El Festival de los Muertos era una tradición antigua, un evento en el que los muertos regresaban cada año, siguiendo una regla ancestral. Grimm, había sido designada una vez más para llevar a cabo la ceremonia y asegurar que los muertos no causaran estragos en la ciudad.
Distintos agentes de Kisaragi fueron poco a poco llegando a la ciudad de Grace como mercenarios a travez de la maquina teletransportadora. La construccion de la base de Kisaragi estaba a cargo de Rokugo.
Grimm, como encargada del festival de los no muertos, estaba al borde del colapso. Necesitaba contener a los espíritus malignos en muñecos adorables antes de que comenzaran los rituales, pero no tenía los materiales necesarios.
—¡Rose! —gritó Grimm mientras terminaba de dibujar círculos mágicos en el suelo—. Ve por Rokugo y dile que compre unos peluches adorables. Necesitamos algo donde contener a los espíritus antes de que causen un desastre.
Rose, siempre despreocupada, asintió y salió corriendo. Sin embargo, al llegar a donde estaba Rokugo, lo encontró junto al Hombre Tigre, ambos riendo a carcajadas mientras obligaban a Russel a limpiar con un uniforme de sirvienta. El chico, completamente humillado, intentaba ignorar las burlas de sus "captores".
—¡Nyaa, limpia mejor o te haré decir 'amo Rokugo'! —dijo el Hombre Tigre, mientras Rokugo se doblaba de risa.
Rose, sorprendida por la escena, se quedó sin palabras. Al final, olvidó mencionar los detalles importantes sobre los peluches y solo le dijo a Rokugo que Grimm lo necesitaba urgentemente.
Cuando Rokugo llegó al lugar, Grimm ya estaba peleando con unas estatuas de barro improvisadas. Los espíritus malignos que intentaba contener se resistían, provocando pequeñas explosiones de energía que esparcían barro por todas partes.
—¡¿Qué demonios estás haciendo?! —gritó Rokugo, cubriéndose el rostro cuando un chorro de barro casi lo alcanza.
—¡Tú! ¡Llegas tarde! —chilló Grimm, señalándolo acusadoramente—. ¡Tenías que traer peluches adorables!
Rokugo arqueó una ceja, confundido.
—Peluches... ¿qué? Nadie me dijo nada de eso. Traje esto. —Sostuvo un "Destripador", un horrible juguete de la mascota de Kisaragi, que más que adorable, parecía sacado de una película de terror.
Grimm lo miró con incredulidad y luego explotó.
—¡Eso está horrendo! ¿Cómo se supone que los espíritus van a descansar en algo tan espantoso?
Intentando calmar la situación, Rokugo avanzó hacia ella, pero uno de los muñecos de barro explotó justo en ese momento, cubriéndolo por completo.
—¡Ya basta! —gritó Rokugo, enfurecido. En un arrebato, Tomo la falda de Grimm y la envolvió sobre ella como si fuera un capullo.
—¡¿Qué haces?! —chilló Grimm, histérica.
—¡Si vas a causar problemas, al menos hazlo sin ensuciarme! —respondió Rokugo.
Rose llegó justo en ese momento, mirando la escena con asombro.
—Ah, esto es un desastre. —Suspiró—. Para tu información, Capitán, este festival es importante porque las almas de los fallecidos visitan a sus parientes poseyendo muñecos. Por eso deben ser adorables. Si no tienen un muñeco que poseer, se meterán en sus antiguos cuerpos, formando zombies. Estaba usando muñecos de barro para contenerlos, pero no aguantaron lo suficiente.
Rokugo se quedó mirándola, incrédulo.
—¿Y ahora me lo dices? Lo siento, peor no me interesa.
Grimm se aferro hacia Rokugo, con su expresión desesperada habitual.
—¡Rokugo! Necesito tu ayuda para el festival. ¡Por favor, haré lo que sea! —gritó, aferrándose a su brazo.
Rokugo levantó una ceja, sospechoso.
—¿Lo que sea, eh? Bueno, recuerda que ambos somos adultos. Si intentas pagarme con un mugre beso como Snow, no voy a perdonarte.
Grimm se sonrojó violentamente, retrocediendo.
—¡¿Qué estás insinuando?! —chilló, claramente nerviosa.
Rokugo sonrió con suficiencia.
Grimm empezó a tartamudear, sin saber cómo responder. Finalmente, cambió el tema rápidamente.
—¡Basta de tonterías! Necesito tu ayuda para recolectar una flor especial que solo crece bajo la luna llena. Sirve para atraer a los espíritus. ¡Es urgente!
Rokugo se levantó, encogiéndose de hombros.
—Está bien, vamos. Pero primero recojo mis cosas de la casa... y Rose, ve por algo de comida. —Señaló a Rose, que ya parecía emocionada ante la idea.
De vuelta en la base, Rokugo entró cubierto de barro, visiblemente agotado. Al llegar, vio a Snow trabajando con diligencia en unos proyectiles hechos a mano. Alice, a su lado, estaba supervisando.
—¿Qué está haciendo? —preguntó Rokugo, señalando a Snow.
Alice respondió sin apartar la vista del trabajo.
—Snow cayó en quiebra después de la reducción de sueldo. Así que la contraté para que trabaje para mí. La estoy capacitando.
Snow miró de reojo a Rokugo, lanzándole una mirada de odio puro.
—No digas nada, Rokugo, o juro que esto no terminará bien para ti.
Rokugo alzó las manos en señal de rendición, pero no pudo evitar sonreír.
—¿Sabes, Snow? Creo que finalmente estás encontrando tu lugar en el mundo.
Snow apretó los puños, pero Alice la detuvo antes de que lanzara algo.
¿Qué podría salir mal en un simple festival de los no muertos? Bueno, con Rokugo y compañía, la lista era interminable.
Rokugo se acercó a Rose mientras ella afilaba una pequeña daga con sus garras, distraída. Decidió abordar un tema que le había estado rondando la cabeza desde que capturaron a Russel.
—Oye, Rose. —Rokugo se sentó a su lado con una sonrisa perezosa—. ¿Por qué no le preguntas a Russel sobre tu pasado? Es obvio que él sabe algo. ¿No tienes curiosidad?
Rose se detuvo un momento, mirando la hoja de su daga. Luego, suspiró.
—Claro que quiero saberlo. Pero... ¿y si no me gusta lo que descubro? —admitió con una honestidad poco habitual en ella—. Russel odia a los humanos, igual que mi abuelo, y no quiero que, al saber mi pasado, termine odiándolos yo también.
Rokugo la miró sorprendido. No esperaba tanta profundidad en su respuesta.
—Además —continuó Rose, encogiéndose de hombros—, después de ver cómo se deja tratar como sirvienta en Kisaragi, no puedo tomarlo en serio.
Rokugo se rió.
—Eso tiene sentido. Aunque, sinceramente, Russel no me agrada.
La expedición nocturna comenzó con Rokugo, Grimm y Rose adentrándose en el bosque bajo la luz de la luna. Rokugo comentó cómo, gracias a las modificaciones de Kisaragi, podía ver parcialmente en la oscuridad. Grimm, por su parte, insistió en que su visión nocturna era gracias a Zenarith.
—No me importa si es gracias a Zenarith o a que comes zanahorias —dijo Rokugo con tono aburrido—. Solo guía el camino, ya es bastante malo estar en el bosque.
- ¿Por que eres tan frio conmigo? Si sigues asi te maldeciré.
Mientras discutían, un hedor nauseabundo llenó el aire. Antes de que pudieran reaccionar, un grupo de zombis apareció tambaleándose entre los árboles. Rokugo buscó un arma, pero no tenía nada útil a mano.
Rose, en cambio, cayó de rodillas, sujetándose la nariz.
—El olor... me está matando... —murmuró con debilidad.
El hedor era insoportable.
No era el olor a carne humeda
de los titanes, ni el humo sulfuroso de los demonios. Era algo peor: una mezcla de tierra mojada, vísceras en descomposición y flores marchitas que se colaba por la nariz como una maldición olfativa.
Rose cayó de rodillas, con los ojos llorosos y las manos apretadas contra su rostro.
—¡No puedo! —gritó, con la voz temblorosa—. ¡Huelen como si hubieran estado enterrados bajo un pantano durante cien años! ¡No puedo pelear así!
Rokugo, por su parte, retrocedió instintivamente, con los ojos desorbitados y la espalda pegada a un árbol.
—¡Zombies! —susurró, con una voz que delataba un pánico genuino—. ¡No otra vez!
Grimm lo miró, primero con incredulidad... luego con decepción.
—¿Tú? ¿El Capitán Rokugo, el hombre que enfrentó titanes, demonios y robots gigantes... le tiene miedo a unos zombies?
Rokugo no respondió. Solo tragó saliva, con las manos temblando ligeramente.
—En el Tercer Planeta... los zombies no eran así —murmuró—. No eran... reales. Eran solo... ficción. Películas. Juegos. Pero aquí... aquí huelen a muerte de verdad.
Grimm suspiró, como si acabara de perder toda la fe en él.
—Bueno, si tú no vas a hacer nada... lo haré yo.
Con una determinación inusual, Grimm se puso de pie, sacudiéndose el barro de su túnica morada. Alzó las manos al cielo, con los ojos brillando bajo la luz de la luna llena.
—¡Espíritus errantes! ¡Almas en pena! ¡Escuchen mi voz! ¡Soy Grimm Grimore, sacerdotisa de Zenarith! ¡Por su voluntad, les ordeno que se retiren y esperen al Festival de los No Muertos! ¡No es hora de vagar!
Los zombies se detuvieron.
Por un instante, todo pareció funcionar.
Pero entonces... uno de ellos gruñó. Otro avanzó. Y el resto los siguió... no con el andar torpe de los muertos hambrientos... sino con movimientos precisos, coordinados... como si tuvieran una misión.
—¡No me están escuchando! —gritó Grimm, retrocediendo—. ¡Esto no es normal!
Los zombies no intentaron morderla. No la agarraron para devorarla. En cambio, uno de ellos levantó un brazo putrefacto y la empujó con fuerza, mientras otro intentaba estrangularla con sus dedos negros.
—¡No quieren hacerme caso ! —exclamó Grimm, con los ojos llenos de terror—. ¡Quieren matarme!
Rokugo, aún paralizado por el pánico, intentó activar su brazalete.
—¡Alice! ¡Envíame armas! ¡Cualquier cosa!
Pero la pantalla del brazalete parpadeó en rojo.
SALDO DE PUNTOS MALOS: -47
NO SE PERMITEN CANJEOS HASTA QUE EL SALDO SEA POSITIVO
—¡Maldita sea! —gritó Rokugo, golpeando el brazalete contra un árbol—. ¡El Destructor me dejó en bancarrota!
Rose, aún en el suelo, intentó levantarse, pero el olor la mantenía inmovilizada.
—¡Grimm! ¡Corre!
Pero ya era tarde.
Grimm, acorralada contra un tronco, cerró los ojos. Y en lugar de pedir ayuda...
—¡No tengo otra opción! —gritó, levantando las manos—. Voy a retirar la bendición de Zenarith en esta área.
—¡Oh, Zenarith! —gritó, con una voz que resonó como un eco sobrenatural—.¡Quita tu bendición de este lugar! ¡Que ningún alma en pena pueda poseer cuerpo alguno!
Un silencio sepulcral cayó sobre el bosque.
La luna se oscureció por un instante.
Y entonces... todos los zombies se desplomaron.
No se desintegraron. No explotaron. Simplemente... dejaron de moverse. Se convirtieron en cadáveres inertes, como si nunca hubieran sido más que cuerpos muertos.
Pero Grimm... también cayó.
Su cuerpo se deslizó lentamente por el tronco, hasta quedar tendido en la tierra, con los ojos abiertos... y vacíos.
Rokugo, liberado del pánico, corrió hacia ella.
—¡Grimm! —gritó, arrodillándose a su lado—. ¡Despierta!
Pero no había pulso. No había aliento. Solo frío.
Fue entonces cuando lo entendió.
—...No era humana —murmuró, con la voz quebrada—. Era... una de ellos.
Rose, todavia incapaz de luchar, se acercó con los ojos llenos de lágrimas.
—¿Qué... qué quieres decir?
Rokugo miró los cadáveres alrededor, luego a Grimm.
Rose se arrodilló junto a Grimm, tocando su mejilla fría.
—Bien... —dijo Rokugo finalmente, levantando a Grimm como saco de patatas—. Llévemela al templo. Otra vez.
Rose asintió con resignación mientras seguían a Rokugo.
Al llegar al templo de Zenarith, Rokugo dejó el cuerpo de Grimm frente al altar.
—No sé cuántas veces más tendremos que hacer esto —dijo, masajeándose las sienes.
Rose lo miró con curiosidad.
—Grimm ya ha muerto por peores estupideces y siempre vuelve ¿Esta vez será diferente?
Rokugo sonrió.
—empiezo a preguntarme si Zenarith tiene un límite de reviviciones.
Rokugo y Rose esperaron pacientemente junto al altar del templo de Zenarith, pero Grimm no daba señales de regresar. La frustración comenzó a acumularse en Rokugo.
—¿Por qué tarda tanto esta vez? —preguntó, golpeando el suelo con impaciencia.
Rose miró a Rokugo con preocupación.
—¿Y si Zenarith ya no quiere revivirla? ¿Qué hacemos si Grimm no vuelve?
Rokugo se cruzó de brazos, pensativo.
—Tal vez Zenarith se ofendió porque Grimm se removió su propia bendición. —Suspiró, mirando su bolsa de pertenencias—. Bueno, tengo una idea.
Cuando Grimm despertó, no se encontraba en el Templo de Zenarith, algo no estaba bien. Al abrir los ojos, una sensación de vacío la invadió.
—¿Qué... sucedió? —dijo Grimm, mirando las paredes de piedra del templo. Estaba sola.
En ese momento, Zenarith, la deidad habló en su mente, su voz profunda y majestuosa.
—¿Qué has hecho, hija mía? —la voz retumbó en su cabeza. Tu exorcismo me ha ofendido muchísimo
Grimm se tensó. ¡No! —gritó. ¡No quería!
Zenarith siguió, ofendida.
—Al realizar el exorcismo en área, te has despojado de la bendición que te otorgué. Te la otorgue para que pudieras existir más allá de la muerte, pero tú has decidido despojarte de eso.
Grimm, ahora visiblemente afectada, comenzó a temblar. No, esto no puede ser cierto, pensó.
