Rokugo En SNK Cap 3 Version 2025

  Los soldados de Grace, al escuchar la alerta de retirada por el amanecer y el avistamiento de titanes, comenzaron a retroceder rápidamente. Sin embargo, un soldado estaba alli en movimiento yendo tan rápido como para escalar una torre. Rokugo.

Con movimientos casi instintos, Rokugo evitaba ataques de la torre, asi como ser atrapado por los titanes. 

—¡Vaya, parece que soy popular hoy! —comentó Rokugo con una sonrisa burlona mientras aceleraba en la moto de Kisaragi para ganar altura.

Alice, con su visión precisa y el lanza granadas en mano, comenzó a disparar hacia las nucas de los titanes. Uno tras otro, los colosos caían, algunos impactándose contra la base de la torre y causando pequeñas fisuras en su estructura.
—Capitán, sugiero que mantenga su posición. Estoy eliminando blancos prioritarios.

Rose, mientras tanto, estaba ocupada enfrentándose a las trampas ocultas dentro de la torre. Saltaba entre plataformas y cortaba cables diseñados para atrapar intrusos que usaran equipos de maniobras 3D.
—¡Capitán, puede moverse sin preocuparse! —gritó Rose mientras lanzaba una pequeña llama para desactivar una trampa explosiva.

Los soldados de Grace observaban la escena desde una distancia segura, confundidos pero aliviados.
—¿Qué está haciendo ese tipo? —preguntó uno de ellos.
—No lo sé, pero no podemos distraernos y descuidar nuestra propia seguridad —respondió otro, encogiéndose de hombros.

La torre comenzó a colapsar debido a los impactos de los titanes y las explosiones provocadas por Alice, pero no exactamente como habían planeado. Rose Sale de la torre y salta a Rokugo, desbalanceadlo brevemente pero recuperando su compostura. 

—¡Bien hecho! —gritó Rokugo mientras veía cómo la torre se derrumbaba lentamente—. ¡Misión cumplida con un fracaso exitoso!

Alice terminó de eliminar a los titanes cercanos con un último disparo certero.
—Agente 6, sugeriría que dejara de usar términos contradictorios para describir nuestros logros.

Mientras tanto, Grimm, quien había estado observando el amanecer desde un lugar seguro, comenzó a sentirse somnolienta. El sol siempre tenía ese efecto en ella, y pronto se quedó profundamente dormida

En ese momento, Grimm, aún dormida, murmuró en voz baja.

—...Has todo lo que quieras con mis senos Rokugo... Snow le suplicá al comandante...

Snow, al escuchar esto, se levantó de golpe, su rostro rojo de furia.

—¡¿Qué?! —exclamó, furiosa—. ¡¿Qué está soñando esa tonta?! Si sueña cosas raras otra vez, ¡la mataré!

Grimm, aparentemente ajena al peligro, giró la cabeza hacia Snow y murmuró en su sueño:

— O Hacerme cualquier cosa pervertida...¡comandante! Por favor...

—¡¿Qué demonios estás soñando, Grimm?! —gritó, despertándola de forma violenta al agitarla del hombro.

Grimm abrió los ojos, confundida, y se estiró perezosamente.

—¿Qué pasa? Estaba teniendo un sueño profetico... —dijo, frotándose los ojos. - ¡No puedes interrumpir la voluntad de Zenarith!

Snow, completamente indignada, desenvainó su espada con la intención de acabar con Grimm de inmediato. Sin embargo, Alice intervino rápidamente, levantando una mano.

—Snow, ¿acaso no recuerdas que el enemigo está en la torre? —dijo, su tono firme y serio.

Snow lo miró, a punto de explotar, pero al ver la seriedad de Rokugo en la torre, dejó caer la espada a su lado, suspirando pesadamente.

—¡Maldita sea! —dijo, exasperada—. No puedo con esta situación... ¡No puedo creer que estemos perdiendo el tiempo con esta idiotez!

Al Ver el Colapso de la torre, Los soldados de Grace dieron vuelta, solo quedaba recuperar el tesoro, esperando que no se haya destruido. Rokugo, con su característica sonrisa, levantó una mano hacia Alice.
—Bueno, Alice, parece que nuestro plan salió mejor de lo esperado. Aunque, técnicamente, fue un fracaso. ¿Eso cuenta como un éxito?

Snow observó la estructura, insegura.

—¿Realmente destruiste la torrre? Esto no es honorable. Deberíamos luchar piso por piso, como verdaderos soldados.

Rokugo soltó una carcajada.

—¿Honorable? Por favor, Snow. Si tuviste suficiente honor para enfrentarte sola y terminar derrotada, ahora hazme un favor ve a los escombros, reconoce sobrevivientes y toma el tesoro. 

El último piso de la torre Duster que hace solo unos minutos estaba custodiado por demonios, Rista el cabra y Gil el Torro,  ahora Ambos estaban malheridos sobre escombros frente a lao que antes era la puerta, Uno de ellos avanzo a Salir de entre los escombros.

Rokugo se detuvo unos segundos. El demonio cabra, sorprendido, se aferró con una mano al escombro de la escalera, sacó su espada para atacar a Rokugo, pero Rokugo ya había calculado su jugada.

—¡Vamos! —dijo Rokugo con voz firme, mirando al demonio caído que intentaba recomponerse—. Si quieres llevarte a tu hermano que debe estar entre estos escombros para que reciba asistencia médica, tendrás que pagar, Talves quieras tiempo para sacar a mas de tu gente de entre los escombros.

El demonio cabra se quedó inmóvil, confundido por la propuesta. Tenia que salvar a su gente de entre los escombros. En ese momento, el chip de Rokugo emitió un pitido, notificándole que había ganado una cantidad significativa de puntos malos.

—Oh, qué maravilla. —murmuró Rokugo con una sonrisa.

Rokugo seguia de fondo escuchando lansa granadas desde el puesto de Alice. 

—¡Rendición! —gritó el demonio cabra, mientras levantaba las manos al aire, indicándole a Rokugo que no iba a seguir luchando. Con una última mirada a su hermano, lo levantó y comenzó a retirarse, sin soltar su espada—. ¡El tesoro que buscan esta en un cofre dentro de la torre, pedimos tregua para atender a los heridos y enterrar a nuestros muertos!

Grimm, Snow y Rose lo miraron, Horrorisadas por la forma en que Rokugo había manejado la situación.

—Eres un verdadero hijo de puta, ¿lo sabías? —murmuró Grimm, cruzando los brazos y aguantándose el sueño, mientras Snow se limitaba a mirar con desaprobación.

Rokugo, sin perder su actitud confiada, dio un paso atrás, preparándose para regresar al castillo

La paga y las bromas de Rokugo

La noche cayó sin problemas, y al caer la oscuridad, Snow apareció en la habitación de Rokugo y Alice, como parte de la rutina en el ejército de Grace. Traía consigo la paga por sus servicios, entregando el sobre con una sonrisa algo incómoda.

Rokugo, completamente tranquilo y deliberadamente en ropa interior, se sentó sobre la cama, disfrutando de la incomodidad que causaba su presencia. La situación estaba hecha para incomodar a Snow, y lo sabía perfectamente.

—Si buscas a Rokugo, —dijo, levantándose lentamente—. Se fue a sacar la basura al patio. Aquí tienes al Capitan Rokugo. —Extendió los brazos como si estuviera presentándose en un escenario.

Snow lo miró con una mezcla de incredulidad y disgusto.

—Esa broma fue ridícula, incluso para ti, —respondió, cruzándose de brazos.

Rokugo ignoró el comentario y se inclinó hacia ella, con una expresión traviesa.

—¿Qué haces en el cuarto de un hombre en la noche? ¿Te me estás insinuando, tetona? —dijo con una sonrisa amplia, disfrutando del efecto de sus palabras.

Snow, furiosa y con los ojos entrecerrados, lo miró con la intención de saltar sobre él y golpearlo.

—¡No me llames así, maldito pervertido! —gruñó Snow, mientras intentaba evitar el contacto visual.

Alice, por su parte, observaba la escena con una lógica casi robótica. Sin ningún tipo de preocupación emocional, tomó nota de las palabras y la situación.

—Oye Tetona —dijo Alice, con su tono monótono. Luego, mirando a Snow, añadió—: ¿Les gustaría que me retire para que ustedes se diviertan?

La cara de Snow se tornó roja de furia.

— ¡Alice! ¡¿Tu Tambien?! —gritó, claramente perdiendo la paciencia.

Snow bufó, tratando de ignorar los comentarios.

—Solo vine a entregarte la paga por la misión. —Lanzó una bolsa de monedas hacia Rokugo, quien la atrapó con una mano.- Aunque incumpliste la única cosa que se acordó en la Reunión.  

Al abrir la bolsa, Rokugo examinó el contenido y silbó con admiración.

—¿Todo esto por una misión tan sencilla? —preguntó, incrédulo—. ¿Cuanto tiempo podria vivir con este dinero si tuviera una vida lujosa?

- En Teoria un año

—Si con esto es suficiente para vivir por un año con lujos, tal vez debería renunciar a Kisaragi. —comentó Rokugo en japones, sin dar importancia a las reacciones de Snow—.  

Alice, siempre calculadora, lo observó mientras analizaba la situación.

—¿Sabes? Estoy considerando renunciar a Kisaragi. Una vez me mandaron a combatir en el desierto del Sahara por un mes entero, y me pagaron una miseria y ensima me mandaron a hacer los mandados. Esto es mucho mejor.

Alice, sin apartar la vista de su dispositivo, intervino.

—¿Por qué no renunció antes, entonces?

Rokugo suspiró, cruzando los brazos detrás de su cabeza.

—Por Astaroth. Ya sabes, la ejecutiva de Kisaragi que es mi novia secreta.  

—Todos en la organizacion estaban al pendientes de esa relacion, por cierto, te advierto, No renuncies. . —dijo con un tono impersonal y firme—. Recuerda que ese mini teletransportador que te facilita las cosas no es tuyo, es de Kisaragi.

Rokugo asintió pensativamente, pero su mirada se desvió por un momento, como si pensara en algo más.

—Astaroth... —murmuró en voz baja, como si estuviera recordando una conversación olvidada.

Snow frunció el ceño, confundida.

—¿Qué estás diciendo? —preguntó - Otra Vez estan haciendo esos sonidos raros.

Rokugo la ignoró y sonrió mientras continuaba en japonés.

—A veces me alegra que este chip me permita cambiar de idioma a voluntad. Es divertido ver cómo no entienden nada.

Alice asintió, como si fuera un hecho obvio.

—Deberíamos aprovechar eso más seguido.

Snow, incapaz de seguir el ritmo de la conversación, apretó los puños y gritó.

—¡Hablen en un idioma que todos entiendan!

Rokugo soltó una carcajada y se levantó, todavía en ropa interior.

—Bueno, gracias por la paga, Snow. Ahora, si no tienes más negocios aquí, creo que es hora de que me dejes descansar. O puedes quedarte y hacerme compañía. Tú decides.

Snow lo fulminó con la mirada antes de darse media vuelta y salir del cuarto, murmurando algo ininteligible sobre lo insoportable que era su capitán. Mientras la puerta se cerraba, Rokugo volvió a recostarse con una sonrisa.

Al día siguiente

Rokugo estaba descansando tranquilamente en su habitación, disfrutando de su día libre. Con los brazos detrás de su cabeza y los ojos cerrados, parecía completamente despreocupado por lo que sucedía a su alrededor.

un mensajero del ejército llegó a la habitacion de Rokugo para convocarlo junto con Snow. Cuando ambos llegaron al salón donde los esperaba el General, Rokugo bostezó con desgano y se dejó caer en una silla.

—¿Qué es ahora? ¿No saben que hoy es mi día libre? —dijo Rokugo con una sonrisa perezosa.

Snow, visiblemente avergonzada por la actitud de su capitán, trató de calmar la situación.

—Por favor, Capitán Rokugo, tenga más respeto. Estamos ante el General.

El General, sin ocultar su disgusto por Rokugo, se aclaró la garganta antes de hablar.

—El tesoro que recuperaron de la torre ayer nos ha dado la ubicación aproximada del castillo del Lord Demonio. Está oculto en algún lugar del desierto, protegido por una barrera mágica. La magia de la barrera es compleja, y no podemos arriesgarnos a destruir las torres sin entender cómo funcionan. Por ahora, el Elegido está en camino al castillo para enfrentarse al Lord Demonio. Pero, mientras tanto, el ejército del Lord Demonio ha aprovechado su ausencia para lanzar un ataque contra nosotros.

 Pero, mientras tanto, el ejército del Lord Demonio ha aprovechado su ausencia para lanzar un ataque contra nosotros

El General hizo una pausa, observando a Rokugo y Snow.

—Lo más urgente es que Heine está atacando el Reino de Grace en este mismo momento. Ese es el verdadero problema. El Elegido tal vez tenga la clave para enfrentarse a Lord Demonio, pero... necesitamos que Heine no avance más. —explicó, casi como si estuviera calculando la situación con frialdad.

Rokugo dejó escapar un suspiro largo, sin mostrar mucho entusiasmo.

—¿Que no hay mas unidades que envian a las que se supone era su dia libre? Esto empieza a parecer un complot personal.

Snow, decidida, se adelantó.

—Acepto la misión, aunque no esté de acuerdo con el comandante. Si no actuamos rápido, todo estará perdido. —dijo, con determinación, aunque notaba la tensión en su interior.

Rokugo la miró con desdén, pero no dijo nada. Sabía que la misión ya estaba fuera de sus manos.

Ya en el camino hacia el lugar del ataque, Alice se acercó a Rokugo mientras Snow intentaba despertar a Grimm, quien seguía dormida en su silla de ruedas. Sin darse cuenta, Snow la empujó demasiado fuerte, haciéndola caer al suelo y dislocándose el cuello.

—¡Grimm! —exclamó Snow, poniéndola de vuelta en su silla y ajustándole el cuello con torpeza. Aunque Grimm seguía viva, permaneció inconsciente.

Alice, que había observado todo con calma, se dirigió a Rokugo.

—Agente 6, es evidente que esta mision una trampa del Estratega. Si muere enfrentándose a Heine, él se librará de usted. Y si, por algún milagro, matan a Heine, él queda como un genio táctico que envió al equipo correcto.

Rokugo frunció el ceño, pensando en lo que Alice había dicho.

—Ese maldito Estratega egoísta. Solo piensa en sí mismo.

Snow, que escuchó el comentario, lo miró con incredulidad.

—Eso es hipócrita viniendo de ti, Rokugo. Tú también eres egoísta.

Rose, que caminaba detrás de ellos, asintió.

—Es cierto.-dijo Rose con una sonrisa sardónica—. No puedes hablar mal del Estratega, cuando eres igual de despiadado. Ambos son un par de cabrones.

Rokugo, molesto por las críticas, levantó la mano, señalando al horizonte donde se veía la tormenta de polvo acercándose.

—Los odio a todos por igual. —dijo con frialdad, antes de girarse hacia su equipo—. Estaremos aqui 5 minutos, despues de eso ¡Retirada! ¡Nos vamos antes de que atraigamos titanes!

Cuando llegaron al lugar del ataque, el caos reinaba. El ejército del reino estaba siendo arrasado por los demonios liderados por Heine de la Flama, quien descendió elegantemente desde su grifo. Pero no estaba sola. Junto a ella había una criatura imponente, un titán pero con endurecimiento rocoso.

 Junto a ella había una criatura imponente, un titán pero con endurecimiento rocoso

Snow lo miró con horror.

—Eso es... un Golem Titán. No hay forma de que podamos enfrentarlo.

Rokugo, observando la monstruosa presencia de Heine y aquel titan, susurró entre dientes:

—Esto acaba de volverse mucho peor.

Alice, sin apartar la vista de la criatura, respondió con su habitual tono neutral.

—Si no tenemos cuidado, lo más probable es que mueras antes de averiguar si esa cosa sea vulnerable a un lanza granadas.

Rokugo suspiró, mirando a su equipo.

—Parece que no tenemos opción. —Hizo una pausa y miró a Heine, quien los observaba con una sonrisa burlona—. Esta va a ser una larga mañana.

Rokugo observó al imponente titan Golem, cuyos movimientos hacían temblar la tierra bajo sus pies. 

—Eso parece un titan cubierto por completo con una coraza idéntica a las ruinas del desierto—comentó Alice, evaluando la situación.

Heine, montada en su grifo, silbó una vez más, trayendo consigo una horda de criaturas titán de los ardedores, imposibilitando que las unidades huyan. Los soldados que habían acompañado a Rokugo entraron en pánico y comenzaron a dispersarse. Algunos corrieron directamente hacia las unidades demoníacas, mientras otros intentaron enfrentarse a las criaturas titán, dejando a la unidad de Rokugo sola para enfrentar al Golem y a Heine.

Snow, con el ceño fruncido, le advirtió a Rokugo.

—¡Ten cuidado! Ese Golem se regenera. Su punto débil es la nuca, pero para llegar a ella primero tendrás que destruir el endurecimiento externo.

—Está bien, Si es un titan, lo tengo cubierto. —respondió con calma, pero sin dejar de estar alerta—. Despierta a Grimm para que pueda maldecir a Heine, Si cortas la cabeza, el cuerpo morira.

Snow lo miró con una ceja levantada, claramente no del todo convencida.

Rokugo se giró hacia Snow, señalando a Grimm, que seguía inconsciente en su silla.

—¡Snow! Necesitamos que Grimm maldiga a Heine. Despiértala.

Snow bajó la mirada, dudosa.

—No puedo... - Miro a los extremos nerviosa. 

Antes de que Rokugo pudiera replicar, Snow, impulsada por su determinación, corrió hacia Heine con su espada en mano, gritando.

—¡Yo ire contra Heine, con mi nueva espada!

—¡Espera, Snow! —gritó Rokugo, pero ella ya estaba fuera de su alcance.

Rokugo miró a Rose, la siguiente opción lógica para despertar a Grimm.

—¡Rose! Necesitamos que despierte Grimm. ¡Hazlo ahora!

Rose, salio corriendo con un entusiasmo peligroso.

—¡Voy a cazar ese grifo! ¡Quiero comerlo para obtener su habilidad de volar! —gritó mientras se lanzaba hacia el ave infernal, dejando a Rokugo sin palabras.

—¡¿Qué?! ¡Rose, espera! —gritó, pero ya era demasiado tarde. Rose estaba completamente distraída con su nuevo objetivo.

Con un suspiro, Rokugo se giró hacia Alice, quien estaba observando la escena con una mirada calculadora.

—¡Alice, despierta a Grimm! —ordenó, y luego hizo una pausa al notar que Alice parecía estar mirando hacia algún punto específico con preocupación.

—¿Qué pasa? —preguntó Rokugo, notando que Alice no se movía.

Alice se giró lentamente hacia Rokugo, su expresión más seria de lo usual.

—Alguien ya dejó a Grimm fuera de combate antes de la batalla. —dijo con calma, señalando la figura de Grimm, que estaba tirada en el suelo, completamente noqueada, sin signos de moverse.

Rokugo frunció el ceño al darse cuenta de lo que Alice quería decir. 

—¡¿Qué demonios?! —gruñó, claramente molesto por la situación. - ¿Por que se muere o duerme antes de iniciar la mision ?

A pesar de todo, Rokugo no podía perder el tiempo. El titan golem habia comenzando a moverse desde que llego, y la situación se estaba volviendo más peligrosa por cada segundo que pasaba.

—¡Alice, haz lo que tengas que hacer para despertarla! —ordenó, y luego se concentró en el titan Golem. Rokugo disparó varias veces contra él, pero las balas rebotaban sin causar ningún daño. Rokugo se movía ágilmente evitando ser atrapado, notando que el titan intentaba agarrarlo pero no podía girar por completo. 

De repente, Rokugo recordó algo que lo hizo fruncir el ceño. El endurecimiento del golem se parecía mucho al de la mandibula y garras de los perros titanes que enfrenté cuando llegué a este planeta. Sin embargo en los perros titan el endurecimiento esta limitado a esas partes y el resto del cuerpo esta exhibido. Este titan estaba recubierto casi por completo, de hecho tan recubierto que esta torpe para moverse al estorbarle el endurecimiento las articulaciones. 

—Alice, canjea explosivos C4 con los puntos malos. Yo activaré el modo SIN LIMITES de mi traje. Por un minuto, tendré la fuerza necesaria para exponer la nuca de ese monstruo. Cuando lo haga, coloca los C4 allí y hazlo volar.

Alice asintió sin dudar.

—Entendido, Agente 6. Canjeando explosivos ahora.

Un destello apareció en las manos de Alice, revelando varios paquetes de C4 listos para usar. Rokugo, mientras tanto, dice el comando de voz, activando el modo SIN LIMITES. Un aura de energía rodeó su cuerpo, y sintió cómo la fuerza y la velocidad aumentaban dramáticamente.

—Un minuto, ¿eh? Espero que sea suficiente, —murmuró Rokugo mientras se lanzaba hacia el Titan Golem.

El Titan golem comenzaba a moverse hacia ellos, imparable y brutal. Con una fuerza sobrehumana, Rokugo saltó hacia el golem, alcanzando su enorme cuerpo de endurecimiento con ambas manos. El peso de la criatura era inmenso, pero con su traje amplificado, Rokugo logró mantenerla quieta por un instante. El golem trató de zafarse, pero Rokugo lo sostuvo con fuerza inhumana, inclinándose hacia atrás con su cuerpo brillando con energía.

—¡Alice, prepárate! ¡Voy a exponer la nuca! —gritó mientras seguía golpeando.

Rokugo esquivó un golpe masivo del Golem, sus movimientos ahora más ágiles gracias al modo SIN LIMITES. Con un salto impresionante, aterrizó sobre el brazo de la criatura y comenzó a escalar hacia su espalda. Tomando su motosierra de la espalda ataca el endurecimiento de su nuca, logrando crear pequeñas grietas.

El titan Golem, sintiendo el ataque, intentó sacudir a Rokugo de su espalda, pero él se aferró con todas sus fuerzas. Finalmente, con un último corte, logró romper una sección del endurecimiento, dejando la nuca del Golem parcialmente expuesta.

—¡Ahora, Alice! ¡Pon los explosivos! —ordenó Rokugo.

Alice se movió con precisión, corriendo hacia la abertura y colocando los C4 en la nuca del Golem.

—Explosivos colocados, Capitán, —confirmó Alice.

Rokugo, agotado por el esfuerzo del modo SIN LIMITES, gritó hacia su equipo.

—¡Todos retrocedan! ¡Esto va a explotar!

Rokugo, con un gruñido de esfuerzo, Tomo a la bestia de sus brazos, lanzó al titan golem hacia un costado como si fuera una pelota de fútbol, aprovechando su descontrol momentáneo

Rokugo, con un gruñido de esfuerzo, Tomo a la bestia de sus brazos, lanzó al titan golem hacia un costado como si fuera una pelota de fútbol, aprovechando su descontrol momentáneo. Alice, sin perder tiempo, presionó el botón en su control remoto, y una explosión ensordecedora resonó en el campo de batalla, levantando una nube de polvo y escombros.

 Alice, sin perder tiempo, presionó el botón en su control remoto, y una explosión ensordecedora resonó en el campo de batalla, levantando una nube de polvo y escombros

El cuerpo del titan golem se desplomó. Alice se pondria en la espalda de Rokugo como escudo ante los escombros de endurecimiento que caerian del mismo.

— Wow ¿Desde cuando es tan fuerte capitán? - Dijo Rose que ante el mal sabor del Grifo habia bajado.

Rokugo, incapaz de moverse por el enfriamiento del traje se quejaría

—Alice, no me uses de escudo. —dijo con una sonrisa sarcástica.

Alice, siempre lógica y científica, respondió con su tono característico:

—No podia ser de otra manera, La ciencia siempre vence a la magia, Rokugo

—No podia ser de otra manera, La ciencia siempre vence a la magia, Rokugo. 

En ese momento, Grimm despertó de golpe, un trozo del golem había caído sobre su cabeza durante la explosión, reacomodándole el cuello. Sacudió la cabeza, confundida.

—Cielos, ¿Qué ha pasado...? Siento que cada dia que pasa me tratan peor en esta unidad —gruñó, mirando a su alrededor.

? Siento que cada dia que pasa me tratan peor en esta unidad —gruñó, mirando a su alrededor

—Y Al fin despertaste, Grimm —dijo con una sonrisa molesta.

Rokugo suspiró, refiriendose a Rose y Grimm.

—Grimm, Rose necesito que me cubran, no podre moverme por un rato. Rose asintió, lista para pelear, movio la silla de Grimm hacia Rokugo tambien. 

-Capitán, cuando volvamos a Grace ¿Me compra algo rico?

- Y a mi cómpreme algo de Alcohol.

- Maldita sea, concéntrense, les comprare lo que sea cuando acabe, pero ayuden. Contigo quiero hablar después Grimm.  

Heine se acercaba entre el polvo, con una sonrisa burlona y los ojos brillando con confianza.

—Snow, debo decir que fue una gran decepción como oponente. ¿Es esto todo lo que tiene el ejército de Grace para ofrecer?

Rokugo, con una sonrisa confiada, intentó ganar tiempo. Sabía que Heine era peligrosa, pero tenía que ganar tiempo hasta que terminara el enfriamiento.

—Vaya, Heine, tus pechos fueran tan impresionantes ¿Que comes para tenerlos asi?. —comentó Rokugo con tono burlón, mientras le lanzaba una mirada provocadora.

Heine, molesta, levantó la mano y lanzó una llamarada directamente hacia él. Antes de que el fuego pudiera alcanzarlo, Rose se interpuso y abrió la boca, absorbiendo las llamas.

—A veces, es un completo cretino, Capitán, —comentó Rose, molesta

Pero el caos no terminó ahí. En ese momento, Snow llegó corriendo hacia Rokugo, llorando, sosteniendo los restos de su espada derretida.

¡ Heine, Me ha arruinado la espada! ¡Todavía no la había acabado de pagar! —exclamó entre sollozos, claramente frustrada. - ¿Tienes un arma rara con la que vengar mi espada glaciar? dime que si Rokugo.

Rokugo, todavía inmóvil, trató de calmarla.

—Snow, este no es el mejor momento para lamentarte por una espada. No me puedo mover por 3 minutos - Suspiro

Sin embargo, Snow, en su frustración, gritó sin pensar.

—¿¡Cómo que no puedes moverte!?

Heine alzó una ceja, claramente interesada en esa información

Heine alzó una ceja, claramente interesada en esa información.

—Oh, así que el gran Capitán no puede moverse. Esto será divertido, —dijo mientras comenzaba a avanzar hacia él, con su grifo volando detrás.

Rokugo miró a Snow con incredulidad.

—¡Gracias por anunciarlo al enemigo, Snow! 

Snow, al darse cuenta de su error, apretó los dientes y levantó lo que quedaba de su espada.

—¡Lo siento!

- ¿No te puedes mover? jejeje- Se Reia Heine mientras preparaba unas llamas enormes.

Rose trataria de mover a Rokugo, pero con peso muerto su armadura es extremadamente pesada hasta para ella.

Rose trataria de mover a Rokugo, pero con peso muerto su armadura es extremadamente pesada hasta para ella

En medio de la tensión, Grimm finalmente reaccionó. Con su habitual dramatismo, extendió una mano hacia Heine y comenzó a maldecir -Lord Zenarith, paralizala por 3 minutos-

 Con su habitual dramatismo, extendió una mano hacia Heine y comenzó a maldecir -Lord Zenarith, paralizala por 3 minutos-

Heine se quedó completamente paralizada, su cuerpo rígido mientras una expresión de incredulidad cruzaba su rostro.

—¡No puedo... moverme! —exclamó Heine, su voz llena de furia.

Rokugo miró a Grimm con los ojos entrecerrados, sorprendido.

—Vaya, Grimm... Es la primera vez que te veo útil. —comentó, sin esconder su tono sarcástico.

Grimm infló las mejillas, visiblemente ofendida.

—¡¿Cómo puedes decir eso?! ¿Tan mala es la imagen que tienes de mí?

—¡¿Cómo puedes decir eso?! ¿Tan mala es la imagen que tienes de mí?

Rokugo se encogió de hombros.

— considerando que pasas la mitad del tiempo dormida o maldiciéndote a ti misma... ¿qué esperabas?

Mientras tanto, Heine, completamente paralizada, trató de ganar tiempo, su mirada furiosa pero atrapada en la magia de Grimm. Heine mantuvo su compostura. Miró a Rokugo con una sonrisa burlona, su tono seductor aún presente.

—Rokugo... —dijo con voz desafiante—, la oferta aún sigue en pie. Únete al ejército de Lord Demonio. Te ofrezco el triple de lo que ganas en Grace... Y una súcubo a tu disposición.

Las palabras de Heine, cargadas de tentación, llegaron directo al punto débil de Rokugo. Él, como si fuera hipnotizado por la promesa, comenzó a acercarse a ella, sin pensarlo.

El rostro de Rokugo cambió instantáneamente, su resolución tambaleándose.

—¿Triple paga... y una súcubo? —murmuró, claramente interesado. Comenzó a caminar hacia Heine.

Alice, al darse cuenta de lo que estaba ocurriendo, intentó intervenir.

—Capitán, no debe inclinarse ante el enemigo. Recuerde su posición.

Heine, viendo que Rokugo vacilaba, sonrió con más confianza.

—Y no solo eso. También puedo ofrecerte una vampiresa y una sirena que cumplirán todas tus fantasías. ¿Qué me dices?

Rokugo levantó una mano hacia Alice, como si pidiera disculpas

Rokugo levantó una mano hacia Alice, como si pidiera disculpas.

—Alice, perdóname, pero creo que este es mi destino. Voy a unirme al ejército del Lord Demonio.

Rokugo se arrodilló frente a Heine, extendiendo la mano como si estuviera listo para sellar el trato y entregar su alma. Heine, a pesar de su parálisis, sonrió con triunfo, segura de su victoria.

Mientras Rokugo estaba completamente entregado a sus fantasías inducidas, Snow, aún furiosa por la destrucción de su espada, aprovechó la oportunidad. furiosa y viendo su oportunidad perfecta para deshacerse de Rokugo, desenvainó su cuchillo

con rapidez. "Esta es mi chance", pensó. No solo quería vengarse por haber sido degradada, sino también eliminar al idiota que había convertido su vida en un caos desde el día en que llegó. Con una expresión fría y decidida, lanzó un ataque directo hacia Rokugo, aprovechando que estaba distraído.

—¡Muere, traidor! —gritó Snow mientras su cuchillo volaba hacia él.

Pero justo cuando parecía que el golpe iba a darle, algo instintivo dentro de Rokugo lo hizo moverse. Como si fuera un reflejo grabado en su memoria desde siempre, Rokugo se inclinó hacia un lado evitando el ataque. El cuchillo pasó rozándole la mejilla y fue a clavarse directamente en el pecho de Heine, quien acababa de recuperar el control de su cuerpo al terminar la maldición de Grimm.

Heine gritó de dolor, pero rápidamente se dio cuenta de que el cuchillo había impactado contra un pequeño colgante de piedra que llevaba al cuello. La piedra salió disparada y rodó por el suelo hasta los pies de Alice, quien la recogió sin dudarlo.

- No, eso no

—Interesante , al juzgar por tu reaccion —dijo Alice, examinando la piedra con curiosidad—. Este objeto parece tener una importancia para ti

Grimm, aún adolorida por haber despertado tan abruptamente, observó la escena y asintió.
—¡Exacto! Esa piedra potencia habilidades mágicas. Sin ella, Heine es prácticamente inútil —explicó con una sonrisa burlona.

Heine, ahora vulnerable y notoriamente más débil, extendió una mano temblorosa hacia Alice.
—¡Devuélvanme eso! ¡Por favor! —rogó, su tono  lleno de desesperación.

Rokugo y Alice intercambiaron miradas maliciosas.
—Vaya, vaya, así que toda esa confianza tuya venía de esta pequeña roca —comentó Rokugo, acercándose lentamente a Heine

Heine, al darse cuenta de lo que había pasado, intentó reaccionar, pero su energía comenzó a desvanecerse rápidamente. La piedra era la fuente de su poder, y ahora que Alice la tenía, Heine ya no podía utilizar sus habilidades.

—No te confundas, Rokugo. No lo hice por ti. Lo hice porque esta mujer derritió mi espada. Pero ahora, al menos tenemos ventaja.

Rokugo sonrió, recuperando su típica actitud confiada.

—Entonces, vamos a aprovecharla

Heine apretó los puños, pero sabía que no tenía otra opción. Con voz derrotada, ordenó a sus tropas detener el combate.
—¡Todos ustedes! Dejen de luchar. Neutralicen cualquier amenaza titán que se acerque. ¡No quiero más pérdidas!

El campo de batalla quedó en silencio mientras los soldados obedecían las órdenes de Heine. Los titanes que habían sido atraídos fueron eliminados por las fuerzas combinadas de ambos bandos. 

—Capitán, sugiero que aprovechemos esta oportunidad. Tome fotos de Heine en poses sugerentes. Cada una de esas imágenes le otorgará una cantidad significativa de puntos malos.

Rokugo, al escuchar esto, sonrió de oreja a oreja.

—Alice, eres un genio. ¡Heine, prepárate para tu sesión de fotos!

Heine, al principio, intentó resistirse, pero sin sus poderes y con la piedra lejos de su alcance, sabía que no podía hacer nada. Avergonzada y sin otra opción, colaboró en las fotos, posando según las instrucciones de Rokugo.

—Esto es humillante... —murmuró Heine, con las mejillas encendidas.

— Que lusgas avergonzada hace que la foto sea aun mejor —respondió Rokugo  mientras ajustaba el ángulo de la cámara.

Heine, que no podía moverse ni defenderse, observó con furia mientras Rokugo sacaba su cámara y capturaba una imagen suya, con una sonrisa de satisfacción.

Alice, que estaba a un lado, simplemente asintió mientras observaba la escena.

—Te va a dar muchos puntos malos, Rokugo. —comentó con tono mecánico.

Después de varias fotos, Heine, en un intento desesperado por recuperar algo de control, le habló directamente a Rokugo.

—Muy bien, Capitán. Ya fueron muchas poses, Ahora devuélveme mi piedra. Ese era el trato, ¿verdad?

Rokugo guardó la cámara y miró a Heine con fingida confusión.

—¿Trato? No recuerdo haber hecho ningún trato. Solo asumiste que te la devolvería si colaborabas. Yo nunca dije nada de eso.

Los ojos de Heine se llenaron de furia y vergüenza.

—¡Maldito...!

Sin poder oponerse, Heine se subió a su grifo y ordenó a sus fuerzas retirarse. Antes de irse, lanzó una mirada cargada de odio hacia Rokugo.

—Esto no termina aquí, Rokugo. Te haré pagar por esta humillación.

Rokugo, sin inmutarse, agitó una mano despreocupadamente.

—Cuando quieras, Heine. Pero asegúrate de traer más ofertas interesantes la próxima vez.

Heine, humillada, miró a Rokugo, incapaz de hacer nada. Ya no tenía energía, y su orgullo se había reducido a nada. Con una última mirada furiosa, cedió.

—¡Retiro mis fuerzas! —dijo, derrotada, mientras su poder se desvanecía por completo.

Rokugo, con su típica indiferencia, miró a sus compañeros.

—Bueno, parece que hemos ganado, ¿no? —dijo con una sonrisa, mientras Alice guardaba la cámara.

Snow, aunque todavía un poco molesta por la pérdida de su espada, no pudo evitar soltar un suspiro de alivio.

Mientras el enemigo se retiraba, Snow, Grimm y Rose miraban a Rokugo con una mezcla de vergüenza y frustración.

—¿De verdad tenías que hacer eso? Capitan —preguntó Rose

Grimm, todavía confundida por todo lo que había ocurrido, suspiró.

—Creo que acabamos de perder lo poco de dignidad que nos quedaba como escuadrón.

Rose, por su parte, simplemente negó con la cabeza.

—A veces creo que el Capitán es más un villano que los demonios.

Snow solo estaba feliz de ver a Heine humillada, como venganza por derretir su espada.

Rokugo se encogió de hombros.

—Digan lo que quieran. Al final del día, ganamos. ¿No es eso lo que importa?

¿Ganamos? Se preguntaban los soldados de Grace

Parece que si. 

Camino de regreso a la ciudad

El grupo se movilizaba de regreso a la ciudad, con Rose empujando la silla de ruedas de Grimm. Rokugo y Alicen en su moto y Snow en su unicornio. El aire estaba lleno del olor a cenizas y el sonido distante de los titanes evaporándose tras su derrota. Rokugo observaba los cadáveres esparcidos por el campo de batalla.

—Capitán —dijo Rose de repente, rompiendo el silencio—, ahora entiendo por qué no montas un caballo ni usas equipo de maniobras 3D. Pesas demasiado.

Rokugo se dio la vuelta con una sonrisa orgullosa, posando como si fuera un modelo en una pasarela.
—Exacto, Rose. Esta armadura no es solo para verse bien. Es tecnología avanzada de Kisaragi. Me hace prácticamente invencible... bueno, hasta que mi batería se agota.

Alice, caminando a su lado, añadió con su tono neutral en japones:
—Aunque también limita su movilidad. Sugiero que actualices tu armadura a versiones actuales más ligeras en futuras misiones.

—¡Bah! Movilidad sobrevalorada —respondió Rokugo, cruzándose de brazos—. Prefiero ser un tanque humano que un blanco fácil.

Mientras caminaban, Un pensamiento cruzó su mente, y se giró hacia Alice, hablando en japonés para evitar que las demás entendieran:
—Alice, deberíamos enviar uno de esos equipos de maniobras 3D a Kisaragi. Podríamos estudiar su tecnología y mejorar nuestras propias armas.

Snow, quien había estado escuchando atentamente, frunció el ceño.
—¿Qué están hablando? ¿Por qué siempre usan ese idioma extraño?

Rokugo cambió rápidamente de tema, señalando la espada de Snow.
—Ah, Snow, cuéntanos más sobre tu espada Glaciar. Heine hizo todo un drama al derretirla. ¿Qué tiene de especial? Porque, sinceramente, el equipo de maniobras 3D incluye un montón de hojas intercambiables. Si una se rompe, simplemente tomas otra.

Snow apretó los puños, visiblemente ofendida.
—¡No compares mi espada mágica con esas cosas desechables! ¡La Espada Glaciar es única! La compré a plazos después de meses de ahorrar para el primer deposito. Tiene poderes elementales que pueden congelar a cualquier enemigo.

Rokugo levantó las manos en señal de rendición, aunque su sonrisa burlona seguía presente.
—Tranquila, Snow, no te pongas a la defensiva por algo asi. 

Snow lo fulminó con la mirada.
—¡Mi espada no es "algo así"! Es una reliquia valiosa, imbuida con magia antigua. No puedes simplemente reemplazarla con una desechable.

Antes de que la discusión pudiera escalarse, Rokugo cambió de tema nuevamente.
—Bueno, bueno, dejemos las espadas por ahora. Les dije a Rose y Grimm que las invitaría a comer cuando lleguemos a la ciudad. Así que prepárense, porque vamos a celebrar nuestra victoria con la mejor comida que podamos encontrar.

Los ojos de Rose se iluminaron de inmediato.
—¡Comida! ¡Sí! Estoy hambrienta después de esa batalla.

Grimm, aún adolorida pero recuperándose, sonrió débilmente.
—Espero que tengan mucho delicioso alchohol.

Rokugo rió, disfrutando del cambio de ambiente.
—No se preocupen, chicas. ¡Y Snow, tú también estás invitada!

Snow suspiró, cruzándose de brazos.
—¿Puedo sugerir donde ir? 

Escenario: taberna y el menú inusual en la Ciudad

Tras la exitosa misión, Rokugo y su escuadrón se dirigieron a una taberna local para celebrar. El ambiente era bullicioso, con soldados y ciudadanos bebiendo y riendo. En el centro del plato había una generosa porción de carne cocinada y acompañada por algunas verduras escasas.

Grimm levantó su jarra con una sonrisa satisfecha.

—¿Saben? No puedo recordar la última vez que no morí en una misión. Esto debe ser obra de Zenarith. Gracias, oh gran dios oscuro, por permitirme vivir para ver este día.

Rokugo soltó una carcajada.

—Sí, claro, Grimm. Estoy seguro de que Zenarith estaba muy preocupado por tu bienestar.

Rose, con los ojos brillando mientras mordía un enorme trozo de carne, murmuró entre balbuceos.

—Nunca... nunca había comido tanto en mi vida. Es increíble.

—Vamos, Snow —dijo Grimm, medio tambaleante con una sonrisa burlona—, admítelo, seguro que hasta tú tienes un lado oculto que le encuentra algo a este vulgar.

—¡Eso jamás! —respondió Snow, con la cara roja de la vergüenza y el enojo—. ¡Nunca me rebajaría a interesarme en alguien tan... tan...!

—¿Tan qué? —interrumpió Rose con una risa pícara—. ¿Divertido? ¿Interesante? ¿Carismático?

—¡Vulgar y detestable! —Snow apretó el vaso, tratando de ignorar las carcajadas de sus compañeras.

Snow, con una expresión de orgullo, levantó su copa.

- Uy, que lindo es ser joven- Le conmovería Grimm ante el comportamiento de Snow. 

—Ese es solo uno más de los grandes logros de mi lista

—Ese es solo uno más de los grandes logros de mi lista. Ser la caballero más joven del reino aún sigue siendo mi mayor orgullo.

Rokugo arqueó una ceja, intrigado.

—¿Más joven? ¿De qué estamos hablando aquí?

Snow, sonriendo con confianza, explicó.

—Fui nombrada caballero a los 12 años. Actualmente tengo 17.

Rokugo, sorprendido, abrió los ojos como platos y dio un grito exagerado.

—¡¿Qué?! ¡Eres prácticamente una niña! ¿Por qué no me lo dijiste antes? 

Snow, molesta por su sobrereacción, levantó su copa con demasiada fuerza y accidentalmente derramó su bebida sobre Grimm, quien dejó escapar un grito agudo.

—¡Mis ojos! ¡Me quema! —gritó Grimm mientras intentaba limpiar su rostro.

—¡Mis ojos! ¡Me quema! —gritó Grimm mientras intentaba limpiar su rostro

Snow suspiró, claramente avergonzada.

—Lo siento, Grimm. Fue un accidente.

Grimm, con los ojos rojos e irritados, se giró hacia Rokugo.

—¿Por qué Alice no está aquí?

Rokugo se encogió de hombros.

—Dije que no debía desvelarse. Tiene que mantener su mente en óptimas condiciones para las misiones.

En realidad, no quería mencionar que Alice no podía comer al ser una androide, aunque Lilith le dijo que podía simular que comía, agrego que no es recomendable, Si Lilith dice que puede pero no es recomendable, es porque no se debe hacer.

Rokugo miró el plato .

—¿Qué es esto?

- Orcos cocinados- Respondio Rose, cambiando la expresión de Rokugo a una de arrepentimiento

¿En serio? ¿Orcos cocinados? —preguntó, empujando el plato con el tenedor como si fuera tóxico.

Snow, que ya había empezado a comer, levantó la vista con indiferencia.

—La comida escasea en el reino, Capitán. Animales como cerdos, gallinas y vacas se reservan para la realeza y la nobleza. Los orcos, al ser fáciles de obtener y cocinar, son la opción más común para el resto de nosotros.

Rokugo frunció el ceño, alejando el plato.

—Esto no es solo asqueroso. Los orcos son una especie humanoide, ¿no? ¡Se supone que son inteligentes! Esto es como comer a un tipo que habla otro idioma.

Grimm, mordiendo un trozo de carne, se encogió de hombros.

—Tienen buen sabor. ¿Cuál es el problema?

— Esa cosa podia hablar

Mientras la cena continuaba, Grimm y Rose no perdieron la oportunidad de molestar a Snow, quien parecía más interesada en comer que en unirse a la conversación.

—Snow, ¿segura que no te gusta el Capitán? —preguntó Grimm, con una sonrisa maliciosa.

Snow casi se atragantó con su comida.

—¡¿De qué estás hablando?! ¡Claro que no!

Rose añadió con una sonrisa traviesa.

—Vamos, Snow. Siempre estás pendiente de él. Y lo defendiste en el campo de batalla más de una vez.

Snow golpeó la mesa, molesta.

—¡Intentaba matarlo! ¡Y ademas es ... porque alguien tiene que mantener el orden en este escuadrón de fenomenos!

Grimm se inclinó hacia ella, con los ojos brillando de diversión.

— Admitelo, te preocupas demasiado por él.

Snow, claramente irritada, intentó ignorarlas y se concentró en su plato, mientras Grimm y Rose seguían riéndose entre dientes.

Tras terminar la comida y bebida, el grupo comenzó a dispersarse. Grimm, llena de energía y confianza tras no haber muerto en la misión, se acercó a Rose con una sonrisa traviesa.

—Rose, ¿Qué te parece si vamos al parque a golpear parejas felices? Es la actividad perfecta para cerrar la noche.

Rose, que ya se veía satisfecha y somnolienta, negó con la cabeza.

—No, gracias. Estoy demasiado llena para moverme. Además, no me interesa hacer eso.

Grimm puso un puchero, cruzándose de brazos.

—¡Eres una aguafiestas!

Rokugo, observando la escena desde la barra, rió para sí mismo mientras terminaba su bebida.

—Nunca cambies, Grimm. Nunca cambies Rose.

Mas tarde esa noche

Snow, se dirigió tambaleándose cargando a Rokugo, con un par de copas de más hacia su habitación. Alice recibiria a Rokugo.

Snow reflexionaria.

Rokugo... aquel hombre vulgar y prepotente que había logrado ascender rápidamente a Capitán. Un puesto que para ella misma había trabajado arduamente por conseguir en su niñes. La envidia le ardía en el pecho, especialmente al recordar cómo él se burlaba de su posición y desestimaba las normas.

—¿Cómo alguien así...? —murmuró, tambaleándose un poco antes de continuar hacia su propia habitación.

Mientras tanto, Rokugo estaba acostado en su cama, mirando el techo con una sonrisa.

—Bueno, fue un buen día. Conseguí puntos malos, humillé a Heine y sobreviví. ¿Qué más se puede pedir? —dijo Rokugo en voz alta, claramente satisfecho consigo mismo.

Snow se despidio de Alice y dio media vuelta, alejándose a su habitación, en medio del pasillo del castillo. En medio de sus pensamientos, murmuró en voz baja, como una broma amarga:

—Un día de estos, voy a matar a ese idiota de Rokugo... —dijo en un tono que mezclaba frustración y resignación.

—¿Algo en particular que te moleste de ese extrangero? —Una voz suave y calculadora la interrumpió.

Al girarse, Snow se encontró con el consejero del Rey, quien estaba de pie con las manos detrás de la espalda, observándola con su típica expresión fría y calculadora.

Al girarse, Snow se encontró con el consejero del Rey, quien estaba de pie con las manos detrás de la espalda, observándola con su típica expresión fría y calculadora

—Ah, Comandante Snow... o, debería decir, excomandante, —dijo con un tono que mezclaba cortesía y desprecio apenas disimulado.

—Solo estaba bromeando, consejero —respondió Snow, un poco incómoda—. Fue una... mala noche.

El consejero la miró con una expresión de aparente comprensión, inclinó ligeramente la cabeza, como si considerara su respuesta.

—Estoy simplemente observando cómo alguien como Rokugo, grosero e incapaz de respetar el protocolo, llega de la nada y ya es capitan, mientras usted, que se ha esforzado desde niña siendo huérfana, es destituida una vez más.

—Estoy simplemente observando cómo alguien como Rokugo, grosero e incapaz de respetar el protocolo, llega de la nada y ya es capitan, mientras usted, que se ha esforzado desde niña siendo huérfana, es destituida una vez más

Snow, es impresionante cómo te mantienes leal y fiel a tus principios. Pero, dime, ¿realmente te parece adecuado que Rokugo ocupe un puesto tan importante? Tú, una soldado de honor, ¿de verdad consideras que merece el rango de comandante?

La mención de su infancia huérfana hizo que Snow apretara los labios. La rabia y el dolor de tantos sacrificios desperdiciados empezaron a burbujear en su interior. Snow enderezó la espalda y respondió con calma:

—La princesa decidió que Rokugo sea el comandante. Mi lealtad está con el Reino y sus decisiones, no con mis propias ambiciones.

El estratega sonrió con frialdad.

—Piense en ello, Snow. La gloria, el respeto, la comodidad... ¿No extraña los días en los que usted comandaba con honor? Su nombre era respetado en todos los rincones del reino.

—¿Qué está insinuando? —preguntó, tratando de mantener la compostura.

Snow intentó mantenerse firme.

—La gloria no es solo mía. El mérito es de todos los que luchan a mi lado.

El estratega soltó una leve carcajada, como si hubiera esperado esa respuesta, esbozó una sonrisa que casi parecía paternal, aunque en sus ojos brillaba algo más oscuro. Dio un paso adelante, susurrando con voz seductora.

Ah, la gloria compartida, claro. Pero, dime, ¿acaso todos en esta guerra lo dieron todo, como tú lo hiciste? Fue tu valentía la que le arrebató la piedra de poder a Heine, segun me dijeron los soldados que vinieron de testigos.

Las palabras del consejero hicieron que el pecho de Snow ardiera de resentimiento. A pesar de su intención de mostrarse humilde, su envidia comenzaba a brotar.

—Bueno, el puesto no es todo... La gloria es de todos, al final —intentó decir, pero su voz carecía de convicción.

—¿Y dónde está su recompensa ahora? Mientras usted lucha con un escuadrón de inadaptados, ese vulgar Rokugo se burla de todo lo que representa. Imagine volver a ser comandante. Vivir con comodidad, disfrutar de la fama y tener el respeto que siempre mereció.

El consejero, sin perder su tono frío, se acercó un poco más, sus palabras calculadas y firmes.

— Todo lo que tenias cuando eras comandante de la guardia real, todo eso podría ser tuyo de nuevo.

Snow parpadeó, sorprendida por sus palabras. Su ambición, cuidadosamente reprimida, comenzó a aflorar. El estratega, notando su vacilación, adoptó un tono más seductor.

—Lady Snow, espero no interrumpir nada importante —dijo con una sonrisa taimada—. Me temo que el reino necesita de su lealtad y su integridad. Y que quizás, con la evidencia adecuada de la deslealtad de Rokugo, podría recuperar su merecido puesto como Comandante de la Guardia Real.

Snow cambió su expresión. En su interior, las palabras del consejero comenzaron a cobrar peso, y mientras él hablaba de fama, respeto y dinero, su ambición oculta fue ganando fuerza.

—El Reino necesita tu lealtad e integridad, Snow —continuó el consejero, con una sonrisa que parecía casi seductora—.

Snow parpadeó, confundida, pero la posibilidad de recuperar su puesto hizo que sus oídos se aguzaran.

—¿A qué se refiere, consejero?

—No es un secreto que el Comandante Rokugo... —El hombre bajó la voz como si temiera ser escuchado—. Bueno, digamos que no está alineado con los valores del Reino de Grace. —Su tono se volvió casi seductor, apelando a las ambiciones de Snow—. La idea es simple, Lady Snow. Si alguien como usted pudiera aportar evidencia de la deslealtad de Rokugo, quizás podría volver a su merecido puesto.

 Si alguien como usted pudiera aportar evidencia de la deslealtad de Rokugo, quizás podría volver a su merecido puesto

Snow sintió un nudo en el estómago. ¿Difamar a Rokugo? La idea era tentadora, pero algo en ella vaciló.

—. Y si alguien como tú pudiera aportar evidencia de la deslealtad de Rokugo, tal vez el trono reconsideraría tu posición.

—Pero... —Snow intentó, un último intento de resistir—. No es cuestión de puestos, al final todos somos soldados...

—Por supuesto, por supuesto... aunque algunos soldados pueden gozar de una posición privilegiada, de riqueza y de respeto —respondió el consejero, inclinando un poco la cabeza—. Incluso podrías elegir a tus propios soldados, formar la unidad que siempre deseaste.

—No importa quién hizo qué. Todos contribuyeron, y eso es lo que cuenta.

El consejero soltó una risa suave.

Oh, Snow, qué nobleza la tuya. Aunque, imagina... si fueras comandante, podrías hacer las cosas a tu manera. Elegir a los soldados más aptos

Snow intentó resistirse, pero la mención de su vida anterior comenzó a erosionar su determinación. Las palabras del estratega parecían resonar en lo más profundo de su ser.

—No... no debería... —murmuró, llevándose una mano a la frente.

El estratega dio el golpe final.

—Y cuando sea comandante nuevamente, podrá elegir a los soldados que quiera para su unidad, bajo sus reglas. Nadie cuestionará su autoridad.

Por un momento, Snow penso que Si recupera su puesto de ese modo, tendria que hacer algo para compensarlo, talvez darle una mejor vida a alquilen discriminado, Snow imaginó al resto del escuadrón bajo su control. Rose, Grimm y Alice obedeciendo cada una de sus órdenes. La idea era tentadora, casi embriagadora.... casi la hizo ceder. Pero, con esfuerzo, se contuvo.

—Lo siento, pero la responsabilidad no recae solo en mí

—Lo siento, pero la responsabilidad no recae solo en mí.

El consejero sonrió con un aire de paciencia infinita, como si hubiera anticipado la respuesta de Snow. Dio un paso más cerca, bajando su tono de voz hasta convertirlo en un susurro casi hipnótico.

Piensa en el respeto, en el dinero, en la fama que tendrías como comandante. Todo el ejército bajo tu liderazgo, todos reconociendo tu esfuerzo y valor. No más burlas ni dudas sobre tu capacidad. Solo gloria y honor... y una posición que realmente mereces.

Snow sintió que su voluntad se quebraba poco a poco. La tentación era demasiado fuerte y su resentimiento hacia Rokugo hizo que bajara la guardia.

Las palabras de dinero, respeto y poder resonaron en la mente de Snow, y el temblor en su cuerpo se intensificó

Las palabras de dinero, respeto y poder resonaron en la mente de Snow, y el temblor en su cuerpo se intensificó. Cada palabra del consejero le provocaba una mezcla de emoción y ambición, y sentía cómo su integridad se debilitaba frente a la tentación.

—¡Deténgase! —exclamó, mirando al estratega con ojos llenos de conflicto—. Está... está a punto de quebrar mi voluntad.

Finalmente, el consejero sonrió con satisfacción.al notar que estaba a punto de ceder, y con voz calmada, le dio el golpe final:

—Podrías tener lo que mereces, Snow. Ser una verdadera líder. Comandante de la guardia real.

Snow cerró los ojos por un instante, el cuerpo temblando, como si cada músculo de su ser luchara entre la integridad y la ambición. La tentación había llegado a su punto álgido, y una sonrisa se dibujó lentamente en su rostro, oscura y determinada.

—Está bien... —murmuró, rindiéndose finalmente—. Probaré a buscar algo. Solo... no me presione.

—¿Qué tipo de evidencia necesitaría? —preguntó, tratando de no sonar demasiado ansiosa.

El consejero sonrió, satisfecho. —Cualquier prueba que pueda demostrar que Rokugo no tiene la lealtad del reino, o que tal vez esté conspirando en contra de nuestra nación. Estoy seguro de que alguien tan perspicaz como usted encontrará algo. Este oro es un bono especial que te dara una excusa para poder ir a verlo. 

El consejero sonrió, satisfecho, y deslizó una pequeña bolsa de monedas de oro en sus manos.

Snow la miró con vacilación, pero finalmente tomó el dinero con manos temblorosas. No podía negar que la idea la había seducido.

—Lo haré. Iré a su habitación y buscaré algo que pueda incriminarlo, —dijo con un tono decidido, aunque su voz temblaba ligeramente.

El estratega asintió, satisfecho.

—Buena decisión, Snow. El reino la recompensará.

Con una última inclinación, el consejero desapareció por el pasillo, dejando a Snow con el oro y una misión turbia en sus manos. Unos minutos después, aún sintiendo el peso de sus decisiones, fue hacia la habitación de Rokugo, fingiendo que solo era una excusa para... dar ese bono.

Se aseguró de que nadie la viera ,pero un pequeño remordimiento comenzó a formarse en su mente. Rokugo era arrogante y vulgar, sí, pero traicionarlo de esa forma... 

Con el dinero escondido entre sus ropas, Snow se dirigió hacia la habitación de Rokugo. Su mente estaba dividida entre el peso de la traición que estaba a punto de cometer y el dulce sabor de la posible recompensa.

—Esto es por el bien del reino... y por el mío, —se dijo a sí misma mientras avanzaba por el pasillo. Su mano temblaba ligeramente mientras se acercaba a la puerta.

Respiró hondo antes de llamar, preparándose para lo que pudiera encontrar en la habitación de Rokugo.

Mientras caminaba por los pasillos del castillo, Snow sintió que sus pasos pesaban más de lo habitual

Mientras caminaba por los pasillos del castillo, Snow sintió que sus pasos pesaban más de lo habitual. Luchaba contra el dilema en su cabeza, debatiéndose entre recuperar su posición y mantener su integridad. Antes de llamar, Snow escuchó voces provenientes de la habitación. La conversación dentro la hizo detenerse.

A unos metros, en un pasillo lateral, a travez de la puerta, en su habitacion Rokugo y Alice parecían discutir en voz baja. Snow se acerco a la puerta, conteniendo la respiración, y comenzó a escuchar.

—Te lo digo, Alice, es cuestión de tiempo antes de que la princesa declare sus sentimientos por mí, —dijo Rokugo con su habitual tono confiado—

—Te lo digo, Alice, es cuestión de tiempo antes de que la princesa declare sus sentimientos por mí, —dijo Rokugo con su habitual tono confiado—. Cuando eso pase, seré Rey, y después, Snow también me confesará su amor. Entonces tendré dos esposas.

Alice, con su lógica robótica, respondió sin perder la compostura.

—Capitán, esa probabilidad es estadísticamente imposible. En mis simulaciones para la predicción de eventos futuros, no hay un solo escenario donde eso ocurra.

Snow, escuchando desde el pasillo, sintió una mezcla de vergüenza e indignación. A punto estuvo de irse, arrepintiéndose de su plan de traición. Pero entonces, las siguientes palabras de Rokugo la hicieron detenerse.

—Hablando en serio, ser espía es difícil. Especialmente cuando hay que mantener el secreto antes de que Kisaragi decida invadir este planeta.

—...tenemos que ser cuidadosos. Si descubren que somos espías, podríamos meternos en problemas serios —murmuró Rokugo, en un tono de advertencia.

—No digas eso en Marleyano—Alice respondió con su actitud de desepcion—. Dilas en Japonés.

Snow sintió cómo su estómago se retorcía. ¡Espías! Su duda y culpa se desvanecieron en un instante, reemplazadas por la indignación. ¿Rokugo y Alice eran espías? ¡Eso explicaba muchas cosas!

Antes de siquiera pensarlo, abrio la puerta y los encaró.

—¡Así que eso es lo que son! ¡Espías! —les gritó, su voz cargada de furia y decepción.

Rokugo y Alice intercambiaron una mirada sorprendida, y por primera vez, Rokugo pareció haber perdido su habitual sonrisa burlona.

Rokugo dio un salto en la cama, sorprendido al verla.

—¡Snow! ¿Qué haces aquí? ¿Nunca te enseñaron a tocar la puerta?

Snow cruzó los brazos, fulminándolo con la mirada.

—¡Así que es verdad! ¡Eres un espía! —gritó, señalándolo acusadoramente.

Rokugo, dándose cuenta de que había hablado demasiado, trató de cambiar de estrategia.

—¿Espía? ¿De qué estás hablando? Seguro lo escuchaste mal. Estoy... borracho, sí. Completamente borracho. —Intentó tambalearse para vender su mentira.

Alice lo miró, claramente exasperada.

—Capitán, no tiene sentido fingir. Ya nos escuchó. Es exactamente por eso que sugerí hablar en japonés en lugar de Marleyano.

Snow se acercó a ellos, su rostro lleno de indignación.

—¡Así que lo admiten!

—Snow, esto no es lo que piensas... —intentó explicar Rokugo.

Pero Snow no estaba dispuesta a escuchar. —¡No quiero escuchar ninguna excusa! Han traicionado al Reino de Grace...¡Han estado traicionando al reino desde el principio!

Rokugo levantó las manos, tratando de calmarla.

—Mira, Snow, no es lo que parece. Bueno, en realidad sí lo es, pero tengo una buena razón para todo esto.

Snow, apretando los puños, respiró hondo y, contra todo pronóstico, habló con un tono más controlado.

—No voy a alertar a las autoridades... aún. Les estoy dando una oportunidad para huir. No por ti, Rokugo, sino porque, a pesar de todo, han hecho algo por el reino. Considéralo un favor especial.

Alice la miró con frialdad, pero Rokugo solo asintió, aceptando su derrota momentánea.

—Entendido. Gracias por la oportunidad, Snow.

Y así, Snow se marchó, dispuesta a delatar a los traidores. No se dio vuelta ni dudó.

Rokugo y Alice intercambiaron miradas. Ambos sabían que quedarse era un riesgo innecesario. Finalmente, Rokugo suspiró y se levantó.

—Bueno, supongo que esto es un adiós... por ahora. —Se puso su armadura y miró a Snow con una sonrisa burlona—.  

Alice, como siempre, mantuvo su tono práctico.

—Debemos irnos de inmediato, Capitán.

Sin más, Rokugo y Alice tomaron lo que pudieron y salieron de la habitación, dejando a Snow sola, con una sensación agridulce. Aunque había tomado la decisión de dejarlos ir, no podía evitar sentir que había perdido algo importante... o tal vez había salvado algo aún mayor.

La ascensión de Snow como comandante fue rápida. El estratega al enterrarse de la salida de Rokugo, la llevó de regreso a su puesto con gran honor y reconocimiento. Su ascenso como Comandante de la Guardia Real fue casi inmediato, restaurando el puesto que había anhelado recuperar durante tanto tiempo. Ahora, con su uniforme impecable y una posición de poder, Snow caminaba por los pasillos del castillo, recibiendo saludos y reverencias de los soldados.

Como parte de su nuevo escuadrón, Snow solicitó que Grimm y Rose fueran ascendidas también. Ambas aceptaron con entusiasmo, aunque con cierto desconcierto por la ausencia de Rokugo y Alice.

—¿Dónde están Rokugo y Alice? —preguntó Rose, inclinando la cabeza con curiosidad.

Snow, esforzándose por mantener la compostura, respondió con naturalidad.

—Renunciaron. Dijeron que querían buscar una vida tranquila lejos del ejército.

Grimm entrecerró los ojos, claramente escéptica.

—¿Rokugo? ¿Buscando una vida tranquila? Eso no suena como él.

Snow se encogió de hombros, evitando profundizar en el tema.

—Eso dijeron. Y no tenemos por qué dudar de ellos.

Pero, incluso con su objetivo cumplido, Snow sentía una incomodidad persistente. No podía olvidar la mirada de Rokugo y Alice. ¿Acaso se había precipitado? ¿Había sido justa?

A pesar de haber recuperado su puesto y su honor, Snow no podía ignorar una incomodidad persistente que la acompañaba desde la noche en que confrontó a Rokugo y Alice. Cada vez que intentaba disfrutar de su triunfo, algo en su interior la detenía.

La mirada de Rokugo, esa sonrisa burlona pero, al mismo tiempo, resignada, seguía persiguiéndola. También recordaba las palabras prácticas de Alice, y el hecho de que ninguno de ellos había intentado defenderse realmente. ¿Acaso se habían resignado porque sabían que no podrían convencerla? ¿O porque confiaban en que ella no sería capaz de entregar la información?

Una noche, mientras caminaba sola por los pasillos del castillo, Snow murmuró para sí misma.

—¿Hice lo correcto?

Se detuvo frente a una ventana que daba al patio, mirando las estrellas. Sus logros estaban allí: su puesto recuperado, el reconocimiento del reino, las vidas de los soldados bajo su mando. Sin embargo, una punzada de culpa no dejaba de aparecer cada vez que recordaba cómo había traicionado a Rokugo sin darles la oportunidad de explicarse.

—Quizás... me precipité, —admitió en voz baja.

A pesar de que Grimm y Rose estaban ahora bajo su mando y parecían satisfechas con sus nuevas posiciones, Snow evitaba hablar de Rokugo frente a ellas. Cada vez que Rose mencionaba algo sobre él, Snow cambiaba el tema rápidamente.

Grimm, sin embargo, no dejaba de notar el comportamiento de Snow. Una noche, mientras ambas patrullaban, Grimm comentó casualmente:

—¿Sabes? Es extraño. No puedo dejar de sentir que algo raro pasó con Rokugo y Alice. ¿Segura que renunciaron?

Snow apretó los labios, tratando de controlar su expresión.

—Ya lo dije, Grimm. Renunciaron. Querían una vida tranquila.

Grimm se encogió de hombros, pero la mirada en sus ojos decía que no estaba completamente convencida.

Snow continuó su patrullaje, pero las palabras de Grimm se sumaron al peso que ya llevaba en su interior. ¿Había hecho lo correcto? ¿O su ambición la había cegado, llevándola a traicionar a personas que, a pesar de todo, habían sido sus compañeros?

Esa noche, mientras intentaba dormir, la sensación de justicia aparente que había sentido tras su ascenso comenzaba a desmoronarse, dejando un vacío que no podía ignorar.

Tras su abrupta salida del ejército de Grace, Rokugo había usado sus ahorros como Capitán para comprar una casa modesta en las afueras de la ciudad. Aunque no era un lugar de lujo, cumplía con sus necesidades. Mientras tanto, Alice trabajaba en el sótano, ensamblando pieza por pieza la máquina teletransportadora que traería las fuerzas de Kisaragi al planeta, cambiando pieza por pieza con puntos malos. Tomaría al menos un mes para completarse y estabilizarse.

—Un mes entero, —murmuró Rokugo mientras miraba las partes dispersas en el sótano—. Supongo que tendré que buscar formas de entretenerme mientras tanto.

Y con eso, Rokugo comenzó a recorrer las calles de Grace, haciendo lo que mejor sabía hacer: acosar jovencitas para obtener puntos malos. Su actitud descarada lo hizo popular —para mal— en los rumores de la ciudad.

De vuelta en el castillo, Snow fue informada por un miembro de la guardia real sobre un acosador que estaba causando revuelo en las calles.

Las noches en la ciudad eran tranquilas para la mayoría, pero no para Rokugo. Mientras todos dormían, él aprovechaba su tiempo para acosar jovencitas inocentes (aunque con intenciones relativamente inofensivas) con tal de ganar puntos malos. Estos puntos los usaba para canjear piezas de la máquina teletransportadora, una tarea que Alice supervisaba con rigor.

Rokugo tenía un truco infalible: la cremallera de su traje se subía y bajaba de forma inalámbrica, lo que provocaba reacciones de incomodidad y susto entre sus víctimas. La noticia corrió como pólvora por las calles de Grace: un acosador nocturno, apodado "Ziperman" por su costumbre de bajarse la bragueta frente a mujeres. 

Las víctimas —todas mujeres jóvenes— describían a un hombre de mirada traviesa, ropa extraña y una sonrisa que parecía más burlona que amenazante. Decían que no las tocaba... pero las hacía sentir incómodas con preguntas como: "¿Sabes cuántos puntos malos me darías si te viera tropezar?" o "¿Tu falda es de algodón o de tentación?".

Cuando el informe llegó a manos de la recién reinstalada Comandante Snow, su rostro palideció. No por miedo... sino por vergüenza.

—No puede ser... —murmuró, apretando el pergamino con fuerza—. Ese idiota no tuvo el decoro de desaparecer del todo.

Pero Snow no podía ir ella misma. No después de lo que había pasado. No después de haberlo dejado ir... y de seguir soñando, en las noches silenciosas del castillo, con su sonrisa torcida y sus bromas estúpidas.

Así que, con un suspiro resignado y una orden seca, convocó a sus dos subordinadas más... problemáticas.

—Grimm, Rose. Tienen una misión especial. —Snow evitó mirarlas a los ojos—. Atrapen al acosador. Vivo. Y... no lo lastimen más de lo necesario.

—¿Otra vez con eso del "Ziperman"? —preguntó Grimm, bostezando mientras se recostaba en su nueva silla de ruedas de aluminio— ¿Por que a mi nadie me coquetea?

—¡Yo quiero atraparlo! —exclamó Rose, con los ojos brillantes—. ¡Quizás sea un demonio disfrazado! ¡O un titán en miniatura!

—No es un titán —dijo Snow, con sequedad—. Es... un civil problemático. Nada más.

Pero tanto Grimm como Rose intercambiaron una mirada. Porque, aunque Snow no lo dijera... ambas sabían.

 Sin embargo, una noche, mientras realizaba su rutina habitual, se encontró con una jovencita que desafiaba toda lógica.

- Ah, va a violarme

- Jajaja, no te voy a hacer daño, si puedes correr rapido antes de que el cierre se baje. 

—¡Espera, espera! —dijo la chica, sonrojada y emocionada—. Un violador que me secuestre, me lleve a su casa y me obligue a tener hijos. - Ay me torcí el tobillo cuando propase.  

Rokugo se quedó boquiabierto, completamente desconcertado.
—¿Qué demonios estás diciendo? ¿En que momento tropezaste? Espera ¿Por qué no estoy teniendo puntos malos ?¡Tu no estas alterada! —gritó, frustrado porque no estaba ganando puntos malos por incomodarla.

La chica lo miró con ojos brillantes.
—Por favor, continúa... Esto es exactamente lo que siempre soñé...  Es mi fantasía hecha realidad.

Rokugo sacudió la cabeza, murmurando algo sobre cómo este mundo estaba lleno de locos.

-Solo necesito que me mires, llores, te asustes o algo que te haga sentir mal. Mira, Carajo. 

Cuando Grimm y Rose llegaron a la escena, encontraron a Rokugo parado frente a una mujer, claramente intentando asustarla. Sin embargo, la mujer exageraba cada gesto de Rokugo, gritando y señalándolo como si fuera un criminal peligroso.

—¡Ayuda! ¡Este hombre está intentando secuestrarme! —gritó la mujer.

Rokugo levantó las manos, visiblemente frustrado.

—¡Ni siquiera la he tocado!

—¡Alto ahí, Ziperman! —gritó Rose, con una postura heroica que contrastaba con su ala torcida y su cola escamosa.

Rokugo se giró... y por primera vez en mucho tiempo, palideció.

—¿R-Rose? ¿Grimm? —balbuceó, retrocediendo un paso.

Grimm entrecerró los ojos, cruzándose de brazos.

—Vaya, vaya... Así que el gran Capitán Rokugo, el hombre que nos salvó de Heine, el que destruyó un Golem Titán... ahora se dedica a asustar chicas en callejones oscuros.

Rose bajó la mirada, visiblemente decepcionada.

—No pensé que caerías tan bajo, Capitán...

Rokugo tragó saliva. Miró a la chica, que ahora los observaba con curiosidad.

—Oye, tú —le dijo—. ¿Puedes irte? Esto es... un asunto militar.

La chica asintió, se alisó la falda y, con una sonrisa pícara, murmuró:

—Gracias por la diversión, Ziperman. —Y se fue corriendo, riendo.

Cuando estuvieron solos, Rokugo suspiró.

—Escuchen... no es lo que creen.

—¿Ah, no? —preguntó Grimm, levantando una ceja—. Porque parece que estás acosando a civiles para ganar esos puntos malos con el que invocas esas cosas . ¿O es que ahora te pagan por eso?

Rokugo negó con la cabeza, mirando al suelo.

—No puedo decirles todo... 

Solo... hago lo que debo.

Rose frunció el ceño.

—Entonces, ¿por qué renunciaste? ¿Por qué desapareciste?

Rokugo dudó. No podía decirles que era un espía. No podía arriesgarlas. Así que mintió... con estilo.

—Renuncié... porque Snow me acosaba.

Grimm abrió los ojos como platos.

—¿QUÉ?

—Sí —dijo Rokugo, con una mezcla de dramatismo y picardía—. Me tocaba el pecho cada vez que pasaba por el cuartel. Me susurraba cosas como: "Capitán... ¿tu armadura es a prueba de balas... o de besos?". Me obligaba a probar su espada... en lugares inapropiados.

Grimm estalló en carcajadas.

—¡JA! 

Rose, en cambio, palideció.

—¿Snow...? ¿Nuestra Snow? ¿La honorable, la justa, la que se negó a usar magia negra en la misión de la torre? —Su voz temblaba—. ¡No puede ser! ¡Ella es mejor que eso!

—Ah, eso... Verás, Rose, Snow me acosaba sexualmente en el ejército. Me tocaba el trasero todo el tiempo e intentaba manosearme. No podía seguir trabajando con alguien así.

Rose miró a Snow con incredulidad y algo de disgusto.
—¿Es eso cierto, Grimm?

Grimm no paraba de reirse, lo que confundia mas a Rose. 

Rose negó con la cabeza, claramente decepcionada.
—Snow, pensé que eras mejor que eso...

Rose inclinó la cabeza, confundida.

Hubo un silencio incómodo. Grimm, conmovida por el recuerdo de su antiguo escuadrón, suspiró.

—Mira, Rokugo... por el bien de los viejos tiempos... y porque no quiero que mi último recuerdo de ti sea como un pervertido de tercera... dejaré pasar esta alteración al orden público.

—¿En serio? —preguntó Rokugo, sorprendido.

—Sí. Pero con una condición: nos invitas a comer y beber. Y no en una taberna de orcos. En una decente.

Rokugo sonrió.

—Trato hecho.

Horas después, en una taberna cálida y con música suave, los tres brindaban con cerveza local y platos de carne (no de orco, esta vez).

—Recuerdas cuando te pateé en la cara por mirarme bajo la falda? —dijo Grimm, riendo. 

- No recuerdo que me hayas pateado, pero ¿Tu recuerdas  cuando te dormiste en medio de la batalla contra Heine —respondió Rokugo—. Casi nos matan.

—¡Pero desperté justo a tiempo para paralizarla! —se defendió Grimm.

Rose, más callada, jugueteaba con su vaso.

—Capitán... ¿de verdad renunciaste por Snow?

Rokugo la miró, y por un instante, su sonrisa se desvaneció.

—Digamos que... ella me dio una salida honorable. Y yo la tomé.

Grimm, con una sonrisa traviesa, se inclinó hacia adelante.

—Oye, Rokugo... ¿quieres que expanda el rumor de que renunciaste porque Snow te acosaba? ¡Podría hacer que todo el palacio lo sepa para mañana!

—¡NO! —gritó Rose, horrorizada—. ¡Eso arruinaría su reputación!

Rokugo, sin embargo, solo rió.

—Hazlo, Grimm. Que todos crean lo que quieran. Al final... la verdad no importa si nadie la recuerda.

Y entonces, con un movimiento ágil que nadie vio venir, Rokugo se puso de pie, hizo una voltereta hacia atrás... Rokugo aprovechó la distracción para escapar. Corrió hacia los tejados mientras gritaba:

—¡Nos vemos luego, chicas! ¡Tengo más puntos malos que ganar!.

—¡Capitán! —gritó Rose, levantándose.

Pero ya no estaba.

Solo quedaba su vaso, medio lleno... y una nota sobre la mesa:

"Gracias por no odiarme.
—R."

Grimm tomó la nota, la dobló y la guardó en su túnica.

—Ese idiota... —murmuró, con una sonrisa triste—. Siempre desaparece cuando las cosas se ponen serias.

Rose miró hacia la puerta, con los ojos húmedos.

—¿Crees que volveremos a verlo?

Grimm bebió un trago largo.

—No lo sé. Pero si lo hacemos... espero que no sea como enemigos.

Mientras tanto, en su casa a las afueras de la ciudad...

Rokugo entró al sótano, donde Alice seguía ensamblando la máquina teletransportadora.

—¿Y? —preguntó ella, sin mirarlo—. ¿Te divirtiste?

—Más o menos —respondió Rokugo, quitándose el polvo de la ropa—. Grimm sigue siendo una loca. Rose... sigue siendo inocente.

Alice asintió.

—Snow ya sabe que estás aquí. Tarde o temprano, vendrá.

Rokugo se recostó contra la pared, mirando al techo.

—Que venga. Ya no tengo nada que ocultarle 

En el castillo

Comandante Snow, Nos encontramos con el Capitan, Dijo que renuncio porque le acosabas y le hiciste cosas muy feas.

Rose miró a Snow con incredulidad y algo de disgusto.

—¿Es eso cierto, Snow?

Snow abrió la boca para defenderse, pero las palabras no salieron. Estaba demasiado sorprendida por la audacia de Rokugo.
—¡Eso es mentira! ¡Nunca toqué a ese idiota!

Rose inclinó la cabeza, confundida.

—Entonces, ¿por qué renunció realmente, Snow?

Snow abrió la boca para responder, pero recordó que no podía revelar la verdadera razón. Finalmente, se limitó a cruzar los brazos y desviar la mirada.

—Eso no importa ahora.

Grimm no podría dejar pasar esa oportunidad.

 —Ah, así que admites que no quieres decirlo porque la verdad sería demasiado vergonzosa para ti, ¿no?

Snow apretó los dientes, intentando mantener la calma.

-¿Donde diablos esta Rokugo, el acosador?

-Se nos escapo.- Grimm Saco la lengua en señal de error. 

De regreso en su escondite temporal

 Rokugo se encontró con Alice, quien ya estaba revisando los datos de la máquina teletransportadora. Su expresión era seria, como siempre.

—Agente 6, tengo información importante. El ejército de Lord Demonio planea atacar Grace pronto —informó Alice sin levantar la vista de su dispositivo.

Rokugo frunció el ceño.
—¿Y qué se supone que hagamos? No podemos abandonar esta ciudad ahora. La máquina teletransportadora está demasiado avanzada para dejarla.

Alice asintió.
—Exacto. Sugiero que protejamos Grace hasta que podamos completar la máquina. Una vez listos, Kisaragi podrá anexar este territorio sin problemas.

Rokugo sonrió, complacido con el plan.
—Bien, entonces nos quedamos. Además, no sería divertido si dejáramos que esos demonios arruinaran toda la diversión. Será interesante ver cómo reaccionan cuando les pateemos el trasero.

Alice ajustó algunos cables en la máquina antes de responder.
—Capitán, recuerde que nuestro objetivo principal es recolectar suficientes datos y recursos para Kisaragi. No estamos aquí para ser héroes.

Rokugo se encogió de hombros.
—Lo sé, lo sé. Pero un poco de acción no hace daño, ¿verdad?

Las noches en Grace se volvieron más caóticas que nunca.

Los rumores sobre "Ziperman" —ese acosador nocturno de risa burlona y frases absurdas— no cesaban. Cada mañana, nuevas denuncias llegaban al cuartel: chicas asustadas, jóvenes confundidas, incluso una monja que juró que el tipo le había preguntado si su hábito tenía "modo tentación activado".

Snow, ahora Comandante de la Guardia Real, apretaba los dientes cada vez que escuchaba el nombre. No por miedo... sino por vergüenza ajena. Porque, aunque nadie más lo supiera, ella sabía quién era Ziperman.

Y no tenía intención de arrestarlo. No después de lo que sabía.

Pero Grimm, por otro lado... tenía otros planes.

—¡Yo me encargo! —anunció una tarde en el cuartel, con una sonrisa que mezclaba entusiasmo y malicia—. Soy la única que puede manejar a ese pervertido sin que me haga sentir culpable por patearlo.

Snow la miró con escepticismo.

—¿Tú? ¿Después de todo lo que ha hecho?

—Precisamente por eso —respondió Grimm, cruzándose de brazos en su silla de ruedas  —. Si alguien merece castigarlo... soy yo.

Snow no insistió. En el fondo, sospechaba que Grimm no quería arrestarlo... sino algo más.

Esa misma noche, en un callejón cerca del mercado viejo, Rokugo estaba frente a una chica de cabello castaño, con una pose teatral y una linterna bajo la barbilla.

—¿Sabes qué es lo más aterrador del universo? —preguntó con voz grave—. Que tu falda no tiene bolsillos 

Antes de que Rokugo pudiera lanzar su siguiente línea, una voz chillona interrumpió desde la sombra:

—¡Alto ahí, Ziperman! ¡Otra vez acosando inocentes!

Rokugo giró los ojos. Grimm, con su túnica morada y su silla de ruedas, apareció como si hubiera salido de una pesadilla romántica.

—Grimm... no otra vez —suspiró.

—Si no quieres que te arreste...! —dijo, señalándolo con un dedo acusador—. ¡Vas a venir conmigo... a una cita!

La chica los miró, confundida.

—¿Cita?

—Sí —respondió Grimm, con una sonrisa dulce—. Él me debe tres citas reales. Nada de acosar parejas, nada de maldiciones, nada de fotos vergonzosas. Solo tú... y yo... y una cena decente.

Rokugo se llevó las manos a la cabeza.

—¡Pero si ni siquiera somos pareja!

—¡Exacto! —exclamó Grimm—. Por eso es más romántico. ¡Es un amor prohibido!

La chica, tras unos segundos de silencio incómodo, se fue corriendo... riendo.

Rokugo se giró hacia Grimm, derrotado.

—Está bien... Así pasaron las siguientes noches.

Grimm "arrestaba" a Rokugo en cada intento de acoso. Pero en lugar de llevarlo a la cárcel, lo arrastraba a cenas en tabernas, paseos por el parque al atardecer, incluso una vez lo obligó a comprarle flores y recitarle un poema que había escrito sobre "la luna y sus pedazos flotando "

Rokugo, por primera vez en su vida, se sentía acosado.

Una madrugada, regresó a su casa con los ojos hundidos, el cabello despeinado y una rosa marchita colgando de su oreja.

Alice lo esperaba en la puerta del sótano, con los brazos cruzados y una expresión casi... divertida.

—¿Otra cita romántica con la sacerdotisa del caos? —preguntó, con su tono neutro.

—¡No fue una cita! —gritó Rokugo, tirándose en el sofá—. ¡Fue un interrogatorio con postre! ¡Me obligó a decirle que era "hermosa bajo la luz de la luna"! 

Alice lo miró en silencio por un momento. Luego, con una calma casi cruel, dijo:

—Interesante. Tú, que obtenías puntos malos acosando a mujeres, ahora te quejas de ser acosado por una mujer. La ironía es... matemáticamente perfecta.

Rokugo gimió, cubriéndose el rostro con las manos.

—¡Es peor que eso! ¡Habla de ... y de ... 

 Alice se sentó frente a él, cruzando las piernas con elegancia mecánica.

—Aun así... mencionaste algo interesante durante tu queja.

Rokugo levantó la cabeza.

—¿Qué?

—Dijiste que, mientras fingías ser su "novio ideal", Grimm mencionó que antes de los equipos de maniobras 3D, los soldados usaban una "Lanza Relámpago" para enfrentar titanes. Un arma que se disparaba y explotaba tras unos segundos.

Rokugo parpadeó.

—Ah, sí... algo así. Dijo que era de la "era dorada", antes de que los titanes se perdiera como hacerlas. 

Alice asintió, sus ojos brillando con datos procesándose a velocidad sobrehumana.

—Esa tecnología... si funciona como describe, podría ser adaptada. Una carga explosiva guiada, con temporizador y propulsión autónoma. Sería más eficiente que los lanzagranadas actuales... y mucho más barata que enviar tropas a morir.

Rokugo se incorporó, intrigado.

—¿Vas a construirla?

—No. Kisaragi lo hará.

Sin más, Alice se dirigió al sótano y activó el brazalete de Rokugo. En cuestión de segundos, dibujó una serie de planos teóricos: esquemas de propulsión iónica, cargas de plasma comprimido, un sistema de detonación retardada... todo basado en la descripción fragmentaria de Grimm.

—Enviando a sede central de Kisaragi —dijo, pulsando "enviar".

Un pitido confirmó la transmisión.

Rokugo se quedó mirando el techo, aún exhausto.

—¿Crees que Lilith se emocionará?

—Lilith ya está diseñando tres prototipos —respondió Alice—  

Mientras tanto, Snow informó al resto del equipo sobre la inminente amenaza. Aunque seguía molesta por las falsas acusaciones de Rokugo, sabía que la situación era grave.

—Tenemos que prepararnos —dijo Snow con determinación—. Si el ejército de Lord Demonio ataca, no podemos permitir que destruyan la ciudad.

Grimm, quien había despertado de su siesta, bostezó y preguntó:
—El Renuncio Snow

Rose, aún confundida por lo que Rokugo le había dicho, añadió:
—Si, el Acoso de Snow lo alejo

-Rose, ya te dije que Rokugo invento esa historia

Snow pensaba en la venganza perfecta contra ese rumor iniciado por Rokugo y expandido de algun modo por el castillo.

Al día siguiente, mientras Rokugo caminaba por las calles de Grace, notó que los habitantes lo miraban con desdén. Susurros se extendían entre la multitud, y algunos hasta se alejaban al verlo pasar. Finalmente, un niño pequeño se le acercó con una sonrisa burlona.

—¡Oye, Zipperman! —gritó el niño, señalándolo con descaro.

Rokugo frunció el ceño.

—¿Qué dijiste, mocoso?

El niño corrió hacia un grupo de amigos, quienes empezaron a reír y corear el apodo: "¡Zipperman, Zipperman!"

Rokugo caminaba por el mercado de Grace, tratando de pasar desapercibido mientras compraba provisiones. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que comenzaran las miradas y risas a su alrededor. En cada esquina, en cada muro, había carteles con su rostro dibujado de forma grotesca bajo el alias "Zipper Man". Algunos incluso lo señalaban como "El Pervertido Oficial de Grace".

—¡Miren quién está aquí! ¡El famoso Zipper Man! —gritó un comerciante entre risas.

—¡No te acerques a mis hijas, pervertido! —agregó otro, blandiendo una escoba.

Rokugo suspiró, visiblemente molesto.
—Esto tiene escrito el nombre de Snow por todas partes... —murmuró para sí mismo mientras arrancaba uno de los carteles más cercanos y lo examinaba—. ¿"Zipper Man"? ¿En serio? Ni siquiera me gusta el apodo.

Alice, quien lo acompañaba, observó la situación sin mostrar emoción alguna.

-Agente 6, parece que su reputación ha precedido cualquier intento de mantener un perfil bajo. Sugiero ignorarlos y enfocarnos en nuestras prioridades.

Rokugo asintió, pero no pudo evitar murmurar:
—Cuando encuentre a Snow, le haré pagar por esto...

En los días siguientes, Alice, con su capacidad de análisis, informó a Rokugo sobre un patrón sospechoso en los movimientos del ejército del Lord Demonio.

—Con base en la información recolectada y los datos de los ataques previos, predigo que atacarán la ciudad en aproximadamente tres días, —dijo Alice mientras revisaba un mapa de la zona.

Rokugo se cruzó de brazos, evaluando la situación.

—Si atacan la ciudad y destruyen mi casa, no solo perderé mi refugio, sino también la máquina teletransportadora. Kisaragi perdería la oportunidad de conquistar este planeta.

Alice asintió.

—Exactamente. Sugiero que coloquemos minas en el desierto exterior para frenar el avance del enemigo.

Rokugo suspiró, sabiendo lo que venía.

—Déjame adivinar: ¿soy yo quien tiene que colocarlas?

Alice lo miró con su expresión neutral.

—Correcto. Cuando Heine me vio, notó que no era un ser vivo. Si yo coloco las minas, no dejarán rastro de olor, y los demonios podrían detectarlas. Necesitamos que alguien con un rastro de ser vivo, como tú, las coloque.

Rokugo gruñó, resignado.

—Bien, bien. Pero si estas minas fallan, me voy a asegurar de que te castiguen cuando llegue Kisaragi.

Alice inclinó la cabeza ligeramente.

—Aceptable. También sugiero que use la piedra mágica que quitamos a Heine como cebo. Su energía residual podría atraer a los demonios hacia las minas.

De regreso en su escondite temporal, Rokugo utilizó sus puntos malos para canjear varias minas y bombas equipadas con sensores de distancia. Alice observaba atentamente mientras organizaba las armas recién adquiridas.

—Capitán, pelear contra robots gigantes siempre fue más sencillo —explicó Alice—. Bastaba con colocar minas en el suelo y esperar a que pisaran el detonador. Pero contra los titanes, especialmente aquellos como el Titan Golem, necesitaremos algo que les cause daño específico en la nuca.

A medida que avanzaba, comenzó a cuestionar la efectividad de su plan.

—Estas minas, ¿realmente harán daño a los demonios? —preguntó, colocando otra carga en el suelo.

Alice, que supervisaba desde una distancia segura, respondió por su comunicador.

—Con base en mis análisis, las minas deberían ser efectivas contra los demonios estándar. Sin embargo, si enfrentamos a más titanes Golem, podríamos tener problemas.

Rokugo se detuvo un momento, considerando las palabras de Alice.

—¿Y qué sugieres que hagamos si eso ocurre? —preguntó, visiblemente frustrado.

Alice, con su tono siempre práctico, respondió.

—He enviado muestras del endurecimiento cristalino de los titanes a Kisaragi. Deberían estar trabajando en un arma capaz de enfrentarlos. Según mis cálculos, los resultados deberían estar listos en las próximas semanas.

Rokugo resopló, continuando con su tarea.

—Perfecto. Mientras tanto, solo tenemos que sobrevivir a lo que sea que lancen contra nosotros. Ya sabes, lo normal.

Rokugo asintió, revisando las armas.
—Entonces, ¿qué sugieres?

Alice levantó una de las "Lanza Relámpago" modificadas.
—Los prototipos que encargue están listos y traídos, estas armas son automáticas. Ahora pueden disparar ráfagas concentradas directamente hacia la nuca de los titanes cuando detecten movimiento. Además, he añadido una camara para procesamiento digital de imagenes y un sensor de distancia para mejorar la precisión.

Rokugo sonrió, complacido con las mejoras.
—Bien, bien. Esto debería hacer que nuestra vida sea más fácil. ¿Y qué hay del resto del ejército de Lord Demonio?

Alice activó un mapa holográfico proyectado desde su brazalete.
—Según mis cálculos, llegarán al amanecer. Se colocaran las minas y bombas en puntos estratégicos donde se espera que crucen. Con suerte, eso retrasará su avance.

Tras horas de trabajo y varios enfrentamientos agotadores, Rokugo regresó al interior de las murallas. Miró hacia el desierto, donde ahora las minas estaban perfectamente camufladas, junto con la piedra mágica de Heine  colocada como trampa.

—Espero que esto funcione, —murmuró, limpiándose el sudor de la frente.

Alice, que lo esperaba en la entrada, lo observó detenidamente.

—Lo hará, Capitán. Aunque, si fallamos, probablemente será porque usted no colocó las minas y las lanzas relampago con suficiente precisión.

Rokugo la fulminó con la mirada.

—Eres una verdadera motivadora, Alice. 

Mientras organizaban las armas, Alice compartió una nueva información crucial.
—Capitán, según mi investigación, el hermano de la princesa Tilis, el supuesto "elegido", fue teletransportado aleatoriamente durante una batalla contra Faustress del Viento, el selecto de Lord Demonio.

Rokugo frunció el ceño.
—¿Teletransportado? ¿Como nosotros?

Alice asintió.
—Exacto. Pero no sabemos dónde apareció. Si fue transportado dentro de un objeto sólido o al fondo del océano, probablemente ya esté muerto.

Rokugo se quedó en silencio por un momento, pensativo. Luego, una expresión de furia cruzó su rostro.
—Espera un segundo... Esto me suena familiar. ¿No fue así como Lilith probó la máquina teletransportadora? ¿Con ensayo y error?

Alice confirmó su sospecha.
—Es probable. La tecnología de teletransportación de Lilith no era perfecta en ese entonces.

Rokugo apretó los puños, claramente enfadado.
—Esa bruja loca nos envió aquí sabiendo que podríamos morir. ¡Nos usó como conejillos de indias! Cuando volvamos a Kisaragi, me aseguraré de que pague por esto. Nadie juega con mi vida así y se sale con la suya.

Durante las noches siguientes, Rokugo y Alice trabajaron incansablemente para preparar las defensas de la ciudad. Colocaron las minas y bombas en las rutas más probables por donde avanzaría el ejército de Lord Demonio. Aunque Snow seguía siendo una molestia pública (y personal) para Rokugo, ambos sabían que proteger Grace era prioritario.

Una noche, mientras ajustaban los últimos detalles, Rokugo miró hacia el horizonte.
—Sabes, Alice... Este mundo es un caos total. Pero de alguna manera, creo que estamos empezando a encajar aquí.

Alice lo miró, inexpresiva como siempre.
—Capitán, sugiero que no pierda de vista nuestra misión principal. Una vez completemos la máquina teletransportadora, podremos abandonar este lugar.

Los días tras la partida de Rokugo y Alice habían sido extrañamente tranquilos en Grace. Demasiado tranquilos.

No hubo más reportes del acosador nocturno "Zipperman". Los carteles con su rostro grotesco seguían en las paredes, pero ya nadie lo veía merodeando callejones ni susurrando absurdidades a jovencitas. El silencio era tan inusual que hasta los perros titán parecían inquietos.

Grimm, sin embargo, no se dejó .

-Me arruinaste mi noche Snow-

Snow, ahora Comandante de la Guardia Real, frunció el ceño.

—No empieces con teorías conspirativas, Grimm. Tal vez simplemente se fue del reino.

—¡Pero si él ama el caos! —protestó Grimm, golpeando la mesa con su jarra—. ¡No se iría sin dejar una última broma obscena!

Rose, con la boca llena de carne de orco, asintió.

—Capitán no se rinde fácil... a menos que haya chocolate involucrado.

Grimm entrecerró los ojos. Una idea comenzó a formarse en su mente.

—Comandante —dijo, con una sonrisa demasiado dulce—, solicito patrullar el sector oeste esta noche. Es una zona con múltiples reportes de actividad sospechosa... y posiblemente, rastros del acosador.

Snow la miró con escepticismo.

—¿Desde cuándo te importa investigar acosadores?

—Desde que uno me prometió una cita y luego desapareció sin pagar la cuenta —respondió Grimm, con fingida indignación.

Snow suspiró. Sabía que Grimm no iba a hacer "investigación". Pero también sabía que negarle la patrulla solo la haría ir por su cuenta... y peor aún, sin supervisión.

—Está bien —dijo al fin—. Pero si te descubro haciendo algo estúpido, te encierro en el calabozo por un mes.

Grimm hizo una reverencia exagerada.

—¡Gracias, mi noble y justa comandante!

Esa noche, Grimm no patrulló.

En cambio, siguió un rastro casi invisible: el olor a aceite de moto, el rastro de neumáticos en el camino polvoriento, y una sola huella de bota que coincidía con la talla de Rokugo. Tras horas de búsqueda, llegó a una casa a las afueras de la ciudad, medio oculta entre ruinas antiguas y matorrales secos. Se decía que estaba abandonada... pero una tenue luz brillaba en el sótano.

Grimm se acercó de puntillas y se pegó a la ventana trasera.

Dentro, Rokugo y Alice estaban sentados en una mesa improvisada, rodeados de herramientas, planos y una máquina extraña que parecía hecha de chatarra y cristales brillantes.

—...así que no tendremos tiempo para estabilizar la teletransportadora —decía Rokugo, con una calma inusual—. Si Lord Demonio ataca mañana, esta casa será destruida. Y con ella, nuestra única conexión con Kisaragi.

Alice asintió, fría como siempre.

—El ataque es inminente. Nuestra única opción es huir antes del amanecer.

Grimm contuvo la respiración. ¿Huir? ¿Kisaragi? ¿Teletransportadora?

Entonces, Rokugo soltó algo que la dejó helada:

—No somos de este mundo, Alice. Vinimos del Tercer Planeta. Este lugar... este "Planeta 407"... ni siquiera tiene nombre para sus propios habitantes. Estamos aquí para expandir los límites de Kisaragi. Y si no podemos conquistarlo... al menos lo habremos debilitado.

Grimm se mareaba intentando procesar lo que escuchaba.

 ¡Son seres de otro mundo!

En su mente, todo cobró sentido: su tecnología imposible, su idioma extraño, su desprecio por las normas... ¡no eran humanos normales!  ERAN PODEROSOS MAGOS DE OTRO MUNDO. O al menos eso era lo maximo que su mente podia procesar.

Pero antes de que pudiera reaccionar, una voz fría y tranquila la detuvo.

—Grimm... —dijo Alice, sin siquiera mirar la ventana—. Tu presencia ha sido detectada desde hace diez minutos.

La puerta se abrió.

Rokugo apareció en el umbral, con los brazos cruzados y una expresión que Grimm nunca le había visto: ni burlona, ni arrogante... seria. Casi... peligrosa.

—Pasa —dijo, con voz baja—. Ya que estás aquí, mejor escuchas la verdad completa.

Grimm tragó saliva, pero entró.

Una vez dentro, Rokugo cerró la puerta, se sirvieron te y comieron galletas. Habia un silencio incomodo hasta que Rokugo y la miró fijamente.

—Sabes que ? Somos la corporacion Kisaragi, nosotros nos dedicamos a...

Grimm retrocedió un paso, temblando.

—P-pero... yo... yo no diré nada, lo juro... Solo... si me matan... —balbuceó, con los ojos llenos de pánico—. Por favor... dejen mi cuerpo en un lugar público. Donde puedan llevarme al templo de Zenarith. No quiero quedar atrapada en el limbo... otra vez.

Rokugo la observó en silencio. Luego, sorprendentemente, sonrió... pero sin humor.

—No vamos a matarte, Grimm.

—¿N-no?

—No. Porque ya no importa. Mañana, Lord Demonio atacará Grace. Y nosotros... nos iremos antes de que amanezca. Esta misión ha terminado.

Grimm parpadeó, confundida.

—¿Se van... para siempre?

—Sí.

—¿Y... no van a invadir ustedes este pais? 

 Rokugo miró la máquina teletransportadora a medio armar.

—No a tiempo. Sin estabilización, no podemos traer nada. 

Grimm bajó la mirada. Por primera vez, no sentía miedo... sino una extraña tristeza.

—Entonces...

Rokugo suspiró.

—Nada fue mentira, Grimm. Solo... no era para siempre.

Hubo un silencio incómodo. Luego, Rokugo le dio una pequeña bolsa.

—Toma. Es chocolate. El verdadero. De la Tierra.

Grimm la abrazó como si fuera un tesoro.

—Gracias, Capitán...

—Vete —dijo Rokugo, dándole la espalda—. Y no vuelvas.

Grimm salió de la casa con los ojos húmedos. No corrió. Caminó lentamente, como si cada paso la alejara de algo que nunca entendería del todo. Se sento en su silla de ruedas y avanzo. 

Esa misma noche, mas tarde, Rokugo y Alice terminaban de empacar lo esencial. Habían decidido abandonar la máquina teletransportadora. Era un desperdicio, sí... pero era mejor que dejarla en manos enemigas.

—Listo —dijo Alice, cerrando la última maleta—. Podemos irnos en cinco minutos.

Rokugo asintió, mirando por la ventana.

—Entonces vámonos ya. Antes de que...

Se detuvo, alguien llamó a la puerta. Al abrir, encontró a una figura encapuchada.

Detrás de ella, con la cabeza baja y las manos temblando... Grimm.

Rokugo no se sorprendió. Solo suspiró.

—Así que fuiste tú, Grimm... —murmuró.

Grimm levantó la vista, con lágrimas en los ojos.

—Lo siento, Capitán... Pero... ¡no podían irse  

Tilis entró sin esperar invitación y se quitó la capucha, revelando su rostro.

—Rokugo, no hay tiempo para formalidades. Vine porque necesito tu ayuda.

Rokugo señalo en panico. —Se lo que quiere, ¿Que me enfrente a Lord demonio, lo retraze? ¿Que sea su amante? ¿O Algo?

Tilis negó con la cabeza. —No se a que te refieres con eso ultimo. Pero encontramos esto en el desierto- Dijo Tilis mostransole el paracaidas que Rokugo abandono en el desierto

-Se que son espias, pero no vengo a torturarlos ni arrestarlos

Rokugo cambiaria su expresion a una visible confusion, se dejó caer en una silla, cruzando los brazos.

—¿Entonces, A que viene? No estoy en el ejército. ¿No recuerdas? Renuncié.

Tilis sacó un objeto de su bolso y lo colocó sobre la mesa. Rokugo lo reconoció de inmediato: era el paracaídas que había dejado en el desierto.

—Cuando exploramos el desierto, encontramos esto. Snow me dijo que eres un espía. Pero también mencionó que tienes tecnología como esta, que nunca hemos visto antes. —Tilis señaló el paracaídas—. Algo así lo he visto solo en ilustraciones de libros antiguos de historia, pero nadie en este reino tiene idea de cómo usarlo.

Rokugo sonrió con ironía.

—Bueno, parece que Snow ha estado hablando de más. ¿Y qué esperas que haga con esto?

Tilis ignoró el sarcasmo y continuó.

—Escucha, Rokugo. El Reino de Grace caerá mañana. El ejército del Lord Demonio avanza y no hay nada que podamos hacer para detenerlo. —Rokugo... Alice... —dijo con voz firme—. He venido no como princesa, sino como líder de un pueblo que Necesita algo.

Rokugo la miró, incrédulo.

—¿Y que espera de nosotros?  

Alice evaluó la situación en milisegundos.

—Probabilidad de que esto sea una trampa: 63%.
Probabilidad de que la princesa esté diciendo la verdad: 37%.
Pero... es la única opción viable si queremos sobrevivir al ataque de Lord Demonio.

Rokugo miró a Grimm, luego a Tilis, y finalmente acepto escuchar.

 —El Reino caerá mañana con la invasión del Lord Demonio. Necesito que esten de testigos de la amenaza de Lord demonio, difundáis donde vayáis la evidencia de que el reino de Grace existió , a que se enfrento y como cayo y advirtáis a otros países —dijo la princesa Tilis, con una voz llena de desesperación. - Para ello, quisiera contratarse para que Estés de testigo el dia de mañana hasta el ultimo y registres todo.

Rokugo la miró en silencio, y después de un momento, asintió.

—Está bien, princesa. Acepto. Al menos, haré eso.

Al regresar al campamento, Rokugo fue recibido con sorpresa por sus compañeras, Rose y Snow.

—¡Maldito Hijo de Puta, no se como lo hiciste, pero arruinaste mi reputacion con un estupido rumor de que te acosaba y por eso renunciaste! ¡No inventes cosas, Rokugo!

Grimm y Rose compartieron una mirada entre ellas antes de soltar una carcajada.

Snow intentó desviar el tema, cruzándose de brazos.

—¡No importa eso ahora! Somos grandes guardias reales, y tenemos una responsabilidad.

Sin embargo, a medida que avanzaban, Snow notó algo que le molestó profundamente: Rose y Grimm parecían seguir las órdenes de Rokugo más que las suyas. Incluso cuando intentaba dar instrucciones, ambas miraban a Rokugo en busca de aprobación.

Escenario: Torre del Castillo del Reino de Grace

El sonido de los cuernos de guerra resonaba por todo el castillo, y el ambiente estaba impregnado de tensión y desesperación. Rokugo, ahora asignado como el guardaespaldas de la princesa Tilis, observaba por la ventana cómo el ejército del Lord Demonio avanzaba, un espectáculo aterrador de fuerza y brutalidad. Sin embargo, para sorpresa de todos, el ejército invasor estaba encontrando resistencia en las fronteras del reino.

La princesa Tilis, con la frente perlada de sudor y las manos temblorosas, miraba fijamente el combate desde la ventana, sus ojos llenos de incertidumbre.

—¿Cómo...? ¿Cómo es posible que estén resistiendo? —preguntó, desconcertada—. El enemigo nos supera en número y armamento. No hay forma de que nuestras tropas puedan hacerles frente de esta manera.

Rokugo esbozó una sonrisa astuta y cruzó los brazos con aire de autosuficiencia.

—Oh, bueno... digamos que tuve un "pequeño proyecto" mientras andaba por ahí sin mucho que hacer. Coloqué algunas armas en las fronteras del reino. Parece que están siendo bastante útiles, ¿no crees?

La princesa lo miró con asombro, sin saber si debía sentirse aliviada o escandalizada.

Alice, con su tono neutral, añadió.

—Según los registros, cada mina que detona registra puntos malos en su chip, Capitán. Su saldo ha aumentado considerablemente.

—¡Eso es...! Bueno, no puedo negar que nos está dando tiempo, pero aun así... —Tilis suspiró, resignada—. Aún con esa ayuda, el reino caerá. La superioridad del ejército del Lord Demonio es simplemente abrumadora.

En el campo de batalla, Heine de la Flama, herida y furiosa, gritó al ver cómo una de esas minas había destruido su piedra mágica.

—¡Encuentren a Rokugo, matenlo y tráiganlo aquí! ¡Lo quiero muerto! . NO, traiganlo vivo, lo matare yo misma. Como es posible haber destruido a los Golem antes de llegar, ese era nuestra mejor arma.  

La muralla que protegia al Reino de Grace fue perforada y seguido de eso, Heine silvo como aquella vez, El ejército demonio Habia atraido a varias criaturas titán, solo se lamentaba que sus imponentes Titan Golem hayan sido destruidos por una trampa en el camino a Grace. Los soldados del Reino de Grace luchaban como podían contra la abrumadora fuerza del enemigo, pero la primera línea de defensa pronto fue atravesada.

Grimm, viendo a Heine en una corta distancia en la entrada del castillo, frunció el ceño.

—Esa mujer... —dijo con desdén—. No puedo soportar cómo se viste. Parece una ramera.

Snow miro decepcionada a Grimm.

—Eso suena personal, Grimm.

—¡Claro que lo es! —espetó Grimm, indignada.

Sin perder tiempo, Grimm comenzó a conjurar una maldición para impedir que Heine usara su magia de fuego. Sin embargo, la maldición rebotó en Heine, quien apenas se inmutó.

Grimm se encogió de hombros.

—Bueno, tampoco es que yo sepa usar magia de fuego, así que no importa.

A pesar de su aparente despreocupación, Grimm volvió a maldecir, consiguiendo inmovilizar a varios de los demonios a la redonda con otra de sus maldiciones, dándoles un respiro temporal.

Desde la habitacion de la princesa , Rokugo y Alice mirarian a lo lejos el caos.

- Wow, Pensaba que los titanes no operaban en la noche porque necesitaban Luz Solar para eso.

 Alice miraria al cielo, observando la Luna de aquel planeta, Tenia la apariencia de ser luna llena, pero con pedazos de la misma florando cerca. Llegando a la hipotesis de que la luz de la luna llena podria tener un efecto similar al Sol.  Entrando en retrospectiva que el ataque a la Torre fue en luna Nueva. 

La calma fue interrumpida por la llegada de Gadalkand de la Tierra voltando desde el aire, lejos del rango de maldicion de Grimm, quien avanzó directamente hacia Grimm, dispuesto a aplastarla.

—¡Tú, insignificante bruja, no mereces enfrentarme! —rugió Gadalkand, levantando su enorme mazo.

Antes de que pudiera atacar, Rose saltó frente a Grimm, bloqueando el golpe con su cuerpo.

—¡Yo me encargo de este grandulón! —dijo Rose, mostrando una valentía inesperada.

Gadalkand se giró hacia ella, subestimándola inmediatamente.

—¿Tu otra vez, pequeña quimera? Esto será fácil.

Mientras tanto, Snow observaba cómo Heine y Gadalkand dominaban el campo. Su instinto era enfrentarlos, pero ambos demonios ni siquiera la reconocieron como una amenaza.

—Quitate, me estorbas —se burló Heine, lanzándole una mirada desdeñosa.

Grimm y Rose se giraron hacia Snow.

—Snow, no tienes oportunidad contra ellos, —dijo Grimm con un tono más serio de lo habitual—. Lleva a la princesa al castillo. Ponla a salvo. Es tu deber.

Rose, bloqueando otro golpe de Gadalkand, añadió:

—Grimm tiene razón. Esto es demasiado para ti. Ve ahora.

Grimm, con una sonrisa amarga, agregó:

—Basándome en mi experiencia, morir es realmente doloroso. Créeme, no quieres pasar por eso.

Avergonzada y sintiendo el peso de sus palabras, Snow asintió

En el caos del castillo, Rokugo veía la inminente derrota del Reino de Grace. El ejército del Lord Demonio, las criaturas titán que se colaban por la brecha del muro , superaban ampliamente a las fuerzas del reino. La prediccion de que el amanecer traería la caída del reino no se veia lejana.

—No hay nada que podamos hacer, —murmuró mientras ajustaba su brazalete y revisaba sus puntos malos acumulados.

Sin decir nada más, Rokugo avanzó y tomó a la princesa del hombro, Asegurándola sujetando el trasero de la princesa con la misma mano.

—Bien, eso significa que es momento de ponernos a salvo, Alteza. —Con su tono característico y su sonrisa burlona, comenzó a arrastrarla fuera de la habitación.

La princesa Tilis forcejeó, claramente reacia a abandonar su lugar.

—¡No! No puedo simplemente abandonar mi habitación ni el castillo. ¡Este es mi hogar! —exclamó, resistiéndose mientras él intentaba moverla a la fuerza.

Rokugo suspiró, frustrado, mientras intentaba hacerla entrar en razón.

—¡No iré a ningún lado contigo Rokugo! ¡Huye y advierte a otros reinos de la caída del Reino de Grace! —exclamó la princesa Tilis, con una voz llena de desesperación.

Rokugo, ante la terquedad de la princesa, se acercó a ella y le dijo:

—Dejar que mueras para ser una mártir suena increíblemente heroico, pero, ¿sabes qué? Yo odio el heroismo. Si tú vives, Aunque el Reino caiga ganamos. Además... puedo ayudarte a continuar la línea real, si es necesario. —Le guiñó un ojo con una sonrisa socarrona.

La cara de la princesa se enrojeció por completo.

—¡¿Qué estás diciendo?! ¡Eso es inapropiado! ¡Deja de decir tonterías!

Sin darle tiempo para más objeciones, Rokugo dejo de contener sus fuerza y en su hombro  la trato como si fuera un saco de papas.

—¿Qué estás haciendo? ¡Bájame ahora! —gritó Tilis, forcejeando sin éxito.

—Lo siento, princesa, pero tu seguridad es mi prioridad. —Rokugo sonrió mientras caminaba hacia la puerta trasera del castillo.

—¡Ayuda! ¡Por favor, ayuda! —gritó la princesa Tilis, con una voz llena de desesperación.

La princesa, pidiendo ayuda, se dio cuenta de que nadie en el castillo la ayudaría. Con una mezcla de resignación y desesperación, se dio por vencida. Cuando por la puerta trasera del Castillo entraria Snow

—¡Rokugo! —exclamó ella, sin aliento——¡Rose y Grimm están en el campo de batalla! Y los titanes entraron ¡Necesitan ayuda! Heine y Gadalkand las están aplastando, Los titanes mataran a los civiles y destruiran todo a su paso y yo... yo no pude hacer nada. Soy una inútil.

Rokugo suspiró, cruzándose de brazos.

—No tienes que decirme algo que ya sé. Pero, ¿qué esperas que haga? No estoy exactamente en condiciones de jugar al héroe.

Snow apretó los puños, claramente desesperada.

. ¡Por favor! ¡Tienes que salvar a Rose.. y tambien a Grimm! ¡No podrán resistir por mucho tiempo!

Snow, dolida y desesperada, se dejó caer al suelo, con una expresión de derrota en su rostro.

—Entrené y me esforcé demasiado, y aun así, el enemigo apenas notó mi presencia —dijo Snow, con una voz llena de desesperación.

Rokugo, con el cargo de conciencia, subió al techo del castillo. No había tiempo para ir a por Rose y Grimm, pero las ayudaría a la distancia con el rifle de Alice.

—Alice, necesito uses ese dispara granadas, Canjea munición con mis puntos malo— le dijo Rokugo, con una voz llena de determinación.

Rokugo, con una expresión de preocupación, se dio cuenta de que se había quedado sin puntos malos. Snow, al notar su situación, se ofreció a ser maltratada para que Rokugo pudiera obtener más puntos y usar sus poderosas armas.

—Si necesitas hacer algo que no me guste para nada... yo... —Snow respiró profundamente, sonrojada de vergüenza—. ¡Acaricia mis senos o hazme cualquier cosa que quieras!

Rokugo arqueó una ceja, -Pero Si es consensuado no recibiré puntos malos... a menos que..- y una sonrisa socarrona apareció en su rostro.

—¿Lo que sea, eh? —Con un movimiento rápido, le arrancó el calzón a Snow, quien gritó sorprendida, pero aceptó su humillación en silencio, decidida a cumplir su promesa.

Con la cantidad de puntos malos obtenidos de esa "interacción", Rokugo rápidamente canjeó la munición para el lanza granada y un arma equivalente de largo alcance. Acompañado por la princesa y Snow, se dirigió a una ventana en lo alto del castillo desde donde tenía una vista clara del campo de batalla. Apuntó el rifle con precisión hacia las criaturas titan atraidas por enemigo y, uno por uno, los fue destruyendo su nuca desde la seguridad de la torre.

Alice, con una expresión de concentración, le entregó el arma.

—Aquí tienes, Agente 6. Mi vision es perfecta, yo apunte, tu dispara —dijo Alice, con una voz calmada.

—¡Rose, Grimm, aguantad! —gritó Rokugo, con una voz llena de determinación.

Rokugo, con una mirada decidida, apuntó hacia el campo de batalla. Rose y Grimm, luchando valientemente, se encontraban rodeadas por el ejército de Heine. Rokugo, con precisión, comenzó a disparar, eliminando primero a las criaturas titan, seguido de los enemigos que se acercaban a ellas.

 Alice lo cargó y explicó:

—Esta municion son minigranadas diseñadas para atravesar el endurecimiento y explotar al incrustarse en la nuca. Incluso podrian acabar con un titan de tipo Golem siempre que tenga una distancia segura.

Rose y Grimm, al ver a su enemigo cayendo se llenaron de esperanza. Con renovada energía, continuaron luchando, aprovechando la cobertura que Rokugo les proporcionaba.

—¡Capitan, gracias! —gritó Rose, con una voz llena de gratitud.

Grimm, con una sonrisa de alivio, añadió:

—¡No moriré hoy, Capitan! —dijo Grimm, con una voz llena de determinación.

BANG. Otro Titan cayó al suelo, cuando la mini granada le destrozo el nervio de la nuca atravesando su cuello. BANG. Otro titan caeria al suelo. Los soldados del ejército de Heine comenzaron a entrar en pánico ante la repentina pérdida de sus unidades de apoyo, mientras buscaban la fuente de los disparos.

—¿Qué rayos está pasando? —murmuró Heine, quien estaba observando la situación desde las líneas traseras del ejército.

En el campo de batalla, Heine observó las explosiones con furia. Al darse cuenta de que los disparos provenían de la torre del castillo, gritó.

—¡Malditos! ¡Están disparando desde el castillo! ¡Gadalkand, sígueme! ¡Vamos a destruirlos!

Montando su grifo, Heine se dirigió hacia el castillo, seguida por los demonios que podían volar, incluido Gadalkand. La batalla ahora se acercaba peligrosamente al refugio de la princesa y los demás.

Abajo Los soldados decian - Bien, ahora podremos concentrarnos en los titanes, Rápido, hay que patar el muro. 

Rokugo, viendo la nueva amenaza volando hacia el, sonrió.

—Bueno, parece que nos hemos ganado toda su atención. Será divertido.

Mientras los demonios voladores, liderados por Heine y Gadalkand, se dirigían al castillo, Rokugo ajustó su brazalete y miró hacia su motosierra circular, su arma favorita.

—Es hora de que esta belleza vuelva a brillar, —dijo con una sonrisa. Activó el modo SIN LIMITES de su traje y salió al encuentro de los enemigos.

Al llegar al campo de batalla, Rokugo rugió mientras encendía la motosierra, la hoja vibratoria emitiendo un sonido ensordecedor. Sin dudarlo, se lanzó al combate, cortando a los demonios uno tras otro en un frenesí caótico. Gadalkand intentó detenerlo, pero Rokugo lo esquivó con velocidad sobrehumana

Desde su escondite, Snow observaba en estado de shock cómo Rokugo masacraba a los demonios. Por un momento, pensó que ella y la princesa también iban a morir en ese caos.

—¿Va a... matarnos también? —preguntó Snow con un hilo de voz.

La princesa Tilis, pálida de miedo, murmuró.

—Espero que no... pero no estoy segura.

Cuando todo se calmó, Snow y la princesa salieron de su escondite. Ambas estaban furiosas.

—¡Con esa motosierra pudiste habernos matado también! —gritó Snow.

La princesa asintió, todavía pálida.

—¡Es completamente irresponsable usar un arma tan peligrosa cerca de nosotras!

Rokugo, recuperando el aliento, sonrió con suficiencia.

—Relájense. Como ya dije, no mato mujeres. Estaban a salvo todo el tiempo.

Snow bufó, claramente frustrada.

—¡Eso no hace que sea menos aterrador!

La demonio morena, atónita y furiosa, lo miraba con incredulidad.

—¡Maldito! ¿¡Qué clase de humano eres tú!? —rugió Heine, aún sorprendida por el nivel de habilidad de Rokugo.

Sin embargo, tras unos minutos de combate, Rokugo comenzó a tambalearse. El efecto del modo SIN LIMITES había llegado a su fin, dejándolo inmóvil por el agotamiento.

—Vamos a hacer una tregua, Heine. Te doy un mes, Retirate y reorganiza tus fuerzas, después de eso... prepárate para algo peor que esto.

Heine, sin muchas opciones, aceptó la tregua, mirándolo con odio antes de retirarse junto con sus fuerzas. La batalla había terminado, al menos por ahora. Alice escoltaba a la princesa a su habitación para que se recuperara, Snow se quedó con Rokugo. Su expresión era una mezcla de alivio y enojo.

Con la adrenalina de la batalla todavía fluyendo, Snow se acercó a Rokugo, su rostro lleno de emoción y agradecimiento.

—No puedo creerlo, pero... gracias por salvarnos, —dijo Snow, mirando hacia otro lado.

Rokugo levantó una ceja, sorprendido.

—¿Eso fue un agradecimiento? ¿De verdad lo dijo la orgullosa Snow?

—Rokugo... yo... —titubeó, y antes de poder contenerse, se lanzó hacia él, besándolo apasionadamente. La emoción de la victoria y el alivio se habían apoderado de ella.

—¡Es lo menos que puedo hacer! —dijo Snow, cruzándose de brazos.

Rokugo, recuperando su típica actitud, sonrió con ironía.

—Snow, no voy a mentir. Eres sexy, pero no te veo como una posible pareja romántica. Como mucho, te consideraría una aventura de una noche.

Las palabras de Rokugo hicieron que Snow se sonrojara de furia.

—¡¿Cómo te atreves a decir algo así?! —gritó, sacando su espada con intención de matarlo.

Rokugo, todavía débil por el modo SIN LIMITES, movio su cabeza desesperadamente en señal de rendición.

—¡Calmate, Vamos ha hablarlo un momento ! ¡ No puedo moverme todavia, si usas esa espada seguro que morire !

A pesar de su enojo, Snow retrocedió, claramente frustrada pero incapaz de atacarlo en serio.

—¡Eres un idiota, Rokugo! —exclamó antes de salir de la habitación, dejando a Rokugo sonriendo como si nada hubiera pasado. 

 La batalla había terminado, La brecha habia sido sellada en tiempo record y entre los soldados de la Guardia Real que regresaban al castillo, Rose y Grimm destacaban, exhaustas pero satisfechas. Al entrar, notaron a Rokugo conversando con la princesa Tilis en el gran salón. La atmósfera parecía relajada, pero la conversación rápidamente captó la atención de ambas.

—Capitán, —dijo la princesa Tilis, con tono firme—, después de lo que hiciste en el campo de batalla, estoy considerando nombrarte caballero del Reino de Grace nuevamente. Eres una pieza valiosa, y creo que este reino necesita a alguien como tú.

Rokugo, sentado con las piernas cruzadas, respondió sin ningún respeto por la formalidad.

—No, gracias. Ser caballero es un fastidio. Tener que cuidar a mis subordinadas es demasiado trabajo. Prefiero evitarlo.

Antes de que pudiera decir algo más, Rose se lanzó hacia él como un torbellino, mordiéndole el brazo con fuerza.

—¡Eso es muy cruel comandante, Solo por eso lo muerdo! —exclamó, aún con los dientes hundidos en él.

Grimm, por su parte, tomó a Rokugo del otro brazo, con los ojos llenos de lágrimas dramáticas.

—¡No nos abandones otra vez! ¡Ya fue suficiente con la primera vez!

Rokugo, incapaz de moverse por la emboscada, levantó las manos en señal de rendición.

—¡Está bien, está bien! Perdón, fue solo una bromita. Relájense.

Grimm soltó su brazo y lo miró con una mezcla de alivio y reproche.

—¿Bromita? ¿Así le llamas a dejarnos?

Rokugo suspiró, mirando a Rose, quien todavía no soltaba su mordida.

—Rose, por favor, suelta mi brazo antes de que pierda la sensibilidad.

Rose finalmente lo soltó, pero su mirada seguía siendo desafiante.

Mientras la escena se desarrollaba, Snow observaba desde un rincón, claramente molesta pero tratando de mantener la compostura.

—Rokugo, no voy a preguntarte más sobre quién eres o de dónde vienes. Pero si no quieres ser caballero, al menos podrías trabajar como mercenario. El reino sigue necesitando tu ayuda.

Rokugo levantó una ceja, interesado.

—¿Mercenario, eh? Bueno, si es así, tengo una idea mejor. ¿Por qué no contratan a los agentes de Kisaragi como mercenarios? Somos eficientes, organizados, y... bueno, hacemos el trabajo. A nuestro estilo, claro.

Snow abrió la boca para protestar, pero la princesa Tilis habló antes.

—Esa idea podría funcionar, —dijo Tilis, pensativa—. Si su organización está dispuesta a trabajar con nosotros, podrían ser una fuerza de protección a largo plazo.

Rokugo sonrió ampliamente, claramente satisfecho.

—Princesa, creo que este es el comienzo de una hermosa relación laboral.

La princesa Tilis extendió la mano para sellar el trato.

—Entonces es un trato. A partir de ahora, consideraremos a Kisaragi como aliados contratados mientras el Reino de Grace se recupera.

Rokugo estrechó su mano con entusiasmo, mientras Grimm y Rose lo observaban con ojos brillantes, claramente aliviadas de que su Capitán no las abandonara.

Snow, aunque aún escéptica, cruzó los brazos y suspiró.

—Espero que esto no termine en desastre.

Rokugo se giró hacia ella con su típica sonrisa arrogante.

—Oh, Snow, conmigo al mando, el desastre está garantizado... pero también la victoria.

De vuelta en su base improvisada en el planeta 407, Alice revisaba los registros de Rokugo con expresión neutra. Rokugo, sentado cómodamente, esperaba buenas noticias, pero Alice lo miró con desaprobación.

—Capitán, tenemos un problema, —dijo Alice

Rokugo arqueó una ceja.

—¿Qué clase de problema? ¿Las chicas están empezando a enamorarse demasiado de mí? ¿O tal vez los demonios se están rindiendo porque les doy miedo?

Alice ignoró el comentario y señaló su brazalete.

—Tus puntos malos están en números negativos debido a... tu "despilfarro" en contenido inapropiado.

Rokugo frunció el ceño.

—¡¿Qué?! ¿Cómo es eso posible?

Alice suspiró.

—La última batalla, aunque efectiva, costó más puntos de los que tenías, así que ahora estás en deuda. Si regresas a Japón en este estado, el Escuadrón de Penitencia te castigará severamente.

El rostro de Rokugo se puso pálido.

—¡No puedo dejar que eso pase! ¡El Escuadrón de Penitencia es peor que enfrentar a esos Titanes!

Alice, como siempre, tenía una solución.

—Podemos enviar esa propuesta que dijiste a Kisaragi indicando que te harás cargo de nuestras operaciones en el planeta 407. Con tu idea de contratar a los agentes de Kisaragi como mercenarios para el Reino de Grace, podremos generar ingresos y justificar nuestra permanencia aquí.

Rokugo sonrió ampliamente, su confianza regresando.

—Alice, eres un genio. Eso me dará tiempo para acumular más puntos malos y evitar ese maldito castigo.

Esa noche, Alice preparó un informe detallado para Kisaragi. Incluyó información sobre la finalización de la máquina teletransportadora, la construcción de una base en el planeta 407, y los detalles sobre cómo el Reino de Grace podría ser un cliente valioso para la organización. mientras Rokugo la observaba desde detrás, un poco aburrido. La pantalla mostraba fotos y notas, todo lo necesario para informar a la Corporación Kisaragi sobre su progreso. Al final del documento.

En la imagen aparecían Rokugo, Alice, Snow y Rose posando. Rokugo sonreía ampliamente con su típico aire de confianza. Alice mostraba su habitual expresión impasible. Rose, con una expresión confundida, sin entender por qué estaban posando; y Snow, quien miraba con desconfianza y escepticismo. y Grimm estaba dormida en una esquina, completamente ajena a lo que sucedía.

—Ah, eso debería bastar para el reporte —dijo Alice con satisfacción, añadiendo un toque final al documento—. La maquina esta para recibir más agentes de Kisaragi y la casa puede adaptarse como hospedaje temporal. ¡Será el comienzo de nuestra conquista de este planeta!

Rokugo se rió y se cruzó de brazos.

—¡Perfecto! Aunque, a decir verdad, ¿no crees que Kisaragi deberían darnos un descanso?

Alice le lanzó una mirada seria.

—No te olvides de que tienes un contrato que cumplir, Rokugo. Aunque sí, admito que has sido bastante... "dedicado" en tu trabajo.

De vuelta en la base principal de Kisaragi, las ejecutivas revisaban el informe. Lilith, la científica otaku, no pudo evitar soltar una carcajada al ver la foto.

—¡Miren esto! Rokugo parece estar disfrutando demasiado de su misión. ¿No creen? —dijo, señalando la imagen con burla.

Belial, siempre autoritaria, arqueó una ceja.

—Ese idiota probablemente está usando esto como excusa para no regresar. ¿Qué demonios está haciendo con ese escuadrón?

Lilith continuó, sin perder la oportunidad de molestar a Astaroth.

—Apuesto a que no regresa porque, en ese planeta, al estar en guerra, hay pocos hombres y muchas mujeres hermosas. Seguro ya se consiguió una amante, ¿verdad, Astaroth?

Astaroth, visiblemente incómoda, negó rápidamente, su rostro enrojecido.

—¡Eso es absurdo! Rokugo no es así. Estoy segura de que está concentrado en su misión... ¡y nada más!

Belial rodó los ojos.

—Conociendo a Rokugo, seguro está causando caos. Solo espero que no comprometa la reputación de Kisaragi.

Mientras tanto, Astaroth permanecía en silencio, tratando de convencerse de que Lilith estaba equivocada. Sin embargo, no podía evitar sentir una punzada de preocupación por lo que Rokugo podría estar haciendo en ese lejano planeta.

En el patio de entrenamiento de la base de Kisaragi, Belial se encontraba de pie frente a dos nuevos agentes, sus brazos cruzados y su mirada severa. Los recién llegados, etiquetados como F17 y F18, estaban arrodillados, ambos mostrando signos claros de haber sido sometidos a un combate brutal.

—Escuchen bien, —gruñó Belial, señalándolos con un dedo intimidante—, aquí no importa quiénes eran antes. Ya no son "Faustress del Viento" ni "Héroe". Ahora son F17 y F18, y obedecerán las órdenes de Kisaragi. ¿Está claro?

F18, el más joven de los dos, alzó la vista con un brillo desafiante en sus ojos.

—¡No puedo aceptar esto! ¡Soy un príncipe, y mi país me necesita! ¡Déjeme ir!

F17, por su parte, se giró hacia su compañero, su expresión marcada por el rencor.

—¡Todavía tengo asuntos pendientes contigo, ! ¡Quiero enfrentarme a ti ahora mismo!

Belial no perdió tiempo en acabar con sus protestas. Con un movimiento rápido, lanzó un golpe que dejó a ambos fuera de combate, estampados en el suelo.

—Ya basta, —dijo con tono gélido—. No tienen derecho a quejarse. Ahora son agentes de Kisaragi y cumplirán con su deber.

Desde una ventana del edificio principal, Astaroth observaba la escena con una mezcla de curiosidad y desconcierto. A su lado, Lilith revisaba un monitor mientras murmuraba para sí misma.

—¿Quiénes son esos dos? —preguntó Astaroth, frunciendo el ceño—. Nunca los había visto antes.

Lilith, sin apartar la vista del monitor, respondió con indiferencia.

—Simplemente aparecieron de la nada en el patio de Belial. Según lo que me dijo, comenzaron a atacarse mutuamente sin razón aparente, así que los venció y los reclutó.

Astaroth parecía preocupada.

—¿Y qué historia tienen? ¿De dónde vienen?

Lilith se encogió de hombros.

—Eso no importa. Pronto olvidarán sus nombres, su pasado y todo lo que eran antes. Así es como funciona Kisaragi. En poco tiempo, solo serán F17 y F18, agentes leales a nuestra causa.

Más tarde, en el interior de una celda temporal, F18 seguía resistiéndose a aceptar su destino. Golpeaba las paredes, mientras sus gritos resonaban en el pasillo.

—¡No pueden hacerme esto! ¡Soy un príncipe! ¡Mi gente me necesita!

F17, sentado en la esquina opuesta, lo miraba con desprecio.

—Deja de gritar. A nadie le importa quién eras. Aquí todos somos iguales.

F18 se giró hacia él, con los ojos llenos de ira.

—¿Y tú qué sabes? ¡Tú también tenías un título, un ejército! ¿No te importa haberlo perdido?

F17 apretó los dientes, su rostro endurecido.

—Claro que me importa. Pero Belial tiene razón. Ya no somos quienes éramos. Ahora solo somos herramientas para ellos.

De vuelta en la sala de control, Lilith y Astaroth observaban las cámaras de seguridad que mostraban a los dos nuevos agentes en su celda.

—F18 es testarudo, —comentó Lilith con una sonrisa divertida—. Pero pronto se dará cuenta de que no tiene elección.

Astaroth, con una expresión más seria, murmuró.

—¿Y si no lo hace? ¿Y si intenta rebelarse?

Lilith soltó una risa burlona.

—Entonces, Belial se encargará de él... otra vez. Aunque dudo que haga falta. Nadie puede resistirse a Kisaragi por mucho tiempo.

Astaroth se quedó en silencio, observando cómo F18 seguía golpeando las paredes, su espíritu aún intacto. Algo en su interior le decía que estos dos nuevos agentes serían más complicados de manejar que los reclutas habituales.

Mientras Alice enviaba el reporte, ambos se pusieron a revisar los informes de otros agentes. Rokugo hojeaba los reportes de forma desinteresada, hasta que uno en particular llamó su atención.

—Oye, ¿qué es esto? —preguntó Rokugo, señalando la pantalla—. Parece que el Agente 22 envió un mensaje de "Misión fallida, planeta hostil".

Alice frunció el ceño y revisó el archivo.

—Sí, ese es el Agente 22. Lo enviaron a un mundo similar a este, con tecnología medieval y aventureros. Veamos qué tiene que decir...

Rokugo y Alice comenzaron a leer el reporte, y a medida que avanzaban, sus expresiones se tornaban cada vez más sorprendidas.

Reporte del Agente 22: "Misión Fallida - Planeta Hostil"

"En mi llegada a este planeta, intenté iniciar con una táctica de baja visibilidad y acepté un empleo como albañil para recopilar información básica sobre la cultura local. Esto fue suficiente para mantenerme bajo perfil por un tiempo, aunque debo decir que el hecho de que nadie cuestionara mi traje tecnológico en un mundo medieval me resultó extraño."

"Entre mis compañeros de trabajo, había una mujer de cabello azul que parecía tener habilidades excepcionales. Podía construir paredes en un tiempo récord y sólo trabajaba medio turno en la construcción, lo cual levantó mi sospecha. En una ocasión, uno de nuestros colegas murió en un accidente, y ella lo revivió con facilidad, aceptando una cerveza como pago. Al principio pensé que era una especie de curandera, pero sus habilidades parecían exceder cualquier explicación lógica."

"En cuanto a la fauna local, descubrí que existen ranas gigantes que pueden devorar personas de un solo lengüetazo. Sorprendentemente, los aventureros de ese mundo cazaban a estas criaturas sólo con espadas. Vi incluso a un sujeto que podía manipular brazos gigantes que salían de su espalda para mover los cadáveres de las ranas. Honestamente, comencé a dudar de mi propia cordura al ver cosas así."

"Entre mis observaciones, noté también que una persona lograba causar explosiones gigantescas, aparentemente sólo para cazar una de estas ranas. Lo más extraño de todo es que nadie parecía alarmado; era algo rutinario para ellos. Fue en ese momento cuando comencé a pensar que este mundo era mucho más peligroso de lo que inicialmente había anticipado."

"Intenté ganar puntos malos para equiparme con mejores herramientas. Me acerqué a una mujer que parecía una guerrera y decidí asustarla, pero la situación se salió de control. Ella se emocionó y me atacó, y aunque intenté defenderme, su resistencia física era tan absurda que terminé rompiéndome la mano. Era como golpear una pared."

"Para mi asombro, incluso hubo un extraño hombre que afirmaba saber que yo era un espía. Me dijo que mi presencia allí era 'intrigante'. En un ataque de pánico, le disparé, pero no le hizo absolutamente nada. En lugar de reaccionar, simplemente se rió y se fue como si no le importara."

"Por último, debo mencionar que los vegetales en este mundo son capaces de salir de la tierra y atacar a cualquiera que tengan cerca. Los habitantes parecen estar acostumbrados a esto y hasta organizan cosechas armadas. Todo en este planeta es absurdo e ilógico, y he llegado a cuestionar mi cordura durante mi tiempo aquí."

"Para rematar, me informaron que la ciudad donde me encontraba, Axel, era una zona tranquila y usada por los aventureros novatos para iniciarse. Esto significa que, en teoría, era el lugar menos peligroso del planeta."

"Al completar mi máquina de teletransportación en una mazmorra abandonada que compre, antes llamada "El Calavoso de Keele" para salir de allí, decidí poner a prueba una última teoría sobre la gente de este mundo. Vi a una chica bajita y delgada, sola, y pensé que podría atacarla para medir su reacción. Sin embargo, me di cuenta de que estaba rodeada por esa misma albañil de cabello azul, la guerrera resistente y la de las explosiones. Parecía ser la líder de su grupo, y la forma en que la miraban y la respetaban me intimidó. Finalmente, desistí de mi plan y decidí abandonar ese lugar antes de que algo peor me sucediera."

Rokugo y Alice terminaron de leer el reporte en completo silencio. Rokugo parecía atónito, mientras que Alice miraba la pantalla con una mezcla de incredulidad y diversión.

—¿Así que... el Agente 22 fue prácticamente derrotado psicológicamente? —dijo Rokugo, soltando una carcajada—. ¡Ese tipo es un cobarde! ¡Una chica bajita lo intimidó sólo porque parecía ser la líder de un grupo! ¡Ja!

Alice asintió, aunque con un toque de seriedad en su mirada.

—Puede que sea divertido, pero si el Agente 22 falló en ese planeta, eso significa que hay algo más en ese lugar. No deberíamos subestimarlo, especialmente si queremos establecer una base allá en el futuro. Quizás sea mejor evitar enviar agentes a ese planeta... por ahora.

Rokugo chasqueó la lengua, intrigado. —. Bueno, mientras no nos crucemos con ellas, todo está bien.

Alice asintió, archivando el reporte del Agente 22 en los registros.

—De acuerdo, centrémonos en nuestra misión aquí. Pronto la base estará lista y podremos traer a los soldados de Kisaragi para iniciar la conquista en serio. Aunque, tal vez en el futuro tengamos que considerar qué tipo de enemigos pueden existir en otros mundos. Si hay personas como las que el Agente 22 describe, puede que enfrentemos obstáculos inesperados.

Rokugo se encogió de hombros, confiado.

—Bah, obstáculos o no, somos de Kisaragi. No hay planeta o grupo de aventureros raros que puedan detenernos.

Alice sonrió, aunque una parte de ella sentía curiosidad por aquel extraño mundo y sus inusuales habitantes. El misterio de ese lugar quedaba como una incógnita para el futuro, una que podría cambiar el rumbo de la Corporación Kisaragi en formas que ni siquiera ellos podían prever.

 

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