sentado frente a él con una taza de té humeante, asintió.

—Entonces... es hora de recordarle quién controla la narrativa.

Rokugo sonrió.

—F19. Tienes una nueva misión.

F19, que estaba reparando sus alas mecánicas en un rincón, levantó la vista con desconfianza.

—No. Ya sé lo que vas a decir. Y no.

—Ataca la Gobernación —ordenó Rokugo—. Como Fausto, el Rey Demonio. Quema los archivos, rompe las puertas, deja un mensaje: "La paz es una mentira".

F19 negó con la cabeza.

—Eso es ridículo. Si yo fuera un verdadero Lord Demonio, nunca atacaría una aldea tan lejana y pacífica. No hay gloria, no hay recursos, no hay nada. Solo caos innecesario.

—Exacto —dijo Rokugo—. Por eso es perfecto. Nadie creerá que un verdadero demonio haría esto... excepto Darkness. Y ella sí lo creerá.

F19 suspiró, derrotado.

—...Está bien. Pero si alguien muere, me niego a seguir con este teatro.

—Nadie morirá —prometió Rokugo—. Solo... daño colateral controlado.

Esa noche, la Gobernación ardió.

Las llamas  de plasma de bajo impacto, diseñadas para destruir papeles y madera,  

 Las ventanas estallaron. Las puertas se derrumbaron. Y en el centro de la plaza, una figura con máscara de cráneo y alas mecánicas gritó:

—¡FAUSTO HA VUELTO! ¡LA PAZ ES DEBILIDAD! ¡LA FELICIDAD, ILUSIÓN!

Darkness no tardó en aparecer.

Con su armadura pesada y su espada desenvainada, se lanzó contra F19 con una furia que rayaba en lo sobrehumano.

—¡MONSTRUO! ¡TE HARÉ PAGAR POR ESTO!

Pero sus golpes rebotaban. F19 ni siquiera se movía. Solo esquivaba... y observaba.

—Eres fuerte —dijo F19, con voz distorsionada—. Pero no eres un demonio. No eres un titán. Solo... una humana con complejos.

Entonces, algo cambió.

Un rugido sacudió la ciudad.

De entre las sombras, Eren Jaeger emergió... en su forma titán Sus brazos gigantescos, sus músculos palpitantes, su mirada llena de ira ancestral.

—¡TÚ! —gritó Eren—. ¡Eres como los que destruyeron mi mundo!

F19 lo reconoció al instante.

—Un titán... pero consciente.

No dudó. Atacó como lo haría contra cualquier bestia: buscando la nuca, esquivando golpes, usando su velocidad sobrehumana. Pero Eren cristalizo su nuca. 

rugió Eren, atrapando a F19 en un agarre brutal.

F19, sangrando, activó un hechizo de emergencia: ráfaga de energía mágica pura

. El impacto hizo retroceder a Eren, dejando quemaduras en su piel regenerativa.

—Los titanes... son vulnerables a la magia —murmuró F19.

Pero no esperó a confirmarlo. Con un destello, se teletransportó... dejando solo humo, escombros... y una ciudad aterrorizada.

Al día siguiente, la embajada de Kisaragi abrió sus puertas al comercio.

—Ofrecemos:

Linternas solares.Purificadores de agua.Estufas de inducción.Y un sistema de alarma que detecta "presencia demoníaca" (falso, pero suena bien).

Los ciudadanos, aún conmocionados por el ataque de Fausto, compraron todo.

—Es tecnología milagrosa —decían—. ¡Kisaragi nos protege!

Rokugo, desde su oficina, contaba puntos malos.

+850 PUNTOS MALOS ADQUIRIDOS
Motivo: Destrucción simbólica de institución gubernamental + manipulación psicológica de población civil.

En la sala de estrategia, el Hombre Panda presentó un nuevo informe.

—Una mujer se ha autoproclamado Reina Demonio Komeko en las tierras del norte. No es reconocida por ningún reino... pero ha oído hablar de Fausto. Lo considera su rival cósmico.

Rokugo se rió.

—Perfecto. Entonces Fausto necesita un ejército.

Ordenó que agentes demonios (ex seguidores de Viper) fueran enviados al norte. Expulsaron a los pocos habitantes de un valle remoto, construyeron un castillo gótico prefabricado (canjeado con puntos malos), y lo llenaron de estandartes negros con el símbolo de Fausto.

F19, al ver los planos, palideció.

—Esto... esto es una burla. Están convirtiendo mi nombre en una farsa.

—No —dijo Rokugo—. Lo están convirtiendo en un mito.

Mientras tanto, el Hombre Panda ya planeaba el siguiente paso.

—El Reino de Belzerg está unido... por ahora. Pero históricamente, las guerras civiles nacen de rumores.

Mostró un mapa antiguo.

—Hace 300 años, el norte se rebeló por impuestos. Hace 150, el oeste se separó por religión. Y hace 50, el este casi destruyó la capital por una disputa de agua.

Rokugo entendió.

—Entonces... creamos un rumor. Que el sur está conspirando con Fausto. Que el norte esconde armas titánicas. Que el este planea invadir el oeste.

Alice, desde su terminal, ya generaba falsos documentoscartas interceptadas y testimonios anónimos.

—En tres semanas —dijo—, habrá tensión abierta. En seis, conflicto armado. Y en nueve... Belzerg será un protectorado de Kisaragi.

Rokugo bebió sake, satisfecho.

En la sala de estrategia de la Embajada de Kisaragi, el Hombre Panda desplegó un nuevo informe sobre la mesa central. Las luces parpadearon mientras los datos se proyectaban en el aire.

—Hemos completado el perfil de amenazas del Reino de Belzerg —dijo, con voz grave—. Entre los más peligrosos de este reino esten la Princesa Iris y Eren Jaeger, residente retirado... pero aún activo.

Rokugo, que hasta ese momento había estado jugando con un dron en miniatura, levantó la vista al escuchar el nombre.

—¿Eren? ¿El viejo borracho de la taberna?

—El mismo —dijo Alice—. Sus registros indican que derrotó al Rey Demonio local, hace dos decadas

Rokugo soltó una risa seca.

—No me importa si es el mismo o no. Si ya está retirado, no es una amenaza. Que se quede con su cerveza y sus recuerdos.

El Hombre Panda asintió.

—Correcto. Nuestra prioridad es neutralizar a Iris y Darkness... y crear nuevos héroes que nos sirvan de pantalla.

Días después, en las calles de la capital, carteles con el rostro de F18 comenzaron a aparecer.

"¡EL HÉROE DEL CIELO HA LLEGADO!"
"F18: El Guerrero Estelar que Protege Belzerg"
"Donado por Kisaragi para su seguridad"

F18, con su armadura pulida y su mirada seria, recorría la ciudad aceptando flores, firmando autógrafos y "rescatando" 

todo bajo la supervisión de agentes de Kisaragi disfrazados de civiles.

—Esto es humillante —murmuró F18, mientras una niña le ponía una corona de margaritas—. Yo era un príncipe. Ahora soy... un payaso.

—Y un payaso muy rentable —respondió Rokugo desde las sombras—. Mientras crean que eres su salvador, no sospecharán de nosotros.

Mientras tanto, Grimm tenía su propia misión: restaurar santuarios de Regina.

Con una mochila llena de velas, inciensos y pergaminos sagrados, recorrió el reino en su silla de ruedas de combate. Pero cada templo que encontraba estaba en ruinas, saqueado o convertido en posada.

—¡No queda nada! —gritó, desesperada, frente a lo que alguna vez fue un altar—. ¡Regina ha sido olvidada!

Derrotada, decidió tomar una decisión drástica: fundar su propia iglesia de Zenarith en Axel.

Pero el intento fue un desastre.

Los seguidores de Eris la llamaron hereje. Los de Axis la acusaron de promover "una secta de muertos vivientes". Incluso los ateos la insultaron por "traer superstición a una ciudad moderna".

Pronto, Axel se dividió en dos bandos:

"Axis vs Zenarith": carteles, pintadas, debates en la plaza... y peleas callejeras entre sacerdotisas.Grimm, con los ojos llenos de lágrimas, gritaba desde su púlpito improvisado:
—¡Zenarith es la verdadera diosa de la No-Muerte! ¡No como esa farsante de Aqua!

La campaña se volvió tan sucia que hasta Darkness tuvo que intervenir... y prohibió cualquier culto "no registrado".

Grimm quedó sola... otra vez.

Meses pasaron.

Kisaragi se consolidó. La embajada se convirtió en un centro de comercio, seguridad y propaganda. Los puntos malos fluían. Las misiones se completaban. Y el plan de Rokugo avanzaba... lentamente.

Pero según el protocolo de Kisaragi, una ejecutiva debía visitar el planeta cada seis meses para evaluar el progreso.

—Lilith se negó —dijo Alice, revisando los mensajes—. Dice que "prefiere morir antes que volver a un mundo sin Wi-Fi".

—Belial tampoco quiere venir —añadió el Hombre Panda—. Dice que "ya tuvo suficiente drama con demonios y titanes".

Así que, con un suspiro de resignación... Astaroth llegó.

Astaroth descendió del teletransportador con el ceño fruncido, los brazos cruzados y una mirada que prometía castigo.

—Rokugo —dijo, con voz helada—. Espero que tengas una muy buena excusa para no haber conquistado este mundo aún.

Rokugo, con una sonrisa forzada, se inclinó exageradamente.

—¡Bienvenida, Ejecutiva Suprema! Permíteme mostrarte lo que hemos logrado...

Pero Astaroth no lo escuchó. Se detuvo en medio del campo... y miró al horizonte.

El sol brillaba. El aire olía a hierba fresca. Los pájaros cantaban. Y en lo lejos, las montañas se recortaban contra un cielo azul perfecto.

—...Esto es... paradisíaco —murmuró, con los ojos abiertos como una niña.

Durante tres días, Astaroth ignoró el informe. Caminó por los bosques, nadó en los ríos, comió frutas silvestres y hasta durmió bajo las estrellas.

—En el Tercer Planeta... ya no hay cielos así —dijo una noche, sentada junto a la fogata—. Solo smog, ruinas y gritos.

Rokugo no dijo nada. Por primera vez, vio a Astaroth... como humana.

Al cuarto día, Astaroth regresó a la embajada.

—Está bien —dijo, con voz firme—. He revisado sus operaciones. Son... aceptables.

Rokugo respiró aliviado.

—Entonces... ¿nos das más tiempo?

Astaroth lo miró... y sonrió. Una sonrisa fría, calculadora.

—No. Les aumento la prioridad.
Este mundo... es demasiado hermoso para dejarlo en manos de monarcas incompetentes.

Rokugo palideció.

—¿Qué?

—Quiero que Belzerg sea nuestro en un año —dijo Astaroth Y con eso, desapareció en un destello.

Esa noche, en la embajada, Rokugo bebió sake en silencio.

Grimm, con los ojos tristes, se acercó.

—¿Y ahora qué?

Rokugo miró el cielo estrellado... el mismo que Astaroth había admirado.

—Ahora...
dejamos de fingir que somos los buenos.

 Los meses habían sido un éxito rotundo... y un desastre silencioso.

Kisaragi había monopolizado las misiones del Gremio de Aventureros en Belzerg, Beld, Torren y Axel. Cada contrato —desde rescatar gatos hasta escoltar caravanas— era completado en tiempo récord, con eficiencia sobrehumana y sin cobrar más de lo estrictamente necesario. Los ciudadanos los amaban. Los nobles los toleraban.

Pero los aventureros profesionales... los odiaban.

—¡Antes teníamos trabajo! —gritaba un veterano en la plaza, con su espada oxidada en alto—. ¡Ahora Kisaragi lo hace todo! ¡Hasta limpian letrinas gratis!

—¡Son invasores disfrazados de benefactores! —añadía otro, con los ojos llenos de rabia—. ¡Primero nos quitan el pan... luego nos quitarán el reino!

Y entonces, como si el destino quisiera darles una última esperanza... apareció Vanir.

Vanir, un demonio de traje elegante, sonrisa encantadora y una lengua más afilada que cualquier espada, llegó  con una propuesta:

—Inviertan en Kisaragi —dijo, con voz seductora—. No como enemigos... sino como socios.
—Compre acciones en nuestras misiones.
—Adquiera tierras en la Ciudad Escondida.
—Gane dividendos por cada contrato completado.

Los aventureros, desesperados, mordieron el anzuelo.

Y funcionó.

Durante tres meses, Kisaragi no solo tuvo fondos ilimitados, sino legitimidad social. Incluso algunos ex mercenarios se convirtieron en "consultores de seguridad" de la corporación.

Pero el precio fue alto.

La gentrificación se aceleró.
Las misiones ya no eran para héroes... sino para empleados.
Las tierras que antes eran de pastores o aldeanos, ahora tenían vallas de acero y drones de vigilancia.

Y el rechazo... creció en silencio.

En la embajada de Kisaragi, Rokugo revisaba los informes con el ceño fruncido.

—Las protestas aumentan —dijo Alice, proyectando hologramas de multitudes en las calles—. Ya no son solo aventureros. Ahora son campesinos, artesanos, incluso sacerdotes.

—¿Y los rumores? —preguntó el Hombre Panda, sirviéndose té.

—Nada —respondió Rokugo, con fastidio—. Dijimos que Fausto era un espía de Hiiragi. Que los incendios eran sabotajes externos. Que las explosiones eran "accidentes técnicos".
—Pero nadie lo cree.
—Porque no encaja.
—Demasiado caos... demasiado conveniente.

F19, desde un rincón, murmuró:

—Tal vez porque la gente lo siente.

Grimm, que hasta ese momento había estado jugando con su silla de ruedas mejorada, levantó la vista.

—Entonces... ¿qué hacemos? ¿Nos vamos?

Rokugo soltó una risa seca.

—¿Irnos? Después de todo este trabajo?
—No.
—Vamos a distraerlos.

Días después, la ciudad despertó con carteles brillantes en cada esquina:

¡GRAN DESFILE DE KISARAGI!
¡Celebremos la paz, la tecnología y el progreso!
¡Entrada gratuita! ¡Refrescos incluidos!

La gente, escéptica al principio, no pudo resistirse.
¿Refrescos? ¿En plena sequía?
¿Música? ¿En una ciudad donde hasta los bardos habían sido reemplazados por drones?

El día del desfile, la plaza central se llenó.

Y entonces... empezó el espectáculo.

Primero, F18 en su armadura dorada, montado en una moto flotante, saludando como un príncipe caído del cielo.
Luego, Grimm en su silla de ruedas de combate, lanzando fuegos artificiales de Zenarith (que en realidad eran drones de vigilancia disfrazados). 

Y finalmente... el Destructor.

No uno.
Cuatro.

Tres nuevos, ensamblados en secreto en los niveles subterráneos de la mazmorra con sus patas arácnidas golpeando el suelo al ritmo de una marcha militar disfrazada de música festiva.  

Mientras tanto, en la embajada, Rokugo bebía sake con el Hombre Panda.

—¿Funcionará? —preguntó el Hombre Panda.

—No —respondió Rokugo—. Pero nos dará tiempo.
—Mientras creen que somos payasos con robots...
—Nosotros terminamos de armar el arma final.

Alice, desde su terminal, añadió:

—Los investigadores ya han vinculado a Fausto con F19.
—Las pruebas circunstanciales son abrumadoras.
—En dos semanas, tendrán una orden de arresto.

Rokugo sonrió.

—Entonces... que vengan.
—Que vean lo que pasa cuando intentas detener a Kisaragi.

 Había pasado un año desde la llegada de Rokugo a Belzerg.

 Y ahora, Aqua estaba de vuelta.

Con su vestido azul brillante, su collar de perlas y una sonrisa que ocultaba décadas de experiencia, entró en la taberna donde Eren Jaeger bebía en silencio, como siempre.

—¡Eren! —exclamó, sentándose sin permiso—. ¡Vine a ver cómo va la guerra!

Eren ni siquiera levantó la vista.

—No hubo guerra.

Aqua parpadeó.

—¿Qué?

—No explotó nada —dijo Eren, con voz cansada—. No hubo batallas campales, no hubo invasión abierta. Kisaragi no atacó... se infiltró.

Aqua frunció el ceño.

—¿Cómo?

—Primero, fingieron ser víctimas —explicó Eren—. Cuando Darkness intentó expulsarlos, ellos lloraron ante la corte, dijeron que eran perseguidos por "fanatismo religioso". La gente los compadeció.

—Luego, se hicieron pasar por aventureros modelo —continuó—. Completaban misiones en minutos, regalaban comida, reparaban puentes... hasta que no quedó trabajo para nadie más.

—Y después... —Eren bebió un trago largo—... entraron en comercio, agricultura, minería, banca. Dondequiera que había dinero, había un agente de Kisaragi con una sonrisa y un contrato.

Aqua palideció.

—Pero... ¿y la resistencia?

—Hubo intentos —dijo Eren—. Algunos caudillos del sur intentaron expulsarlos. Pero Kisaragi ya tenía alcaldes, jueces, incluso generales del ejército real en su nómina.

—¿Y Darkness? ¿Iris?

Eren suspiró.

—Hay rumores... de corrupción. De sobornos. De que Iris aceptó "donaciones" para "proyectos de reconstrucción"... que nunca existieron.

Aqua se llevó las manos a la cabeza.

—¡Esto es peor que una guerra! ¡Esto es una colonización silenciosa!

—Exacto —dijo Eren—. Y lo peor... es que funcionó.

Mientras tanto, en la frontera norte, algo se derrumbaba.

Vanir, el demonio que había convencido a medio reino de invertir en Kisaragi, vendió todo. Y luego... desapareció.

Sin despedidas. Sin explicaciones. Solo una nota en la puerta de su mansión:

"Gracias por el dinero. Fue un placer 

 Los inversores entraron en pánico.

Los mercados se desplomaron.
Y en medio del caos, Kisaragi compró todo a precio de ganga.

Pero el verdadero desastre vino del este.

En la ciudad de Veldor, un caudillo popular intentó expulsar a los agentes de Kisaragi. El pueblo lo apoyó. Las calles se llenaron de gritos: "¡Fuera invasores!".

Rokugo, en un arrebato de arrogancia, ordenó una revuelta falsa: agentes disfrazados de ciudadanos quemaron graneros, acusaron al caudillo de traición... y esperaron que el caos los beneficiara.

Pero el pueblo no cayó en la trampa.

Al contrario.

Se unieron.
Tomaron armas.
masacraron a los agentes de Kisaragi en las calles.

Rokugo apenas escapó con vida. Alice tuvo que teletransportarlo a la base, con heridas de cuchillo y una expresión de humillación que nadie le había visto antes.

Días después, una carta sellada con el escudo real llegó a la embajada de Kisaragi.

"Rokugo. Alice.
Presentarse en la capital.
Inmediatamente."

—Princesa Iris

En el salón del trono, Iris los esperaba. Ya no vestía con elegancia. Llevaba armadura ligera, y sus ojos estaban marcados por el cansancio de la guerra política.

—Pensé que serían más inteligentes —dijo, sin preámbulos—. Pensé que, al menos, no serían tan torpes.

Rokugo intentó sonreír.

—Su Alteza, todo esto fue obra de Fausto. Él actúa por su cuenta. Nosotros solo...

—¡Basta! —gritó Iris, golpeando la mesa—. Fausto no existe. Y ustedes lo saben.

Hizo una pausa, y su voz se volvió helada.

—He tenido que sofocar tres revueltas en mi propia capital. Ciudadanos quemando edificios de Kisaragi. Nobles exigiendo mi renuncia por "colaborar con invasores".
—Y todo... porque ustedes

Alice, imperturbable, intervino:

—Entonces, ¿qué propone?

Iris se puso de pie.
Y con una voz que resonó en todo el salón, declaró:

Guerra.
—A partir de hoy, el Reino de Belzerg declara formalmente la guerra a la Corporación Kisaragi.
—Sus embajadas serán cerradas. Sus agentes, arrestados o expulsados.
—Y si resisten... serán tratados como enemigos del reino.

Rokugo palideció.

 gritó Iris—. ¡Que venga con sus armas y sus mentiras!

Este mundo no es suyo para comprar.

 Al salir del palacio, Rokugo miró el cielo nublado.

—Esto... no era parte del plan.

Alice ajustó su brazalete.

—Corrección: nunca hubo un plan. Solo caos con presupuesto.

Rokugo suspiró.

—Entonces... que comience la verdadera invasión.



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