Escenario- Base improvisada de Kisaragi
Después de completar el reporte y enviar la información a Kisaragi, Alice se dirigió al equipo tecnológico que había instalado en aquella casa abandonada en medio del desierto. En un rincón de la sala, varios cables colgaban y parpadeaban luces de diferentes colores. Rokugo estaba descansando en una silla, observando cómo Alice terminaba de configurar el sistema.
—Bien, creo que eso es todo. Ahora tenemos internet en esta base improvisada —dijo Alice, dando unos toques finales en el teclado y luego mirando a Rokugo—. Con esto podremos conectarnos directamente con la corporación y transmitir la información en tiempo real.
Rokugo soltó un suspiro de alivio.
—¡Por fin! Estoy harto de estar desconectado del mundo. Ya no podía soportar otro segundo en este caluroso desierto sin poder ver mis programas.
A medida que Rokugo observaba la pantalla de la máquina recién ensamblada, el rostro familiar de Astaroth apareció en la videollamada. Su sonrisa amistosa y una mirada de genuina alegría se mezclaban con una pizca de sorpresa.
—¡Rokugo! —exclamó Astaroth—. ¡Por fin puedo verte! No tienes idea de cuánto hemos esperado esta comunicación, intentando mantener su tono neutral pero claramente aliviada de verlo—. ¿Así que aún sigues vivo en ese caluroso desierto?
Rokugo sonrió con su típica arrogancia.
—¿Me extrañaste, Astaroth? Apostaría a que sí. Aunque puedo decir que estás celosa.
Astaroth frunció el ceño, tratando de ocultar su incomodidad.
—¿Celosa? ¿De qué?
Rokugo se recostó en su silla, fingiendo estar relajado.
—Oh, no sé. Tal vez porque aquí tengo tres lindas chicas en mi escuadrón. Seguro leíste mi reporte, ¿verdad?
Astaroth desvió la mirada, cruzando los brazos.
—Leí el reporte. Pero esas chicas son tus subordinadas. No estoy celosa. Además, ¿por qué no has regresado? Podrías estar aquí conmigo, en vez de quedarte en ese planeta olvidado por el tiempo.
Rokugo suspiró.
—Confía en mí, me encantaría regresar, pero hay un pequeño problema... —miró hacia Alice, quien asintió en silencio.
Alice explicó.
— Ejecutiva suprema de Kisaragi , la conquista del planeta será mucho mas eficiente si los habitantes nos colaboran y Rokugo es el agente en el que los locales confían.
Rokugo se encogió de hombros.
—Ya sabes cómo soy. Pero no te preocupes, tengo una solución. Quiero quedarme aquí y construir una base fuerte para Kisaragi en este planeta. Además, hay algo más que quiero proponerte.
Astaroth lo miró con cautela.
—¿Qué cosa?
Rokugo sonrió de lado.
—Quiero que te cases conmigo y me mantengas.
Astaroth se sonrojó inmediatamente, desviando la mirada.
—¡No digas tonterías! ¡Esto es una videollamada oficial!
Antes de que Rokugo pudiera insistir, Alice intervino.
—Rokugo, la máquina teletransportadora está activada. Nuestro primer refuerzo está a punto de llegar.
—Astaroth, ya ni recordaba cuántos meses llevo en este planeta polvoriento —dijo Rokugo, rascándose la cabeza con un gesto entre molesto y aliviado—. Y no me malinterpretes por como lo cuento en mis reportes, ¡ha sido una experiencia horrible!, ... ¿cuándo van a enviar más refuerzos?
La expresión de Astaroth cambió, y su tono se volvió más serio.
—Desearía poder decirte que están en camino, Rokugo —dijo ella, suspirando—, pero hay una nueva revolución en la Tierra, y todos nuestros agentes están luchando contra los rebeldes. La situación está bastante complicada.
Rokugo se inclinó hacia la pantalla, frunciendo el ceño.
—¿Otra revolución? ¿Contra quién están peleando ahora?
—Un grupo de antiguos operativos de la Corporación Kisaragi —explicó Astaroth—. Se unieron y ahora están intentando derrocar las bases de control para formar una nueva organización.
Antes de que Rokugo pudiera responder, un fuerte zumbido de la máquina de teletransporte lo hizo girar sobre sus talones. La estructura emitió un destello brillante, y en medio de las chispas apareció una figura enorme, imponente, con rayas felinas y una cola que se movía con agilidad. —
—¡Nyaa! —saludó el recién llegado con entusiasmo, levantando una mano—. ¡Rokugo, viejo amigo! ¡Es bueno verte!
Rokugo soltó una carcajada.
—¡Hombre Tigre! No esperaba verte tan pronto. ¿Todavía sigues con esa fea maña de decir "nyaar" al final de cada oración?
El Hombre Tigre sonrió ampliamente.
—Por supuesto, nyaa. ¡Es para proteger a los niños! Quiero que confíen en mí, nyaa. Y ahora, ¡estoy aquí para ayudarte con esta misión, nyaa!
Rokugo se frotó la frente, intentando contener otra carcajada.
—Eres todo un personaje, amigo. Bueno, déjame ponerte al tanto.
Astaroth, desde la pantalla, no pudo evitar reírse de la interacción.
—Hombre Tigre es uno de nuestros agentes más dedicados —dijo ella—. De hecho, él fue voluntario para convertirse en un protector después de que una horda de rebeldes atacara una colonia de familias en la Tierra.
Rokugo miró a Hombre Tigre con admiración.
—Eso es lealtad y dedicación, compañero. Aunque... —dijo, riéndose—, ¿no te resulta incómodo terminar cada frase con "nyaa"?
Hombre Tigre soltó una risa profunda y sin titubeos.
—Para nada, nyaa. Es la manera perfecta de demostrarle a los niños que soy de fiar y que no les haría daño, nyaa. Si eso significa protegerlos mejor, entonces estoy feliz de "nyaar" cuando sea necesario.
La seriedad y convicción en la voz de Hombre Tigre demostraban cuánto respetaba su misión de proteger a los más vulnerables, pero Rokugo no pudo evitar responder con una sonrisa burlona.
—Bueno, con esa actitud de "niñera felina" seguro que te ganaste unas cuantas miradas extrañas, amigo.
Hombre Tigre encogió los hombros con resignación.
—Sí, pero no hay nada que no haría por un "¡Gracias, señor Tigre!" al final del día, nyaa. Y ahora, aquí estoy, listo para ayudarte a limpiar este planeta 407 de lo que sea que lo amenace, nyaa.
Rokugo sonrió de lado y se cruzó de brazos, sintiéndose reconfortado por la presencia de su leal y peculiar compañero. Entonces se acordo que estaba en videollamada.
—¡Oh, Astaroth! Créeme, ninguna de esas chicas puede igualarte. Además, sólo estoy aquí porque quiero asegurarme de que esta misión sea un éxito. Nada de sentimentalismos, ya sabes.
Astaroth frunció el ceño, claramente molesta.
—Espero que así sea, Rokugo. No me gustaría pensar que has perdido el rumbo por un par de sonrisas. Pero en fin, les enviaré refuerzos.
Astaroth colgaria la videollamada
Rokugo se llevó las manos a la nuca, contento.
—¡Perfecto! El Hombre Tigre será una gran ayuda aquí. No puedo esperar para verlo en acción de nuevo.
Alice asintió mientras revisaba algunos archivos en la computadora.
—Bien, en cuanto llegue el Hombre Tigre, podremos continuar con nuestras operaciones. Nos han asignado una misión interesante para empezar.
Rokugo suspiró y se volvió hacia Hombre Tigre, quien estaba claramente emocionado de explorar el nuevo mundo.
—Mira, amigo, tengo que ponerte al tanto de lo que nos espera aquí —dijo Rokugo, con un tono de advertencia—. Este planeta, que llaman "407," es mayoritariamente desértico, o al menos el Reino de Grace, donde estamos. Entre tanta arena y ruinas, hay muy pocos hombres, ya que la guerra los ha diezmado; la mayoría de la población es femenina. Eso significa que tendrás que controlar tu "impresionante encanto," ¿sí? Este no es nuestro territorio.
Hombre Tigre asintió, pero sus orejas se movían con interés por la información.
—Entiendo, nyaa. Pero, ¿y los enemigos? ¿Algún tipo de fauna local que deba conocer?
Rokugo sonrió.
—Ah, sí, los monstruos aquí son una especie de "animales gigantes". Les llaman "Titanes." No son solo grandes y brutales; tienen un talento molesto: regeneración. La única forma de matarlos es darles en la nuca, así que mantén eso en mente si tienes la mala suerte de enfrentar uno.**
Hombre Tigre gruñó y se pasó una garra por la barbilla, tomando nota.
—Curioso, nyaa. Ya me habia enfrentado a robots gigantes. Normalmente yo soy el montro gigante, no el que los enfrenta.
—He tenido que usar mi modo SIN LIMITES varias veces desde que llegué. Y solo una vez contra los demonios.
El Hombre Tigre levantó una ceja, sorprendido.
—En el tercer planeta, casi nunca lo activabas y menos con la motosierra, Recuerdo muy pocas veces que lo usaste contra los héroes o sus megazords. Eso dice mucho sobre este planeta, nyaa.
Rokugo asintió, su expresión seria.
—Sí, este lugar es diferente. Pero con tu ayuda, tal vez podamos darle un buen giro a esta situación.
El Hombre Tigre sonrió, mostrando sus colmillos.
—Cuenta conmigo, nyaa. ¡Trabajaremos juntos como en los viejos tiempos!
Mientras Alice ajustaba la máquina teletransportadora para futuras llegadas, Rokugo y el Hombre Tigre comenzaron a planificar su próximo movimiento.
Rokugo, Alice y el hombre tigre caminaban hacia el castillo de la princesa. La expresión de Hombre Tigre pasó de divertida a concentrada.
—Eso sí que es serio, nyaa. No imaginaba que fuera tan intenso.
—Créeme, lo es. —Rokugo asintió y luego le dio una palmada en la espalda—. Pero hablemos de algo más agradable. Ven, quiero presentarte a quienes fueron mi unidad.
En el patio del castillo, Snow, Rose y Grimm esperaban a Rokugo. Al llegar con el Hombre Tigre, las tres reaccionaron de manera predecible.
Snow retrocedió de inmediato, llevándose la mano a la espada.
—¿Qué es esto? —dijo con una mezcla de incredulidad y alarma—. ¿Es algún tipo de demonio?
Rose, con una expresión seria, se acercó un poco más.
—No creo que sea un demonio. Parece más una quimera... Aunque, —hizo una pausa — Parece un semihumano felino.
El Hombre Tigre levantó las manos rápidamente.
—¡Espera, nyaa! No soy enemigo, nyaa. Soy un aliado, nyaa.
Grimm, quien acababa de despertarse de su siesta en el suelo, se levantó de golpe y terminó cayéndose hacia atrás.
—¡¿Qué demonios es eso?! ¿Me he perdido algo importante mientras dormía?
Rokugo soltó una carcajada.
—Chicas, cálmense. Este es el Hombre Tigre. Es un viejo amigo mío y también un agente de Kisaragi. Está aquí para ayudar al Reino.
Las tres mujeres se miraron entre sí, claramente confundidas.
—¿De dónde viene exactamente? —preguntó Snow, con un tono sospechoso—. Al igual que tú y Alice.
Grimm asintió.
—Sí, ahora que lo mencionan... Creo que es momento, Capitan
Rokugo suspiró, dándose cuenta de que la pregunta era inevitable.
—Está bien, escuchen. No somos de este planeta. Venimos de otro sistema solar, y nuestra misión es expandir los servicios de Kisaragi por todo el universo.
Rose frunció el ceño.
—¿Universo? ¿Qué significa eso? ¿Es algún tipo de reino lejano?
Snow cruzó los brazos, claramente escéptica.
—¿Nos estás diciendo que eres... de otro mundo? Eso suena completamente ridículo.
Sin embargo, Grimm parecía emocionada.
—¡Eso tiene sentido! Seguro son poderosos magos de otro mundo. Bueno, ya lo sabia, pero Eso explica todo.
Rokugo rodó los ojos.
—No somos magos, Grimm. Y no somos dioses ni algo por el estilo. Solo somos agentes de una organización interplanetaria. Aunque... —miró a Alice—, tal vez deberíamos aclarar algo más.
Alice asintió y se adelantó.
—También soy un androide. Eso significa que soy una máquina con apariencia humana, diseñada para seguir instrucciones.
Snow y Rose parecían más confundidas que nunca. Snow frunció el ceño.
—¿Un... qué? ¿Cómo un autómata?
Rokugo se rascó la barbilla.
—Algo así. Aunque, siendo honesto, Alice tiene demasiada personalidad para ser solo eso.
Grimm parecía totalmente fascinada.
—¡Eso es increíble! Entonces, ¿Qué otras cosas pueden hacer ustedes? ¿Tienen armas mágicas? ¿Secretos místicos?
Rokugo sonrió con suficiencia.
—Tenemos muchas cosas interesantes, pero tendrán que esperar para verlas.
Snow examinó a Hombre Tigre, pero su atención se dirigió rápidamente a su enorme katana.
—Impresionante arma que tienes ahí, Hombre Tigre. ¿La usaste en muchas batallas?
—Por supuesto, nyaa. En la Corporación Kisaragi, cada agente se enfrenta a todo tipo de peligros, y nunca falta una buena pelea, nyaa.
Mientras tanto, Rose lo olfateaba curiosamente y ladeaba la cabeza.
—¿Eres algún tipo de quimera? —preguntó con genuina intriga—. Pareces un felino, pero no huelo carne humana en ti... ¿qué eres?
Hombre Tigre dejó escapar una carcajada amistosa.
—Digamos que fui "mejorado" por mi país. Así es más fácil cuidar a... criaturas jóvenes. Y cuando es necesario, ¡también peleo, nyaa!
Rokugo se cruzó de brazos y observó cómo sus tres compañeras trataban de procesar la presencia de un tigre humanoide en el grupo y mas cuando les era mas dificil entender que es el hombre tigre antes de que Rokugo y Alice son de otro mundo.
—Es un amigo confiable. Nos conoce bien a Alice y a mí, y no se preocupen por su apariencia. Pueden confiar en él como si fuera uno de los nuestros.
Snow miró a Rokugo con curiosidad, mientras Rose y Grimm intercambiaban miradas.
—¿Rokugo? —dijo Snow, interesada—. ¿Es un país donde todos son así de... únicos?
—Digamos que nuestra tierra es... distinta —respondió Rokugo con un tono evasivo, intercambiando una mirada rápida con Alice y Hombre Tigre—. Pero, eso es todo lo que necesitan saber, por ahora.
Rose suspiró, un poco frustrada por la falta de respuestas, pero no insistió.
—Bueno, supongo que solo nos queda confiar en ustedes, ya que estamos todos en el mismo barco, o en el mismo desierto, al menos.
Rokugo miró a Hombre Tigre y asintió.
—Eso mismo, Rose. —Luego se volvió hacia su viejo amigo—. Bienvenido a Grace, Hombre Tigre. Esto apenas comienza, y seguro que nos divertiremos.
El Hombre Tigre, aunque un poco intimidado por las peculiares personalidades de las chicas, se mostró entusiasta.
—Parece que tienes un escuadrón muy único, nyaa. Esto será divertido, nyaa.
Rokugo asintió, aunque sabía que los días venideros estarían llenos de desafíos.
—Sí, divertido es una manera de describirlo. Solo espero que estas tres no se vuelvan locas ahora que saben un poco más de nosotros.
Snow, aunque todavía escéptica, no pudo evitar sentir una pequeña chispa de curiosidad.
—Por ahora, solo espero que todo esto no termine en desastre.
Grimm levantó la mano emocionada.
—¡Yo digo que terminemos esto con una celebración!
Rokugo suspiró, mirando a Alice y al Hombre Tigre.
—Esto va a ser un largo mes.
Más tarde, Rokugo llevó a Hombre Tigre ante la princesa Tilis y el Rey para completar la documentación necesaria y oficializar su incorporación como mercenario de Kisaragi para Grace.
—Princesa Tilis, he venido a solicitar que mi colega, Hombre Tigre, sea admitido como miembro mercenario de combate de Kisaragi al servicio del reino. Su fuerza y habilidades pueden ayudarnos en las próximas misiones, explicó Rokugo, con una ligera inclinación.
La princesa observó a Hombre Tigre con ojos amplios y curiosos. Era evidente que la figura de un tigre humanoide la sorprendía, aunque mantenía una sonrisa de bienvenida.
—Vaya, vaya, Rokugo. Parece que tienes amigos bastante peculiares —dijo Tilis, lanzando una mirada divertida—. Es un alivio ver que por fin tienes un aliado. Aunque, ¿no estarán planeando alguna especie de invasión a nuestro reino, verdad?
Rokugo soltó una risa falsa, fingiendo tomarse el comentario a la ligera.
—Claro que no, princesa. No hay planes de ese tipo, puedo asegurarlo. Estamos aquí para ayudar.
La princesa asintió, complacida con su respuesta, y finalmente aceptó su solicitud. Luego, sin perder tiempo, le asignó al grupo una misión que parecía casi un favor personal.
Esa noche, Rokugo decidió llevar a cabo un plan que llevaba días considerando. Entró sigilosamente a la habitación de Snow, observando con cuidado cómo dormía profundamente, abrazada a su espada mágica. Con movimientos calculados, tomó la espada de su lado sin despertarla.
—De verdad duerme con esta cosa. —murmuró Rokugo para sí mismo mientras salía de la habitación con una sonrisa traviesa.
En la base de Kisaragi, Rokugo encontró al Hombre Tigre practicando sus movimientos. Sin pensarlo mucho, le lanzó la espada de Snow.
—¡Vamos a probar tu destreza, Tigre! Quiero ver si puedo vencerte con esta espada mágica.
El Hombre Tigre atrapó la espada en el aire, observándola con curiosidad.
—Nyaa, eso no es justo. ¡Es una espada mágica, nyaa! Yo solo tengo mi katana, nyaa.
Rokugo se rio.
—Deja de quejarte y pelea.
El combate comenzó rápidamente, pero terminó en segundos. La katana del Hombre Tigre cortó la espada de Snow limpiamente en dos.
Ambos quedaron paralizados, observando los fragmentos de la espada en el suelo.
—¡Nyaa, esto es malo! —dijo el Hombre Tigre, entrando en pánico.
—¿Qué vamos a hacer? —preguntó Rokugo, igual de asustado.
Alice, que había estado observando desde un rincón, se acercó con calma.
—Podemos arreglarlo lo suficiente para que Snow piense que la rompió cuando la usó. O podemos decir que era de mala calidad y reclamar al vendedor.
Antes de que pudieran decidir qué hacer, Snow apareció en la base, claramente enfadada.
—¡¿Dónde está mi espada?! —gritó, mirando directamente a Rokugo y al Hombre Tigre—. ¡Sé que tú tienes algo que ver con esto, Rokugo! ¡Y tú, bestia demoníaca, también!
Rokugo intentó calmarla con una historia inventada.
—Snow, escucha. Tu espada... cobró vida. Gritó algo sobre "helicópteros del gobierno y homicidas clonados" y salió corriendo.
Snow lo miró con incredulidad.
—¿De qué estás hablando? ¡Esa es la excusa más ridícula que he escuchado!
Rokugo continuó, improvisando.
—Volvió, pero estaba rota. Parece que la espada se vengó de sí misma.
Snow vio los fragmentos de su espada en el suelo y, al darse cuenta de que estaba rota, comenzó a llorar.
—¡Aún no termino de pagarla! —sollozó, cayendo de rodillas.
El Hombre Tigre, sintiendo empatía por Snow, dio un paso adelante y le ofreció su propia katana.
—Snow, toma mi katana, nyaa. Puede que no sea mágica, pero es una excelente espada, nyaa.
Snow tomó la katana, sus lágrimas desapareciendo rápidamente mientras sonreía de oreja a oreja.
—¿En serio? ¿Es para mí? ¡Gracias, best...! Digo, ¡gracias, Hombre Tigre!
Por primera vez, Snow trató al Hombre Tigre con respeto y amabilidad, aunque él no olvidaba cómo lo había llamado "bestia demoníaca".
—¿Tienes más espadas como esta? —preguntó Snow con entusiasmo—. Tal vez no sea un problema para ti conseguir más, ¿verdad?
El Hombre Tigre soltó una risa nerviosa.
—No tantas como crees, nyaa...
Mientras Snow probaba la katana con emoción, Rokugo se apoyó contra una pared, suspirando.
—Bueno, al menos no intentó matarme esta vez.
Alice, siempre práctica, añadió.
—Deberías ser más cuidadoso, Rokugo. No siempre tendrás a alguien como el Hombre Tigre para salvarte de tus problemas.
Rokugo sonrió, mirando a Snow mientras practicaba con su nueva espada.
—Quizás tengas razón. Pero, por ahora, digamos que este desastre terminó mejor de lo esperado.
Esa tarde tendrían una batalla contra el ejercito enemigo, la cual saldrían victoriosos.
El grupo estaba reunido en una ruidosa taberna de Grace, donde el bullicio de los clientes y el olor a comida peculiar llenaban el ambiente. Grimm y Rose habían pedido su cambio oficialmente, renunciando a la Guardia Real para volver a ser simples soldados. Aunque no lo admitieran abiertamente, ambas sentían que no encajaban bien en la estructura rígida de la corte.
—No es como si nos necesitaran allá arriba —comentó Grimm mientras mordisqueaba un trozo de pan duro—. Además, prefiero estar aquí abajo, donde nadie me mira como si fuera una extraña.
Rose asintió mientras devoraba su plato con entusiasmo.
—Sí, al menos aquí puedo comer sin que me juzguen por mi apetito.
Snow, quien estaba sentada en una esquina de la mesa, fingía indiferencia mientras miraba hacia otro lado. Aunque había recuperado su puesto como comandante de la Guardia Real, no estaba exactamente feliz. La princesa Tilis la había alejado discretamente de su círculo cercano, probablemente porque seguía desconfiando de ella tras el incidente con Rokugo.
—Estoy aquí solo para vigilarlos —dijo Snow con tono autoritario, aunque evitaba hacer contacto visual con el resto del grupo—. No piensen que esto es una reunión amistosa.
Rokugo, ignorando sus palabras, se inclinó hacia atrás en su silla con una sonrisa arrogante.
—Admítelo, Snow. Estás aquí porque te sientes sola. Sin nosotros, tu vida sería demasiado aburrida.
Antes de que Snow pudiera responder, un grupo de niños pasó junto a su mesa, señalando a Rokugo con risas burlonas.
—¡Es Zipper Man! ¡El pervertido del pueblo!
La expresión de Rokugo cambió de confiada a molesta en un instante.
—¿Todavía con eso? ¿Cuándo se olvidarán de esos carteles?
Alice, siempre analítica, intervino:
—Capitán, la reputación es un factor importante en las relaciones sociales. Sugiero que tome medidas para mejorarla.
Rokugo bufó antes de dirigirse al camarero.
—¿Puedo pedir algo en este menú que no sean orcos cocinados? Ya saben, algo que no me haga sentir que estoy comiendo a un pariente lejano.
El camarero lo miró con indiferencia.
—Lo siento, señor. Los orcos son lo más accesible. Si quiere algo diferente, tendrá que pedirlo especial.
Snow levantó la mano sin esperar a que Rokugo respondiera.
—Yo quiero uno con Mokemoke . Y sírvanlo rápido.
Rokugo frunció el ceño cuando le colocaron el plato frente a él. El plato con "Mokemoke" parecía una carne acompañada con un brillo extraño.
—¿Qué demonios es esto? —preguntó Rokugo mientras Snow pinchaba el cuerpo con el tenedor.
Snow cruzó los brazos y respondió con aire de superioridad:
—Es carne bañada en fluido espinal de una Mokemoke titán que vive en el Bosque Oscuro. Ocasionalmente, algunos valientes cazadores van a buscarlas. Cargar ese liquido en frascos herméticos antes de que se evaporen es un arte. Algunos creen que aumenta la fuerza y velocidad.
Rokugo hizo una mueca de disgusto.
—¿Los titanes son comestibles?¿Y por qué alguien querría comer algo así? Parece salido de una pesadilla.
Alice, interesada en la explicación, se inclinó hacia Snow.
—¿Podrías llevarnos a cazar uno? Me gustaría observar cómo se hace.
Snow arqueó una ceja.
—¿Por qué debería ayudarte?
Alice sonrió ligeramente.
—Te pagaré. Considera esto una oportunidad para demostrar tus habilidades... y tal vez para liberar algo de estrés.
Snow suspiró, pero finalmente aceptó.
—Bien. Pero no me culpes si alguno de ustedes termina muerto o convertido en cena de titanes.
En ese momento, Grimm se levantó de la mesa abruptamente.
—Nos vemos luego. Tengo una fiesta de té a la que asistir.
Rose la miró confundida.
—¿Una fiesta de té? ¿Ahora?
Grimm asintió con una sonrisa traviesa.
—Exacto.
Mas tarde, en la muralla fronteriza de Grace en el anochecer.
Con el equipo de maniobras 3D ajustado perfectamente, Snow lideró a Rokugo y Alice hacia el Bosque Oscuro, un lugar conocido por su densa neblina y criaturas peligrosas. Las ramas retorcidas de los árboles apenas dejaban pasar la luz del sol, creando un ambiente sombrío y opresivo.
—Manténganse cerca —advirtió Snow mientras activaba su equipo—. Este bosque está lleno de trampas naturales y titanes pequeños, a pesar de ser de noche, hay luna llena, podrían atacarnos sin previo aviso.
Rokugo, aún incómodo con el equipo de maniobras 3D, intentó seguirle el paso.
—¿Sabes? Prefiero caminar sobre mis propios pies. Este traje seria mas cómodo si fuera como Spiderman.
Alice lo ignoró y continuó registrando datos en su dispositivo.
—Capitán, recuerde que estamos aquí para observar. No se distraiga.
Después de unos minutos de avanzar cuidadosamente, Snow señaló una figura enorme de una langosta en la distancia.
—Ahí está. Un Mokemoke adulto. Prepárense.
Snow se lanzó hacia adelante con precisión quirúrgica, usando su equipo de maniobras 3D para rodear al monstruo. Rokugo observó impresionado Como Snow corto lo que seria equivalente a la nuca de la langosta titan y con unas jeringas extraía liquido de su coraza con rapidez y eficiencia.
—Wow —murmuró Rokugo—. No está mal para alguien tan rígida.
Snow lo fulminó con la mirada.
—Cierra la boca y aprende, idiota.
Mientras tanto, Alice tomaba notas detalladas del proceso, claramente fascinada por la técnica utilizada.
—Interesante. La falta de animales domésticos es notable.
El grupo avanzaba de regreso al castillo después de su exitosa cacería del Mokemoke. Alice, caminando al lado de Rokugo, parecía absorta en sus pensamientos.
—Rokugo, —dijo con tono pensativo—, hay algo que no tiene sentido sobre los seres titán de este mundo.
Rokugo, masticando un pedazo de jerky que había llevado como snack, la miró con curiosidad.
—¿Ah, sí? ¿Qué cosa?
Alice ajustó sus ojos a la luz.
—Según las leyes de la física y la biología, no deberían existir. Su tamaño debería colapsar sus estructuras internas, Estas criaturas generan temblores pequeños al caminar, pero son absurdamente ligeros muertos. Además, su regeneración desafía cualquier lógica científica. No puedo explicar cómo algo tan grande puede moverse, menos aún cómo puede regenerarse indefinidamente.
Rokugo se encogió de hombros.
—Bueno, tal vez solo son otra de esas cosas raras de este mundo. Ya sabes, como los vegetales asesinos que dijo en su reporte el agente 22.
Alice asintió, aunque claramente seguía dándole vueltas al asunto.
Mientras avanzaban, Rokugo detuvo su paso al notar algo extraño en el camino. En un claro del bosque, una enorme serpiente titán estaba incrustada en un palo. Su cuerpo intentaba moverse, pero parecía estar atrapada en un ciclo interminable de regeneración y daño. Las escamas de la criatura brillaban bajo la luz del sol, pero su estado inmóvil era desconcertante.
—¿Qué diablos es eso? —preguntó Rokugo, señalando a la serpiente.
Snow, que venía detrás de él, suspiró al verla.
—Eso es un Supopotchi. También se consume su liquido espinal si sabes cómo cocinarlos. Pero, —añadió con seriedad—, ver a un ser titán en esta situación solo significa una cosa.
Rokugo levantó una ceja, preocupado.
—¿Y qué significa?
Snow miró alrededor con cautela antes de responder.
—Estamos en territorio Headslitters.
Rokugo sintió un escalofrío al escuchar ese nombre.
—¿Headslitters? ¿Qué demonios es eso?
Snow cruzó los brazos, claramente tensa.
—Headslitters o Kachiwari como se autonombran, Es una tribu salvaje que vive en el bosque. Son increíblemente hostiles y extremadamente territoriales. Si alguien invade su territorio, no dudan en atacar. Nadie sabe cómo lo logran, pero no tienen armas ni tecnología. Sin embargo, en vez de ser comidos por los titanes del bosque, ellos los cazan con sus propias manos.
Alice, intrigada, intervino.
—¿Cazan titanes con sus propias manos? ¿Cómo es eso posible?
Snow negó con la cabeza.
—Nadie sabe cómo lo hacen, pero lo logran. Dicen que los Headslitters pueden aplastar la cabeza de cualquiera que se atreva a cruzar su camino. Los pocos que han escapado de ellos no cuentan la historia completa, pero todos coinciden en que son despiadados.
Rokugo comenzó a sudar frío, retrocediendo lentamente mientras miraba nerviosamente a su alrededor.
—¿Dijiste... aplastar la cabeza? ¿Cómo? ¿Con las manos? ¿Con un palo? ¡Esto es una locura!
Snow arqueó una ceja, confusa ante su reacción.
—¿Estás... asustado? ¿Tú, el capitán que enfrentó a los Titanes Golem y a selectos de lord demonio?
Rokugo levantó las manos, claramente alterado.
—¡Oye, una cosa es enfrentar a demonios y monstruos con un punto débil claro! ¡Pero una tribu de locos sin armas cacé titanes es otro nivel! ¿Cómo se supone que pelee contra eso?
Snow, soltó un bostezo y murmuró.
—¿No puedes usar tu motosierra circular para cortarles las cabezas antes de que te aplasten la tuya?
Rokugo la miró incrédulo.
—Creo que ya saben que estamos aquí.
Rokugo sintió una especie de vibración en el aire, como si los árboles mismos estuvieran susurrando advertencias. Un instante después, figuras cubiertas de barro comenzaron a emerger entre la vegetación, cada una con una máscara de madera tallada y hachas de guerra en las manos.
—¿Pero qué...? —murmuró Snow, colocando la mano en su espada.
Alice analizó las figuras, pero su chip interno solo emitía errores y códigos desconocidos. Rokugo frunció el ceño y concentró su propio chip de traductor, pero el lenguaje que hablaban los nativos no se traducía en absoluto. Los Headslitters, como los conocían los locales, hablaban en una lengua antigua y casi espiritual, incomprensible para todos.
—Esto no se ve bien, dijo Snow, intentando mantenerse despierta y maldiciendo entre susurros. **—Siempre me dijeron que los Headslitters solo salen cuando sienten que su territorio está en peligro... o cuando buscan venganza.
Uno de los Headslitters, cubierto de barro rojizo, dio un paso adelante, levantando el hacha en un gesto de advertencia y emitiendo un sonido gutural, como si los árboles y el viento fueran su voz. La comunicación era imposible, y parecía que la tribu estaba consciente de lo que había ocurrido con el Mokemoke.
—No podemos enfrentarnos a todos ellos —susurró Snow mientras mantenía la mirada fija en cada movimiento de los nativos—. No sin arriesgar el manjar que acabamos de conseguir.
Rokugo alzó las manos, intentando mostrar que no tenían malas intenciones, aunque sabía que la tribu estaba lejos de entender sus palabras. Lentamente, comenzó a retroceder, gesticulando para que su equipo hiciera lo mismo.
—Es mejor que no los provoquemos, susurró Snow al grupo. **—Por lo que sabemos, estos tipos podrían aplastarnos antes de que tengamos oportunidad de siquiera contraatacar.
Snow desenvainó su espada con rapidez.
—No hagas movimientos bruscos, Rokugo. Tal vez aún no nos consideren una amenaza.
Alice, siempre lógica, analizó la situación.
—Sugiero que nos retiremos con precaución. Si entramos en combate, corremos el riesgo de alertar a más de ellos.
Rokugo asintió rápidamente.
—Buena idea, Alice. ¡Retirada lenta y sin movimientos sospechosos!
Mientras se retiraban, los Headslitters no avanzaron. Observaban, moviéndose solo cuando el grupo intentaba alejarse. Era como si les estuvieran permitiendo marcharse como una advertencia, un recordatorio de que el bosque y sus criaturas les pertenecían.
—Gracias al cielo... —exclamó Snow en voz baja, aunque todavía con una mano en su espada, lista para cualquier reacción violenta.
—Esto fue solo un aviso, murmuró Alice, sus ojos fríos analizando a la tribu mientras se alejaban. **—Dudo que tengamos una segunda oportunidad si volvemos a este bosque.
Finalmente, los Headslitters se desvanecieron entre las sombras, y el grupo emergió de nuevo en la seguridad del claro, con el Mokemoke aún en sus manos y un recordatorio claro de que debían evitar a la tribu en futuras expediciones. Y una evidente respuesta a porque Lord demonio atacaba por la entrada desértica de Grace y no por la zona del bosque.
El grupo llegó al castillo tras su aventura en el bosque. Reuniéndose nuevamente con Grimm y Rose. Durante la cena, Rose, aparentemente sin mala intención, mencionó algo interesante.
—Grimm hizo un sombrío ritual e invoco un fantasma.
Rokugo dejó caer su cuchara, mientras Alice se giró inmediatamente hacia Grimm con una expresión crítica.
—¿Invocaciones? —preguntó Alice, cruzando los brazos—. Eso es absurdo. La magia no existe.
Grimm, que estaba mordisqueando un pedazo de pan, alzó una ceja, claramente ofendida.
—¿Qué quieres decir con que no existe? ¡La magia es real! Lo uso todo el tiempo.
Alice sacudió la cabeza.
—Lo que tú llamas "magia" son fenómenos que no comprendes. Todo puede explicarse científicamente. La teletransportación que usamos, por ejemplo, es tecnología avanzada. Y las habilidades "especiales" que podrías ver en otros son simplemente mutaciones o ingeniería genética.
Rokugo, siempre buscando evitar discusiones serias, trató de cambiar el tema. Pero Grimm no estaba dispuesta a dejarlo pasar.
—¡Te probaré que la magia es real! —declaró, golpeando la mesa con una mano.
Alice alzó una ceja, claramente interesada en el desafío.
—Adelante. Estoy esperando.
Mas noche, en las afueras de la ciudad, próxima a la muralla, Grimm reunió a Rokugo y Alice . Colocó un tapete que tenia dibujado un círculo de invocación en el suelo con líneas complicadas y runas que, según ella, eran sagradas. Rokugo parecía aburrido, mientras Alice observaba todo con una mezcla de escepticismo y curiosidad científica.
—¿Y qué se supone que va a pasar? —preguntó Rokugo.
Grimm cerró los ojos, levantando las manos al cielo.
- Primero... tengo que matar este conejo... Capitan ¿Quiere hacer los honorres?
- Preferiria no hacer los horrores
- Por favor, no quiero matarlo
- Porque no compraste carne directamente?
Alice se adelantaria y desnucaria al conejo
- Alice ¿Donde quedo tu compasion?
-Los androides no tenemos compasion
—Oh, gran Zenarith, escucha mi llamado. Envíanos uno de tus siervos para probar el poder de tu magia.
El círculo comenzó a brillar, y en un destello de luz apareció una figura demoníaca. Era un ser alto, con alas membranosas, cuernos y ojos resplandecientes. Su voz resonó en la habitación.
—¿Quién me ha llamado?
Rokugo dio un paso atrás, sorprendido.
Grimm tendria una expresion miedo, seguida de furia —¡¿Qué demonios es eso?! Yo quería un fantasma.-
Alice, sin embargo, no parecía impresionada. Movía el tapete con el circulo.
—Un holograma. Tiene que haber un proyector oculto en algún lugar.
El demonio se giró hacia Alice, frunciendo el ceño.
—¿Que diablos haces, niña? Soy un siervo de Zenarith, y estoy aquí para conceder un deseo.
Alice lo señaló con desdén.
—Si eres real, demuéstralo. ¿Dónde está el proyector?
El demonio pareció ofendido, pero no respondió. Alice, al no encontrar pruebas, se cruzó de brazos.
—Bien, si dices ser un "siervo", cumple mi deseo. Quiero la dominación mundial.
El demonio sacudió la cabeza.
—Ese deseo está más allá de mi poder.
Alice levantó una ceja.
—Entonces haz tres planetas habitables con atmósferas adecuadas para humanos.
El demonio se quedó en silencio, claramente confundido.
—Ese deseo... es... complicado de hacer.
- Entonces Ve y mata a todos los seres hostiles de este planeta, Lord demonio, sus ejercitos, las tirbus indigenas del bosque.
- No voy ha hacer un genocidio y menos contra mi propia especie.
Rokugo, que había estado observando en silencio, se adelantó con una sonrisa sarcástica.
—¿Sabes qué? Si no puedes hacer algo impresionante, entonces haz algo útil. Limpia mi casa. Está hecha un desastre.
El demonio miró a Rokugo, suspiró con resignación, chasqueo los dedos, aparecieron en la casa de Rokugo del planeta 407 y comenzó a recoger los papeles y herramientas esparcidos por la habitación. En unos minutos, el lugar estaba impecable.
—Tu deseo ha sido concedido, —dijo el demonio, con tono cansado. y Comenzó a desvanecerse.
Cuando el demonio desapareció, Grimm miró a Alice con una sonrisa triunfante.
—¿Y bien? ¿Suficiente prueba de que la magia es real?
Alice, sin embargo, no estaba convencida.
—Solo porque no pude encontrar el proyector no significa que sea magia. Probablemente fue una ilusión bien elaborada.
Rokugo, divertido por todo el espectáculo, palmeó a Grimm en el hombro.
—Bueno, Grimm, al menos limpió mi casa. Eso sí que es útil.
Grimm bufó, cruzando los brazos.
—Algún día me tomarán en serio.
A la semana siguiente
En el salón del trono, la princesa Tilis se encontraba frente a Rokugo, quien estaba sentado con su habitual postura relajada. Tilis lo miraba con una mezcla de desaprobación y resignación.
—Rokugo, tenemos un problema que, desafortunadamente, involucra algo que tú hiciste. —comenzó la princesa, con un tono serio.
Rokugo levantó una ceja, fingiendo inocencia.
—¿Yo? ¿Qué hice ahora?
Tilis suspiró, claramente frustrada.
—Cuando llegaste a nuestro reino y reparaste el generador de agua con tu compañera Alice, decidiste establecer una contraseña particularmente inapropiada: "Festival del pene".
Rokugo trató de contener una carcajada, pero falló miserablemente.
—Bueno, era memorable. ¿Quién podría olvidarla?
La princesa lo fulminó con la mirada.
—El problema es que mi padre, el rey, se negó rotundamente a decir esa contraseña en voz alta para activar el generador. En su frustración, huyó sin proveer agua a nuestro pueblo. Yo misma intenté usar el generador, pero me negué a pronunciar semejante vulgaridad con gente presente.
—Ah, aquí vamos... —murmuró Rokugo, Solo di la frase.
Tilis: "Rokugo, Ahora, sin agua y sin generador, me veo obligada a enviar a Snow al reino vecino de Toris para negociar un suministro. Como embajadora, claro. y Quiero que tu y tu unidad sean sus guardaespaldas"
Rokugo no pudo evitar reír, aunque algo nervioso, al recordar la reacción del rey.
Tilis respiró hondo para calmarse.
—Será una misión diplomática delicada, pero tengo un plan.- Tilis continuó explicando mientras Rokugo la escuchaba con una mezcla de interés y cautela.
—El príncipe de Toris tiene fama de ser extremadamente lujurioso. Es probable que intente propasarse con Snow. Si lo hace, podremos denunciarlo públicamente y presionarlo para que nos venda agua a un precio reducido.
Rokugo frunció el ceño.
—¿Quieres usar a Snow como cebo? ¿Estás segura de eso?
La princesa lo miró con determinación.
—Confío en Snow. Es una mujer fuerte y capaz. Además, tú y tu grupo serán sus guardaespaldas. Asegúrate de que nada pase más allá de lo que necesitamos para completar la misión.
Rokugo suspiró, viendo venir el desastre.
—Está bien, Jamas hubiera pensado que a la princesa se le ocurririan planes asi.
Antes de que pudiera responder, Tilis añadió algo más.
—Normalmente, habría enviado a nuestro estratega para liderar esta misión, pero renunció sin motivo aparente.
El recuerdo de Rokugo
Al escuchar eso, Rokugo recordó en silencio el "motivo aparente" de la renuncia del estratega. Poco después de descubrir que Snow lo había espiado y delatado por orden de dicho estratega, Rokugo había tenido una "conversación privada" con él en el sótano de la base de Kisaragi.
En esa ocasión, Rokugo lo había atado a una silla y usado métodos poco ortodoxos para asegurarse de que no hablara ni causara problemas usando canicas chinas. Tras varias horas de "persuasión", el estratega había renunciado y desaparecido, aparentemente por voluntad propia.
Rokugo sonrió para sí mismo al recordar el episodio.
—Renunció. Una lástima. —comentó con un tono falsamente despreocupado.
Tilis lo miró con suspicacia, pero decidió no insistir.
La princesa continuaba en su mensaje: "Se les ha concedido la misión de embajadores. Por formalidad el reino de Toris organizara un banquete en su honor. Aprovechen la oportunidad para que la negociación fluya y cumplan con las formalidades. Ah, y por favor, esta vez sin claves absurdas."
Rokugo iria a informar a su unidad de la mision
—Embajadores, nada menos —añadió Grimm, sonriendo de manera burlona—. **Rokugo, ya eres todo un diplomático.
Pero Toris queda muy lejos- ¿Que carruaje nos va a llevar, Quienes seran nuestros guardaespaldas y los señuelos? - Pregunto Grimm
-¿A que te refieres?- Expresaria Rokugo
- El camino entre reinos cubre desierto habitado por titanes.- Interrumpiría Snow, tomaría su espada y diría enojada - Y desgraciadamente, por el estúpido beso que te di, mi unicornio ya no me considera pura y ya no me deja montarlo, infeliz.
- No hace falta, Observa.
Rokugo, mostrando un poco más de entusiasmo de lo habitual, decidió canjear puntos malos para obtener un vehículo 4x4 todo terreno con Ventana en el techo . Alice le explicaria que no es posible por el tamaño de la cabina, pero puede pedir las partes por separado y ensamblar uno alli mismo.
Tras solo unos minutos cambiando partes y ensamblando, La máquina apareció frente a ellos con un brillo metálico reluciente, dejando a Snow, Grimm y Rose boquiabiertas.
—¡¿Qué es esto?! —exclamó Snow, acercándose al vehículo como si estuviera viendo una reliquia sagrada.
Rose ladeó la cabeza, intrigada.
—No tiene caballos ni animales que lo impulsen. ¿Cómo se mueve? ¿Es como ese caballo mecánico que manejas?
Grimm, frotándose los ojos aún medio dormida, se acercó tambaleándose.
—Esto me recuerda a las historias que contaban los ancianos en mi aldea... ¿No serán esos "autos" de los que hablaban las leyendas?
Rokugo sonrió con suficiencia, golpeando el capó del vehículo.
—Exacto, chicas. Este es un "auto", y vamos a viajar como reyes. Ahora, suban.
Rose quedó boquiabierta. **—¡Un vehículo sin animales ara llevar varias personas! Esto es como lo que cuentan las leyendas de hace siglos, los... ¿autos?
—Tómalo como otro milagro de Kisaragi, Rose —dijo Rokugo, dándole una palmada en la espalda antes de arrancar.
Mientras las chicas ocupaban sus lugares, Grimm insistió en ir con la ventana del techo abierta para sentir el viento en su cara. Snow seguía inspeccionando cada detalle del vehículo, aún impresionada.
Alice sacaría de su antebrazo un adaptador para controlar el Auto, encendiéndolo
Mientras avanzaban por el desierto, disfrutando de la velocidad y comodidad del auto, notaron algo en el horizonte. Varias figuras caninas comenzaban a perseguirlos, levantando nubes de polvo detrás de ellos.
—¡Son caninos titán! —gritó Snow, agarrándose de su asiento mientras el auto aceleraba.
Rokugo miró por el retrovisor, chasqueando la lengua.
—¡Maldita sea, no puedo tener un viaje tranquilo ni siquiera una vez! ¡Agárrense!
El vehículo saltaba sobre las dunas, y Grimm, con su ventana abierta, no pudo evitar que se le suba la adrenalina ante la emocion de sentir más viento en su cara.
—¡Esto es genial! —gritó Grimm con una sonrisa amplia.
—¡Siéntate! —le ordenó Rokugo—. ¡Es peligroso!
Pero era demasiado tarde. Al pasar sobre un gran bache, Grimm salió volando por la ventana, aterrizando justo frente a los caninos titán.
—¡GRIMM! —gritó Rose, llevándose las manos a la boca.
- Van a aplastar a Grimm - Recalco Snow.
Un canino titán se lanzó hacia Grimm, quien yacía inconsciente en la arena, sin embargo al verla la soltó con desinterés. Snow, sin dudarlo, activó su equipo de maniobras tridimensionales, lanzándose hacia la criatura con una velocidad impresionante. En cuestión de segundos, cortó la nuca del titán con un movimiento limpio, derribándolo al suelo.
Alice detuvo el auto y Rokugo salió corriendo hacia Snow y Grimm, con Rose siguiendo de cerca.
Snow guardó sus espadas y levantó a Grimm con cuidado.
Rokugo usara el mismo lanza granadas esperando que su suerte no le falle.
Rose soltó una risita.
—No por nada era comandante de la guardia real.
- Todavia soy comandante de la guardia real, Rose
Con Grimm aún inconsciente pero a salvo, el grupo continuó su camino hacia el Reino del Agua.
—Espero que el Reino del Agua sea menos caótico que esto, —murmuró Rokugo, mirando al horizonte.
Alice, siempre lógica, respondió desde el asiento del copiloto.
—Conociendo este planeta, lo dudo mucho.
Rokugo soltó un suspiro.
—Eso no es precisamente alentador, Alice.
El grupo llegó a la frontera del Reino de Toris, con una muralla similar a la de Grace, equipada con cañones en el alto del mismo muro, El equipo fue recibido con una cálida bienvenida por parte de los guardias y algunos nobles menores. Mientras cruzaban hacia la capital, Alice observaba todo con su meticulosa lógica robótica.
—Este reino no es diferente de Grace, —comentó Alice—. También está estancado tecnológicamente en un nivel medieval.
Rokugo, conduciendo el vehículo hasta donde lo estacionarían, asintió.
—Lo que significa que probablemente tendrán las mismas absurdas supersticiones y costumbres. Prepárate para un montón de formalidades innecesarias.
El grupo se presento, mostro su invitación ,entro a la ciudad y fueron camino al castillo real. Una vez que llegaron al palacio, un mensajero real se acercó y anunció:
—Su Majestad el Rey Engel ha ordenado un banquete en honor a los embajadores de Grace para aliviar la fatiga. Por favor, prepárense para la ocasión, Pueden ir a los vestidores, si no tienen ropa apropiada se les prestara acorde.
Rokugo y Alice, aparecieron con trajes de gala que parecían sacados de una película contemporánea. Rokugo llevaba un esmoquin negro perfectamente ajustado, mientras que Alice lucía un elegante vestido rojo que contrastaba con el ambiente medieval del palacio.
Sin embargo, Snow apareció con un vestido que apenas dejaba algo a la imaginación, escandalosamente provocador.
Cuando Snow apareció, Rokugo no pudo evitar arquear una ceja. Su vestido, aunque claramente del estilo medieval, era provocador, destacando su figura con cortes estratégicos que dejaban poco a la imaginación.
—¿Qué demonios llevas puesto, Snow? —preguntó Rokugo, entre divertido y sorprendido.
Snow levantó la barbilla con confianza.
—Voy a seducir al príncipe Engel. Si logro que pierda la cabeza por mí, más que chantajearlo para conseguir agua gratis, puedo convertirme en reina.yo tendré a Toris bajo mi control.
Alice le lanzó una mirada escéptica. **—Snow, incluso si el príncipe fuera un pervertido, dudo que arriesgara su reputación y un conflicto internacional coqueteando con una embajadora.
Snow cruzó los brazos, lanzándoles una mirada desafiante. **—A veces, Rokugo, subestimas mis encantos.
Rokugo suspiró. **—Haz lo que quieras, pero recuerda que estamos aquí para negociar, no para iniciar una telenovela.
Mientras Snow y Rokugo discutían, Grimm apareció por el pasillo, caminando descalza con un vestido que parecía haber salido de una tienda vintage... hace ochenta años. Aunque el vestido tenía cierto aire sensual, no encajaba del todo con los estándares actuales, incluso para ese mundo medieval.
—¡Sentir la alfombra en mis pies es maravilloso! —exclamó Grimm mientras avanzaba con una gran sonrisa.- Pero dime comandante ¿TE GUSTA MI VESTIDO SEXY SENSUAL? ¿ESTÁS TAN EXCITADO QUE QUIERES EMPUJARME HACIA ABAJO?¿ES SEXY?
Rokugo la miró de arriba abajo y no pudo evitar soltar una carcajada.
—Grimm, ese vestido no es sensual, es una reliquia. Parece que lo sacaste del baúl de los recuerdos de alguien. Y, ¿de verdad estás caminando sin zapatos otra vez?
-Ya te dije que mi maldicion me impide caminar con zapatos - Grimm lo fulminó con la mirada, levantando su dedo acusador. —¡Que Zenarith te libere de tu... libido! —exclamó con tono solemne.
Rokugo, previendo lo que se venía, rápidamente movió la mano de Grimm hacia otro lado. La maldición salió disparada en dirección incierta, rebotando en la pared y perdiéndose en la distancia.
—Ya sabes, Grimm, podrías causar un verdadero caos si sigues lanzando maldiciones a lo loco, —bromeó Rokugo para auto calmarse.
—¡¿Qué hiciste?! —gritó Grimm, horrorizada.
Rokugo se rio, relajándose mientras miraba a Grimm.
—Yo sin mi libido sería como un perro sin dientes o un dragón sin su cola. Cuidadito con hacerme esos chistes Grimm.
Grimm lo fulminó con la mirada mientras Alice observaba la escena con indiferencia.
—Deberían centrarse en la misión, —interrumpió Alice, siempre práctica—. Este banquete no es para divertirse, sino para negociar. Rokugo, deja de provocar a Grimm.
Snow, aún ajustándose su vestido, lanzó un suspiro exasperado.
—¿Por qué tengo que lidiar con ustedes todo el tiempo?
El grupo se decidio a ingresar al gran salón del banquete. El salón estaba decorado con exquisitos tapices y mesas llenas de comida.
El príncipe Engel Toris Tyber, un hombre cuarenton con aire refinado parcialmente calvo, estaba sentado al centro, rodeado de nobles. Miró al grupo con curiosidad al ver sus atuendos tan variados y fuera de lugar, especialmente los de Rokugo y Alice.
—Bienvenidos, embajadores de Grace, —dijo el príncipe con una sonrisa cordial—. Espero que disfruten del banquete.
Rokugo respondió con una sonrisa igualmente falsa.
—Gracias por recibirnos, Alteza. Estoy seguro de que será... interesante.
Mientras tomaban asiento, Rokugo no podía evitar sentirse intranquilo. Algo le decía que esa noche iba a ser mucho más complicada de lo que esperaba.
El banquete comenzó con la presentación de exquisitos platillos, decorados con tanta delicadeza que parecían demasiado hermosos para comer. Sin embargo, para Rose, eso no fue un impedimento. Apenas el primer plato llegó a la mesa, se abalanzó sobre la comida como una leona hambrienta. Los sonidos de su masticación resonaban en el salón mientras devoraba con todo y huesos, e incluso se llevó a la boca un plato, pensando que también era comestible.
—¡Rose! —gritó Snow, horrorizada—. ¿Qué estás haciendo? ¡Compórtate!
Rokugo, frotándose la frente, intentó calmar la situación.
—Rose, deja algo para los demás. Esto es un banquete, no un buffet libre.
Mientras tanto, Snow y Grimm se dedicaron a ejecutar sus particulares "estrategias" para acercarse a los príncipes de Toris. Snow intentó llamar la atención del príncipe mayor, Engel, y Grimm Intento con el menor para buscar marido.
Sin embargo, el príncipe, conocido por su fama de mujeriego, parecía completamente desinteresado. Sus respuestas eran corteses, pero cortas, lo que dejaba a Snow sintiéndose frustrada.
—¿Por qué no funciona? —murmuró entre dientes mientras Engel continuaba conversando con otros nobles.
Por otro lado, el príncipe menor, intrigado por la presencia de Grimm, se acercó a ella con curiosidad.
—Disculpe, señora... pero, ¿por qué no lleva zapatos? —le preguntó, visiblemente intrigado.
Con una expresión mística, Grimm respondió solemne. —Es por motivos religiosos.
Snow, aún determinada a seducir al príncipe Engel, se inclinó hacia él con una sonrisa seductora.
—Príncipe Engel, he oído historias sobre su carisma... y otras cualidades, —dijo, haciendo énfasis en "otras cualidades".
Engel, que mantenía una postura rígida, frunció el ceño.
—Es ofensivo que solo se me conozca por esas "cualidades". Soy mucho más que eso, embajadora Snow.
Snow parpadeó, desconcertada por su reacción.
—¿Perdón? Yo... solo quería halagarlo.
El príncipe suspiró, ajustándose el cuello de su túnica.
—Hace media hora tuve una revelación. Sentí que nací de nuevo. Ahora, mi propósito es liderar con virtud y sabiduría, no con frivolidades.
Rokugo, desde la distancia, no pudo evitar reír entre dientes al ver a Snow cada vez más incómoda.
—Esto es patético, —susurró a Alice—. Está arruinando completamente nuestra misión.
Alice, imperturbable, respondió:
—No podemos dejarla sola. Está generando más vergüenza de la que ya tenemos.
El príncipe menor levantó una ceja, claramente confundido, pero no dejó que eso lo detuviera.
—Eso es... interesante. —Sin embargo, cuando Grimm se enteró de que el príncipe tenía una novia comprometida, su ánimo decayó y decidió lanzarle una "pequeña maldición" para que se empapara, la maldición rebotó y terminó empapándose ella misma.
Grimm soltó un chillido de frustración mientras se sacudía la ropa mojada.
—¡¿Por qué siempre me pasa esto a mí?! —gritó mientras Snow se tapaba la boca, tratando de no reír.- Adelante, Búrlense.
Mientras tanto, Rose seguía devorando todo a su alcance, incluyendo huesos, servilletas y platos, mientras Grimm se revolcaba en el suelo frustrada por su fracaso en seducir al príncipe menor.
Desde su asiento, Rokugo miraba la escena y susurró a Alice: —¿Qué te parece si drogamos a Rose , luego apuñalamos a Grimm discretamente y fingimos que se sienten mal ? nos retiramos y la revivimos a Grimm cuando volvamos a Grace.
Alice soltó una risa disimulada. —podríamos dormir a Rose metiendo algo en su comida antes de que acabe con todo el banquete.
Incapaz de soportar más la vergüenza, Rokugo suspiró y asintió hacia Alice para retirarse de la sala. Rokugo y Alice caminaron en silencio a través del pasillo hacia otra sección del castillo, intentando procesar el desastre de su equipo.
¿Tienes celos de los tipos con dinero porque tienen mujeres? Si es lo que quieres, compra una Androide X de Kisaragi - Le dijo Alice notando la mirada de Rokugo.
Rokugo suspiró. ¿Una androide Bonita y pervertida?
- Nunca dije pervertida - Alice expreso, aparentemente satisfecha con su respuesta.
Al doblar una esquina, ambos se detuvieron al notar una habitación cerrada con una puerta de metal. Intrigados, forzaron la cerradura y entraron, encontrándose con un laboratorio lleno de cápsulas cilíndricas, encontraron lo que parecía un tubo generador de homúnculos, parecido al equipo de conversión mutante que Kisaragi usaba para crear agentes con habilidades especiales. El tubo grande contenía un líquido verde brillante. Dentro del tubo, flotaba una figura humanoide femenina con proporciones increíblemente atractivas.
—¿Qué es esto? —preguntó Rokugo, acercándose al tubo.
Alice escaneó la máquina con su brazalete y dio un informe inmediato.
—Parece una capsula de sueño fria.
Rokugo sonrió, claramente intrigado.
Rokugo con una sonrisa perversa. —¿Será que aquí también están fabricando chicas sensuales?
Alice negó con la cabeza.
—No saques conclusiones precipitadas. Esto podría ser para experimentos militares.
Rokugo miró fijamente el tubo mientras Alice continuaba analizando la máquina con su brazalete. Una idea, evidentemente estúpida, cruzó por su mente.
—Alice, descifra cómo funciona esta cosa. —dijo Rokugo, golpeando ligeramente el tubo—. Nuestra Snow está demasiado corrompida. Deberíamos reemplazarla con un clon.
Alice lo miró, incrédula.
—¿Eso es tu solución? —respondió Alice con tono cortante—. Además de ser un plan inmoral, es completamente innecesario. La Snow actual, aunque sea problemática, al menos es funcional.
Rokugo suspiró, fingiendo estar decepcionado.
—Era solo una idea. No tienes que matarla antes de que nazca, Alice.
Antes de que pudieran seguir discutiendo, un sonido de pasos los alertó. Rokugo se dio la vuelta y vio a Heine de la Flama entrando a la sala, acompañada por un joven quimera de aspecto similar a Rose, con una apariencia entre humano y criatura marina. Tenía una cola con escamas brillantes y ojos intensamente con heterocromia.
—¿Qué están haciendo ustedes aquí? —preguntó Rokugo, señalándolos con el dedo.
—No deberíais estar aquí— dijo la demonio Heine, observándolos con expresión suspicaz
Rokugo se giró, alzando una ceja. —Bueno, bueno, si no es la demonio de Grace ¿Y con un guardaespaldas?
Heine resopló. —Esto no es una invasión, si eso pensáis. Estamos aquí en busca de una alianza con el reino de Toris. El Lord Demonio desea cooperación contra Grace, no conflicto.
Alice escaneó rápidamente a Russel. —Curioso sujeto. Otra quimera
Russel, irritado, le lanzó una mirada amenazante. —¡No toquen eso par de tontos!
Rokugo solo sonrió de vuelta. —Heine, parece que este sitio tiene secretos más interesantes de los que esperaba.
Heine ignoró su comentario, cruzando los brazos con aire superior. El joven quimera, que se presentó como Russel del Agua, no dijo nada, pero sus ojos se posaron brevemente en Alice con curiosidad.
Más tarde, Rokugo, Alice, Heine y Russel subieron a la recepción del castillo. La atmósfera estaba tensa, especialmente con la presencia de dos facciones potencialmente enemigas en la misma sala.
Heine, aprovechando la ocasión, intentó seducir al príncipe Engel con su aire de femme fatale y su vestido revelador. Aunque aquel vestido irónicamente cubría mas de lo que Heine normalmente viste.
—Príncipe Engel, —dijo con voz melosa—. Quizás podamos encontrar una forma más... placentera de resolver nuestras diferencias. —Heine le guiñó un ojo.
El príncipe Engel, sin embargo, permaneció inmutable.
—Agradezco su interés, pero prefiero mantener nuestras negociaciones en términos estrictamente diplomáticos.
Snow, viendo la escena, intervino rápidamente, intentando recuperar terreno.
—Príncipe Engel, no permita que esta mujer lo engañe. Estoy segura de que alguien de su estatura sabe distinguir entre propuestas genuinas y... trucos baratos.
El príncipe Engel podría estar hablando de un trato neutral que seria beneficioso tanto para Grace como para los demonios, pero Rokugo no le presto la mas mínima atención al discurso.
Rokugo observó las idas y venidas con una mezcla de aburrimiento y diversión. Finalmente, no pudo contenerse.
—¿Por qué ese tipo esta entre dos bellezas y ni se inmuta, Y yo que tengo ? —dijo, levantándose de su asiento.
Antes de que alguien pudiera detenerlo, Rokugo, en un acto absolutamente inapropiado, hizo un "truco de fiesta" restregando su entrepierna en la cara del príncipe Engel.
El salón quedó en completo silencio. El príncipe Engel, con una expresión de furia contenida, se levantó lentamente de su asiento.
—Esto es un insulto no solo para mí, sino para todo el Reino de Toris. —dijo con voz firme—. Considero este acto como una declaración de guerra por parte del Reino de Grace.
Heine, aunque sorprendida por la acción de Rokugo, no pudo evitar reírse discretamente.
—Y aquí pensaba que ustedes eran los embajadores, —dijo con sarcasmo.
Alice, que había estado a punto de detener a Rokugo, suspiró pesadamente.
—Rokugo, creo que acabas de asegurarte un lugar en el libro de las peores decisiones diplomáticas de la historia.
Snow, Grimm y Rose se quedaron boquiabiertas mientras los guardias se acercaban para expulsarlos fuera del castillo.
En cuanto estuvieron fuera, Rokugo no perdió tiempo.
—¡Al auto! —gritó, corriendo hacia el vehículo.
El grupo se subió apresuradamente, con Alice tomando el asiento del piloto y Snow aún protestando por el desastre que acababan de causar.
—¡Rokugo, ¿Qué demonios fue eso?! —gritó Snow, golpeando su asiento.
—¡Improvisación! —respondió Rokugo mientras arrancaba el motor y aceleraba hacia el desierto.
Desde el asiento trasero, Grimm murmuró:
—Ni siquiera Zenarith podría salvarnos de esto.
Mientras se alejaban a toda velocidad, Rokugo miró a Alice con una sonrisa.
—Lo peor aun ni ha pasado, solo esperen cuando regresemos a Grace.
Alice no respondió, limitándose a apuntar algo en su brazalete.
—Espero que tengas un plan para arreglar todo este desastre, Rokugo.
Rokugo soltó una carcajada.
—¡Ese es un problema para el Rokugo del futuro!
Y con eso, el grupo se perdió en el horizonte, dejando atrás una alianza rota, una declaración de guerra, y un salón lleno de nobles escandalizados.
Alice suspiró, notando cómo los intentos de diplomacia de Rokugo siempre acababan en desastre.
—¿Por qué siempre tienes que empeorar las cosas? Ahora tenemos dos reinos en guerra contra nosotros —dijo Snow, masajeándose las sienes.
Viaje nocturno
Mientras Alice conducía el auto bajo la luz de la luna, el ambiente dentro del vehículo era tranquilo pero cargado de tensiones residuales. La noche había caído, y con ella llegó la seguridad temporal de saber que los titanes no atacarían. Snow y Rose, agotadas por los eventos del día, se habían quedado profundamente dormidas, roncando suavemente en sus asientos. Grimm, sin embargo, estaba completamente despierta, incapaz de conciliar el sueño después de la humillación sufrida en Toris.
Con una mezcla de frustración y curiosidad, Grimm se inclinó hacia Rokugo, quien estaba sentado a su lado mirando distraídamente por la ventana.
—Capitán, ¿cómo es posible que Alice maneje este... auto? —preguntó Grimm, señalando el volante que Alice manipulaba con precisión mecánica.
Alice, siempre práctica, respondió antes de que Rokugo pudiera abrir la boca:
—El sistema de conducción está diseñado para ser operado mediante interfaces neuronales compatibles con tecnología avanzada. Mi estructura robótica permite una integración fluida con los sistemas de control, maximizando la eficiencia operativa.
Grimm parpadeó, visiblemente confundida.
—Eh... ¿qué?
Rokugo soltó una risa baja y sacudió la cabeza.
—En términos simples, tanto el auto como Alice son creaciones de Kisaragi. Son compatibles porque vienen del mismo lugar. Es como si fueran primos tecnológicos o algo así.
Grimm asintió lentamente, procesando la explicación simplificada. Luego, con una sonrisa traviesa, murmuró:
—Entonces... ¿Alice es como una niña golem?
Alice giró su cabeza robótica hacia Grimm con una expresión indescifrable.
—Soy un androide avanzado. No me compares con mitologías obsoletas.
Rokugo rió entre dientes, disfrutando del intercambio. Sin embargo, pronto su atención regresó a Grimm.
—Por cierto, ¿qué pasó con esa maldición de "eliminación de libido" que casi me lanzas hace unas horas?
Grimm se puso nerviosa, jugueteando con sus dedos.
—Bueno... técnicamente, sí funcionó. Pero no exactamente como esperaba. Creo que la maldición rebotó por todo el castillo y terminó afectando al príncipe Engel.
Rokugo abrió los ojos sorprendido.
—¿Estás diciendo que Engel ahora no tiene libido por tu culpa? ¡Eso explica por qué Snow no logró seducirlo y por qué Heine tampoco pudo hacer nada!
Grimm se llevó las manos a la cara, horrorizada.
—¡Oh, no! ¡Arruiné la misión diplomática! Si alguien se entera, será mi culpa. Por favor, capitán, promete que no dirás nada...
Rokugo, con una sonrisa maliciosa, fingió considerarlo.
—Hmm... no sé. Quizás debería decírselo a Snow y a la princesa Tilis. Sería divertido ver cómo reaccionan.
Grimm lo fulminó con la mirada, apretando los puños.
—¡Si lo haces, te maldeciré para que nunca puedas masturbarte con tus manos otra vez!
Rokugo arqueó una ceja, claramente impresionado por la amenaza.
—Vaya, eso es peligroso. Pero si yo no puedo usar mis manos... entonces usaré a otra persona. Por ejemplo, a ti.
Grimm se puso pálida, retrocediendo instintivamente.
—¡N-no me violes, por favor! ¡No podré casarme si eso pasa!
Rokugo levantó las manos en señal de rendición, aunque seguía sonriendo.
—Relájate, solo estaba bromeando. Pero no hagas esos chistes tu tampoco.
Grimm suspiró, todavía temblorosa. Después de unos momentos de silencio incómodo, Rokugo cerró los ojos y se acomodó en su asiento.
—Bien, deja de preocuparte. No diré nada.
Con eso, Rokugo se quedó profundamente dormido, dejando a Grimm sumida en sus pensamientos. Mirando su rostro relajado bajo la tenue luz del tablero, Grimm no pudo evitar cuestionarse en voz baja:
—¿Será el capitán Rokugo tan mal partido a estas alturas?
Un leve rubor apareció en sus mejillas mientras apartaba rápidamente esos pensamientos. Sacudió la cabeza y trató de concentrarse en el paisaje oscuro afuera, pero la semilla de la duda ya había sido plantada.
De regreso en Grace, la princesa Tilis no estaba de humor para bromas. Tras recibir la noticia de que ahora estaban en guerra tanto con el Reino de Toris como con Lord Demonio, convocó a Snow, Rokugo y su grupo al salón del trono. La ira en sus ojos era evidente.
—¡Snow! —exclamó Tilis, fulminándola con la mirada—. Te quito tu rango de comandante real. Has permitido que todo esto se convierta en un desastre absoluto.
Snow, claramente devastada, bajó la cabeza.
—Pero, su Alteza... —intentó protestar.
—No hay peros, Snow. —Tilis giró hacia Rokugo, quien estaba cruzado de brazos con una expresión despreocupada—. Y tú, Rokugo, liderarás a tu grupo en una mision para compensar tus errores.
Rokugo arqueó una ceja.
—¿Compensar? ¿Qué clase de misión es esa?
Tilis respiró hondo antes de responder.
—Recolectarán nueces de agua en el desierto. De noche. Así podrán reflexionar mientras evitan enfrentarse a titanes.
Rokugo soltó un resoplido.
—¿Nueces de agua? ¿Que es eso? Esto suena como una mision secundaria en juegos.
Tilis ignoró su comentario y les dio la orden de partir de inmediato.
La noche en el desierto era fría y tranquila, con la luna menguante, las luces del auto iluminando el camino mientras el grupo viajaba en el auto todo terreno. Grimm, aún traumatizada por su experiencia previa en el vehículo, se había sujetado al asiento con un cinturón extra.
—No pienso moverme de este asiento, —declaró Grimm—. Ni loca vuelvo a volar como la última vez.
Rokugo soltó una carcajada.
—No te preocupes, Grimm. Esta vez evitaremos los baches... probablemente.
Alice, quien estaba en el asiento del piloto, observaba el paisaje con curiosidad.
—Estos titanes que solo operan de día... es curioso. Es como si fueran la versión inversa de Grimm, que solo funciona bien de noche.
Grimm frunció el ceño.
—¡No me compares con esos monstruos!
Mientras tanto, Snow estaba en la parte trasera del vehículo, visiblemente emocionada por la misión. Tan pronto como llegaron al área donde crecían las nueces de agua, saltó del auto y comenzó a recolectarlas con entusiasmo.
—¡Esto es perfecto! —exclamó Snow mientras llenaba una bolsa con nueces—. Si volvemos con suficientes, podremos redimirnos ante la princesa Tilis.
Rokugo observó a Snow trabajar con diligencia, moviendo las nueces de un lado a otro.
—Mira eso, Alice. Snow está haciendo todo el trabajo voluntariamente.
Alice asintió, aparentemente impresionada.
—Es un comportamiento notablemente eficiente para alguien que normalmente se queja de todo.
Estas nueces, que en realidad eran una especie de fruto que contenía agua comprimida.
—¡Aquí están mas! —gritó Snow mientras levantaba un par de nueces de agua, con una sonrisa de victoria.
Mientras Snow seguía recolectando nueces, Grimm salió del auto con evidente incomodidad. Al pisar la arena, hizo una mueca.
—Odio caminar sin zapatos en la arena. Es molesto y se siente raro.
Rokugo se cruzó de brazos, observándola.
—Grimm, tu odias caminar sin zapatos en cualquier lugar. Esto no es nuevo.
Grimm le lanzó una mirada de frustración.
—¡Eso no significa que deba acostumbrarme! Y tú, deja de burlarte.
Rose, quien hasta ese momento había estado callada, mordisqueando una de las nueces que encontró, intervino.
—Si caminamos más rápido, terminamos antes y volveremos antes. —Se giró hacia Grimm y añadió con una sonrisa—
Grimm suspiró y siguió caminando, claramente molesta. Mientras tanto, Rokugo revisaba su brazalete para asegurarse de que sus puntos malos estuvieran registrándose correctamente en caso de necesitar más herramientas.
—Bueno, al menos esta misión parece fácil, —dijo Rokugo con una sonrisa irónica—. Espero que no encontremos ningún problema.
Alice, siempre lógica, lo miró de reojo.
—Eso suena como una declaración que inevitablemente atraerá problemas.
Rokugo se encogió de hombros.
—¿Qué es lo peor que podría pasar?
Rokugo, observando cómo Grimm se quejaba de la arena, decidió poner a prueba la famosa maldición de Grimm. Con una sonrisa seductora, se acercó y le habló con un tono exageradamente amable.
—Grimm, deja de preocuparte por eso. Snow está haciendo todo el trabajo. Siéntate y relájate, no tienes nada de qué preocuparte.
Grimm, aunque algo desconfiada, comenzó a ilusionarse con la idea.
—¿En serio? ¿Puedo descansar mientras Snow hace todo el trabajo? ¡Eso suena perfecto! —dijo, sentándose de inmediato en un pequeño montículo de arena.
Grimm parpadeó, intrigada, y asintió lentamente. Pero en el momento que se acomodó, sintió las manos de Rokugo sujetándola con fuerza por los hombros.
—¡A-Ah! ¡¿Qué estás haciendo?! —gritó Grimm, mientras intentaba forcejear para liberarse.
Rokugo miró a Alice con una sonrisa calculadora.
—Ahora no te muevas. Alice, canjea mis puntos malos por un par de calcetines. Vamos a resolver este misterio de una vez por todas.
Alice, sin inmutarse, accedió y sacó un par de calcetines con brazalete de Kisaragi. Mientras tanto, Grimm, al ver las intenciones de Rokugo, entró en pánico y comenzó a retorcerse, dándole un buen cabezazo en la nariz en su intento de soltarse. Grimm se retorcia, mirando con pánico a Rokugo.
—¡No, no, no! ¡Si me ponen zapatos, voy a explotar! ¡Es una maldición! —gritó, dándose golpes en la cabeza, como si eso pudiera detener a Rokugo.
Rokugo, con una sonrisa burlona, levantó una ceja y miró a Alice.
—¿Qué opinas, Alice? ¿Le pones los zapatos o me ahorro un poco de drama?
—¡No, no, no! ¡Déjenme ir! ¡Les digo que si me pongo esos calcetines, explotaré! —gritaba, mientras se retorcía en un ataque de desesperación.
Alice, con su lógica fría de androide, ignoró los gritos de Grimm y comenzó a colocarle los calcetines en los pies, mientras explicaba:
—Esta "maldición" es una mera manifestación psicológica. Las probabilidades de explosión son prácticamente inexistentes.
Grimm, al borde de las lágrimas, miró a su alrededor y comenzó a gritar, desesperada:
—¡Rose! ¡Snow! ¡Auxilio! ¡Auxiliooooo!
Antes de que Rose pudiera intervenir, el suelo bajo sus pies comenzó a temblar. Las vibraciones se intensificaron, y un sonido gutural resonó en el aire. Rokugo y Alice detuvieron lo que estaban haciendo al ver cómo el suelo se partía, y de él emergía una figura colosal.
Era un gigantesco topo titán, con un cuerpo masivo cubierto de endurecimiento natural en su espalda. Sus ojos rojos brillaban con furia, y su enorme hocico parecía oler la causa de su despertar y emana grandes cantidades de vapor de parte del mismo con sus músculos expuestos. Snow cayó de espaldas al suelo, mientras Rose murmuraba:
—¿Qué demonios es eso?
Grimm, aún atrapada bajo las manos de Rokugo, gritó desesperada.
—¡Se los dije!
Snow con su tono característicamente neutral, señaló:
—Eso no es un titán cualquiera. —Ehhh... chicos... creo que... acabamos de despertar al Rey de la Arena —murmuró Snow observando al titán con una mezcla de sorpresa y terror.
El monstruo soltó un rugido profundo, que resonó como un trueno a través del desierto. Snow, sin pensarlo dos veces, saltó hacia el vehículo. Alice, aún imperturbable, analizó la situación. Pisó el acelerador mientras el gigantesco topo titán los perseguía a toda velocidad, su cuerpo causando terremotos con cada paso.
Con Alice al volante Snow y Rose se sujetaron con fuerza, mientras Grimm se envolvía con los cinturones de seguridad adicionales que había traído.
Mientras el Rey de la Arena rugía y movía su colosal cuerpo hacia ellos, Snow y Rose se entraron al carro, quedando paralizadas por el miedo. Snow, sosteniendo su equipo 3D, negó con la cabeza.
—Pelear contra el es imposible. Es demasiado grande, y el vapor que genera lo hace impenetrable. Y mas, Puede operar en la oscuridad.
—¡Sujétense! —gritó Rokugo mientras Alice aceleraba por el desierto.
El Rey de la Arena los persiguió, levantando nubes de polvo con sus enormes patas. Alice maniobró con habilidad, esquivando las dunas y tratando de mantener distancia. Sin embargo, al tomar una curva cerrada, el auto dio un salto y aterrizó con fuerza, quedando atrapado en la arena.
Antes de que pudieran reaccionar, el titán llegó y aplastó el vehículo, destruyéndolo por completo, clavándose su nariz contra el suelo en el proceso, . El impacto lanzó a todos al suelo.
—¡Mi auto! —gritó Rokugo, golpeando la arena con frustración—. ¡Eso me costó un montón de puntos malos!
El Rey de la Arena intento oler, pero de su nariz solo salia un monton de vapor recontruyendo su nariz, paso a retirarse al subsuelo, dejando un cráter en el lugar donde había estado.
Mientras el titán desaparecía bajo la arena, Rokugo observó los restos del auto a lo lejos con desánimo.
—Bien... ahí se fue nuestro transporte. Y, genial, no tengo suficientes puntos malos para canjear otro.
Alice cruzó los brazos y lanzó un suspiro robótico.
—Bueno, supongo que tendremos que caminar de regreso
—¡Vamos a tener que caminar! ¡Prepárense, porque este va a ser un viaje largo!
- ¿Caminar? - Preguntaría preocupada Grimm
—Esto es un desastre. Estamos en medio del desierto, a días de Grace a pie. No tengo suficientes puntos malos para canjear otro vehículo, y cuando salga el sol, los titanes diurnos nos harán pedazos.
Snow, todavía en shock, murmuró:
—¿Qué vamos a hacer? No podemos quedarnos aquí. El sol del desierto es insoportable, y sin transporte estamos acabados.
Alice, siempre práctica, intervino.
—Nuestra mejor opción es encontrar un refugio temporal antes de que amanezca. Necesitamos evitar el calor y los titanes diurnos. Además, debemos conservar energía.
Grimm, abrazándose las piernas mientras estaba sentada en la arena, murmuró:
—Esto es culpa de Rokugo. Todo esto empezó porque quisiste ponerme calcetines.
Rokugo rodó los ojos.
—¡Ya supéralo, Grimm!
Alice, evaluando la situación, se ofreció a eliminar a cualquier titán que encontraran durante el día.
—El lanzagranadas fue diseñado para enfrentar titanes. Si encontramos titanes menores durante el día, puedo manejarlos con facilidad.
Rose se encogió de hombros mientras sujeta una nuez de agua que avanzaron a recuperar.
—A mí tampoco me afecta el calor. Si es necesario, puedo ayudar.
Rokugo miró a las dos, suspirando.
—El problema no es solo el calor o los titanes. Es que estamos en medio de la nada y no tenemos transporte, agua ni comida. Estamos condenados a caminar de noche.
Grimm, que ya estaba traumatizada por las experiencias previas, se negó a caminar más. Rose terminó cargándola sobre sus hombros, aunque pronto comenzaron las quejas.
—La arena se siente como agujas en mis pies, —murmuró Grimm, abrazando los hombros de Rose mientras el sol comenzaba a salir.
Rokugo se giró hacia ella, exasperado.
—Grimm, si sigues quejándote, te dejaremos aqui.
Grimm hizo un puchero, pero no respondió. Sin embargo, el calor abrasador del desierto pronto comenzó a pasarle factura. Sus fuerzas se agotaron rápidamente, y al tercer día de caminar sin rumbo fijo, Grimm sucumbió a la insolación. Su cuerpo colapsó, y por más que intentaron reanimarla, no mostró señales de vida.
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