Al mismo tiempo, en el templo de Zenarith, Rokugo sacó unas monedas que había estado coleccionando como un pasatiempo y las colocó en la ofrenda del altar.
—Espero que esto sirva como un soborno divino —dijo con sarcasmo.
Pocos segundos después, un resplandor iluminó el altar, y Grimm apareció de nuevo, tosiendo y luciendo confundida.
Grimm permanecio, postrada, mirando al suelo con una expresión de profundo pesar.
Rokugo la miró de forma extraña, misteriosa, y en ese momento, todo comenzó a encajar.
—¿Te sientes bien, Grimm? —preguntó, con un tono más serio del usual.
Grimm levantó la cabeza, sus ojos pálidos reflejaban una tristeza profunda.
—No estoy viva, ¿verdad? —murmuró, sin mirar a nadie en particular.
Rokugo, al escuchar sus palabras, lo entendió todo. Grimm no estaba completamente viva, sino que era un cadáver reanimado, con un alma atrapada en una existencia entre la vida y la muerte.
—Grimm... —dijo Rokugo, con una mezcla de sorprendido y compasivo. Tú nunca fuiste "normal".
Grimm se apartó de su mirada, como si se estuviera negando a aceptarlo.
—¡Eso no es cierto! —gritó. ¡Yo... yo estoy viva! ¡Vivo, respiro, siento!
Pero en el fondo, Grimm sabía que la verdad era más amarga que cualquier mentira. Su piel fría, su mirada vacía, su sensación constante de desconexión del mundo vivo, todo cobraba sentido ahora.
—No... no soy un muerto... no soy un no-muerto... —se repitió, con voz quebrada.
Rokugo observó, con una mirada fría, mientras Grimm seguía luchando contra lo que en su interior ya sabía.
Rokugo levantó una ceja, claramente no creyéndole.
—Como digas, alivio cómico.
—¡No me llames así! —gritó Grimm, histérica, De pronto cambio de tema
—¡Rokugo! —exclamó, mirando a su alrededor—. Tuve un sueño horrible. Una mujer que decía ser Zenarith me regañó por haberme quitado mi bendición. Fue... aterrador.
Rokugo la observó, entrecerrando los ojos.
—¿Así que admites que te suicidaste al remover la bendición?
- Grimm no respondio,
Rokugo asintió sin mucho interés, aún mirando a Grimm, quien parecía más deprimida que de costumbre. El ambiente estaba cargado de una mezcla de tristeza y frustración, especialmente por parte de Grimm, quien no podía evitar sentirse como un recordatorio andante de su condición de "no-muerta".
Rokugo, decidió poner a prueba una hipótesis que había estado rondando su mente. Sabía que Grimm estaba vulnerable emocionalmente, y pensó que manipular sus sentimientos podría ser una excelente manera de obtener puntos malos. Además, tenía curiosidad por ver hasta dónde podía llegar con esto.
Con una sonrisa calculadora, Rokugo se acercó a Grimm y le dijo:
—Grimm, sé que últimamente has pasado por muchas cosas difíciles. Quiero hacer algo especial para ti. ¿Qué te parece si salimos esta noche? Pero no golpeando parejas felices o causando caos. Esta vez... quiero que seamos nosotros los que formemos una pareja feliz.
Grimm lo miró sorprendida, con los ojos bien abiertos.
—¿Una... cita? ¿Tú y yo? —preguntó, insegura pero claramente intrigada.
Rokugo asintió con una expresión fingida de sinceridad.
—Exacto. Solo tú y yo. Una noche para olvidar todo lo malo y disfrutar de algo bueno. ¿Qué dices?
Grimm, después de unos segundos de vacilación, aceptó. Necesitaba distraerse de la realidad aplastante de su existencia, aunque fuera solo por unas horas.
—Está bien... Acepto. Pero no hagas nada raro, ¿entendido?
La noche era tranquila, con el cielo despejado y las estrellas brillando sobre ellos. Rokugo llevó a Grimm a varios lugares que sabía que disfrutaría: un pequeño restaurante acogedor donde pidieron comida exquisita, un parque iluminado por faroles donde caminaron (bueno, Grimm rodó) tranquilamente, y finalmente un mirador desde donde se podía ver toda la ciudad.
A cada paso, Rokugo fingía ser el hombre ideal que Grimm siempre había soñado. Escuchaba atentamente sus historias, le hacía cumplidos extravagantes y hasta fingió interés en las largas explicaciones de Grimm sobre Zenarith.
—Sabes, Grimm, creo que eres mucho más interesante de lo que pensé al principio —dijo Rokugo con una sonrisa encantadora, aunque internamente seguía calculando cuántos puntos malos estaba ganando.
Grimm, por su parte, se sintió genuinamente feliz por primera vez en mucho tiempo. No podía evitar sonrojarse ante los halagos de Rokugo, y aunque una pequeña parte de ella sospechaba que algo no encajaba, prefirió ignorarlo y disfrutar del momento.
Al final de la noche, Rokugo revisó su brazalete y se sorprendió al ver cuántos puntos malos había acumulado. Tenia puntos malos en positivo denuevo.
—Vaya... Parece que ser un idiota manipulador realmente paga bien —murmuró para sí mismo, impresionado.
Cuando estaban cerca del barrio donde vive Grimm, esta se detuvo abruptamente. Miró hacia su casa con una expresión de vergüenza en el rostro.
—No quiero que me acompañes adentro... no quiero que veas eso —dijo Grimm, evitando hacer contacto visual.
Rokugo, aunque normalmente habría insistido solo para molestarla, decidió respetar su petición. Después de todo, ya había obtenido suficientes puntos malos por esa noche.
—Está bien, Grimm. Te entiendo. Nos vemos mañana —respondió con una leve inclinación de cabeza.
Grimm sonrió débilmente y comenzó a moverse en su silla de ruedas hacia su casa. Miró hacia atrás y murmuró:
—Gracias, Rokugo... Por una noche, me hiciste sentir... normal.
Rokugo observó cómo desaparecía dentro de su barrio y luego miró su brazalete nuevamente.
—Supongo que incluso siendo un combatiente de una organización malvada, puedo hacer esto—dijo con una media sonrisa antes de alejarse silbando.
Mientras regresaba a casa, se encontró con Alice, quien lo esperaba en la entrada con los brazos cruzados.
—Rokugo, la operación está lista, Los nuevos agentes han sido capacitados. A partir de mañana, aumenta la cantidad de personal para el servicio de mercenarios. Continuara este servicio hasta que terminemos de contruir nuestra fortaleza impenetrable, una vez que este lista, podremos comenzar nuestra conquista a este planeta.
Rokugo sonrió ampliamente, sintiéndose emocionado.
—Perfecto. ¡Era hora de que las cosas se pusieran interesantes!
De repente, un estruendo sacudió la tierra. Rokugo y Alice miraron hacia la dirección de su casa, que ahora estaba envuelta en llamas.
—¿Qué diablos fue eso? —gritó Rokugo.
Alice, analizando la situación rápidamente, respondió con calma:
—La causa más probable es un mal manejo de la pólvora almacenada. Snow probablemente provocó la explosión.
Rokugo se llevó las manos a la cabeza, desesperado.
—¡¿Por qué siempre me pasa esto a mí?!
Alice, con su habitual tono neutral, simplemente asintió.
—Bueno, será mejor que prepares tu informe. Esto no se ve bien para Kisaragi.
Rokugo soltó un largo suspiro mientras miraba el desastre frente a él.
—Un día más en el paraíso...
Rokugo, Alice, y Rose se reunieron frente a Snow, quien estaba sentada con los brazos cruzados y una expresión desafiante, mientras detrás de ellos la base aún humeaba por la reciente explosión.
—¡Habla, Snow! —exigió Rokugo, señalándola con dramatismo—. ¿Por qué nuestra base terminó hecha trizas?
Snow suspiró y, finalmente, confesó.
—Fui yo... Traje mi lanzallamas al almacén. —Se encogió de hombros, intentando restar importancia al asunto—. Me desahuciaron del castillo y de mi casa. No tenía dónde quedarme, así que traje mis cosas aquí.
Alice levantó una ceja.
—¿Y creíste que era una buena idea guardar un lanzallamas junto a la pólvora? —preguntó con su tono monocorde, mientras Rokugo se tapaba la cara con las manos.
Snow asintió tímidamente.
—No lo pensé mucho, la verdad.
Alice suspiró profundamente.
—Eres increíblemente incompetente. —Pausó antes de añadir— Pero tambien tengo la culpa por dejar que una extraterrestre que no tiene un concepto de explosivos maneje la pólvora, así que seguirás trabajando para nosotros hasta que pagues esta deuda.
Snow sonrió débilmente.
—Gracias... creo.
Por hoy, pasaremos la noche en una tienda de campaña, mañana iremos a contruir la base de Kisaragi. La destruccion de la casa, tambien significa la destruccion de la maquina teletransportadora, habra que contruir otra.
Al día siguiente, Rokugo reunió a su equipo para un discurso "inspirador". Snow estaba sentada leyendo un libro, Rose masticaba algo que había encontrado por ahí, y Russel, encadenado, observaba con una mezcla de aburrimiento y desprecio.
—¡Escuchen, idiotas! —dijo Rokugo, subiéndose a una pila de cajas que habían sobrevivido a la explosión—. A Partir de ahora, Soy el Comandante Rokugo de Kisaragi. El planeta Tierra está contaminado. Por eso Kisaragi ha decidido construir una base aquí en el planeta 407, y este será el centro de nuestra conquista. ¡Este es solo el comienzo!
Snow levantó la vista del libro, incrédula.
—¿Hablas en serio? ¿Conquista? —preguntó, con un tono de sarcasmo.
Rose le siguió, sin contener la risa.
—¿De verdad alguien se toma en serio tus discursos?
Russel, encadenado, solo resopló.
—Esto es patético.
Rokugo les lanzó una mirada furiosa.
—¡Es difícil ser líder de un grupo de idiotas como ustedes!
—¿Idiotas? —repitió Snow, poniéndose de pie con una mirada asesina. Del mismo Rose saco sus garas retractiles y mostro sus dientes. Russel veia esto como la oportunidad de romper sus cadenas y escapar. Rose y Snow se lanzaron hacia Rokugo, tratando de matarlo. Alice intervino rápidamente, calmando a todos.
—Snow, si cooperas, te daré un bono. Rose, si haces tu trabajo, recibirás comida extra. Rokugo, Si tienes tu propio cuarto podras ver porno en paz —Russel no dijo nada, sabiendo que no tenía elección.
Rokugo miró sorprendido cómo Alice controlaba a su equipo con facilidad.
—¿Por qué Alice es tan convincente? —murmuró para sí mismo.
Rokugo con los puntos malo que adquirio ayer, cambio una pala mecánica, la cual manejaria Alice, de ahi cada quien fue asignado un trabajo.
Sin embargo al poco de empezar la contruccion, fueron atacada, primero la muralla fue destruida, por Mipyokopyoko, una especie de Sapo titan que era capaz de autodestuirse, El sapo emanaba una gran cantidad de vapor hasta explotar.
Y despues de destruir la muralla de Kisaragi, otras criaturas se acercaron. En el su territorio asignado, Rokugo y las chicas, como siempre, se encontraban enfrentando una larga lista de amenazas. El primero de estos obstáculos fueron los titanes animales que pasaban por la brecha.
—¿En serio esto está pasando? —preguntó Rokugo, mirando a un enorme tigre titan que había aparecido en medio de la construcción, arrancando los cimientos de la base.
A su alrededor, Agentes de Kisaragi y las chicas estaban preparadas para atacar, pero se veía que los ataques que recibían de estos titanes animales no eran tan fáciles de detener.
—No puede ser, esto es una pesadilla... —murmuró un agente, mientras intentaba desintegrar a un lobo titan que se lanzaba contra ellos.
- La Nuca, Destruyanles la nuce- Diria Rokugo a los agentes.
—¡Esto no es nada! ¡Los titanes animales están por todas partes! —gritó Snow, mientras miraba a Rose, que estaba luchando por mantenerse firme.
Rokugo, viendo el caos que se estaba desatando, hizo una seña a Alice, quien rápidamente canjeó puntos malos por un tractor blindado que ayudaría a limpiar el área.
—aquí parece que se presentan como animales mutados, tal vez debido a la radiación —dijo Alice, mientras controlaba el tractor con precisión
La primera horda parecia haber sido acabada con exito con las habilidades de Snow. Mientras trabajaban en reconstruir la base, otra horda, esta vez de Mokemokes, Supopotchis atacó sin previo aviso. Alice notó desde lejos que la tribu Kachiwari parecía controlar a las criaturas.
—Esto no es una coincidencia —dijo Alice mientras disparaba con precisión su lanza granadas.
Rokugo, agotado, se quejó.
—¡¿Por qué todos quieren destruir mi base?!
- Puede que sea su forma de defender su territorio
- Eso da miedo
La tribu Kachiwari se retiró al amanecer, pero antes de que pudieran relajarse, un nuevo grupo apareció: la tribu Hiiragi. Snow palideció al verlos.
—Son extremadamente agresivos —explicó Snow, sacando su espada—. Si ven algo cerca del bosque, lo destruyen.
Los Hiiragi comenzaron a bailar de manera extraña, y, de repente, un láser cayó del cielo, destruyendo por completo la base.
—¡Esto no puede ser real! —gritó Rokugo, tirándose al suelo.
Alice analizó rápidamente la situación.
—No hay satélites visibles, mas que los espias que instalo Kisaragi, pero ese láser era claramente un arma avanzada.
Los de la tribu Hiiragi se retiraron, llevándose a Russel como prisionero, Rose y Snow irrian a rescatarlo
Rokugo, susurró:
—Este lugar está maldito...
Rokugo, exhausto, miró a Alice.
—¡Arma avanzada o no, me niego a perder contra estas tribus! ¡Quiero un plan para mañana!
Alice asintió.
—Entonces será mejor que prepares más puntos malos. Esto no será barato.
En la noche, mientras el campamento de Rokugo intentaba recuperar algo de normalidad tras los eventos recientes, Rose apareció arrastrando a Snow y a Russel, quienes parecían tan derrotados como su base hace unas horas.
—Aquí están estos inútiles —dijo Rose, dejando caer a ambos frente a Rokugo con un gesto despectivo.
Rokugo observó cómo Snow se cruzaba de brazos, claramente ofendida, mientras Russel simplemente suspiraba y miraba hacia el suelo.
—¿No tienes más dignidad, Russel? —preguntó Rokugo con tono burlón.
Russel, en lugar de responder con enojo, se levantó lentamente y fue hacia la fogata para comenzar a cocinar. Rokugo levantó una ceja.
—Bueno, al menos el chico es útil en algo. —Rokugo observó cómo Russel movía con habilidad los utensilios—. Diría que te adaptaste demasiado rápido a ser nuestra sirvienta.
Russel, en un raro momento de confianza, respondió mientras removía una sopa improvisada:
—Si puedo ser útil para sobrevivir, lo haré. Además, no planeo quedarme aquí para siempre. Mi objetivo sigue siendo ayudar al ejército de Lord Demonio a eliminar al Rey de Arena. Si no fuera por tu interferencia, ya lo habríamos hecho.
Rose frunció el ceño, pero no dijo nada. Rokugo, por otro lado, se rió a carcajadas.
—¿Como planeaban derrotar al Rey de Arena?
Russel lo ignoró, sirviendo la comida con un gesto seco.
Esa misma noche, Habiendo construido un muro provisional que quitaría la atención de los titanes del bosque, mientras descansaban alrededor de la fogata, Alice notó un movimiento extraño en la oscuridad.
- ¿No podemos construir nuestra base en otra parte? - Se quejo Rokugo
- Esta ubicación es estratégica, esta intermedia entre El reino de Grace, y el Reino de Toris, además de frente al bosque, La idea era poder ir por recursos, a la vez que se podría capturar ejemplares vivos, su habilidad de regenerarse ha puesto el ojo Kisaragi como armas biologicas. Pero temo que subestime el poder de estas criaturas que llaman titanes.
—Tenemos compañía. —Su tono era neutro, pero sus ojos brillaron con un escaneo rápido.
Arriba de los muros, figuras tambaleantes comenzaron a aparecer. Eran zombis. Snow se levantó de un salto, espada en mano.
—¿Zombis? —murmuró Rose, retrocediendo mientras se cubría la nariz del hedor.
Alice analizó a las criaturas, inclinando la cabeza.
—Asi que esos son los zombies que mencionaste, Podrían ser víctimas de un parásito diseñados para controlar cadáveres, o talvez son robots . No hay forma de saberlo sin una muestra.
Las quimeras se taparon la nariz y se escondieron. Los agentes de Kisaragi, quienes nunca habían enfrentado algo así, retrocedieron aterrados.
—Esto es como esas películas de terror... —murmuró uno, temblando.
Rokugo cerro los ojos.
—¡Pateticos cobardes! —gruñó, señalando Snow, Saco su espada a enfrentar a los zombies, por un bono de Alice.
—. ¡Mira a Snow, una alienigena peleando contra estas cosas sin pensarlo dos veces!
Los agentes comenzaron a susurrar entre ellos.
—Es increíble... —dijo uno—. Tanto como la ejecutiva Belial. - Dijo un agente de combate pensando en la silueta de Snow.
Snow escuchó los murmullos y, confundida, pensó que hablaban de su destreza en combate.
—Gracias... supongo. —Sonrió ligeramente mientras cortaba a otro zombi.
Alice, al ver que los zombis seguían llegando, tomó una decisión.
—No tenemos más opciones. Quemen el bosque.
Snow giró en shock hacia Alice.
—¡¿Qué?! ¡No puedes hacer eso! ¡El bosque se defenderá!
Alice no respondió, ya que varios agentes pidieron con sus puntos malos lanzallamas comenzaron a prender fuego a los alrededores. Snow tenía razón: las ramas cobraron vida y atacaron a los combatientes, Luego de las ramas emano vapor frio, apagando el fuego.
De entre la vegetación apareció una figura humanoide de planta, con forma femenina pero claramente alienígena. Desde la mitad de lo que sería su cabeza, disparó un láser que destruyó el campamento en segundos.
—¡¿Qué clase de lugar es este?! —gritó Rokugo, tirándose al suelo mientras esquivaba los escombros.
Tras un día agotador enfrentándose a una invasión masiva de zombis, titanes, rayos laser y al bosque. Los agentes de Kisaragi volvieron a Grace a acampar la noche.
Rokugo decidió tomarse un descanso junto al recién llegado Agente 10. Ambos se sentaron en un claro iluminado por la luz de la luna, compartiendo historias y estrategias para ganar puntos malos.
El Agente 10, siempre educado pero con un lado oscuro peculiar, comenzó la conversación:
—Sabes, Rokugo, tengo un método infalible para ganar puntos malos. Solo necesitas estar dispuesto a ser exhibicionista. Por ejemplo, me gusta espiar a la gente sin que lo sepan. Es increíblemente fácil si sabes cómo mantenerte oculto.
Rokugo arqueó una ceja, intrigado.
—¿Espiar? Eso suena morboso. Continua
El Agente 10 sonrió con malicia.
—Oh, créeme. Una vez tuve una obsesión sádica con mi hermana adolescente. La acosaba y atormentaba constantemente. Cada vez que me miraba con miedo en sus ojos, ganaba puntos malos sin esfuerzo.
Rokugo soltó una carcajada.
—Vaya, eso sí que es retorcido. Pero déjame contarte algo mejor. Descubrí que puedes obtener puntos malos fácilmente si ilusionas a alguien con necesidad de afecto. Lo probé con una aliada mía ayer. Solo fingí ser su príncipe azul por una noche, y ¡bam! Puntos malos garantizados.
El Agente 10 asintió, impresionado.
—Interesante... Parece que ambos tenemos nuestros métodos. Pero dime, ¿Cómo Te infiltrarias en este mundo? Por ejemplo.. en el castillo de la princesa Tilis es prácticamente inexpugnable.
Rokugo sonrió con suficiencia.
—Ah, eso seria fácil si sabes cómo hacerlo. Escucha, te daré algunos trucos que aprendí. Primero, usa orina de un super depredador, o creo que del Hombre Tigre igual funcionaria, para distraer a los perros guardianes, esos de los pocos animales normales de aqui. Luego, identifica los puntos ciegos del muro. Los guardias están mas atentos a usos de equipos de maniobras 3d que ha infiltradas a la antigüita.
El Agente 10 aceptó encantado.
—Perfecto. Entonces, ¿me estás diciendo que podría entrar en el castillo sin ser detectado?
Rokugo asintió.
—Exacto. Solo asegúrate de no dejar rastro.
El Agente 10
- Otro consejo a cambio, Si quieres maximizar los puntos malos, desnúdate en la habitación de la victima. Nadie notará que estás ahí. Ahora, Voy a intentarlo esta noche.
Esa misma noche, el Agente 10 siguió las instrucciones de Rokugo al pie de la letra. Usando la orina del Hombre Tigre, evitó a los perros guardianes sin problemas. Escaló rápidamente el muro del castillo y se coló en la habitación de la princesa Tilis sin que nadie lo notara.
Una vez dentro, se despojó de su ropa y se escondió en un rincón oscuro. La princesa Tilis, ajena a su presencia, dormía plácidamente. Durante toda la noche, el Agente 10 permaneció allí, disfrutando de su propia audacia mientras acumulaba puntos malos sin esfuerzo.
Mientras tanto, Rokugo decidió poner en práctica su propio método. Fue al parque donde solía encontrar a Grimm molestando parejas felices. Esta vez, en lugar de unirse a ella para golpear a las parejas, decidió cambiar de táctica.
Cuando veio a Grimm, se acercó con una expresión seductora.
—Grimm, deja de arruinar momentos felices. Hoy quiero intentar algo diferente.
Grimm lo miró sorprendida.
—¿Diferente? ¿Qué tienes en mente?
Rokugo le tomó la mano con gesto galante.
—Hagamos algo especial. Solo tú y yo. Dejemos que las parejas sean felices por una vez.
Grimm se sonrojó, completamente ilusionada.
—¿De verdad? ¿No estás jugando conmigo?
Rokugo negó con la cabeza, fingiendo sinceridad.
—Claro que no. Quiero que esta noche sea memorable para ti.
Mientras Grimm se perdía en sus fantasías románticas, Rokugo revisó su brazalete y sonrió al ver cómo los puntos malos aumentaban rápidamente.
—Funciona incluso mejor de lo que esperaba —murmuró para sí mismo.
Al final de la noche, ambos agentes regresaron al punto de encuentro. El Agente 10 estaba eufórico por su éxito en el castillo, mientras Rokugo seguía complacido con su manipulación emocional de Grimm.
—Creo que hemos encontrado nuestras nuevas estrategias favoritas —dijo el Agente 10 con una sonrisa.
Rokugo asintió, ajustando su equipo de maniobras tridimensionales.
—Definitivamente. Parece que ganar puntos malos nunca había sido tan fácil.
Ambos compartieron una carcajada, sabiendo que su reputación dentro de Kisaragi solo crecía con cada acto despreciable que cometían.
Al regresar al campamento, Rokugo se encontró con Alice en medio de la reconstrucción del equipo improvisado. Ella lo miró con una mezcla de sospecha y resignación.
—Déjame adivinar —empezó Alice—, ¿estuviste ganando puntos malos de forma cuestionable otra vez?
Rokugo sonrió, orgulloso.
—Por supuesto, ¿acaso no soy el mejor en eso?
Alice lo ignoró y continuó ajustando un dispositivo.
—Hablando de cuestionable, tenemos que hablar de esa planta humanoide que destruyó nuestro campamento. Si hay más de esas cosas en el bosque, necesitaré más puntos malos para equiparnos adecuadamente.
Rokugo suspiró y sacó su brazalete para revisar su saldo.
—Bueno, espero que esta noche de puntos malos haya sido suficiente para financiar nuestra próxima misión.
Al dia siguiente, Alice, reunió a los agentes de Kisaragi en una improvisada reunión nocturna.
—La reconstrucción de la base está suspendida hasta nuevo aviso —anunció Alice, ganándose varios murmullos de descontento entre los agentes—. Necesitamos más puntos malos para financiar nuestras operaciones. Sabotear el Festival de los No Muertos será su nueva tarea.
Alice ajustó su brazalete y explicó con su usual tono monótono.
—Causar desorden, asustar a los asistentes, alterar el equilibrio de las festividades. Todo eso será registrado como acciones malvadas por el sistema.
Rokugo, al escuchar esto, levantó una ceja.
—¿De verdad no te agrada lo sobrenatural, verdad ?
Alice lo ignoró y prosiguió con las instrucciones.
Mientras los agentes se dispersaban para cumplir con las órdenes, Rokugo decidió intentar su metodo en un bar elegante.
Rokugo estaba sentado en una mesa al fondo del bar, revisando su brazalete mientras pensaba en cómo había ganado tantos puntos malos recientemente al ilusionar a Grimm. Con una sonrisa confiada, decidió probar el mismo truco con otra chica. Después de todo, si funcionaba, podría duplicar fácilmente sus puntos malos y financiar más equipo para futuras misiones.
Rokugo se encontraba en una mesa al fondo, disfrutando de una copa de vino, cuando una joven se le acercó con una sonrisa coqueta.
Una joven se acercó a su mesa, con una sonrisa coqueta dibujada en su rostro.
—¿Quieres probar un poco de mi comida? —preguntó Rokugo mientras señalaba el plato frente a la chica.
La chica asintió emocionada, acercándose más a él. Pero antes de que Rokugo pudiera empezar su plan, ella comenzó a hablar sin parar.
—¿Cuanto termine me diras que ahora puedo tomar tu leche espesa y luego me haras algo indecente ?..Luego me secuestraras usando su comida. Me drogaras, me llevaras a su casa, te volveras adicto a mi cuerpo y luego me convierte en su esclava sexual para tener hijos. ...
Rokugo se quedó inmóvil, completamente desconcertado.
—Espera... ¿qué demonios estás diciendo? Solo quería invitarte un vinito.
La chica lo miró con ojos brillantes.
—¡Oh, por favor, no te vayas! Luego de ilusionarme asi es cruel.
De pronto, algo hizo clic en la mente de Rokugo. La reconoció. Era la misma mujer a la que había intentado asustar meses atrás cuando fingió ser un acosador nocturno. Recordó que esa vez no había ganado puntos malos porque su víctima simplemente disfrutaba demasiado la situación.
—Maldición... —murmuró Rokugo, preguntándose cómo había terminado atrapado en esta situación nuevamente.
Justo cuando pensaba que las cosas no podían empeorar, una voz conocida irrumpió desde la entrada del bar.
—¡Comandante! —gritó Grimm, rodando hacia ellos con su silla de metal. Su expresión era una mezcla de furia y posesividad—. ¿Qué crees que estás haciendo aquí con esta mujer?
—¡Escúchame, idiota! ¡Él es mío! —gritó Grimm, entrando en el bar con su silla de ruedas, lanzando una mirada fulminante hacia la chica y luego hacia Rokugo.
La chica, sorprendida por la furia de Grimm, dejó el tenedor y se alejó rápidamente, mientras Rokugo simplemente levantaba una ceja, sin cambiar su expresión.
La chica abrió los ojos sorprendida.
—¿Tuyo? No sabía que ya tenías dueña...
Grimm la fulminó con la mirada.
—Exacto. Así que lárgate antes de que invoque a Zenarith para maldecirte. Y créeme, esta vez no fallaré.
La chica retrocedió lentamente, claramente intimidada por la intensidad de Grimm. Luego salió corriendo del bar, murmurando algo sobre buscar a otro "secuestrador".
Rokugo observó la escena con una mezcla de alivio y preocupación.
—Bueno, eso fue... incómodo.
Rokugo se encogió de hombros.
—No pedí que vinieras a salvarme. Además, ¿desde cuándo soy "tuyo"?
Grimm se sonrojó, pero trató de mantener su postura firme.
—¡No seas idiota! Solo digo que... bueno, después de nuestra cita, pensé que entenderías que estamos conectados de alguna manera. ¡No puedes ir coqueteando con cualquiera!
Rokugo frunció el ceño, dándose cuenta de que tal vez había dejado una impresión demasiado buena en Grimm durante su "cita". Si seguía así, corría el riesgo de que ella desarrollara sentimientos más serios. Decidió que era hora de cambiar de estrategia.
Con una sonrisa forzada, dijo:
—Ah, Grimm, creo que estás malinterpretando las cosas. No soy el tipo de hombre que se compromete. Soy un villano, ¿recuerdas? Soy un mal partido, una mala persona .
Grimm lo miró incrédula.
—Vaya, Grimm, parece que te tomaste más tiempo del habitual en revivir —comentó Rokugo, como si no fuera gran cosa.
Grimm, visiblemente irritada por la mención de su muerte reciente, comenzó a negárselo a sí misma.
—Eso no fue nada. ¡Solo fue un mal sueño! —respondió, refregándose las manos con frustración. — ¡Ese sueño donde la chica que decia ser Zenarith se ofendió por nada! Me dijo algo sobre que me había quitado la bendición, pero fue todo un sueño... solo eso.
Rokugo la miró de reojo, claramente desinteresado, pero sin ganas de hablar del tema más de lo necesario. - Grimm, yo estuve ahi y se que eso no fue un sueño ¿De veras eres una sacerdotiza?
—¡Eso no es cierto! Estoy viva. Totalmente viva. ¡Zenarith solo me está probando! —Insistió, recordando con incomodidad el regaño de la supuesta diosa en su última muerte, pero negándose a aceptarlo como real.
Rokugo, hastiado de la conversación, se levantó para irse, pero Grimm lo detuvo rápidamente.
—No quiero oírlo, Grimm —respondió, levantándose lentamente para irse.
Sin embargo, Grimm no iba a dejarlo ir tan fácilmente. De repente, sonrió de manera astuta.
—Si no te vas... te compro una cerveza —dijo con un tono persuasivo.
Grimm hablo de que los zombies se comportaban raro, como si alguien los estuviera controlando.
Rokugo, al escuchar esto, se detuvo y se volvió hacia ella, claramente menos interesado en la oferta que en la idea de alejarse.
—Ah... ¿y Snow? Parece que está otra vez en quiebra. Me han dicho que ahora se va a dedicar a vender pudines de su leche —comentó Rokugo con tono indiferente, observando el bar mientras meneaba la cabeza con desdén.
Grimm frunció el ceño, claramente molesta por el comentario y mas porque Rokugo no le habia puesto atencion, pero antes de poder responder, Rokugo, aprovechando la oportunidad, se acercó a una chica random que estaba en la barra. Con una sonrisa encantadora, le ofreció una copa.
— Mesero, sírvale esta bebida a la señorita de allí, y dígale que es en nombre de Grimm —dijo, con tono seguro y mirando de reojo a Grimm.
—dijo, con tono seguro y mirando de reojo a Grimm.
Grimm, viendo la escena, se quedó en silencio, pero el dolor se reflejó en su rostro. No le gustaba para nada lo que Rokugo hacía, pero no podía hacer mucho al respecto.
—No me gusta que me hagas esto, Rokugo —dijo, molesta y algo dolida—. ¡No coquetees con otras chicas cuando estoy aquí!
Rokugo, ya con la copa en mano y sin ningún remordimiento, solo levantó las cejas.
—¿Y qué? —preguntó, sonriendo con una mezcla de desinterés y diversión. — Es solo una copa.
Grimm, sintiendo una creciente incomodidad, se cruzó de brazos, furiosa. Rokugo seguia bebiendo. Grimm, por otro lado, estaba a su lado, nerviosa y con una expresión de incomodidad que delataba lo que intentaba ocultar. Por fin, parecía que había encontrado el valor para decir lo que llevaba días queriendo sacar.
—Rokugo, yo... —empezó, con una mano en el regazo y el otro apretando con fuerza la bandeja de comida que aún no había tocado.
Rokugo, sin quitar la vista del bar, soltó un suspiro de aburrimiento. Grimm lo notó, pero no se desanimó. Se inclinó hacia él, mirando fijamente al punto ciego de su atención.
—Yo... quiero decirte algo importante, y creo que ya no puedo seguir ignorándolo —dijo Grimm, algo torpemente, sin mirarlo directamente.
Rokugo levantó la mirada finalmente, volviendo a observar a Grimm con el mismo interés mínimo que dedicaba a cualquier conversación que no involucrara dinero, comida o sexo.
—¿En serio? ¿Otra vez con eso? —comentó con tono plano.
Grimm se sintió avergonzada, pero su determinación creció cuando finalmente miró a Rokugo directamente a los ojos. Sabía que si no lo decía ahora, tal vez nunca lo haría.
—Yo... —gritó un poco más fuerte, casi atragantándose con las palabras—, ¡yo estoy enamorada de ti!
Antes de que pudiera continuar, Rokugo, sin darse cuenta de la seriedad de la situación, se puso a describir, de manera completamente despreocupada, con la misma actitud que uno tomaría al hablar del clima, de como los agentes de kisaragi estarán presentes en el festival, cobrando por proteccion o verificando que los puestos tengan permiso de funcionamiento.
Grimm se quedó paralizada, su corazón latiendo rápidamente, sintiendo una mezcla de confusión, desilusión y rabia que la hizo perder el hilo de lo que estaba diciendo. Justo en ese momento, notó que la chica random que Rokugo había invitado, la que había bebido su copa, la estaba mirando fijamente, como si estuviera observando algo más que su comida.
La chica random, evidentemente interesada, miró a Grimm con ojos brillantes, acercándose lentamente. Grimm, se detuvo de golpe al notar a la chica.
—¿Por qué me mira así...? —preguntó nerviosa.
Grimm sintió cómo su estómago se encogía. Intentó controlarse, pero la escena estaba siendo tan incómoda que empezó a temer lo peor.
Rokugo, como si no le importara nada de lo que estaba ocurriendo, sonrió satisfecho, levantando la copa en dirección a la chica random, como un pase de batalla.
—¿Grimm? No te preocupes, es solo una copa... —dijo, riendo de forma casual mientras le daba el giro a la silla de ruedas de Grimm, poniendole seguro a la silla de ruedas con un clic sonoro, para que no pudiera moverse.
Rokugo, sin remordimiento alguno, empezó a alejarse.
Grimm, completamente incapacitada para moverse, sólo miraba con desesperación cómo la chica random se acercaba con una mirada decidida.
—No me dejes aquí, comandante... —dijo Grimm con la voz temblorosa, luchando por mantener su compostura, sabiendo lo que se venía.
Rokugo, ya caminando hacia la salida del bar, se giró un segundo para tirar una última frase sin mirar atrás.
—Nah, no te preocupes, tienes todo bajo control, ¿no? —Y con eso, se fue, dejando a Grimm atrapada en su propia silla.
—Suerte con eso, Grimm. —dijo mientras se alejaba.
Grimm, atrapada y viendo cómo la chica se le acercaba cada vez más, gritó:
—¡No me dejes aquí, comandante! ¡COMANDANTE!
OPTUVISTE PUNTOS MALOS
Al ver que su plan de enamorar mujeres por puntos malos fallo con exito, Decidio volver al campamento, alli vio a su colega, El cual tenia planeado ganar puntos infiltrandose en la habitación privada de la princesa Tilis.
—Entonces, Agente Seis .. ¿qué tal si hacemos una carne asada aquí, en la habitación de la princesa? —dijo Rokugo, sonriendo de manera traviesa. —Es la forma perfecta de ganar puntos malos mientras disfrutamos de la vida, ¿no?
Rokugo, con una risa burlesca, aceptó con entusiasmo.
—¡Vaya, qué idea! Carne asada desnudos en la habitación de la princesa, es tentador, pero voy a decir que No.
—¿Estás seguro de esto? —preguntó el agente 10 mientras cargaba un asador portátil y varias bolsas de carne.
Rokugo asintió con una sonrisa astuta.
—Te lo pierdes, yo llevo filtro de olores y un silenciador. Nadie sabrá nada... excepto mi contador de puntos malos. - El agente 10 rió, claramente emocionado por la idea.
—Estas enfermo, diez.
- Lo tomare como un cumplido
- Bueno, uno de estos dias te acompañare a ver a Tilis dormir, un dia que me falten puntos.
Al día siguiente, Rokugo estaba en una tienda de la ciudad con Rose, la joven quimera con la que trabajaba en Kisaragi, quien iba devorando un enorme trozo de carne que acababa de comprar. Estaba revisando los estantes mientras ella metía cosas en su bolso con una rapidez desconcertante. En un momento, se detuvo frente a un carrito con verduras frescas y algunas especias.
Rose, con la mirada fija en el dinero que le quedaba, comentó sin mucha emoción:
—Nunca tengo suficiente dinero... todo lo gasto en comida. Ya sabes, hay que comer para sobrevivir.
Rokugo, al observar a Rose, se percató de algo curioso. Sus ropas eran viejas y desgastadas; las sandalias que llevaba estaban rotas por los costados, y notó que muchas partes de su cuerpo estaban vendadas, como si hubiera sufrido heridas y no tuviera suficiente dinero para comprar ropa nueva.
—¿Alguna vez tienes dinero para otra cosa? Porque ahora que lo pienso, todo lo que compras te lo comes.
Rose, con la boca llena, respondió sin vergüenza alguna:
—¿Para qué quiero otra cosa? La comida es lo único importante. Además, no tengo suficiente para nada más.
Rokugo comenzó a observar a Rose más detenidamente. Notó las sandalias viejas que llevaba, que parecían estar a punto de romperse. También vio cómo varias partes de su ropa estaban cubiertas por vendas y no por tela.
—Ah, con razón andas siempre medio envuelta en vendas. No es por estilo; es porque gastas todo en comida, —murmuró Rokugo con una sonrisa burlona.
Rose asintió como si fuera un cumplido.
—La comida vale más que la ropa, comandante. Las vendas cubren lo necesario.
Rokugo estaba por responder cuando apareció Grimm, rodando en su silla de ruedas con una expresión furiosa.
—¡COMANDANTE! —gritó, llamando la atención de todos en el mercado.
Rokugo suspiró, sabiendo que estaba a punto de recibir un sermón.
Grimm lo señaló con el dedo, molesta.
—¡Cómo pudiste abandonarme ayer! Esa chica random intentó seducirme. ¡Y lo peor es que casi me hace dudar , idiota!—Se estremeció al recordar el momento.
Rokugo arqueó una ceja.
—¿Dudar de qué? ¿De que eres una no-muerta? Porque eso ya lo confirmamos. —Respondió con una sonrisa burlona.
Grimm apretó los puños.
—¡No soy una no-muerta! —gritó con indignación—. Y no cambies de tema ¡Tú deberías protegerme, no dejarme atrapada con alguien que quería algo de mí! ¿Cómo pudiste abandonar a una pobre chica como yo?
—¿En serio? ¿Estás reclamando por eso? —respondió mientras tomaba unas frutas de la mesa—. Me fui a hacer carne asada, Grimm
Grimm no parecía dispuesta a dejar ir el asunto tan fácilmente, y lo siguió, insistiendo.
—¡No me hagas hacer esto, Rokugo! ¡Yo estaba tan vulnerable, y esa chica, esa maldita chica! —añadió, casi hiperventilando de la furia—. Pero bueno, no se trata de ella, sino de vosotros, ¿cómo pudiste abandonar a una pobre chica como yo?
Rokugo no parecía prestarle atención, y se cruzó de brazos.
Grimm, claramente molesta, desvió la conversación rápidamente hacia otro tema.
—Bien, de todas formas, tenemos que hablar del festival, Algo que no me dejaste hacer ayer. Yo hice unos peluches especiales para los espíritus. Van a usarlos como recipientes durante el festival, pero ya sabes, lo más raro es que estos muertos... me atacaron —gritó, su voz temblando—. ¡Hay algo raro con esos espíritus! Estoy segura de que alguien está controlándolos.
Sin embargo, Rokugo no parecía interesado ni un poco en lo que decía
Rokugo, ignorándola, miró hacia unos niños que jugaban en la calle. Uno de ellos lo señaló y gritó:
—¡Ahí va Ziperman otra vez!
Rokugo frunció el ceño.
—¿Ziperman? ¿Quieres ver algo gracioso? —dijo mientras caminaba hacia el niño con claras intenciones de bajarle los pantalones y luego nalgearlos hasta que llore.
Justo en ese momento, tres muñecos del festival se acercaron a Rokugo, intentando atacarlo. Rokugo, con su usual despreocupación, comenzó a pelear con ellos usando las manos.
—¡Ah, malditos fantasmas! —gritó mientras esquivaba un ataque.
- Los espiritus hacen un juramento de no agrecion cuando vuelven aqui, Esto no es normal. - Afirmo Grimm
Grimm, observando la escena, quiso proteger a su comandante a toda costa. Extendió su brazo hacia él y recitó un cántico apresurado de Zenarith hacia el área pequeña que rodeaba a Rokugo.
—¡Por el poder de Zenarith, protege a este idiota, remueve tu bendicion sobre esos no muertos en esta área! —gritó.
Sin embargo, El efecto fue inmediato. Grimm dejó caer sus brazos, su cuerpo se desplomó y murió al instante.
Rose miró el cadáver de Grimm.
—Oh, no. ¿Otra vez?
Rokugo miró a Grimm con una mezcla de fastidio y resignación.
—Ya volvió a morirse. ¿Sabes qué, Rose? Creo que esta vez no la vamos a revivir. Al menos no hasta que acabe este festival de los no-muertos. Así tendremos algo de paz.
Rokugo volvería al campamento de kisaragi, alli veria a Alice. Alice, con su usual lógica robótica, observaba los peluches animados del festival de los no-muertos. Su expresión denotaba escepticismo.
—No hay manera de que haya espíritus dentro de estos peluches. Es claramente algún tipo de tecnología avanzada o un simple truco.
Rokugo, siempre dispuesto a probar teorías a su manera, sonrió de forma siniestra.
—Entonces, capturaremos uno y lo revisaremos. Si hay algo interesante, quizás obtengamos puntos malos con esto.
Ambos se acercaron sigilosamente y atraparon un peluche que se movía erráticamente por las calles y se estaba desviando hacia el campamento. Con cuidado, Rokugo salto sobre el peluche y sintió como fi fuera una botarga con alguien adentro.
OBTUVISTE PUNTOS MALOS
Abrió el peluche, esperando encontrar algún mecanismo extraño. Para su sorpresa, dentro estaba Heine, la demonio que tanto los había atormentado antes. Heine, encogida y cubierta de pelusa, los miró con furia.
—¡¿Qué rayos...?! —exclamó Rokugo, completamente sorprendido.
Heine, con una expresión de pura furia en su rostro, se levantó, claramente molesta por su abrupta exposición.
—¡Idiotas! ¿Cómo se atreven a atacar y abrir un contenedor de espíritus de esta forma? Se supone que sean sagrados —gritó, tratando de mantener la dignidad a pesar de que estaba cubierta de trozos de peluche
Heine intento prender fuego, pero sus manos aun estaban en el disfraz, terminando por prenderse el disfraz, quemándose Heine en el proceso y saliendo herida deprisa del mismo. Siendo Retenida por Snow que vio la oportunidad.
Alice, sin mostrar sorpresa alguna, rápidamente le quitó la piedra que era su fuente de poder.
—Así que te infiltraste usando el festival de los no-muertos. ¿Intentabas rescatar a Russel, verdad? —preguntó Alice, mientras examinaba la piedra.
Heine se retorció inútilmente.
—¡Dénmelo de vuelta! ¡Necesito salvar a Russel! ¿No tienen vergüenza de lo que le están haciendo?
Snow, al ver a Heine, se acercó con un brillo codicioso en los ojos.
—¡Perfecto! ¡Vamos a entregar a esta demonio! Con la recompensa que nos darán, ¡finalmente podré salir de la bancarrota!
Rokugo ignoró el entusiasmo de Snow y se inclinó hacia Heine, esbozando una sonrisa burlona mientras aprovechaba la situación para manosearla sin ningún tipo de vergüenza. Sin embargo, al escuchar sus verdaderas intenciones, algo dentro de él se conmovió.
—¿Así que querías rescatar a ese mocoso de Russel? —preguntó con un tono más suave, aunque sin dejar de sostenerla firmemente.
Heine soltó un suspiro exasperado, aunque no podía ocultar la angustia en su rostro.
—Sí... ese niño no debería estar prisionero. ¡Es apenas un niño! —respondió, mordiéndose el labio con frustración.
Rokugo aprovechaba en manosear a Heine para obtener puntos malos.
Alice, observando la escena, intervino con un tono práctico y frío.
Podria desnudarte y exibirte en este festival
- Basta Agente Seis- Interrumpio Alice. Detecto que dice la verdad.
- Solo dejenme verlo- suplicaba Heine.
—De acuerdo, podemos permitirle ver a Russel, pero bajo nuestras condiciones. —Y con eso, amordazaron a Heine y le retiraron su piedra magica para evitar que lanzara cualquier tipo de hechizo, llevándola a ver al niño en cuestión.
Cuando finalmente llegaron al lugar donde Russel estaba retenido.
Desesperado, Russel corrió hacia Heine, quien lo miraba con una mezcla de pena y preocupación.
Heine contuvo la respiración al ver en qué condiciones se encontraba su pequeño aliado. Russel había sido obligado a vestir de sirvienta como parte la humillacion. El chico, al notar la presencia de Heine, se sonrojó de vergüenza.
—¡Heine, No me mires, Heine! —dijo, intentando taparse con las manos y la cola—. ¡Es tan humillante...!
- Lo siento Russel, No pude sacarte hoy, pero te juro que volvere por ti.
—¡Por favor, no me dejes aquí! —suplicó Russel, aferrándose a ella. - Me privaron de mi masculinidad y me inyectaron no se que cosa para dijeron convertirme en mujer.
Alice, quien había estado observando con una sonrisa sarcástica, se inclinó hacia Heine y le coloco la piedra magica a Heine en su bolsillo. Luego, ajustó un poco las cuerdas de Heine aún más para asegurarse de que no intentara nada.
Snow tomo a Russel, separándolo de Heine y le tapo la boca.
- Yo Se que es lo que perturba al festival de los no muertos.
Esa declaracion enfureció a Alice, quien declaro
—Heine no tiene utilidad ni para puntos malos gratis en Kisaragi. Sugiero que la tiremos al bosque. —La frialdad en su voz era casi escalofriante.
Despues de que Rokugo y Snow tiraran a Heine de la muralla de Grace, se reunieron con Alice.
Alice, con un leve destello en sus ojos robóticos, explicó rápidamente un plan alternativo:
—Podemos usar a Heine como una "cabra de Judas". las vendas no estaban tan apretadas y tenia su piedra, podria liberarse por ella sola, pero con un rastreador oculto. Así podremos localizar al tal Lord Demonio y su base oculta por esa tecnologia rara. Sería útil, ¿no crees?
Rokugo se dio cuenta que al tirar a Heine en el desierto, le apretó mas las cuerdas y se había quedado el con la piedra magica de Heine.
Alice....
-¿Que hiciste Tarado?
Al dia siguiente
Alice y Rokugo entraron en el castillo tras recibir la llamada urgente de la princesa Tilis. Al llegar, encontraron a la princesa con una expresión de profunda molestia, mientras el agente 10 de Kisaragi estaba de pie, con las manos atadas y una toalla sobre los hombros.
—¿Qué explicación me dan para esto? —exclamó Tilis señalando al agente 10—. ¡Me desperté a media noche y lo encontré haciendo sus necesidades en mi cuarto!
Rokugo, con su habitual actitud despreocupada, fingió sorpresa.
—¿Qué? ¿De verdad, agente 10? Eso es... bueno, típico de Kisaragi, supongo.
Tilis lo fulminó con la mirada.
—¡Quiero una compensación! Exijo tecnología avanzada de Kisaragi para mi reino.
Rokugo, en un intento de suavizar las cosas, lanzó una indirecta que solo empeoró la situación:
—Bueno, para ser justos, creo que muchos agentes de Kisaragi, incluido yo, nos hemos metido en su habitación a hacer trivialidades sin ropa... pero ya no lo haremos por ganar unos puntos malos y con ellos poder usar nuestras armas. ¿Verdad, Alice?
La princesa colapsó mentalmente mientras Alice rodaba los ojos.
—Esa no es la mejor forma de disculparse, Rokugo.
- Bueno, tambien podría mejorar su seguridad, con guardias en el techo
La princesa Tilis en un estado de completa frustración y desesperación. Parecía que había llegado al límite de su paciencia. Se notaba agotada y temblorosa, con los ojos inyectados de furia y ojeras marcadas.
—¡Ya... no puedo más! —exclamó Tilis con un tono desesperado, mirando a Rokugo y a sus agentes—. ¡Cada noche, alguno de ustedes se mete en mi habitación sin permiso! ¡Desnudos! ¡Haciendo... cosas completamente triviales como jugar a la torre de bloques! ¡¿Por qué tienen que estar desnudos para eso?!
Rokugo la miró, sin mostrar ni un ápice de arrepentimiento, mientras Alice y Snow intentaban no reírse ante la situación.
—Bueno, princesa, es nuestra forma de... ganar puntos malos —respondió Rokugo, encogiéndose de hombros.
La princesa Tilis lo miró con una expresión de pura desesperación.
—¡Prométanme que dejarán de hacer eso! ¡Por el amor de los dioses, necesito paz en mi propia habitación!
Rokugo simplemente levantó la mano en un gesto de indiferencia.
—Está bien, está bien. No lo haremos más... por ahora.
Después de salir del castillo, Rokugo y sus compañeros pasearon por la ciudad, donde el festival de los no-muertos estaba en pleno apogeo.
En el centro de la ciudad, en medio del festival de los no-muertos, un grupo de niños rodeaba al Hombre Tigre. Los pequeños, con los ojos brillando de emoción, lo confundieron con uno de los peluches contenedores de espíritus y, antes de que él pudiera reaccionar, lo abrazaron emocionados.
—¡Miren! ¡Es un peluche de tigre gigante! —exclamó uno de los niños, apretando al Hombre Tigre con fuerza.
Los pequeños lo rodeaban, riendo y acariciando su pelaje. Hombre Tigre gruñó, , mientras intentaba deshacerse de los niños que lo abrazaban por todas partes.l
—¡Nyaa! ¡Dejen de abrazarme! ¡Esto no es apropiado, nyaaa! —gritó el Hombre Tigre, incapaz de escapar de los niños.
Rokugo, al verlo en esa situación, decidió intervenir. Sin dudarlo, desenfundó sus armas y apuntó al Hombre Tigre.
Los niños lo ignoraban completamente y continuaban abrazándolo, creyendo que era un "peluche especial".
—Hey, ¿qué haces dejándote abrazar así por niños? —dijo Rokugo, alzando una ceja— Maldito pedofilo.
Hombre Tigre lo miró con incredulidad y gruñó, preparándose para enfrentarlo.
—¡¿Qué dices, maldito pervertido?! ¡Estos niños no me dejan en paz, malinterpretaste todo ! , nya
—Eso dicen todos, hombre peludo. —Rokugo sonrió con malicia, blandiendo sus armas—. Pero yo seré el juez aquí. ¡Prepárate!
Ambos se lanzaron a una pelea, con Rokugo esquivando los zarpazos del Hombre Tigre mientras lanzaba ataques juguetones, disfrutando del caos que causaban en medio del festival. Los niños finalmente se alejaron, confundidos por la repentina pelea entre el "peluche gigante" y el "hombre extraño".
Rokugo al final le creyo al hombre tigre y dejo pasar el asunto.
Con el primer día oficial del festival de los no-muertos en marcha, Los agentes de Kisaragi pusieron puestos fraudulentos para ganar puntos malos, Rokugo y sus compañeras no fueron la excepción, decidieron aprovechar la oportunidad y abrir una cafetería improvisada en medio del caos del festival. Snow, quien estaba en busca de ingresos rápidos, se ofreció a ser la camarera... con un atuendo bastante provocativo que dejaba poco a la imaginación.
Snow, con una sonrisa confiada, le guiñó el ojo.
— Es para atraer clientes, y cuanto más llamativo, mejor. No me encanta la idea, pero mientras paguen bien, lo soportaré. —Dijo mientras posaba, recibiendo ya varias miradas de los curiosos.
Sin embargo, la situación no duró mucho. Poco después de que la cafetería comenzara a ganar popularidad, una patrulla de policias llegó para clausurar el local por "ofensas a la decencia pública" y negocios ilegales. Snow fue arrestada en el acto, mientras Rokugo escapaba rápidamente, sin molestarse en rescatarla.
—¡Rokugo! ¡Vuelve aquí y ayúdame! ¡Esto es culpa tuya! —gritó Snow mientras los guardias la arrastraban, pero Rokugo ya estaba fuera de vista, fingiendo no escuchar. Mientras paseaban por el festival, Se dispersaron. Los habitantes parecían estar disfrutando de la presencia de los peluches recipientes de espíritus creados por Grimm. Varios niños corrían alrededor de los peluches, riendo y hablando con ellos como si fueran sus antiguos familiares.
—Esto es surrealista —comentó Rokugo, mirando a Grimm, quien había revivido recientemente.
En un rincón, Rokugo observó a una joven acompañada de un peluche en forma de oso, hablando con él con una sonrisa nostálgica.
—Deberias quemar todos estos peluches para demostrarle la falsedad a ese montón de idiotas —comentó Alice mientras observaba la escena.
Rokugo asintió, aunque su mirada se desvió cuando vio una figura familiar entre la multitud.
Grimm había vuelto a revivir, completamente ilesa y tan enérgica como siempre, como si nada hubiera pasado. Al verla, Rokugo simplemente suspiró, y con tono resignado murmuró:
—¿Otra vez tú, Grimm? Justo cuando pensaba que podríamos disfrutar un festival tranquilo...
Grimm estaba en medio de la plaza,a ctuaba como intérprete entre los espíritus y sus familiares, pero su tarea no era fácil. A menudo tenía que traducir confesiones incómodas o revelar verdades dolorosas.
—¡Por favor, dígale a mi viuda que siempre la amé! —dijo un espíritu con fervor.
Grimm suspiró y tradujo:
—Él dice que siempre la amó... aunque también tenía un pequeño asunto con la vecina.
La viuda en cuestión se desmayó.
Alice, observando la escena, no pudo evitar hacer un comentario sarcástico.
—Esto no es más que un elaborado montaje. Grimm no puede estar hablando con espíritus reales. Seguro hay algún truco aquí.
Rokugo tuvo otra idea. Convenció a Rose de disfrazarse de peluche de perro para cumplir el deseo de un anciano que había perdido a su familia.
—Esto es humillante —gruñó Rose mientras ajustaba el disfraz.
—Piensa en la comida que podrías obtener de esto. ¿Qué tan difícil puede ser? —respondió Rokugo, con una sonrisa confiada.
Sin embargo, al encontrarse con el anciano, este pensó que Rose revelo que el espíritu que esperaba era de su gorila mascota, Patrasche. Rose, indignada, lanzó una mirada asesina a Rokugo.
—¡Dijiste que sería un nieto, no un gorila mascota! —protestó Rose, mientras el anciano la abrazaba emocionado.
—Detalles menores, Solo sigue actuando asi de agresiva —dijo Rokugo, encogiéndose de hombros.
El anciano, encantado, ofreció carne asada en agradecimiento. Rose, olvidando su orgullo por un momento, aceptó el rol de "Patrasche" a cambio de la comida. Sin embargo, se olvido que se supone que los espíritus no comen. Sin embargo, no pareció importarle al anciano.
El anciano les pagaria una recompensa a Rokugo y Alice.
—Por este precio, le garantizo que Patrasche estará con usted hasta que el festival termine —dijo con una sonrisa mientras aceptaba un generoso pago del anciano.
De vuelta en la base, Rokugo relató los eventos a Alice, quien revisaba informes de Kisaragi.
—¿Y Snow? —preguntó Alice, sin apartar la vista de su pantalla.
—En la cárcel. Pero no te preocupes, estoy seguro de que encontrará la forma de salir. Probablemente se sepa las leyes de memoria.
- ¿Y Rose? - Volvio a preguntar Alice
- En la casa de un anciano, El viejo cree que Rose es su mascota poseyendo un peluche
Alice suspiró, mientras Rokugo se relajaba, contento con su día productivo.
Mientras deambulaba por el festival, Rokugo se encontró con Grimm, quien lo miró con los brazos cruzados y una expresión molesta.
—¡Rokugo! ¡No me estás ayudando en absoluto con este festival! —le reclamó Grimm con un puchero—. La última vez que me morí, ni siquiera te molestaste en llevar mi cuerpo al templo de Zenarith para restaurarme. ¡Organizar un festival de no-muertos es estresante!
Rokugo sonrió con suficiencia y le dio una palmada en la espalda.
—Oye, lo estás haciendo bien, Grimm. Además, es un festival de no-muertos. ¿Qué puede salir mal? —dijo, con tono burlón—. De hecho, creo que te está quedando genial. ¡Felicidades!
Grimm cruzó los brazos, visiblemente molesta.
—¡No tienes idea del caos que estoy manejando! Los espíritus se están volviendo un desastre. Algunos se meten en los baños para espiar chicas, otros roban ofrendas, y uno incluso se prendió fuego. ¡Esto no es normal! —se quejó.
Bien, te acompañare a ver que son esos siniestros.
Mientras Rokugo movía la silla de ruedas de Grimm, Grimm pensó en lo mucho que parecían una pareja. Sin embargo, Rouge rompió la ilusión rápidamente.
—Más bien parecemos un enfermero y su paciente con cáncer. O quizá un guardaespaldas y su carga, —dijo Rokugo con una sonrisa burlona.
-Rokugo se habia dado cuenta que las quejas de Grimm eran en su mayoria culpa de Kisaragi.
- COMO TU COMANDANTE, TE FELICITO POR TRABAJAR TAN DILIGENTEMENTE TODO ESTE TIEMPO
Grimm lo miró, sorprendida, con un leve rubor en las mejillas.
—N-no seas tan amable, Rokugo. Podría... podría terminar enamorándome completamente de ti —murmuró, tratando de mantener la compostura.
OBTUVISTE PUNTOS MALOS
Rokugo, sin perder el ritmo, sonrió con picardía.
—Entonces, para celebrar tu arduo trabajo, ¿Qué tal si te compro un collar bonito? —ofreció, guiñándole un ojo.
Grimm se sonrojó aún más y rápidamente asintió.
—¡S-sí! Pero... vamos a una tienda barata. No quiero abusar de tu generosidad. —Grimm intentó no parecer emocionada, pero la felicidad en su rostro era evidente—. Pero, ¡ten cuidado, Rokugo! Un detalle más y... y no habrá vuelta atrás. ¡Me enamoraré completamente de ti!
Entraron a una pequeña tienda en la ciudad, y Rokugo observó los collares disponibles, mientras Grimm lo miraba emocionada
¿Esta tienda no es para parejas jovenes? - se pregunto Rokugo
Grimm Ruborizada- Se que puedo ser un poco molesta, pero debo decir que eres muy considerado comandante, no discriminas a las personas que han abandonado su humanidad como Rose o como Yo.
Creo que ya pase el punto de no retorno. Grimm se enamoro de verdad, ay no. - Decia Rokugo arrepentido.
A la vendedora no le agradaba como Rokugo aparentemente coqueteaba con Grimm en su establecimiento.
Ah, es Grimm, espero le caiga una maldicion se Zenarith... quise decir bendicion. - recalco la vendedora.
—¿Hace rato afuera dijiste un detalle Simple? ¿Qué clase de hombre crees que soy, Grimm? —respondió Rokugo con una sonrisa mientras preguntaba por el collar más caro de la tienda.
Grimm, impresionada, intentó detenerlo.
—¡Eso es demasiado! No necesitas gastar tanto en mí, de verdad.
Sin dudarlo, señaló el collar más caro de todos, un accesorio brillante y lujoso que destacaba en el mostrador.
—Quiero ese —dijo Rokugo con tono casual, mirando a la vendedora— Oye, Grimm ¿Por que tanto problema por un collar?
- eh... Señor ¿Grimm no es su novia?- preguntaria la vendedora
- no es para mi novia ni nada. Solo es una subordinada. Le he causado muchos problemas y estoy es una compensacion.
Mientras decía esto, giró para ver la reacción de Grimm... solo para encontrarse con que Grimm estaba desmayada. Habria sido demasiado decepcionante esas ultimas palabras de Rokugo.
—¿Qué demonios? ¿Le dio un golpe de calor? —preguntó Rokugo mientras intentaba despertarla.
La vendedora, divertida, comentó:
—No es muy común ver a alguien desmayarse por recibir un regalo. Pero tampoco es comun que alguien que no propone matrimonio le compre un collar a una chica.
Rokugo, sin escucharla, pago por el collar y, empujó la silla hacia la salida de la tienda.
—Supongo que esto cuenta como un logro más para mí, —dijo con una sonrisa irónica mientras Grimm seguía semiinconsciente.
Después de que Grimm recuperara la conciencia en la tienda, comenzó a murmurar algo entre dientes, evitando el contacto visual con Rokugo. Finalmente, le preguntó en un tono entre avergonzado y curioso:
—Rokugo... ¿sabes lo que significa regalar un collar en Grace?
—¿Eh? No, ni idea. Solo pensé que era un buen detalle para animarte, —respondió despreocupadamente.
Grimm suspiró, claramente frustrada.
—Aquí, regalar un collar es equivalente a una propuesta de matrimonio.
OBTUVISTE PUNTOS MALOS
Rokugo quedó paralizado un momento, procesando la información.
—¡¿Qué?! —exclamó finalmente—. ¿Cómo iba a saberlo Yo?
—¡Porque se supone que todo el mundo lo sabe! —recriminó Grimm, cruzando los brazos y mirándolo con una mezcla de enojo y tristeza.
Rokugo, intentando calmar la situación, rascó su nuca. - Pues de donde vengo el matrimonio se propone con un anillo.
—¡¿Cómo que el collar no era una propuesta de matrimonio?! —exclamó Grimm con evidente frustración mientras miraba a Rokugo—. ¡¡pensé que finalmente te habías decidido!!
Rokugo levantó las manos en señal de paz, intentando calmarla.
—Hey, hey... no te pongas así. No era mi intención confundirte. Solo quería recompensarte por todo el esfuerzo con el festival y problemas que cause. —
Grimm suspiró, aún molesta, y se cruzó de brazos.
—La última vez que alguien mostró interés en mí fue cuando tenía 10 años... con una carta que me envió un amigo de la infancia. Esto es deprimente, Rokugo... —murmuró, sintiéndose desilusionada.
Grimm vio un conjunto de parejas felices y en su silla de ruedas iría a patearlas.
Rokugo la miró pensativo por un momento y luego, con una sonrisa algo pícara, dijo:
—Está bien, hagamos un trato. En diez años, si ninguno de los dos se ha casado, me casaré contigo. —Rokugo extendió la mano para sellar la promesa—
Grimm, que estaba a punto de estallar en lágrimas, cambio, de pronto los ojos de Grimm se iluminaron, y sin dudarlo, tomó su mano con entusiasmo.. Luego, con una determinación inesperada, sacó un papel y le escribió como un contrato, saco una pequeña daga y se cortó el dedo.
—¡Entonces lo sellamos con sangre! —dijo, extendiendo su mano hacia Rokugo.
Rokugo, sintiendo que no tenía otra opción, hizo lo mismo.
—Bien, pero no te ilusiones demasiado. Ya tengo a alguien a quien amo, —dijo, refiriéndose a Astaroth.
Grimm, con una sonrisa desafiante, respondió:
— ¿Estabas tratando de seducirme teniendo alguien a quien amas? , No importa, Seguro que te rechaza. Nadie cuerdo aceptaría estar contigo.
- No voy a usar el mismo cuchillo para firmar con mi sangre, usare mis dientes.
Horas más tarde, sin embargo, Grimm estaba furiosa, enumerando todas las cosas que estaban saliendo mal.
—El peluche que se incendió era Heine cuando intentó rescatar a Russel. Las sombras en el castillo eran los agentes entrando a la habitación de la princesa en un principio pero luego de que la princesa de los prohibió fueron por otras casas por puntos malos . El negocio ilegal era por lo que arrestaron a Snow, ademas de otros negocios ilegales de Kisaragi. ¡Y las ofrendas de carne que desaparecian eran Rose disfrazada fingiendo ser un espiritu! —gritó, claramente al borde de un colapso.
—¡¿Me estás diciendo que tú y tu monton de camaradas raros son los culpables de todo el desastre en el festival?! —gritó, fulminando a Rokugo con la mirada.
Rokugo la miraba con una sonrisa descarada, sin ningún remordimiento.
—Se encogió de hombros—. Además, técnicamente yo no hice nada ilegal... solo convencí a Snow de usar ese atuendo y a Rose de disfrazarse de falso peluche espíritu, Alice se ha leido toda la constitución para saberlo. —Se rió—. No es mi culpa que la hayan arrestado.
Grimm bufó, lanzándole una mirada de reproche.
—¡No puedo creerlo! ¡Esto es tu culpa! ¡El festival está lleno de caos por tus ideas ridículas! Si hubiera sabido esto, te hubiera pedido algo mas caro que este collar.
Mientras Grimm continuaba su retahíla de reproches, de repente un peluche contenedor gigante emergió, atacándolos. Rokugo y Grimm apenas tuvieron tiempo de reaccionar cuando el enorme peluche les lanzó una ráfaga de energía espectral.
- Comandante ¿Quien esta en ese peluche?
- No tengo idea, Grimm. No tengo nada que ver.
El Peluche gigante tomaria a Rokugo y lo aplastaria casi quebrando su espalda.
- Oh señor Zenarith, da infortunio a esta alma en pena, Reduce su fuerza a la de un niño.
Rokugo pudo liberarse del peluche
- Grimm, pudiste quedarte sin fuerza para siempre o peor, dejarme sin fuerza.
- Ups, falle.
Los demas peluches seguirian atacando a Rokugo, Con Grimm no teniendo ningun control de los mismos.
Rokugo se liberaria de los demas usando su pistola y destrozando los muñecos.
—¡Espera! —Grimm retrocedió, preparándose para lanzar otra de sus maldiciones—. ¡Por el cargo que me ha otorgado Lord Zenarith, yo, Grimm Te pido Lor Zenarith, por favor.. Remueve !
Pero Rokugo rápidamente la detuvo, sujetándola del brazo.
—¡No! —dijo con firmeza—. Deja de "suicidarte" por tonterías. Ya no nos quedan más objetos de valor personal para ofrecer en el templo. Si te mueres otra vez, te vas a quedar ahí... y no pienso gastar más dinero en revivirte.
- No soy un.....
Grimm apretó los labios, molesta, pero finalmente asintió, bajando la mano.
Rokugo tenia una sensacion familiar con aquel peluche, el peluche intentaba agarrar un bate con puas, sin embargo con su fuerza limitada le fue imposible.
—Estuve pensando... ese peluche del mazo gigante, el que lideraba a los espíritus, me resulta familiar.
-Es ... Gadalkand de la Tierra, —dijo, frunciendo el ceño.
Rokugo levantó una ceja.
—¿El tipo que maté con mi motosierra? Vaya, hasta en forma de peluche es molesto.
Grimm asintió.
—Tiene sentido. Aprovechó el festival para regresar y controlar los espíritus. Es un nivel de resentimiento bastante extremo, incluso para un demonio.
Mientras tanto, Grimm parecía más ensimismada que de costumbre. Tras un silencio, añadió con un tono melancólico:
—Esto me recuerda a mi amigo de la infancia. Él dijo que se casaría conmigo, pero luego eligió a otra, una mujer más curvilínea. ¿Sabes lo que se siente ser siempre la segunda opción?
Rokugo, cansado de la actitud de Grimm, suspiró.
—Deja de tratarme como si yo fuera ese tipo. Nuestro contrato de matrimonio es solo condicional, y con suerte, ni siquiera tendremos que cumplirlo.
Grimm abrió la boca para replicar, pero en ese instante, el suelo comenzó a temblar y zombis emergieron de la tierra, levantándose alrededor de ellos. Grimm se quedó pálida al ver la cantidad de muertos vivientes que comenzaban a surgir.
—No reacciono al nombre de Zenarith. —Grimm observó, horrorizada—. ¡Un nigromante está manipulando a los espíritus y reviviendo a los muertos en masa!
Rokugo ante su fobia a los zombies temblaba apuntando con pésima precisión sus armas.
Grimm respiró hondo, dándose cuenta de que debía recurrir a su última táctica, aunque eso significara arriesgarse a un castigo por parte de Zenarith.
—No me queda de otra... —Grimm levantó las manos y, con voz solemne, comenzó a recitar un encantamiento—. En el nombre de Zenarith, otorgo el perdón divino a estas almas perdidas que escaparon del inframundo sin permiso... tienen permitido volver a su descanso eterno.
Con su bendición de perdón divino, los zombis empezaron a brillar, y poco a poco sus cuerpos comenzaron a desintegrarse, liberando sus almas en paz. El campo de batalla quedó despejado, pero Grimm cayó de rodillas, exhausta y jadeante.
Rokugo se acercó a ella, poniéndole una mano en el hombro.
—No estuvo mal, Grimm.
Un destello cegador iluminó todo el país. Los espíritus abandonaron sus recipientes, incluidas las figuras más problemáticas como Gadalkand. Sin embargo, Grimm, cayó al suelo sin vida.
Grimm fue llevada al templo de Zenarith y los distintos habitantes dejaron ofrendas para revivir a Grimm, pero Grimm no revivia.
Rokugo se quedó en silencio, observando el cuerpo inerte de Grimm. Suspirando, resignado, se agachó para levantarla con la intención de llevarla al cuerpo de Zenaritu.
—Creo que Zenarith está furiosa con ella, —murmuró Rokugo
Rokugo se quedó en silencio, observando el cuerpo inerte de Grimm. Suspirando, resignado, se agachó para levantarla con la intención de enterrarla.
—Bueno, Grimm, parece que esta vez no te revivirán en el templo —dijo, mirando el cielo con un suspiro. Luego comenzó a caminar hacia el lugar donde pensaba darle un descanso digno... aunque algo informal.
Resignado, llevó el cuerpo de Grimm al campo para enterrarla, dispuesto a darle un descanso final. Sin embargo, al levantar su cuerpo, el collar que le había regalado cayó a la mesa de ofrendas. Un haz de luz descendió del cielo, comenzó a brillar, siendo absorbido por una luz intensa y envolvió a Grimm, reviviéndola una vez más.
De repente, Grimm abrió los ojos, tosiendo y respirando profundamente. Había regresado a la vida, una vez más.
—¿Eh? ¿Estoy...? —murmuró, confundida. Grimm se sentó, todavía desorientada, y miró alrededor, viendo el rostro resignado de Rokugo.
Es agradable despertar a tu lado, deberiamos hacerlo mas seguido, como para toda la vida.
Rokugo cruzó los brazos y la miró fijamente.
—Déjame adivinar, otra charla con Zenarith.
Grimm evitó su mirada y murmuró:
— Fue solo un sueño. No creo que Zenarith esté tan molesta conmigo, ademas de que Zenarith es hombre.
Rokugo la observaba con una mezcla de cansancio y diversión.
Grimm, todavía algo inestable después de su reciente resurrección, caminaba al lado de Rokugo, mirando al suelo. Su desánimo era evidente, y Rokugo, aunque generalmente desinteresado, decidió intentar animarla de alguna manera.
—Oye, Grimm —dijo Rokugo con un tono casual—¿Quieres que hagamos algo para despejar tu mente? No sé, ¿otra cita?
Grimm se detuvo y lo miró, sorprendida.
—¿De verdad? ¿Lo dices en serio? —preguntó con una mezcla de esperanza y desconfianza.
Rokugo se encogió de hombros.
—Tu invitas, Prometo no dejarte atrapada con otra chica en el bar esta vez.
Grimm suspiró, y aunque parecía tentada, finalmente negó con la cabeza.
—No, gracias. Creo que use demasiado de mi poder y perdi la conciencia... —su voz bajó de tono—... no es como si me hubiera afectado aquel cantico.
Rokugo corriguio a Grimm.
—No, estabas muertas, se necesito muchas ofrendas para revivirte.
Grimm lo fulminó con la mirada, pero en su expresión también había un rastro de ternura.
Al levantarse, Grimm comenzó a revisar sus pertenencias y se detuvo en seco, tocándose el cuello.
- no esta, no esta...
- Calmate, siguen asi, solo que las de Snow son mas grandes
-No me referia a eso, Mi collar! —gritó alarmada—. ¡El collar que me diste desapareció!
Rokugo se detuvo y la miró con indiferencia.
—Probablemente Zenarith lo tomó como ofrenda para revivirte.
Grimm se quedó paralizada, procesando lo que había escuchado. Finalmente, apretó los puños y gritó:
—¡Esto es ridículo! ¡No me mori esta vez! —Su voz se rompió en una mezcla de frustración y tristeza.
- Y Como ya no hay collar, entonces tampoco matrimonio
- ¿Cómo te atreves? Quieres ser maldecido? Aun conservo el contrato de prueba - Dijo Grimm mientras buscaba el contrato para ver que ya no estaba
Grimm abrió la boca con horror al comprender la situación.
—¡¿El collar... y el contrato... fueron tomados como ofrenda para revivirme?! —exclamó, totalmente incrédula. Su rostro pasó de la sorpresa a la indignación en cuestión de segundos.
—Exacto. —Rokugo se encogió de hombros, sonriendo irónicamente—. Así que sí, técnicamente te has revivido tú misma a costa de tus... esperanzas románticas.
Grimm se sonrojó, sintiéndose ridícula.
—¡Pero no puede ser! —dijo, negando con la cabeza—. ¡Yo no morí! Solo estuve... inconsciente. ¡Sí, eso es! Fue solo un sueño, nada más.
Rokugo levantó una ceja, mirándola con una expresión divertida.
—¿"Un sueño"? Grimm, fuiste revivida por el poder de Zenarith y perdiste el collar como ofrenda. No puedes seguir negándolo.
Grimm cruzó los brazos y le dio la espalda a Rokugo, todavía empeñada en negarlo.
—Yo... solo estaba inconsciente, y tuve un sueño extraño... donde Zenarith me regañaba. —Apretó los dientes—. Sí, fue solo eso... seguro.
Rokugo, sintiéndose un poco culpable por su tono despreocupado, se rascó la nuca.
Grimm, arrodillada frente al altar vacío, temblaba. No de frío, ni de miedo... sino de rabia. Una rabia que burbujeaba desde lo más profundo de su ser, desde ese lugar donde su alma se negaba a aceptar la verdad: ella no estaba viva.
—¡No! —gritó de repente, golpeando el suelo con los puños—. ¡Esto no es real! ¡No soy un cadáver ambulante!
Y entonces, explotó.
Con una fuerza que ni siquiera ella sabía que tenía, Grimm se lanzó contra los estantes del templo, arrojando estatuillas sagradas, rompiendo ofrendas, destrozando velas y rollos antiguos con una furia ciega. Trozos de madera y cerámica volaban por los aires mientras ella gritaba, lloraba y maldecía a Zenarith, al destino, al mundo... y a sí misma.
—¡Si no soy humana, entonces no merezco respeto! ¡No merezco amor! ¡No merezco NADA!
Rokugo, que había estado observando en silencio desde la entrada, finalmente intervino.
—¡Grimm, basta! —ordenó, agarrándola por los hombros con firmeza.
Ella se giró, con los ojos enrojecidos y llenos de lágrimas, y lo miró como si fuera un extraño.
—¡Suéltame! ¡No eres nadie para decirme qué hacer!
—Sí lo soy —respondió Rokugo, con una seriedad inusual—. Porque ahora sé que Zenarith es real. Y si sigues destruyendo su templo, no solo te negará la resurrección... te condenará.
Grimm se quedó inmóvil. Las palabras de Rokugo la golpearon con más fuerza que cualquier maldición.
—¿Tú... tú crees en él? —susurró, con la voz quebrada.
—Después del festival... después de ver cómo los espíritus se fueron cuando tú los liberaste... sí —admitió Rokugo—. Ya no es solo una excusa para tus trucos. Es real. Y tú... eres su milagro... y su castigo.
Grimm bajó la cabeza, derrotada.
—Entonces... ¿soy un error?
Rokugo suspiró. Miró a su alrededor, al templo en ruinas, y luego a Grimm. Y en ese momento, tomó una decisión.
—No. Eres... mi problema.
Y entonces, con una sonrisa que mezclaba cinismo y algo más... algo casi humano... añadió:
—Pero si quieres, podemos hacer otro trato. Uno mejor.
Grimm levantó la vista, confundida.
—¿Otro... contrato?
—Sí —dijo Rokugo, sacando un pergamino de su bolsillo—. Si en diez años ninguno de los dos se ha casado... nos casamos. Igual que antes.
Los ojos de Grimm se iluminaron... pero Rokugo levantó una mano.
—Pero esta vez, con reglas claras. Para que no haya malentendidos... ni corazones rotos. —Grimm, ahora que... bueno, técnicamente estamos "comprometidos", creo que es momento de establecer algunas reglas, —dijo Rokugo, rascándose la nuca.
Grimm levantó una ceja, interesada.
—¿Reglas? ¿Qué tipo de reglas? ¿Algo romántico? ¿Una cita diaria? ¿Besos obligatorios? —preguntó con entusiasmo.
Rokugo suspiró, ignorando el brillo en los ojos de Grimm.
—Primero, seguirás refiriéndote a mí como "comandante". Nada de llamarme por nombres cariñosos. Segundo, no habrá muestras públicas de afecto. Y tercero, no vamos a tomarnos de las manos ni a hacer nada que pueda sugerir que somos algo más que colegas. Esencialmente, seremos novios... pero solo de palabra.
Grimm se detuvo y lo miró con una mezcla de confusión y decepción.
—¿Eso es todo? ¿Nada de abrazos, ni siquiera un "mi querido comandante"? ¿Qué tipo de compromiso es este? —protestó, inflando las mejillas.
Rokugo se encogió de hombros.
—El tipo de compromiso que no me da problemas. Mira, sé que me consideras un idiota, pero al menos dame crédito por intentar poner límites claros. Si puedes manejar eso, te doy una oportunidad para... ya sabes, intentar enamorarme, —dijo, cruzando los brazos.
Grimm parpadeó sorprendida y, luego, una amplia sonrisa apareció en su rostro.
—¡Lo dices en serio! Sé que piensas que estoy loca, pero, comandante, ¡te demostraré que soy digna de tu afecto! —exclamó, emocionada, cuando Grimm decidió llevar la conversación a otro nivel.
—¿Tú... vienes de otro planeta? —preguntó de repente, con una seriedad inusual—. Vamos, no creo ser la única que ha notado la tecnología avanzada que traes, ni el hecho de que hablas de "Kisaragi" como si fuera algo conocido. Además, el idioma que usas no es de aquí... El Concepto de Astros es algo muy ajeno en este mundo, pero no es imposible de entender si te lo proponer
Rokugo la miró, notando que ya no tenía sentido ocultarlo.
—Sí. Japón está en un mundo más allá de las estrellas visibles —admitió finalmente, con una leve sonrisa.
Grimm hizo un falso puchero, llevándose una mano a la frente y fingiendo llanto.
—¡No lo puedo creer! Mi primer novio... ¡y resulta que mi primera vez fue con un extraterrestre!
Rokugo sonrió, sacudiendo la cabeza.
—Curiosamente, esa es una fantasía bastante común en Japón.
Grimm, sin perder el ritmo, le siguió la broma con una sonrisa burlona.
—Pero no estamos en Japón... ¿o sí? —dijo, mirándolo a los ojos y disfrutando del momento.
Rokugo negó con la cabeza, mientras ambos reían en complicidad.
Grimm tomó un respiro y miró a Rokugo con un brillo curioso en los ojos.
—Dime, ¿realmente eres un espía? —preguntó con un tono intrigante—. He escuchado rumores...
Rokugo arqueó una ceja, sin esperar esa pregunta.
—¿Por qué preguntas?
—Porque, verás... si yo terminé en la milicia del Reino fue por la falta de personal ante la alta mortalidad, Pero quise verlo como una palanca para conseguir novio. Pero, claro, todos los hombres huían de mí —dijo, haciendo una mueca—. Y sé que los altos mandos me mandaban a misiones suicidas para deshacerse de mí. Si sigo aquí, es porque Lady Zenarith me resucita cada vez.
Rokugo soltó un suspiro en japonés, sin preocuparse de que Grimm lo entendiera.
—Eres un espantaviejas, Grimm, y, además, si te has muerto ha sido por tu propia torpeza.
—¿Qué dijiste? —preguntó Grimm, frunciendo el ceño.
—Solo fue un poema en japonés, imposible de traducir al Marleyano —respondió Rokugo con una sonrisa.
Grimm, intrigada, entrecerró los ojos.
—Voy a aprender japonés con alguien cuando venga Kisaragi, solo para entender ese "poema" —declaró con determinación. Luego, recordó de qué estaban hablando—. Ah, pero volviendo al tema... ya que conseguí un novio, o sea tú, claro, no tendría problema en traicionar al Reino de Grace. Solo tengo una condición: quiero asegurarme de que mi amiga Snow, la quimera, no salga lastimada. Aunque, sinceramente, Snow está en el ejército por sus propios motivos y no por lealtad. Si quisiera, podría poner a Snow de tu lado, de ese tal "Kisaragi".
Rokugo la miró un momento, sorprendido por la propuesta. Había un lado de Grimm que no conocía, y por la seriedad en su mirada, no parecía estar mintiendo.
—Bueno, en realidad, más que ser espía, trabajo para Kisaragi, que es... una empresa que conquista planetas y los anexa —respondió Rokugo.
Los ojos de Grimm se iluminaron, y un toque de fascinación apareció en su expresión.
—¡Increíble! —exclamó, claramente emocionada—. Entonces, he logrado enamorar a todo un... ¡conquistador! Eso me asegura mi supervivencia... y la de Rose también.
Rokugo levantó una mano, interrumpiendo su entusiasmo.
—Bueno, no tan rápido. Snow ya me descubrió una vez, y fue por eso que me exiliaron unas semanas. Luego te pusiste a seguirme y oir lo que no debes, con la amenaza del ejército de Lord Demonio, la princesa Tilis en persona me pidió regresar para ordenar la defensa del reino.
La revelación hizo que Grimm se quedara en silencio unos segundos, procesando.
— Pido Perdón por eso.
Rokugo sonrió, satisfecho de que ella finalmente captara la situación.
—Olvida eso Grimm. Pero recuerda, Grimm, por ahora, todo esto es un secreto entre nosotros.
Y así, entre las ruinas del templo, Rokugo redactó el nuevo contrato. Una obra maestra de manipulación disfrazada de romanticismo.
Cláusulas del Nuevo Contrato
Ambas partes se comprometen a considerarse "novios potenciales" durante un período de diez años en referencia al ciclo del planeta 407.
Durante este tiempo, ambos tienen libertad total para coquetear, besar o mantener relaciones con terceros, sin que esto constituya una violación del acuerdo.
Queda estrictamente prohibido el uso de apelativos románticos ("cariño", "amor", "tesoro", etc.) entre las partes, salvo en situaciones de emergencia o bajo amenaza de muerte.Cualquier acto sexual entre las partes deberá ser consensuado, sin compromiso emocional ni responsabilidad reproductiva.
En caso de que Kisaragi inicie la anexión formal del Planeta 407, se garantiza la seguridad y reclutamiento de Grimm Grimore y Rose dentro de la organización.
El incumplimiento de cualquiera de estas cláusulas por parte de Rokugo anulará automáticamente el contrato y sera maldecido por Grimm sin derecho a reclamación.
OBTUVISTE PUNTOS MALOS
Grimm, en su estado vulnerable, leyó el contrato con ojos brillantes. No entendía del todo las implicaciones... pero veía lo que quería ver: una promesa de futuro. Y sobre todo... la salvación de Rose.
Grimm tragó saliva. Miró el pergamano, luego a Rokugo... y finalmente, tomó la daga que él le ofreció.
—Lo firmaré —dijo—. Pero júrame que no es una broma.
—No lo es —mintió Rokugo, con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos.
Y así, con sangre en el altar de un dios que ya no los miraba con benevolencia, sellaron el pacto.
—Bueno, al menos el festival fue un éxito, ¿no? —dijo, dándole una palmada en el hombro—. Aunque hayas hecho el ridículo por remover tú misma la bendición de Zenarith en el proceso.
Grimm bufó, todavía molesta, pero finalmente dejó escapar una leve sonrisa, rendida ante la situación.
—Supongo que... algo de eso puede ser cierto —admitió, a regañadientes—. Pero no me lo recuerdes, ¿quieres?
Rokugo sonrió de lado, listo para molestarse un poco más.
—Tranquila, Grimm. Seguro que lo recordaré en diez años... si todavía sigues viva y soltera para entonces. Yo seré Promovido al maximo Rango en Kisaragi para ese entonces.
Grimm (sonriendo y ensoñadora): "¿Te imaginas, Rokugo? Tú serías como... el Virrey de Kisaragi en este mundo. Y yo... yo podría ser tu Vireina."
Rokugo sonrió ante la inocente y algo disparatada fantasía de Grimm, que seguía con una expresión feliz en su rostro.
Rokugo decidió poner al tanto a Grimm sobre el estado de los demás:
—Así que, para que te hagas una idea, Snow va a quedarse en la cárcel por un buen rato —le explicó con una sonrisa burlona—. Y Rose... bueno, decidió quedarse en casa de un anciano en el pueblo. Parece que el abuelo le recuerda al suyo, y no tuvo problemas en "convertirse" en un peluche para hacerle compañía, Asi que renuncio al ejercito.
Grimm levantó una ceja, mirando a Rokugo con curiosidad.
—¿Así que Snow está pagando los platos rotos mientras tú te escabulliste? —comentó, sarcástica. Luego miró hacia el horizonte y sus ojos se iluminaron al ver una serie de máquinas de Kisaragi que se acercaban lentamente hacia el lugar—. ¿Y esas máquinas? ¿Ya han empezado a traer equipamiento?
Rokugo asintió, empujaba la silla de ruedas de Grimm hacia el campamento de Kisaragi. Cruzando el puente recien contruido entre La muralla de Grace y de Kisaragi.
Rokugo empujaba la silla de Grimm por el camino que llevaba a la nueva base de Kisaragi.
Mientras observaba cómo la base comenzaba a tomar forma. Su mente trabajaba rápidamente, ideando un nuevo plan para obtener puntos malos fácilmente.
—Así que, Grimm... —comenzó Rokugo con un tono más dulce de lo habitual, lo que hizo que Grimm frunciera el ceño, desconfiada.
—¿Qué pasa? —respondió ella, mirándolo de reojo.
—Bueno, estaba pensando que podríamos hacer cosas de novios, ya sabes... —Rokugo evitó mirarla directamente, sabiendo que debía sonar convincente.
Grimm parpadeó, sorprendida. Por un momento, el rubor cubrió sus mejillas.
—¿Cosas de novios? —preguntó, intentando contener una sonrisa nerviosa. —¿De verdad lo dices?
—Sí, claro. Pero solo si tú estás de acuerdo, como estipula el contrato, ¿eh? No quiero forzarte. —Rokugo intentó sonar casual, mientras mentalmente celebraba al ver cómo su brazalete comenzaba a registrar puntos malos.
Al llegar al campamento, Grimm se quedó boquiabierta al ver las enormes máquinas de Kisaragi instaladas, preparándose para la invasión del planeta.
La construcción avanzaba a pasos agigantados. Muros de acero se alzaban junto a torres de vigilancia, y en el centro, la silueta del Destructor descansaba como un guardián mecánico. Agentes de Kisaragi trabajaban con eficiencia sobrehumana, mientras Alice supervisaba todo desde una plataforma elevada.
—Bienvenida al futuro —dijo Rokugo, señalando la base con un gesto teatral.
Grimm miró a su alrededor, impresionada... y aterrada.
—Esto... esto es lo que vendrá, ¿verdad? La invasión.
—No es una invasión —corrigió Rokugo—. Es una alianza forzada. Grace ya no puede sobrevivir sola. Y Kisaragi... necesita un hogar.
Grimm asintió lentamente. Y por primera vez, no sintió miedo por el mundo... sino por quién no estaría en él.
—Rose... —murmuró—. ¿Ella... estará bien?
—Estará mejor que bien —dijo Rokugo—. Con su ADN de quimera, Kisaragi la convertirá en una arma viviente. Será temida... respetada... inmortal.
Grimm sonrió, aunque sus ojos seguían tristes.
—Entonces... vale la pena.
Rokugo la miró de reojo. Y en ese momento, su brazalete emitió un pitido.
PUNTOS MALOS ADQUIRIDOS
Motivo: Manipulación emocional de una persona emocionalmente vulnerable.
Rokugo sonrió.
—Sí —murmuró para sí—. Definitivamente vale la pena. —Esto, querida Grimm, es el inicio de la conquista de este planeta. —Rokugo señaló con orgullo, cruzando los brazos. —Finalmente, he dado la orden. Kisaragi tomará el control.
Grimm giró la cabeza hacia él con una mezcla de incredulidad y decepción.
—¿Estás diciendo que todo este tiempo has estado planeando esto? —preguntó, su voz temblorosa
—Exacto. Estamos estableciendo una base operativa aquí. Y no solo eso... —Rokugo hizo una pausa dramática, mirándola a los ojos con una expresión de seriedad—. He
Grimm lo miró sorprendida, sin palabras al principio, pero luego soltó una carcajada.
— Bueno, siendo honesta, tu siempre me has impresionado, comandante
Rokugo sonrió con esa expresión traviesa que tenía cuando planeaba algo grande.
—Así es, Grimm. Esta será la base de la Corporación Kisaragi.
En la base principal de Kisaragi, Belial se paseaba con su característica mirada imponente. A lo lejos, los agentes F17 y F18 realizaban tareas menores, ambos en silencio, como si una sombra invisible pesara sobre ellos.
—F18, escuché que F17 mencionó algo sobre su vida pasada, —dijo Belial en tono severo, cruzando los brazos mientras se dirigía hacia ellos.
F18, con una expresión de disgusto, levantó la vista de sus tareas.
—Sí, tuvo el descaro de hacerlo, —respondió, señalando a su compañero.
F17, que estaba organizando un equipo de armas, apenas levantó la mirada.
—Fue solo un comentario, nada más. No cambiará nada.
Belial frunció el ceño.
—Se les ordenó olvidar su pasado. Su lealtad es a Kisaragi, y solo a Kisaragi.
F17 asintió con rigidez.
—Lo entiendo. No volveré a mencionarlo.
Sin embargo, más tarde, cuando F17 se encontró solo, su mente vagó. Pensó en el festival de los no muertos que había ocurrido en las fechas cercanas de su tiempo pasado, Lord demonio solia respetar eventos asi. Imaginó cómo estarían sus antiguos compañeros: Heine, Gadalkand y Russel. Pero ese pensamiento lo sacudió, recordándole su nueva identidad y propósito.
—No importa, —murmuró para sí mismo, tratando de disipar esos recuerdos.
Belial iria a las oficinas centrales de Kisaragi. La ejecutiva Black Lilith se encontraba compartiendo detalles sobre el planeta en el que estaba destinado Rokugo con la ejecutiva Astaroth, con la intención de ponerla un poco celosa, todo en base a informes de los distintos combatientes.
—¿Sabías, Astaroth? —dijo Black Lilith con una sonrisa traviesa—. En ese mundo prácticamente no hay hombres jóvenes. La mayoría murieron o están atrapados en guerras interminables. ¿Te imaginas? Rokugo debe estar rodeado de puras mujeres desesperadas por algo de... atención.
Astaroth frunció el ceño, claramente molesta por la insinuación de Lilith.
Astaroth estaba revisando un informe detallado sobre el progreso de Rokugo en el planeta 407. Lilith, apoyada en la mesa, observaba con una sonrisa burlona.
—Parece que Rokugo está disfrutando mucho su tiempo ahí, ¿no? —comentó, mientras Astaroth intentaba ignorarla.
—Claro que no. Está cumpliendo su misión como cualquier agente debería, —respondió Astaroth con un tono defensivo.
Lilith soltó una carcajada.
—¿Estás segura? Porque esto parece más un informe de aventuras románticas con nativas que de una operación seria.
Belial se unió a la conversación, acercándose con calma.
—Quizá deberíamos enviar a F17 y F18 al planeta 407. Les vendría bien algo de acción real para demostrar su valía.
Astaroth levantó la mirada rápidamente.
—¿Para qué enviarlos? Apenas llevan unos meses como agentes. Además, Rokugo está manejando la situación perfectamente, —respondió, casi con un tono de súplica.
Lilith sonrió con picardía.
—Oh, ¿o será que tienes miedo de que Rokugo se haya casado con una nativa y ya no vuelva?
El rostro de Astaroth se tiñó de un leve rubor, pero rápidamente se recompuso.
—Eso es ridículo. Rokugo es... un agente de Kisaragi. No haría algo tan imprudente.
Belial y Lilith intercambiaron miradas cómplices antes de soltar una carcajada.
—Cuando la base este terminada, creo que yo debería ir, —propuso Astaroth con seguridad—. Rokugo puede ser irresponsable, pero necesita una mano firme para mantener todo bajo control.
Belial alzó una ceja, mirando el informe con curiosidad.
—¿Tú? ¿Y dejarme a mí cuidando este planeta? ¿Estás segura? —preguntó con un tono sarcástico, mientras leía las líneas más recientes del informe—. Además, según Alice, Rokugo se comprometió con una nativa. ¿Qué opinas de eso?
Astaroth, incómoda pero intentando mantenerse seria, replicó:
—Le dije que podría necesitar seducir a gente influyente para cumplir su misión. Si realmente hizo algo así, solo estaba siguiendo el plan.
Lilith, con una risa maliciosa, añadió:
—Oh, por favor. Esa tal "Grimm" no parece alguien importante, al menos no en este mundo. ¿Recuerdas cuando Rokugo casi nos traiciona por una superheroína que le invitó a salir? Nada nuevo con él.
Justo en ese momento, el sistema de videollamadas sonó, indicando que Rokugo estaba intentando contactar la sede de Kisaragi. Astaroth rápidamente se acomodó el cabello y se abrio el kimono, luciendo algo provocativa antes de aceptar la llamada.
La pantalla se encendió, mostrando a Rokugo del otro lado, luciendo su sonrisa burlona de siempre.
—¿Qué tal, comandante? —Astaroth le saludó con una sonrisa, intentando atraer su atención—. ¿Cómo va todo en ese mundo?
Rokugo asintió, sin darle mucha importancia a los coqueteos de Astaroth.
—La base ya está terminada —anunció—. Según el protocolo, ahora necesitamos a una ejecutiva de alto rango para que supervise la nueva administración.
Antes de que alguien pudiera decir algo, Astaroth dio un paso al frente con entusiasmo.
—¡Perfecto! Yo me ofrezco. Estaré encantada de ir y ayudar a mi querido comandante Rokugo.
Pero Rokugo, astuto como siempre, tenía otro plan en mente. Con su habilidad para volver un caos la situación, comenzó a hablar con calma.
—Bueno, realmente necesitaremos a alguien con conocimientos científicos avanzados para manejar las operaciones técnicas. Creo que Black Lilith sería perfecta. Este mundo es algo... extraño, y sería mejor si tuviéramos una científica capaz de entender lo que está sucediendo.
Astaroth puso cara de sorpresa y frustración, mientras Black Lilith intentaba disimular una sonrisa victoriosa.
—Oh, comandante, es un honor que piense en mí —dijo Lilith, con un tono de falsa modestia.
Con la decisión tomada, Rokugo terminó la videollamada y regresó a su cita con Grimm, quien lo miraba con una sonrisa traviesa mientras le ofrecía una cucharada de su comida.
—Anda, abre la boquita, comandante, que te doy de comer yo —dijo con tono juguetón.
Rokugo, emocionado y sin dudar, abrió la boca con una expresión de expectativa. Sin embargo, justo antes de que pudiera probar la comida, Grimm retiró la cuchara, se metio la porción a la boca y se echó a reír.
—¡Era una bromita, comandante! —exclamó divertida.
Rokugo, furioso, le estampó la comida en la cara mientras ella soltaba un grito.
—¡Así aprendes a no hacerme esas bromas! —dijo él, molesto.
Grimm, ahora con la cara llena de comida, comenzó a llorar de forma dramática.
—¡Comandante! Perdón, fue una bromita.
Rokugo cruzó los brazos y la miró con cansancio.
—No quiero cosas materiales, comandante. Solo quiero afecto, —murmuró Grimm, bajando la mirada.
Rokugo no supo qué responder, así que simplemente siguió comiendo en silencio y le dio las gracias a Grimm. Grimm lo miro como un buen gesto. Rokugo decidió seguir guiando a Grimm
Mientras Rokugo seguía hablando, el Destructor de Kisaragi, la máquina robótica gigante por excelencia, avanzaba lentamente hacia el bosque cercano.
Grimm rodó los ojos, pero no pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa, contagiada por el entusiasmo del comandante.
—Eso es... enorme, —murmuró Grimm, impresionada y horrorizada al mismo tiempo.
—Es una de las mejores creaciones de Kisaragi, —comentó Rokugo con orgullo.
De repente, una explosión sacudió el terreno. El "Destructor" se tambaleó y, tras un momento, quedó envuelto en humo y chispas y una explosion salio del bosque destruyendo la base.
Grimm dio un salto hacia atrás por el impacto, mientras observaba el humo que salía del lugar de la explosión.
—¿Qué demonios fue eso? —preguntó, mirando a Rokugo alarmada.
Rokugo se encogió de hombros, pero en su expresión se reflejaba la sospecha de que había algo más en juego en ese mundo.
— Creo que el bosque se defendió del destructor.
Unas horas después...
Finalmente, la máquina teletransportadora trajo a Black Lilith al mundo donde estaba Rokugo. Sin embargo, su entusiasmo inicial se desvaneció cuando miró alrededor y vio el estado de la base de Kisaragi.
La base, que supuestamente estaba terminada, se encontraba destruida, con escombros y partes derruidas. Rokugo había "olvidado" mencionar que la explosión de la casa que previamente se uso de base para Kisaragi destruyo tambien la maquina teletransportadora, añadio que la reciente explocion que destruyo la base actual de Kisaragi también había cortado el acceso a internet en la base.
—¿Qué es esto? —preguntó Lilith con incredulidad, mirando los escombros de la base destruida.
Alice se acercó con calma, explicando:
—La base se destruyo cuando intentamos destruir el bosque. No reportamos antes porque la conexión a internet se perdió en el ataques. Los agentes se encuentran van a tener que dormir en carpas y hiendo al baño en letrinas.
Lilith, visiblemente molesta, comenzó a llorar.
Lilith soltó un grito de desesperación, sus ojos llenos de lágrimas al darse cuenta de la realidad de su situación.
—¿¡Pero qué es esto!? —exclamó, mirando la destrucción a su alrededor—. ¿¡Voy a tener que dormir en carpas!? ¿¡Y SIN INTERNET!? ¿¡Por un mes completo!?
—¿Cómo se supone que administre una base inexistente? ¡Y sin internet! Esto es un desastre! —exclamó, sentándose en el suelo con frustración.
Rokugo, observando la escena, sonrió.
—Bienvenida al planeta 407, Lilith. Disfruta tu estadía. —rió mientras se alejaba.
Lilith lo miró con ira, jurando que lo haría pagar por arruinar su llegada. - ¿Esto es por lo de la teletransportacion al inicio de la mision? -
- Ya que lo mensionas...- Rokugo comenso a mover las manos de forma libidinosa- Te prometi que cuando te volviera a ver te manosearia los pechos hasta que lloraras ...
- No Agente seis... Rokugo... No, espera, espera... Lo siento... No debi enviarte sin mas estudios a este planeta.. debi hacer pruebas para medir la altura aproximada.. no .... aagghhh.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario