Rokugo en SNK Cap 8 Version 2025

 Viper, estaba presentando varias propuestas para el diseño y funcionamiento de la futura ciudad que planeaban construir en el desierto. Alice supervisaba cada detalle con su habitual precisión robótica, asegurándose de que todas las ideas fueran viables.

Grimm, sentada en su silla de ruedas mientras escuchaba las propuestas de Viper, rápidamente comenzó a mostrar su descontento. Cuando Viper mencionó la idea de ofrecer educación gratuita para niños y otros programas sociales, Grimm no pudo contenerse.

—¡¿Educación gratuita para niños?! —gritó Grimm, cruzándose de brazos—. ¿Y qué han hecho esos mocosos por mí?, ¿por qué mi dinero tiene que mantener a hijos de otros?

Viper, siempre calmado, respondió sin inmutarse.
—El presupuesto no es un problema, Grimm. Y según nuestras proyecciones, una vez que el Rey de Arena sea derrotado permanentemente, habrá un aumento significativo en la natalidad. Esto significa que necesitaremos una población educada y saludable para sostener el crecimiento de la ciudad.

Grimm bufó, claramente insatisfecha.
—Pues que trabajen ellos mismos para conseguir su educación. Yo no pedí ser parte de esto.

Rokugo, quien había estado distraído jugando en su Game Boy, decidió interrumpir la discusión. Levantó la vista de su juego y miró a Viper con curiosidad.
—Oigan, antes de que sigan discutiendo sobre niños y presupuestos... Viper, ¿sabes cómo resolver este acertijo de mi videojuego? Estoy atascado.

Viper arqueó una ceja, visiblemente sorprendido por la interrupción.
—¿Un acertijo de videojuego? ¿Por qué no le preguntas a Alice? Ella es tecnología como ese juego, ¿no?.

Rokugo negó con la cabeza, sonriendo.
—Exactamente por eso no le pregunto. Alice arruina toda la diversión al desbloquear todo de inmediato y declara Juego completo.

Intrigado, Viper se acercó para ver la pantalla de la Game Boy. Observó el acertijo durante unos segundos antes de comenzar a analizarlo en voz alta.
—Hmm... parece que necesitas mover esta pieza aquí, luego girarla 90 grados y... sí, eso debería funcionar.

Grimm, viendo la pantalla, frunció el ceño.
—¿Por qué simplemente no usas la fuerza bruta para resolverlo? En la vida real, ese tipo de problemas se solucionarían destruyendo el obstáculo, no perdiendo el tiempo pensando en como rodearlo.

Rokugo rodó los ojos, claramente divertido por el comentario.
—Grimm, los videojuegos no están diseñados para simular la realidad. Se supone que sean divertidos, no lógicos. Si todo fuera como en la vida real, nadie jugaría.

Grimm lo fulminó con la mirada.
—¿Y qué tiene de divertido resolver acertijos absurdos?

Rokugo ignoro el comentario de Grimm y sonrió burlonamente mientras intentaba aplicar la solución que Viper le había dado. Para su sorpresa, funcionó.
—¡Ja! Funcionó. Gracias, Viper. Eres mejor que Alice cuando no quieres que te arruinen el juego.

Alice entro en la oficina ante la sospecha que Rokugo estaria interumpiendo a Viper en su trabajo burocrático.

Aunque Grimm seguía protestando por los programas sociales, era evidente que nadie tomaría sus quejas demasiado en serio. Después de todo, estaban allí para construir un futuro mejor, incluso si Grimm no lo entendía completamente.

 Esa noche, mientras Viper dormía en su nueva habitación y Grimm estaba ocupada rezándole a Zenarith (posiblemente pidiendo maldecir a Heine), Rokugo se quedó mirando el cielo estrellado desde la base. Sin embargo, a Viper, algo no le dejaba dormir .

Un rato después, Viper encontró a Rokugo en uno de los salones del cuartel. Él estaba sentado en una silla, completamente absorto en su Gameboy, A Viper le llamó la atención ese dispositivo, algo desconocido para ella, y ahora que no tenia papeleo que llenar se acercó para observar más de cerca.

—¿Es esa .. ateboy? —preguntó, con genuina curiosidad.

Rokugo levantó la vista de su juego y esbozó una sonrisa.

—¿Esto? Es un Gameboy. Una pequeña consola de juegos portátil. Es algo bastante común en mi mundo. —Volvió su atención al juego, disfrutando de su tiempo libre, mientras Viper se sentaba a su lado.

La ex reina demonio se quedó en silencio un momento, observando la pequeña pantalla iluminada. Era algo tan simple y, al mismo tiempo, tan fascinante. Tras unos segundos, decidió hablar sobre algo que había tenido en mente.

—Mi padre nunca me contó cómo era la vida antes de que estos... animales gigantes aparecieran. Él decía que las guerras habían cambiado al mundo de una manera irreversible. Que lo que quedaba ya no era lo que alguna vez fue.

Rokugo escuchaba con atención, sin apartar la vista de su juego, aunque sus oídos captaban cada palabra.

—¿Animales gigantes? —preguntó Rokugo, sin disimular su desinterés.

—Sí. —Viper asintió, y su voz adquirió un tono pensativo—. Bestias enormes que solo pueden morir si son atacadas en un punto específico de la nuca. Mi padre mencionaba que eran experimentos fallidos, creados en una época donde los conflictos entre los reinos eran más feroces. Dicen que intentaron convertir animales normales en seres gigantes, con la esperanza de obtener un arma definitiva para ganar las guerras despues de que los humanos perdieran esa capacidad. Pero... se salió de control.

Rokugo sonrió, intrigado por la historia.

—¿Que los humanos perdieran esa capacidad? Cada vez me confunde mas saber en que mundo se supone que estamos.

Viper asintió, aunque en su rostro había una mezcla de tristeza y nostalgia.

—Lo que los titanes son ... solo los restos de un experimento fallido, un intento desesperado por ganar una guerra que nadie recuerda.

Viper y Rokugo seguían conversando en el cuartel, y Viper estaba revelando algo que había escuchado de su padre, sobre un legendario demonio que una vez otorgó a una joven llamada Fritz el "Poder de los Titanes", permitiéndole transformarse en una criatura gigante para proteger su pueblo. Pero justo en ese momento, un estruendo sacudió la tierra, y una vibración amenazante recorrió el cuartel, interrumpiendo la conversación.

—¿Qué demonios fue eso? —preguntó Rokugo, con el ceño fruncido mientras miraba hacia el exterior.

Alice, quien había estado monitoreando las actividades de Kisaragi en la región, entró corriendo al cuarto con una expresión de alarma.

—¡Rokugo, tenemos problemas! ¡Es el "Rey de Arena"! Esa cosa ha salido a la superficie, y parece que está furioso .

Rokugo soltó un suspiro, visiblemente exasperado.

El grupo salió del cuartel y pudo ver, a la distancia, una enorme nube de polvo y vapor acercándose rápidamente. Al prenderse la iluminación de las instalaciones de la base, apareció la imponente figura de un topo gigante, con sus músculos expuestos, colmillos largos, garras afiladas capaces de perforar roca y emanando grandes cantidades de vapor. Era el "Rey de Arena", el titan colosal que habitaba el territorio desértico había salido desde la tierra a buscar personas de las que alimentarse

Los agentes de Kisaragi en primer instinto dispararon indiscriminadamente, pero cualquier proyectil en el topo se regeneraba con el vapor que emanaba.

-A Su, nuca -Grito Rokugo- Es un titan, dañen su nuca.

Alice, evaluando la situación, no perdió tiempo.

—¡Esta es una amenaza clase S! —exclamó, sacando su comunicador para desplegar al destructor

—¡No se puede! —exclamó Alice—. ¡El destructor requiere de energía eléctrica o de combustible de avión y las reservas están agotadas, cada combatiente debe pagar de sus puntos malos por los combustibles de los que vehículos que use! 

Los diferentes combatientes intentaban apuntar a su nuca con lanzagranadas, pero la granada explotaba antes de estar cerca de su nuca por el calor 

Rokugo, en un intento de frenar el avance del Rey de Arena y quedar con una buena reputación, activo su modo sin limites y se lanzó hacia el monstruo con una de esas lanza relampago mejoradas de Kisaragi, directo a la nuca del Topo. Sin embargo, el ataque resultó insuficiente, el Rey de Arena libero un monton de vapor hirviendo, la lanza exploto y mas el calor resulto quemando e hiriéndolo gravemente con sus poderosas garras antes de retroceder al sentir el dolor de las explosiones.

Rokugo cayó al suelo, herido de muerte, Alice, Rose y Grimm  se acercaron rápidamente. 

 El estruendo del Rey de Arena sacudió los cimientos de la base de Kisaragi como si la tierra misma estuviera gritando. El topo titán, con su cuerpo colosal cubierto de músculos expuestos y emanando vapor hirviente, rugió con una furia que parecía salida de los mitos más antiguos del planeta.

Rokugo, gravemente herido y tirado en el suelo, apenas podía moverse. Su armadura estaba abollada, su traje en modo "Sin Límites" había entrado en sobrecarga, y su visión se nublaba con cada latido del corazón.

—¡Rokugo! —gritó Alice, arrodillándose a su lado mientras escaneaba sus signos vitales—. Tu nivel de supervivencia ha caído al 12%. Necesitas atención médica inmediata.

- No, Maldito,Dijo Grimm - Grimm se levanta de su silla de ruedas y Sellalaria al Topo - Por el poder de Lord Zenarith, entregate hacia el sueño eterno, la muerte es un regalo precioso, dueme en su dulce abrazo...

- Grimm NOOOO- Gritaria Rose

el hechizo rebotó y volvió hacia ella.

- Cuando Grimm lanza una maldición a Algo que no es consiente de la maldición que lanza, siempre rebota, es por eso que los titanes que no tienen conciencia no pueden ser maldecidos. - Explicaria Rose. 

Un segundo después, Grimm cayó al suelo, completamente inmóvil. Había sido víctima de su propia maldición, y una vez más, murió en el acto.

Alice suspiró y murmuró con resignación.

—Lo mismo de siempre con Grimm... Alguien haga el favor de levantar su cadáver después de que terminemos esto.

Pero no había tiempo.

El Hombre Tigre, que acababa de llegar corriendo desde el perímetro norte, observó al titán con una mezcla de respeto y terror.

—¡Nyaa! ¡Ese es el mismo topo que nos persiguió la última vez! —exclamó, recordando la misión fallida contra Lord Demonio—. ¡Le lancé un buggy de combate a la nariz y salimos corriendo como si la misma muerte  

 nos persiguiera! ¡Nyaa!

Alice, con su mente procesando datos a velocidad sobrehumana, cruzó esa información con los registros de la misión anterior de Rokugo.

—Coincidencia confirmada —dijo, con voz fría pero urgente—. En ambas ocasiones, el topo no los persiguió más allá de unos kilómetros. No es un depredador persistente...

El Hombre Tigre frunció el ceño.

—¿Confundido? ¡Ese bicho aplastó mi buggy como si fuera de papel!

—Exacto —respondió Alice—. Porque es ciego. Sus ojos están cubiertos por tejido cicatrizal. Se guía por el olfato... pero su propio vapor lo intoxica. No puede distinguir presas reales de falsas señales olfativas.

Viper, que había estado observando en silencio, añadió con voz grave:

—Mi padre solía decir que el Rey de Arena nunca atacaba Grace. Siempre se mantenía en el desierto profundo. Creíamos que era porque el Rey del Bosque lo contenía.

Todos miraron hacia el horizonte, donde días atrás Lilith había destruido al Rey del Bosque, la lagartija robot que custodiaba las fronteras del bosque oscuro.

—Y el Slime... el Rey de Barro —murmuró Grimm, que acababa de despertar de su siesta forzada en el carro—. Él también lo alejaba. Consumía su vapor... lo debilitaba.

Alice asintió, conectando los puntos.

—Lilith eliminó dos de los tres equilibrios naturales que mantenían al topo bajo control. Ahora, sin enemigos ni competencia... Grace y la base de Kisaragi son su nuevo territorio de caza.  

Rokugo, con un esfuerzo sobrehumano, levantó la cabeza.

—Entonces... esto es culpa mía... y de Lilith... —murmuró, con una sonrisa irónica

Alice lo miró con firmeza.

—No hay tiempo para autocompasión, Agente 6. El topo está a punto de romper la muralla de Grace. Si la muralla esta ropa para cuando amanezca causará una masacre.

—¡Entonces saquémoslo de aquí! —gritó el Hombre Tigre, ya preparando su katana—. ¡Nyaa! ¡Haré lo mismo que la última vez!

—No —dijo Alice, deteniéndolo con un gesto—. Esta vez, será más inteligente. Usaremos su confusión en su contra.

Rápidamente, Alice activó su brazalete y canjeó puntos malos por tres señuelo térmico y un generador de olores sintéticos. Programó los drones para que imitaran el olor corporal de humanos. 

—Hombre Tigre —ordenó Alice—. Lanza los drones hacia el este, lejos de la ciudad. Cuando el topo los persiga, tú y yo los guiaremos hacia afuera.   

El Hombre Tigre asintió, con una sonrisa feroz.

—¡Nyaa! ¡Será un placer engañar a esa bestia otra vez!

El topo, al detectar los olores familiares, giró su enorme cabeza y rugió. Con un movimiento brusco, embistió la muralla de la base , destrozándola como si fuera de cartón. Piedras, vigas y cristales volaron por los aires mientras la bestia se abría paso, requeria reparaciones, antes de que otros titanes noten su presencia. Pero no fue el unico daño

 -Topo de mierda, denuevo se destruyo la base

-Esto es malo, Falta poco para amanecer. 

Los drones lo guiaban, y el Hombre Tigre, montado en una motocicleta blindada, lo incitaba con gritos y señuelos.

—¡Aquí, bestia tonta! ¡Nyaa! ¡Ven a por mí!

El topo lo persiguió, dejando atrás la ciudad en ruinas.

Durante horas, el Hombre Tigre  lo condujo por el desierto esperando alejarlo lo suficiente.

De nuevo en la base. 

—¡El Daño es irreparable! —Detallo Alice, las heridas eran demasiado graves para ser tratadas con sus conocimientos básicos. Ni los nano robots en el organismo de Rokugo podrían curar una quemadura a ese nivel.

Viper, llegando a donde Rokugo, se arrodilló junto a Rokugo, sosteniendo sus manos.

—Este es un poder que me fue otorgado como reina —susurró Viper, decidida—. No sé si funcionará en un humano... pero puedo intentarlo.

La "Bendición de la Señora del Tiempo", un misterioso poder que podría devolver a una persona a su estado anterior,.

Rokugo abrió los ojos lentamente, confundido por la repentina ausencia de dolor. Vio a Viper inclinada sobre él, con la cara bañada en sudor y un brillo dorado alrededor de su cuerpo que lentamente se desvanecía.

—¿Qué... qué hiciste? —preguntó Rokugo con la voz ronca.

—Te devolví unos minutos al pasado, justo antes de que tus heridas fueran mortales —respondió Viper, su tono sereno pero cansado, aquel truco le había costado mucha energía, y apenas podía mantenerse de pie.

Alice, quien había estado observando, entrecerró los ojos con una mezcla de curiosidad y escepticismo.

—Interesante. Parecería magia, pero en Kisaragi ya hemos desarrollado tecnología similar con nanorobots. Esto no es un milagro, es solo ciencia disfrazada de superstición.

El Hombre Tigre al volver y ponerse al tanto de aquella situacion, emocionado como un niño, se adelantó con entusiasmo.

—¡Nyaa! Si puedes devolver a alguien unos minutos, ¿podrías convertirme en un niño otra vez? ¡Quiero volver a ser pequeño y adorable!

Viper le lanzó una mirada agotada. 

—Mi maná solo permite retroceder unos pocos minutos, no años. Lo que pides está fuera de mis posibilidades.

Alice, cubierta de polvo de los escombros, miró al horizonte donde el Rey de Arena había desaparecido.

—Perfecto. Otro campamento destruido. Deberíamos considerar construir nuestras instalaciones en el cielo —comentó con sarcasmo.

Viper, observando la escena, suspiró.

—Este mundo es un desastre.

- Es la primera vez que veo que el rey de la arena con mis propios ojos. 

El Informe de Rokugo a Kisaragi 

"Las acciones de Lilith en su última visita, que resultaron en la muerte de los Reyes del Bosque y del Barro, han causado un desequilibrio ecológico en este mundo. Con la desaparición de estos pseudo depredadores, el Rey de Arena, el titan mas grande, emergió de su hábitat subterráneo para reclamar territorio sin competencia, la criatura atacó el cuartel de la Base, destruyendo parte de la muralla y estuvo a punto de causar bajas importantes. Mi vida fue salvada gracias a una intervención de una nueva aliada, Viper, quien utilizó una tecnica conocido como la 'Bendición de la Señora del Tiempo'. — Agente 6, Rokugo."

Los agentes usaron bastantes puntos para construir en prisa y reparar la parte afectada del muro. 

Después de enviar el informe, En la oficina central de la Base, Rokugo miró a Viper, quien estaba sentada a un lado, visiblemente exhausta. Ella le devolvió una leve sonrisa, una señal de respeto entre dos seres que antes eran enemigos pero que, ahora, compartían una extraña y mutua comprensión.

Alice se volvió hacia el grupo con una expresión algo resignada.

El grupo asintió en silencio, mientras el sol se ocultaba en el horizonte, dejando una sensación de incertidumbre en el aire. 

—Por lo que veo, este lugar es un caos constante. Todo gracias a la falta de sutileza de Lilith —añadió Rokugo en voz alta, atrayendo la atención de Alice.

Alice, quien monitoreaba el radar en su computadora portátil, señaló al grupo:

—El Rey de Arena no ha retrocedido por completo. Se está moviendo bajo tierra, lo mas probable es que ataque de nuevo. Debemos enfrentarlo nuevamente antes de que destruya completamente nuestras instalaciones. La amenaza es mayor de lo que pensamos, parece ser que los humanos de Kisaragi lo han atraido pero perfectamente podria sentirse atraido por Grace o cualquiera de las otras ciudades-estado. El papel del rey del bosque parece haberlo enfrentado mas de una vez.

Hasta que vuelva a aparecer el Rey de Arena, Se suspende la ejecución de Viper y hasta entonces no se suspenderá la planificación de creación de la Ciudad en la base de Kisaragi, próximamente llamada Ciudad-refugio.  Para la construcción permanente deberá destruirse el Topo. 

Se Parcho con un muro provicional la muralla de Kisaragi. 

Mientras almuerzan, el equipo tiene un momento de respiro tras la constante tensión de las últimas misiones.

—¿Cuánto más va a tardar Grimm en revivir? —preguntó Rokugo, mientras empujaba su bandeja con desinterés.

—Según el nuevo sacerdote del templo de Zenarith, puede tardar un poco más de lo usual. Supuestamente, está "negociando" con su diosa —respondió Rose, masticando una ración de carne que parecía demasiado cruda incluso para los estándares humanos.

Rokugo suspiró.

— Grimm siempre está indispuesta, y cuando se trata de enfrentar titanes es mas inútil, al menos no estorba ya que no le ven como comida. Aunque ahora que lo pienso... nunca la veo comer aquí. Siempre se las arregla para desaparecer durante las comidas.

Rose se encogió de hombros.

—Eso es porque Grimm creció en una familia rica. Ella prefiere restaurantes elegantes. Este comedor debe indigno.

Rokugo soltó una carcajada.

—Pense que era de familia humile, Entonces este lugar es realmente su castigo eterno.

—Rokugo, ¿estás libre esta noche? Quería otra... noche de diversión contigo. —Las palabras de Viper dejaron a todos los presentes boquiabiertos. La forma en que lo dijo daba a entender algo mucho más íntimo.

Los agentes de Kisaragi intercambiaron miradas, algunos incluso sonrieron maliciosamente. , sin levantar la vista , comentaron:

—Bastardo, agregaste otra chica a tu Harem. 

Rose se cruzó de brazos, tratando de disimular una mueca de disgusto.

—Hombres... 

Rokugo y Viper se estaban refiriendo a jugar videojuegos, Rokugo, sin embargo, no hizo nada para corregir el malentendido y simplemente sonrió de forma arrogante.

—Claro, Viper. Estaré libre. antes de adentrarte en la mazmorra recuerda usar protección... .

El ambiente del cuartel fue interumpido, Camile, la demonio del sueño que había servido a Viper en el pasado y fue la mensajera cuando se rindió el reino, irrumpió en las intalaciones visiblemente agotada y nerviosa.

—¡Mi reina! —exclamó, dirigiéndose a Viper con una reverencia profunda—. Lamento interrumpir, pero tengo malas noticias.

Viper y Rokugo Salieron a escuchar. 

 El reino de Toris al que fuimos no nos aceptó como refugiados... dicen que no pueden ofrecer seguridad a los demonios ya que el reino dejo de existir el pacto tambien.

Viper frunció el ceño. Había estado esperanzada en que su gente podría encontrar un hogar seguro, lejos de los conflictos. Pero al ver la negativa de otros reinos y el rechazo constante, tomó una decisión inesperada. Miró a Rokugo, con una expresión decidida en el rostro.

—Rokugo... —empezó Viper, con voz firme—. He llegado a apreciar la cultura de Kisaragi y su modo de vida... Estoy conciente de que tu jefa en una ocasión ofreció a los demonios que se unan a ella. Ahora quiero solicitar que acepten a mi gente. Permíteles unirse a Kisaragi como soldados y agentes. Prometo que serán leales.

Rokugo la observó con una mezcla de sorpresa e interés, pero asintió.

—Bueno, tenemos espacio para más "recursos" en Kisaragi. Además, un grupo de demonios en el equipo podría ser útil. Considero esto aprobado, se lo diré a Alice.

—Rokugo... —dijo Viper, con una voz suave que sonaba peligrosamente íntima—. ¿Seguiras libre esta noche?

Quisiera... ser tu compañera. Divertirnos. Tener una noche de juegos.

Los ojos de Camile se abrieron como platos.

—¡Mi reina! —exclamó, dejando caer la bandeja—. ¡No puede hablar así! ¡Usted es sagrada!

Pero Viper no la corrigió. Estaba demasiado hundida en su culpa, demasiado necesitada de sentirse... normal

Rokugo, con su habitual descaro, se acercó a Viper y le dio una nalgada sonora.

—¡ Fuego al hoyo [Suena el doble sentido en ingles que es ¡Fire in the hole! ] 

—gritó, guiñándole un ojo—. ¡Prepárate para una noche de juegos épica!

Camile se quedó paralizada. Sus hombros temblaron, y sus ojos se llenaron de lágrimas.

—No... —susurró—. Mi reina... ¿seducida por un humano? ¿Por él?

Se retiró volando con el corazón destrozado, convencida de que Rokugo había corrompido a la última figura noble de su raza.

OBTUVISTE PUNTOS MALOS

Minutos después, en la oficina de Alice

Rokugo entró silbando, con una sonrisa burlona.

—Alice, creo que acabo de hacer llorar a una Sucubo

Alice, sin levantar la vista de su terminal, respondió con frialdad:

—No es la primera vez que Kisaragi convierte enemigos en empleados. Después de eliminar al líder, el resto se adapta. Es lógico. Eficiente.

En ese momento, Snow entró con una pila de documentos en las manos, vestida con un uniforme de mensajera barato.

—¡Rokugo! —gritó, con los ojos llenos de indignación—. ¿¡En serio aceptaste a los demonios en Kisaragi!? ¡Son nuestros enemigos!

Rokugo la miró como si fuera una mosca molesta.

—Snow... —dijo, con una calma escalofriante—. Tú ya no eres comandante. Ni siquiera eres soldado. Eres la chica de los recados. Y si no te gusta, puedes irte. Nadie te detendrá.

Snow palideció. Las palabras la golpearon como un puñetazo en el estómago.

—Pero... yo...

—Tú ya no tienes autoridad ni en Grace ni aquí —continuó Rokugo, sin piedad—. Eres una empleada más. Y una mala, por cierto. Apenas te pagan lo suficiente para no morir de hambre.

Snow apretó los puños, con lágrimas de rabia en los ojos. Sin decir una palabra, salió corriendo. 

—Pero.. ¡No puedes simplemente traerlos y darles un lugar en tu organización como si nada hubiera pasado. —protestó Snow, con los brazos cruzados y la cara enrojecida de indignación.

Rokugo la miró, levantando una ceja.

—Snow, ¿Quién crees que toma las decisiones aquí? Eso lo decide el consejo de Kisaragi, y Alice ya ha enviado la solicitud. Ellos ya han dado su aprobación inicial.

Snow apretó los dientes, frustrada, sin poder hacer nada al respecto.

En el puente que conecta Grace con la Ciudad Escondite

Snow cruzó el puente con paso firme, pero el alma hecha trizas. Al llegar al castillo, pidió audiencia con la princesa Tilis.

Tilis la recibió en su salón privado, con una taza de té humeante en la mano.

—¿Ya te diste cuenta, Snow? —preguntó Tilis, sin mirarla—. Kisaragi no vino a ayudarnos...  

Snow asintió, con la voz quebrada.

—Aceptaron a los demonios... como si nada.

Tilis suspiró, mirando por la ventana hacia la Ciudad Escondite, donde las luces de Kisaragi brillaban más que las de Grace.

—Primero eliminaron al Rey del Bosque... luego al Rey de Barro... y ahora quieren al Rey de Arena. Están reescribiendo el equilibrio de este mundo... y lo hacen con tecnología, que no nos quieren compartir. 

—No puedo creer que hayamos permitido esto... al dejar que "Kisaragi nos ayudara contra nuestros enemigos", en realidad les hemos dado poder sobre nosotros. Poco a poco, Kisaragi está conquistándonos sutilmente, y hemos sido demasiado ciegos para verlo hasta ahora...

Snow, aún enojada, se alejó y se quedó pensativa. Sus pensamientos giraban en torno a cómo, en un intento de enfrentar a sus enemigos, habían abierto las puertas a una organización que no solo quería ayudarlos, sino que también tenía sus propios intereses en este mundo. La expansión de Kisaragi parecía imparable, y ahora estaban comenzando a depender de ellos más de lo que se había propuesto originalmente.

—Es como si... Kisaragi hubiera estado planeando esto desde el principio. Nos están invadiendo sin siquiera usar fuerza bruta... —murmuró para sí misma, sintiendo un peso en su corazón mientras observaba a sus compañeros celebrar junto a los recién llegados demonios que antes eran enemigos.

 Hizo una pausa, y su voz se volvió más fría.

—Pero aún tengo una arma: la diplomacia. Mientras Grace exista, ellos necesitarán mi permiso para operar legalmente. Y eso... me da poder.

Se levantó, con determinación en los ojos.

—Ve a buscar a Alice. Dile que quiero negociar. Si Kisaragi quiere integrar a los demonios en su base... entonces aceptarán nuevas condiciones. Y si se niegan... les retiraré el estatus de mercenarios. Que intenten construir su ciudad sin agua, sin permisos... y sin aliados.

Snow asintió, con una chispa de esperanza en su mirada.

—Sí, Su Alteza.

De vuelta en la Ciudad Escondite

Alice recibió el mensaje de Tilis con una expresión impasible.

—Interesante —murmuró—. La princesa aún cree que tiene control.

Rokugo, que escuchaba desde la puerta, sonrió.

—Déjala creerlo. Mientras piense que negocia... nosotros construimos. Y cuando el Topo Rey de la Arena caiga... ya no habrá nada que la princesa pueda hacer.

Alice asintió.

—Exacto. Por ahora, aceptaremos sus condiciones. Pero solo para ganar tiempo.

Y en lo alto de la torre de la Ciudad Escondite, Viper miraba las estrellas, con un mando de videojuego en las manos... y una sonrisa triste en el rostro. 

Esa noche. En la sala de reuniones, Alice estaba explicando las cláusulas del acuerdo entre el Reino de Grace, los demonios y Kisaragi.

—Primera cláusula: el Reino de Grace poseerá el territorio demoníaco como compensación por los daños de la guerra. Ningún demonio será esclavizado ni abusado, y se permitirá su libre tránsito por el territorio de Grace.

La princesa Tilis asintió lentamente.

—Eso suena razonable, pero lo monitorearemos de cerca.

—Segunda cláusula: los demonios deberán encargar del Rey de Arena. Solo así demostrarán su utilidad y lealtad.

Viper, quien estaba sentada con una expresión tranquila, intervino.

—Entendido. Ya planeamos eliminarlo, aunque será más difícil sin nuestras defensas originales.

—Tercera cláusula —continuó Alice—: los demonios podrán ser trasladados a la sede de Kisaragi, conocida como "Ciudad escondite", si así lo desean. Allí, serán recibidos como miembros de Kisaragi y podrán integrarse a la organización como agentes o soldados, bajo la supervisión de nuestro consejo.

Viper asintió lentamente. Había tenido tiempo para reflexionar sobre esta cláusula y, aunque significaba que su gente estaría bajo el control de Kisaragi, también les daba una oportunidad para vivir en paz.

—Lo entiendo. Mi gente no tiene otro lugar a donde ir, así que acepto los términos en su nombre, —dijo Viper con resignación.

Finalmente, Alice leyó la última cláusula, una exigencia que hizo que Viper tensara ligeramente los labios.

—Y la última cláusula —dijo Alice, ignorando el intercambio—: Viper, como lo solicitó, será ejecutada públicamente como símbolo de cierre de esta guerra.

La sala se sumió en un silencio pesado mientras Tilis y Alice observaban a Viper. Para sorpresa de ambas, la exreina demonio asintió sin oponer resistencia.

—Acepto, —dijo Viper con voz firme—. Mi gente necesita una resolución, y mi muerte les dará un nuevo comienzo, entonces no tengo objeción. Pero... —Viper miró a Rokugo, recordando sus videojuegos portátiles—. Antes de mi muerte, quiero probar algunos mas de esos... videojuegos. Parece algo divertido.

Rokugo levantó la vista de su consola, sorprendido por la petición, pero sonrió al ver la expresión curiosa de Viper.

—Claro, si quieres probarlo, adelante —respondió, ofreciéndole el dispositivo—. Pero te advierto, ¡no es fácil para principiantes!

Viper tomó la consola con cuidado y observó la pantalla, fascinada por los gráficos y la mecánica del juego. Rokugo se sentó a su lado, enseñándole los controles y dándole consejos mientras ella intentaba superar el primer nivel. Durante un momento, parecía que ambos estaban en otro mundo, absortos en la simplicidad del juego, olvidando los problemas y el peso del acuerdo.

Más tarde, en el campamento de Kisaragi, los demonios comenzaban a llegar en masa. Para Rokugo fue una escena extraña ver a familias completas, niños y ancianos, marchando hacia su nueva vida.

—Es raro pensar en ellos como soldados, ¿no? —comentó Rose, viendo a los pequeños demonios correr mientras los adultos intentaban organizarlos.

—Lo único raro aquí es cómo sobrevivieron tanto tiempo en el desierto —respondió Rokugo.

Viper se acercó a Russel, quien estaba organizando suministros.

—Te ves adorable asi, Russel. Deberías considerarlo como un estilo permanente.

Russel se ruborizó intensamente, murmurando algo incomprensible mientras intentaba ocultarse.

Mientras tanto, Camile, la demonio del sueño, quien había sido leal a Viper desde el principio, se inclinó respetuosamente hacia su exreina.

—Gracias por todo, mi reina. ¿Puedo preguntar cuál es exactamente su relación con el comandante Rokugo?

Antes de que Viper pudiera responder, Rokugo intervino con una expresión seria, pero sus palabras parecían cargadas de insinuación.

—Bueno, nuestras noches juntos están llenas de pasión, exploramos cada rincón y probamos todos los modos posibles... —hizo una pausa para dramatismo—

La demonio del sueño lo miró horrorizada, imaginando algo completamente diferente, mientras Viper se llevó una mano a la cara, tratando de no reír.

Más tarde, mientras jugaban en el cuarto de Rokugo, Viper observó las pantallas con fascinación.

—He probado diferentes juegos y sigo sientiendo que esto es tan emocionante como frustrante. ¿Así es como los humanos se divierten?

Rokugo asintió.

—Bienvenida a nuestro mundo. Ahora, ¿dices que tienes el poder suficiente para matar al Rey de Arena? ¿Qué has estado guardando todo este tiempo?

Viper sonrió con un aire misterioso.

—Solo necesitaba la oportunidad y el momento adecuado. Pero si confías en mí, puedo ser útil.

Rokugo se inclinó hacia ella, interesándose por el tono serio que había adoptado.

—Te escucho, demonia. ¿Qué necesitas?

En el campamento, los niños demonio y semi-humanos observaban con asombro el Destructor de Kisaragi. La enorme máquina parecía un coloso de otro mundo para ellos, un concepto completamente ajeno incluso para quienes conocían a los golem-titán, que no eran autómatas sino seres vivos transformados.

—¿Ese es un golem? —preguntó un niño vampiro, mirando el Destructor con ojos brillantes.

—No puede ser un golem, no se mueve como uno —respondió una sirena, chapoteando en una improvisada piscina mientras lo señalaba.

Cerca de ahí, un grupo de niños semi-humanos rodeaba a Rose, haciéndole preguntas extrañas.

—¿Es cierto que puedes escupir ácido? —preguntó un niño con orejas de zorro, acercándose peligrosamente a su cara.

—¡Deja de molestarme o lo probarás tú mismo! —gruñó Rose, mostrando sus dientes afilados y haciéndolos retroceder.

Rokugo, observando todo, se llevó una mano al mentón con curiosidad.

—Nunca me imaginé que el Reino Demoníaco estuviera lleno de tanta variedad. Vampiros, sirenas... semi-humanos. Yo solo pensé en súcubos —comentó, con una sonrisa que delataba sus pensamientos.

Alice, que estaba registrando datos, lo corrigió sin levantar la vista.

—Eso solo demuestra tu limitada perspectiva. Esta diversidad es útil para Kisaragi.

—Ah, claro. Viper debe haber pensado que el Hombre Tigre era un semi-humano. Supongo que de ahí vino su intuición de que serían bienvenidos como agentes —añadió Rokugo, mirando alrededor.

De pronto, se dio cuenta de que el Hombre Tigre no estaba en ningún lado.

—¿Dónde está ese peluche viviente? —murmuró, mirando alrededor.

El sol del mediodía caía implacable sobre la Ciudad Escondida, recién bautizada como tal por decreto de Alice. En una mesa improvisada bajo una carpa de lona, el equipo de Kisaragi compartía un almuerzo tenso. El aire olía a carne asada... o más bien, a orco asado, pero nadie se quejaba ya.

Excepto Viper.

La ex reina demonio, vestida con un uniforme de oficina barato y con los ojos hundidos, apenas tocaba su plato. Su mirada estaba perdida, como si ya no perteneciera a este mundo. Desde que había aceptado su derrota, se había convertido en una sombra de sí misma

Snow, sentada frente a ella, no perdió la oportunidad.

—Viper, bebe —dijo, empujando una jarra de licor fuerte hacia ella—. Es orden.

Viper parpadeó, como si las palabras de Snow fueran una orden divina. Aunque Snow ya no tenía rango, ni autoridad, ni siquiera un sueldo digno... Viper obedeció. Tomó la jarra y bebió de un trago, tosiendo, con los ojos llenos de lágrimas.

—¡Así se hace! —rió Snow, visiblemente satisfecha—. Ya ni siquiera eres una reina... eres mi perrita.

Viper no respondió. Solo bajó la cabeza y bebió otra vez. Y otra. Hasta que su cuerpo se tambaleó, sus palabras se volvieron incoherentes, y su postura se desmoronó en la silla.

Rokugo, que hasta entonces había estado comiendo en silencio, frunció el ceño.

—Rose —dijo, sin alzar la voz—. A partir de ahora, nadie molesta a Viper. Nadie la toca. Nadie le da órdenes. Excepto yo.

Rose, que hasta ese momento había estado devorando un muslo de orco, levantó la vista. Sus ojos, normalmente distraídos, se endurecieron.

—¿Y si alguien lo intenta?

—Mórdelo —respondió Rokugo, con una calma escalofriante—. Si no muere, muerde otra vez. Hasta que entienda que Viper ya no es juguete de nadie.

Rose asintió, con una sonrisa feroz.

—Entendido, comandante.

Algo en ella había cambiado. No era solo lealtad... era instinto. Como si Viper, en su fragilidad, hubiera despertado en Rose el recuerdo de su abuelo: alguien que también fue quebrado por el mundo, pero que nunca dejó de crear.

Más tarde, en la oficina improvisada de Alice, Rokugo se dejó caer en una silla metálica.

—Esto es un desastre —murmuró—. No podemos pelear contra ese topo con armas normales ni tampoco contra las armas que han funcionado contra otros titanes ¿Por qué no llamamos a Lilith? ¡Ella causó esto! ¡Que venga a arreglarlo!

Alice, sin mirarlo, tecleaba en su terminal.

—Lilith fue sancionada por la Junta Ejecutiva tras la destrucción del Rey del Bosque y el Slime de Barro. Se negó a aceptar la reprimenda y se rebeló. Ahora opera de forma independiente  

 . Astaroth y Belial son las únicas que pueden detenerla... pero no pueden venir. El Tercer Planeta está al borde del colapso. No hay refuerzos.

Rokugo se frotó la cara.

—Entonces... ¿qué se supone que usemos? Los informes dicen que cualquier arma que se le lance se desintegra en su vapor antes de hacer daño.

Alice giró su silla y lo miró con sus ojos fríos y brillantes.

—Tengo tres opciones:

Minas térmicas anti-Megazord, diseñadas para resistir calor extremo.Redes de alambre de contención, usadas para atrapar héroes voladores.Armas sensibles al calor, como lanzallamas inversos o explosivos de enfriamiento.

Rokugo negó con la cabeza.

—Nada de eso detendrá a una bestia del tamaño de una montaña. ¿Y los mutantes gigantes? ¿Los que Kisaragi usa contra los Megazords de los Power Rangers?

—El Hombre Tigre es el único asignado a este planeta —respondió Alice—. y Desaparecio 

Rokugo palideció.

—¿Entonces... qué será de Russel si el Hombre Tigre no está?

Alice bajó la vista, como si el tema le causara una incomodidad rara en una androide.

—Russel ya no tiene a dónde ir. Desde que lo feminizaron, actúa en automático. Hace agua, cocina, limpia... como si fuera una criada programada. Incluso duerme en la cocina, junto a los fogones.

Hizo una pausa.

—Hace dos días, unos nobles de Grace intentaron secuestrarlo. Lo vieron tan manso, tan... roto... que pensaron que sería una mascota perfecta. Los agentes tuvieron que intervenir. Les dijimos claramente: Russel es como un animal salvaje disfrazado de gatito. Se ve tierno... pero si te acercas, te muerde. O peor.

Rokugo suspiró.

—Entonces... ¿cuál es nuestra mejor arma?

Alice se levantó.

—El Destructor. Pero no tenemos combustible. Y no puedes gastar más puntos malos. Quedarias otra vez en negativo

—Entonces... ¿qué hacemos?

Alice lo miró con una expresión casi... humana.

—Sígueme.

La llevaron a un edificio trasero, escondido tras la muralla reconstruida  dentro... zumbaba con energía

Rokugo entro a la recién construida planta termoeléctrica de Kisaragi, diseñada para generar energía mediante fuentes no convencionales. Al entrar, observó a Heine, trabajando en el generador principal. Vestía su atuendo tan minimalista, lo que rápidamente llamó su atención.

—¡Ya no más! —gritó al verlos, con la voz ronca—. ¡Por favor! ¡Estoy agotada!

Alice caminó hacia ella con pasos fríos.

—Heine, deberías alegrarte. Hemos hecho un acuerdo con Grace. El territorio de Lord Demonio será anexado a Grace... y sus habitantes, incluyéndote a ti y a Russel, serán integrados a Kisaragi como ciudadanos libres.

Heine levantó la vista, con los ojos llenos de esperanza.

—¿Libres?

—Sí —dijo Alice—. Pero con una condición: deben ayudarnos a vencer al Rey de la Arena. Despues de eso Tu seras 

empleada de jornada laboral de 15 horas diarias, con todos los beneficios de la corporación: seguro médico, vacaciones pagadas... y una pensión si sobrevives.

Heine bajó la cabeza, derrotada.

—Entonces... sigo siendo esclava.

—No —corrigió Alice—. Eres empleada. Hay una diferencia legal... y fiscal.

Rokugo miró a Heine, luego al generador al que estaba conectada.

—¿Ella... genera la electricidad?

—Su piroquinesis es constante —explicó Alice—. La canalizamos para alimentar el Destructor. Es eficiente. Sostenible. Y barato.

Rokugo se acercó a Heine y se agachó a su altura.

—Oye... ¿te acuerdas de cuando te humillé con esas fotos?

Heine lo miró con odio.

—¿Cómo olvidarlo?  

—Heine, siempre he querido preguntarte, ¿por qué estás vestida de esa forma? —preguntó Rokugo con una ceja levantada, mezclando curiosidad y burla.

Heine, claramente molesta, apagó las llamas que estaba controlando momentáneamente y se giró hacia él.

—¡No es porque me guste! —exclamó, cruzándose de brazos—. Este es el uniforme más eficiente. Aunque sea invulnerable al calor, no lo soy al fuego directo, y no puedo arriesgarme a quemarme mientras genero energía.

—Claro, claro... Lo que digas —respondió Rokugo con una sonrisa burlona, pero no insistió más. - Por eso te heriste a ti misma cuando usaste ese disfraz de peluche gigante. 

Oye, Viper ¿Tienes algo de tiempo libre? ¿Te gustaria jugar conmigo esta noche tambien? Solo nosotros dos haciendo cosas habituales- Dijo Rokugo Sin perder la oportunidad de crear el malentendido en Heine tambien

Si, me encantaría- Respondió Viper, entendiendo que se refiere a jugar videojuegos.

- No la toques- Gritaria Heine a Rokugo

- Mi Reina ¿Que tipo de juegos suele jugar con este degenerado?

Rokugo responderia orgulloso - Simplemente hago cosas mientras viper me enseña, bien, quiero terminarlo rapidamente y sentirme renovado, asi que vamos rapido, diria Rokugo dandole una nalgada a Viper

- Bueno Heine, al principio me parecio raro, pero ultimamente me ha parecido muy divertido lo que Rokugo hace

Rokugo se alejaria con Viper, tomando peligrosamente a Viper con la mano cerca de la cadera. Sintiendo Heine hundirse. 

En ese momento, el Hombre Tigre entró a la oficina de Viper, cargando una gema de un tamaño impresionante y con un brillo intenso que llenaba la sala. Sus pasos eran pesados, y su respiración, agitada.

—¡Mira lo que encontré, nya! —dijo el Hombre Tigre, dejando la gema sobre la mesa frente a Viper—. ¿Crees que esto podrías usarlo para devolverme a ser un niño, nya?

Viper observó la gema detenidamente, impresionada por su calidad, pero negó con la cabeza.

—Mi poder no funciona así, Hombre Tigre. Solo puedo revertir unos minutos atrás, no convertirte en un niño otra vez.

Rokugo entró en la sala, sorprendido de ver al mutante y examinó al Hombre Tigre con atención.

—Oye, te ves agotado. Esta es la primera vez que te veo así desde que esos combates contra megazords en la Tierra... ¿De dónde sacaste esa gema?

El Hombre Tigre, claramente incómodo, esquivó la pregunta y se dejó caer en una silla.

—Eso no importa, nya...

--Oye Viper, Si le damos esto a Heine, Esto podría ser útil para la planta termoeléctrica, ¿verdad?

Viper asintió lentamente.

—Es cierto. Si Heine tuviera esta fuente de energia, podríamos aumentar la producción de energía considerablemente.  

- Con eso podríamos dar energía al destructor - Recalcaría Alice.

Llevaron la gema a la termoeléctrica, Heine, al escuchar la conversación desde el generador, intervino.

— Pero que conste, no pienso seguir con este espectáculo por mucho más tiempo —murmuró, refiriéndose al público de agentes que Snow había organizado para verla en su trabajo.

Rokugo dejó escapar un suspiro.

—De verdad que todo el mundo aquí tiene sus propios problemas... Bueno, al menos tenemos una fuente de energía prometedora. Ahora, alguien que me explique cómo ese peluche viviente terminó encontrando una gema tan valiosa.

El Hombre Tigre desvió la mirada, pero no dijo nada más, dejando a Rokugo con una sonrisa de sospecha. Mientras tanto, Viper sintiendo compasión de Heine le dio un helado.

Afuera, los demonios recién integrados al campamento observaban con asombro el Destructor y la actividad constante de Kisaragi, ajenos a los secretos que aún se ocultaban en el mundo que habitaban.

una fuerte vibración sacudió el campamento.

Los agentes de Kisaragi reaccionaron de inmediato, y el enorme cuerpo del Rey de Arena emergió del suelo, causando caos. La bestia rugió, levantando una nube de polvo mientras avanzaba hacia ellos.

—¡Ahí está de nuevo! —gritó Alice—. ¡Prepárense para el combate! 

 Diversos ganchos salieron de trampas, envolviendo a la criatura, pero los ganchos en poco tiempo llegaron al rojo vivo y se derritieron soltando a la criatura y dando un rebote peligroso

 Diversos ganchos salieron de trampas, envolviendo a la criatura, pero los ganchos en poco tiempo llegaron al rojo vivo y se derritieron soltando a la criatura y dando un rebote peligroso. 

—¡Esto es inútil! —gritó Snow, luchando por mantenerse firme mientras el terreno temblaba

Alice no perdio tiempo y corrio al hangar, en el mismo tiempo los combatientes menos calificados escoltaban a los demonios no aptos para el combate a un refugio. Entre ellos Russel.

Algunos como Heine o Rose intentaban hacer tiempo quemando al topo, pero su vapor a pesar de estar hirviendo es agua al fin de cuentas, ademas nada pasara si el daño no es en la nuca.  El Topo se acecaba a lo primero que pensaba que era un humano. 

Rokugo, sin embargo, mantenía la calma

Rokugo, sin embargo, mantenía la calma. El Destructor se movió desde el hangar con un estruendo, y sus patas metálicas brillaban bajo el sol del desierto. Alice lo controlaba lanzando un ataque de fuego concentrado sobre el Rey de Arena. Sin embargo, la bestia no retrocedió; en cambio, se abalanzó con velocidad sorprendente, Pero con los reflejos de Alice, logro inmovilizar al titan tomandolo de sus extremidades y su cabeza, dejando su nuca expuesta.

—¡Viper, dijiste que podías encargarte de esto! ¡Es tu turno de brillar!

Viper, con una mirada decidida, levantó una lanza relampago . Sin dudar, corrió hacia el Rey de Arena, Puede ser que haya tenido una resistencia al fuego o sea muy rapida, esquivando sus vapor del titan.

—¡Por mi pueblo, y por demostrar que los demonios aún tienen valor! —gritó Viper, saltando alto en el aire. 

En el centro del campo de batalla, Viper se mantenía en pie, con una rodilla en tierra y el brazo derecho extendido hacia el cielo. Su rostro estaba cubierto de sudor, sus ojos brillaban con un fulgor dorado, y su ropa —hecha jirones por el calor y la presión del vapor— ondeaba como si estuviera sumergida en agua. Su fe en la Señora del Tiempo le había otorgado el poder de ralentizar el flujo del tiempo en un radio limitado.

—¡Ahora! —gritó, con la voz quebrada por el esfuerzo.

En su mano izquierda sostenía una Lanza Relámpago mejorada si soltaba el control del tiempo para dispararla... el vapor la consumiría antes de que la lanza siquiera saliera de su mano.

Así que no disparó. Con el tiempo distorsionado a su alrededor, avanzó entre las nubes de vapor como si caminara por el aire. El calor la abrasaba, pero no se detuvo.

Llegó a la base del cuello del topo, donde la nuca palpitaba con un brillo tenue bajo el endurecimiento cristalino. Con un grito que mezclaba dolor y determinación, clavó la Lanza Relámpago directamente en la carne viva del titan.

—¡Por mi pueblo... y por mi redención! —exclamó.

El tiempo volvió a su ritmo normal.

BOOM.

La explosión fue silenciosa al principio... y luego atronadora. Una onda expansiva de energía pura partió la nuca del Rey de Arena en dos, y su cuerpo colosal se desplomó como una montaña que se derrumba. No hubo sangre. No hubo huesos. Solo vapor, que se elevó al cielo como un lamento final antes de disiparse en el viento.

El desierto quedó en silencio.    

El campamento quedó en silencio por un momento, antes de que los agentes comenzaran a vitorear.

—¡Lo logró! —gritó Snow, sorprendida.

—Y lo hizo sin mejoras corporales —comentó Rokugo, mientras corría hacia Viper. 

Alice, desde la cabina del Destructor, escaneó los restos del titan. Sus ojos digitales se enfocaron en algo inusual: árboles.

Sí. Árboles crecían en la espalda del topo, enraizados en su carne, con troncos retorcidos y hojas plateadas. Entre sus ramas colgaban nueces de agua, las mismas que Snow y el equipo habían buscado en vano semanas atrás.

—Análisis preliminar —dijo Alice, transmitiendo por el canal general—. Los árboles no son parásitos. Son simbióticos. Se alimentan del vapor del titan, lo filtran y lo condensan en agua potable dentro de las nueces con presion.  

Rokugo, que había estado observando desde una duna cercana, corrió hacia Viper. La ex reina demonio estaba desplomada, con el brazo derecho carbonizado hasta el codo y la ropa hecha trizas. Aun así, sonreía.

—Lo logramos... —susurró, con los ojos cerrados.

—Sí, idiota —dijo Rokugo, arrodillándose a su lado—. Pero casi te matas. 

Viper abrió un ojo, débil pero desafiante.

—Valió la pena... ¿no?

Rokugo suspiró, pero no pudo evitar sonreír.

—Está bien,  Pero ahora vas a la enfermería de Kisaragi. No quiero que Zenarith, el Señor del Tiempo o quien sea te lleve antes de que me pagues la deuda por salvarme el culo.

Sin esperar respuesta, la cargó en brazos. Viper no protestó. Solo apoyó la cabeza en su hombro y cerró los ojos. 

- Tomen liquido espinal antes de que se disuelva - sonaba la alta Voz de Alice - Kisaragi querra saber como funcionaba esta criatura. 

Terminado el servicio medico, Alice fue a avisar la informacion a la princesa Tilis

Informe de Emergencia – Base Kisaragi

Amenaza del Rey de Arena neutralizada.

Fuente de agua descubierta: los árboles simbióticos en la espalda del titan producen nueces de agua en cantidades industriales.

Proponemos sistema de tuberías subterráneas para distribuir agua a toda Grace. Tiempo estimado de construcción: 3 días.

Requerimos autorización inmediata y acceso a los planos hidráulicos del reino.

Tilis leyó el mensaje en su trono, con los ojos llenos de asombro... y alivio.

—Por fin... —murmuró—. Agua.

Los demonios y los agentes de Kisaragi se reunieron alrededor de una gran hoguera para celebrar la muerte del Rey de Arena. El ambiente estaba lleno de risas, música y un extraño sentido de camaradería que nunca antes se había visto entre los recién llegados del Reino Demoníaco y los agentes.

- A pesar de pasar poco tiempo combatiendo, el calor del Topo daño por sobrecalentamiento las extreminades del destructor, requiere cambiarse. 

- ¿No puedes meterle en arroz?

- Te matare si le haces eso al destructor. 

Heine se acerco al destructor y con un sentimiento de arepentimiento le dijo - Señor destuctor, Pense que era un vago porque no se movia, pero desde el fondo de mi corazon le quiero dar gracias por cumplir el sueño de todos los demonios y atrapar al Rey de la tierra

A Rokugo le parecio divertido que Heine no supiera que el Destructor era como el Robot de Russel que destruyeron. 

Rokugo señalo con su mano al destructor y dijo - El señor Destructor es la carta de triunfo de Kisaragi, por eso suele dormir mucho, Su poder dependera de cuanto trabajes tu en la central termoelectrica. 

- En serio - Se conmovio Heine

Heine se comprometio a seguir trabajando en esas instalaciones aun cuando a partir de ahora era una mujer libre por el trato de hizo Grace con Kisaragi y Viper. 

OBTUVISTE PUNTOS MALOS 

De pronto el Destructor se encendio solo, giro su cabeza hacia Viper y titilo sus luces

Alice se puso delante de Heine dispuesta a "traducir" -El Destructor tambien desea agradecerle su apoto continuo, me pide que te de el tiempi libre que tanto querias -

Heine lloro conmovida

Rokugo se asusto y en cuanto Alice se fue pregunto - ¡Que fue eso?

Alice - Clone mi IA en el destructor para poder controlarlo a distancia y no perder tiempo subiendome al mismo.

- ¿Dijiste que el destructor ahora tiene vida propia?

- Miralo como quieras, mejor ve y disfruta la fiesta. 

Rokugo, con una bebida en la mano, observaba cómo varios agentes coqueteaban con las mujeres demonio y semi-humanas. Entre ellas, varias intentaron acercarse al Hombre Tigre, sorprendidas de que fuera inmune al encanto natural de las súcubos.

—¡Es increíble! Ni siquiera nuestras súcubos pueden seducirlo —dijo una mujer demonio con asombro.

—Soy un profesional, nya —respondió el Hombre Tigre con un tono firme, aunque incómodo por la atención que recibía.

- Debo darte las gracias Rokugo, Los demonios han vuelto a ser felices gracias a ustedes- Le dijo Viper a Rokugo .

Al final de la velada, un agente de Kisaragi subió al escenario improvisado y anunció que en Grace se hara un Festival de 7 dias, finalizando con la ejecución de Viper. La noticia fue recibida con silencio por parte de los demonios, y algunos incluso comenzaron a murmurar entre ellos, mostrando inquietud.

Alice decidió aprovechar las nuevas adiciones al grupo para construir una comunidad más estable en la Ciudad Escondite, como ahora se llamaba oficialmente el antiguo campamento de Kisaragi.

Alice reunió a los agentes y demonios recién reclutados frente a los nuevos edificios. Con su habitual precisión robótica, anunció:
—Como parte de la integración de los nuevos miembros, cada uno recibirá un terreno donde construir sus casas dentro de la Ciudad Escondite. También he terminado la construcción de unos baños termales con diseño japonés tradicional. Invito a todos los empleados de Kisaragi a disfrutarlos esta noche.

Heine y Russel, quienes oficialmente ahora eran parte de Kisaragi, asintieron tímidamente. Snow, por su parte, estaba emocionada pero claramente incómoda ante la idea de compartir espacios tan íntimos con otros.

Rokugo, siempre buscando oportunidades para molestar, se acercó a Heine con una sonrisa traviesa.
—Por cierto, Heine, según la tradición japonesa, en estos baños todos deben entrar desnudos. Así que prepárate para ser... inspeccionada —dijo con un tono sugerente.

Heine palideció, visiblemente aterrorizada.
—¡¿Qué?! ¡No voy a permitir que nadie me vea así! ¡Seguramente alguien intentará hacer algo!

Russel, sintiéndose protector, dio un paso adelante.
—¡Yo te protegeré, Heine! Nadie te tocará mientras yo esté cerca.

OBTUVISTE PUNTOS MALOS

Rose, escuchando esto desde lejos, rodó hacia Rokugo furiosa.
—¡Deja de asustarla, Comandante! Dile las políticas completas. 

Rokugo soltó una carcajada, viendo cómo el brazalete registraba puntos malos automáticamente.
—Relájense, no es como si fuera a pasar algo. Los baños tienen secciones separadas para hombres y mujeres. Así que, Heine, puedes estar tranquila... aunque Russel tendrá que bañarse con nosotros.

Russel abrió los ojos, horrorizado.
—¡¿Qué?! ¡Eso es peor!

Rokugo sonrió maliciosamente mientras señalaba a Russel con burla.
—Tranquilo, muchacho, nadie quiere mirar tu "cosita" recien liberada. Pero supongo que ahora aprenderás a socializar como un verdadero miembro de Kisaragi. Por cierto ¿Dolio?

OBTUVISTE PUNTOS MALOS.

En la zona de las mujeres, el ambiente era mucho más relajado

En la zona de las mujeres, el ambiente era mucho más relajado. Snow y Rose ya estaban disfrutando del agua caliente, conversando animadamente.  

Sin embargo, poco a poco comenzó a relajarse.

—Sabes, Si Grimm estuviera aqui intetaria intentar dormir aquí. El agua caliente es perfecta para eso —comentó Snow, cerrando los ojos mientras flotaba lánguidamente.

Rose murmuró algo inaudible, pero pronto cedió al calor reconfortante y quedó profundamente dormida.

Mientras tanto, Viper se acercó a Heine, quien seguía nerviosa incluso en la seguridad de la sección femenina.
—Permíteme lavarte la espalda, Heine. Es lo menos que puedo hacer después de todo lo que has pasado —ofreció Viper con amabilidad.

Heine retrocedió instintivamente, incómoda.
—Mi reina, por favor, no haga esto. No quiero que se humille así.

Viper negó con la cabeza, sonriendo suavemente.

—Ya no somos reina y sierva, Heine. Solo somos dos personas tratando de adaptarnos a este nuevo mundo. Déjame ayudarte, por favor.

Aunque reticente, Heine aceptó finalmente. Mientras Viper le lavaba la espalda, Heine no pudo evitar sentirse extraña por la situación. Y mas cuando Viper se acercaba a lavarle mas abajo.

En la sección de hombres, Rokugo disfrutaba de la vista mientras los demás intentaban ignorarlo lo mejor posible. Russel mantenía las piernas cruzadas y evitaba mirar a cualquiera directamente, claramente incómodo.

—Vamos, Russel, no actúes como si nunca hubieras estado desnudo frente a otros tipos. Esto es normal en Japón —dijo Rokugo con una risa burlona.

Russel gruñó bajo su aliento.

—Sigo sin entender por qué tenemos que hacer esto.

Rokugo levantó las manos en señal de rendición.
—Bueno, bienvenido a la cultura de Kisaragi. 

Mientras tanto, algunos de los otros agentes comenzaron a bromear entre ellos, olvidando momentáneamente las tensiones del campo de batalla. Incluso Russel, aunque a regañadientes, empezó a relajarse un poco.

En el comedor al día siguiente, Rokugo reunió a varios agentes para discutir un tema importante.

—Escuchen, chicos, tengo una idea loca. ¿Qué les parece si organizamos un golpe de estado contra Grace para evitar la ejecución de Viper? —dijo Rokugo con una sonrisa sarcástica, pero con un tono lo suficientemente convincente como para causar un revuelo entre los presentes.

Alice, que había estado observando desde la esquina, interrumpió.

—Rokugo, esa ejecución es algo que Viper misma propuso. No olvides que esto es parte del acuerdo que ella firmó con la Princesa Tilis.

—¿Y qué? —protestó Rokugo—. A veces, las personas no saben lo que realmente quieren. ¿Qué clase de caballero sería si dejo que eso pase?

—Caballero, mis circuitos... —respondió Alice, rodando los ojos. - Eres un agente de Kisaragi. 

Viper ya había sido movida a una celda, donde esperaba pacientemente el día de su ejecución, con una expresión tranquila y la confianza de que el plan seguiría adelante, pase lo que pase.

La ejecución publica estaba planeada para el día siguiente, con una gran multitud convocada para presenciar la caída de la exreina demonio.

Esa noche, Rokugo se retiró a una habitación privada para redactar su informe a la sede central de Kisaragi. Escribió sobre los resultados de la batalla contra el Rey de Arena, la incorporación de los demonios al equipo de Kisaragi, y cómo lograron evitar un conflicto mayor con el Reino de Grace.

Finalmente, agregó una línea final que seguramente provocaría una reacción en Astaroth, su superior:

—"Solicito Volver a Kisaragi lo mas pronto posible."

Cerró su informe y lo envió

Necesitaba una cantidad enorme de puntos malos para cumplir su mision y si salia bien, mañana mismo tambien volveria a la tierra y no necesitaria volver a ver a los habitantes del planeta.

Antes de la "ejecución" de Viper, Grimm regresó al campamento completamente enojada.

—¡¿Cómo pudieron matarlo sin mí?! ¡Siempre hacen todo lo importante cuando estoy muerta! —gritó Grimm, visiblemente indignada.

—Bueno, para ser justos, Grimm, tú siempre mueres —respondió Rokugo con una sonrisa burlona. - Y Tampoco tienes poder sobre los titanes o ¿ya te olvidaste como moriste en primer lugar?

—¡Eso no importa! Aun si soy una sacerdotisa de Zenarith, merecía estar ahí y luchar... No puedo creer que me hayan dejado fuera —se quejó, inflando las mejillas como una niña molesta—. ¿Sabes lo frustrante que es despertar y ver que se han perdido los mejores momentos?

Rokugo, con un tono más conciliador, animar a Grimm por su ausencia en la batalla.

—Está bien, ¿Qué tal si hacemos una cita? Solo tú y yo. Te prometo que será algo especial.

Grimm se sonrojó ligeramente, levantando una ceja en señal de sorpresa y escepticismo.

—¿Una cita? —repitió, mirándolo con recelo—. ¿Crees que puedes comprar mi perdón con una simple cita? ¡No soy una chica fácil, Comandante!

Rokugo mantuvo su sonrisa, encontrando su reacción encantadora y a la vez entretenida. Sacó un pequeño bento que había preparado antes y se lo mostró, moviéndolo ligeramente para tentar a Grimm.

—¿Y qué tal si incluyo este bento? Podemos comer juntos mientras disfrutamos de la vista.

Al ver el bento, los ojos de Grimm brillaron de emoción. Normalmente ella era quien le hacia la comida a Rokugo pero le parecio maravilloso que Rokugo le devolviera el gesto, aunque probablemente sea comida del Bar de Kisarago. Intentando mantener su compostura, carraspeó ligeramente.

—Bueno... si es así, supongo que podríamos ir... pero solo porque me debes una por dejarme fuera de la pelea —aceptó, tratando de sonar despreocupada, aunque estaba claro que la emoción la traicionaba.

El plan de Rokugo seguía siendo claro: conquistar sin comprometerse realmente, solo utilizando su encanto para conseguir puntos malos facil

Rokugo sonrió, sin poder evitarlo, y la condujo hacia una colina cercana donde se podía ver toda la ciudad refugio, era de noche asi que los titanes estaba inactivos, aunque cercanos. Se podía ver al hombre tigre y Rose y Russel, aullando hacia la luna Se sentaron en el suelo, y Grimm miraba alrededor, desconcertada, mientras él abría el bento. Se sentaron en el suelo, y Grimm observaba todo a su alrededor, desconcertada por la calma de Rokugo mientras él abría el bento y comenzaba a comer.

Pero cuando miró más de cerca, notó algo extraño. Rokugo no estaba realmente disfrutando de su comida. En lugar de eso, estaba mirando con atención los árboles cercanos, como si estuviera buscando algo. Finalmente, después de unos minutos de incomodidad, Rokugo se giró hacia ella, con una expresión más tranquila, y le habló. 

—¿Sabes, Grimm? —dijo Rokugo mientras miraba el cielo nocturno—. Este planeta es mucho más extraño de lo que esperaba, pero tiene su encanto.

—No estoy tan segura de compartir tu sentimiento.

Rokugo le sonrió, como si no entendiera por qué ella estaba sorprendida.

—Claro. Dime, ¿no es romántico? Un picnic bajo la luna, acompañados por estos... eh, "singulares" seres. Esto es lo que hace que Kisaragi sea especial —dijo, mordiéndose una risa mientras le ofrecía un bocado de su bento.

Grimm suspiró, resignada, pero tomó el bocado de comida y comió, sintiéndose un poco estafada. Aun así, en el fondo, había algo en ese momento caótico que le hacía gracia. Después de todo, estar con Rokugo siempre era un enigma, una aventura impredecible que nunca terminaba de entender.

—Tsk, esto no cuenta como una cita "normal" para nada... —murmuró, sonrojándose un poco, pero finalmente cediendo—. Pero supongo que te lo dejaré pasar... esta vez.

Rokugo rió ante su expresión frustrada, y continuaron comiendo en silencio, disfrutando de la extraña "paz" que les ofrecía el entorno bizarro de Kisaragi.

En su mente, Rokugo estaba empezando a inquietarse más, pensando en Astaroth y cómo podría pensar de todo esto. De alguna manera, él había recibido permiso para involucrarse con doncellas si eso ayudaba en las conquistas de Kisaragi. Sin embargo, no podía permitir que Grimm se convirtiera en un obstáculo. ¿Cómo podría estar involucrado con alguien como ella? Al final, él no le iba a permitir hacerle daño a sus planes, pero al mismo tiempo, un extraño sentimiento de nerviosismo crecía dentro de él.

A pesar de todo, Grimm no dejó de observarlo, con una mezcla de desconcierto y cansancio. Ella había comenzado a imaginar que tal vez algo real podría surgir entre ellos, pero este momento le parecía más una burla que una oportunidad de conexión genuina.

—Comandante, ¿Qué estamos haciendo aquí? —dijo, su voz teñida de frustración

 Esa noche, Rokugo estaba perdido en sus pensamientos mientras observaba el cielo estrellado. Sabía que, si quería rescatar a Viper y enviarla a la Tierra, necesitaría muchos puntos malos, pero la tarea no era sencilla a pesar de todo lo que había ocurrido, Rokugo decidió que, por una vez, iba a intentar darle a Grimm lo que había estado pidiendo para obtener una mayor cantidad de puntos malos. 

Mientras reflexionaba, Grimm se acercó con su silla de ruedas, observándolo en silencio antes de lanzar una serie de preguntas cargadas de inseguridad. Grimm estaba sentada frente a él, hablando y gesticulando sin parar mientras él solo escuchaba. Aunque no lo mostraba, en su interior Rokugo se sentía un poco incómodo con la situación. Tenía tantas cosas en su cabeza, tantas preocupaciones, pero allí estaba, dispuesto a pasar un momento de calma con ella.

—...Y entonces, el capitán del mi unidad dijo que teníamos que encontrar una forma de salir porque la tormenta se estaba acercando, ¡y yo pensé que jamás saldríamos de ahí! —continuó Grimm, su voz llena de emoción mientras Rokugo asentía con calma.

Finalmente, después de un largo monólogo, Grimm se detuvo y lo miró con una ceja levantada.

—Comandante, tenemos que hablar. —dijo, su tono tomando un giro más serio.

Él la miró, intrigado, pero ella continuó sin darle tiempo para responder.

—¿Por qué pusiste en el contrato que no hagamos cosas de novios? —preguntó, cruzando los brazos sobre su pecho—. No nos damos de las manos, no nos decimos cosas como "amor", "cariño", "mi vida"... ¡ni siquiera nos besamos! —añadió, ahora claramente molesta—. ¡No puedes decirme que no estás interesado en eso o... algo más intenso !—dijo Grimm, mirándolo con una sonrisa expectante y un brillo en los ojos. —¿Qué soy para ti? ¿Acaso te avergüenzas de que sea tu novia? —disparó Grimm, cruzando los brazos y esperando una respuesta.

Rokugo suspiró, pensando para sí mismo: "Ay, Grimm... si supieras que tú eres la otra." Pero decidió no decirlo en voz alta. En cambio, trató de reír suavemente, sintió cómo una extraña presión se acumulaba en su pecho. La forma en que hablaba... No era solo una queja, sino una invitación, una demanda. Y esa demanda, combinada con el hecho de que llevaba casi un año sin ninguna relación íntima, empezó a hacerle sentir una creciente necesidad que no había anticipado. El impulso de salir corriendo o de dar una respuesta tajante se desvaneció, y en su lugar, algo más primitivo comenzó a surgir.

Grimm, por otro lado, estaba claramente ansiosa, esperando una respuesta que no llegaba. Pero antes de que pudiera añadir algo más, Rokugo hizo algo que no había planeado.

—Bueno, Grimm, tú siempre hablas de cosas de novios, pero... ¿en serio estás preparada para eso? —preguntó, con una sonrisa ligeramente burlona.

Grimm pareció ofenderse un poco, poniéndose las manos en la cintura.

—¡Claro que sí! ¡Yo soy una mujer madura y lista para hacer cosas de novios! —protestó con un leve sonrojo, aunque claramente nerviosa.

Sin darle tiempo para hablar más, bajó la cabeza, acercándose a su silla de ruedas. En un movimiento sorpresivo, se inclinó hacia Grimm y la besó, sus labios tocando los de ella en un contacto suave, casi experimental.

Grimm se quedó completamente inmóvil, desconcertada. La sorpresa la dejó sin aliento por un momento, pero luego, como si algo se desatara en su interior, cerró los ojos y correspondió al beso, sus manos temblorosas aferrándose a los costados de su silla. La tensión que había sentido hasta ese momento desapareció por completo, reemplazada por una euforia cálida y confusa.

Después de separarse, Grimm , visiblemente aturdida, pero una gran sonrisa apareció en su rostro, como si todo lo que había estado esperando finalmente hubiera ocurrido.

Rokugo, sintiendo el calor que se había acumulado en su pecho, sonrió de forma torcida. Pero la verdad era que no podía evitar sentirse satisfecho consigo mismo.

—Entonces... ¿mi casa o la tuya? —preguntó, manteniendo su tono relajado, aunque sus palabras ocultaban un ligero nerviosismo.

Grimm se sonrojó profundamente, su mente comenzando a dar vueltas. Sabía que si iban a la casa de Rokugo, Alice podría interrumpir en cualquier momento. La idea de que la joven asistente de Rokugo los interrumpiera no era algo que le agradaba, especialmente con lo que iba a ocurrir.

—Mejor... mejor vamos a mi casa —dijo finalmente, con una pequeña sonrisa traviesa—. No quiero sorpresas.

Rokugo la miró, un brillo de satisfacción en sus ojos, mientras se levantaba de la silla y la ayudaba a levantarse también. Aunque no lo admitiera, sentía un alivio extraño, como si al menos esa incertidumbre se hubiera resuelto, al menos por un momento.

Ambos caminaron hacia la entrada de la ciudad escondite, de ahi al puente y de ahi al barrio peligroso de Grace, pero algo en el aire había cambiado. Las palabras no eran necesarias para saber lo que cada uno pensaba en ese momento.

Poco después, en la casa de Grimm

Rokugo la siguió hasta su humilde vivienda, un lugar pequeño y algo destartalado. Las paredes tenían un aspecto antiguo, y el ambiente estaba lleno de cierto encanto rústico, aunque algo deteriorado. No era precisamente un palacio, pero era lo que Grimm podía costear, y a Rokugo no parecía importarle demasiado.

Grimm se levanto a abrir la puerta, y estaciono su silla de ruedas alado de la puerta. 

—Bienvenido a mi humilde morada, Comandante —dijo Grimm, con un tono nervioso, llevándolo hasta la puerta de su habitación, que era igual de sencilla, con una cama pequeña y sábanas algo desgastadas.

Rokugo observó el lugar con una sonrisa leve, y luego se volvió hacia ella.

—Bonito lugar, Grimm. Es... acogedor —comentó, tratando de ser diplomático.

Rokugo cruzó el umbral de la humilde casa de Grimm, observando todo a su alrededor con una mezcla de desconcierto y humor. La decoración de la casa era... peculiar, incluso para los estándares medievales. Había cortinas de encaje que parecían haber visto mejores días, un tapiz en el que figuraban gallinas, y algunas cestas tejidas apiladas en una esquina. Era como entrar a la casa de una abuelita, cosa que parecía desentonar completamente con la imagen de la temperamental sacerdotisa de Zenarith.

Además, notó que el lugar estaba acondicionado de una manera extraña. Aunque Grimm usaba silla de ruedas la mayor parte del tiempo, parecía que se las había arreglado para que la casa estuviera organizada de tal forma que caminar descalzo fuera la opción ideal, con tapetes y cojines en el suelo, suaves y acolchados. Claro, tenía sentido considerando su maldición de no usar zapatos.

Grimm, que había estado conteniendo la emoción y la nerviosa anticipación todo el camino hasta allí, finalmente se bajó de su silla de ruedas, dejándose llevar por el momento.

—Este... comandante... esto... esto es lo que siempre imaginé para mi primera vez —murmuró Grimm, claramente metida en su propia ilusión romántica, mientras arreglaba un mechón de su cabello con nerviosismo—. Hoy finalmente voy a hacerlo, y contigo... —susurró, pero luego pareció recordar algo y su rostro se ensombreció, como si la mala suerte le hubiera dado un golpe en el estómago.

Rokugo, quien ya estaba explorando el ambiente, miraba una colección de figuras de cerámica que parecían ser representaciones de ancianas rezando.

Grimm, con una expresión seria y suspicaz, se giró para mirarlo y suspiró. Se acercó a él y le dijo en voz baja, casi tímidamente:

—Rokugo... comandante , tengo que confirmar algo antes... —dijo, y él, distraído aún con los pequeños ídolos y sin prestar mucha atención, respondió automáticamente:

—Sí, claro, lo que sea.

—¿Eres mi novio? —preguntó Grimm, con voz dulce y con una ligera esperanza en sus ojos.

—Sí —repitió él, aún distraído, examinando los estantes llenos de pequeños amuletos y colgantes.

<optuviste puntos malos>

—¿No estás aquí solo para dejarme e irte? —insistió ella, buscando algo de seguridad.

—No... claro que no. —Rokugo apenas levantó la vista, tratando de ignorar una espeluznante muñeca de trapo en el estante.

<optuviste puntos malos>

Grimm se aclaró la garganta, impaciente, e intentó sonar casual mientras lanzaba su próxima pregunta.

—¿Vamos a dormir juntos hoy?

—Sí.

<optuviste puntos malos>

—¿Vamos a hacer cosas de novios hoy? —insistió Grimm, su emoción aumentando visiblemente.

—Sí, lo que sea... —dijo Rokugo, asintiendo mientras sus ojos caían en un extraño cuadro de un gato bordado en punto de cruz. No podía entender cómo Grimm vivía en medio de tantos objetos extraños.

<optuviste puntos malos>

Grimm frunció el ceño. Dado que él no parecía estar prestando atención, decidió ser completamente directa.

—Sabes que cuando digo "dormir" y "cosas de novios" no me refiero a literalmente dormir o a cosas de citas, ¿verdad?

Rokugo parpadeó, como si al fin captara la pregunta y lo que Grimm realmente estaba insinuando.

—Ajá... —asintió, visiblemente más alerta ahora.

<optuviste puntos malos>

Grimm se sonrojó un poco, pero aún insegura, tomó aire y finalmente soltó:

—Sé que no se supone que sea tan directa, pero en vista de que no me estás prestando atención... ¿Vamos a tener sexo aquí y ahora mismo?

<optuviste puntos malos>

La paciencia de Rokugo ya estaba en su límite, y exasperado, decidió ponerle fin a la lluvia de preguntas.

—¡Sí, Grimm! ¡Sí, vamos a hacerlo aquí y ahora mismo! —soltó, con un tono algo cansado pero decidido.

Grimm parpadeó, y en un segundo su rostro recuperó toda la emoción y el brillo.

—¡Oh, perfecto! Pero... ¡espera! No entres a mi cuarto todavía. —Se giró rápidamente y desapareció tras la puerta de la habitación, dejándolo esperando en la sala.

Dentro, Grimm comenzó a mover cosas apresuradamente. Quitó los ídolos y las velas dedicadas a Zenarith de su mesa de noche y guardó algunos amuletos bajo la cama. No había considerado que la noche fuera a terminar así, y en su entusiasmo había olvidado que la decoración espiritual podría resultar... incómoda. También escondió unas cuantas botellas  dudoso origen.

Desde la sala, Rokugo escuchaba los ruidos y golpes que venían del cuarto de Grimm y alzó una ceja, preguntándose cuánto tardaría en "poner todo en orden."

- Creo que eso esta bien, no falta nada mas... No, no vaya a ser que tenga que usar mi baño todo cochino. 

-Listo termine... La Cama, LA CAMA, debo hacer espacio ... No asi no.. AHHHH

-Creo que asi se ve menos peor 

Finalmente, Grimm apareció en la puerta, sonriendo ampliamente.

Finalmente, Grimm apareció en la puerta, sonriendo ampliamente

—Ya está todo listo, Rokugo... puedes entrar. —Le hizo una seña con la mano, algo nerviosa, pero también visiblemente emocionada.

Rokugo le devolvió una sonrisa, resignado a lo que se avecinaba, pero algo en su interior le decía que la noche estaba por volverse mucho más surrealista de lo que había imaginado. Entro en la habitación de Grimm. 

- Diculpa el desorden

- ¿Cual desorden?

- Que bueno que Limpie- Pensó Grimm para si misma.

Grimm, intentando no sentirse intimidada, se sentó en la cama y, con evidente nerviosismo, trató de adoptar una pose coqueta que había visto en Piyoko Club, levantando un brazo sobre su cabeza y cruzando las piernas de una forma un tanto incómoda, posada torpemente sobre su cama, intentando adoptar una postura que había visto en una de esas revistas viejas. Sus movimientos eran tan rígidos y caricaturescos que Rokugo tuvo que contener una carcajada.

 Sus movimientos eran tan rígidos y caricaturescos que Rokugo tuvo que contener una carcajada

Rokugo soltó una pequeña risa al ver el intento tan evidente de seducción. No pudo evitar sentir un poco de vergüenza ajena por las pocas habilidades sociales de Grimm, pero también algo de ternura por lo mucho que ella estaba esforzándose.

—Grimm, deja esas tonterías.

—¿Entonces... qué te parece si... hacemos cosas de novios? —dijo, con una voz temblorosa, mirándolo a través de sus pestañas de forma torpe.

—¿Sabes, Grimm? Antes de cualquier cosa... ¿por qué no te das un baño primero? Relájate un poco, usa agua caliente, Ya habían instalado una nueva Red de agua en Grace si mal no recuerdo —sugirió Rokugo con una sonrisa, intentando aliviar la tensión y darle un poco de tiempo para prepararse.

Grimm asintió rápidamente, aunque claramente nerviosa.

—¿Un... un baño? Sí, claro... eso suena bien —dijo, levantándose y caminando hacia el pequeño baño de su casa.

Mientras se dirigía hacia allí

- Pero desvístete aqui. 

Grimm se paro en seco. miró hacia atrás con un ligero sonrojo y murmuró:

—Y-Ya me has visto en ropa interior antes, así que... supongo que no importa, ¿verdad?

Rokugo solo le dio una sonrisa divertida y asintió

Rokugo (riendo): "¿Sabes qué, Grimm? Deberías relajarte... No hace falta que te esfuerces tanto."

Grimm (sonrojada y algo insegura): "Ah... sí, tienes razón."

ella camino mas rápido y se metió al baño sin cerrar la puerta. 

—Ah, Comandante... ¿quieres quedarte cerca por si... pasa algo? —preguntó, con un intento poco disimulado de sonar seductora.

—Sí, claro, me quedaré aquí afuera —respondió Rokugo con tono casual, mientras se servía una cerveza que había encontrado - "Nunca le digo que no a una bien fría."

Rokugo se bebió toda la cerveza de golpe para agarrar valor, se quito su armadura de combate para unirse al baño con ella , Dentro del baño, Grimm comenzó a desvestirse, dejando caer sus prendas una por una mientras trataba de no resbalar en el pequeño piso de piedras. Cuando finalmente entró en la ducha, dejó que el agua caliente corriera por su cuerpo. La sensación del agua caliente era relajante, y aunque sus pensamientos iban y venían con nerviosismo, empezó a sentirse un poco más cómoda.

De repente, la puerta del baño se abrió suavemente, y Rokugo entró con su cerveza en la mano, ignorando completamente las dudas de Grimm. Ella intentó mantenerse tranquila, pero su corazón latía a mil por hora.

—¡¿C-Comandante?! —Grimm se giró de golpe, cubriéndose el pecho con las manos aunque aún llevaba puesta una toalla pequeña sobre los hombros. Sus ojos pasaron del torso de Rokugo, lleno de cicatrices, a su rostro despreocupado. Parecía que había perdido las palabras.

—¿Qué? —dijo Rokugo con calma mientras se acercaba al borde de la tina—. ¿Nunca habías visto un hombre desnudo antes? 

—¡Eso no es lo importante! ¡Tú... tú...! —Grimm agitaba las manos, incapaz de formar una frase coherente. Al final, soltó algo que parecía una mezcla de honestidad brutal y pura curiosidad—. ¡Estás todo lleno de cicatrices!  

—No te emociones tanto. —Rokugo se apoyó en la pared, bebiendo tranquilamente mientras observaba cómo Grimm intentaba terminar su baño lo más rápido posible, sin dejar de mirarlo con una mezcla de vergüenza y emoción.

—¿Eh? ¿Vas a... vas a darme un masaje? —preguntó Grimm, sorprendida, mientras lo veía acercarse con una expresión tranquila, cubriéndose con las manos mientras el agua seguía cayendo.

—Sí, algo así. —respondió Rokugo mientras se arrodillaba frente a ella, tomando uno de sus pies con suavidad. Grimm se sonrojó intensamente, cerrando los ojos mientras sentía sus manos sobre su piel. 

Rokugo comenzó a masajear los pies de Grimm con el maximo cuidado que podria tener un agente de Kisaragi, sus manos presionando los puntos de tensión. Grimm dejó escapar un suspiro de alivio, claramente disfrutando la atención que él le estaba dando.

—Comandante... esto es... muy agradable —murmuró, con un tono más suave de lo habitual, mientras se relajaba cada vez más.

—Me alegra que te guste —dijo Rokugo, con una sonrisa genuina—. Solo relájate y disfruta. Hoy es tu noche.

Rokugo suspiró mientras se metía a la tina con ella, como si no le importara en lo más mínimo la incomodidad de Grimm. Al verla encogerse contra un rincón del baño, le lanzó una mirada que mezclaba humor con cansancio.

Después de un rato en el que la atmósfera había cambiado a algo más íntimo y cargado, Rokugo observó a Grimm, quien ahora estaba relajada, mirándolo con una mezcla de nerviosismo y expectativa. Él también se sentía un poco nervioso, lo cual no era común en él.

En su mente, Rokugo reflexionaba consigo mismo: "¿Estará bien hacer esto? No sé si Grimm puede embarazarse considerando que es una muerto viviente, pero... ¿qué haría Astaroth si se enterara de esto? Aunque, pensando bien, no es la primera vez que tengo una aventura de una noche... Mientras nadie lo sepa, todo estará bien. Mañana en la noche estaré de vuelta en la tierra"

—Comandante... —empezó a decir Grimm, notando por primera vez las cicatrices en su pecho que quedaban al descubierto sin su armadura—. ¿Qué son esas marcas? ¿Son de alguna batalla? ¿O fue en alguna pelea contra un animal o un titan como el Rey de Arena?

Rokugo bajó la mirada hacia su propio pecho, y luego volvió la vista a Grimm con una sonrisa despreocupada.

—¿Esto? Nah, nada tan glorioso como eso. —Se señaló una de las cicatrices más grandes que cruzaba de un hombro al otro—. Estas son cortes de bisturí. Lilith me las hizo cuando me hizo las cirugías de mejora corporal.

—¿Cirugías de mejora corporal? Nunca entendi, como funciona eso exactamente —preguntó Grimm, frunciendo el ceño con una mezcla de curiosidad y confusión.

Rokugo asintió, recostándose contra la cabecera de la cama.

—Básicamente, Kisaragi se asegura de que sus agentes estén en óptimas condiciones. Nos operan para mejorar nuestros reflejos, fuerza, resistencia, lo que sea que necesites para cumplir las misiones. Todo es parte del contrato. —Dijo esto último con un tono que denotaba resignación.

Grimm parpadeó, confusa, pero con un leve temblor en su voz.

—Eso suena... horrible. ¿No te dolió?

—¿Dolor? Por supuesto que sí, pero no es algo en lo que piense ahora. —Rokugo apoyó la cabeza contra el borde de la tina, relajándose. Había algo interesante en hablar de cosas tan frías con una sacerdotisa como Grimm. Su rostro estaba lleno de preocupación, pero también parecía genuinamente interesada.

—No sé qué decir... —murmuró Grimm, mientras se llevaba una mano al pecho—. Yo solo...

—Entonces no digas nada. —Rokugo la interrumpió, soltando una pequeña risa mientras se inclinaba hacia ella. Sus ojos la observaban fijamente, como si estuviera estudiando su reacción. Fue entonces cuando Grimm sintió que el ambiente cambiaba.

Él estaba demasiado cerca.

—C-Comandante...

—Rokugo —la corrigió él, inclinándose un poco más, lo suficiente como para que sus respiraciones se mezclaran.

—¿Eh...?

—Llámame Rokugo. Si vamos a "hacer cosas de novios" como dijiste, ¿no es lo normal?       

Grimm se inclinó un poco hacia él, mirando las cicatrices con más detalle. Su curiosidad morbosa empezó a ganar terreno.

—¿Y... tu pene? —preguntó, refiriéndose a su entrepierna con un tono vacilante y las mejillas completamente rojas—. ¿También fue parte de esas mejoras?

Rokugo, notando la dirección de la pregunta, sonrió de manera coqueta y se inclinó hacia ella.

—Claro que sí. —Le guiñó un ojo—.debía ser funcional y... destacar.

Grimm se sonrojó aún más, tratando de apartar la mirada pero sin éxito.

—¡N-no puedo creer que estés tan tranquilo diciendo esas cosas! —exclamó, llevando las manos a su rostro para cubrirse.

—Oh, vamos, Grimm. Ambos somos adultos y la mayoría tiene erecciones análogas, esta mierda es digital. —Rokugo tomó otro sorbo de su cerveza —. Deberías agradecer que Kisaragi siempre piensa en todo.

Grimm salió del baño envuelta en una toalla, pero con su cabello todavía mojado y desordenado.

Grimm se sentó nerviosa en su cama, la piel aún húmeda por el agua caliente, sintiendo una mezcla de ansiedad y anticipación. Miró hacia la puerta del baño. No sabía qué esperar exactamente de él, pero en su interior, una parte de ella estaba lista para avanzar en algo más. Sin embargo, su mente no dejaba de dar vueltas, preguntándose si realmente estaba preparada para lo que estaba a punto de suceder.

Rokugo salió del baño, aparentemente relajado, pero con una expresión algo seria. Caminó hacia ella, y Grimm no pudo evitar mirar cómo su postura y su actitud parecían inmutarse a medida que se acercaba. En ese momento, no estaba del todo segura de qué pensaba hacer, estaba inmersa en sus propios pensamientos. Desde hace tiempo, había fantaseado con un momento como este, pero ahora que realmente estaba sucediendo, el peso de la situación la hacía sentir una mezcla de ansiedad y emoción.

Grimm no sabía si reír, llorar o lanzarle una almohada a la cara, así que simplemente se quedó ahí, mirando al techo, tratando de procesar todo lo que acababa de escuchar mientras su corazón latía aceleradamente. En su mente, solo pudo decir para sí misma: "Perdóname, Lady Zenarith, porque esta noche... esta noche voy a pecar."

Rokugo tomó aire, rompiendo el silencio que había entre los dos, y le dio una sonrisa algo traviesa.

—Te voy a dar una excusa de verdad para usar esa silla de ruedas, Grimm —dijo él, con una mirada cómplice

—Te voy a dar una excusa de verdad para usar esa silla de ruedas, Grimm —dijo él, con una mirada cómplice.

Los dos intercambiaron una sonrisa cómplice y, con la habitación iluminada únicamente por la luz tenue de una vela, dejaron que el tiempo se desvaneciera entre ellos.

—¿Entonces...? —susurró Grimm, sintiendo el aire en su pecho—. ¿Qué vamos a hacer ahora?

Grimm estaba sentada en el borde de su cama, sintiéndose insegura y vulnerable. Aunque había decidido dar un paso importante con Rokugo, no podía evitar sentirse cohibida. Con sus manos cubriendo su cuerpo desnudo, miró a Rokugo con una mezcla de timidez y frustración.

—¡Comandante! No me mires así, esto es vergonzoso... —dijo Grimm, claramente incómoda mientras intentaba cubrirse aún más.

Rokugo, por su parte, se cruzó de brazos y sonrió con suficiencia, disfrutando del espectáculo.
—Vamos, Grimm, si ya llegamos hasta aquí, no tiene sentido que te pongas tímida ahora. Solo déjate llevar.

 Aunque ya habían avanzado bastante, todavía tenía preguntas.
—Espera, Rokugo... —dijo Grimm, levantando una mano como si quisiera detenerlo—. ¿Esto... esto no te hará daño, verdad?

Rokugo sonrió con suficiencia, acercándose un poco más.
—No te preocupes, Grimm. Seré gentil.

Grimm frunció el ceño, confundida.
—¿Gentil? ¿Qué quieres decir con eso?

Sin darle tiempo a protestar más, Rokugo retiró delicadamente las manos de Grimm que cubrían su cuerpo. Ella se resistió un poco, pero pronto cedió, dejándose guiar por él. Rokugo, siguiendo lo que había visto en sus revistas para adultos, decidió "innovar". Usó su lengua en una zona íntima de Grimm, lo que provocó una reacción inmediata.

—¡Espera, espera! ¿Qué estás haciendo? ¡Eso es raro y desagradable! —exclamó Grimm, todavía procesando lo que ocurría. 

Rokugo levantó la vista, con una sonrisa confiada.
—Confía en mí, sé lo que hago. Es...—respondió de forma tranquila, con una sonrisa traviesa—. Un gesto, digamos, un "preámbulo".

Grimm lo miró con escepticismo, pero al sentir una sensación inesperada, comenzó a relajarse poco a poco. Para su sorpresa, terminó disfrutando el momento, dejándose llevar por las caricias de Rokugo hasta alcanzar un clímax inesperado.

Después, Rokugo se acercó para besarla apasionadamente. Grimm, todavía pensando en lo que acababa de pasar, hizo una mueca.

—¡Puaj! Tu lengua sabe rara ahora —exclamó, algo fuera de control. —No deberías usar tu lengua así... antes de besarme.

A pesar de su queja, Grimm correspondió al beso con torpeza, incapaz de resistirse al calor del momento. La razón por la que había intentado resistirse fue completamente olvidada cuando las manos de Rokugo empezaron a moverse por su espalda, y el deseo se apoderó de ella. Grimm dejó de resistirse por completo, dejándose llevar por el momento y correspondiendo al beso con igual fervor.

Rokugo se separó ligeramente, mirando a Grimm con intensidad. Ella, con los ojos entrecerrados, respiraba profundamente, su pecho subiendo y bajando de manera irregular.

—No te preocupes, Grimm —dijo él, sonriendo de forma relajada—. Es solo un beso. Un beso de lo más normal... solo que con un pequeño toque especial.

Grimm, sintiéndose vulnerable, instintivamente llevó sus manos para cubrirse, como si quisiera esconderse de la mirada penetrante de Rokugo.
—No... no me mires —dijo Grimm, su voz temblorosa y llena de vergüenza.

Rokugo arqueó una ceja, deteniéndose brevemente antes de tomar sus manos con delicadeza.
—Grimm, ya llegamos muy lejos para que te pongas así ahora —dijo con calma, aunque su tono tenía un deje de impaciencia.

Grimm bajó la mirada, sus mejillas completamente rojas.
—Es que... no sé qué hacer —confesó, su voz apenas audible. Luego, tras una pausa incómoda, añadió rápidamente—: Bueno, sí sé lo que se supone que debo hacer porque lo he leído y escuchado, pero... nunca lo he hecho.

Rokugo soltó una risa baja, aunque no era burlona, sino más bien comprensiva.
—Vaya, esto sí que es nuevo. Pensé que alguien tan obsesionada con Zenarith tendría algún manual espiritual sobre el tema —comentó con una sonrisa traviesa, aunque suavizó su expresión al ver la inseguridad en los ojos de Grimm.

—No es gracioso —protestó ella, todavía evitando su mirada.

Rokugo suspiró, acercándose un poco más para hablar con seriedad.
—Mira, no tiene que ser complicado. Solo... sigue lo que sientes. No es como si fuera una misión táctica donde todo tiene que salir perfecto. Relájate, ¿de acuerdo?

Grimm asintió lentamente, aunque su cuerpo seguía rígido. Rokugo, notando su incomodidad, decidió guiarla con paciencia. Lentamente, comenzó a retirar sus manos de su cuerpo, asegurándose de que ella estuviera cómoda con cada movimiento. 

Grimm, ahora sonrojada y sin poder pensar claramente, miró a Rokugo y finalmente, tras un suspiro de rendición, se tumbó de espaldas en la cama, mirando hacia el techo, con una leve sonrisa en los labios.

—Haz conmigo lo que quieras... —dijo ella, sin más reservas, señalando con un gesto hacia él para que se acercara.

Rokugo la observó un momento, notando el cambio en su actitud. Grimm estaba completamente entregada al momento, sin más dudas ni inseguridades. Con una sonrisa ladeada, se acercó a ella, sabiendo que, por esta vez, no había vuelta atrás.

Aunque al principio sintió un ligero dolor, Grimm pronto empezó a relajarse, dejándose llevar por la situación.

Sin embargo, en su mente, una batalla interna se desataba. Su yo consciente, que siempre había seguido las estrictas enseñanzas de Zenarith, estaba en conflicto con su cuerpo, que parecía estar respondiendo a algo que había anhelado inconscientemente durante mucho tiempo. Era como si su cuerpo hubiera estado esperando ese tipo de cariño toda su vida, pero su mente se negaba a aceptarlo.

"¿Qué estoy haciendo? Esto no está bien... pero... ¿por qué se siente tan diferente?" pensó Grimm, confundida por las emociones contradictorias que la invadían.  

 La noche se convirtió en algo que ambos sabían que jamás olvidarían, sin importar lo que pudiera suceder después.

Grimm se encontraba tumbada en la cama, su respiración entrecortada mientras intentaba procesar lo que estaba ocurriendo. Rokugo la observaba desde arriba, sus ojos reflejando una mezcla de deseo y curiosidad. Grimm, se sentía perdida, sin saber cómo reaccionar.

El ambiente en la habitación era tranquilo y relajado. Rokugo estaba recostado a un lado de Grimm, observándola mientras ambos respiraban con calma. Él tenía una expresión satisfecha, mientras que ella parecía estar procesando lo que acababa de ocurrir.

Después de un momento de silencio, Grimm lo miró con una expresión neutral y le preguntó, en un tono casi decepcionado:

—¿Eso fue todo? -  Había pasado toda su vida imaginando este tipo de escenas románticas basadas en las revistas que había leído, y la realidad no cumplió con sus expectativas.

Rokugo, claramente sorprendido y algo herido en su orgullo, soltó una risa sarcástica.

—Vaya... eres muy fría, Grimm. ¿Así le agradeces a tu novio? —dijo él, tratando de mantener el humor en la situación, aunque con una pizca de resignación.

Grimm se sonrojó ligeramente, dándose cuenta de que su comentario tal vez había sido un poco insensible. Sin embargo, en su mente, había idealizado el momento de una manera tan fantástica que la realidad no coincidía con sus expectativas.

—No, no... es solo que pensé que... no sé, tal vez algo más... espectacular... —respondió, tratando de encontrar las palabras adecuadas mientras evitaba su mirada.

Rokugo miró a Grimm, quien todavía mostraba una mezcla de insatisfacción y decepción en su rostro. Con una sonrisa confiada, le hizo un gesto para acercarse.

—Todavía me queda energía para otro round, ¿sabes? —dijo Rokugo con un brillo en los ojos, insinuando algo más.

Grimm lo miró con una mezcla de sorpresa y nerviosismo, dudando un poco sobre lo que él estaba sugiriendo.

—¿Qué... qué planeas hacer ahora? —preguntó ella, sintiendo una pequeña punzada de incertidumbre en su estómago.

Rokugo le dedicó una sonrisa traviesa y le hizo un gesto

—Confía en mí, solo... solo relájate. Tengo algo especial en mente, agachate —murmuró él, acercándose a ella. Grimm, aunque con un leve rubor en sus mejillas y algo de temor, asintió y lentamente se dio la vuelta, siguiendo sus indicaciones.

Grimm lo miró con escepticismo, claramente incómoda pero dispuesta a cooperar.
—¿Qué quieres que haga ahora? —preguntó, tratando de sonar casual, aunque sus mejillas estaban completamente rojas.

Con cuidado, Rokugo se inclinó hacia adelante, cerca de sus orejas, y susurró suavemente:

—Tranquila, Grimm. Solo déjate llevar. Esta vez, voy a hacer que sea memorable —dijo en un tono tan suave y cariñoso que hizo que el corazón de Grimm se acelerara aún más. - Lo que va a hacer con tus pechos es. ..

Rokugo le explicó lo que tenía en mente, detallando cómo usar sus senos para cumplir su fantasía. Grimm frunció el ceño, visiblemente desconcertada.
—Eso no suena natural... ¿Por qué alguien haría algo así?

Rokugo sonrió con suficiencia, encogiéndose de hombros.
—Es algo común en mi mundo. Aunque, para ser honesto, hay otras cosas que también se hacen, pero prefiero no mencionarlas por tu propia salud mental.

Grimm bufó, todavía incómoda, pero decidió seguir adelante. "Si esto hace feliz a Rokugo," pensó, "entonces tal vez sea lo correcto." Con un suspiro resignado, comenzó a hacer lo que él le había pedido.

Mientras Rokugo continuaba susurrándole cosas dulces y reconfortantes, su nerviosismo comenzó a desvanecerse poco a poco, y, a pesar de lo que al principio sintió como vergüenza, Grimm no pudo evitar disfrutar de la atención y la dedicación que él le estaba dando.

A medida que avanzaba, Grimm observó cómo Rokugo parecía disfrutarlo. A pesar de su incomodidad inicial, algo dentro de ella cambió. Empezó a sentirse orgullosa, como si estuviera cumpliendo con su papel como "novia". Si Rokugo estaba contento, entonces ella también debería estarlo.

—Supongo que soy buena en esto... —murmuró Grimm, sorprendida al darse cuenta de que, para su vergüenza, estaba empezando a disfrutarlo también.

Rokugo soltó una risita baja, notando el cambio en su actitud.
—Vaya, Grimm, nunca pensé que te tomarías tan en serio esto de ser una buena novia.

Grimm lo fulminó con la mirada, aunque no pudo ocultar un ligero rubor en sus mejillas.
—No te burles de mí... Solo estoy haciendo lo que pediste.

Finalmente, Rokugo terminó, dejándose caer sobre la cama con un suspiro de satisfacción. Grimm, por otro lado, se sintió repentinamente agotada. No estaba acostumbrada a moverse tanto, y todo el esfuerzo físico comenzaba a pasarle factura.

Rokugo se recostó nuevamente junto a Grimm, respirando profundamente mientras una sonrisa satisfecha se dibujaba en su rostro. Se giró hacia ella y le susurró:

—Eso fue... bastante increíble. ¿No crees? —dijo él, con un tono de voz suave pero lleno de entusiasmo.

Grimm, con las mejillas completamente rojas y la cara manchada, evitaba mirarlo directamente, aún abrumada por lo que acababa de suceder. Sentía una mezcla de vergüenza y sorpresa, especialmente porque, contra todo pronóstico, realmente había disfrutado de lo que acababan de hacer.

—Y-yo... No vuelvas a pedirme algo tan raro, ¿de acuerdo? Esto fue demasiado —exclamo Grimm en voz baja, apenas audiblemente, mientras sus manos intentaban ocultar su rostro. Se sentía avergonzada de que algo tan inusual hubiera sido tan placentero para ella.

Rokugo soltó una pequeña risa y, divertido, le dio un suave golpecito en la cabeza.

— No era tan terrible, ¿verdad? —le dijo con satisfacción.

Grimm, aún sonrojada, soltó un suspiro y miró hacia el techo, tratando de calmar su corazón acelerado.

—Supongo... que tienes razón —murmuró, aún procesando todo lo que había pasado esa noche.  

—Grimm, vamos a intentar otra cosa —dijo Rokugo con calma, aunque con un tono ligeramente juguetón—. Solo sigue mis instrucciones.

...

Rokugo la rodeó con un brazo y la atrajo hacia él, aunque el momento fue íntimo, él no lo hizo con genuino afecto. Para él, Grimm no era más que una distracción temporal. No era amor verdadero, ni siquiera un cariño profundo; era simplemente una "aventura".

Rokugo encendió un cigarrillo y exhaló el humo con satisfacción, mientras Grimm miraba al techo en silencio. La adrenalina del momento se había desvanecido, y un extraño vacío comenzó a llenarla.

De repente, Grimm empezó a sollozar. Rokugo giró la cabeza, arqueando una ceja al verla.

—¿Qué te pasa ahora? —preguntó, aún sosteniendo el cigarrillo entre los dedos.

Grimm trató de secarse las lágrimas, pero estas no dejaban de brotar.

—Zenarith...va a castigarme por esto... Soy su sacerdotisa, y... y dejé que me sedujeras. Me dejé llevar por la emoción de tener un novio y... y me gustó cumplir tus fantasías.

Rokugo dejó escapar una pequeña risa, negando con la cabeza.

—Vamos, Grimm, estás exagerando.

No creo que a Zenarith le importe mucho lo que hagas.

Grimm escondió el rostro entre las manos, avergonzada y abrumada.

—No entiendes... yo soy su sacerdotisa, debería estar por encima de estas cosas. Pero aquí estoy, llorando como una tonta, porque... porque me dejé llevar por todas estas fantasías. No solo eso, ¡me gustaron! ¡Disfruté hacerlo!

Rokugo, al verla tan perturbada, se acercó y le puso una mano en el hombro.

—Oye, tranquila. No tienes por qué atormentarte. No hiciste nada malo. Además, no todos los días puedes cumplir tus fantasías, ¿no? No es nada del otro mundo... Bueno Si es de otro mundo pero tu me entiendes. 

Grimm se secó las lágrimas, mirando a Rokugo con ojos llenos de determinación.

—Rokugo... quiero que lo recuerdes, porque es importante para mí: nos casaremos en nueve años. Así que no pienses que esto es solo pasajero, ¿de acuerdo?

Rokugo le sonrió de forma tranquilizadora, asintiendo.

—Claro, Grimm. En nueve años, entonces —respondió, fingiendo aceptarlo para calmarla.

Finalmente, Grimm dejó de llorar, cerrando los ojos mientras el cansancio la vencía y se quedaba profundamente dormida. Rokugo soltó una pequeña risa, apagando su cigarrillo y recostándose a su lado, mientras el silencio de la noche cubría la habitación.

Grimm abrió los ojos lentamente, mirando el techo de su habitación con una mezcla de resignación y claridad. Había estado rumiando en silencio, sus pensamientos oscilando entre la culpa y la aceptación.

—Supongo que, cuando llegue mi última muerte... tendré que hacer cuentas con Zenarith —dijo en voz baja, más para sí misma que para Rokugo.

Él, aún despierto, la miró con curiosidad, apoyando la cabeza en una mano mientras jugueteaba con la colilla de su cigarrillo.

—Hasta entonces... quiero disfrutar esto, Rokugo. Quiero vivir esta experiencia. Mi primer novio... y mi futuro esposo —continuó Grimm, girándose hacia él con una mirada vulnerable.

Rokugo la observó un momento antes de responder.

—Si eso es lo que quieres, entonces hazlo, Grimm. Aunque debo decir, eso de "primer novio suena un poco cursi viniendo de ti.

Grimm le lanzó una mirada fulminante, pero no pudo evitar sonreír levemente. Luego, con un leve titubeo, continuó.

—Rokugo... hay algo que quiero decirte. Algo importante. No puedo tener hijos.

Lo soltó de golpe, esperando algún tipo de reacción negativa. Quizás decepción, tal vez una mueca incómoda. Pero Rokugo, en lugar de molestarse, dejó escapar una risa genuina, lo que la tomó completamente desprevenida.

—¿Por qué te ríes? —preguntó Grimm, confundida.

—Lo suponía. Tenía la sospecha de que no podías embarazarte. Y, para ser honesto, me alegra. No quiero tener hijos —admitió Rokugo con una naturalidad desconcertante.

—¿Eh? —Grimm parpadeó, incrédula.

—Los niños me irritan. Son ruidosos, exigentes y... bueno, hay uno en particular que de vez en cuando aparece llamándome "Ziperman". Es insoportable. Y además, yo fui huérfano. Ni de broma pienso criar niños, y si alguna vez tuviera uno, lo más probable es que lo abandonara.

Grimm lo miró boquiabierta, sin saber si sentirse horrorizada o reírse.

—¡Eso es cruel, Rokugo! —exclamó, aunque su tono no era del todo serio.

—¿Cruel? —repitió él, encogiéndose de hombros—. Tal vez, pero al menos soy honesto. Además, no pareces muy entusiasmada con los niños tampoco.

Grimm suspiró, resignada.

—Tienes razón... No los soporto. Siempre me han llamado "solterona" o se burlan de mí por usar silla de ruedas. Son tan crueles a veces. De hecho, no sé cómo es que Rose soporta estar conmigo, considerando lo infantil que puede ser ella misma.

Ambos quedaron en silencio por un momento, el ambiente comenzando a sentirse incómodamente serio. Rokugo decidió intervenir, levantando una ceja y dando una señal obvia.

—Bueno, creo que ya es suficiente charla profunda por una noche. ¿Por qué no dices algo como "quiero dormir" y acabamos con esto?

Grimm captó la indirecta y sonrió levemente.

—Está bien... Quiero dormir —dijo, acomodándose en su lado de la cama.

Rokugo apagó la colilla de su cigarrillo y se recostó también.

—Buena idea. Duerme, sacerdotisa de Zenarith. Mañana habrá más pecados para cometer.

Grimm rodó los ojos, pero no pudo evitar reír suavemente. Cerró los ojos, permitiendo que el sueño la envolviera mientras Rokugo permanecía en silencio, mirando el techo con una ligera sonrisa de satisfacción.

Cuando Grimm finalmente se quedó dormida, Rokugo se levantó de la cama y la miró en silencio. Acariciando su cabello, susurró para sí mismo:

Rokugo: "Lo siento, Grimm, pero mi verdadero amor es Astaroth."

Luego, se dio la vuelta, se vistió y salió del cuarto sin hacer ruido. En ese instante, Grimm, aún medio dormida, murmuró algo en sueños:

Grimm (medio dormida): "Sí... me casaré en nueve años..."

Rokugo dejó escapar una risa irónica, ignorando lo que Grimm había dicho en sueños, y salió rumbo a la base de Kisaragi y de ahi a Grace.

Viper estaba sentada en el suelo frío de su celda, con las rodillas contra el pecho y la mirada perdida en el vacío. Había pasado horas repitiéndose a sí misma que su decisión era la correcta. "Es lo mejor para mi pueblo," pensaba una y otra vez. "Si muero, ellos tendrán una oportunidad de vivir en paz. Es el precio que debo pagar por las masacres de mi padre."

Pero a pesar de sus intentos de autoconvencerse, las lágrimas comenzaron a brotar lentamente de sus ojos. No podía evitar sentirse abrumada por la injusticia de todo. ¿Por qué tenía que ser ella quien cargara con este peso? ¿Por qué siempre había sido vista como inferior, incluso entre su propio pueblo? En esos últimos días, había sentido algo que nunca antes había experimentado: la sensación de pertenecer. Los videojuegos con Rokugo, las bromas absurdas y los momentos compartidos con los agentes de Kisaragi... Todo eso la había hecho sentir viva.

De pronto, escuchó una voz familiar dentro de su mente.

De pronto, escuchó una voz familiar dentro de su mente

—Viper... soy yo, Rokugo. Puedo comunicarme contigo por telepatía —dijo la voz, en un tono serio y profundo.

Viper se sobresaltó al principio, pero rápidamente recuperó su compostura. Aunque aún lloraba, trató de mantener un tono firme mientras respondía en silencio.

—¿Rokugo? ¿Eres tú? No sabía que tenías ese tipo de poder... —respondió, incrédula pero con un atisbo de esperanza.

La voz continuó

 Rokugo sonaba tranquila, casi reconfortante.
—Sé que has estado lidiando con muchas cosas últimamente. Pero quiero que sepas algo: todos en Kisaragi te valoramos. Eres útil, eres parte del equipo. Estos días junto a nosotros... sé que disfrutaste ese tiempo más de lo que admitirías.

Viper cerró los ojos, dejando que las palabras de Rokugo calaran profundamente.
—Es cierto... estos últimos días fueron... especiales. Por primera vez, sentí que tenia un amigo con quien jugar, no alguien que se limitaba a obedecerme por ser la princesa o la reina. Pero ahora... —su voz se quebró—. Ahora ya no importa. Mi pueblo necesita esto. Si logro redimirlos con mi sacrificio, entonces habrá valido la pena.

Rokugo hizo una pausa dramática antes de continuar.
—No tienes que hacer esto, Viper. Puedo sacarte de aquí. Te llevaré de vuelta a la Ciudad Escondite y de Ahi a la sede principal de Kisaragi.

—Viper... dime la verdad, ¿Qué piensas realmente de todo esto? Esta es tu última oportunidad de ser completamente sincera. Nadie más nos escucha.

La exreina se tomó un momento para reflexionar. Bajó la mirada, dejando salir una confesión sincera, algo que había guardado en lo más profundo de su corazón.

—La verdad es que... todo esto, estos días que pasé con ustedes... han sido los mejores momentos de mi vida. Me sentia... libre, por primera vez —admitió, con un ligero temblor en su voz—. Es como si finalmente hubiera encontrado un lugar al que pertenezco. No podre coronar ese videojuego que tanto querías. 

Viper negó con la cabeza, aunque sabía que él no podía verla.
—No... para cuando llegues desde la Ciudad Escondite hasta Grace, ya será demasiado tarde. Además, romper esto sería traicionar el trato. Yo... yo solo lamento no haber podido verte una última vez

Mientras hablaba, su voz se volvió más sentimental, cargada de emociones contenidas durante mucho tiempo. Fue entonces cuando, de repente, Rokugo desactivó el modo invisible de su traje y apareció frente a ella con una sonrisa burlona en el rostro.

—¿Una última vez? —preguntó Rokugo, cruzándose de brazos—. Aquí estoy, idiota. Y no, no hay telepatía. Solo estaba escondido todo este tiempo.

OBTUVISTE PUNTOS MALOS

Viper lo miró boquiabierta, mezclando sorpresa e indignación.
—¡Eres un maldito bastardo! ¡Me hiciste creer que estabas usando telepatía!

Rokugo se encogió de hombros, sin perder su sonrisa arrogante.
—Bueno, funcionó, ¿no? Logré hacerte hablar. Ahora dime, ¿Qué decides?

Sin darle tiempo a responder, Rokugo sacó un cuchillo de su cinturón y cortó los barrotes de la celda con facilidad. El ruido metálico resonó en el pasillo, pero parecía que nadie más estaba cerca.

Viper, aún sentada en el suelo, lo miró con los ojos llenos de lágrimas.
—No... no puedes hacer esto. Si me sacas, romperás el trato. Mi pueblo...

Rokugo la interrumpió bruscamente.
—Olvídate del trato por un segundo. Dime la verdad: ¿Qué quieres tú ? No tu pueblo, no tu padre, ni nadie más. Solo tú.

Las palabras de Rokugo golpearon a Viper como un rayo. Durante años, siempre había puesto a los demás por delante de sí misma. Pero esta vez, no pudo contenerse más. Las lágrimas fluyeron libremente mientras su cuerpo temblaba incontrolablemente.
—¡No quiero morir, Rokugo! ¡No quiero morir sola ! Quiero seguir viviendo... quiero seguir

 sintiéndome útil

 sintiéndome útil... quiero seguir jugando esos estúpidos videojuegos contigo...

Rokugo asintió, satisfecho con su respuesta. Sin decir nada más, extendió una mano hacia ella. Viper dudó por un momento, pero finalmente la tomó, dejándose ayudar a ponerse de pie. Aunque seguía cargando el peso de su decisión anterior, ya no podía retroceder ahora. Con el corazón dividido entre el alivio y la culpa, salió de la celda siguiendo a Rokugo.

Mientras avanzaban, algunos agentes de Kisaragi que se habían encariñado con Viper crearon una distracción, enfrentándose a los soldados del Reino para facilitar su escape. Los ruidos de combate resonaban en los pasillos, y los gritos de los guardias se mezclaban con el eco de las espadas chocando.

Justo cuando alcanzaron el patio exterior, la princesa Tilis apareció, acompañada de Snow, y levantó una mano en señal de alto.

—¡Rokugo, detente! No puedes hacer esto. La muerte de Viper es esencial para el tratado de paz. ¡No arruines todo el esfuerzo que hemos hecho! —le imploró la princesa, su voz firme y autoritaria.

Rokugo suspiró, levantando una ceja.

—Lo siento, princesa, pero tengo otros planes —dijo con una sonrisa desafiante, y rápidamente puso la capucha de invisibilidad sobre Viper—. Voy a distraerlos. Tú solo sigue el plan.

Viper, aún algo avergonzada, asintió en silencio y desapareció bajo la capucha.

Sin embargo, justo en ese momento, Grimm apareció en escena, mirando a su alrededor con una expresión de angustia.

—¡Espera, espera! ¡¿A dónde crees que vas, Rokugo?! —gritó Grimm, visiblemente molesta.

Rokugo levantó las manos en señal de calma.

—¿Qué pasa, Grimm? Pensé que estabas de nuestro lado.

Grimm lo miró con lágrimas en los ojos, temblando de rabia y celos.

—¡Yo... yo no sabía que planeabas huir con Viper! ¡¿Qué clase de comandante se fuga con otra mujer y abandona a su fiel Grimm?! —exclamó, claramente imaginando un futuro donde Rokugo y Viper se enamoraban y la dejaban atrás.

Rokugo no pudo evitar suspirar, dándose cuenta de que las cosas se estaban complicando más de lo necesario.

—Grimm, no es lo que parece... —intentó explicarse, pero antes de que pudiera continuar, Viper, aún bajo la capucha, fue descubierta por Alice, Snow y la princesa Tilis.

Alice sonrió maliciosamente mientras bajaba la capucha, revelando a Viper.

—Vaya, vaya... parece que alguien intentaba huir. ¿Crees que puedes engañarnos tan fácilmente, Viper? —dijo Alice con un tono juguetón.

Snow, por su parte, sacó su espada y miró a Rokugo con ojos acusadores.

—Esto es una traición, Rokugo. ¿De verdad planeabas romper el trato? —preguntó Snow, decepcionada.

Viper miró a Rokugo, con una mezcla de tristeza y determinación en sus ojos. Antes de que pudieran detenerla, corrió hacia una torre cercana y, frente a toda la multitud, sacó lo que parecía ser una pequeña bomba.

Mi nombre es Viper, Hija del Lord demonio Mehlmehl y nieta del Lord demonio Mimir. La invacion al Reino de Grace es obra de mi padre y de mi, He llegado hasta aqui controlando a los demonios ignorantes con magia de lavado de cerebro que se ha transmitido de generacion en generacion en los Lords demonio. Pero todo fue impedido por esos entrometidos de la corporacion Kisaragi. Me niego a morir en manos de los humanos, Por el bien de mi pueblo y para que esta guerra termine de una vez... Acabare con mi propia vida yo misma! —gritó, activando la "bomba" y dejando que una cegadora luz envolviera todo a su alrededor.

Rokugo apenas tuvo tiempo de gritar su nombre antes de ser cegado por la explosión de luz.

Mientras el humo se disipaba, el cuerpo de Viper había desaparecido. Todos en el lugar asumieron su "muerte."

—¡Tú! —gritó Grimm, señalándolo acusadoramente—.

Grimm apretó los puños, dejando escapar un sollozo mezclado con rabia.
—¡Ayer mismo estuvimos juntos! ¡Y ahora te veo aquí como si nada! ¿Qué hay entre tú y esa mujer, Rokugo?

Rokugo se puso de pie rápidamente, sorprendido por la acusación.
—¿De qué estás hablando?

No hay nada entre nosotros. Solo quería salvarla... pero ya no hay nada que pueda hacer.

Grimm lo miró con desconfianza, aunque algo en su tono la hizo dudar. Finalmente, suspiró y murmuró:
—Más vale que sea verdad lo que dices... porque si me entero de que huiste con otra después de lo que pasamos, nunca te lo perdonaré.

Rokugo asintió, fingiendo estar convencido de su propia mentira. Aunque en realidad, su tristeza era genuina; no por haber "huído" con Viper, sino porque sabía que ella había renunciado a todo para proteger a su pueblo.  

Heine, que observaba desde lejos, rompió en llanto, sus gritos de dolor resonando por todo el campo. Su amada reina había dado su vida por ellos. El trato se cerró, y los demonios fueron transportados a la sede principal de Kisaragi, donde comenzarían su capacitación para una nueva vida como agentes de la organización.

Una semana despues, en la sede de Kisaragi

Después de la ejecución pública de Viper, el ambiente en el campamento de Kisaragi era sombrío. La mayoría de demonios volvió al planeta al terminar su capacitación, otro grupo se quedo en el tercer planeta como una oportunidad de iniciar de nuevo.  Rokugo se encontraba sentado solo en una esquina, mirando al suelo con expresión ausente. Grimm llegó rodando hacia él, furiosa y con los ojos llenos de lágrimas.

El equipo de Kisaragi parecía envuelto en un pesado silencio. Snow y Rose caminaban cabizbajas, mientras que el Hombre Tigre se negaba a hablar con nadie. Incluso Grimm, quien usualmente causaba caos con sus maldiciones fallidas, se mantuvo callada, limitándose a observar cómo Rokugo intentaba distraerse jugando en su Game Boy.

Una noche, durante una reunión improvisada en el comedor, Snow explotó contra Alice.
—¡Esto es tu culpa! —gritó, golpeando la mesa—. Si no hubieras insistido tanto en cumplir con el trato, podríamos haber encontrado otra manera. ¡Podríamos haber salvado a Viper!

Alice, imperturbable como siempre, respondió con frialdad:
—La ejecución fue parte del acuerdo que ella misma propuso. No debemos cuestionar decisiones estratégicas ni emocionales. Esto es lo mejor para todos.

El Hombre Tigre gruñó desde su rincón.
—Nyaa... Alice tiene razón, pero eso no significa que sea justo. Viper confiaba en nosotros, y nosotros no hicimos nada para ayudarla.

Rokugo cerró los ojos, sintiendo cómo la culpa lo carcomía. Sabía que Alice tenía razón desde un punto de vista lógico, pero eso no aliviaba el dolor que sentía al perder a alguien con quien había compartido tantos momentos. Aunque como esperarlo de Alice, ella es una maquina. 

Llegada de Viper al tercer planeta

Llegada de Viper al tercer planeta

En la sede principal de Kisaragi, la máquina teletransportadora emitió un brillo intenso antes de que Viper apareciera frente a Belial, Astaroth y Lilith. Las tres ejecutivas la observaron con curiosidad mientras Viper sostenía una carta sellada en sus manos.

—Bienvenida, Viper —dijo Lilith, cruzándose de brazos—. Alice nos envió esta carta explicando tu situación. Supongo que ya sabes por qué estás aquí.

Viper asintió, entregándoles la carta. Mientras ellas la leían, Belial sonrió maliciosamente.
—Interesante... Así que necesitas fingir tu muerte y resurrección simbólica. Podemos ayudarte con eso. Convertiremos tu cuerpo en algo más... adecuado para este mundo.

Astaroth intervino, señalando a Viper con un dedo pensativo.
—Creo que deberíamos elegir un animal que combine con tu nombre. Una víbora sería perfecta, ¿no creen?

Lilith asintió, complacida con la idea.
—Sí, una serpiente. Eso será suficiente para simbolizar tu renacimiento. Prepárenlo todo.

Belial la enseñába a usar sus nuevas habilidades mutantes, mientras Astaroth la instruía sobre cómo navegar en la política interna de la organización

Belial la enseñába a usar sus nuevas habilidades mutantes, mientras Astaroth la instruía sobre cómo navegar en la política interna de la organización.

Una tarde, mientras tomaban té en la sala privada de Lilith, esta última comentó con una media sonrisa:
—Sabes, Viper, pensé que serías más problemática. Pero segun los informes que me han mandado de Kisaragi sede planeta 407, has demostrado ser bastante útil. Quizás incluso mejores que algunos de nuestros agentes originales.

Viper sonrió tímidamente, aunque su tono era firme.
—Gracias... Supongo que esto también es parte de mi redención. Se que no todo el mundo sobrevive a esa cirugía, asi que si no sobrevivo tal vez mi sacrificio en Grace no haya sido en vano.

Belial soltó una carcajada burlona.
—Oh, no seas tan dramática. Aquí no necesitamos sacrificios innecesarios. Solo resultados. Y hasta ahora, los tuyos han sido impresionantes.

En La sede de Kisaragi en la ciudad escondite

Rokugo seguía en luto, sin poder asimilar lo ocurrido. Se sentía traicionado por Alice y furioso consigo mismo por no haber evitado la "muerte" de Viper. Hasta que, de repente, en medio de un grupo de combatientes recién llegados, apareció una figura conocida.

 Hasta que, de repente, en medio de un grupo de combatientes recién llegados, apareció una figura conocida

Era Viper, aunque ahora había adoptado una nueva apariencia bajo el nombre de "La Mujer Víbora Mutante." Los cambios físicos no eran tan evidentes, su piel tenía un brillo escamado, y sus ojos brillaban con una intensidad que antes no poseía, adaptados para las misiones de Kisaragi.

" Los cambios físicos no eran tan evidentes, su piel tenía un brillo escamado, y sus ojos brillaban con una intensidad que antes no poseía, adaptados para las misiones de Kisaragi

Heine, al ver a su reina viva, rompió en llanto una vez más, pero esta vez de alegría, corriendo hacia ella para abrazarla. Los demás agentes de Kisaragi también se emocionaron, incluyendo a Rose, que siempre había mostrado cierto afecto por Viper.

Heine (llorando): ¡Reina Viper! ¡Está viva! ¡No puedo creerlo! ¡Pensé que la había perdido para siempre!

Viper abrazó a Heine con una calidez que contradecía su apariencia nueva y más feroz.

Viper: Tranquila, Heine. Todo esto fue necesario para asegurar nuestro futuro.

Rokugo, desconcertado pero aliviado, miró a Alice con una mezcla de enojo y curiosidad.

Rokugo: ¿Qué demonios está pasando aquí? ¿No se suponía que Viper había muerto?

En ese momento, Alice se acercó a Rokugo con una expresión satisfecha, ajustó sus gafas con calma y explicó.

—¿Sorprendido? —le preguntó Alice, alzando una ceja—. La "bomba" de Viper no era letal. Solo era una granada de luz, lo suficiente para engañar a todos y permitir que escapara. Viper nunca estuvo en peligro. Todo esto fue parte del plan para asegurar la alianza con Grace mientras transferíamos a Viper a Kisaragi para transformarla. La princesa Tilis estuvo de acuerdo, aunque preferimos no contártelo ni a ningun agente porque, francamente, lo habrías arruinado.

Rokugo la miró con incredulidad y alivio, finalmente entendiendo el ingenioso plan de Alice.

—Así que... todo fue parte del plan —murmuró, soltando un suspiro—. No puedo creer que me hayas hecho pasar por esto, Alice.

Alice sonrió ampliamente.

—Tenías que hacerlo convincente, ¿no crees? Además, ahora tienes a una aliada más poderosa para nuestras misiones.

Rokugo apretó los dientes, sintiéndose manipulado.

Rokugo: ¿Al menos no fui el único que no sabía? ¿Y me dejaron hacer el ridículo mientras ustedes ejecutaban su plan perfecto?

Alice: Exactamente. Pero ahora tenemos a "La mujer víbora mutante". Una victoria para todos, ¿no crees?

Rokugo bufó, frustrado, pero no pudo evitar sentir un leve alivio al ver a Viper viva, Viper se volvio a poner el casco. En ese momento, Snow apareció con una expresión seria.

Snow: Rokugo, quiero hablar contigo.

Rokugo (suspirando): ¿Qué quieres ahora, Snow? ¿Más quejas?

Snow: No tengo hogar, no tengo empleo, y Kisaragi parece ser mi única opción. Quiero trabajar como una agente de combate, aquí.

Rokugo cruzó los brazos, mirando a Snow con una mezcla de incredulidad y burla.

Rokugo: ¿Así que ahora quieres ser una de nosotros? ¿Qué pasó con tu "orgullo como caballero"?

Snow miró hacia otro lado, avergonzada.

Snow: No tengo opciones, ¿de acuerdo?

Rokugo: Bienvenida al infierno, Snow. Ahora eres una más en el ejército de Kisaragi. Por cierto quiero que conoscas a nuestra nueva combatiente, se llama Viper, Igual que la hija del rey demonio.

Mientras todos se acomodaban en esta nueva realidad, Alice le pasó a Rokugo una tableta con el último informe.

Alice: Viper está completamente adaptada a sus nuevas habilidades. Ella es de Rango Ejecutiva, Como Lilith. Por lo cual, Dejo mi cargo de Gobernadora de la ciudad escondida y la misma sera pasada a la ejecutiva Viper.

Rokugo: Ejecutiva?

Snow: como tu jefa Lilith?

Ya había pasado un tiempo desde que Viper fue oficialmente nombrada "La ejecutiva Mujer Víbora Mutante" y se unió a Kisaragi. Ahora, además de ser parte de la organización, estaba a cargo de una facción de reclutas nuevos, conformada por los demonios que habían sido transportados junto con Heine y su tropa. Por su parte, Grimm, Snow y Rose también se habían unido por completo a Kisaragi, Junto con armas de Kisaragi se contruyeron diversos sistemas en los cuales se atrairian titanes a la trampas que los desnuquen, Empezaba la operacion cero titanes. 

Al día siguiente, Viper, ahora con su nuevo papel como líder de los demonios en Kisaragi, llegó para coordinar con Alice la construcción de lo que sería la "ciudad escondida permanente". Los demonios y semihumanos terminaban por adaptarse al estilo de vida de Kisaragi, aunque algunos todavía se sorprendían al ver las máquinas avanzadas.

Rokugo, visiblemente satisfecho con el resultado de la misión de conquista, decidió aprovechar el momento para hacer una videollamada a la sede principal de Kisaragi. En la pantalla apareció la figura de Astaroth, la líder de Kisaragi y una mujer que, aunque estricta, compartía una historia bastante... complicada con Rokugo.

—Rokugo, es raro que te reportes tan seguido. ¿Qué necesitas ahora? —preguntó Astaroth, arqueando una ceja, claramente extrañada.

Rokugo sonrió y se cruzó de brazos, sin perder su usual tono confiado.

— No exactamente, mi amorcito Pues... en realidad estaba pensando en pedir unas pequeñas vacaciones —dijo, como si fuera la cosa más normal del mundo—. , ya sabes, recargar energías, y de paso que me repongan la casa que los héroes bombardearon. ¡Era un lugar acogedor, sabes!

Astaroth lo miró en silencio por unos segundos antes de responder.

—¿Vacaciones? ¿Ahora? ¿Y por qué justo en este momento, Rokugo? ? Llevas meses ignorándome, y de repente te acuerdas de mí. Me sorprende que apenas se te ocurra ahora pedir un descanso.

Rokugo, manteniendo su sonrisa, se acercó un poco más a la pantalla y susurró de forma sugerente:

Rokugo (poniendo cara de súplica): Vamos, Astaroth. No me hagas sentir culpable. Es solo que extraño verte en persona. Además, ¿no te gustaría que volviera para verte? Quiero ver tu hermosa cara de cerca.

Astaroth (sonrojándose ligeramente): T-Tonto. No hace falta que digas esas cosas. Aunque... reconozco que no nos hemos visto en mucho tiempo. Para ser "enamorados", hemos estado bastante distantes.

Rokugo (riendo): ¿Distantes? ¿Recuerdas cuando me seducías para que llegara temprano? Eso sí que era motivación.

Astaroth (indignada): ¡Eso nunca pasó! ¡Deja de inventar cosas para hacerme quedar mal!

Rokugo (guiñando un ojo): Claro que sí, mi ejecutiva favorita. Pero en serio, ¿me dejas regresar? Un pequeño descanso no le hace daño a nadie.

Astaroth suspira, dejando que su fachada de autoridad se desvanezca un poco. Su tono se vuelve más sincero.

Rokugo: No es eso, mi amor. Es sólo que, bueno, el aire aquí es un poco... limpio. Necesito algo de esa contaminación nostálgica de nuestra tierra. Además, extrañaba verte en persona.

Astaroth (cruzándose de brazos): Si tanto me extrañabas, ¿por qué no volviste antes? Y no me vengas con excusas. Además, olvidaste mencionar la "pequeña" huida que intentaste con la exreina demonio.

Rokugo (fingiendo tos): ¿Huir? No sé de qué hablas. Fue un simple malentendido estratégico...

Astaroth suspiró, visiblemente molesta y a la vez... nerviosa. Algo en su expresión cambió, volviéndose un poco más seria, incluso melancólica.

—Mira, Rokugo, te seré sincera. La razón por la que enviamos agentes a otros planetas y por la que tienes la misión de conquistar ese mundo... no es solo porque queramos expandir nuestro dominio. Nuestro planeta... está prácticamente arruinado. La contaminación ha llegado a un punto insostenible, y la situación es crítica.

Rokugo frunció el ceño, sorprendido ante la revelación.

—¿Entonces toda esta operación de invasión es para... encontrar un nuevo hogar?

Astaroth asintió lentamente.

—Exactamente. Kisaragi está buscando mundos habitables para trasladar a nuestra gente, y tú... eres el que más éxito ha tenido en esta misión. Es por eso que te pido, Rokugo, que termines de una vez con la conquista de ese planeta. No es solo por Kisaragi... es para que todos tengamos un lugar seguro al cual ir.

Astaroth (rodando los ojos): Sea como sea, no voy a autorizar tu regreso. El planeta está demasiado contaminado. Pronto dejará de ser habitable. Es mejor que prepares un lugar permanente en el planeta 407 para recibir a los agentes de Kisaragi cuando ocurra el éxodo masivo.

Rokugo abrió la boca para replicar, pero se detuvo al ver la mirada firme de Astaroth. Sabía que no podía discutir con ella, al menos no sin perder la conexión emocional que tanto había cultivado.

Astaroth: Bueno... pensé que... podríamos gobernar juntos. Tú como el líder militar y yo como la ejecutiva principal. Tal vez incluso... bueno, vivir en un lugar tranquilo, lejos del caos. Pero todo eso depende de que completes tu misión.

Rokugo traga saliva. Las palabras de Astaroth son un recordatorio de lo lejos que está de terminar, y el miedo a que descubra su relación con Grimm lo asalta.

Rokugo: Haré que ese sueño se haga realidad, Astaroth. Te lo prometo.

Astaroth (sonriendo suavemente): Entonces sigue adelante, Rokugo. Completa la misión, y después... hablaremos de tus "vacaciones".

Hubo un momento de silencio. Rokugo, aunque generalmente despreocupado y sarcástico, pareció procesar la seriedad de las palabras de Astaroth. Finalmente, asintió con determinación.

—De acuerdo, Astaroth. Terminaré lo que empecé. Por ti... y por todos los demás.

Astaroth le dedicó una leve sonrisa, una que Rokugo no recordaba haber visto en mucho tiempo.

—Gracias, Rokugo. Me aseguraré de que tengas el reconocimiento que mereces cuando todo esto termine.

La pantalla se apagó, terminando la videollamada.

—Bueno, parece que mis vacaciones tendrán que esperar —dijo con una sonrisa irónica, mirando a Alice y preparándose para lo que se avecinaba.

En ese momento, Grimm aparece rodando en su silla de ruedas, lanzando una mirada fulminante a Rokugo.

Grimm: ¡Tú, imbécil! ¡No dije nada esos dices por lo escapar con Viper porque estabas de Luto, pero ahora que sabemos que esta viva ! ¡¿Qué clase de novio eres?!

Rokugo se encoge de hombros, todavía sonriendo.

Rokugo: Vamos, Grimm. Admito que lo de Viper fue arriesgado, pero todo salió bien, ¿no? Además, tú misma dijiste que no querías volver a verme, así que técnicamente...

Grimm (gritando): ¡Sí, lo dije! Pero luego recordé nuestro contrato de matrimonio.

—¡Aquí está nuestro contrato, Rokugo! —gritó Grimm, señalando las palabras escritas con tinta desgastada—. ¡Si ambos seguimos solteros en diez años, debemos casarnos! Y solo faltan ocho años ahora. Así que más vale que empieces a comportarte como mi novio y no como un idiota infiel.

Rokugo se masajeó las sienes, visiblemente frustrado. Sabía que Grimm no iba a dejar pasar ni un segundo para recordarle ese "pequeño" detalle. Pero lo que realmente le preocupaba era la conversación que acababa de tener con Astaroth. Su tono burlón sobre la "contaminación nostálgica" resonaba en su mente.

—Claro, claro... —respondió Rokugo con desgana—

Rokugo estaba seguro de que Astaroth ya sabía lo que pasaba. Su comentario sobre la contaminación no era más que una excusa para mantenerlo alejado. Ella no quería verlo, no después de saber que él había estado involucrándose emocionalmente con Grimm. La idea de que Astaroth apareciera de repente para ajustar cuentas le ponía los pelos de punta.

Rokugo suspiró profundamente, resignándose a su destino.
—Estoy condenado. Lo único que puedo hacer es disfrutar lo que queda antes de que todo se derrumbe. Pero contigo siendo tan celosa y posesiva, ni eso será posible.

Grimm lo fulminó con la mirada.
—¡No te atrevas a decir que soy posesiva! Solo estoy cuidando lo que es mío. Además, tú mismo firmaste este contrato. No puedes escapar de mí tan fácilmente.

Mientras tanto, Snow observaba la escena desde lejos, cruzada de brazos y con una expresión de incredulidad. Finalmente, decidió intervenir cuando vio que Rose también estaba presente.

—Grimm, deja de engañarte —dijo Snow con frialdad—. Rokugo solo se está aprovechando de ti. Ese contrato no significa nada para él. ¿Por qué crees que sigue actuando como si tuvieras alguna posibilidad real?

Grimm se giró hacia Snow, completamente furiosa.
—¡Cállate, Snow! ¡Tú no entiendes nada! Rokugo y yo tenemos un vínculo especial. No necesito que alguien como tú intente destruirlo.

Con eso, Grimm salió rodando indignada, dejando a Rokugo atrapado entre las miradas acusadoras de Snow y Rose. Este último simplemente encogió los hombros, fingiendo inocencia.

Días después, Alice organizó una reunión oficial para todos los nuevos reclutas y demonios que habían sido incorporados a Kisaragi. Entre ellos estaban Grimm, Snow, Rose y otros habitantes de Grace que, ya fuera voluntariamente o por falta de empleo, decidieron unirse. La sala estaba llena de murmullos nerviosos mientras Alice proyectaba un holograma con la estructura jerárquica de la organización.

—Bienvenidos a Kisaragi —comenzó Alice con su habitual tono monótono pero autoritario—. Hoy explicaré cómo funciona nuestra cadena de mando. En la cúspide están las Ejecutivas Supremas: Belial, Astaroth y Lilith. Recientemente, se otorgó este rango a Viper debido a su destacada contribución al éxito de nuestras operaciones.

Rokugo arqueó una ceja, mirando de reojo a Viper, quien seguía usando su casco de Kisaragi para ocultar su identidad.
—Así que esa es tu forma de castigarme, ¿eh? —murmuró Rokugo sarcásticamente—. Darle el rango que merecía yo a una novata.

Alice, siempre alerta, respondió sin perder un segundo.
—El rendimiento de Viper ha sido superior al tuyo. Si hubieras cumplido mejor tu misión, tal vez tendrías este rango ahora.

Rokugo bufó, claramente molesto, pero no dijo nada más.

Alice continuó con la presentación:
—Luego están los Gerentes de Distrito. Este rango debería haber sido asignado a Rokugo, pero debido a su bajo rendimiento reciente, se le otorgó al Hombre Tigre. Cada distrito incluye territorios como la Ciudad Escondite, Grace y el Reino Demoníaco. Conforme conquistemos más regiones, crearemos nuevos distritos. Después están los Gobernadores Regionales, como yo, seguidos por rangos menores hasta llegar a los Combatientes Mutantes y Comunes.

Alice hizo una pausa antes de continuar:
—Los rangos inferiores, como Agente Jr. —miró brevemente a Rose— y Recluta —haciendo referencia a Grimm, Snow y los demás demonios— no recibirán armaduras de combate, brazaletes para puntos malos ni chips de control hasta que demuestren su lealtad. Tengan en cuenta que el chip permite a los agentes recibir órdenes directas de rangos superiores durante situaciones críticas. Desobedecer podría resultar en consecuencias graves.

Viper tomó la palabra, aún con el casco puesto. Explicó conceptos básicos sobre estados militares y sistemas autogestionados

Habló sobre planes sociales autofinanciados mediante impuestos, programas educativos para niños y otras propuestas avanzadas.

—Kisaragi no solo busca expandirse militarmente —concluyó Viper—. También aspiramos a crear un sistema donde todos puedan prosperar. Pero para eso, cada uno de ustedes debe cumplir su papel.  


1 comentario: